Recuerdos que mienten un poco
Capítulo Veintiuno. La isla del tesoro
Como eran siempre cifras interesantes, nunca me calentó ver si se correspondían con la realidad. Aparte, eran mis amigos. Yo a mis amigos no los hago controlar por el contador.
Y una forma de primerear, estableciendo que los que perdieron la confianza fueron ellos.
Creo que es una respuesta pour la gallerie. Queda como en una nube, no significa nada. Una manera liviana de tirar la pelota al campo mío: yo quería parar, yo tuve un hijo…
12.
Pocas semanas después llegó el anuncio oficial de la separación.
Hubo un silencio, entre nosotros, que duró hasta la primera reunión. Fue un año y pico después de la discusión original; según la fecha que dijiste, ocurrió a los pocos días del artículo que citabas.
457
Nos vimos una vez más en un bar para resolver lo de los intereses en común. No fue para amigarnos, ellos decían públicamente que nos seguíamos viendo. Yo también decía que nos habíamos separado temporalmente, me daba vergüenza confesar que esas personas que ellos idolatraban no eran lo que todo el mundo creía.
Terminamos hablando boludeces: haciendo como que no había pasado nada, impostando una cordialidad fría.
Ese encuentro no cambió nada para mí. Yo seguía sin querer saber nada con ellos. Sentía que me lo habían arruinado todo.
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Capítulo Veintiuno
La isla del tesoro
Under Pressure — Que el pasado acabe — El amor no se refinancia — La caca no es un brownie — Tres putos años, nomás — Habla el pabellón —
La sandía y el empedrado — Una enfermedad malvada — Otra vez en banda — Debut en La Plata — Forever Young 1.
Cuando quisiste materializar tus canciones nuevas, acudiste a Edu Herrera y a Hernán Aramberri. Ellos ya habían trabajado con ustedes en Los Redondos.
¿No hubo interna, en el sentido de: O estás conmigo o estás con ellos?
Edu sabía desde hacía mucho tiempo cómo eran las cosas. A Hernán creo que lo había traído él y yo lo había metido en la banda, así que no hubo dilemas al respecto.
Estaba clarísimo que no iba a llamar a músicos de Los Redondos para grabar ni tocar en vivo. Había que hacer borrón y cuenta nueva. A esa altura Skay ya había salido al ruedo. En el momento me temblaron las gambas, porque Skay había metido dos lucas de gente y nada más. Y yo pensé que a mí me iba a pasar lo mismo. Creía que, como mucho, iba a llenar un Luna Park.
2.
¿Sos de presionarte mucho ante un disco nuevo, tratando de que supere al anterior?
459
Yo siempre creo que naturalmente es así, que lo nuevo es mejor. En ese sentido no suelo presionarme. Mi quinto disco como solista me parece mejor que los anteriores. Esto corre también para Los Redondos: yo creo que Momo Sampler, o sea el último que sacamos, es lo mejor que hemos hecho. Sé que no coincido con mucha gente al respecto, pero para mí es el
más cercano a una cosa importante, a una obra redonda, acabada, tanto en materia de texturas como de composición.
Quizás sea el menos rockero, pero eso ya no es algo que me interese. Yo no lo defiendo en tanto rock. Momo Sampler es más complejo y ambicioso que los demás, y por eso me gusta.
Pero, más allá de ese aspecto, soy de ponerme presión en todos los discos.
Disfruto sólo al final, en la mezcla. Si no me ocurre eso entonces, siento que hay que volver a trabajar. Siempre me ha pasado así, a excepción del primer disco solista, El tesoro de los inocentes. Ese no lo disfruté ni en la mezcla, porque hay cosas que no me gusta cómo quedaron.
Era el primer disco que iba a sacar solo. La gente lo iba a medir de otra manera.
Y encima era yo el que cambiaba: el que iba a meter un hip hop, un tema bailable… Tenía clara esa presión, mientras luchaba sin éxito para redondear el disco que yo buscaba. En cierto momento, Breuer y Edu estaban abajo en el estudio masterizando sin parar y yo estaba acá arriba en la oficina, dando ya el primer reportaje.
¿Hubo una primera canción pos-Redondos, cuya composición te tranquilizase?
Yo no soy de los que creen que se debe intervenir en la secuencia de las cosas, que se la puede forzar. Eso me libera de ciertas ataduras. Habré hurgado en cosas viejas… Siempre van quedando retazos de canciones. Con el tiempo se los retoma y ceden, ya no ofrecen resistencia, dan su leche.
Creo que eran ideas no del todo nuevas, pero aun así sonaban frescas.
Yo andaba detrás de una renovación de las texturas. La cultura rock estaba agotada de cambiar melodías, armonías, formaciones y colores étnicos. Y la electrónica ponía al alcance de cualquiera la miniaturización de la tecnología, yo lo hago todo con aparatitos de doscientos dólares. Pero me
costó mucho aprender, entender cuál era la conducta para pararse frente a las texturas.
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Tuve que aprender muchas cosas técnicas para convertirme en mi propio productor artístico. El cineasta no tiene que dirigir la fotografía de su película, pero debe explicarle al director de fotografía cuál es su ensueño. Y
para eso tenés que dominar un mínimo lenguaje técnico: saber qué pedirle, ser preciso. Yo venía de meter la cuchara en las mezclas, pero hasta entonces lo más loco que habíamos intentado era incorporar máquinas de ritmo. Y ahora quería ir mucho más allá.
Debo haber pensado que tenía que salir muy seguro de lo que estaba haciendo. No quería imitar lo de antes.
A ese respecto Edu funcionaba como socio ideal, porque era atrevido.
Cuando empezamos a trabajar acá, en Luzbola, estaba chocho. Pero debés tener tiempo para experimentar, para ir viendo. Porque si no invertís tiempo en la exploración, terminás sonando parecido a lo viejo. Y yo mezclo cosas de músicos orgánicos y sonidos digitales. Hoy en día hemos conseguido alcanzar una unidad entre ambos universos, un sonido que me es propio y un carácter compositivo heterogéneo, donde ya no sabés de qué género estamos hablando. Pero en el primero no lo logramos del todo.
Edu suponía una continuidad para mí, sabía que no me iba a mirar raro. Y
además me salvaba del monitoreo a que te somete la gente nueva, como pasó por última vez en el estudio de Lerner. Empezamos a hacer las bases sin baterista, a Hernán lo convoqué más tarde.
El primer disco me inquietó mucho. Y peor la pasaron Mario y Edu, porque yo los volvía locos… El tesoro padeció esa carga, sí. Era algo imposible de evitar. Fue el que más tardé en hacer, objetivamente.
El asunto es quedar conforme con la materialización. Una vez que la canción está resuelta en la marota de uno, empieza a envejecer. Pero seguís
adelante porque ves lo que les pasa a los demás cuando la escuchan.
Mientras tanto, le cambiás cosas para mantenerte entretenido. A veces la materialización se traba y dejás la canción en stand by. Te falta una parte, que no aparece, y queda ahí maquetada, macerando. En cambio otras canciones se visten de luces más rápidamente.
3.
Yo soy de estar inquieto aun cuando las cosas están saliendo bien. La podés cagar en el último momento. Me ha pasado de meter la voz y que el tema ya no me guste, 461
porque lo que no me gusta —lo que no sé producir— es mi voz.
En las maquetas me parece que todo promete. Después, durante la materialización, aparece la degradación: la canción mejora o no. Pero siempre está obligada a definirse.
Hay cosas que me inquietan todavía hoy de El tesoro, no sé si es la inercia de todo lo que me preocupó en ese momento. Con los demás discos estoy más conforme.
Está claro que podía haber arriesgado menos, hacer canciones más parecidas a las de Los Redondos. Sin embargo metí guitarras sintetizadas…
De lo que quedó rescato el hip hop porque está bien grabado, las canciones El tesoro de los inocentes, Pabellón Séptimo y To Beef or Not to Beef… A veces me olvido que tiene cosas lindas como La muerte y yo, La piba del Blockbuster… Pero hay una agresividad que el disco no se merece, hace menos amable la escucha. Las guitarras están muy cohete… Yo me había enamorado de los graves del hip hop, que son de sintetizador. Y esos graves descompensaban el espectro estéreo y obligaban a echar mano al rango más agudo, más filoso de las guitarras y de los platillos. Por eso me siguen gustando más los otros discos, aquello que fuimos logrando con el tiempo.
Empujabas las barreras de lo posible en términos de tu obra, jugando con nuevas posibilidades.
Pero todavía sin un dominio de esos géneros que pretendía abarcar. Por eso terminó siendo el disco más heterogéneo. Ahora la banda tiene un sonido, en ese entonces estaba desarmada, prácticamente no se conocían entre ellos ni nos conocíamos.
Sentí una libertad nueva a la que no quería poner en riesgo. ¡Hasta pensé, con la complicidad de Edu, en no comprometerme con músicos fijos!
4.
La canción que abre el disco es Nike es la cultura.
Es una cargada a las ofertas del posmodernismo. Se mete hasta con No logo, el 462
libro de Naomi Klein que estaba de moda en el progresismo de la época .
Cuando dice: Vos gritás “¡No Logo!” / O no gritás “¡No Logo!” / O gritás
“¡No, Logo…
no!”. A fin de cuentas, el libro formaba parte de lo mismo que denunciaba, al igual que la marca Nike y todo lo que es promocionado internacionalmente. Entrás en los malls del mundo entero… ¡y tenés las mismas marcas en todas partes!
Hay referencias a la crisis que todavía se trabajaba en dejar atrás. Vas
corriendo con tus Nikes / y las balas van detrás. / (Lo que duele no es la
goma
sino su velocidad.) O también: Operarios con salarios de miseria. Que se resumen en un pedido: Que el pasado acabe / y a su fin que llegue.
¡Eso es algo que sigo pidiendo aún ahora, en mis canciones más recientes!
Pero no me gustaba cómo estaba quedando la canción. Por eso hicimos la truca en el estudio con Edu, fingimos que el tema arrancaba en un directo, en pleno show. Agarramos gritos con público de algún concierto y armamos
la simulación de un sonido tal como se oye antes de empezar a tocar; algo que era típico años atrás.
Tenía otra expectativa con el tema ese. Creo que finalmente no estuvo a la altura.
5.
Le sigue Amnesia.
Ahí hablaba un poco de mí y de los muchachos de la banda anterior, tratando de ser lo más eufemístico posible. No estaba escrita para que la entendiesen todos. Por eso me refería a un atún cuando quería mencionar a Skay, a quien en los viejos tiempos le decían “Risita de bagre”. Lo puse así para que no se notase tanto que estaba resentido.
Durante el año posterior a la separación de Los Redondos, no pensé en nada.
Sentía que estaba viviendo en una nube, había sido tan raro lo que había pasado…
¿Cómo vine a parar acá? De algún modo sentiría que necesitaba eliminar cosas del pasado. Por eso la canción dice: Un agujero, allí, de un año /
Ningún recuerdo, nada nada…
463
6.
Después llega el tema que elegiste para titular el disco.
En el caso de las canciones que componen El tesoro de los inocentes, el punto de partida fue ese título. Una vez que apareció y me gustó, empecé a preguntarme por qué, qué estaba tratando de decirme.
La experiencia como padre de Bruno fue esencial al respecto. Me fascinaba advertir la forma en que lo miraba todo como si fuese nuevo. En esa
ingenuidad tan linda con la que venimos al mundo cabe el universo entero, es una inocencia que nos conecta con todo y con todos. Por eso me gustó siempre ese pensamiento de Henri Michaux: “A los 8 años, Luis XIII hace un dibujo muy parecido al del hijo de un caníbal de Nueva Caledonia. A los 8, Luis tiene la edad de la humanidad, más o menos 250.000 años. Unos años después sólo tiene 31 y es apenas el rey de Francia”.
Y entonces me dio por el lado de explicarles a los inocentes el estado de las cosas. Porque da la sensación de que en este mundo somos todos culpables, cuando no es así. El pibe que sale a robar no nació malo, no nació chorro.
Vino a este mundo en una circunstancia que lo llevó a eso. Claro, también está la excusa a la que apelan todos: Pero el que vive al lado de su casa, en la misma villa, se va a laburar… Y sí, hay de todo. Existen tipos más rebeldes por naturaleza, que no bancan estar laburando doce horas para Mr.
Johnson por cinco pesos y eligen afanarse una moto. Estos se dicen, en todo su derecho: Ma sí, voy a vivir cinco días, nomás. Pero al menos, durante esos cinco días voy a consumir eso que me están metiendo todo el día en la cabeza por la televisión. El tesoro es eso, lo que voy a hacer si siento que no tengo dominio sobre mi vida. A partir de ahí escribí la serie de temas que arman el disco.
Ahora, la canción El tesoro de los inocentes habla de un deseo, de una manera de ver las cosas que tiene mucho de romanticismo empedernido.
Eso de decir: Si no hay amor, que no haya nada… Puede sonar utópico pero no lo es tanto, se puede llegar a la misma conclusión por la vía de la sensatez más grande. Si te pasás la vida mintiendo en tu beneficio, armando trapisondas, embustes, te vas a divertir mucho hasta que llegue el momento en que entiendas que tu vida sigue sin ser 464
justificable. Y en ese instante de lucidez, vas a asumir —o a intuir, al menos
— que todo lo valioso de la vida estuvo, y estará, supeditado a que hagas las cosas amorosamente. En algún momento tenés que empezar a considerar el bien del otro, además del propio. Y ahí ya no queda lugar para regateo posible. ¿Vas a vivir calculando: Yo te di tanto y vos no me das nada? ¿Qué vas a decir? ¿ Te di tres de amor y me debés dos? ¿Me refinanciás el amor?
Pero, por supuesto, hay gente que es irreductible en su manía especulatoria.
Es una condición humana que lamentablemente nuestra cultura ha aceptado.
Por eso digo: Juegan a “primero yo” y después a “también yo”… Es un modo de pintar a la gente poderosa, los primeros que tendrían que entender que, por mucha guita que tengan, su vida va a ser una cagada igual si su mujer se emborracha y la casa donde viven es un infierno. Aunque en general no aprenden. Cuando digo que también reclaman “las migas para mí” , es porque no sólo afanan en una venta de aviones: ¡si te pueden robar la leche, te roban la leche! Mirá lo que está pasando ahora. Terminamos todos arrastrados al abismo por un montón de votantes a los que el diablo les cagó en las nariz y todavía no se dieron cuenta… ¡Dejaron que Durán Barba disfrazase la mierda y están convencidos de que es un brownie!
Tu mención a Esa mancha que está allí / Por allí en el suelo, allí me suena a Lady Macbeth espantada ante la sangre producida por sus crímenes.
A la gente le cuesta entender cómo era posible que algo tan excelso como Shakespeare fuese también popular. ¡Pero lo era! Las obras circulaban de ciudad en ciudad —un espectáculo ambulante— y la gente llenaba en todas partes. La única respuesta es la calidad en sí misma: esas y tantas otras líneas de Shakespeare estaban muy buenas, simplemente. Y la gente se daba cuenta, porque no era tonta entonces ni tampoco lo es ahora.
Esos versos de mi canción tienen que ver con el gasto de los heroicos jóvenes que han arriesgado su cuerpo, desde las golpizas que reciben hasta la sangre derramada. El suyo es un heroísmo todavía inocente, pero ¿cómo puede no ser inocente, el heroísmo? Hablamos de alguien que cree que vale la pena arriesgar la vida por una causa.
Siempre que escucho o leo esos versos pienso en Kosteki y Santillán. El tiempo me fijó la imagen de esos dos, tendidos sobre su sangre. Porque yo también reinterpreto mis letras con el correr de los hechos, no sigo pensando lo mismo de 465
ellas toda la vida. A medida que pasan los años, cuando las escucho me despiertan nuevas cosas. Eso es lo rico que tiene la poesía: ¡ no se gasta nunca!
No necesitamos héroes impecables, pero sí heroísmo. Que a menudo proviene de quien menos se esperaba: el que prometía valor termina no teniéndolo y el que era un temblor permanente encuentra una razón para arrancar primero de la trinchera.
Pero claro, también hay gente que aun entendiendo cómo viene la mano, no se juega. A esos se refiere la canción, cuando dice: Vos siempre estás con una excusa a flor de labios… En parte me lo estoy diciendo a mí y en parte a otros.
7.
Hace un tiempito, en 2017, difundí en Facebook este texto sobre la mentira: La verdad y la mentira son dos vecinos, de fronteras difusas y que, pese a quien pese, comparten una cultura común: la del hombre. Pero ¿por qué mentimos? Hay muchas razones. Los que engañan buscan algo material, o satisfacer sus fantasías, o tapar sus carencias. Todo el mundo, en mayor o menor medida, miente para protegerse o para proteger a los demás; se falsea la respuesta por miedo a ser rechazado si somos sinceros, para darnos importancia, para evitar un castigo, para obtener una recompensa que de otra forma sería imposible, para ganar admiración, para tener poder sobre otros, para evitar la vergüenza, para ocultar nuestras inseguridades, para encubrir nuestros desmanes, para exagerar un currículo y acceder a un puesto de trabajo.
Los seres humanos mentimos con la misma naturalidad con la que respiramos.
Lo esencial es no mentirse uno mismo. Esa es la razón por la cual no podemos entrar a negociar con el amor. Dejate de joder: es eso o nada.
8.
La piba del Blockbuster es un tema llamativo por muchas razones.
Está basado en una anécdota, algo que en efecto me sucedió. Yo ya era grande y la 466
piba tendría 18… Muy bonita, de esas que parecen haber nacido para convertirse en protagonistas de una canción. Pero hay muchos elementos imaginados, como el hecho de decir que era hija de una ex miss de concurso de belleza. Y al hermanito ( ese pescado / que me boxeó en un ascensor) también lo saqué de la galera. La idea era echar mano a la imaginación para inventarme quién podía ser esa piba atrevida.
Ahora, es cierto que se pasó el filo del dedo índice por la lengua mientras me miraba… ¡Y Virginia estaba a pocos metros, pagando en la caja!
¿A qué apuntás cuando definís a un personaje como el notable y fiel
“whisky y soda”?
El whisky y soda es, en los Estados Unidos, la típica bebida del borracho fino que ya está hasta las manos.
Me gusta ese tema. Me parece que quedó bien. Tiene un ritmo medio hiphopero, en mitad del cual aparece una cosa medio music hall, cuando dice: Soy sentimental, muy sentimental.
¿Te considerás sentimental de verdad?
¿Comparado con qué? (Ríe.) Me acuerdo del gordo de un dibujo que hice hace mucho. Está medio escabiado, hundido en un sillón, y piensa: La vida es dura…
¿comparada con qué?
A esa altura de la letra estaba siguiendo el pensamiento rítmico. Quería que funcionase con el aire medio hollywoodense de ese pasaje.
A continuación la historia se cierra, con el narrador mandándose la parte: Un pavo guapo no soy / ya ni maña me doy / y ella está conmigo. ¿Cómo podía explicarme eso de andar levantando minitas por ahí, a pesar de estar retirado, de no ser por los residuos de la fama? Pero enseguida la realidad baja al narrador a la Tierra: Y por más vueltas que doy / sé que burradas así
/ van a hacer tragar mi orgullo… mañana.
9.
¿Tomasito podés verme? ¿Podés oírme? remite desde el título al Tommy
de The 467
Who.
Me vino la necesidad de inventar un lugar físico donde se mezclara toda la cultura rock, sin compartimientos estancos. Por ahí anda la Chanchita Rivera, que trabajó un tiempo de mesera en París y termina en este boliche en Etcheverry. Y está el Monsieur, el DJ que pasa mucha música de The Who. Y también frecuentan el lugar Los Pétalos, que son una turma —una banda, una pandilla— gay. Un desfile de porongas y conchitas bailarinas, todo así, casi en inglés.
Es un relato como el de Masacre en el puticlub, la descripción de un lugar que está bueno porque pasan música más contemporánea pero también The Who, los clásicos. Ojalá existiera en la vida real, porque a mí me gusta escuchar de todo.
Escribí la canción en un momento donde toda la cultura rock se había atomizado, estaba todo muy sectorizado. Sería un lugar atractivo… Y
parece que otros pensaron lo mismo: ¡hubo gente que fue a Etcheverry a ver si existía el Medicine Room! Les habrá sonado tan tentador como a mí…
La clase de cielo modesto al que todavía podemos aspirar, desde que, Amor, sabés, los 60 fueron tres putos años nomás… ¡Y ya no quedó nada!
Mi caramel macchiato.
Es medio autorreferencial… Ahí reaparece el Monsieur de Tomasito, hablando en primera persona. Por supuesto, cuando dice: Cosa rara, vengo de un palizón, es en sorna. También menciono a la isla Paulino, donde solía escaparme en otras épocas.
Si habré probado sus vinos pateros…
10.
La muerte y yo tiene un verso que me encanta, porque es medio herzoguiano.
Sé que te encanta Herzog, y el título original de El enigma de Kaspar
Hauser
significa literalmente: Cada cual por sí mismo y Dios contra todos. En la canción, vos decís: La muerte y yo / Y siempre Dios contra todos.
Sinceramente espero que Dios no exista. Porque, de existir, no me va a hacer patear por otro. ¡Me va a cagar a patadas él mismo! Me va a poner contra la pared 468
en una nube y a darme tantas patadas, que me va a convertir el culo en un pastelito…
Me he puesto grande, ya ves / Sólo le pido a la vida que no me duela / Y no estar aquí si cae más mierda del cielo. Y sí, ya no quiero lola. Este mundo está tan lejos de lo que uno ambicionaba, que es lógico que te agarre fatiga después de pasarte la vida entera tratando de provocar un cambio que nunca llega. Porque no pasa nada: a lo sumo, te transformás en un póster.
Después dice: Miro a mis pies y por distracción / Recorto mis uñas secas, no son mías ya. Todavía no tenía el diagnóstico del Parkinson, pero de todos modos la muerte estaba presente, hablo de la parte ya muerta de mi cuerpo. Porque uno está muriendo todo el tiempo y a la vez va renovando células. Hablo de cómo me llevo con la muerte, en nuestro trato cotidiano.
Esos versos impresionan, porque suenan a vaticinio.
La economía estelar que armó Dios es un poco dolorosa. Vivimos comiéndonos unos a otros. No está bueno, así no se vive bien… Hay algo irónico en ese esquema del que nadie escapa. A eso me refiero cuando hablo de perseguir el milagro de devolverle la vida a un pez, tan sólo para volver a comértelo en la sopa.
La canción cierra con el verso: Me va alumbrando la luz de los que no respiran.
Que vengo cantando desde hace años… ¿Ya hace cuánto tiempo que espero eso?
¡Y sigo pagando Edenor!
11.
Después viene Adieu! Bye Bye! Aufwiedersehen!
Habla de una noche de parranda. Hay una minita que quiere seguir chupando e invita al protagonista a seguir, pero él se escapa. Es un tipo que tiene charme e impone moda a partir de su magnetismo personal, de esos que se puede echar encima cualquier cosa y le cabe, le queda bien. Por eso digo: El pibe que sabe mucho sobre la muerte viste bien / Con su ropa de plomero, olor a leyenda va a tener.
Es la pintura de una pareja circunstancial, ella le tira bola y él dice: No, me vas a 469
vomitar la pija… ¡Lo único que me falta! Las noches bohemias arrancaban tirando papel picado y terminaban en cualquier cosa, a menudo asquerosa.
Por ahí anda otra vez la Chanchita Rivera. Me gusta que los personajes reaparezcan, la gente los rescata como si existieran de verdad. Algunos están inspirados en gente real, otros no.
Empieza a faltar guita del Medicine Room, como siempre pasa. Pero no es la Chanchita la que está metiendo la mano en la lata: es él mismo, el Monsieur, quien se está comiendo la guita del local.
12.
Pabellón Séptimo (Relato de Horacio) es uno de los hitos del disco.
Habla de una masacre real, que tuvo lugar en una cárcel. Yo no estuve ahí, lo tomé de un libro de Elías Neuman: Crónica de muertes silenciadas. Villa Devoto, 14 de marzo de 1978. El libro es de 1985. Neuman era el abogado, tanto del Horacio como del Pablo de los que hablo en la canción.
El Cebolla también existió. Lo que cuento fue tal cual, los presos se asomaban por las ventanas porque no tenían otro modo de respirar entre el humo y aprovechaban esa circunstancia para balearlos. También me tomo mis licencias, claro. Me pongo en el lugar del narrador —un convicto más
— e imagino: Voy a tratar de hacer conducta aquí / Para rajar antes que mis pulmones.
Yo ya había hablado de mi amigo Luis María en Toxi taxi. El pobrecito cayó en Devoto sin comerla ni beberla, cuando ya estaba demasiado ido… No tendría que haber estado nunca, ahí. Y sin embargo estuvo y allí murió.
Pabellón arrancó con una maqueta, donde sólo estaba la música y una letra con palabras sueltas sanateadas en inglés. ¿En qué momento te hizo el clic, esa música, para unirla a este relato en particular?
Siempre es una elección. Pasó así con la canción de amor para Virginia ( Y
mientras tanto el sol se muere). Cuando apareció esa melodía, pensé de inmediato que era la apropiada. Y entonces la letra sale sola, un amor de una eternidad tan grande que no importaba que el sol se fuese apagando. Y
acá lo mismo, la música era 470
dramática. Ahí no traje nada del pasado, la música surgió nueva y la letra por añadidura. Uno puede hacer muchas canciones, pero el autor siempre
recuerda aquellas en las que la música y la letra se potencian como uno sueña. Y eso es lo que te alimenta para seguir escribiendo.
13.
Después de ese drama viene El charro chino. Un tema bailable, que no dejaba de ser un riesgo enorme: te estabas tirando a una pileta sin saber si tenía agua.
Toda mi discografía es una demostración de la diversidad que necesito como el aire. No me gusta repetir climas ni temáticas. Cuando forzás una unidad sobre el material puede fatigar. Aunque me describan un mundo en particular, prefiero que me lo describan desde distintos lugares: si hablamos de la dictadura, estaba la represión y en simultáneo la gente que bailaba en Mau Mau o boliches así… No era que todos estábamos escondidos. Prefiero hablar de esos mundos contrapuestos y después relacionarlos en algún verso.
Toda frivolidad ocurre en paralelo a los dramas del mundo. La vida es así, mientras hay presos que se queman, otros celebran y les importa un pepino.
Al mismo tiempo, yo quería descubrir dónde estaba parado como artista, costara lo que costara. Necesitaba saber si la gente me quería tan sólo haciendo lo mismo de siempre o si bancaba al personaje haciendo otra cosa.
A tal punto que forcé el disco metiendo un hip hop donde canto como un crooner negro o este tema dance, bien dance, que al principio fue medio resistido. Pasó el tiempo, se renovaron las generaciones y cuando lo tocamos por última vez se armó un bonche… Como dice la canción: Hasta borrar de los bolsillos la fecha de la guita. ¡Hay que bailar mucho para lograr eso!
De la disco saltás a las tardecitas paraguayas…
Es ahí donde hablo del bingo fuel. Así llamaban los aviadores ingleses, durante la Segunda Guerra, a un jueguito casi suicida. El combustible que cargaban sus naves alcanzaba para hacer una incursión al continente, pero
no necesariamente para regresar a la isla. Algunos lo lograban con el marcador en cero y el motor 471
chupando el humito que era todo lo que quedaba del combustible. ¡Pero otros no!
Yo trasladé ese juego al auto berreta, un viejo Chevrolet sin nafta en el que el protagonista se mueve con la esperanza de llegar a concretar una transa.
14.
Canción para un goldfish.
Es una joda al sexo que se dispara en medio de una situación social: Siempre vas debajo de la mesa a jugar… Ese chiste que empieza cuando una de las visitas se manda ahí abajo y entonces… Es lindo cuando terminás de fifar a las carcajadas.
¡Aunque no cuando se ríen de vos, claro! También habla del modo en que los hombres nos dejamos envolver. Porque las mujeres te protegen, por un lado, pero por el otro te transforman en un pelotudo. Por eso dice: Al quedarme solo veo toda mi idiotez.
Tsunami.
Tiene que ver con viejas experiencias en la costa: amores de una noche, muy fumado, cuando una gordita rubia de Pinamar se te monta encima, cabalga media hora y vos ya no tenés ganas de nada porque estás demasiado borracho… La canción es tan sólo la descripción de ese momento.
Pero tiene versos memorables, que resulta difícil no vincular con tu circunstancia del momento: Sospecho que esta vez me toca a mí / Pagar
toda la
puta fiesta… No puede servirme en nada / Ganar todo el mundo así / Si
pierdo
mi alma nada va a estar bien.
Es una canción renegadora, sí. Porque al final los melones se acomodan, pero también se machucan a causa del proceso.
También me gusta el verso: Otra vez esa sandía echándole la culpa al
empedrado. Me parece una gran definición de la clase media argentina.
472
Lo cierto es que esta canción echó a rodar otra vez aquello de mis virtudes adivinatorias, porque al poco tiempo después hubo un tsunami de verdad.
15.
To Beef or Not to Beef.
La anécdota que cuenta es verdadera aunque yo no haya ido testigo directo.
La vieja de Haydée que menciono es en realidad la mamá del Piojo. Que cruzó la frontera entre México y los Estados Unidos de esa manera. No sé por qué lo hizo así… ¡Le habría sido más fácil viajar como turista a Nueva York y quedarse! Ahí pongo la historia en la piel de un tipo que ya habla todo medio en spanglish.
Quería describir a esos personajes que me había encontrado muchas veces en mis viajes: gente que estaba allá hacía cuatro meses, nomás, pero ya se expresaba en spanglish por su necesidad desesperada de asimilarse, de integrarse.
La música la hice en Nueva York. Lo primero que grabé fueron las voces de una publicidad, que suenan al comienzo: La hamburguesa calientita, se está acabando el tequila… Y después compuse la canción, sobre sonidos de acordeón de mi teclado. La versión original era más rápida.
Y de paso aproveché, a la distancia, para decir que los extrañaba a todos…
Ciudad Baigón.
En esa canción le recuerdo a la gente dónde está, le sugiero que vea el amor que tiene a su lado. Pero también le aviso que hay lugares que son para muy poca gente, jamás te va a alcanzar para que accedas a ellos. En ese bondi no vas a ir ahí, sino con suerte a La Lucila. ¡O a Punta Lara!
En una parte digo: En fin y gracias a Dios (¡Por Dios!) no sigue nadie / con mis consejos. ¡Y yo no sé si hoy es tan así! Por eso digo también: Un pobre diablo yo sé que soy / que va a la vida con arrogancia. Porque yo sé que soy así. En casi todos los discos me enchastro un poco, les aviso que yo tampoco soy una joya. De algún modo le advierto a la gente que no estoy fuera del barro.
Ahí deja de parecerse a una habanera y se transforma en un rock and roll, se pone denso. Y hasta el gusano que envidian todos / y que sabe muy bien que no 473
está hecho para el amor / ríe del placer de ser tan cruel e inaccesible. Con el rock empiezo a apretar con la lírica, también. Es un tema que me obliga a cantar, aunque en esa época no me quería apartar del todo del feeling rockero.
16.
¿Cuándo asumiste que ibas a tener que armar una banda nueva?
Con el disco terminado, necesitaba una banda para tocar en directo.
Después de cuatro años, la gente estaba esperando algo. Y yo quería tener algo nuevo que mostrar. ¡No tenía gollete tocar sólo canciones de Los Redondos! Había que salir a romper el cascarón. Iba a incluir canciones viejas de todos modos, porque también eran mías, pero mi deseo era proponer algo más.
Entre los primeros músicos a los que contacté estuvo Julio Sáez, que es guitarrista. Lo conocía a través de su esposa, Diana, que durante años trabajó en los estudios Del Cielito. Me urgía echar a andar una banda y yo
no estoy familiarizado con el ambiente de los músicos. ¡Siempre fui medio chúcaro!
Julio tocó varias cosas en el disco. Pero me di cuenta de que lo más imperioso era conseguir un manager personal. Y Julio era de confianza. No es fácil representarme con elegancia: hace falta alguien que, además de ser un amigo, sepa hablar, expresarse, moverse públicamente como un sucedáneo mío. Yo le dije: Vos no tenés que venderme como artista, porque no hace falta. Tenés que representarme, ver con los ojos míos y tratar de que no me caguen. Por suerte aceptó y me quedé tranquilo, porque es más difícil conseguir un buen manager personal que un buen músico. Yo soy y he sido siempre independiente: no quiero ir a ninguna reunión, no me gusta reunirme ni con el intendente ni con el comisario.
17.
Edu acercó a algunos músicos. Yo no conocía a nadie, pero quería instrumentistas jóvenes: gente sin mañas, que no fuese mercenaria.
Creo que los músicos de hoy son mucho más prolijos. Los de otras generaciones llevaron adelante una clase de vida que les impidió responder a todos los desafíos, 474
los volvió incapaces de comprometerse con algo y cumplir. Por eso, cuando me hacían hacer un gasto de energía demasiado grande para lograr que rindiesen, terminaba cortándola. Y así se han perdido excelentes músicos.
Entonces la cosa empezó a tomar color. Conseguí guitarristas excepcionales…
Dos de los Reyes Magos: Gaspar [Benegas] y Baltasar [Comotto].
Con ellos se armó una big band demoledora.
Los Redondos se desarmaron cuando la Argentina se derrumbaba, poco antes de la crisis de 2001. El momento que elegiste para salir nuevamente a escena fue totalmente distinto: la Argentina respiraba
por primera vez en años, se podía volver a pensar en términos de futuro.
En momentos tan caldeados la Historia no reposa. Yo seguí haciendo cosas durante ese tiempo, podría haberme decidido a asomar dos años antes. Pero cualquier espejo de la sociedad que levantases entonces te iba a mandar en cana. Cualquier reflejo que intentases plasmar podía licuarse en semanas, difícil que una obra artística coagulara en ese contexto. Era como vivir en medio de El delito americano: todo era un caos tan grande…
Encima Skay salió antes y yo pensé que me iba a pasar algo similar, que no iba a llenar más que teatros. Creí que iba a tener que empezar a remar otra vez, a pesar de que ya estaba grande. Los que me dieron otra perspectiva fueron terceros.
Primero los amigos, los que veían al personaje desde afuera. Y después un conocido manager, que vino a ofrecer millones de dólares por varios shows.
Millones. Nos mirábamos con Julio… Recién empezaba, Julio: ¡le brillaban los ojitos! Pero para mí significaba entregar el rosquete. Perder el control sobre lo artístico: el sonido que necesito, la sala de ensayo, las horas de grabación…
El alivio fue que confirmó que me podía ir bien. Hoy puede parecer mentira pero, hasta entonces, yo me resistía a verlo así.
Hasta que el disco no se vendió… Porque una cosa era sacarlo, y otra muy distinta comprobar que en efecto gustaba. Yo no soy de los que tira papel picado con facilidad. Siempre pienso hasta último momento que puede pasar algo con lo que no contaba y que no vaya nadie.
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18.
En esa época fuiste víctima de una hepatitis de las peligrosas.
Fue la primera enfermedad malvada. De la que no tuve ningún tipo de anuncio, de manifestación previa. Me fui a hacer un chequeo, simplemente, y saltó el virus.
Me dijeron el diagnóstico pero no hubo un momento de conmoción, ni con esa primera enfermedad ni con el Parkinson. Nunca me encontré preguntándome: ¿Y
ahora qué? Siento que le están hablando a otra persona. Después sí, ahí entro a melonear…
En aquel momento, las posibilidades de supervivencia a esa enfermedad eran half and half. Y a mí me tocó no morir. Pero fue un año bravo, tenés que tomar una cantidad de pastillas como las que tomo ahora (ríe), inyectarte interferón constantemente. Te obligan a hacerte biopsias… Algo muy entretenido, muy lindo: te cazan con una especie de despepitador de manzanas. Cuando te lo meten no duele nada, pero hay un segundo, cuando lo retuercen y te lo sacan, en que estás en el universo del dolor más concentrado. Por suerte el órgano no estaba muy dañado.
Se ve que no tenía ganas de morir, porque nunca fui más cumplidor ni tuve mejor conducta que durante el tratamiento.
No fue sopa. Estaba muy flaco. Hay fotos de Tandil, creo, donde me veo como una especie de esqueleto. Es que no comés porque no tenés apetito, todo te repugna. Vivís en un estado de náuseas continuas. Por suerte, en materia de bebidas no sentí ningún rechazo… (Ríe.) Hay momentos en que sos una piltrafa. Por eso les digo “enfermedades malvadas”: te minan desde un lugar de poder absoluto sobre tu vida.
Es así: el cerebro aborrece el cuerpo porque el cuerpo le molesta, le pica, le arde, lo lastra, lo ata a tierra. Si pudiese andar flotando solo, el cerebro lo preferiría.
El hígado no es cualquier órgano: es lo que filtra las impurezas, toda la basura que circula por el organismo.
Mi hígado debe ser una especie de foie… Los virus deben llegar, ver eso…
¡y se van corriendo a otro lado!
Uno está en la cola, como lo estamos todos, y lo único que pide es que no 476
empujen. Después, cuando llegue, lo otro será una experiencia. Por supuesto que me agarro mis rabietas, hay días en los que me cuesta mucho todo. Pero negociás con la realidad.
El proceso creativo siempre es un recreo. El problema es que está cargado de los sentimientos que tenés en ese momento.
¿Cómo siguió el proceso de la enfermedad?
Al año tenía que hacerme otro testeo. Pero no fui, no lo hice. Viste cómo es esto de la vida del artista… Fui a los dos años y a los tres. Y terminé zafando. Estoy muy agradecido por ello, particularmente a mis médicos.
Cuando el virus no quedó acantonado en ningún lado, estás sano.
Tal vez haya que tener pequeñas enfermedades constantemente, para distraer a la Muerte. Porque si estás sano del todo, te fulmina. El célebre: Vendía salud…
Con los médicos y los hospitales hay que ser precavido también, porque el riesgo de generar una iatrogenia34 es muy grande… ¡Entrás para tratarte por un sobrehueso y salís con un cáncer!
19.
En esa época (agosto-noviembre de 2005) te invitaron al programa de TV que conducía Diego Maradona, La noche del 10.
La mujer lo llamó a Julio, sí. Pero me excusé, porque yo me muevo muy mal en esas situaciones. No puedo ir a jugar a la pelotita en la TV. ¡No me sale! Me siento incómodo. Pero respeto mucho la personalidad pública de
Diego y todavía más sus habilidades deportivas. ¡Cómo lo voy a despreciar a Maradona!
Me parece un genio. Pero la televisión es algo que está más allá de mis posibilidades. Me gusta el pinball pero no ser la pelotita, y cuando estás ahí sos la pelotita.
20.
477
También te tomaste un tiempo entre la salida de El tesoro… y tu primera presentación en vivo como solista: un año, de fines de 2004 a fines de 2005.
Una vez que llenaste dos estadios de La Plata al mango, ya no dudás. Deben haber sido más de 50.000 personas cada vez, porque aunque una cabecera queda inutilizada por el escenario, estás llenando el campo de gente.
¿Te alivió saber que la gente continuaba dispuesta a seguirte?
Sinceramente, cuando intento recordar aquellos shows no me viene a la mente ninguna sensación, ninguna emoción en particular. ¡Será la morfina!
No pasa nada, como decía el viejito mientras se pasaba el fuego por los brazos…
No recuerdo un entusiasmo particular. Quizás tenga que ver con el hecho de que, al igual que con Los Redondos, Los Fundamentalistas no tuvimos que desarrollar templanza. La gente nos acompañó desde el comienzo.
El país también había cambiado mucho.
Yo sigo creyendo que Cristina trabajó para la Historia. Pero a Kirchner me lo perdí. Me cayó la ficha recién cuando murió: al ver la pasión que despertaba, especialmente entre las generaciones más jóvenes. Pero de todos modos venía pispeando las cosas que se hacían durante ese primer gobierno. Era lógico que mantuviese cierta distancia: después de la
decepción que habían supuesto los sucesivos gobiernos de la democracia, tenía una negación. Me enteraba de lo que pasaba, pero no estaba metido.
En eso seguí siempre al William Burroughs que escribió: Pienso que el EXCESIVO compromiso con metas políticas limita, sin lugar a dudas, la capacidad creadora; uno tiende a convertirse en polemista más bien que en escritor.
Desde que yo tenía uso de razón era imposible confiar en un político.
Cuando había uno que valía la pena, lo volteaban. Yo entendía los mecanismos pero había elegido otro camino, la política del éxtasis: cambiar al hombre antes que la sociedad. Si la gente tiene buena leche, puede ir mejorando un modelo medio malo.
Pero si sos un bandolero o un hijo de puta, vas a hacer mierda el mejor de los modelos y vas a cagar a todo el mundo. Es elemental, pero no es tan pelotuda la idea: las buenas personas eligen con la pasión.
478
La gente está creída que uno vive pensando en el dinero. Y yo vivo muy bien, pero la mayor alegría para mí es sacar al mundo doce o quince canciones nuevas, para que todos las canten. Eso sigue figurando por encima de casi todo en mi lista.
Lo único con lo que cuenta un artista independiente a modo de capital es su prestigio. Antes que traerme mucho dinero, mi manager debe asegurarse de que mi prestigio va a ser respetado. Si lo es, bienvenida sea toda la guita que me den.
¿A quién no le gusta tomar un buen vino en vez de uno berreta, si te estás ganando la plata genuinamente? Y no mucha gente se la gana tan genuinamente como yo. Produzco mis propios discos y soy productor artístico de mis conciertos.
Ni siquiera tengo sponsors. No veo un peso de ganancia antes de meter 25.000 o 30.000 personas en un show, porque lo que gasto en sonido, pantallas y la mar en coche equivale por lo menos a esa cantidad de
entradas. En cambio, cuando uno tiene un sponsor —que yo no tengo porque no quiero—, ya cuenta con alguien que le paga esa cuenta.
El cambio que se había operado en el país fue una sorpresa para mí. Una cosa es hacer números en una papeleta y otra es subirse al escenario y que te sientas apañado por todo ese cariño. Yo a la cantidad le adjudico también un valor importante en la ecuación, no es un numerito despreciable. Cuando subís al escenario y ves todo tan lleno, te facilita entrar en onda. El personaje te entra a vos sin que vos tengas que entrar en él, inmediatamente te sentís el Indio Solari.
Podía pasar que te fuese a ver sólo gente grande, nostálgica de Los Redondos.
Pero estaba lleno de jóvenes que nunca habían visto a PR, y que ya se sabían el disco nuevo de memoria.
Fue muy apañador. Ayudó mucho en la encrucijada en la que estaba, en las dudas que tenía. Dejar atrás una banda mítica no era cosa fácil.
21.
Lo inédito es que tu público joven —como aquel que fue a saludar tu retorno y la salida de El tesoro…— se renueva todo el tiempo. En Olavarría ya estaba lleno de una generación nueva.
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En PR también nos pasaba, éramos muchachos grandes y la mayoría de nuestro público eran jóvenes. Durante un tiempo practiqué cierta demagogia: yo decía que uno no tiene nada que ver con su éxito, que más bien se debía a una serie de malentendidos. Supongo que intentaba liberarme de ese peso. Pero hoy no estoy tan seguro de que sea así. Yo he seguido haciendo un esfuerzo por aggiornarme, me gusta seguir actualizado, mi lírica no es del pasado, no es melancólica.
Entonces hay algo que yo hago para que esto pase que es fruto del esfuerzo, de cierta visión, de cierta perseverancia. Ahora, ¿por qué pasa? Eso es otro tema. Para mí sigue siendo desconcertante. Yo soy parte de una generación que no solía tener héroes adultos.
Ahora padres e hijos escuchamos casi lo mismo….
La cultura rock no se mantuvo en la esclavitud del plantel de acordes del rock and roll. Se fagocitó todo, el hip hop es lo primero que se le escapa un poco. Pero todo lo demás… Estuvimos condenados a escuchar lo mismo, repetido cuatro veces.
Bastante duró, cuando Lennon dice: The dream is over, el sueño se había acabado, en efecto. De algún modo tomó el poder y transformó las cosas, aunque no exactamente como habíamos deseado. Se llegó como creíamos, no por el lado de las armas sino contaminando la cultura. Y todavía perdura: tengo 70 años y sigo renegando de los que, para una propaganda, pintan a los hippies como pelotudos.
No fue así, loco.
Se transformó tan sólo en una música, cuando había sido mucho más.
Alimentó el ensueño órfico de muchos chicos millonarios. El rock quedó como tal en las bases populares y de los meloneos se apoderó el posmodernismo, la filosofía de la gente acomodada. Que no propuso nunca nada: nunca fue otra cosa que un intento descriptivo.
La cultura hoy está muy teñida de tonterías, de vendehumos. Buena parte de la vanguardia de hoy no me interesa para nada, mucho impostor. Tanto la crítica como los medios necesitan noticias y por eso inventan muchas tonterías.
Ahora se terminó la inercia contracultural que tanto había durado en la Argentina. Los chicos escuchan cualquier cosa: a mí, a Maluma, una cumbia… No hay carga contracultural, lo que es hypeado deviene exitoso de manera 480
demoledora: Harry Potter, High School Musical, Violetta… Muchos quieren fama y fortuna y por eso creen en las promesas de los productores. Y eso es un agujero negro. Cuando uno orbita alrededor de tanto dinero, cambian las razones por las cuales querías ser artista. La tentación es mucha.
El rock como cultura perdió peso, los chicos ya no son militantes del rock.
Ves los programas de TV y se saben las letras de todo. ¡Antes nadie habría repetido de memoria las letras de Arjona! Ya no gobierna la ética ni la estética, sino el éxito o el fracaso. Ahora sólo se busca entretener a la gente.
Su Majestad Porker King.
En el principio el rock era lo más parecido que existía a internet, al acto de googlear: por los Stones llegabas a Godard, por los Doors a William Blake…
Parecería haber un abismo entre mi inquietud cultural y la mayoría de la gente que me sigue. Y sin embargo…
Lo que cambió no fue la visión, sino el rock. Quedó como un género musical más, como el jazz. Se graba mejor, se toca mejor, pero no tiene ningún ideal atrás 481
que lo sustente. No ha habido muchos momentos en la Historia en los cuales los artistas y los intelectuales no estuviesen ligados a los intereses del momento. La cultura rock no fue eso. Gracias a Dios me tocó vivir en esa época.
Los pibes escuchan todo lo demás como música a secas, pero te escuchan a vos en busca de algo más allá de la música.
Lo que yo hago genera siempre una incógnita, una movilización. Es una música para imaginar, lo cual amplía el campo de lo posible en tu vida.
Ahora, ¿cómo lo logro? Mi lenguaje no es el del pibe de Caballito o de otro barrio cualquiera.
Todo el mundo subestima a ese público, pero que te sigan habla bien de ellos.
Vos les das el estímulo físico obvio, les permitís mover la patita, saltar, algo visceral como otras músicas, pero a la vez les das un plus que los desafía.
Demuestra que los subestimados están abiertos a algo que no es de fácil digestión.
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Hay en el gesto, en el estilo, algo que aclara de qué lado estoy. Los pibes tratan de averiguar qué estoy diciendo.
Pueden ir a ver una banda legendaria por curiosidad… pero sólo la primera vez. Si vuelven —y los tuyos tienen un grado de fidelización legendario—, ya es por otra cosa.
Supongo que el juego que les planteo los conmueve: se hablan y contestan con líneas de mis canciones, averiguan qué es amok… Y a la vez generan un campo fértil para que uno se atreva a más, para que deje de trabajar de sí mismo toda la vida y repitiendo Tomamos fenantreno para ver qué onda da.
Tranquiliza mucho saber que tu visión no está vetusta ni anquilosada para los jóvenes. Transmitir emotivamente esas historias de amor que no son límpidas ni felices sino como todas, llenas de quilombos. O las miradas sociales y políticas, en algunos casos.
Lo que se generó con Los Redondos y se corrigió y aumentó en tus conciertos fue un ejercicio democrático digno de estudio: allí —y sólo allí— entran todas 482
las clases sociales en armonía, y además —esto es extraordinario— se acepta la compañía de aquellos que no han tenido guita para pagar la entrada, en pie de igualdad. Los que cuentan con billetera reconocen el derecho de los que no cuentan con ella para disfrutar del mismo espectáculo. Y por supuesto, la mayoría de tu público sigue siendo joven por definición.
Si fuese sólo para los coetáneos, no sé si estaría trabajando con la energía que lo hago.
Un ida y vuelta ideal: estos jóvenes se sienten inspirados por vos, y eso a su vez te pone las pilas.
Para mí la psicodelia fue importante. Pero yo veo a muchos coetáneos que se mofan de su pasado. ¿Por qué los jóvenes se lo toman en serio mientras