Comandante Durán
Agradecimientos
El agradecimiento escrito en estas líneas no acierta a expresar la inmensa deuda contraída con las personas e instituciones que han hecho posible, con su colaboración, la elaboración de este libro.
Si el trabajo de escribir es una labor esencialmente individual, no es menos cierto que una biografía requiere, seguramente más que cualquier otro trabajo literario, de la aportación de numerosas personas, cuya información aislada adquiere para el autor un valor complementario confrontado con otros testimonios. En este sentido, ha resultado esencial la ayuda generosa y precisa de las tres hijas de Gustavo Durán, Cheli, Jane y Lucy, sin cuya memoria y documentación no hubiera sido posible descifrar algunos de los episodios menos divulgados de la vida de su padre. Igualmente, resultaron muy valiosas las entrevistas con Pastora Martín-Fernández de la Torre, Gustavo Durán Romero, Pedro Almeida, Gloria García Lorca, Manuel Fernández-Montesinos, Jorge de Persia, Eduardo Aguirre, Horacio Vázquez Rial, Rogelio García Lupo, Albino Gómez, José Israel Cuello, Mirta Núñez, Carlos García Santacecilia y Jacinto Arévalo. Todos ellos contribuyeron con sus recuerdos o sus investigaciones a concretar el perfil a veces difuso de Gustavo Durán Martínez. A todos ellos dedico en estas líneas mi más sincero y profundo agradecimiento.
Respecto a las instituciones, no puedo por menos que reconocer la colaboración del Centro de Documentación de la Residencia de Estudiantes, depositario del archivo personal de Durán, y cuyos fondos documentales constituyen un preciado tesoro no siempre reconocido ni conocido. La misma opinión es extensiva al personal de otros archivos consultados: agradezco a la Fundación Vela Zanetti y a la siempre diligente Patricia su permanente disposición para facilitarme el trabajo, así como a la Fundación Federico García Lorca, a la Fundación Rafael Alberti, al Archivo del Partido Comunista, a la Fundación Manuel de Falla, a la Fundación Pablo Iglesias, a la Fundación Max Aub, al Museo Tomás Morales Moya de Gran Canaria y, muy especialmente, al Museo Néstor de Las Palmas. Gracias a su director, Daniel Montesdeoca, a Lilia Ojeda y a su eficiente equipo comprendí la labor difícil e imprescindible de los pequeños museos por preservar su legado. Sin la colaboración casi siempre anónima de los funcionarios de la Biblioteca Nacional, de la Filmoteca Española, del Archivo Histórico Nacional, del Archivo de la Guerra Civil de Salamanca, del Archivo General de la Administración de Alcalá de Henares, de los archivos militares de Madrid, Ávila y Segovia, o del Ministerio de Asuntos Exteriores (qué sería de la labor de muchos historiadores sin la estimable ayuda de Pilar Casado), una parte considerable de la información que aparece en esta obra no habría visto la luz. Su labor, tan silenciosa como eficaz, rara vez recibe el elogio que merece.
Por último, quisiera también reconocer la dedicación de mis editores: de Miguel Aguilar, por inspirar y confiar en el proyecto desde un principio, y de Virginia Fernández, por una entrega y profesionalidad que representa una garantía para el autor y el lector. Y, ¡cómo no!, de Carlota y Alfonso, que desde la discreción cumplen con un trabajo a veces tan ingrato como necesario: difundir los libros. A todos debe mucho esta obra, y, en esa misma proporción, todos son responsables de sus aciertos. De los defectos, el autor es el único culpable.