Pecado inolvidable

Julie Kenner · Capítulo 45 de 45

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Pecado inolvidable

Epílogo

 

— i se te ocurra —salto cuando la mano de Devlin me sube por el muslo, N

aprovechando la raja del vestido de noche⁠—. Ni de coña vas a estropearme el modelito antes de aceptar el premio.

—¿Y después? —me pregunta.

—Después se da por hecho —contesto ⁠—. ¿Cuántas pueden decir que se han follado al galardonado con el Premio del Consejo Mundial por Servicios Humanitarios en la parte trasera de una limusina?

—Detestaría que no pudieras presumir de eso — ⁠me asegura.

—Genial, porque estoy decidida a hacerlo. De todas formas —⁠añado al tiempo que le cojo la mano y me la subo por la pierna⁠—, esto es un avance.

Le guío los dedos más arriba, hasta que queda clarísima, deliciosa y frustrantemente patente que no llevo nada bajo el vestido.

Protesta con un gruñido cuando le aparto la mano.

—Daremos un rodeo de vuelta al hotel — ⁠le prometo.

—Sí. Un buen rodeo.

Nos miramos con una sonrisa y recorremos las siguientes manzanas en silencio. Casi hemos llegado al teatro de Manhattan donde se va a celebrar la gala de entrega de premios.

—¿Estás bien?

Desde que Anna murió, hablamos mucho de lo sucedido. Tuvimos que aguantar que Lamar nos echara la bronca por no haber contado con él desde el principio. Por pasar de la ley y arriesgar nuestra vida.

Y observamos la cara estupefacta de Brandy cuando se lo contamos todo, incluidas nuestras sospechas sobre Christopher. Lamar lo interrogó, pero no había nada que insinuara que estuviera trabajando con Anna en su afán por librarse de mí. En cambio, las piezas del rompecabezas parecían indicar que mi investigación sobre Peter fue el detonante de todo. Tarde o temprano habría descubierto lo del porno. Y eso me habría llevado a Cyrus y a las grabaciones de Anna. Unas grabaciones que ella quería mantener ocultas.

Todo porque estaba enamorada de Devlin. En su retorcida mente, creía que podría conseguirlo si se libraba de mí y limpiaba su pasado.

En cuanto a si Christopher trabajaba con Joseph Blackstone en las filtraciones de información, tampoco se encontraron pruebas. Aunque Lamar desconoce todo ese asunto, Devlin, Ronan y el resto del equipo están atentos a la situación. ¿En cuanto a mí? Solo espero que esto no haga daño a Brandy.

Sobre todo, me alegro de seguir viva y de estar con Devlin. Tenemos trabajo por delante, claro. ¿Qué pareja no lo tiene? Pero lo amo, y eso hace que merezca la pena.

—¿Devlin?

—Estoy bien —me asegura—. Es que…

—¿Qué pasa?

—Este premio. ¿Qué te parece?

Oigo la pregunta implícita en sus palabras. Le han concedido el premio por la vida que lleva al frente de la fundación. Pero tiene más facetas. Unas que se valen de actos crueles para solucionar problemas aterradores. Métodos que a las organizaciones benéficas de todo el mundo podrían parecer problemáticos, por decirlo suavemente.

—Creo que es maravilloso —le digo con sinceridad ⁠—. Te lo mereces. Este premio y mucho más.

Me abraza y me besa.

—Gracias.

—No dudes de ti.

Se echa a reír.

—Rara vez lo hago. —Me acaricia la mejilla con ternura ⁠—. Y si te muestro mis debilidades, quiere decir que te amo.

—Pues sí. Pero no eres débil. —⁠Ladeo la cabeza y sonrío mientras le recito las palabras que me dejó en una nota a modo de talismán⁠—: «Recuerda que eres fuerte».

—Teniéndote a mi lado, no puedo dejar de serlo. Ahora dame un beso rápido. Ya hemos llegado.

Nuestros labios se rozan, y el beso se alarga mientras esperamos a que abran la puerta. Hay una alfombra roja y un montón de gente a cada lado, tras los cordones de terciopelo.

En cuanto la puerta se abre, el ruido y las luces de los flashes nos asaltan, mientras la multitud grita su nombre y lo acribilla a preguntas. Casi me echo a reír, porque nunca he paseado delante de fotógrafos, y, aunque evito las redes sociales, mañana fijo que buscaré las fotos.

Entonces presto atención a las palabras que oigo y en ese momento se me congela la sonrisa y se me hiela la sangre.

—¿Es verdad?

Devlin me aprieta la mano con más fuerza.

—¿De verdad es Alejandro López?

—¿Cómo ha conseguido mantener oculta su identidad tanto tiempo?

—¿A qué viene el engaño, señor Saint?

—¿Hizo trabajos sucios para su padre?

—¿Cómo tiene el descaro de aceptar el Premio del Consejo Mundial por Servicios Humanitarios con un nombre falso?

—¿Es verdad que su padre es Daniel López?

—¿De verdad creció con El Lobo?

—Devlin, ¿mataste a tu padre?

Apretamos el paso, y, aunque parece que la alfombra es infinita, sé que solo han pasado unos segundos desde que hemos salido de la limusina y hemos llegado al teatro. En el interior, ya sin tanto ruido ni tantas luces, nos encontramos con el comité que otorga los premios, y me duele la mano, como si se me estuvieran rompiendo los huesos.

Bajo la mirada y me doy cuenta de que él me la está apretando.

—Devlin —digo con ternura, con el corazón tan magullado como la mano por el dolor que veo en sus ojos⁠—. Devlin, me estás haciendo daño.

Por un instante no sucede nada. Después me suelta tan deprisa que cualquiera diría que lo estaba quemando. Su respiración es agitada y tiene una expresión pétrea.

—Señor Saint —dice un hombre ataviado con esmoquin que se nos acerca⁠—. Soy Arthur Packard, presidente del comité. ¿Le parece que hablemos un momento?

—Por supuesto. Me gustaría que la señorita Holmes nos acompañase.

Packard asiente con la cabeza antes de conducirnos a una estancia situada en la parte posterior.

—Si me disculpan un momento.

Se marcha, y Devlin me mira a los ojos.

—Van a retirarme el premio. Se centrarán en los otros galardonados y me darán la patada.

—Sí —digo, porque es justo lo que va a pasar.

—Joder. —Se golpea el muslo con un puño⁠—. ¡Joder!

Quiero tocarlo. Curarlo. Pero sé que no puedo hacer nada, y el pánico me invade de repente. Me apartó de su lado porque creía que era peligroso para mí. Ahora, cuando su mundo se desmorona a su alrededor, es imposible negar que todo va a cambiar. Solo Dios sabe qué secretos saldrán a la luz y a qué tendremos que enfrentarnos.

Y sí, me aterra la idea de que me vuelva a apartar de su lado.

Sin embargo, Devlin abre los ojos y me mira fijamente con una expresión feroz y apasionada. Pero sobre todo veo amor.

Despacio, sin mediar palabra, me tiende la mano. La acepto y después se la aprieto. No sé contra qué tendremos que luchar ahora.

Lo que sí sé es que lo superaremos. Porque, juntos, Devlin y yo podemos superarlo todo.

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