Comandante Durán
Apéndice
14 DE MARZO DE 1950
SENADO DE ESTADOS UNIDOS
COMITÉ DE RELACIONES EXTERIORES
SUBCOMITÉ DESIGNADO POR LA RESOLUCIÓN
231 DEL SENADO
Washington, D. C.
El subcomité se reúne, prosiguiendo la sesión del 13 de marzo de 1950, a las 9.40, en el despacho 318 del Edificio del Senado, presidiendo el senador Millard E. Tydings (portavoz del subcomité).
Presentes: senadores Tydings (portavoz del subcomité), Green, McMahon y Hickenlooper.
También presente: senador McCarthy.
TESTIMOMIO DEL HONORABLE JOSEPH R. MC ARTHY, SENADOR DE ESTADOS
UNIDOS POR WISCONSIN – Resumido
SENADOR MCCARTHY: … Tengo algunos informes de distintos archivos de
inteligencia, y creo que parte de este material será de gran interés para este comité. Cada ejemplar de los informes que entrego al comité
contiene una copia completa de los archivos. De todos modos, al leerlos, verá usted que he preferido omitir parte del material que se encuentra en su informe de inteligencia, en los ejemplares que irán a la prensa. El comité verá que he borrado secciones de los archivos referidos a… bueno, el propósito resultará obvio para la presidencia.
SENADOR TYDINGS: ¿No los va a leer? ¿Quiere que formen parte de la versión
oficial de esta sesión?
MCCARTHY: También quiero que formen parte de la sesión. TYDINGS: Si quiere, la aplazaremos hasta que todos hayamos tenido ocasión
de leerlos.
MCCARTHY: Señor presidente, pretendo leer el documento íntegro. TYDINGS: Aquí ha hecho constar «Sólo para uso del comité». MCCARTHY: Aquí está el ejemplar con ciertos fragmentos del informe de
inteligencia borrados.
TYDINGS: ¿Dará usted ese ejemplar al senador Lodge, al senador
Hickenlooper…? ¿Se lo dará al senador McMahon, al senador Green…? Un momento, senador McCarthy. Sólo nos ha entregado un ejemplar de sus observaciones publicables. ¿Entregará un ejemplar a cada miembro del comité? Senador McCarthy, ¿puedo preguntar si contienen parte del material que leerá?
MCCARTHY: Permítame explicarle. El material que entrego a la presidencia
contiene copias de los informes de inteligencia concernientes al hombre al que voy a referirme, Gustavo Durán. Partes del material son de tal carácter que no creo que deban hacerse públicas. Las razones resultarán obvias a la presidencia en cuanto vea qué partes he borrado. Si empiezo explicando por qué no deben salir…
TYDINGS: Yo sólo quería el informe completo. De manera que es correcto
decir que lo que usted nos ha entregado para uso exclusivo del comité no es para ser publicado por el comité hasta después de haber tenido la oportunidad de leerlo.
MCCARTHY: Estoy ofreciendo los ejemplares censurados… TYDINGS: Un momento, senador… Senador McCarthy, se me acaba de hacer
una pregunta muy pertinente: «Lo que acaba usted de entregarnos, ¿es una recopilación completa de los archivos de inteligencia sobre el individuo o es una recopilación parcial?».
MCCARTHY: Es todo lo que yo tengo de los archivos. Indudablemente, hay
mucho más en los archivos, pero esto es lo más completo que puedo
reunir, señor presidente.
TYDINGS: ¿Es todo lo que tiene?
MCCARTHY: Es todo lo que tengo. Entregaría a la mesa las copias fotostáticas,
pero me gustaría guardarlas hasta terminar mi declaración.
TYDINGS: De acuerdo, proceda.
MCCARTHY: Ofrezco esto como documento 32. Señor presidente, el comité
recordará que mencioné el nombre de Gustavo Durán por primera vez como un riesgo para nuestra seguridad en un discurso que pronuncié en Wheeling, Virginia Occidental, y Reno, Nevada.
TYDINGS: ¿Puedo hacer una pregunta destinada al registro completo de la
sesión? No conozco el nombre ni había oído hablar de él, y no leí su discurso de Reno.
MCCARTHY: Se ha perdido algo.
TYDINGS: Le preguntaré si usted sabe, o no, si este hombre está actualmente
en el Departamento de Estado.
MCCARTHY: Su situación se verá cuando… TYDINGS: ¿Está actualmente en el Departamento? MCCARTHY: Estuvo en el Departamento. Ahora está en las Naciones Unidas,
como la presidencia comprobará cuando yo prosiga. He llamado al despacho de Trygve Lie para averiguar de qué se encarga exactamente. Es sorprendente, pero el secretario, o, mejor dicho, el secretario del mismo, me dijo que no podía darme esa información. Comprobé en el Departamento de Estado y conseguí la información, que está en su registro. No obstante, mi inspección física indica que el hombre está en IRO, al parecer en la selección de refugiados en conexión con nuestro programa DP.
TYDINGS: Bien, investigaremos el caso, pero lo que querría saber ahora es
aproximadamente cuándo abandonó el Departamento de Estado.
MCCARTHY: Exactamente, si la presidencia es paciente conmigo, todos los
datos precisos están en mi informe.
TYDINGS: De acuerdo.
MCCARTHY: Entonces dije: ahora, veamos lo que ocurre cuando individuos
con conexiones comunistas se ven obligados a salir del Departamento de Estado. Gustavo Durán, que fue etiquetado como (cito) «un notorio comunista internacional», fue designado asistente del secretario de Estado adjunto a cargo de los Asuntos Latinoamericanos. Me refiero a Mr. Spruille Braden, señor presidente.
TYDINGS: Un momento, senador Green. Eso es «Sólo para uso del comité».
Sus notas abiertas están en este papel. Prosiga, senador.
MCCARTHY: Fue empleado por el Departamento de Estado después de haber
sido teniente coronel de la Brigada Comunista Internacional… y, damas y caballeros, ¿dónde creen ustedes que se encuentra ahora?
TYDINGS: No quisiera interrumpirle, pero me pregunto si tendría usted la
bondad de decirnos a quién corresponde esta cita de «notorio comunista internacional».
MCCARTHY: Lo comprobaremos.
TYDINGS: ¿Lo comprobarán?
MCCARTHY: Sí. Se hizo cargo de un puesto de alto salario como jefe de la
Sección de Actividades Culturales en la Oficina del Secretario General Adjunto de las Naciones Unidas.
GREEN: Discúlpeme. Usted dice que él fue etiquetado. Creo que debemos
saber por quién fue etiquetado.
MCCARTHY: Por nuestras fuerzas de inteligencia, las copias fotostáticas que le
entregaré…
GREEN: Desearía leerlas y continuar con el testimonio como hasta ahora. MCCARTHY: Fue etiquetado en nuestros propios archivos de inteligencia.
Entregaré a la presidencia una copia fotostática completa de todos los archivos que hemos encontrado disponibles, y estoy seguro de que el senador no cuestionará esto cuando los lea. Esta declaración fue inmediatamente ridiculizada por el secretario de Estado, quien —a través de Mr. Peurifoy— se limitó a decir que ese hombre, Durán, ya no era empleado del Departamento de Estado, pero que lo había sido, en el servicio auxiliar exterior, desde enero de 1943 hasta septiembre de 1945, y luego, hasta el 4 de octubre, en el Departamento. Mr. Peurifoy añadió que Durán había dimitido voluntariamente del Departamento de Estado el 4 de octubre de 1946. Uno de los hechos importantes que el secretario pasó por alto al hacer esa declaración de prensa es que este hombre sigue siendo, hasta hoy, un alto funcionario de las Naciones Unidas. El 8 de marzo, mi oficina telefoneó a la de Trygve Lie para averiguar exactamente qué tipo de trabajo hacía. Se le respondió que no se me podía dar esa información. En otras palabras, que no se me proporcionó información acerca de lo que Gustavo Durán hace actualmente en las Naciones Unidas. El Departamento de Estado me comunicó que Durán ahora es jefe de la Sección Cultural del Departamento de Asuntos Sociales de las Naciones Unidas. Me
sorprendió bastante descubrir que el secretario permanente de las Naciones Unidas consideraba que no debía dar a un senador de Estados Unidos información acerca de lo que hacía ese hombre. No obstante, desde entonces hice todas las comprobaciones posibles sobre el particular en Nueva York y se me ha informado de que se dedica en realidad a la IRO (Organización Internacional para los Refugiados), en una labor ligada a la calificación de refugiados que vienen a este país. La contribución financiera de Estados Unidos al funcionamiento de ese organismo de las Naciones Unidas es el 45,57 por ciento.
Debería decir que, aunque el informe muestra que pagamos el 45,57 por
ciento, en realidad, por supuesto, pagamos prácticamente todos los costes, en vista del hecho de que las naciones que aportan dinero, aportan dinero que nosotros les hemos dado previamente.
TYDINGS: ¿El mismo dinero?
MCCARTHY: El que sea o no el mismo dólar no marca ninguna diferencia.
¿Dónde está la diferencia si usted se mete un dólar estadounidense en un bolsillo y saca un dólar francés del otro para pagar los gastos?
TYDINGS: A decir verdad, no creo que su observación esté abierta a la
interpretación de que, si nosotros no les hubiésemos dado dinero, ellos no habrían contribuido. Que es lo que, virtualmente, está usted diciendo, y que no creo que quiera decir.
MCCARTHY: Cuando damos 5 000 000 000 dólares a los miembros de las
Naciones Unidas y cogen el dinero, sea o no el mismo dólar, para pagar el trabajo de las Naciones Unidas, obviamente, es nuestro dinero. Así, en efecto, el 45,57 por ciento se refiere al dinero que ponemos directamente. No se refiere a los dólares estadounidenses que, obviamente, ingresan indirectamente.
TYDINGS: Tomemos el caso de Gran Bretaña. Estoy bastante seguro de que, si
los británicos no recibieran un solo dólar de nuestra parte, seguirían teniendo representantes y pagarían por ellos en las Naciones Unidas. A lo que me refiero es a que, según usted lo ha expresado, se tiene la impresión de que ellos no tendrían representantes allí si nosotros no pagáramos por ellos. Y no creo que haya sido eso lo que usted quería comunicar. A eso me refiero.
MCCARTHY: Podemos especular sobre ello, señor presidente, pero parecería
que, si no estuviésemos dando a las naciones lo que les estamos dando, tendrían que contribuir más directamente. Si esto es cierto o no es materia de especulación, pero lo que cuenta, desde un punto de vista
práctico, es que estamos pagando mucho más que esa mitad aproximada que se indica. Sin embargo, la presidencia puede opinar de otro modo.
TYDINGS: Correcto, pero, tal como usted ha afirmado, se ha referido a un
hecho, y un hecho que sólo es materia de especulación, y no creo que debamos especular aquí. Creo que debemos trabajar con hechos. Eso es todo.
MCCARTHY: Creo que debemos trabajar con hechos. El hecho es que el
comité dice que estamos pagando prácticamente el 45,57 por ciento…
TYDINGS: De acuerdo.
MCCARTHY: El hecho adicional es que las demás naciones, que contribuyen
con el 30 o el 35 por ciento, sea como fuere, son naciones que reciben de nosotros cuatro o cinco billones de dólares. En el momento en que el hombre de Acheson intentó ridiculizar mi declaración, no conocía los hechos del caso o estaba ocultando la información que está en los archivos y que debería haber conocido. Esa información, que documentaré para el comité, era conocida o estaba a disposición del Departamento de Estado. Muestra que Durán era 1) conocidísimo por sus rabiosas convicciones y actividades comunistas; 2) que participaba activamente en las operaciones secretas soviéticas en el ejército de la República española; 3) que en un informe altamente confidencial enviado al Departamento de Estado por el agregado militar de la embajada estadounidense en Madrid exigía, de acuerdo con las normas vigentes, la inmediata dimisión de Durán, a menos que se probara que los hechos eran falsos. Originalmente, entiendo que se afirmó que era un caso de confusión de identidad. Esa afirmación, creo, fue subsiguientemente descartada ante el hecho de que nuestra inteligencia obtuvo imágenes suyas con el uniforme que empleaba en la época en que era director local del SIM, que era el equivalente español de la NKVD o GPU soviéticas. Entrego al comité una de esas imágenes.
HICKENLOOPER: ¿Debo entender, senador, que el SIM era la policía secreta
española?
MCCARTHY: Era la policía secreta del régimen republicano español. TYDINGS: Supongo que ambos bandos tenían policía secreta, ¿no es así,
senador?
MCCARTHY: Asumo que la suposición debe de ser correcta, señor presidente. GREEN: ¿Puedo hacer una pregunta? TYDINGS: Desde luego.
GREEN: ¿Debo entender que usted afirma eso porque la policía secreta
española tiene pruebas de que él era un comunista?
MCCARTHY: A medida que desarrolle el tema, el senador descubrirá que el
señor Prieto, que era el primer ministro español, designó a este hombre, sacándolo del ejército para dirigir el SIM. Y no estuvo satisfecho con sus actividades. Designaba a demasiados comunistas en los cargos intermedios. Como el senador descubrirá, Prieto devolvió a Durán al ejército como general, y los técnicos rusos le llamaron y le dijeron que, a menos que Durán dirigiera el SIM, romperían relaciones con Prieto. Los rusos dijeron: «Debe usted tener a este hombre como jefe regional del SIM». Prieto les ignoró y rompió relaciones con los técnicos rusos. Si el senador me permite ahora leer el documento, si después le queda alguna pregunta por hacer, me hará muy feliz responderle. Ahora entrego a la presidencia la imagen a que me he referido, la cual acabó con el primitivo reparo acerca de que se tratara de una confusión de identidades. Cuando el pueblo estadounidense leyó la cuidadosamente preparada declaración de la oficina del secretario de Estado acerca de Durán, creyó posible confiar en que ésa fuera la verdad. Lamentablemente, quien creyera esa declaración tendría una impresión completamente equivocada de los hechos reales.
Sea como fuere que se quiera interpretar esa situación, yo digo al comité que
es típica del descuido de los altos funcionarios del Departamento de Estado de este país. La situación que he expuesto es típica de la clase de información que surge del Departamento de Estado; es típica de las medias verdades que oímos en respuesta a la información que hemos ido acumulando con las miras puestas en los riesgos para la seguridad de ese Departamento. Entrego al comité el informe de inteligencia a que acabo de referirme, completo.
TYDINGS: Senador McCarthy, no recuerdo ahora… ¿recuerda usted quién era
el secretario de Estado en 1945, cuando esto ocurrió?
…
MCCARTHY: Jimmie Byrnes era el secretario. …
TYDINGS: ¿Quién era el subsecretario de Estado en el momento en que usted
criticó al Departamento de Estado por esa transacción en particular?
MCCARTHY: … Mr. Dean Acheson era subsecretario de Estado entonces. Era
en 1946…
…
MCCARTHY: Prosigamos con lo que Durán hace actualmente. Creo que es
importante, y llamaré la atención sobre ello: el Departamento de Estado dio una declaración cuidadosamente elaborada que, ciertamente, no contenía los hechos de mi declaración. Yo decía que este hombre había estado en el Departamento de Estado. Lo señalaba como ejemplo de lo que sucede cuando un comunista destacado es obligado a marcharse de un sitio. Señalaba que había continuado en las Naciones Unidas. El Departamento de Estado elaboró una respuesta en la que decía que, en efecto, lo último que sabían de ese hombre era que había dimitido en octubre de 1946. Ahora bien, el Departamento de Estado sabe perfectamente dónde está el hombre, y creo que una… de las cosas a las que este comité debe dedicar cierto tiempo es a investigar cómo hombres como Durán, y otros individuos con un pasado poco corriente, desembarcan tan fácilmente del Departamento de Estado en las Naciones Unidas.
TYDINGS: Senador, lo examinaremos todo. MCCARTHY: Alguien, lo sabemos, valiéndose del más tosco sentido común…
sabemos que alguien en el Departamento de Estado se está librando de ellos. Creo que deberíamos descubrir de quién se trata.
Ahora, continuando con nuestro hombre, Durán… se advertirá que el Departamento de Estado recibió una copia del informe de inteligencia al que acabo de referirme. Hay ciertos asuntos que se cuestionan en ese informe que me parece que no deben ser dados a conocer al público hasta que el comité tenga ocasión de considerarlos con mayor cuidado. Por lo tanto, he eliminado esas partes de las copias entregadas a la prensa y no las leeré para que no sean grabadas en esta oportunidad. El informe íntegro, sin embargo, sin exclusión alguna, se entrega a cada uno de los miembros del comité.
B. I. D.
Informe n.º R-290/46
INFORME CONFIDENCIAL DE INTELIGENCIA
Para uso general de cualquiera de las agencias de inteligencia de Estados
Unidos.
Del: Agregado militar, embajada estadounidense, Madrid, España
4 de junio de 1946
Fuente: Estado Mayor Central del ejército español B – Zona sobre la que
se informa: España
Quién es quién: Gustavo Durán
Sigue el informe dado al agregado militar por el A. C. de E., G-2, Estado
Mayor Central del ejército español, tras la pregunta del A. M. de si Durán
era conocido:
Gustavo Durán vino a Madrid por primera vez en los años veinte,
desde las Islas Canarias, en compañía de otro canario, un pintor llamado
Néstor, que fue fichado por la policía española por las mismas razones
que Durán… [parte eliminada]… Como amigo de Néstor, Duran fue
empleado como pianista en la compañía de Antonia Mercé, la Argentinita,
y fue a Berlín para participar en ese puesto en los espectáculos de danza.
Sin embargo, sus… [parte eliminada]… determinaron que enfureciera a la
policía de Berlín, que finalmente le expulsó de Alemania.
Tuvo problemas similares en otras capitales europeas. Su… [nuevo
espacio en blanco]… llegó al límite en París, que fue el centro preferido
de sus actividades antes de la proclamación de la República española en
1931, mientras estaba bajo la protección de su amigo Néstor, el pintor,
que era muy conocido en ciertos barrios parisinos. Por aquella época, los
soviéticos encargaron a Durán algunas misiones, y finalmente le
designaron agente suyo.
Tras la proclamación de la República española, el Porcelana (como se
lo solía apodar) regresó a Madrid. Sus papeles de identidad indicaban que
era el representante de la Paramount Films Co. Sin embargo, su verdadera
misión era al servicio de la GPU. Durán tuvo gran éxito en sus actividades
debido a la protección política de que gozaba. Pronto se convirtió en uno
de los miembros de la dirección de las juventudes del Partido Comunista,
y contribuyó grandemente a la fusión de las juventudes comunistas con
las juventudes del Partido Socialista Español, dando así nacimiento a las
Juventudes Socialistas Unificadas, de lamentable recuerdo, puesto que
esta organización cometió los crímenes más sangrientos después del 18 de
julio de 1936 —fecha del alzamiento militar— y durante la revolución
roja que siguió.
Durante el régimen republicano (1931-1936) Durán continuó en la
práctica de sus… [parte eliminada]… —Debo decir que esto fue antes de
la Guerra Civil española, como se sabe—. Junto con otros amigos
«íntimos» y algunos jóvenes poetas procomunistas, entre los que
destacaba Alberty [sic], Durán alcanzó notoriedad. Todos ellos fueron sus
instrumentos y todos ellos se convirtieron en activos comunistas. En la
casa de Durán, situada en… [parte eliminada]… tenían lugar reuniones de
tal carácter que la policía tuvo que hacer acto de presencia más de una
vez, teniendo así ocasión de completar su prontuario como… [parte
eliminada]… en los archivos de la Dirección General de Seguridad. Este
prontuario como… [parte eliminada]… probablemente haya sido
eliminado por su amigo Serrano Poncela, que fue jefe de la policía «roja»
durante los meses de octubre y noviembre de 1936 y cronista político de
Mundo Obrero (un periodista comunista), y jefe de las JSU. La liberación
de Durán de sus frecuentes detenciones por… [parte eliminada]…
conducta se debía a sus poderosos protectores políticos, que obedecían
ciegamente las órdenes de la policía política soviética.
Tras el Alzamiento Nacional (comienzo de la Guerra Civil), Gustavo
Durán se apoderó del convento más próximo a su casa, llamado de «las
Siervas de María», situado en la vieja plaza de Chamberí. Era allí el
«responsable» o jefe. Allí enfermó de fiebre tifoidea en agosto de 1936.
La «Causa General» (proceso judicial general) contiene información
acerca de los crímenes perpetrados por la milicia a las órdenes de la
«checa» (prisión ilegal) de Durán. Era uno de los principales líderes de la
milicia popular creada por los comunistas. Era amigo personal de Líster y
de Modesto (comandantes de brigadas rojas, ahora generales del ejército
ruso) y pronto llegó a capitán, mayor y teniente coronel del ejército
«rojo». Formaba parte del Alto Estado Mayor General de las fuerzas
«rojas» que dirigió las «brillantes» retiradas de Talavera de la Reina,
Toledo, Maqueda, etc. Cuando las Brigadas Internacionales fueron
incorporadas a los frentes de Madrid y Aranjuez, Gustavo Durán formó
parte del Alto Estado Mayor ruso, con cuarteles en Tarancón y
vecindades, donde dejaron tristes y odiosos recuerdos.
Después de Tarancón, nosotros (el servicio de inteligencia español) le
perdimos la pista a Durán. Al parecer, fue a Moscú con una delegación de
miembros, hombres y mujeres, del ejército «rojo». Al parecer, después
pasó un tiempo en París. Y ahora está en Washington, como colaborador
de Spruille Braden, jefe de una sección del Departamento de Estado.
Luego, el comentario del A. M.: «Un español de mucha confianza,
que no simpatiza con Franco pero que no llega a ser republicano, y
extremadamente afín a Estados Unidos y demócrata en sus puntos de
vista, declara que sabe de primera mano que Durán, como comandante de
una brigada internacional en un pequeño pueblo, no lejos de Madrid,
ordenó la ejecución del electricista del pueblo y de otro hombre que era
masón, ninguno de los cuales había cometido acto alguno por el cual
debiera haber sufrido esa ejecución».
WENDELL G. JOHNSON,
coronel, agregado militar
TYDINGS: Poco después de que ese informe llegase al Departamento de
Estado, aquí se apunta que ese hombre dimitió voluntariamente.
MCCARTHY: Al parecer, esto llegó el 4 de junio, y el 4 de octubre,
voluntariamente —me parece que la palabra es importante—, «voluntariamente» dimitió.
TYDINGS: ¿Me permitiría corregirle? La fecha del informe, escrito en España,
es la del 4 de junio, no la fecha en que éste fue recibido por el Departamento de Estado. ¿Es esto correcto?
MCCARTHY: Supongo que tardaría un par de días en llegar aquí, más o menos,
digamos que el 6 o el 7 de junio. Ahora bien, el 2 de agosto el senador Wherry escribió al Departamento de Estado, al secretario Byrnes, y creo que esto es especialmente significativo, porque todo este material ha de haber estado en los archivos en la época en que el secretario indicaba que este hombre había desaparecido de la vida pública.
2 de agosto de 1942
El Honorable JAMES F. BYRNES, secretario de Estado, Washington, D. C.
QUERIDO SECRETARIO: Como miembro del Comité de Asignaciones, el 18
de abril de 1946 le pedí que investigase a ciertas personas que ocupaban
puestos de confianza y responsabilidad en su Departamento.
Era mi propósito, y lo es ahora, negar asignaciones que financiaran los
salarios de cualquier miembro del Departamento de Estado cuyas
lealtades estén con un país distinto de Estados Unidos.
Recordará, señor secretario, que cuando usted se presentó, yo planteé
objeciones a algunos de esos funcionarios, y que entre ellos estaba
Gustavo Durán. Fue inmediatamente antes del funeral de Carter Glass.
Entonces, usted declaró que había un problema de identidad relativo a
Gustavo Durán.
Este problema ya no existe, desde que inteligencia localizó la
fotografía que he entregado a la mesa.
Usted declaró más tarde que una investigación había revelado que se
trataba de una persona distinta del hombre que trabajaba en el
Departamento de Estado, que había sido secretario de Spruille Braden.
Ahora ha llegado a mi conocimiento que existe un extenso informe de
inteligencia militar sobre su hombre, Gustavo Durán, y poseo información
fiable acerca de que varias copias de ese informe fueron entregadas al
Departamento de Estado.
Le exijo ahora formalmente, en uso de mis atribuciones oficiales
como senador de Estados Unidos, y como miembro del Subcomité de
Asignaciones del Departamento de Estado, que, sobre la base de ese
informe, despida usted a Gustavo Durán.
Cordialmente suyo.
TYDINGS: ¿Tiene usted la respuesta del secretario Byrnes a eso? MCCARTHY: Tengo una respuesta pero, como es usual en estos casos, usted
escribe al secretario y alguien responde en su lugar.
TYDINGS: ¿Leerá la respuesta?
MCCARTHY: La presidencia sabe que tengo intención de leer la respuesta,
porque está en la siguiente página del documento.
TYDINGS: No lo he visto.
MCCARTHY: Está encabezada:
SECRETARIO DE ESTADO AUXILIAR
Washington, 14 de septiembre de 1946
MI QUERIDO SENADOR: He recibido su reciente pedido de información
acerca de la investigación de seguridad del Departamento sobre Mr.
Gustavo Durán…
Tras revisar el informe completo sobre Mr. Durán, obtenido de las
fuentes disponibles, el comité de seguridad se pronunció favorablemente
respecto de Mr. Durán. Yo he revisado cuidadosamente el informe antes
que el comité de seguridad y he aprobado sus conclusiones.
A la vez que reconozco que esas conclusiones difieren de los
sentimientos de usted, debo cumplir con mi deber según mi criterio, y
espero que usted reconozca que he intentado hacer uso de mi capacidad
de juicio leal y honestamente.
Y firma: DONALD RUSSELL
MCCARTHY: … Cuando el señor Russell escribió esta carta, el 4 de septiembre
de 1946, tenía en sus archivos el informe ultrasecreto del agregado militar en Madrid, al que ya me he referido, subrayando en detalle los hechos que he expuesto sobre Durán. ¿Cuál es el misterioso poder en posesión de Durán que le permitió continuar sirviendo como asesor confidencial de Spruille Braden, entonces jefe de Asuntos Sudamericanos del Departamento de Estado? ¿Por qué se permitió a este hombre dimitir voluntariamente ante esas graves acusaciones? Y, debo añadir, ¿quién se encargó de buscarle la importante tarea de ir a las Naciones Unidas para seleccionar a los refugiados que ingresan en esta nación?
Mr. Durán, obviamente, tiene amigos poderosos, y uno de sus grandes defensores era su jefe inmediato, Spruille Braden. Mostraré ahora al comité la prueba 33, que es una copia de una carta señalada como «secreta» y fechada el 21 de diciembre de 1942, en La Habana.
Creo que el presidente tiene ante él el documento, que reza así:
LA HABANA, 21 de diciembre de 1943
Memorándum al agregado militar:
Mr. Gustavo Durán me fue recomendado en primera instancia por un
amigo de patriotismo e integridad intachables. Fue recomendado para un
objetivo específico que requería a una persona con cualificaciones
altamente especializadas; sus deberes estaban ligados a la protección de
los intereses de Estados Unidos mediante la vigilancia confidencial de las
actividades falangistas en Cuba.
En cuanto al pasado de Mr. Durán, es ciudadano estadounidense
naturalizado, nacido y educado en España.
De paso, su naturalización es una de las más rápidas de que tengo noticias… Si no recuerdo mal, llevó unas seis semanas.
Es de buena familia, y en su juventud estuvo particularmente
interesado en las artes. Cuando comenzó la Guerra Civil española, en
julio de 1936, lo dejó todo para luchar del lado de los leales y, de ser un
joven hasta cierto punto diletante, pero brillante, se convirtió en una
fuerza vital de la causa republicana. Su carrera militar fue reconocida
como brillante. Además, me fue descrito como un hombre cuyo odio
hacia los fascistas y su devoción a los principios liberales estaban fuera de
toda discusión.
Una cercana colaboración con él durante un período de más de un año
confirma por entero esta descripción.
Mr. Durán llegó a La Habana en noviembre de 1942 en la nómina de
la Unión Panamericana, e iba a ser transferido a la CIAA el 1 de febrero
de 1943. En cambio, recomendé urgentemente su empleo como
funcionario auxiliar del Servicio Exterior en un telegrama del que cito lo
siguiente:
«Considero a Durán eminentemente cualificado para la labor que está
desarrollando y tengo en la más alta estima su inteligencia y carácter, así
como su lealtad y discreción. Ya se ha demostrado de gran valor para esta
embajada y anticipo que su utilidad será aún mayor cuando se familiarice
más con las condiciones de Cuba. Considero que su permanencia aquí es
particularmente deseable en el momento presente, cuando las relaciones
con España son de tan vital importancia».
Mr. Durán ha servido ya como uno de mis más allegados
colaboradores durante más de un año. Su trabajo ha sido excelente y
extraordinariamente útil para el gobierno de Estados Unidos. Desde mi
conocimiento personal, fundado en la estrecha colaboración, Mr. Durán
no es un comunista, sino un liberal del mejor estilo. Le considero un
ciudadano estadounidense excepcionalmente valioso, patriota y
honorable, que promete muchísimo como funcionario del gobierno de
Estados Unidos en altas responsabilidades.
SPRUILLE BRADEN
Esto fue escrito, señor presidente, cuando, como usted comprenderá, aquel Durán, célebre en España, no era el Durán célebre en el Departamento de Estado, pero esa diferencia se ha acabado hace mucho. TYDINGS: La fecha de la comunicación que usted acaba de leer era 21 de
diciembre de 1943.
MCCARTHY: Exactamente así la he leído, señor presidente, 21 de diciembre de
1943. Mr. Braden describe a Mr. Durán como alguien que le ha sido recomendado por un amigo de impecable integridad.
Añadía en su carta que Durán era ciudadano estadounidense naturalizado, nacido y educado en España, de buena familia, y en su juventud, particularmente interesado en las artes. Braden decía que, desde 1936, Durán lo dejó todo para luchar del lado de los leales españoles, y decía que recomendaba con urgencia su empleo como funcionario auxiliar del Servicio Exterior.
De paso, no es nada importante, pero Braden estaba equivocado en cuanto a su lugar de nacimiento. Nació en las Islas Canarias, según el informe de inteligencia.
Ahora bien, con esta información en manos del secretario de Estado, información proporcionada por Braden, más la afirmación de que no era el mismo Durán, puedo entender por qué el secretario le conservó en su puesto. Esto era anterior al momento en que el secretario de Estado tuvo el informe a su disposición.
A continuación, está la carta del senador Wherry al Departamento de Estado, de agosto de 1946, en la que el senador sostenía que ese hombre era un riesgo para la seguridad y que debía ser despedido, y nos encontramos con que se le permite dimitir el 4 de octubre de 1946.
…
Pero los amigos de Durán en el Departamento de Estado no le dieron la espalda.
Tras su dimisión, Durán fue empleado casi inmediatamente como representante de la Organización Internacional de Refugiados de las Naciones Unidas.
…
He recibido un informe confidencial según el cual Durán fue recomendado para su puesto en las Naciones Unidas por un miembro del actual gabinete presidencial. También se me ha informado de que Durán es cuñado de Michael Straight, propietario y editor de una revista procomunista llamada New Republic.
Vuelve a ser pertinente preguntarse de dónde obtiene su poder este hombre, qué hizo mientras estuvo en el Departamento de Estado y, posiblemente, lo que es de idéntica importancia, qué no hizo.
…
Ahora, la prueba número 34… Es el informe de Edward J. Ruff, secretario del agregado militar de Estados Unidos en la República Dominicana, dirigido al servicio de inteligencia estadounidense con fecha 30 de diciembre de 1943. La segunda página de la carta. La primera parte no es tan valiosa, señor presidente… y dice:
Declara, dogmáticamente, que los informes demostraban que Durán
era miembro del Partido Comunista de España. Nuestra fuente nos había
proporcionado previamente información coincidente con la enviada por
nuestro agregado militar en La Habana, salvo por la declaración de que
Durán había ingresado en el ejército como ciudadano particular. De
acuerdo con nuestro agente, Durán fue comisionado directamente desde la
vida civil y se le dio el rango de mayor de milicias. Más tarde, cuando las
milicias pasaron a formar parte del ejército republicano español, se le hizo
mayor en el ejército. La única información adicional que poseemos, y que
no mencionamos en el informe, porque no lo creímos pertinente, es la
relativa al hecho de que Durán es homosexual. Yo no cuestiono el interés
de Durán por las artes, su cultura o inteligencia. Sin embargo, sólo
comunicamos en nuestro informe que Durán era miembro del Partido
Comunista. Por mi parte, estoy convencido de que Durán fue comunista, y
considero la afirmación del embajador Braden de que es «un liberal del
mejor estilo» como un eufemismo. Dadas las circunstancias, creo que la
fiabilidad de nuestro informe sigue siendo la misma.
El embajador aquí se siente inclinado a compartir los términos de mi
informe sobre Durán, pero ha pedido que no se mantenga más
correspondencia sobre el tema. De ahí esta carta personal.
…
Aquí está la primera parte:
Quiero aprovechar esta oportunidad para clarificar mi posición en
conexión con el informe n.º 428, fechado el 13 de diciembre de 1943,
tema: Gustavo Durán, supuesto comunista empleado para CIAA, La
Habana. Como usted sabe, esta oficina recibió un cable del agregado
militar en La Habana… Hace unos días recibimos del Teniente coronel
Brown la carta n.º 7697, escrita por el embajador Braden y concerniente a
este individuo. Ambas comunicaciones corroboraban información que
nosotros poseíamos, relativa a Durán, y no comprendo, sobre la base de
sus informes, cómo el nuestro pudo ser calificado como «absolutamente
incorrecto». Nuestra única declaración en el informe sobre Durán es que
fue miembro del Partido Comunista de España. Por informes recibidos
posteriormente, esa información puede ser actualmente evaluada como
A-1. Para su conocimiento, la información sobre Durán fue proporcionada
por un refugiado español que también sirvió en España en la junta de
promoción de Durán, junta encargada de considerar recomendaciones
para el ascenso de numerosos oficiales republicanos españoles. Como
nuestra fuente estuvo en realidad en la junta en la época en que Durán fue
recomendado para el ascenso, él mismo vio todos los papeles y cartas de
recomendación de Durán, y tuvo acceso a la información completa
relativa a los antecedentes de Durán…
Old Westbury, Long Island, N. Y.,
de mayo de 1950
EDWARD P. MORGAN, Esq.
Jefe del Consejo, Subcomité de Relaciones Exteriores del Senado, Senado de Estados Unidos, Washington, D. C.
ESTIMADO MR. MORGAN:
Tengo su carta del 4 de mayo de 1950, acusando recibo de los documentos sometidos al subcomité el 30 de marzo de 1950, y ofreciéndome la oportunidad de replicar a las acusaciones del senador McCarthy en público. Aprecio su oferta, y el espíritu con que tal ocasión me es otorgada.
Recordará que, en mi carta del 30 de marzo de 1950, explicaba al senador Tydings la dificultad de mi posición. Como miembro del Secretariado de las Naciones Unidas, estoy obligado a observar el espíritu y la sustancia del artículo 100 de la Carta de las Naciones Unidas. Este artículo dice, en una parte:
En el cumplimiento de sus deberes, ni el Secretario General ni su
equipo pedirán ni recibirán instrucciones de ningún gobierno ni de
ninguna otra autoridad exterior a la Organización. Se abstendrán de
cualquier acción que pueda reflejarse en su posición como funcionarios
internacionales responsables sólo ante la Organización.
Por la razón arriba expuesta, y porque debo partir el 17 de mayo de 1950 hacia Italia y Suiza por asuntos oficiales de las Naciones Unidas, no me parece posible aprovechar la oportunidad que el subcomité me ofrece. Espero regresar a Estados Unidos a finales de julio.
Debo decirle que he remitido a Mr. J. Edgar Hoover, del Federal Bureau of Investigations, una copia de la carta y memorándum del 30 de marzo de 1950, que envié al senador Tydings. También he remitido una copia de esa carta y memorándum a Mr. William Barber, del Departamento de Estado. Adjunto a ésta una copia del memorándum, en forma de declaración jurada, que he suscrito, jurado y reconocido ante un notario público del estado de Nueva York. Lo hago para indicar que ese memorándum contiene todos los hechos pertinentes conocidos por mí, y para demostrar que no vacilo en ningún caso en adherirme a sus términos bajo juramento. Me alegrará muchísimo, desde luego, responder a cualquier pregunta, o hacer cualquier declaración adicional explicativa, relacionada con los hechos que he referido en el memorándum cuando y si usted, el senador Tydings u otros miembros del comité, lo solicitan,
Respetuosamente suyo,
GUSTAVO DURÁN
MEMORÁNDUM PARA EL SENADOR TYDINGS
El 14 de marzo, cuando leí los primeros informes sobre las acusaciones hechas contra mí por el senador McCarthy ante el Subcomité de Relaciones Exteriores del Senado, hice una declaración negando los cargos específicos que habían sido expuestos a mi atención y afirmando que no era ni había sido nunca comunista. También dije que sospechaba que el informe de la inteligencia del ejército de Estados Unidos en que el senador McCarthy fundaba la mayoría de sus alegaciones no era más que una traducción literal de un artículo publicado el 9 de abril de 1946 en el periódico de Madrid Arriba, portavoz de la Falange en la España de Franco.
Ahora he tenido ocasión de examinar en detalle el testimonio del senador McCarthy ante el subcomité, y mis sospechas respecto de sus fuentes han sido plenamente confirmadas.
Yo había pensado que aquellas acusaciones habían sido olvidadas hacía tiempo. Tanto los cargos como las pruebas que aparecieron para sustanciarlas fueron declarados completamente sin fundamento y tendentes a llevar a conclusiones erróneas por el Comité de Seguridad del Departamento de Estado en 1946. Hasta el Comité del Senado para Actividades Antiamericanas, que había sido el primero en hacer públicos los cargos, decidió no continuar presionando con la cuestión.
Tiene ante usted la carta, fechada el 14 de septiembre de 1946, de Mr. Donald Russell, quien era por entonces secretario de Estado adjunto a cargo de Asuntos de Personal, en la cual se declara que el Comité de Seguridad, después de revisar el informe completo, elaborado a partir de todas las fuentes disponibles, se pronunció en mi favor.
Con sólo una o dos excepciones fácilmente refutables, el senador McCarthy se me ha echado encima sin ninguna acusación nueva, y sin ningún material adicional con el cual apoyarlas. Por lo tanto, no entiendo por qué las conclusiones del Comité de Seguridad y de Mr. Donald Russell no son tan válidas hoy como lo eran en 1946. Con la finalidad de aclarar los términos del informe de una vez por todas, y con la esperanza de que esas acusaciones infundadas no vuelvan a plantearse, disturbando la paz a la que mi familia y yo tenemos derecho, deseo exponer ante usted y ante el subcomité los hechos tal como me son conocidos, y como son conocidos por el Comité de Seguridad y por todas aquellas personas responsables que me han tratado íntimamente durante muchos años. A este respecto, adjunto un esbozo biográfico de mi historial familiar y de mi carrera.
El testimonio del senador McCarthy se basa en a) un informe de la inteligencia militar de Estados Unidos, fechado el 4 de junio de 1946, que, a su vez, se basa en un informe proporcionado al agregado militar de Estados Unidos en Madrid por el A. C. de S., G-2, Estado Mayor General Central español; b) un informe del señor Indalecio Prieto, del 9 de agosto de 1939, ante el Comité Nacional del Partido Socialista Obrero Español, posteriormente incorporado a un panfleto titulado «Cómo y por qué salí del Ministerio de Defensa Nacional»; c) declaraciones hechas por el teniente Edward J. Ruff, adjunto al agregado militar de Estados Unidos en la República Dominicana, y d) información supuestamente obtenida en forma directa por el senador McCarthy o por sus asistentes.
a) Como señalé en mi declaración a la prensa, el informe de inteligencia del ejército español que fue incorporado al informe del agregado militar de Estados Unidos era una reproducción literal de un grosero ataque a mi persona publicado el 9 de abril de 1946 en el periódico de Madrid Arriba, que es el portavoz de la Falange en la España de Franco.
El artículo de Arriba fue publicado como parte de la campaña del gobierno de Franco para contrarrestar las revelaciones hechas por el Departamento de Estado de Estados Unidos acerca de las relaciones entre la Alemania nazi y la España de Franco durante la última guerra mundial. Esas revelaciones eran, en realidad, extractos de los informes capturados en el Ministerio de Relaciones Exteriores alemán, pero el gobierno de Franco difundió radiofónicamente en Madrid, primero el 28 de febrero de 1946 y, posteriormente, el 3 de marzo de 1946, la historia de que yo había fabricado personalmente tales revelaciones. El gobierno de Franco, que no me había prestado atención durante siete años, resolvió de pronto convertirme en un agente de Moscú y calumniarme de la manera más vil posible.
Un recorte de ese artículo fue remitido por el agregado naval de Estados Unidos en Madrid, al gobierno de Estados Unidos, en el informe de inteligencia n.º 135-46, fechado el 15 de abril de 1946. Obra en mi poder una copia fotostática del artículo, cuya copia y traducción adjunto también a ésta. La comparación del artículo con el estilo y la disposición del informe de la inteligencia militar española demuestra que ambos documentos son idénticos.
Cuando, en mayo de 1946, el agregado militar de Estados Unidos pidió información sobre mí a la inteligencia del Estado Mayor General Central español, el gobierno de Franco, percibiendo que en aquel momento servía a sus propósitos denigrarme, y siendo incapaz de generar un solo elemento de prueba sustancial, recurrió al envío al agregado militar de Estados Unidos una copia literal del artículo de Arriba. Al parecer, el agregado militar no sabía que el artículo ya había sido remitido por el agregado naval en el momento de su publicación, y por lo tanto aceptó el informe de la inteligencia militar española como un documento de buena fe, basado en hechos reales. Además de las desfiguraciones concernientes a mi carácter y a mis creencias, el informe contiene tan enormes inexactitudes relativas a hechos fácilmente comprobables, como el lugar de mi nacimiento y de mi residencia, que, si el agregado militar hubiese tomado la precaución de investigar esos hechos, habría cuestionado la validez del informe.
Habiendo establecido la escasa fiabilidad del jefe de la oficina de información del senador McCarthy, me gustaría examinar las acusaciones una a una.
1. El periódico Arriba embestía diciendo, y el así llamado informe de
inteligencia repetía literalmente, que yo había «llegado a Madrid por
primera vez en la década de 1920, desde las Islas Canarias, en compañía
de Néstor». Como declararé en mi esbozo biográfico, y como demuestra
la copia fotostática adjunta de mi certificado de nacimiento, fechado el 3
de abril de 1940, y extendido por el mismo gobierno que seis años más
tarde da las Islas Canarias como lugar de mi nacimiento, nací en
Barcelona. Residí con mi familia en Madrid en forma permanente de 1910
a 1929. El Federal Bureau of Investigations tiene en sus archivos una lista
de diversos domicilios de mi familia. Esta información, proporcionada
por mí, puede ser comprobada fácilmente.
2. Arriba decía, y el así llamado informe de inteligencia militar repetía
literalmente, que, «por ser amigo de Néstor», llegué a estar «empleado
como pianista en la compañía de Antonia Mercé, la Argentinita». En
realidad, yo no fui empleado por Antonia Mercé como pianista, ni fui
recomendado a ella por Mr. Néstor. La señora Mercé me pidió que
compusiera la partitura de un ballet, como se lo había pedido a otros
varios compositores españoles. Mi obra fue representada en varias
capitales europeas, y fue con la finalidad de dirigir la orquesta en ese caso
que la acompañé en su gira por Alemania en 1927.
De paso sea dicho, el nombre artístico de Antonia Mercé era, en
realidad, la Argentina, y la Argentinita era el nombre artístico de una
bailarina menor cuyo verdadero nombre era Encarnación López. Ambas
bailarinas han actuado en Nueva York. Si el informe hubiese sido
preparado por una fuente oficial fiable, y no improvisado por un
periodista decidido al libelo, tal confusión de identidades no podría
haberse producido.
3. Arriba y el así llamado informe continúan diciendo que mis «repugnantes
costumbres» determinaron que yo «enfureciera a la policía de Berlín»,
que fuera expulsado de Alemania y que «tuviese problemas similares en
otras capitales europeas». En rigor de verdad, nunca fui detenido en
ciudad alguna y con ningún cargo, ni recibí jamás reprimenda alguna por
parte de ningún agente de la ley, salvo cuando me salté una señal de
«stop» en Mineola, Long Island.
Por lo que se refiere a las abominables tendencias inmorales que
Arriba y el así llamado informe me han atribuido, atribución de la que el
senador McCarthy se ha hecho eco, desafío al senador McCarthy o a
cualquiera a repetir tal acusación, no en informes clasificados ni en
declaraciones secretas, sino cara a cara.
Respecto de la acusación de que se me conocía por el mote del
Porcelana, la primera vez en mi vida que oí tal apelativo aplicado a mí, o
a cualquier otra persona, fue cuando leí el grosero ataque de Arriba. Los
hombres de prensa al servicio del general Franco que inventaron ese
particular disparate deben de sentirse orgullosos al saber que ha sido
recogido y difundido por un senador de los Estados Unidos de América. 4. Arriba, y el así llamado informe de la inteligencia militar y el senador
McCarthy, sostienen que yo regresé a Madrid tras la proclamación de la
República española (1931), con la cobertura de representante de la
Paramount Pictures, pero, en realidad, como agente de la GPU. Regresé
de París a España en 1934, no como agente de la GPU ni como
representante de la Paramount Pictures, sino simplemente como una
persona que retorna a su patria porque la sección española de la
Paramount Pictures, en la cual había estado trabajando en París,
interrumpió sus tareas allí, como los registros de la empresa acreditarán. 5. Arriba sostiene, y el así llamado informe y el senador McCarthy repiten,
que «en la casa de Durán, en el 104 o 106 de la calle de Santa Engracia,
tenían lugar reuniones de tal carácter que la policía tuvo que hacer acto de
presencia más de una vez». Cualquier informe policial preciso hubiese
proporcionado el número correcto, que era el 100, y hubiese mencionado
el hecho de que aquel piso era la casa de mi padre, y hubiese indicado que
nada había ocurrido en tal dirección, ni en ningún otro lugar en que yo o
cualquier otro miembro de mi familia hubiésemos residido, que hubiera
reclamado la intervención policial.
6. Arriba, el así llamado informe y el senador McCarthy dicen que supuestos
informes de la policía de Madrid concernientes a mí probablemente
fueron destruidos «por su amigo Serrano Poncela, jefe de la policía de
Madrid, en octubre y noviembre de 1936». Los supuestos informes
policiales nunca existieron porque nunca he hecho nada que exigiera una
participación ni un informe policial. Para justificar la mentira de que esos
informes existieron, hubo que inventar la segunda mentira de que fueron
destruidos. Nunca he conocido al señor Serrano Poncela, ni a ningún jefe
de la policía de ninguna parte.
7. Arriba, el así llamado informe y el senador McCarthy sostienen que yo
«formé parte del Alto Estado Mayo ruso», que «fui a Moscú con una
delegación de miembros, hombres y mujeres, del Ejército Rojo», y que
más tarde «pasé algún tiempo en París». Yo nunca fui miembro de ningún
Estado Mayor ruso, yo nunca he estado en Moscú ni en ningún territorio
ruso, y, tras la Guerra Civil española, no fui a París hasta pasados ocho
años, cuando en 1947 fui enviado allí en misión oficial por las Naciones
Unidas.
Al terminar la Guerra Civil española, mediante la intervención de los
señores Abington Gooden, cónsul general británico en Valencia,
Alexander Hanson Ballantyne, tercer secretario de la embajada británica
en Valencia, y Woodruff Wallner, cónsul estadounidense en Valencia, fui
evacuado de España a bordo del crucero británico Galatea y del barco-
hospital Maine y transportado a Inglaterra. Respecto del comentario del 8.
agregado militar de Estados Unidos al final de su informe, nunca, en todo
el curso de la Guerra Civil española, tuve mando alguno en ninguna
brigada internacional. En cuanto a la declaración del informador incógnito
del agregado, acerca de que yo asesiné a dos personas inocentes, es una
completa mentira.
b) Respecto de las alegaciones basadas en la declaración del señor Prieto de 1938, me he enterado de que esa declaración fue hecha cuando el excongresista J. Parnell Thomas presentó sus cargos contra mí en el Congreso, el 28 de marzo de 1946. En los ocho años transcurridos entre las fechas de la declaración del señor Prieto y la de Mr. Thomas, vi al señor Prieto en numerosas ocasiones. Fue huésped en mi casa y nuestras relaciones fueron cordiales. En ningún momento me dio indicación alguna de que alguna de mis acciones, pasadas o presentes, fuese criticable para él.
Inmediatamente después de que Mr. Thomas hubiese hecho su declaración ante el Senado, escribí al señor Prieto, pidiéndole una explicación acerca de las observaciones de Mr. Thomas. El señor Prieto me cablegrafió lo siguiente:
Carta 29 recibida ayer respondida hoy como sigue: «Afirmo que las
declaraciones de Mr. John Parnell Thomas no se fundan en nada que yo le
haya dicho a él, con quien no he tenido contacto, ni a nadie. Nunca le he
acusado a usted de ser agente de la policía rusa ni miembro de la
Komintern, y jamás dije nada a nadie que pudiera servir de base para
creer tal cosa». Por lo que se refiere a su telegrama de hoy, añado que no
he proporcionado al comité, con el que nunca he tenido contacto,
información concerniente a usted ni a ninguna otra persona.
Cuando me enteré, sin embargo, de que el señor Prieto había realmente hecho referencia a «un tal Durán» en un informe presentado el 9 de agosto de 1938 ante el Comité Nacional del Partido Socialista Obrero Español, volví a escribirle, preguntándole si se suponía que esa persona era yo. El señor Prieto me respondió el 12 de abril que, así como yo era la persona a la que se refería en su informe, su declaración no implicaba que fuese un agente de la policía secreta rusa ni un miembro de la Komintern. A propósito de mis supuestas tendencias comunistas, continuaba:
Los hechos descritos en esa parte del informe demostraban cómo se
ejercían ciertas presiones, contra mi voluntad, sobre funcionarios del
gobierno que estaban a mis órdenes. Yo mismo tuve que sufrir presiones
de este tipo sin defenderme adecuadamente de ellas.
Subsiguientemente, el señor Prieto declaró ante los señores Robert Wilson Wall, Jr., y Richard Godfrey, agregados a la embajada estadounidense en Ciudad de México, que él me había designado jefe de la zona de Madrid del Servicio de Inteligencia Militar (SIM) a propuesta del general Miaja, entonces comandante del Ejército de Madrid; reiteró entonces que él (Prieto), como otros miembros del gobierno que eran igualmente hostiles al comunismo, habían estado sometidos a presiones comunistas.
Los hechos relativos a mi breve paso por el Servicio de Inteligencia Militar (SIM) son los siguientes:
Como ya he declarado, yo era un oficial del ejército regular de España, bajo un gobierno legalmente constituido, reconocido por todos los países con las únicas excepciones de la Alemania nazi y la Italia fascista. Una coalición de partidos políticos —derecha republicana, centro republicano, socialistas, comunistas y otros— componía ese gobierno.
Como soldado, yo había jurado lealtad al gobierno. Era mi deber, por lo tanto, seguir las instrucciones de mis oficiales superiores y, a través de ellos, del Ministerio de Defensa Nacional.
Aproximadamente seis semanas después de la conclusión de la batalla de Brunete (julio-agosto de 1937), en la que mi unidad había participado activamente, mi superior militar inmediato, el coronel Heredia, jefe del XVIII Cuerpo de Ejército, me ordenó presentarme, para recibir instrucciones, al general Miaja, jefe del Ejército de Madrid. Cuando me presenté, el general Miaja me dijo que había sido designado por el ministro de Defensa Nacional (señor Prieto) jefe de la zona de Madrid del Servicio de Inteligencia Militar.
Como el general Miaja confirmará, yo objeté esa designación porque sentía que podía servir mejor a los intereses de la República española en mi condición de comandante de división en servicio activo en el frente, y porque experimentaba una profundamente arraigada aversión hacia el tipo de actividad propuesta. Mis objeciones fueron desoídas y se me ordenó presentarme al jefe del Estado Mayor General, general Vicente Rojo Lluch, y al ministro de Defensa Nacional (señor Prieto), en Valencia.
Cuando, unos días más tarde, me presenté al jefe del Estado Mayor General en Valencia, reiteré mis objeciones a la designación. El jefe del Estado Mayor me dijo que había aceptado a regañadientes la elección de mi persona, y sólo a condición de que no se la considerara permanente.
Luego me presenté al señor Prieto y él me dio instrucciones en el sentido de que recibiera consejo y opiniones de expertos para la organización del Servicio de Inteligencia Militar en la zona de Madrid; aquellos expertos de los que debía recibir consejo serían designados por el jefe del Servicio de Inteligencia Nacional.
Cuando me presenté a este último, me informó acerca de los expertos cuyo consejo se esperaba que siguiera.
Regresé a Madrid a principios de octubre de 1937 y, al cabo de una semana de orientación preliminar, me hice cargo de mis nuevos deberes. Durante el período de alrededor de dos semanas que duró mi posesión real del cargo, se hicieron, por recomendación de los expertos, unas pocas designaciones temporales. Sin embargo, el período operativo del servicio aún no había comenzado cuando, a mediados de octubre de 1937, el jefe del Estado Mayor General me ordenó volver a presentarme al XVIII Cuerpo del Ejército. El jefe del Estado Mayor General, que por entonces hacía preparativos para la batalla de Teruel (diciembre de 1937-enero de 1938), pidió mi vuelta al servicio activo para que pudiese reasumir el mando y reorganizar mi división, cuya participación en aquella batalla estaba programada.
La decisión me agradó muchísimo y me pareció completamente lógica. El señor Prieto ha aseverado que estaba sometido a diversas presiones y maniobras para mantenerme en Madrid. Yo fui completamente inconsciente de esas presiones y maniobras, y no tomé parte en ellas. En forma justificada o no, yo tenía fama de ser un comandante militar eficaz, con capacidad de organización. Ese simple hecho puede explicar por qué se me envió a Madrid en primera instancia, y por qué se me volvió a llamar al servicio activo en el frente cuando estaba pendiente una importante operación militar.
El general Vicente Rojo y Lluch, jefe del Estado Mayor General del ejército de la República española, y ahora brigadier general honorario del ejército boliviano y profesor de historia de la estrategia y de la táctica en la Escuela de Comando y Estado Mayor General de Bolivia, puede confirmar el relato precedente.
c) En lo concerniente a las acusaciones hechas y a las opiniones expresadas por el teniente Edward J. Ruff, agregado militar adjunto de Estados Unidos en la República Dominicana, todas ellas son meras repeticiones de las acusaciones a las que he respondido previamente en este memorándum.
Dice el teniente Ruff que los cargos le fueron presentados «por un refugiado español que también sirvió en España, en la junta de promoción de Durán». No sé qué significa esa frase. Si quiere decir que hubo alguna vez una promoción en alguna de las unidades militares bajo mi mando, esa parte de la declaración es tan falsa como el resto. Si la referencia es a la promoción del Estado Mayor General, mis sucesivos ascensos en el ejército español se debieron exclusivamente a las recomendaciones de mis oficiales superiores inmediatos y a razones estrictamente militares.
d) Las declaraciones del senador McCarthy basadas en información que él dice haber obtenido por sus propios medios fueron 1) que yo entré en el Departamento de Estado después de haber sido «teniente coronel en la Brigada Internacional Comunista»; 2) que yo estoy «en realidad con la Organización Internacional de Refugiados, en actividades ligadas a la selección de refugiados que entran en este país»; 3) que mi naturalización «llevó alrededor de seis semanas», y 4) que obtuve mi empleo en las Naciones Unidas merced a la recomendación de «un miembro del actual gabinete presidencial».
1. 1. Como consta en el esbozo biográfico adjunto, yo era suboficial de
reserva en el ejército regular de la República española cuando estalló la
Guerra Civil, y, en consecuencia, serví en el ejército regular durante la
guerra. Nunca fui miembro de ninguna «Brigada Internacional». Durante
los años anteriores a mi empleo en el Departamento de Estado, residí en
Inglaterra durante más de un año. Después de llegar a Estados Unidos,
trabajé sucesivamente en el Museo de Arte Moderno de la ciudad de
Nueva York y en la Unión Panamericana, en Washington, D. C. 2. 2. Es de conocimiento público que jamás he sido empleado por la
Organización Internacional de Refugiados, ni he tenido absolutamente
nada que ver con la selección de refugiados que entran en este país ni en
ningún otro. Si el senador hubiese consultado el directorio telefónico de
las Naciones Unidas, habría encontrado el departamento y la sección en
que trabajo.
3. 3. En cuanto a mi naturalización, llegué a este país el 28 de mayo de
1940, y residí en él permanentemente durante dos años y medio antes de
obtener la ciudadanía. Declaré mi intención de convertirme en ciudadano
estadounidense en el momento en que recibí mi visado de inmigración, el
20 de abril de 1940. Cumplí el período completo de residencia requerido
por el estatuto de naturalización, contrariamente a lo que el senador
McCarthy presume saber acerca de que obtuve mi naturalización en
«alrededor de seis semanas».
4. 4. Finalmente, en la obtención de mi empleo en las Naciones Unidas, no
busqué ni recibí ninguna forma de apoyo por parte de ningún funcionario
del gobierno de Estados Unidos.
En ningún momento oculté el hecho de que participé activamente en la Guerra Civil española. Cuando, en 1940, fui registrado para la reserva en el ejército de Estados Unidos, entregué una declaración detallada de mi carrera militar en España, en la Caja de Reclutas Local 750, en Mamaroneck, Nueva York. Este período de mi vida ha sido igualmente mencionado en todas las solicitudes de empleo que he presentado.
Me gustaría agregar que hay mucha gente en posiciones de responsabilidad en este país, en Inglaterra, en España y en Latinoamérica que me conoce desde hace muchos años y que puede testificar tanto respecto de mi integridad moral como de mis convicciones, con una autoridad que las fuentes citadas por el senador McCarthy no poseen.
Finalmente, deseo declarar que elegí adquirir la nacionalidad estadounidense porque creo en las instituciones e ideales de este país, y me adhiero sin reservas a ellas. Mi esposa es ciudadana estadounidense por nacimiento. Mis hijas son estadounidenses y están siendo criadas de acuerdo con las mejores tradiciones norteamericanas. Las obscenas y falsas acusaciones que se han hecho en mi contra no sólo me dañan a mí, sino también a mi esposa y a mis hijas. Tengo fe en que el sentido de la justicia del Senado de Estados Unidos corrija esta situación de una vez por todas, y me permita vivir en la dignidad y en la intimidad a las que tengo derecho.
GUSTAVO DURÁN
30 DE MARZO DE 1950
ESTADO DE NUEVA YORK
Condado de Nassau
Jurado ante mí este 10.ª día de mayo de 1950
ANNA M. WILSON