Estelar

Mary Shelley · Capítulo 42 de 49

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Estelar

Capítulo 40

 

 

L os tres nos separamos al acercarnos, intentando rodearla y coordinar un ataque desde todos los lados. Yo me lancé en picado hacia el caparazón que rodeaba el planeta, anticipando con razón que Brade intentaría esquivar hacia ahí en primer lugar.

Su chillido perdió potencia a medida que fuimos obligándola a concentrarse en el vuelo. Me dio la impresión de que estaba en lo cierto sobre ella: no sabía cómo hacer lo que estaba intentando, no del todo. Podía proyectar un chillido a la ninguna-parte y yo veía ojos de zapador observando desde el reflejo de mi cubierta, pero faltaba algún paso crucial para invocar uno a nuestros dominios y Brade aún no sabía cuál era.

Supuse que Brade habría dado por sentado que sería fácil. Cada vez que yo entraba en la ninguna-parte, me inquietaba que alguno de aquellos seres se me echara encima, o peor, que me siguiera hacia fuera. Por suerte, parecía que no era tan fácil sacar a uno de allí.

A mi señal, los tres quebramos hacia dentro, intentando atacar a Brade desde todos los ángulos. Yo había previsto que aceleraría para quitarse de en medio. Pero en vez de eso, se volteó y ni siquiera intentó esquivar. Permitió que nuestros destructores la alcanzaran. ¿Qué estaba haciendo?

La maniobra nos acercó demasiado a ella. Por puro instinto, viré e intenté propulsarme hacia fuera, pero no logré hacerlo antes de que Brade activara su PMI e hiciera caer los escudos de todo el mundo.

¡Tirda! Era lo mismo que habría hecho yo, y me había metido de cabeza en la trampa. Hasta entonces, siempre había sido la piloto que luchaba por mi cuenta contra un enemigo en superioridad numérica. No sabía cómo pensar desde el otro lado, cómo ser alguien que intentaba atacar en grupo a una nave solitaria.

Saltaron las alarmas en mi cuadro de mandos mientras me alejaba propulsándome demasiado tarde. Los kitsen, que tenían una unidad de artillería, abrieron fuego contra Brade mientras ella quebraba hacia fuera, pero fallaron.

Tracé un bucle mientras recogía a Vapor como compañera de ala. En la distancia próxima, la enorme batalla espacial seguía su curso y me dio una sensación más frenética. Quizá fuese solo mi forma de interpretarlo, pero parecía que los cazas estaban más desesperados. Intenté no pensar en cómo se sentirían Kimmalyn y los demás teniendo que luchar de pronto a ciegas, sin comunicaciones.

Brade intentó huir de un acelerón, volando más cerca de las plataformas defensivas. Las inmensas láminas de metal se curvaron en la lejanía mientras descendíamos en picado, pero me negué a dejarme atrapar por un truco como el que yo misma había usado una vez contra drones. Vapor y yo nos mantuvimos fuera del alcance de las baterías defensivas hasta que sus disparos obligaron a Brade a volver hacia arriba.

Brade no podía permitir que nos quedáramos demasiado atrás, o tendríamos ocasión de reactivar nuestros escudos. Y de hecho, cuando lo intenté vino directa hacia mí, forzándome a emprender una pauta defensiva. Tuve que abandonar la reactivación, porque necesitaría estar un tiempo volando recta, sin mucha maniobrabilidad y con toda la energía desviada a la ignición, para volver a tener escudo.

—Hesho —dije por el canal privado—, conmigo. Vapor, ponte en posición de francotiradora y prepárate para dispararle mientras la distraemos.

—Afirmativo —respondieron ambos al unísono mientras Vapor se quedaba atrás y Hesho avanzaba hacia mi ala.

Brade trazó un arco y la interceptamos con fuego a discreción de nuestros destructores. No podíamos apuntar muy bien desde nuestra trayectoria de entrada, pero solo necesitábamos distraerla para que Vapor pudiese actuar. De nuevo, Brade se anticipó a nuestra táctica. En vez de enfrentarse a Hesho y a mí, hizo un bucle hacia atrás con propulsión inversa que debió de echarle encima diez o quince g. Yo quebré hacia ella, pero cuando pude ponerme a su cola ya estaba disparando a Vapor.

Vapor intentó esquivar, pero un disparo la alcanzó. El ala salió despedida de su nave, lo que no habría sido letal en el espacio, pero el siguiente impacto atravesó su cubierta y ventiló la atmósfera de la cabina. Incluyéndola a ella.

«Puede sobrevivir a eso», me obligué a pensar mientras disparaba a Brade. Fallé por muy poco a su cubierta mientras ella esquivaba en arco, zigzagueando entre mi fuego de destructor.

Brade disparó a su regreso del arco y acertó de pleno a la Nada a Contracorriente.

—¡Nos ha dado! —gritó una voz kitsen—. ¡Lord Hesho!

Otra docena de kitsen vociferaron informes mientras la Nada a Contracorriente perdía el rumbo y ventilaba aire. No podía concentrarme en eso, por desgracia. Apreté los dientes y entré a cola de Brade.

El chillido de mi mente se atenuó incluso más cuando el combate se redujo a solo nosotras dos. Mujer contra mujer. Piloto contra piloto. Volamos a gran velocidad hacia un antiguo escombro, escorando y haciendo picados, atrapadas en órbita, y Brade pivotó en torno a él con su lanza de luz.

La seguí y me mantuve a su cola, pero por los pelos. Viramos en la oscuridad, sin disparar ninguna de las dos, centradas solo en la persecución. Yo tenía ventaja en mi posición a cola, pero…

… pero por los santos, qué buena era. El planeta debajo de mí, las estrellas por encima, con el telón de fondo de una terrible contienda. Nada de ello importaba. Las dos éramos una pareja de tiburones dándose caza en un mar de piscardos. Consiguió atraerme cerca de las plataformas defensivas y se las ingenió para trazar un bucle en torno a mí cuando me vi obligada a esquivar un disparo.

Fue mi turno de mantenerme por delante de ella, que concluí lanzándonos a una espiral de la que logré salir a duras penas para rodearla y tomar posición de nuevo a su cola.

Era apasionante, estimulante. Me sentí como muy pocas veces antes, desafiada hasta los límites absolutos de mi pericia. Y Brade era mejor que yo. Se mantenía cerca por delante de mí y aun así esquivaba cada disparo que le lanzaba.

Para mí era tonificante.

Muy a menudo, yo era la mejor piloto del cielo. Ver a alguien mejor era, tal vez, lo más inspirador que había experimentado en la vida. Quería volar con ella, perseguirla, enfrentarme a ella hasta recuperarle terreno e igualarme.

Pero mientras sonreía de oreja a oreja, de nuevo oí su chillido hacia la ninguna-parte. Era tenue, pero su estela derribó sin remedio mi ilusión de gozo. Brade estaba intentando destruir todo lo que yo amaba. Si no conseguía detenerla, si no era lo bastante buena, significaría el final de la FDD, de Detritus, de la mismísima humanidad.

Vista desde ese ángulo, mi incapacidad era aterradora.

«No tengo por qué derrotarla yo sola —pensé—. Solo tengo que hacer que vaya donde quiero y…»

Quebré y me propulsé hacia fuera. Pude sentir el enfado de Brade. Ella también había estado disfrutando, y de pronto se enfureció conmigo con mi cobardía. ¿Qué hacía yo huyendo?

Me persiguió de inmediato, disparándome. Solo tenía que mantenerme adelantada un momentito más. Esquivé rodeando una acumulación concreta de escombros espaciales y Brade vino tras de mí. Contuve el aliento…

—¡Es mía! —exclamó Vapor por el canal de la misma Brade.

Me volteé con un bucle y me propulsé de vuelta hacia la nave de Brade, que me había seguido a través de los escombros del dron destruido de Vapor, mientras esta ralentizaba. Pude ver el interior de la cabina, donde Brade aporreaba los controles de su consola, frustrada.

Su nave se desactivó de todos modos cuando Vapor fue cerrando un sistema tras otro. La teníamos. Reduje mi propia velocidad y apunté el morro directamente hacia Brade. Mis propias palabras parecieron resonar de vuelta a mí.

«No podemos limitarnos a disparar para inhabilitar su nave. Seguirá intentando invocar a ese zapador mientras conserve la vida…»

Como si quisiera demostrármelo, Brade me miró a los ojos y proyectó un chillido a la ninguna-parte. Los ojos, que habían estado desvaneciéndose, volvieron a prestarnos una súbita atención, sobre todo un par de ellos que parecían más grandes que todos los demás.

Pulsé el gatillo. En ese instante, el chillido de Brade se hizo más agudo que nunca antes. Presa del pánico al saber que iba a morir, Brade por fin logró su objetivo.

Y algo emergió de la ninguna-parte.