Pecado inolvidable
Capítulo 44
44
Aunque quiero estar a solas con Devlin, Ronan llega pisándonos los talones.
—Tenemos que hablar —le digo a Devlin en un aparte en el momento en que Ronan entra en la cocina para llamar por teléfono—. Hay cosas que quiero decirte.
—¿Cosas que quiero oír? —me pregunta con la cabeza ladeada, observándome.
—Sí —le prometo—. Y hay cosas que quiero saber.
—Te lo contaré todo —me asegura—. Y quiero oír todo lo que has estado pensando. Pero ahora prefiero centrarme en mantenerte a salvo. Así que solo tengo una pregunta. —Me levanta la barbilla y me roza los labios con los suyos—. ¿Eres mía?
—Tanto como tú eres mío —susurro, y suspiro mientras me estrecha entre sus brazos.
—En ese caso, eres mía por completo.
Nos separamos lo justo para besarnos con avidez y frenesí. Con esa pasión que en otras circunstancias nos llevaría a arrancarnos la ropa para echar un polvo salvaje en la mesa de la cocina.
Por desgracia, tenemos compañía. Por no mencionar que debemos trazar un plan.
Nos reunimos en el salón con Ronan, que asiente despacio con la cabeza mientras mira a su alrededor.
—Hay una razón por la que vives aquí. Este lugar es como Fort Knox. Eso es bueno. Creo que servirá —concluye antes de exponer su plan.
Devlin le hace algunas preguntas y luego asiente con la cabeza.
—Debería funcionar.
—Preferiría tener a Reggie con nosotros, pero no quiero dejar sola a Brandy.
—Y somos tres —le recuerda Devlin mirándome —. Tú también irás armada.
—No lo sabes tú bien —le suelto—. ¿Estás seguro de que es mejor no involucrar a Anna y a Tamra?
Devlin asiente con la cabeza.
—Es el protocolo estándar de los Ángeles. Las especificaciones de la misión solo las conocen los implicados y ninguna de las dos participa activamente en ella. No necesitan estar al tanto de los detalles. Además, Anna y Tamra conocen al sujeto en persona y ese es un detalle con el que nunca hemos lidiado. No están entrenadas para este tipo de engaño. Si Christopher habla con cualquiera de ellas y descubre que sospechamos de él…
—Ya, claro —digo asintiendo.
—Con suerte, esta noche quedará todo zanjado — dice Ronan—. ¿Lista para hacer la llamada?
Respiro hondo y le indico que sí. Saco el móvil y llamo a Christopher, tras lo cual suelto un taco porque me salta el buzón de voz.
—Hola, Christopher. Soy Ellie. ¿Podrías devolverme la llamada? Gracias.
Cuelgo, miro a Ronan y a Devlin, y me encojo de hombros.
Ellos intercambian una mirada antes de que Devlin saque el móvil y marque un número.
—Hola, Anna. ¿Sigues en la oficina? ¿Cómo? No, era para comentarte una cosa. Necesito volar a Las Vegas. ¿Puedes llamar y avisar para que preparen el avión? Gracias. Ah, y otra cosa más. He estado intentando localizar a Christopher. He pensado que tal vez esté trabajando hasta tarde en la sala de investigación. —Me mira a los ojos y después observa a Ronan. Acto seguido, sonríe—. Estupendo. Perfecto. Dale un mensaje de mi parte. Necesito comprobar algo. Sí. Vale. —Otra pausa. Y después, con sus ojos aún clavados en los míos y un deje incisivo en la voz, añade—: Alguien ha intentado sacar a Ellie de la carretera y no quiero dejarla sola. Pero tengo una hipótesis que quiero examinar. Sí, por eso me voy a Las Vegas. Escúchame, he intentado hablar con Brandy, pero no me coge el teléfono. ¿Puedes pedirle a Christopher que se ponga en contacto con ella y le diga que vuelva esta noche? Sí. Está en mi casa. Dale el código de la alarma para que se lo diga a Brandy. Sí. Asegúrate de indicarle que el código abre la puerta y apaga la alarma. Ese detalle puede ser algo confuso. Y dile que es posible que Ellie esté dormida. Le he dado algo para que se relaje. ¿El qué? Sí, sí, ya lo hemos solucionado y estamos bien.
Me mira a los ojos y esboza una sonrisa lenta y tierna.
«Te quiero», me dice gesticulando las palabras con los labios.
«Lo sé», replico del mismo modo, y la felicidad me inunda.
El buen humor se refleja en su expresión hasta que empieza a hablar de nuevo.
—Ah, sí. Sí, de tu parte. Gracias, Anna. Sabía que podía contar contigo. Te llamo mañana. —Corta la llamada y se sienta a mi lado—. Quiere que te diga que lo siente y que espera que estés bien.
—¿Vas a ordenar que preparen el avión?
—Tenemos que conseguir que la treta parezca real. —Escribe un mensaje—. Marci se asegurará de falsificar el registro para que conste que he viajado en el avión. Además, estoy seguro de que ella y la tripulación pasarán una noche maravillosa en Las Vegas.
Estoy a punto de comentar que falsificar el registro del avión es ilegal, pero me contengo. Es irrelevante.
—¿Y ahora qué?
—Ahora esperaremos —contesta Ronan, que me mira con una expresión tan preocupada que no sé cómo he podido pensar que me la tenía jurada—. ¿Estás bien?
—Os tengo a los dos conmigo —señalo—. Estoy bien. Y gracias —añado—. Lo que ha pasado hasta ahora me parece una pesadilla. Si aún no te he dado las gracias por venir a ayudarme y por encargarte de Shelby, te las doy ahora.
—Ya me las has dado —me asegura —. Y te repito que de nada.
Sonrío, y miro a Devlin porque de repente se me ha ocurrido algo.
—¿Y si Brandy llama para saber cómo estoy? ¿Y si aparece en la puerta dentro de hora y media, desesperada por verme?
—Entonces sabremos que Christopher no es la persona a la que buscamos.
Me abrazo.
—No, creo que tienes razón. Su vínculo con Blackstone. Además, lo oí hablar sobre formas de matar a alguien, supuestamente para el libro, y un atropello era una de ellas.
Devlin se pasa los dedos por el pelo.
—Debería haberlo visto.
Niego con la cabeza.
—A todos se nos ha pasado. Joder, si hasta me cae bien.
—Es bueno —señala Ronan—. Es bueno en lo que hace. Pero nosotros también.
Trago saliva.
—¿Debería intentarlo de nuevo?
—No hace falta —contesta Devlin—. Ya le he dado el mensaje a Anna. Ella sabe que es urgente y nunca me ha defraudado. —Se pone en pie y me tiende una mano—. Vamos, necesitas asearte.
Asiento con la cabeza. Llevo la ropa manchada y el pelo lleno de tierra. Dejo que Devlin me guíe hasta el cuarto de baño. Una vez allí, abre el grifo de la bañera y me ayuda a desvestirme y a meterme en el agua tibia. Es una sensación maravillosa sobre la piel magullada. Milagrosamente, no tengo muchas heridas, pero estoy dolorida después de los tumbos que he dado, y el agua tibia es el paraíso.
Oigo que me llega un mensaje al móvil, que está en la encimera del lavabo, pero paso. Devlin está conmigo, y ahora es lo único que me importa. Cierro los ojos y suspiro mientras él me quita la tierra que tengo pegada en la cara y me lava el pelo.
Está sentado en un taburete al lado de la bañera, y mientras me echo hacia atrás para recostarme, abro los ojos y le cojo una mano.
—Gracias por rescatarme. Y por cuidarme.
—Lo haré siempre —dice—. Te quiero, El. Siempre te protegeré. Siempre te cuidaré. Lo sabes, ¿verdad?
—Sí —le aseguro con el corazón henchido por el amor que veo en sus ojos—. Por supuesto que sí.
Llegamos a casa de Devlin poco después de ponerse el sol y llamamos a Anna para que le pasara el mensaje a Christopher más o menos media hora después.
Ahora son casi las nueve. La hora H, ya que suponemos que Christopher intentará llegar cuando supuestamente lo haría Brandy.
Estoy en el salón con la tele encendida y una Glock de 9 milímetros bajo el cojín que tengo al lado. Devlin está detrás de mí, vigilando la entrada desde la puerta lateral del garaje y la puerta principal. Ronan está en el lado opuesto, en el lavadero, lo que le ofrece una visión completa de cualquiera que pase por delante de Devlin y del lavadero, que cuenta con una puerta lateral que da al patio.
Esas son las únicas entradas de la casa, y todas están vigiladas.
—También se puede acceder al patio — había señalado Devlin—. Hay una escalera de caracol que sube desde el cañón. Pero tienes que cruzar el jardín y bajar las rocas con agilidad para llegar. Y nadie sabe de su existencia, a menos que esté familiarizado con la casa.
Estoy viendo El Imperio contraataca, aunque en realidad no presto mucha atención. En cambio, estoy atenta por si oigo el pitido de la cerradura electrónica que indica que alguien usa el teclado para desactivar el sistema de seguridad. Esta función solo es silenciosa cuando se realiza desde la app, opción que Christopher, por supuesto, no tiene.
Al cabo de unos minutos, los nervios pueden conmigo y me levanto para pasearme de un lado para otro, y al rato me siento e intento volver a ver la película, aunque en vano. Camino hasta el centro de la estancia, dando la espalda a la tele y a las cristaleras para hablar hacia donde están escondidos.
—Chicos, no creo que esto sea…
Suelto un grito ahogado, y luego me maldigo porque mi pistola sigue en el sofá y tengo delante a Ronan, que me apunta directamente con su arma.
«Voy a morir».
No me cabe la menor duda. Estoy segurísima, y me odio por haber bajado la guardia. He llegado a confiar en este hombre, y él no solo me la ha jugado a mí, también se la ha metido doblada a Devlin.
—¿Cómo has podido? —susurro, pero mis palabras quedan ahogadas por el disparo de su arma y el grito de dolor que se oye a mi espalda.
Me doy la vuelta justo cuando Devlin entra en el salón.
«Anna», pienso.
Al caer, Anna ha arrancado uno de los paneles de las cortinas transparentes y el vaporoso blanco se está volviendo rojo por la herida del hombro.
—Lo siento —me dice Ronan—. Estaba a punto de dispararte.
Asiento en silencio mientras Devlin corre para abrazarme.
Sin embargo, me suelta al instante y se acerca a Anna.
—¿Por qué? —le pregunta apartando su arma de un puntapié. Está acurrucada contra la pared, y las cortinas que aún siguen colgadas flotan entre la brisa—. ¿Por qué? —le pregunta de nuevo, y me estremezco por ese deje tan dolido a causa de la traición. Coge la cortina para enrollarla y tratar de detener la hemorragia con ella—. ¡Joder, Anna! Necesito que me digas por qué.
Ella lo mira y después me mira a mí.
—Podríamos haber sido amigas — me dice con la voz quebrada—. Pero te quedaste con cosas que no te pertenecían.
—Devlin no es una cosa. —Hago ademán de acercarme a ellos, pero Ronan me detiene agarrándome un hombro con mano firme—. Y esto no es cuestión de celos.
Devlin me mira.
—¿Qué quieres decir?
—Hace un rato eché un vistazo a los mensajes que he recibido. Cyrus Mulroy está muerto. Por eso no me devolvió la llamada. Anna lo mató, ¿verdad? Porque él tenía grabaciones en las que salía ella.
El odio que aflora en sus ojos es respuesta suficiente.
—¿Sabías que Peter te estaba grabando? ¿O tenía cámaras ocultas?
Veo que se le mueve la garganta al tragar saliva. Acto seguido, aparta la mirada de mí y pone ojos de cordero degollado mientras mira a Devlin.
—Él las vendió —dice ella con un hilo de voz, hablando de forma entrecortada—. Le gustaba grabarme, pero luego vendió las cintas a Cyrus y me dijo que lo nuestro había terminado. ¡Qué había terminado!
—Devlin, debemos llamar a emergencias. — Tengo un nudo en la garganta por la furia y la angustia—. Está perdiendo mucha sangre.
—Iba a…, a sacar las grabaciones —sigue Anna con voz ronca. Devlin se pone en pie y coge su móvil—. El tío de tu puta novia… Hice que lo mataras…, por eso te lo dije… Por eso te dije que lo mataras. Y fingí que la orden venía de él…, de tu padre. —Mueve los labios en silencio e intenta pronunciar las palabras—. Tuve que… Tuve que castigar a Peter porque él… —Abre los ojos como platos, muy tensa, como si de repente se hubiera dado cuenta de que se ha ido de la lengua.
Me quedo helada. La realidad de sus palabras cristaliza frente a mí hasta formar una imagen que no quiero ver. El Lobo nunca ordenó la ejecución de Peter. Anna engañó a Devlin para que asesinara a su amante con el fin de vengarse por haber vendido las grabaciones. Y durante todo ese tiempo ha sido Anna quien me ha acosado, quien ha intentado deshacerse de mí. Hasta que, al final, decidió matarme.
—Ella es veneno —sigue, desviando la mirada hacia mí, y tuerce el gesto como si de repente sintiera un chute de energía.
Extiende la mano hacia atrás y me tiro al suelo, segura de lo que va a pasar. La veo sacar un arma. Oigo el disparo y después la veo desplomarse en el suelo, mientras el arma de reserva se le cae de los dedos, ya exánimes.
Me vuelvo hacia Ronan, pero esta vez no ha sido él quien ha apretado el gatillo.
Ha sido Devlin.
Ha matado a la mujer que había creído que era su amiga para salvarme.
Jadeo y corro a sus brazos. En esta ocasión, Ronan no me detiene. Nos dejamos caer al suelo, abrazados, mientras Ronan marca el número de emergencias.
—Lo siento —digo, segura de que debe de tener el corazón destrozado, porque la realidad que conocía acaba de cambiar—. Lo siento muchísimo.
—Ya te lo dije —susurra—. Siempre te protegeré. Cueste lo que cueste. Caiga quien caiga.