Estelar

Mary Shelley · Capítulo 30 de 49

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Estelar

Capítulo 29

 

D e verdad era Detritus. Las gigantescas capas metálicas del planeta orbitaban despacio a su alrededor en el vacío, iluminadas por un sol que había visto muy pocas veces. Me quedé sin aliento. Por la parte inferior de la pantalla pasaba el texto de las noticias, pero también se oía a une dione hablando. Mi alfiler tradujo sus palabras.

—Estas impresionantes imágenes nos llegan enviadas de forma clandestina por un trabajador anónimo que afirma estar destinado en la reserva humana desde hace ya un tiempo.

La imagen cambió a un plano corto de cazas Desafiantes combatiendo contra drones krells. Los destellantes destructores iluminaban el vacío cerca de las siempre vigilantes plataformas defensivas.

—Parecen demostrar —continuó le periodista— que el problema humano no ha quedado en el pasado, como una vez se creyó. Nuestra fuente anónima afirma que la contención de los humanos está fallando por culpa de un Departamento de Servicios de Protección cada vez más permisivo e incompetente. Dicha fuente enumera como problemas principales la mala supervisión y la ausencia de un adecuado despliegue de tácticas de represión. Como pueden ver en este metraje, la infestación humana ha empezado a superar las defensas.

La pantalla pasó a un plano de Winzik de pie tras un podio, todo tranquilidad. La narración de le periodista continuó:

—El ministro de servicios de protección de la Supremacía, Ohz Burtim Winzik, afirma que el riesgo es exagerado.

—Esta cepa de humanos permanece contenida por completo —dijo Winzik—. No tenemos constancia de que sepan cómo escapar de su sistema, que se encuentra a años luz de cualquier otro planeta habitado. El gobierno está trabajando con ahínco para eliminar cualquier peligro que supongan estos humanos, pero les aseguramos que la prensa ha exagerado en grado sumo la amenaza.

Me acerqué a la pantalla, tropezando con unas cajas, incapaz de apartar la mirada del vídeo de otras naves combatiendo en el espacio. ¿Esa era yo? Sí, del combate en el que había participado justo antes de evitar que la nave de Alanik se estrellara.

—La noticia ha empezado a saltar en todos los canales —dijo M-Bot—. Por lo visto, un varvax que trabajaba en la estación espacial grabó vídeos en secreto durante los últimos meses, y luego volvió a Visión Estelar y los filtró.

—¿Los filtró? —me sorprendí—. ¿Cómo es posible? ¿El gobierno no puede prohibir a los noticiarios que reproduzcan las imágenes? Bien que reprimen cualquier mención del funcionamiento de los hipermotores.

—Ahí es donde se complica la cosa —dijo M-Bot—. Creo que el gobierno podría exiliar a la persona que grabó este vídeo, pero la ley no les permite hacer nada a las emisoras que están reproduciéndolo. Por lo menos, no sin unas acciones concretas que antes debe aprobar su senado.

Qué raro. Entorné los ojos cuando Winzik volvió a aparecer en pantalla. Cuna me había hablado de aquello. El Departamento de Servicios de Protección solía usar los recrudecimientos de la rebelión humana como una forma de mejorar su financiación. ¿Era eso lo que estaban haciendo?

Pero parecía que aquellas imágenes estaban haciendo que todo el mundo cuestionara a Winzik y su departamento. Tal vez aquella filtración sí que fuese accidental de verdad.

Me incliné hacia delante mientras el plano cambiaba a un krell sentado con un exoesqueleto de color rosa claro. M-Bot leyó el letrero de abajo, donde aparecía su nombre: SSSIZME, EXPERTO EN LA ESPECIE HUMANA.

—Este ejecutivo siempre ha sido demasiado indulgente con las especies peligrosas —dijo el experto, moviendo las manos a la manera animada de los krells—. Esta infestación de humanos es una bomba a punto de estallar, y la mecha se encendió en el momento en que concluyó la Tercera Guerra Humana y se crearon las reservas de humanos. El gobierno se ha esforzado mucho en hacernos creer que la contención es absoluta, pero ahora empieza a conocerse la verdad.

—Discúlpeme si me equivoco —dijo otre periodista desde fuera del plano —, pero ¿no estábamos en la obligación de preservar a los humanos? ¿Por la ley de conservación de culturas y sociedades?

—Una ley anticuada —respondió el experto—. La necesidad de preservar las culturas de especies peligrosas debe equilibrarse con la necesidad de proteger las especies pacíficas de la Supremacía.

El krell cangrejoide señaló hacia un lado y la cámara abrió el plano para mostrar a un joven varón humano sentado a una mesa. Se quedó quieto y sin decir nada mientras el experto proseguía.

—Aquí pueden ver a un humano autorizado y vigilado. Aunque muchos temen su aterradora reputación, en realidad los humanos no son más peligrosas que el promedio de las especies inferiores. Son agresivos, sí, pero no al nivel de… pongamos un dron cormax o los wrexianos.

»E1 peligro que suponen los humanos se deriva de su infrecuente combinación de atributos, incluido el hecho de que su fisiología tiene como resultado un elevado número de citónicos. En general, en el momento en que una especie ha cultivado la citónica y cuenta con una capacidad superlumínica temprana, también ha logrado ya establecer una sociedad pacífica. Los humanos son agresivos, diligentes y, lo más importante de todo, rápidos a la hora de expandirse y capaces de sobrevivir en ambientes extremos. Se trata una combinación mortífera.

—Entonces —dijo le periodista— ¿cómo cree que debería afrontarse esta infestación?

—Exterminándola —respondió el experto.

La cámara enfocó a quien estaba haciendo la entrevista, une dione a quien, a mis inexpertos ojos, parecía horrorizar por completo esa idea.

—¡Qué salvajada! —exclamó, levantándose—. ¿Cómo puede sugerir siquiera algo así?

—Sería una salvajada —dijo el experto con calma— si estuviéramos hablando de una especie de seres inteligentes. Pero los humanos de este planeta en concreto… son más insectos que personas. Es evidente que la reserva de Detritus ha fracasado y, por el bien de toda la galaxia, debe ser purgada. —El experto señaló de nuevo al humano que tenía al lado—. Además, este hombre demuestra que la especie humana no se extinguirá porque destruyamos un planeta rebelde. Los humanos pueden coexistir con la Supremacía, pero no debe permitírseles ningún autogobierno. Fue una necedad intentar conservar Detritus.

»Y que conste que no acepto los pretextos que puso en un principio el gobierno para permitir a los humanos el acceso a la tecnología. ¿Todo aquello de mantenerlos distraídos proporcionándoles batallas espaciales a las que dedicarse? Paparruchas. El ejecutivo está inventándose excusas para encubrir una explosión incontrolada de agresividad humana que se inició hace unos diez años. Le alte ministre Ved debería haber escuchado los consejos de expertos como yo mismo y ocuparse de los humanos con más dureza.

Me hundí en el asiento mientras el noticiario volvía a reproducir los combates grabados. Había pasado toda la vida sabiendo que los krells intentaban exterminarnos, pero oír a alguien hablar de nosotros así, con tanta sangre fría… Pedí a M-Bot que cambiara a otro canal, en el que había un grupo de expertos debatiendo. Un tercer canal estaba emitiendo el mismo metraje.

Cuanto más miraba, más pequeña me sentía. La forma de hablar que tenía aquella gente en las noticias… me robó algo muy valioso. Estaban reduciendo mi pueblo entero, nuestro heroísmo, nuestras muertes, nuestros esfuerzos, al brote de una plaga. Fui de nuevo a la ventana.

No había caos en las calles. La gente entraba y salía de sus tiendas, seguía con sus vidas. Lo más extraño fue que, incluso mientras me resultaba difícil invocar mi odio hacia ellos, sí que sentía un odio creciente hacia los altos cargos que los gobernaban. Ese gobierno no solo había matado a mi padre, sino que estaba presentándolo como un insecto al que había que aplastar.

«Diminuto —pensó una parte de mí mientras miraba a la gente que circulaba por esas calles—. Qué diminuto es todo.»

¿Tan grandiosa se creía la Supremacía? Pues ellos también eran solo insectos. Bichos que picaban. Un ruido irritante que debía silenciarse. ¿Qué hacían aquellas alimañas revoloteando a mi alrededor? Apenas necesitaría un pensamiento para acabar con todos ellos y…

¿Y qué estaba pensando? Me aparté con una sacudida de la ventana, sintiéndome enferma. Sentí los ojos observándome a mi alrededor, y en cierto modo los comprendí. Esos pensamientos sobre insectos eran sus pensamientos.

Me estaba pasando algo. Algo relacionado con los zapadores, la ninguna-parte y mis capacidades. M-Bot estaba preocupado por si él era la sombra. Pero no tenía ni idea.

Miré la mesa en la que había estado trabajando. Allí estaba el estuche, que tendría el tamaño de una cabeza humana, en el que había fijado los tres componentes que había quitado a M-Bot. Lo cogí y salí dando pisotones de mi dormitorio, dejando a Babosa Letal trinando interrogativa detrás de mí.

Subí al tejado y me metí bajo la lona que ocultaba a M-Bot. El dron estaba donde lo había dejado, en el asiento de su cabina, conectado por cables a la consola.

—¿Cuánto te falta?—le pregunté—. ¿Te queda mucho para acabar de programarlo?

—Ya he terminado —dijo M-Bot—. Estaba listo poco después de que te marcharas con Morriumur. Pero deberíamos dedicar un día a hacerle pruebas diagnósticas.

—No hay tiempo —repliqué—. Enséñame cómo ponerle en la parte de abajo esto que he montado.

Hizo aparecer unas instrucciones en su monitor y yo me puse a trabajar en silencio, conectando cables y atornillando mi equipo casero de sensores a la parte inferior del dron reprogramado.

—Estoy monitorizando ochenta canales diferentes de la Supremacía — informó M-Bot—. La mayoría de ellos están hablando de Detritus.

Seguí trabajando.

—Casi todos los que participan en esos programas están furiosos, Spensa —me dijo—. Están exigiendo a voz en grito que se tomen medidas más severas contra tu gente.

—¿Qué medidas hay más severas que aparcar una flota de acorazados en nuestra puerta? —pregunté.

—Estoy ejecutando simulaciones y no obtengo ningún resultado bueno. —M-Bot calló un momento—. Tu pueblo necesita hipermotores. El único modo de sobrevivir a una fuerza tan apabullante es huir.

Sostuve el dron en alto y lo activé. Los dos pequeños anillos de pendiente empezaron a brillar en un tono azul intenso bajo las alas, sosteniendo el objeto en el aire con cierta precariedad, con el voluminoso módulo de sensores sujeto a la parte de abajo.

—¿Dron? —dije—. ¿Estás despierto?

—Instalación de la IA integrada completada con éxito —respondió el dron con voz monótona.

—¿Cómo te sientes?

—No comprendo cómo responder a esa pregunta —dijo.

—No está vivo—explicó M-Bot—. O… bueno, no está… lo que sea que estoy yo.

—Dron —dije—, activa camuflaje activo.

El dron desapareció, proyectando un holograma en su exterior que daba la impresión de estar viendo a través de él. Eso, añadido al distorsionador de frecuencias, debería ocultarlo de prácticamente cualquier escaneo salvo los más meticulosos.

—El camuflaje activo tiene sus debilidades —señaló M-Bot—. Es imposible que algo se vuelva invisible por completo desde todos los ángulos mediante esta clase de tecnología. Míralo desde un lado y haz que se mueva.

Giré la cintura y vi que tenía razón. Desde el lado, la invisibilidad no era ni por asomo tan convincente. El aire se ondulaba en el lugar donde estaba el dron. Cuando se movía, esa ondulación era más visible,

—Lo mejor que podemos hacer para que no lo descubran es que flote cerca del techo, donde nadie pueda tropezar por casualidad con él —dijo M-Bot—. Luego haremos que se mueva despacio, con órdenes de quedarse quieto si alguien lo mira directamente. Si solo le dirige la mirada una persona, el dron puede adaptarse a su perspectiva y permanecer oculto. Cuanta más gente lo mire desde distintos ángulos, más evidente será su presencia.

—¿Puede obedecer esas órdenes? —pregunté.

—Sí. Tiene una inteligencia básica y le he copiado un buen trozo de mis protocolos de infiltración furtiva. Debería ser capaz de explorar, sacar fotos de la zona que queramos y luego volver a su escondrijo para recogerlo. —M-Bot calló un momento de nuevo—. Puede volar por sí mismo, cosa que yo no. Quizá no he debido decir que no estaba vivo, porque en algunos aspectos está más vivo que yo.

Pensé en eso y luego abrí el compartimento que había a un lado de la cabina y saqué la pequeña pistola destructora de emergencia que guardaba allí.

—Dron —dije—, desactiva holograma.

Apareció justo encima de mí, levitando cerca de la cubierta abierta y la lona que recubría a M-Bot por fuera. Me aseguré de que la pistola tuviera el seguro activado y la sujeté con cinta eléctrica a la parte de atrás del dron para poder camuflarla también.

—Si te metes en demasiados problemas —dijo M-Bot—, recuerda que tienes una segunda cara programada en el brazalete. Puedes convertirte en otra persona si descubren a «Alanik» y tienes que esconderte.

—Muy bien —respondí—. Esperemos que no haga falta. Pero en todo caso, a Detritus se le acaba el tiempo. Vamos a tener que poner en práctica este plan mañana.