Pecado inolvidable

Julie Kenner · Capítulo 14 de 45

Páginas del PDF

Pecado inolvidable

Capítulo 14

14

 

 

Estoy en pijama y metida en la cama cuando Brandy llama con suavidad a mi puerta.

—¿Estás despierta? —Habla en voz baja, casi susurrando.

—Pasa.

Abre la puerta y entra, y veo que el pelo húmedo le está dejando una marca oscura en los hombros del camisón.

—Creía que una ducha me ayudaría, pero sigo sin poder dormir. ¿Tú tampoco puedes?

Niego con la cabeza y me echo hacia un lado de la cama.

—Todo saldrá bien. Lamar no dirá una palabra. No me haría algo así.

—Cierto. —Me da un apretón en la mano⁠—. Solo necesita tiempo para asimilarlo todo.

Tomo aire.

—¿De verdad lo crees?

—¿Y tú?

Me encojo de hombros.

—Me lo estoy preguntando desde que se fue. Y casi me lo creo. Pero como él ha dicho, se ha reabierto el caso. Desde que se dieron cuenta de que la confesión de Ricky Mercado era falsa, es un misterio por resolver.

—¿Crees que Lamar entregará a Devlin para ganar puntos con un caso sin resolver?

—No —contesto—. Pero estuve en la academia con él. Y aunque no me quedé en el cuerpo, conozco el mundillo. Y hablamos mucho del tema. Lamar tiene un código ético, y pasar por alto un asesinato no forma parte de él.

—Supongo que ya sé de qué hablaréis mañana. — ⁠Bosteza y se estira⁠—. Pregúntaselo antes de salir de la ciudad. Sería rarísimo que os plantaseis en Los Ángeles sin que te haya dicho si va a chivarse de tu novio.

—Muchas gracias por tan reconfortante idea.

Se echa a reír y me abraza.

—Humor negro. Ahora en serio, ¿quieres emborracharte y ver una peli?

—¿Que si quiero? Sí. Pero debería dormir.

—Yo también. Tengo que salir de aquí a las ocho, y me espera un día lleno de reuniones, y luego Christopher y yo hemos quedado para tomarnos una copa de vino y comer algo.

—Qué bien —digo con una sonrisa.

Brandy sonríe y se pone colorada.

—Pues sí. —Se inclina hacia mí y me abraza⁠—. Pero debemos acostarnos temprano. Mañana por la noche Christopher tiene una cita con su teclado para escribir. Mándame un mensaje si vas a cenar en casa, porque voy… —⁠Se interrumpe al tiempo que señala mi móvil con la cabeza, porque acaba de llegar un mensaje de texto y se ha encendido la pantalla⁠—. Vaya. Me pregunto quién será.

Se baja de la cama moviendo una mano y arqueando las cejas.

—Pórtate bien. Y salúdalo de mi parte.

—Muy graciosa… ¡Ah! —Solo se ve parte del mensaje en la pantalla bloqueada, pero lo que alcanzo a leer me provoca un nudo en la boca del estómago⁠—. Lamar ha ido a verlo.

Brandy pone los ojos como platos.

—En ese caso, mejor pregúntale dónde ha enterrado el cadáver.

No atino a reírme por la broma, y en cuanto cierra la puerta al salir, desbloqueo el móvil para leer todo el mensaje.

 

Ha venido alguien a verme.

Lamar. Te lo ha dicho?

 

Frunzo el ceño. Esperaba algo más.

 

No. Tengo que ir a por el cuerpo?

 

Me muerdo el labio inferior mientras espero su respuesta.

 

Hemos estado a punto por un momento, pero todo

bien.

 

Lo leo dos veces, solo para asegurarme.

 

En serio?

 

Se preocupa por ti. No puedo culparlo por eso.

Cierro los ojos y respiro hondo.

 

Gracias.

 

No te cortes para invitarme. Puedes expresar tu

gratitud de forma más tangible…

 

LOL. Como me mandes el emoji de una

berenjena, te lo recordaré el resto de tu vida.

 

Nada de emojis, nena. Solo la de verdad La de

verdad es muy muy tentadora. Pero esta noche es de

expectación, recuerdas? Finge que acabo de usar el

emoji de una carita triste… y asómate a la puerta.

 

Entrecierro los ojos.

 

Será mejor que no estés al otro lado con un lazo.

Porque tenemos unas reglas, y como las rompa, me

sentiré fatal conmigo misma, y será culpa tuya.

 

Confías en mí?

 

Siempre.

 

Pues ve a la puerta. Y nena… Que duermas bien.

 

Sonrío mientras le envío el emoji de un corazón y espero los tres puntos que indican que está contestando. Pero no veo nada.

Frunzo el ceño, triste porque se haya acabado la conversación. Pero obedezco y voy a la puerta principal. La abro y descubro una docena de rosas en el escalón. Por un instante me quedo ahí plantada, con el corazón derretido. Después miro hacia la oscuridad.

No lo veo, pero sé que está ahí, así que le lanzo un beso antes de coger las flores y cerrar la puerta, y después suspiro con tanto placer que estoy segura de que el corazón me va a estallar en el pecho.

Brandy sale de la cocina con una copa de vino. Se detiene y clava la mirada en las flores antes de esbozar una sonrisa traviesa.

—Quizá sea complicado —dice—, pero es de los buenos.

Abrazo las flores.

—Sí, sí que lo es.

—Espera, que te traigo un jarrón.

Deja la copa de vino en la consola de la entrada y corre de vuelta a la cocina. Hago ademán de seguirla, pero me detengo cuando vibra el móvil que llevo en la mano.

Sonrío al dejar las flores junto al vino de Brandy para desbloquear la pantalla y leer su siguiente mensaje. Pero no es suyo, y me quedo helada al ver las palabras en la pantalla: «¿No sabes que te estás follando a un hombre peligroso?».

 

Anoche no me apetecía arruinar el dulce momento, pero también sabía que habían mandado el horrible mensaje desde un móvil desechable, y que la única manera que tenía Devlin de localizarlo era con esa cosa del SMS tipo O. Así que le reenvié el mensaje y el número desde el que me lo habían mandado. Me contestó en segundos y, aunque al principio titubeé al leerlo, acabé soltando una carcajada:

 

El capullo del mensaje dice:

«Te estás follando a un hombre peligroso».

Pero técnicamente no lo estás haciendo.

Al menos no ahora mismo.

Pero si quieres dejar que me cuele en tu cama…

 

Me eché a reír, y pocos minutos después me dijo:

 

He hablado con Ronan. Y con Lamar. No es

ninguno de los dos, estoy seguro. Encontraremos al

cabrón. Estoy en ello. Mientras tanto, que duermas

bien.

 

Sonreí al ver el emoji del beso y me planteé contestar con una berenjena para hacer el tonto. Pero al final le envié un corazón e intenté hacer lo que me decía y sacarme el tema de la cabeza.

Lo conseguí, por fin, pero ahora que es de día vuelvo a pensar en todo eso. Y me siento frustrada por no tener noticias. ¿Su silencio significa que, como la otra vez, el número desde el que mandaron el mensaje es un callejón sin salida? ¿O quiere decir que Devlin ha encontrado al culpable, le está dando una paliza de muerte y cree que yo no lo aprobaría?

Dado que Lamar y yo no vamos a salir hacia Los Ángeles hasta después del almuerzo, me dirijo con Shelby a la Fundación Devlin Saint no solo para dar las gracias en persona a Devlin por las rosas, sino también para averiguar qué ha descubierto sobre el último mensaje.

Entro a toda prisa en el edificio y me detengo el tiempo justo para indicar a Paul que voy a subir.

Él está hablando por teléfono, pero lo veo levantar un pulgar mientras corro hacia el ascensor. Pulso el botón. La luz que indica su llegada se enciende y de forma automática doy un paso al frente.

Después me quedo paralizada cuando las puertas se abren con un sonido apenas perceptible y aparece nada más y nada menos que Regina Taggart.

—Ellie Holmes, ¿verdad? —Casi oigo la sonrisa en su voz mientras me tiende la mano a modo de saludo⁠—. Regina Taggart. Reggie. Nos conocimos ayer en el hotel.

—Encantada de verte —le digo al tiempo que nos estrechamos la mano⁠—. ¿Has venido a ver a Devlin?

Frunce el ceño.

—Bueno, se suponía que iba a estar en la reunión para planificar un simposio, pero como está fuera de la ciudad, solo hemos sido Tamra y yo.

—Ah. No me había dado cuenta de que… ¿Dónde está?

—Lo siento. He supuesto que lo sabías. Anna mencionó que estáis saliendo. Además, he visto las fotos —⁠añade, y hago una mueca⁠—. Até cabos en cuanto saliste del hotel.

—¿Y dónde está?

—Ha tenido que ir a Las Vegas esta mañana —⁠me explica⁠—. ¿Sabía que te ibas a pasar por aquí?

Niego con la cabeza.

—Hoy voy a Los Ángeles. Debe de haber supuesto que ya estaba de camino.

—Lo más probable es vuelva antes que tú. Para Devlin, ir y volver de Las Vegas en un día es un chasquido.

Asiento y a la vez se activa mi sentido arácnido. Su cara me suena muchísimo, joder, y no sé de dónde.

Me doy cuenta de que estoy frunciendo el ceño cuando me dice:

—¿Pasa algo?

—¡Ah, no, lo siento! —Me pongo colorada muerta de vergüenza ⁠—. Es solo que desde que nos conocemos no dejo de darle vueltas a dónde te he visto antes. O a alguien que se te parece mucho.

Hace una mueca mientras menea la cabeza.

—Ni idea.

—¿Estabas anoche en la avenida del Pacífico?

La estoy mirando fijamente y, aunque se controla, estoy segura de que ha puesto ojos de sorpresa.

—Pues sí, la verdad. Pero no te puede sonar mi cara de eso. Ya me habías visto antes en el hotel.

—Siempre me sorprende ver una cara que me resulta conocida —⁠miento⁠—. Después de vivir tanto tiempo en Manhattan, se me había olvidado cómo son las ciudades pequeñas.

Asiente con la cabeza y sonríe, y se hace un silencio incómodo. Acto seguido, me dice:

—En fin, debería volver. Tengo a dos gerentes en prácticas y a ningún miembro del personal con experiencia. —⁠Hace una mueca⁠—. Mi mano derecha aceptó un trabajo en Los Ángeles. Pero ¿qué se le va a hacer?

Tras eso, se despide moviendo los dedos y cruza el vestíbulo. Sus zapatos de tacón —⁠unos Manolos de la nueva temporada de otoño⁠— resuenan en el suelo. Al parecer, ser la dueña de un hotel es bastante lucrativo. Aunque estoy obsesionada con los zapatos, casi nunca puedo permitirme unos de firma que acaban de salir a la venta.

Por un momento, me planteo seguirla. Al fin y al cabo, solo he venido a ver a Devlin. Pero como ya estoy aquí, debería disculparme con Christopher por haberlo espantado anoche. Dado que es muy probable que esté en la sala de investigación, subo al ascensor y me dirijo a la tercera planta.

Empujo la puerta de doble hoja batiente y doy un respingo al oír susurros en un lugar que suele estar en silencio. Al parecer, Christopher no es el único que estos días usa las instalaciones.

—Pues no sé —susurra una voz femenina⁠—. Algún tipo de accidente, digo yo.

—Claro, claro —responde Christopher⁠—. Pero ¿cuál? ¿Un accidente de tráfico? ¿Un ahogamiento? ¿Un incendio?

—Joder, ¿cómo quieres que lo decida yo? — ⁠Reconozco la voz de Anna⁠—. Para eso estás aquí, ¿no?

Me planteo quedarme donde estoy y seguir escuchándolos. Al fin y al cabo, nunca he oído a nadie hablando sobre el argumento de una novela de suspense. Pero me parece una grosería y una invasión de la intimidad, de modo que carraspeo y doblo la esquina al tiempo que me disculpo con un gesto de la mano.

—Siento interrumpir.

Christopher asiente con la cabeza y tiene la expresión que siempre me he imaginado en un escritor frustrado. Pero Anna da un bote. Está de espaldas a mí, y aunque he supuesto que me habían oído llegar, se ve que me equivocaba.

—¿Tramando algo? —pregunto mientras Anna se da media vuelta para mirarme.

Christopher está trabajando en su segunda novela de suspense y, dado que la historia gira en torno al crimen organizado y el tráfico de personas, las fuentes de la Fundación Devlin Saint son una mina. O eso me dijo cuando nos conocimos.

—Necesitaba a alguien con quien hablar de un detalle —⁠me contesta él⁠—. Y como Anna estaba aquí…

Ella esboza una sonrisa torcida.

—He venido a coger un informe con el que pulir un comunicado de prensa y me ha liado para que le haga el trabajo.

—Mejor ella que Brandy —comenta Christopher ⁠—. Y si no resuelvo esto antes de verla esta noche, se pasará el rato oyéndome despotricar sobre detalles cuando podríamos…

—Eh, eh —lo interrumpo levantando una mano mientras intento contener una carcajada⁠—. Que estás hablando de mi mejor amiga.

—Y de mi novia —replica, y tiene cara de estar muy complacido.

—Creía que solo ibais a tomar algo — ⁠lo pincho⁠—. Pero si piensas volver a su casa en vez de regresar a la tuya para escribir, puedo quitarme de en medio. Supongo que te lo debo. Siento lo de anoche. Es que se suponía que solo íbamos a ser los tres. Devlin también apareció por allí.

Christopher asiente.

—Brandy me lo ha contado. Les disteis la patada a todos los novios.

Suelto una carcajada.

—Básicamente.

—Y entonces ¿qué haces por aquí?

—¡Christopher! —Anna parece escandalizada.

Él levanta una mano.

—Solo me refiero a que Devlin está en Las Vegas.

—Te he entendido —le digo sin dejar de reír⁠—. La verdad es que no sabía que no estaba. Me he pasado para verlo antes de ir a Los Ángeles, y después se me ha ocurrido pasar a saludarte, dado que a él no lo puedo ver.

Christopher le guiña un ojo a Anna.

—Acaba de decir que soy plato de segunda mesa.

Anna resopla.

—Ya eres mejor que yo. No ha pensado en mí ni un poquito.

—Ni siquiera voy a intentar salir del charco en el que me he metido. Solo empeoraría las cosas.

Los dos se echan a reír.

—No pasa nada —dice Anna—. Al menos has venido antes del almuerzo.

—¿Por qué?

—Porque cerramos a mediodía —⁠me contesta ella⁠—. Órdenes de Devlin. Ha habido algunos problemas de seguridad en Las Vegas. Problemas menores, pero se los toma muy en serio. Le ha pedido a Ronan que venga con un equipo para asegurarse de que se tapan todos los agujeros. —⁠Me mira a la cara⁠—. ¿No te lo ha dicho?

Niego con la cabeza y ella se encoge de hombros como si no fuera importante.

—En fin, ¿por qué iba a hacerlo? — ⁠continúa⁠—. Tampoco formas parte de la Fundación Devlin Saint.

Sé que no lo ha dicho como una pulla — ⁠y es la verdad⁠—, pero de todas formas siento el resquemor de ser una forastera en el mundo de Devlin Saint.