Marea oscura

Andrew Gross · Capítulo 71 de 106

Páginas del PDF

Marea oscura

Capítulo 71

71

¡Sé lo que has hecho!

Charles estaba sentado en un rincón de un tranquilo cibercafé del puerto de Mustique, donde se había conectado y estaba contemplando horrorizado el último mensaje de Karen.

Había un grupo de parroquianos con rastas que bebían cerveza jamaicana, y otro de surferos alemanes itinerantes, con tatuajes y pañuelos. Sentía un miedo opresivo, incluso aquí, debido a que el cerco se estaba estrechando.

¡Sé lo que has hecho!

¿Qué? ¿Qué sabes de lo que he hecho, Karen? ¿Y cómo? Parapetado tras sus gafas de sol, tomó un sorbo de un Caribe y leyó el mensaje por décima vez. Sabía que ella persistiría. La conocía. Ya no podía seguir haciendo caso omiso de aquellos mensajes.

¿Y cómo demonios me has encontrado?

¿Qué quieres que te diga, Karen? ¿Qué soy un hijo de puta? ¿Qué te traicioné? Charles percibía la rabia que vibraba en sus palabras. Y no la culpaba. Se lo merecía. Abandonarlos así. Arrojar aquella angustia sobre ellos. La pérdida de un marido, de un padre. ¡Para después, cuando la pena había menguado, descubrir que estaba vivo!

Contéstame, Charlie.

¿Qué sabes, Karen?

Si supieras, lo comprenderías. Un poco, al menos. No lo hice para herirte. Eso era lo último que deseaba.

Sino para protegerte. Para mantenerte a salvo. Para mantener a salvo a Alex y Sam. No tienes ni idea de por qué tuve que poner tierra de por medio. Pero cuando la puerta se abrió y apareció el camino, tuve que «morir».

Por favor, Charlie, por favor… Contéstame, Charlie.

Los surferos reían a carcajada limpia de algo que habían encontrado en YouTube. Una corpulenta mujer de las islas con un vestido de colores se sentó frente a él, con su hija pequeña que bebía una Fanta. Charles se dio cuenta de que había pasado la mayor parte del año escondido, en la sombra, huyendo de la persona que había sido. De todo lo que había amado.

Pero, de repente, era como si se sintiera vivo de nuevo. ¡Por primera vez en un año! Nunca podías matar del todo lo que había en tu interior. La persona que eras.

Y ahora Charles comprendió que, con sólo tocar una tecla, con sólo un movimiento de su mano, enviaría este mensaje, contestaría y todo se abriría de nuevo. El mundo cambiado otra vez.

Sé lo que has hecho.

Tomó un sorbo de cerveza. Tal vez había llegado el momento de trasladarse de nuevo. A Vanuatu, en el océano Índico. O podría volver a Panamá. Nadie le encontraría. Tenía dinero allí.

Se levantó las gafas de sol. Miró con detenimiento las palabras que había escrito. La caja de Pandora estaba a punto de abrirse de nuevo. Para ella y para él. Y esta vez nadie la cerraría. Ningún estallido de bomba se interpondría. Ningún lugar donde ocultarse.

A la mierda, dijo. Terminó la cerveza. Ella le había encontrado. El puño de hierro en guante de terciopelo…, recordó enternecido.

Ella nunca tiraría la toalla.

Sí, estoy aquí. Sí, soy yo, dijo. Con un último momento de duda, pulsó la tecla de envío y su mundo se puso a dar vueltas de nuevo.

Hola, cariño…