Recuerdos que mienten un poco
Capítulo Doce. Hay que educar a Patricio
13. Andréi Tarkovski (1932-1986) fue un cineasta ruso, a quien Bergman mismo consideraba el más grande. Fue autor de maravillas como La infancia de Iván, Solaris, Stalker y El sacrificio.
14. El baión es un ritmo del noreste de Brasil —se lo suele adjudicar a
Pernambuco, al norte de Bahía—, que incorpora elementos de música indígena, africana y europea, como la polca y la mazurca.
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Capítulo Doce
Hay que educar a Patricio
Fusilados por la Cruz Gamada — Dale gas — El folklore del fútbol — El panchomóvil — Llegando al Cielito — Ojo con las mezclas — Gente en Obras —
Difamando espero — A cuidarse el culito — El haya de la señora Poli —
¿Vos me estabas buscando?
1.
En algún momento entre el 88 y el 89, Fito Páez fue a verlos a Cemento.
Era el Fito post Ciudad de pobres corazones, a quien el asesinato de su abuela y de su tía lo había empujado a un lugar del alma desde el cual renegó de Yo vengo a
ofrecer mi corazón. Y entonces se acercó a saludarlos al camarín…
Creo que era una época en la que además sufría problemas de dinero: después de haber vendido tantos discos, en un momento le había quedado apenas un limón en la heladera. Tenía muchas razones, y bien atendibles, para estar cabreado.
Fito recordó: Yo era muy chico, veía a Los Redondos como algo muy
maldito, y
el Indio me puso en mi lugar.
Lo habrá sentido como un reto porque me vio como un hombre más grande, pero todo lo que le dije fue que me parecía una pena que renegara de lo que había hecho, porque conozco pocas frases mejores que esa. No cualquiera dice —y se banca decir— “Yo vengo a ofrecer mi corazón”. No es sopa.
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2.
El éxito que habían cosechado hasta entonces dio pie a nuevas ofertas de parte de compañías y también de managers. Daniel Grinbank le ofreció a Poli dejar sus otras bandas y concentrarse en ustedes.
Pero ya era tarde. ¿Por qué le ibas a ceder a otro la parte del león de algo que ya estaba funcionando?
En general se contactaban con Poli, que venía y me consultaba. Con el tiempo creo que le hicieron ofertas que ni siquiera se gastó en plantearme.
Me acuerdo de un productor que nos citó. Cuando nos llevaron a su despacho, lo encontramos con las patas encima del escritorio, fumando un habano… Era una suerte de caricatura del producer de Hollywood. Un pendejo puede dejarse llevar, pero uno, que ya estaba grande, percibía al vuelo que esa oficina era de las que se pueden desmontar en dos segundos sin dejar rastros.
3.
La cosa se estaba poniendo densa en todo sentido. El año 89 arrancó con cortes de luz y el asalto a La Tablada, por parte de 42 miembros de la organización Todos por la Patria dirigida por Gorriarán Merlo.
Me quedé pegado todo el tiempo a la televisión. Hubo una cobertura muy demente y cruel… Podías ver en vivo escenas que eran en sí mismas
pruebas de un delito en curso: por ejemplo, soldados custodiando a un par de tipitos tomados prisioneros.
Se los llevaban caminando… ¡y al otro día te decían que habían muerto en el enfrentamiento! O te mostraban un tanque pasando por encima de un cadáver…
Fue un día espantoso, realmente. Pero era la clase de espanto de la que uno no se podía sustraer.
Para mucha gente debe ser difícil de entender, me imagino. Pero el escritor debe ser capaz de ver cualquier cosa, por horrenda que parezca. No perderse detalles, ser capaz de considerar las miserias más grandes, de intuirlas. Porque por ahí pasa su trabajo, esencialmente: dar cuenta de las dimensiones de la experiencia que van más allá del sentido común.
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Un amigo, Rodrigo Lugones, me hizo llegar el audio de un concierto en Skylab de abril del 89. Se ve que ya había bardo, porque desde el escenario decís: A
ver, Enrique Symns, Marcelo Figueras y amigos, si pueden hacer algo
por la
gente de afuera…
No me acuerdo para nada… Creo que en esa época arrancábamos los shows haciendo una versión del Himno Nacional. ¡Qué demagogia! (Ríe.) Mucho antes de que Charly hiciera su versión, por cierto.
Esa noche debe haberse armado quilombo en la puerta. Por eso los habré mandado a ustedes, para que hiciesen entrar en caja a la autoridad…
(Vuelve a reír.) Yo tampoco recordaba haber estado ahí, hasta que encontré una crónica mía de ese concierto en el diario Sur. Ahí decía que vos eras el único vocalista del
rock local que canta como un hombre y no como una quinceañera al
borde de
un ataque de nervios y, más aún, expresando los temores y fiebres de un
adulto
en lugar de los requiebros de una perpetua adolescencia.
¿Cuántos años tenías? ¿Veintisiete? ¿Y ya le estabas sacando la ficha a esos tarambanas?
La primera vez que ese estado de cosas los tocó de cerca fue en el Club Atenas de La Plata, donde entró la policía y tiró gases durante un show.
Fue entre mayo y junio, época de saqueos a supermercados. Poco después Alfonsín renunció para que asumiese Menem, que ya había sido electo.
El Club Atenas era un lugar cerrado, sin mucha ventilación. Fue impresionante.
Andá a saber quién dio la orden: la cana entró de asalto, tiraron gases, se empezaron a llevar gente… Skay estaba en el escenario y yo a un costado, tratando de ver cómo hacer para que no se llevaran preso a Enrique.
Después me sumé a Skay: él tocaba y yo estaba al lado suyo, azorados los dos ante lo que pasaba.
Cuentan que el ánimo se caldeó antes del show, cuando unos pibes se treparon 240
a un aro de básquet de acrílico y estalló en pedazos por el peso. Después el jefe de la barra brava de Gimnasia, el Negro José Luis, se subió al escenario con un pasamontañas en la cabeza y sacudió la columna de parlantes.
Se trepaba por los fierros del techo sin red, sin nada. Era una especie de ariete contra la policía, le pegaba a seis al mismo tiempo, no lo podían parar. Y al otro día el tipo estaba como si nada, apenas con un moretón.
En esa oportunidad, Symns terminó preso. Ya no formaba parte del show, nos había ido a ver como amigo, nomás. Por suerte se liberó de lo que tenía encima, porque si no lo habrían dejado adentro.
¿El Negro José Luis es el Negro Cañón de tus letras?
El Negro Cañón es un personaje. No pensé en nadie en particular cuando lo escribí.
¡Supongo que los personajes de tus novelas no estarán basados todos en alguien real! Pero con el tiempo, muchos se atribuyeron el nombre. Uno era José Luis.
Otro era un amigo que un día empezó a contar cosas de mi intimidad y por eso le corté el rostro.
Pero, de todos los candidatos posibles, el Negro José Luis es el que más se merecería el apodo.
4.
Ya no podían tocar más en boliches chicos.
Venía pasando desde hacía un tiempo. Cuando íbamos a tocar a Látex, la inmensa mayoría eran pendejos de 17 que llegaban de los barrios con los trapos. ¡Las banderas! Y eso hasta entonces no había ocurrido, ni a nosotros ni a nadie.
Irrumpieron con todo el folklore del fútbol, que hasta entonces no entraba en los pubs. Como yo no soy de ir a la cancha, al principio no reconocía los cánticos.
Pero les empecé a prestar atención. Los hacían en nuestros recitales con música de otro, generalmente. Cualquier cosa: Sergio Denis, cumbia, los Ratones…
Tiene que ser algo medio square, hubo muy poca tribuna que usase música nuestra durante los partidos. En medio del recital, con la canción sonando de 241
fondo, se animaban a improvisar algo. Pero les sacás ese sostén armónico y mis temas empiezan a parecer habaneras, un híbrido extrañísimo. Como en el origen del tango. Canciones como Pituca o Ropa sucia podrían ser tangos contemporáneos.
Fue una progresión muy rara. Yo no creía que el boca a boca pudiese funcionar todavía. No olvides que todo eso sucedía alrededor de una banda sin promoción. Es muy chiflado hasta para mí, que formo parte del kiosco y debería haber entendido algo de lo que pasaba.
Le hemos dado vuelta tantas veces al asunto… Hasta que nos resignamos a decir: ¡Será que les gustan las canciones que hacemos! Otra explicación no había.
Me voy a ir sin entender qué pasó con mi vida, cómo es que terminé siendo el Indio Solari. Debo haber estado en algún lugar que justifique que me ocurriese a mí en vez de a ese tipo que estaba a dos metros.
Se vieron obligados a cambiar de pantalla.
Yo me fui desenamorando de la etapa inicial. Uno siempre quiere más. Yo ya no tenía ganas de seguir trabajando de Redondito de Ricota. Entiendo que para los demás músicos puede haber sido algo parecido a una beca: hacíamos cualquier rock and roll y la gente enloquecía. Pero, para aquel que es agnóstico, la zanahoria de la vida pasa por otro lado: el placer que te despierta lo que estás haciendo —
aquello que la gente suele llamar tu “obra”— y el reconocimiento que te permite llegar a un público más amplio e infectarle la cabeza.
5.
Ponele que no hubiese habido otra oferta musical para el público. Pero la había a raudales, riquísima.
Eso es lo que más les extraña a los sociólogos, esa clase de gente. Aquel que pretende generar una multitud devocional alrededor suyo de tipo político o sectario, suele jugar de otra manera. Muchas veces lo que me animaba era un sano empirismo. Ver hasta dónde se podía llegar.
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Pensá que la gente disponía de los escaparates más bonitos, con mercadería variadísima y de buena calidad… ¡pero los que generaron un fenómeno fueron ustedes, que no contaban con más vidriera que los shows!
Es que vivíamos de esa manera. No éramos una figurita de clase media a la que un productor expone y le pinta un poco el pelo. No hay cosa más jodida que mentir, el cerebro no está preparado, tiene que hacer un esfuerzo extra, no le gusta perder el tiempo en eso. El mentiroso va cargando su mochila de cosas, si sos un pinche no cuesta nada pero si te aporongaste un poquito te puede costar la vida.
Y sin embargo, el discurso de la prensa es que los artistas siempre ocultan algo.
Esa carrada de pibes, que hasta entonces frecuentaban la cancha y poco más, empezaron a elegir tus conciertos. No los de las demás bandas: los chicos que iban a ver shows de Los Redondos no seguían a otros artistas del rock.
Es paradójico, porque a excepción de Walter, ni Semilla ni Skay jugaron nunca al fútbol. Yo jugué un poco, me gustaba. Tiraba buenos centros, pero ante todo era amigo de los que jugaban bien y por eso me metían en sus equipos. Fui un buen marcador. Ahora, ojo: no pasaba diez metros de la mitad de la cancha, porque no me gustaba entrenar. Era sucio para jugar, no pegaba fuerte pero te sacudía el tobillo todo el primer tiempo y en el segundo ya no podías correr.
La psicodelia me salvó. En lo que hago, encontré un jugo más poderoso que la adrenalina del deporte.
Seguí jugando ocasionalmente por puro placer hasta que me quebré los meniscos, poco antes de dos shows, mientras peloteaba con mis sobrinos.
Ahí aprendí que uno tiene que cuidarse, sentí la responsabilidad de que no me pasase nada. Si se manca el bajista zafás, pero me cago yo y no hay remedio. Por eso largué del todo, a pesar de que me gustaba mucho.
6.
De esa debilidad por el fútbol quedó tu admiración por Román Riquelme, a quien le dedicaste este texto:
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Un artista, creo yo, casi desconociendo tal magnitud y aceptando con gratitud ser un músico popular, tiene el deber de cruzar la frontera del sentido común de la sociedad donde se manifiesta. Visitar esa terra incognita las veces que sea necesario para así observar la vida desde un estado de conciencia que escapa con paso rápido de las tradiciones, del legado de los muertos. Sus recompensas son la soledad, el viento recio y transitorio de la pasión y las borracheras provocadas por la belleza ocasional.
Probablemente no consiga nunca que su destino sea nada más que el eco de sus deseos. Debe, entonces, ser lo suficientemente valiente como para que el temor no le impida a su apetito amoroso exponer lo que cree que debe expresar. Aceptará que su destino sea relativo, pasajero y violento.
Sus emociones, sus reflexiones y sus juicios personales, si no toma por asalto la esquiva belleza, no son nada. De lo extraordinario y extraño debe nutrirse su estilo (que nunca es neutral).
Ahora bien, luego de todo este parloteo con el que he jugado a describir lo que no me es propio, recién ahora veo que una definición ejemplar y clara me llega para acabar con este intento vano. Y digo entonces: UN ARTISTA ES COMO
ROMÁN.
7.
Ustedes abrieron las puertas del rock para un público nuevo. Que en ese tiempo tan jodido era víctima de muchas orfandades: de representación política, de oportunidades económicas, de posibilidades de desarrollo personal…
Hasta entonces la oferta musical era más banana, mucha new wave. La mayoría producía un pop muy liviano con el que se divertían mucho.
Nosotros llegamos con otro tipo de sonido.
Era un público que buscaba algo más que el goce estético, como hace el público más burgués. Perseguían una experiencia vital, la posibilidad de pertenecer a una comunidad que no los excluyese.
Parece que nos hubiesen dicho: Ustedes van a ser nuestra banda, pero nos vamos a 244
educar juntos. Van a hacer la música de fondo de nuestras vidas pero escúchennos, porque si no, no van a entender una mierda. Y tenían razón: uno de nosotros era hijo de un millonario, el otro no pero conocía la buena vida…
Ese público nuevo aportó la pasión del fútbol, que hasta entonces no formaba parte del menú. Esa cosa del fervor que sólo puede entender el que es fanático, la defensa de una camiseta que representa una serie de principios.
Una camiseta que empieza a nuclear una tribu, claro.
Mucha gente tendía a menospreciar a nuestro público. Pretenden que no pueden entender lo que les estoy diciendo, por eso de que mis letras son crípticas. Pero en los momentos clave de la canción, soy bruscamente claro.
Puede que el relato no sea simple, la forma en que voy encadenando imágenes. Pero, cuando llego ahí, cuando digo violencia es mentir, o todo
preso es político, o nuestro amo juega al esclavo… Ahí nadie se confunde ni se pierde. Eso es una bandera y así lo entienden.
Yo no sé si el público banana de nuestras primeras épocas entendía algo, porque nunca lo vi agitar una puta bandera. Así que no sé quién entendía más y mejor.
Los que dicen que las letras son incomprensibles son los que, precisamente, no quieren que nadie las comprenda.
8.
La irrupción de las tribus ricoteras supone un giro copernicano. Hasta entonces, el sol del público giraba alrededor del planeta de la música producida y difundida por corporaciones.
Había una promoción demoledora que hacían las compañías con los números artísticos que le olían a billetes. Pero eso te sacaba de tus guías, de tu trocha.
Cuando te metías en esa vorágine, ya no te quedaba tiempo para alimentar tu mente.
Pero el público no podía saber si esa música los conmovía en serio, o simplemente había sucumbido el marketing. En cambio a ustedes no los iban a 245
ver porque la radio los había impuesto, porque quedaba bien o porque querían vestirse como Los Redondos. Ustedes eran un astro que, a diferencia de las demás bandas o solistas, orbitaba alrededor del sol del público.
Ese público supuso una invasión que fue desplazando al otro. Los coetáneos se empezaron a autorrestringir, porque no soportaban a este grupo más joven.
Es que eran muchos, los que venían… Nunca me voy a olvidar de esa imagen, que registré desde el escenario cuando tocamos en el campo de hockey de Obras: había tanta gente que se llevaron puesto el kiosco de metal donde vendían panchos.
De repente veo que la carcacha de lata se levanta y empieza a desplazarse…
¡El pobre panchero quedó solito, a la intemperie!
Si ves videos de esa época, se nota que la hinchada ya cantaba que Los Redondos eran Un sentimiento / No puedo parar. Y también: El Indio no
se
va…
Skay tiene su magnetismo físico. La gente se da cuenta de la seguridad que exhibís arriba del escenario.
Al principio uno le escapa a ese tipo de reconocimiento, te incomoda respecto del resto de la banda. Sabés que esas cosas no les gustan. Cuando todos los vientos de la aprobación son para uno, no es una cosa grata para los demás. Especialmente para tu coequiper.
Pero con el reconocimiento general que obtenía la banda siempre estuve satisfecho. En su momento, doscientas personas me bastaban, me hacían feliz. Y
ahora también estoy feliz, cómo no estarlo. En el medio puede que haya entrado en la búsqueda de un reconocimiento mayor. Creo que veinte canciones nuevas para el mundo se las merece cualquiera que paga la entrada, sean doscientos o sean treinta. Lo que me va a limitar de ahora en más es mi enfermedad, no el mercado ni el circuito. Menos de cien tipos no me van a ir a ver, calculo…
Cuando salgo a escena mi actitud es siempre la misma, vaya la gente que vaya.
No es que hago jueguitos en River y en otro lado me quedo en el banquito para preservarme.
Es una manera de respetarme: creer que el show va en serio, que está pasando en serio. Hay un refrán que circulaba mucho entre los que hacíamos la experiencia de la psicodelia: Si algo fue, algo pudo ser. Si algo se da, algo podría ser. Pero si no 246
es, no es. Es una forma de subrayar la importancia de este momento presente, que es la vida misma. Lo que no es ahora, no es. Expresa una mirada algo zen, que ayudó a los que nos tomábamos la psicodelia en serio y también sobre el escenario.
Yo no tuve nunca nervios de salir a escena, las clásicas mariposas en la panza.
¿Por qué, si está todo el mundo a tu favor? Ni siquiera en una cancha la tenés tan a favor, porque si hacés una cagada tu misma hinchada te putea.
Mientras no estés borracho de más o interrumpas el show, yo la paso pipa.
Hace cuarenta años que me va cada vez mejor. Pero siempre he dicho: Esta es la primera y la última noche, a quemar las naves. Hay que estar preparado para el viento que sople, sea cual fuere.
9.
Afuera el país volvía a arder y ustedes se recluyeron en el estudio Del Cielito, para grabar ¡Bang! ¡Bang! Estás liquidado.
Escapando del dealer, de algún modo. En Panda levantabas un teléfono y en cinco minutos tenías cualquier cosa. Eso tornaba lento el laburo, y además el estudio era carísimo. Las condiciones de trabajo para el personal eran inhumanas. Imaginate que terminábamos la jornada, el operador nuestro se quedaba para grabar con María Rosa Yorio y al otro día, cuando volvíamos, el tipo seguía ahí. Cumplía, pero ¿cómo podía rendir de ese modo?
Se nos ocurrió Del Cielito porque estaba apartado del mundanal ruido, en Parque Leloir. Tenía pileta, podíamos quedarnos internados ahí. De ese modo, no te desconectabas para reencontrarte otra vez durante la noche siguiente.
Nos encantó. Funcionábamos como una comunidad. Desayunábamos ahí mientras yo leía los diarios en voz alta con mi estilo cáustico, tirando a cínico.
No había sufrimiento alguno. Una experiencia parecida a la de los Stones grabando Exile on Main St. , imagino. Nos tomábamos el tiempo, perdíamos horas jugando a la pelota. Era como una casa de salud. Eso hacía que los ratos que trabajábamos se aprovecharan mucho. De todos modos, no teníamos un control final, en el estudio se oía bien pero cuando la mezcla fue a parar al disco no me gustó mucho. Decí que tiene temas que son lindos: Ropa sucia, Esa estrella.
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Para los primeros discos contaban con muchas canciones, que fueron desagotando. Pero ahora…
En el primero, sí. Y en el segundo, un poco. Pensá que todas esas canciones no estaban bien desarrolladas, tocábamos en asados. Me acuerdo de un blues de Basilio Rodrigo, con una letra algo insólita para ese género: Ya no puedo fingir más pensando que soy un pollo / Que no sabe que es un pollo…
Algunas de esas canciones originales seguían siendo festejadas en vivo, pero ustedes se negaron a llevarlas al vinilo. Por ejemplo Patricio Disco
Show, a la cual conocíamos como Algo escandaloso ocurrió en el bazar
de Wakeman &
Fripp y tenía una letra casi tan escueta como la de Criminal mambo:
¡Patricio disco show!
Algo muy escandaloso,
algo escandaloso.
Algo escandaloso sucedió en el bazar
de Wakeman & Fripp.
Nosotros llegábamos de La Plata con un rock and roll básico. Y como veíamos que los pibes saltaban, se me ocurrió meterle esa frase al rocanrolito este… ¡y nada más! Pobre Fripp, qué culpa tenía, si no había hecho nada para que lo ligásemos a Wakeman… No sé cómo sobrevivimos, llevándole la contra a todo el mundo.
¡Pensá que esa gente estaba de moda, entonces!
Y también Nene nena, que había formado parte de las canciones grabadas en la demo de RCA y ya presentaba una visión sarcástica del presunto estrellato rockero:
¡Vamos nene-nena! Acercate a él,
quiere que le paguen jubilación
por todos los años en que aportó
en la pobre caja del Rock’n Roll.
Y lo fajaron (tanto que se arrugó).
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Y lo jodieron (tanto que se pudrió).
¡Nene-nena! ¡Nene-nena! ¡Nene-nena!
Por treinta dineros viste New Wave
lo banca la casa “Música Pop”
y una muy lujosa publicación
con alternativas de información.
Y lo fajaron (tanto que se arrugó).
Y lo jodieron (tanto que se pudrió)
¡Nene-nena! ¡Nene-nena! ¡Nene-nena!
Eso sí, en la versión de la demo cantás Y lo molieron en lugar de Y lo
jodieron.
No habrán querido irritar a los técnicos de guardapolvo gris…
Este es uno que tocábamos mucho. No recuerdo por qué no lo grabamos, puede que cuando llegó el momento de entrar en el estudio lo hayamos sentido demasiado gastado. ¡Estaríamos cansados de escucharlo! Por lo general, la lista de temas de cada disco la consensuábamos con Skay y siempre quedaba alguno afuera. Y
después se sentía viejo.
Otra inolvidable, que dio lugar a un gran momento del Paladium del 86, era
El regreso de Mao:
Se adelantó el regreso de Mao,
el hijo de Mao —el Mao blanco—.
Prueba comida china, le dan gases
y todo va muy bien hasta que unas placas
producto de la acción del producto le matan.
Con la granada, ¡ay! entre las tetas
mi amor se arrastra y se espina allá arriba.
Pobre nena rasgada de cutis blanco
otra vez se pescó el resfrío boliviano.
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Confunde las palabras soldado y bandido flotando en un sampán con mujeres iguales
a hombres iguales a un blanco herido.
Con la granada, ¡ay! entre las tetas
mi amor se arrastra y se espina allá arriba.
Calores dragones, dragones fríos,
quemando cohetes, fuegos de artificio.
China significa Reino del Medio,
Sendero Luminoso, laja cristalina
que adelantó el regreso de Mao.
Con la granada, ¡ay! entre las tetas
mi amor se arrastra y se espina allá arriba.
Una descripción que partía de hacer un mix entre la guerrilla y el narcotráfico en Latinoamérica… Tenían un vínculo, una alianza, que en su
momento no me parecía mal. Es que uno se enamora de los bandoleros —
de los Bonnie and Clyde
— y tampoco teníamos certeza de que lo que se decía al respecto no fuese otro infundio de los gobiernos del establishment… La secreta esperanza que alentábamos era que fuesen revolucionarios de verdad. Es lo que se desprendía, del miedo que los milicos peruanos le tenían a Sendero Luminoso. Pero a Abimael Guzmán terminaron paseándolo en una jaula, vestido con el tradicional traje a rayas…
Algunas de estas figuras terminaron siendo peores que los gobiernos convencionales.
Y la favorita de muchos: Mi genio amor.
Si empiezo a desconfiar de mi suerte
estoy perdido,
pues tengo ideas
cada vez menos atrevidas.
Pero cerca, aquí cerca el lobo aúlla
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despertando al mal hombre,
al mago bueno
con un corazón que no puede
cumplir más promesas ya.
Los genios son buenos servidores
y malos amos.
Si les has visto primorosos
caíste en el lazo.
Tu bolsillo es más profundo que su gracia
y calcular tu oración
puede llevarle la vida
a un corazón que no puede
cumplir más promesas ya.
Yo te saqué un día de allí
y me encadené.
Te obedecí hasta donde pude
mi genio amor.
Me pude apartar de tu corazón
en otro crimen más
y me alejé de tu seducción
y tu dulce voz.
Es personal, por eso me cuesta decir de qué va… Parece que hablara de una persona muy calada por la fama, cuando yo no lo era todavía. Pero se ve que de algún modo ya lo entendía.
10.
Pero en 1989 llegábamos al estudio con las canciones ya determinadas. Al menos teníamos una noción general, como hacía Fellini que no filmaba con
un guion estricto. Esos temas los teníamos ensayados, les teníamos fe. La mayoría eran novedades.
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Se dice que durante la grabación los visitaron Pappo y Spinetta.
Yo no lo recuerdo. Sí me acuerdo de que Pappo llegó un día a la sala de ensayos de Treinta y Tres Orientales. Estábamos zapando, Pappo le arrebató la guitarra a Skay y se puso a tocar. Hizo una demostración muy buena, tocaba con palanca.
A mí no me seducían sus proyectos. El rock barrial, cuadrado, no me gustaba mucho, salvo los que hacíamos nosotros porque siempre cometíamos alguna infracción, los contaminábamos. Pero recuerdo que Pappo tocaba y Skay lo miraba con miedo. Yo me decía: Este está sufriendo, porque Pappo agarraba la palanca y sostenía la guitarra de ahí, la sacudía… Era una Gibson SG, creo. Pero yo no me asusté, me pareció que Pappo tenía claro lo que se podía hacer con esa guitarra sin dañarla.
OceanofPDF.com
De Spinetta tampoco me acuerdo. Puede ser que haya caído a Del Cielito en el momento del asado o de leer el diario por las mañanas, pero nunca entró en el estudio.
De los hijos sí me acuerdo. Debo haber sido de los primeros que, sabiendo que se hacían llamar Pechugo, les pidió un autógrafo.
11.
¿De dónde salió el título? Primero coqueteaban con llamarlo Olor a
tigre.
En algún momento anduvo dando vueltas, nos sonaba probable. Era un verso de Nuestro amo juega al esclavo, que planteaba la idea con claridad: ojo que nuestro amo, haciéndose el boludo, nos garca todo el tiempo. Juega a que está esclavizado, a que lo presionan los centros económicos… ¡pero sigue mordiendo como un hijo de puta!
El bang bang volvía a remitir a las onomatopeyas, como Gulp! ¿Pero por qué la idea del estar liquidado? Justo en el año de La Tablada…
Tenía la sensación de que podía pasar cualquier cosa. Había mucho olor a pólvora.
Por eso imaginé que hasta te podía fusilar la Cruz Roja. Era una forma de sugerir 252
que no había que confiar en nadie. Quizás en otro joven… ¡Pero ni siquiera en mí!
Uno tenía que estar preparado, hasta saber quién estaría de su lado, hasta estar verdaderamente seguro. Por eso se me ocurrían esas frases tan terribles, a modo de advertencia: Vas a ser el más premiado de la morgue, cosas así.
12.
El disco arranca con Héroe del whisky.
Esa canción habla en parte de Symns y en otra parte habla de mí. Cuando digo: Es lo que puede ofrecer / Papeles tristes y sed / De boca floja y perdón / Para su lengua, estoy hablando de Enrique. Cuando digo: Bailará para la prensa / Y
dedicará / El nuevo rock de las cavernas / A su vanidad, estoy hablando de mí .
Más adelante va y viene otra vez entre los dos. Cuando digo: No va a morir frente al Dakota / No alcanzará, estoy hablando de mí. Cuando pongo: Dice que el amor se muere / Y no dice más, hablo de Enrique. Era una de esas frases con las que le gustaba impactar, decir que el amor ya había muerto. Y
sin embargo, a poca gente he visto sufrir más por amor…
La canción funciona de algún modo como despedida a Enrique, quien ya no formaba parte del circo como antes. E introduce un elemento que hasta entonces no se había visto en tus canciones: la melancolía.
La edad también juega su parte. Un día te descubrís escuchando discos que en otra época te parecían una mierda, pero ahora resuenan de otra manera.
No es que esa música haya empezado a gustarte: lo que te gusta es el momento de tu vida al que transportan. Disfrutás de la melancolía, del goce triste de revisitar algo que perdiste.
Uno necesita cambiar, también. Busca la forma de expresar otras cosas.
¿De dónde salió el título La parabellum del buen psicópata?
Era una forma de aggiornar la parábola del buen samaritano. Muchas veces dije que al hombre del futuro, aquel que tenga éxito en la tarea de adaptarse y 253
sobrevivir, no le va a quedar otra que ser un psicópata.
La mención al punto G es cosa de la época.15 En aquel momento todo el
mundo se la pasaba tratando de encontrar ese puto punto… ¡y nadie cogía!
Nadie es perfecto es un relato satírico sobre uno de esos burguesitos que se cree la gran cosa. Muy discepoliano.
Tenés que tener un sentido marginal del lenguaje para entender lo que dice.
Un pilar de rugby le puede errar, pero los pibes del rioba que están acostumbrados a crear neologismos lo pescan al vuelo… Esa es la gente a la que se le ocurren cosas como pintó bondi. ¡Me gustan mucho esos inventos!
Siempre encontré puntos de contacto entre Discépolo y vos. La escritura exquisita que sin embargo no deja de ser popular, el marco de contención del peronismo… Y las características de la obra misma.
Estos versos del tango
Tormenta, por ejemplo: Aullando entre relámpagos / perdido en la
tormenta / de
mi noche interminable / ¡Dios! busco tu nombre. / No quiero que tu rayo /
me
enceguezca entre el horror, / porque preciso luz / para seguir… / ¿Lo que
aprendí de tu mano / no sirve para vivir?
También creo que lo que escribió Sergio Pujol sobre la obra discepoliana se te aplica: Es infrecuente —me cuido de ser taxativo—
que canciones de un
autor/compositor que elaboró la mayoría de su obra ochenta años atrás
puedan
regresar siempre como aforismos de un sentido común nacional.
Canciones tuyas que ya tienen pila de años siguen vigentes, como si hubiesen sido escritas mañana. Esa estrella era mi lujo, por ejemplo.
Donde volvés a explorar la melancolía.
Tenía que ver con una vieja historia, sí. El título remite a la estrella roja que esta muchacha tenía en su boina.
Como era una canción ciento por ciento —nada que ver con el rock and roll
—, no la había presentado nunca. Se les hacía difícil el rasguido mío. Yo no soy un guitarrista profesional, cuando uno es maleta lo que hace está exclusivamente al servicio de la canción.
Se grabó directamente en Del Cielito. Se la pasé a Skay una mañana. Se levantó, empezamos a hablar de que nos faltaban temas… Le dije: Yo tengo una canción 254
que es medio arábiga…
Maldición, va a ser un día hermoso era un tema que ya tenía su tiempo.
Es uno de esos que arrancó con la idea del título. Era una forma de decir: Qué lindo día para empezar a arruinarlo. ¡La ambivalencia! A veces pienso que tendría que imprimirme unas tarjetas de presentación que dijesen: CARLOS SOLARI —
CONFUSIÓN Y AMBIGÜEDAD.
Ropa sucia es un tangazo de esos con los que te descolgás de tanto en tanto.
Alguien dijo que la frase Vivir sólo cuesta vida remite al tango
Traicionera, que dice: Vivir es un sueño que cuesta la vida.
Para mí la frase no tiene nada de tanguera. Es existencialista, más bien. O
mejor, beatnik. Remite a esa filosofía de vida, la misma del refrán entre psicodélico y zen del que te hablaba antes. Era una forma de decir: Más abajo no podemos ir, vamos a ver si levantamos un poco el ánimo.
Yo creo que existe una relación entre el clima del lugar donde te tocó nacer y el carácter general de la población. No hay filósofos dominicanos. La filosofía es algo que sólo se le puede ocurrir a un tipo que está obligado a
trabajar como loco medio año, amarrocando con vistas al invierno, y que mientras dura el frío pasa meses encerrado a la fuerza, racionando su comida y helándose. Por eso no le queda otra que pensar y jugar al ajedrez.
En cambio, en Centroamérica estirás el brazo, agarrás una bananita y te quedás dormido en la playa.
Por eso mismo es lógico que el tango haya surgido en un lugar húmedo y deprimido como Buenos Aires… El disco cierra con Nuestro amo
juega al
esclavo.
Ahí están esos versos: Si hace falta hundir la nariz / En el plato, lo vamos a hacer.
Muchos creen que estoy hablando de la merca. Pero me refería a la necesidad de ensuciarse las manos para sacar algo adelante. Se ve que me consideran un drogón, ante todo, y se limitaron a pensar eso.
Sin embargo, la letra es muy clara. La mentira es el origen de todas las violencias.
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13.
Dijiste que la mezcla de Bang Bang había sido problemática.
Yo no podía meter baza, todavía, porque no sabía nada en materia de técnicas de estudio. Podía pedir cosas pero en lenguaje de lego, como aproximación: que esto suene más picante, por ejemplo. Es gracioso que ahora la matemática use términos semejantes: la poesía siempre termina explicando lo que no se puede explicar de otra manera.
La primera mezcla que hizo Gustavo Gauvry no me gustó nunca. Pero la que Mariano López hizo después me gustó menos. Por eso nos quedamos con la de Gauvry, que al menos se oía como un todo homogéneo. Nunca
entendí bien por qué, pero a los discos nuestros siempre había que subirles un poquito el volumen para que sonaran. Había periodistas que decían que lo hacíamos a propósito, para obligar a prestar atención y a mover la perillita. Sí, éramos unos capos bárbaros…
¿A quién se le ocurre que uno pueda tomarse en serio una estrategia semejante?
Los músicos queremos siempre que nuestras canciones irrumpan en la radio reventando todo, no bajito.
El disco incluye un texto, que además de referir los datos técnicos dice algunas cosas más. Lo reproduzco a continuación: El tipito tiene el enojo del prisionero con el culo domado a bastonazos y parece condenado a la violencia por falta de placer. Ha alborotado bajo la suela de una bota, frenéticamente, hasta quedar quieto, sin aliento, inerte como una bolsa… Las balas traen mala suerte. No era así como nosotros te queremos. Ha sido una noche muy larga. ¡Mejorá esa cara! Por favor, danos esa ventaja…
14.
¿Cómo surgió la idea de la ilustración de tapa? Por un lado es obvia la influencia del Goya de los fusilamientos del El 3 de mayo en Madrid,
pero al 256
mismo tiempo remite a Fusilados por la Cruz Roja, un tema que saldría a luz en el disco siguiente.
El tema ya existía. Y el Mono se agarró de esa imagen. El tipo que está a un costado en la ilustración, mirando los fusilamientos a través de una ventana, es una mezcla entre el Mono y yo, tal como quedé fijado en una foto de la época de Ciclo de cielo: ahí interpretaba el personaje de un guerrillero —
qué otra cosa iba a ser, yo…— que miraba por una ventana con una carabina 22 en los brazos. Qué pelotudez, ¿no? Con una 22, un francotirador no puede matar ni un pajarito.
Cuando el disco ya estaba listo, la crisis del vinilo postergó la edición.
No había ni vinilo ni cintas en este país. Las traía una alemana amiga de Gauvry, cuarto de pulgada, marca BASF.
15.
A principios de diciembre tocaron en Obras por primera vez.
Ya necesitábamos lugares para 3000 personas, como mínimo. Inventamos algunos y después dijimos: A ver si se puede negociar, para que no se queden con la recaudación trabajando durante semanas para ellos. Todo el rollo con Obras era ese. Yo no dije eso que han puesto en mi boca tantas veces, de que no pensábamos tocar nunca ahí. El landscape no me importa tanto, me importa con quién estoy disfrutando. Aunque esté encerrado en un depto, lo que importa es con quién estoy.
La gente te adjudica pensamientos, no sé cómo hacen. Hemos tocado en cada lado… Lo esencial era que no nos cagaran, siendo productores independientes, para poder seguir haciendo la música que nos importaba: eso era lo primordial.
En Obras se quedaban con la recaudación de esa noche, y tardaban como dos semanas en pagarte. Mientras nosotros estábamos acostumbrados a tocar y llevarnos la guita. Festejábamos con los bolsillos llenos de billetes.
Nos llegaban a agarrar los cacos así, y se habrían llevado una millonada.
Charly Vásquez recuerda andar por la noche con una bolsa de basura de 257
consorcio llena de guita.
Tuvimos la suerte de empezar a llenar estadios con el uno a uno. Me hice el estudio con eso. En vez de comprar pelotudeces…
En unas declaraciones a la revista Rock & Pop, decías por entonces:
Obras es
el lugar institucionalizado del rock, los tipos tienen su funcionamiento,
que se da
de patadas con uno. Ellos son los dueños y vos sos el número que esa
noche va a
hacer gracia. La seguridad la manejan ellos y la guita la pasás a buscar
otro día
y no tenés a tu gente supervisando todo. Y una producción independiente
como
la nuestra depende exclusivamente de que nadie se coma la guita de la
banda,
porque seguir tocando y grabando discos depende del hecho de que no
haya un
tipo que esté derivando ese dinero para su interés personal. Ya entonces estabas aclarando que la única pega de Obras era la económica.
Yo no le reconocí nunca la condición de templo del rock. Si me conocés, sabés que yo no alimentaría bajo ningún concepto esa mitología. Tan sólo era un lugar nuevo al que la gente nos llevaba, porque en otros lados se armaba rosca afuera.
Esta es la época en que empieza a ocurrir algo, fogoneado por cierta prensa, que de aquí en más se volvería costumbre: tratar de usar tus palabras en tu contra.
Tendría que tener mucho cuidado con lo que digo. La mía es una sinceridad que juega en la frontera, me pueden torcer para cualquier lado. Por eso tengo que andar con pie de plomo, tanto como cuando sos malvado. Es difícil ser honesto cuando sos inteligente.
Vivimos en una sociedad con tendencia a impartir castigos excesivos. Si se te ocurre prender un fuego con ramas mojadas, el castigo ya está implícito
en el hecho de que no vas a poder prenderlo. No hace falta que alguien te diga encima: Sos un boludo, un marmota.
Por eso no entiendo los ataques a los músicos. ¡Ningún músico va a ser seriamente tu enemigo! Si querés enemigos de verdad, buscate uno que valga la pena.
Si un músico no te gusta, no comprás su disco y listo. No hace falta que lo 258
defenestres públicamente. Lo único que el artista quiere es ser reconocido, vender un poco para no estar sujeto al capricho de los políticos y la necesidad de componer la banda sonora de una propaganda de desodorantes.
Yo me reconozco como artista, y por eso me consta que tenemos la tendencia vanidosa de dedicarnos a algo que creemos superior a la política.
Los artistas estamos dedicados a una materialidad sutil que precisa de personalidades aventureras en el mundo de la mente. Mientras que, respecto de los políticos, no sabemos ni qué es su vocación, que debería pasar por el bien común. En cambio los artistas estamos en riesgo permanente.
Se sospecha que hay un ojo de libertad ahí, por eso todo el mundo quiere ser cantante. ¡Hasta mis médicos!
El discurrir de las ideas filosóficas que han ido cambiando la cultura con el tiempo te demuestra que no hay un pensamiento que sea válido para siempre. Hay que estar pendiente, que es lo que hacemos los artistas.
Si hay alguien que piensa en el bien común, sin red, somos nosotros.
16.
Por aquella época tocaban un tema que nunca grabaron y se llamaba
El gordo
tramposo. Su letra decía:
Quiero impresionar a ese gordo tramposo quiero impresionar a esos gordos tramposos
pues se me ha ablandado el corazón
mi obra maestra, mi perfección grosera
De todas sus ofertas me cago de risa
pasaporte suizo, coqueto y sin prisa
tibias enfermeras, como atracción
luces morales por un millón verde.
En YouTube hay varios de esos temas inéditos. Roxana Porcelana, por ejemplo.
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Habla de una de las primeras movileras de la época, cubriendo una fiesta.
¡Los que estaban festejando eran todos bandoleros! Siempre jugando con fuego…
La gente se cree que hablo de gente concreta, pero es pura imaginación.
Uno usa rasgos aislados de la realidad o de ciertas personas, y los recombina en un envase nuevo.
Esta es la letra completa:
Roxana Porcelana
En el panel de video,
La ratoncita divina del Dr. Jekyll.
Siempre jugando con fuego
Incendió Palermo Chico,
Horrorizada en bikini en una gran congestión.
Dicen que el crimen no paga
Ese empalagoso show,
Esos retazos gratuitos
Que el crimen no paga el hipnótico panel.
Roxi quedó radioactiva
En un riesgoso interview.
Mientras buscaba inocente el monstruo la chuponeó.
Mira quietita y cremosa
Su faraónico set,
No baila ya —pobrecita— el limbo sobrevivir.
Dicen que el crimen no paga
Ese empalagoso show,
Esos retazos gratuitos
Que el crimen no paga el hipnótico panel.
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17.
Diez días después de las dos fechas iniciales en Obras, tocaron en el campo de hockey del club: los fueron a ver 25.000 personas. Había
tanta gente que temblaba el escenario. La gente del staff recuerda empujar desde el otro lado, para que no se lo llevaran puesto.
No sé si fue ahí o en un lugar más grande, pero esa vez la gente corrió el escenario más de un metro. Una locura en materia de seguridad y hasta física: ¿vos sabés la fuerza que hay que hacer, para desplazar ese peso?
¡Cada uno de los caños está anclado a tierra!
Durante esos conciertos puteaste a un periodista en particular.
En aquella época varios periodistas se nos acercaron a decir que querían hacer un libro sobre Los Redondos. Pero dijimos que no y les explicamos las razones.
Éramos una producción independiente: si nos iba bien, el libro lo fabricaríamos nosotros y lo venderíamos nosotros. Se ve que no les gustó del todo nuestra negativa, porque a partir de ahí nos empezaron a bajar la caña. Cuando hasta ese momento venían tirando papel picado, desde la esperanza de que les dijésemos que sí.
Este periodista salió a denunciar que habías sido profesor de educación física en el Colegio Militar, durante la dictadura.
Qué cosa más descabellada… Yo no lo podía entender, me preguntaba: ¿Le habrán vendido carne podrida, a este tipo?
Vos le replicaste desde el escenario.
Le dije, sí: Me cago en tu puta boca. Y lo traté de yuppie, genuflexo y advenedizo.
Capaz que alguien le tiró un dato que no chequeó. Porque a tu hermano también le decían Indio y había sido profesor de educación física en el Ejército.
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¡Pero mucho tiempo antes de la dictadura!
Quedó claro que estaba tratando de pegarte debajo de la línea de flotación.
Y quedó con el culo al aire. Mientras el que te critica mantiene una cierta coherencia, todavía. Pero cuando uno hace una jugada pésima, no tiene retorno.
18.
En aquella época, el del dinero que debían pagar a la policía por protección se convirtió en un tema preocupante.
Básicamente éramos enemigos de soltar guita. La producción independiente te plantea ese juego extraño, porque para los que nos gusta hacer lo que hacemos el dinero es incómodo. Lo necesitás para vivir, pero a mí me gusta concentrarme en el aspecto más amateur del proceso, aquello que hacés porque querés hacerlo, porque necesitás hacerlo, aunque no exista ninguna justificación material para que lo hagas. Pero, aunque más no sea para seguir produciendo, tenés que ganar plata.
Salvo que seas millonario, lo cual no era mi caso.
La relación con la cana nos costó quilombos pesados. Llegamos a filmarlos cuando nos cascoteaban. Los registramos desde adentro y por eso pudimos identificarlos: eran los mismos canas que se acercaban para decirnos que había que poner tanta guita. Obviamente, esos pobres pelotudos que te verdugueaban se llevaban una mínima parte: lo gordo sería para el comisario. Te decían que iban a venir cien efectivos y venían treinta con suerte.
Lo importante era que no hubiese cana dentro del estadio. Nos costó convencerlos, les decíamos que si se metían adentro iba a ser pa’pior.
Antes que custodiar a los chicos, custodiaban a la ciudad de las efusiones de los chicos.
Desgraciadamente no podíamos proteger a cada persona del público hasta que llegasen de regreso a sus casas. A alguno no le gustó cuando yo dije: Cada uno se tiene que cuidar el culito. Hasta la puerta somos responsables, si alguien los agrede vamos a saltar, nos vamos a tirar encima del cana. Pero una vez que están afuera, 262
¿cómo hacés?
¿A qué artista, a qué músico se le demanda semejante cosa en el mundo?
Lo hacen sonar como si se hubiesen llevado gente de mi vestuario y yo no hubiese movido un dedo.
Cuando tenés un éxito genuino, siempre encuentran forma de cobrártela.
Porque te volvés un ejemplo jodido. Si estás fichado por una corporación todos aceptan tu éxito, porque tu música se oye en rotación intensiva y la gente puede decir: Y, qué querés, con lo que los fogonean a estos… Ahora, cuando hay un número que se baja la boina y termina vendiendo más discos y llenando más conciertos que nadie, haciendo tan sólo lo que quiere… Ahí empieza a jugar cierto rencor. Por eso hay tanta gente que opina mal de uno sin conocerte.
19.
Dicen que, cuando los llamó Juan Alberto Badía para invitarlos a su programa de TV, Poli lo atendió haciéndose pasar por la empleada.
Solía hacer esas cosas. Levantaba el teléfono y decía cosas absurdas: Soy el haya, alguna boludez que no le creía nadie. ¡A veces pretendía ser alemana!
La negativa de ir a lo de Badía no respondió a nada personal, al contrario: le reconocíamos que lo que hacía era impresionante. Nos daba no sé qué decirle que no a tipo que metía bandas de rock en la tele cuando todo era cuesta arriba.
Pero nunca me gustó el maltrato burocrático, y la TV es eso. Te retan, te hacen esperar… Yo ya pensaba que era demasiado personaje para llegar a un canal y bancarme hora y media de espera. Creía estar por encima de eso.
La TV es el sentido común de la sociedad. Y yo siempre estuve en contra del sentido común.
20.
En esa época frecuentaban Piso 93, que conducía el Rafa Hernández en la 263
Rock and Pop.
Un tipo muy querible, sí.
Cuentan que en esa época tuviste un enfrentamiento con el periodista Ricardo Ragendorfer, durante una visita a ese programa.
Yo no lo tenía mucho a Ragendorfer, estaba convencido de que era el escudero de Enrique Symns. Y yo hablaba con Symns, conocía a Ragendorfer a través suyo. Lo único seguro es que yo no me enemisté con él por las mías, porque cuando me dijeron que me buscaba con mala onda me sorprendió. Yo lo veía pasearse del otro lado de la pecera del estudio, medio chumbando, como si dijese: Ahora vean lo que va a pasar.
Cuando salgo del estudio, no lo encuentro. Lo busco en el baño. Estaba meando, yo me puse a mear al lado suyo y le dije: ¿Vos me estabas buscando por algo? Y
no me dijo nada concreto: No, no, bolude ces. Yo dije: Bueno, y me fui. ¡No me dijo un carajo!
Tiempo después declaró que yo me la bancaba, como si fuese un elogio.
¿Qué me bancaba, si cuando lo encaré no me dijo nada?