Marea oscura

Andrew Gross · Capítulo 51 de 106

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Marea oscura

Capítulo 51

51

Algo extraño invadió los pensamientos de Karen aquella noche, después de hablar con Ty.

Acerca de lo que había descubierto.

Al principio, le elevó el ánimo. La relación entre los accidentes. Su contribución.

Después no supo qué sentía. Inquietud por el hecho de que dos personas vinculadas con su marido hubieran sido asesinadas para encubrir algo, y la sospecha de que Ty no le estaba diciendo toda la verdad, no le estaba diciendo que Charlie estaba implicado.

Jonathan Lauer trabajaba para él. El tipo que fue atropellado en Greenwich el día de su desaparición llevaba el nombre de Charlie en el bolsillo. La caja de seguridad con todo aquel dinero y el pasaporte. El petrolero relacionado con la empresa de Charlie. Dolphin Oil…

No sabía adónde conducía todo aquello.

Sólo sabía que el hombre con quien había estado casada dieciocho años estaba implicado en algo que le había ocultado, y que Ty no le contaba todo lo que había averiguado.

Además, estaba el hecho de que casi todos aquellos dieciocho años de vida, todos aquellos mitos en los que había creído, eran una mentira.

Pero había algo más agazapado en su interior. Algo más, aparte del temor de que su familia corriera peligro y de la pena por las dos personas que habían muerto. Muertes, estaba empezando a creer Karen, inextricablemente relacionadas con Charlie.

Se dio cuenta de que estaba preocupada por él, por Hauck. Por lo que estaba a punto de hacer.

Hasta ahora no se había dado cuenta de que había llegado a depender de él, ni había sido consciente del significado de su mirada aquel día en el partido de fútbol, ni del brillo de sus ojos al verla esperando en la estación, ni del hecho de que hubiera cargado sobre sus hombros con sus problemas. Hauck se sentía atraído hacia ella.

Y de la forma más sutil e inadvertida, Karen estaba sintiendo lo mismo.

Pero había más.

Estaba convencida de que Hauck iba a hacer algo temerario, iba a saltarse las normas y a ponerse en peligro. Dietz era un asesino. Que callaba algo…, algo relacionado con Charlie.

Y lo haría por ella.

Después de su llamada, se quedó en la cocina calentando una pizza congelada de pan francés en el microondas para Alex, quien parecía alimentarse exclusivamente de esas cosas.

Cuando terminó, Karen le llamó para que bajara y se sentó con él ante la encimera, le escuchó perorar sobre su jornada en el instituto, que había sacado un notable en una presentación sobre historia de Europa, que valía por la mitad de su examen final, y que le habían nombrado copresidente del centro de acogida para niños. Se sentía muy orgullosa de él. Se habían citado para ver juntos aquella noche Friday Night Lights en el salón.

Pero cuando Alex volvió a subir, Karen se quedó delante de la encimera, algo alterada.

De una manera extraña e inexplicable, algo había nacido entre Hauck y ella.

Algo que no podía negar.

De modo que después del programa y de que Alex le diera las buenas noches antes de retirarse, Karen entró en el estudio y descolgó el teléfono. Notó un nudo en el estómago, como si fuera una colegiala, pero no le importó. Marcó su número con las palmas sudorosas. Él contestó al segundo timbrazo.

—¿Teniente? —dijo. Esperó sus protestas.

—¿Sí?

No hubo ninguna.

—Ve con cuidado —repitió.

Él intentó zafarse con una broma acerca de que había hecho aquello un millón de veces, pero Karen le interrumpió.

—No —suplicó—. No. No me hagas sentir así otra vez. Ve con cuidado, Ty, por favor. Es lo único que te pido. ¿Me has oído?

Se hizo el silencio durante un segundo.

—Sí, te he oído —contestó él por fin.

—Bien —dijo ella en voz queda, y colgó.

Karen estuvo sentada en el sofá mucho rato, con las rodillas apoyadas contra el pecho. Un presentimiento intentaba abrirse paso, como aquel día en Tórtola, mientras las hélices del pequeño avión zumbaban, Charlie la saludaba con la mano desde la terraza y el sol se reflejaba en sus gafas de aviador: una repentina sensación de pérdida. Un temblor de miedo.

—Ve con cuidado, Ty —susurró de nuevo a nadie, y cerró los ojos, aterrada. No podría soportar perderte a ti también.