Recuerdos que mienten un poco
Capítulo Catorce. Walter David Bulacio
En esa época seguías haciendo escapadas a Valeria del Mar, donde recibías a numerosos visitantes: Kleiman, Symns, Crook, el Rafa Hernández…
Una vez hicimos una comparsa con Kleiman, Rafa y Symns. Hay una foto por ahí: yo estoy ataviado como la tía Irma con sombrero de paja, tirado arriba de un colchón. Se nota que habíamos escabiado lo suficiente para salir de murga…
15. En 1981 se bautizó “punto G” a un área genital de las mujeres,
localizada detrás del pubis y alrededor de la uretra, en honor al alemán Ernst Gräfenberg que la descubrió por casualidad durante los años 40.
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Capítulo Catorce
Walter David Bulacio
Un infierno nada encantador — Sheriff, sheriff — Desviando bondis a Cuba — El Aguilucho — Usando a Maradona — Marchas y contramarchas
— Pan y circo —
El fin no justifica nada — Un juicio kafkiano — Condena en suspenso —
La palabra “justicia”
1.
1991 se abre con la tragedia de Walter Bulacio. Un hecho que cabe poner en contexto, para comprenderlo de modo cabal.
Veníamos de un año que había acumulado un 1350 por ciento de inflación, con las consecuencias inevitables para las personas cuyos sueldos no crecían en la misma proporción.
A fines del 90 —30 de diciembre—, Menem había indultado por decreto a gente como Videla y Massera (genocidas en el sentido literal)
y Martínez de Hoz, el autor del genocidio económico que empezó con la dictadura y que Rodolfo Walsh denunciaba ya en 1977.
En enero de 1991 estalló el Swiftgate, un escándalo por coimas que involucraba a funcionarios. Era tan descarado, que hasta a la embajada de los Estados Unidos le pareció too much…
La respuesta del gobierno fue fugar hacia el futuro, apelando a la magia. El 27 de marzo, el Congreso sancionó la Ley de Convertibilidad, según la cual, a partir de entonces, un dólar equivalía a un peso. Algo que no se podía sostener y por ende estaba destinado a convertirse en una bomba de tiempo: más temprano que tarde, el edificio de la economía argentina iba a implosionar.
Pero en ese momento, con tal de salir de la angustia de la hiperinflación, 265
buena parte de la sociedad argentina —en especial la clase media— se entregó encantada a la fantasía de obtener, mediante un plumazo, el poder adquisitivo de un neoyorquino.
En ese magma existía esta banda de rock que venía haciendo todo lo que se suponía que no había que hacer: darle la espalda a las corporaciones, los sponsors, la televisión. Aun así, les iba cada vez mejor. A fines del 90 llegaron a Obras y empezaron a apilar más fechas allí que ninguna de las bandas que trepaban radares militares. Y cada show era una producción independiente, manejada por ustedes mismos según sus propios criterios que incluían, por ejemplo, la ausencia de personal policial en el interior de los boliches y estadios.
Así llega el 19 de abril de 1991, cuando tocan nuevamente en Obras.
Éramos muy idealistas. Y como nos seguía la gente dábamos un paso más que los demás, nada más. Pero no era el mejor momento para hacerse el vivo.
Ya nos habíamos ganado la enemistad de los que tenían el kiosco armado.
Más de una vez han bloqueado equipamientos para que no pudiésemos usarlos. Íbamos a alquilarlos y nos decían: No están disponibles. Pero cómo, preguntábamos. ¡Si no hay ningún otro show grande en esas fechas!
Y seguían diciéndonos que no… Lo gracioso es que, por esa razón, terminábamos tocando con los equipos que conseguíamos aunque no fuesen los mejores… ¡Y nunca faltaba un gil que nos acusaba de pijoteros!
Pasó hasta con el primer disco, que ciertas empresas decidieron comprar pero no para venderlo, sino para abandonarlo en sus sótanos y que la gente no lo encontrase. Nosotros estábamos chochos, pensábamos que había salido como loco… ¡Pero nunca había llegado a la mayoría de las bateas!
El modelo de independencia no le gustaba a nadie. Lo aprendimos a lonjazos.
Nos costaba un huevo armar un show.
2.
Mencionaste la interna que venían peleando con la policía. ¿En qué momento de la interna cayó lo de Walter: habían conseguido contenerla...?
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Nunca estuvo en orden. No terminamos de llegar a un acuerdo firme, serio, que se respetase. Siempre les parecía poco, terminaban agarrando pero te hacían la cruz.
Tené en cuenta que pedían una guita que en esencia era una coima. Dinero a cambio de asegurarte de que te iban a dejar la fiesta en paz.
En general, sólo se armaba quilombo cuando ellos estaban. Por eso en un momento les dijimos: No vengan más. Y al concierto siguiente mandaron gente suya de civil a cascotear la puerta y armar bardo, como ya te conté.
¡Los filmamos y todo! Pero, cuando lo que impera es la ley de la selva,
estás expuesto: hacés lo que te dicen o te prometen que vas a lamentar males peores.
De esa cifra que pedían, el comisario se quedaba con el 70 por ciento, seguro.
Nuestros policías son los ladrones oficiales de este país. ¡Nuestra mafia!
A eso sumale las características del público de Los Redondos, que nunca entendió el concepto del sold out. No es gente que dice: Uh, ya vi que las entradas se agotaron, me quedo en casa. ¡Van igual! Y van con toda la intención de entrar.
Hasta que nosotros empezamos a tocar ahí, Obras era un lugar petitero.
Nadie se colaba.
Pero a partir de entonces, las alambradas se convirtieron en un colador…
Gran parte de mi público es así porque no tiene opción, desde que se lo condena a vivir en la miseria. Esos pibes no tienen más remedio que aprender a vivir rápido, porque si no, son la leña. Si salen a afanar es porque no pueden pensar como sus abuelos, que intentaban parar la olla.
Hoy no consiguen laburo, o el laburo que consiguen les paga un billete que hasta un esclavo consideraría indigno. ¡Hay gente que se rompe el culo el mes entero por cuatro lucas!
Y al mismo tiempo ven por la TV, la calle o en internet esas zapatillas de lujo, altas llantas, y se dicen lo inevitable: Yo nací sin nada, en el puto suelo de la miseria. Nunca voy a poder tener esas llantas, esas motos… Si encima tenés una hija enferma, ¿vos qué harías? Y, yo salgo a chorear.
Trataré de hacerlo en un barrio peligroso para el que afana, al mejor estilo Robin Hood. ¡Pero lo voy a hacer!
En nuestra sociedad, la vida de esa gente no vale dos mangos. Lo inexplicable es que a cierta gente le indigne que alguien muera durante el choreo por un celular.
No entienden porque no lo quieren entender. Si la vida de esos pibes no vale nada,
¿por qué deberían aceptar que la tuya valga más?
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El modelo vigente en parte del mundo pasa por alentar un consumo interminable, casi hemorrágico. Te empujan a que obtengas un confort superlativo y que todo lo demás —¡y todos los demás!— te importen un queso. El Muro de Berlín terminó derribado, entre otras razones, porque a la gente de la Alemania Oriental se le caía la baba cuando veía por TV las cosas que se compraba la gente del otro lado.
Sigo creyendo que hay que intervenir el arte y la cultura, para que la gente entienda que vivir honestamente es lo más práctico, que no se trata de una utopía.
Pero, mientras el ladrillo más chico de esta sociedad se vea obligado a vivir en condiciones de indignidad, no habrá proyecto que pueda funcionar.
Ningún sistema se sostiene si vivís humillando al de más abajo.
Terminan en la clase de desastres que cuentan los libros de historia: la guillotina, las purgas, los grupos jacobinos.
Eso sí, me jode que el humillado tolere tanto. ¡Uno de cada tres argentinos es pobre! A excepción de las dictaduras, no sé cuándo estuvimos tan mal.
Y la gente de clase media, que tiene al menos un secundario terminado, insiste en no darse cuenta de cosas mínimas, elementales. Se olvidan de que estaban en un pozo insondable y que los sacaron de ahí, devolviéndolos a la clase media. Y votan como si no les importase la calidad de vida de sus hijos, que es lo que está en juego. ¿Quiénes pensás que van a pagar las deudas multimillonarias que está acumulando este gobierno?
Y encima, al primer susto piden bala. Como lo hacían cuando escribí Sheriff, ¿te acordás? ¿Cuántos años hace ya? Era en 2000, ¿no? Eso es lo que le demanda esta gente a la yuta: No permitas que pise mierda en mi jardín. / No tienen norte, no tienen salvación / Hacé el trabajo y redimilos, por favor. / Que se mejoren allí en la eternidad / Partiles el buñuelo y quitá mi pena así.
Eso es lo que quieren estos miserables.
3.
En 2016, cuando miembros de la Prefectura detuvieron ilegalmente a dos pibes de La Garganta Poderosa —Iván de 18 y Ezequiel de 15—, alguien en 268
Twitter protestó preguntando: ¿Para eso votaron a este gobierno? Y yo respondí: Y, sí. Hay gente que lo votó precisamente para esto.
Vos sabés que yo soy defensor del preso común, esa gente a la que se condena a un infierno en vida. Nadie, ni la peor alimaña, se merece una experiencia como la que significa estar preso en una de nuestras cárceles. Y
tampoco nos lo merecemos nosotros como ciudadanos. Pagamos impuestos pero no para ser cómplices del destrozo anímico y espiritual que perpetran sobre esta gente que… mirá vos, qué casualidad… ¡siempre es pobre!
No es que los ricos no se manden cagadas. Lo que pasa es que nunca se les pide que rindan cuentas. Vos mencionabas la amnistía a Martínez de Hoz en el 90.
Bueno, en 2000 todavía lo seguían protegiendo. El señor tenía plata en el banco pero le avisaron a tiempo, para que la sacase antes de que decretasen el Corralito…
4.
Volvamos al público de Los Redondos que acudía a aquellos Obras.
En una época también era común que desviasen bondis. Subían a un colectivo y le decían al conductor: Vamos a Laferrere, yo te digo el camino.
Me acuerdo del show en Huracán, en aquel tiempo hubo mucho de eso.
¡Como los combatientes que, en otra época, secuestraban aviones para desviarlos a Cuba!
Veníamos de una seguidilla de quilombos en la entrada, porque los pibes querían entrar siempre, a toda costa. Para muchos jóvenes, eso de cascotear a la cana tiene algo de ritual atávico, que se arrastra desde la noche de los tiempos. Cuando dimos conciertos en Mar del Plata, incendiaron dos patrulleros. En River —creo que fue ahí— se afanaron el caballo de un cana de la Montada…
Nosotros teníamos más resonancia en los medios por las consecuencias de los shows —salíamos más en Policiales que en Espectáculos— que por otra cosa. Es que rescatábamos pibes que no le gustaban a la clase media. Se quejaban de que los llevásemos a sus barrios… ¡Hablaban de ellos como en otras épocas se hablaba del aluvión zoológico! Y los medios siempre prefirieron esa versión de lo que éramos.
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5.
Walter David Bulacio tenía 17 años. Estaba en quinto y trabajaba como
caddie en un campo de golf, para bancarse el viaje a Bariloche. Aquel Obras fue el primer concierto de ustedes al que intentó ir. Pero claro, cayó sin entrada. Fue en un micro desde Aldo Bonzi con otros ricoteros, en compañía de dos hermanos amigos: Jorge y Zulma Casquet. Zulma era la única que tenía entrada. Y no había posibilidad de comprar más, porque se habían agotado.
En Obras eran estrictos al respecto. No era de esos lugares donde vendían entradas por encima de la capacidad establecida.
La calle estaba llena de canas, un operativo descomunal montado por el comisario de la 35 de Núñez: Miguel Ángel Espósito, que se hacía llamar —
orgullosamente, me imagino— El Aguilucho.
Walter y Jorge quisieron trepar una pared lateral para colarse y los pescó un policía. Y fueron a parar a un colectivo de la línea 151, que Espósito había plantado en la puerta del estadio para depositar a los detenidos.
Los tuvieron ahí un par de horas y después los llevaron a la 35. Y
mientras tanto, ustedes tocaban sin enterarse de nada.
¡No nos enteramos de una mierda! En los camarines estás aislado del mundo. El resto de los músicos puede zafar y asomarse en escena, para ver cómo pinta todo.
Pero la estampita no puede mostrar ni un ojo, porque si alguien del público te descubre, mejor que empieces el show en ese momento o suben al escenario a buscarte.
Además, la gente tiende a protegerte. Te preservan aun cuando haya problemas de verdad. Siempre te dicen: Está todo bien, está todo bien. Si no recuerdo mal, lo único que nos llegó fue que se habían llevado a algunos pibes que habían levantado en la calle. Lo cual, por cierto, no tenía nada de novedoso.
La experiencia nos fue marcando. Aprendimos a los golpes. De ahí en más nos quedamos siempre en el lugar —hablo del interior, porque en Capital fue siempre otra cosa, mucho más jodida— hasta que soltaran al último de los pibes. Así fue la primera vez en Olavarría, por ejemplo. Nos fuimos dos días después.
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Pero, en fin: cuando me enteré, fue jodido.
Se llevaron a más de setenta, entre ellos varios menores. Fueron ellos los que rasparon una pared de la comisaría, dejando escrito: “Jorge, Walter, Kiko, Erik, Leo, Nico, Nazareno, Betu y Héctor. Caímos por estar parados. 19/4/91”.
Walter se descompuso a la mañana siguiente, cuando ya llevaba detenido más de lo que permite la ley, tratándose de un menor. Jorge Casquet le levantó la campera y vio que tenía dos hematomas en el pecho. Ese detalle me remitió al caso de Patricio Barros Cisneros, un preso común a quien la gente del Servicio Penitenciario asesinó en 2012. Le aplicaron una técnica que es común entre los represores: tenerte acostado en el piso, tomar carrera y saltarte con ambos pies encima del corazón.
El hecho es que Walter pasó los días siguientes entre los hospitales Pirovano y Fernández. Y terminó muriendo el 26 de abril.
Yo me enteré por los diarios. O probablemente me lo haya dicho la Negra.
Si a Walter lo hubiesen agarrado en cualquier otro lado y le hubiesen hecho lo mismo, la noticia no habría colado nunca en los diarios.
Hay gente que, en vez de reconocer eso, te acusa de lo contrario: de haberte desligado.
6.
¿Recordás tu reacción inicial, qué sentiste en el cuerpo?
Impotencia. Lo conversamos mucho, sentíamos desamparo. Estábamos pensando de qué manera actuar, qué hacer para reivindicar la causa de Walter sin desnaturalizarla.
¿Se comunicaron con la familia de Walter?
Yo no recuerdo haber hablado. Creo que Poli llamó, manifestando nuestra 271
solidaridad y preguntando qué podíamos hacer en la medida de nuestras posibilidades. Porque a lo largo de la historia nos hemos hecho cargo de muchos bolonquis, aunque no se sepa. No lo dimos a conocer nunca porque la cosa no pasaba por ahí, pero hemos puesto el hombro en muchas circunstancias. A pesar de que no estábamos obligados.
El mismo día en que Walter murió, la Policía que aparecía como sospechosa del crimen de un menor detuvo a Diego Maradona en Caballito, durante un operativo en torno a un asunto de drogas.
Resulta llamativa la “coincidencia”.
Como si hubiesen querido tapar lo de Walter con un escándalo que los hacía quedar como profesionales responsables.
No creo que se hayan enterado ese día de que Maradona tomaba merca…
En general no le erran con los cañonazos: siempre le apuntan a figuras que tienen resonancia popular y su propia manera de pensar.
Cosas como esas no son coincidencias. No es por culpa de los astros del cielo que en tan sólo meses haya cambiado la mano en Latinoamérica. Acá había un grupo de gobiernos democráticos piolas, que habían trabajado en pos de algo parecido a la justicia social y trabado una alianza prometedora, y de repente… ¡No quedó casi nadie!
Todo eso se digita.
7.
La primera marcha fue el 2 de mayo, a pocos días de la muerte de Walter.
Deben haberse visto presionados a tomar postura muy rápidamente.
Tuvimos que tomar decisiones veloces, a la vez que muy serias. Tené en cuenta que, después de la familia de Walter, nadie estaba más vinculado al hecho que nosotros.
Muchos de los figurones que se plegaron a las marchas no buscaban otra cosa que aparecer ante cámaras. Así como los financistas se jactan de joder a la gente, fardándose de quién robó más y en consecuencia hizo más daño, lo primero que muchos políticos se preguntan antes de mostrarse o abrir la boca en público es: 272
¿Será redituable esto para mí, me conviene? Porque la carrera en la que están metidos pasa por una competencia feroz, donde la honra suele quedar de felpudo en la entrada.
Todo el mundo vive en la ficción, una teatralización de la vida. Si pudiesen poner lloronas en los velorios como antes, las pondrían.
Y yo estaba diciendo: Miren que no es bueno verse obligado a fingir que se llora ante cámaras. Cuando uno pierde un ser muy querido llora dos horas corridas, tres, pero no más. Al rato o al otro día puede emocionarse cuando saluda a alguien o se acuerda de algo, pero el grifo se va secando. Eso es lo natural: internalizar el dolor, empezar a convivir con él en la intimidad.
Ahora, verse obligado a cumplir con una especie de mandato televisivo, porque si no volvés a llorar parece que no querías a tu hijo…
Muchos artistas se habrían puesto al frente de la marcha.
¿Por qué tomamos esa decisión, si no? ¡Eso no se lo pregunta nadie! Si lo más conveniente habría sido ir y mostrarnos: así quedábamos bien, obteníamos difusión… ¿Cuál fue el negocio nuestro, qué ganamos por no haber ido?
Nada más que el repudio de cierta gente y de cierta prensa.
Yo traté de explicarlo; hay un dolor genuino y otro que no lo es. Pero esto es demasiado profundo para cierta gente. Ni siquiera hacen el esfuerzo de intentar ver el mundo de otro modo. Tienen pánico a quitarse las anteojeras, porque se encuentran con sus fantasmas. Han vivido tanto tiempo con la bota encima…
Mucha gente me decía que estábamos haciendo algo disparatado, que íbamos a tener quilombo con la prensa, con la policía. Y sí: la verdad siempre genera quilombo.
Ustedes se negaron a participar formalmente, pero aun así algunos se plegaron a la primera marcha.
Fueron Poli y Skay. Creo que Semilla también, no estoy seguro. A mí me constaba que a ellos no los reconocía el común de la gente, a pesar de que ya llenábamos estadios. En cambio a mí me embocaban siempre. Imagino que porque es más fácil 273
identificar la pelada y los anteojos negros. Esa fue una de las razones por las que decidí no ir: para no desnaturalizar la marcha, para que no se desviase el foco de la atención.
Y aun así, cuando la marcha ocurrió se confirmó lo peor: una vez que alguien identificó a Skay y Poli les empezaron a pedir autógrafos, a sacarles fotos… Lo cual supuso una infracción muy grande al dolor del círculo íntimo de Walter.
También hubo gente valiosa en las marchas. Por ejemplo, Alfredo Bravo, uno de los fundadores del CELS (Centro de Estudios Legales y Sociales), una de las más importantes entidades de derechos humanos que tenemos.
Pero la utilización que se quería hacer de nosotros era distinta. Cierta gente quería usarnos como ariete, convertirnos en el estandarte de un rock que volvía a la pugna política en el sentido estricto. Más allá de que lo que hago admita y exprese siempre un contenido político, nuestro motor esencial no pasaba por ahí. Era un motor artístico, antes que político.
No éramos un grupo de protesta, de esos que el periodismo hace crecer cuando le conviene y después derrumba u olvida. Por supuesto, cuando uno lo necesita puede apelar a la denuncia, a la ironía, al cabaret político. Está claro que no éramos un grupo que hacía música para entretener, el nuestro era más bien un estilo de combate, batallador contra el sistema. Pero lo que
persigue es algo más hondo, sublimar una emoción verdadera a través del lenguaje. Yo trabajo y voy a trabajar siempre sobre la ambigüedad.
Creí desde el principio que me dedicaba a algo superior, más elevado que la política partidaria. ¿Suena a jactancia? Posiblemente, pero eso no lo torna menos verdadero.
Yo prefiero seguir cuestionando a mi manera, provocando obras que inspiren desconfianza respecto de las presuntas “verdades” que mandan a tus hijos a la guerra. Si la gente se permitiese pensar que los paradigmas que te venden a diario no son tan inamovibles, no aceptaría que sus hijos colaborasen con violencia alguna.
8.
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Tu actitud no cayó bien en ciertos sectores.
Tampoco teníamos dónde ir, ante quién apelar, explicarnos. Casi todos los medios estaban en contra de la actitud nuestra. ¡Incluso los que la iban de más progresistas!
Resulta revelador que ningún medio importante se haya puesto a disposición de ustedes, para permitirles exponer su posición.
Terminaron publicando una carta en una revista que se llamaba Pan y
circo. Fue la única que aceptó reproducir el texto completo. Esto decía la carta:
DE LOS REDONDOS PARA LOS REDONDOS
Desde siempre hemos preferido no televisar nuestros sentimientos, así como también no propiciar vínculos institucionales que actúen de mediadores en nuestras relaciones de exclusivo carácter emotivo.
Somos, por el momento, nuestros propios testigos… y es bastante. Por las características de la dinámica televisiva los medios de información apelan
a discursos efectistas que DEGRADAN LOS SENTIMIENTOS. Por ejemplo: el repetir los actos de dolor porque la grabación lo exige. La gracia final, siempre, es mantenernos entretenidos. La esclavitud ante estos canales provoca una dificultad casi absoluta. Este estilo político televisivo está INUNDANDO
NUESTROS PENSAMIENTOS, NUESTRAS PASIONES Y NUESTROS
SUEÑOS.
Los notables, quienes acceden en la supercomunicación de los medios, terminan exponiendo lo simple y lo accesorio. Además aceptan que el objetivo final justifica todos los pequeños negocios por la causa, donde, generalmente, se miente en nombre de la verdad y en propio provecho. En los notables una inflamación del deseo espera que junto a la protesta pública llegue el poder. Reclamos como el que hoy nos ocupa son una pulseada de todos los días, de muchos años, y no de ambigüedades y conversaciones condicionadas por el lugar que se ocupará en la estampita social. A través de los medios, los notables nos dan una información que proviene de la propaganda, mezclada de verdades a medias y de mentiras.
Los canales apropiados están más para impedir los cambios que para facilitarlos. Los notables no perciben que son parte del estilo que debiéramos transformar y despojan a la gente de sus dolores reales. Son CONSERVADORES POR
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NATURALEZA Y ESTÁN INTERESADOS EN EL PODER. (Si estás viviendo una vida que depende de la rutina y del tiempo de otras personas, los cambios no pueden alegrarte.)
CON OTRO TIPO DE RIESGO ESTA VIDA PUEDE VOLVER A SER
DIGNA.
Deberemos reunir una inmensa cantidad de AMOR. DEBEREMOS
PROTEGER
NUESTRO SISTEMA EMOCIONAL, PUES EL AMOR ESTÁ
DESAMPARADO
DONDE LA POLÍTICA ES LA QUE MANDA.
PD: Por supuesto que estamos en contra de los edictos y la aplicación de leyes tan vagas y amplias que permiten arrestar a cualquiera en el momento más conveniente. Pero esta es una pulseada de todos los días, de muchos años.
9.
Desde el riñón de la banda, Poli empujaba en otra dirección. Ella fue siempre de decir: No les des bola, no contestes, ya va a pasar. Pero a mí me basta con pensar que puede haber uno solo que se crea una infamia, ¡uno solo!… y ya me rompe las bolas. La elegancia del espíritu hay que defenderla siempre, porque es algo que se mancilla con mucha facilidad.
Por eso soy de contestar. Yo creo que la verdad es convincente, no puede no serlo. Fracasaré en alguna escaramuza, es posible. Pero en la batalla final…
Poli pensaba que había que desensillar hasta que aclare. Y mirá vos: ¡en algún sentido, todavía no aclaró! Por eso, mucho tiempo después escribí en Torito es muerto, una canción de El perfume de la tempestad: Y en unos días, la tele va a olvidar…
Hace algún tiempo reapareció el ex policía bonaerense Héctor El
Paraguayo
Sosa, que había fusilado de cuatro tiros al legendario Frente Vital.
¡Vistiendo uniforme otra vez y reprimiendo gente! Nos lo podemos cruzar en la calle, como si fuese un ciudadano más…
Eso que le pasó a Walter sigue pasando hoy, mañana en Laferrere, en Aldo Bonzi… En San Isidro no, porque ahí los padres de los chicos suelen ser poderosos. Los represores van donde la gente está indefensa.
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Al padre de Iván, el pibe de La Garganta Poderosa, le parecía que había hecho poco por su hijo y así lo expresó: Siento impotencia, dijo. Tenía miedo de que lo matasen a él también, y a su mujer, y al resto de la familia.
Ahora, si sos hijo de un juez gritás tranquilo: Yo quiero ir a Punta del Este todos los años…
10.
A veces pienso que, como el Saturno de la mitología —ese viejo de mierda que se comía a sus propios hijos, para que no le quitasen el poder—, parte de la sociedad argentina está en guerra con los jóvenes.
O, por lo menos, con cierta clase de jóvenes. En los 70, los mataron con la excusa de su ideología…
Fijate que Italia también lidió con un proceso de intenciones revolucionarias, fogoneado por jóvenes. ¡Pero allá los juzgaron, y a los que se encontró culpables de hechos de violencia se les dictó condena acorde a la ley!
En los 90, los mataban porque decían que eran todos chorros. Y ahora se los sospecha nuevamente: a algunos se los reprime porque son pobres y potencialmente peligrosos, a otros se los espía y convierte en blancos porque son militantes —hay gente que llegó a compararlos con las Juventudes Hitlerianas—, a otras se las mata porque son mujeres…
A las guerras van siempre los jóvenes. ¿Cuál te creés que es la edad de los soldaditos que ponen en primera fila, a la hora de cargar contra el enemigo?
Ellos son carne de cañón, de manera excluyente.
11.
¿Cómo repercutía todo esto en la vida interna de la banda?
Además del dolor inevitable, nos preocupaba el proyecto de Los Redondos.
Porque, tratándose de una banda independiente, estábamos expuestos de un modo particular. Éramos unos pichis, no contábamos con el bufete de abogados de una 277
corporación. Si nos enredaban en una disputa legal, aun cuando no tuviésemos responsabilidad alguna —vos sabés cómo funciona el Poder Judicial, se ve a diario: acá si quieren te enmierdan, aun cuando no tengan prueba alguna en tu contra—, nos podían hundir.
Y sin embargo, persistieron en su tesitura.
Se nos acercaba gente que decía que nos quería defender. Les preguntábamos: ¿De qué nos quieren defender? Decían: Pensá que se te va a poner pesado… La ventaja de no mentir es esa. Yo no me dedico a ocultar cosas. Me dedico a decirlas.
Pero claro, el precio de la libertad es la soledad. No hay vuelta de hoja.
En un programa de Piso 93 durante el cual hablaron del tema, hubo mensajes preguntando por qué no iban a las marchas. Pero también hubo un mensaje de las bandas de Aldo Bonzi, diciendo: Los apoyamos
a pesar de todo lo que
pasó y los vamos seguir yendo a ver con la bandera.
Esto es parte de lo que dijiste aquella noche:
Dicen que no fuimos a las marchas, pero no es así: yo no fui. El resto de la banda fue en pleno a varias marchas, a más de una. Sólo que nosotros no somos de andar cacareando.
Ir a una marcha donde hay una pugna sorda entre notables, para ver quién ocupa las primeras filas, no es el estilo con el que quiero penar por Walter.
Yo no tengo interés de que la TV exhiba mis sentimientos. No voy a propiciar el cholulaje en medio de una marcha dolorosa.
Para nosotros la muerte de Walter es un dolor. Con ese dolor cada uno puede hacer lo que quiere. A nosotros no nos gusta meternos en la licuadora del estilo político televisivo, que consume ese dolor y lo exprime hasta que aparece otra noticia suculenta.
Nosotros no toleramos la mentira. Porque, más allá de su carácter ofensivo, no permite ninguna solución. Cuando yo descubro que estás mintiendo, eso me dice que tenés un plan extra, que estás queriendo capitalizar algo. Es uno de los términos que más escuchamos en estos días.
Se dice que deberíamos haber capitalizado esto. ¿Qué nos impedía que tomásemos el camino más fácil?
Walter tenía derecho a morir en otro lado, en otra circunstancia, en otro 278
momento. Un chico de 17 no debe morir en un hospital ni en un calabozo.
Me sorprende que esta banda tenga que avisar esto otra vez más, después de quince años de venir avisándolo mientras estos chupaforros no hacían nada. Por supuesto que estamos en contra de los edictos policiales. Pero cosas como esa pasan todos los días. Y sin embargo, recién ahora salta cierta gente que se rasga las vestiduras a pesar de que en el fondo —todos lo sabemos— a ellos Walter les importa un carajo.
Nos da pudor hablar de esto ahora, precisamente porque hemos hablado todo el tiempo de esto.
Es la vieja historia de que el fin justifica los medios. Bueno: para Los Redondos, ningún fin justifica los medios. Yo no quiero que me mientan hoy en presunto beneficio de la verdad de mañana. Esas pequeñas mentiras, esos pequeños crímenes que cometen los medios y sus notables, son reemplazados por otras según su conveniencia del momento. Conocemos a muchos que van y mojan su masita ahí. A nosotros eso nos jode mucho.
La solicitada que escribimos y difundimos es para Los Redondos, no para la opinión pública. Porque no creemos que exista nada que se pueda llamar así.
Venimos diciendo lo que tenemos que decir desde hace quince años. Y no vamos a colaborar a que siga creciendo esa mentira. Esa es una de las ventajas que te da la independencia. Que también tiene sus contras, que quedan de manifiesto ahora, cuando nos pegan de todos lados porque no tenemos ningún palenque donde rascarnos.
Hay que desconectarse de ese estilo social de la superexposición mediática.
Nosotros construimos este lugar, que es la banda, donde intentamos que metan la pezuña lo menos posible. Y también tenemos un lugar, que son los shows, cuando tocamos: ahí todos estamos en comunicación con nuestro dolor.
Yo entiendo los reclamos, pero lo último que se me ocurriría es hacer bardo con la muerte de Walter. No voy a transformarme en materia de aprovechamiento periodístico.
Otros mensajes se quejaban de la cantidad de policía que rodeaba los shows.
Y ahí Poli explicaba que, aunque ustedes no tenían modo de limitar el accionar policial en las calles, habían logrado que no hubiese policía en el show: que no se llevasen del recital a un solo pibe.
279
Cosa que en el resto de los recitales no sucedía. Ibas a ver a Los Ramones, y adentro estaba lleno de vigis…
El recital termina en la puerta. Nosotros no podíamos protegerlos en la calle, en el barrio, en los bares…
Cuando Kleiman se hizo eco de esa queja, vos dijiste: ¡Hablen con
Carlitos
Grosso! 16 Y seguiste diciendo así: La sociedad se protege de Los Redondos de esa manera, se cuida de las grandes aglomeraciones de los
jóvenes. Pero hay que terminar con el paternalismo, eso de sugerirles que alguien los va a proteger de verdad, más allá de cómo ellos mismos protejan su culito. Hemos llegado al extremo de decirles alguna vez por dónde no ir en las desconcentraciones, cuando nos enterábamos de que la policía los esperaba. Pero no somos de aconsejar. Los pibes no mascan vidrio. Si van a la entrada a mostrarse aguerridos y militantes, corren con la tribulación de lo que les puede ocurrir. Deben ser conscientes de que los pueden reprimir.
Tendrán que pagar la cuota de su compromiso por el ideal que tengan.
Cada uno tiene que ser responsable por lo que hace.
Era así. Cuando se desbandaban, por más que quisiésemos protegerlos, el paraguas de Los Redondos ya no los podía cubrir.
En otra visita a Piso 93, agregaste: Con el oficio que tengo, podría haber hecho una canción para Bulacio en 48
horas. Pero no quiero caer en esa porque, después de que pasaron las cámaras y los diputados, el pobre pibe que murió en esas condiciones ya no importa un carajo. Pero los chicos no se chupan el dedo.
Todo el mundo compuso al toque una canción sobre Walter, menos yo. Me rompió un poco las bolas. A excepción de un caso, todos los demás me parecieron un gesto de oportunismo.
Yo hago una canción si es genuina. ¿Voy a escribir algo para responder a una presión política del momento? La haré cuando me parezca, o no la haré si no me sale.
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Hubiese querido encontrarlo al tema, no dibujarlo. Pero yo no funciono así.
Pensá que, si la hubieses hecho, te habrían caído encima igual, acusándote de explotar el morbo en tu favor…
Esto seguiste diciendo en Piso 93:
A mí las bandas me dieron libertades, nunca me dieron obligaciones. A mí lo que me dijeron es: tratá de nunca pensar en función de conveniencia.
A nosotros no nos interesa ver de qué manera nos defendemos de cosas de las que no somos culpables. Nosotros no queremos entrar en el mismo mecanismo que utiliza cualquier político, cualquier agrupación. Cuando utilizás la demagogia para defenderte, en nuestro escalafón, en nuestro Juego de la Oca, estamos retrocediendo cinco casilleros. Ese comunicado fue para que en algún lugar quedara registrado lo que pensábamos, nada más.
Yo creo que la familia, más que nada, se dio cuenta de todos los resortes que se movieron a través del dolor de ellos. El dolor de: A mi hijo lo mataron, se murió, lo cagaron a patadas , ese es un dolor genuino. Todo lo que vino después, no lo es.
Por eso, en este momento en que las marchas codo a codo se acabaron, en el único lugar donde se lo recuerda a Walter Bulacio es en el recital de Los Redondos. Allí lo cantan los chicos, aparece la bandera de Aldo Bonzi que es la más grande. Ese es el lugar donde nos acordamos todos de cuál es el genuino dolor. Todo lo demás es franela política y franela de intereses.
La pregunta que hago siempre es qué me impedía a mí ir a esa manifestación.
Todo lo contrario, iba a quedar como un tipo solidario y qué sé yo… No puede ser que acá se crean que porque vos hacés un par de canciones que le gustan a la gente ya tenés que estar bajando línea. Yo tengo 45 años y lo mejor que me puede pasar es escuchar a los pendejos, no bajarles línea. Y
por suerte los pibes saben que detrás nuestro no hay un capital político o económico que nos respalde. Somos una banda independiente que se gana el billetito para ellos y para invertirlo donde quiera y decimos lo que nos
parece, aunque estemos equivocados hasta las tetas o seamos unos viejos anquilosados que creen que todavía hay que tener un ideal.
El único juicio que nos importa es el de los chicos.
12.
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¿Recordás presiones por parte de tu círculo más próximo: parientes, amigos…?
Yo no tengo mucho trato con el pasado. Es algo que le debo a mi condición de hombre de psicodelia. Si quiero seguir siendo amigo de una persona, tengo que tener un proyecto en común, o al menos vernos seguido.
En un momento de mi vida opté por apartarme de la formación, en el
sentido en que lo plantean Cooper y Laing.17 Creo que no hice mal: después de tantos años, sigo sin tener evidencia de que sea la formación, y no yo, la que va en la dirección correcta.
Para parte de la prensa y los figurones que decían defender la causa de Walter, ustedes se convirtieron en un villano más importante que el comisario Espósito.
Cuando despertás grandes amores, también despertás grandes rencores.
Había muchos intereses en juego. Pensá que nosotros veníamos creciendo sin parar, mediante un modelo que a los demás no les convenía bajo ningún punto de vista. Éramos un mal ejemplo.
Lo hicimos porque nos teníamos una fe de kamikaze. El sentido común decía que lo lógico, lo sensato, era lo que pensaban los demás. Se suponía que sin apoyo externo no podías llegar más allá de Cemento. Y como todo el mundo dio el argumento por bueno, nadie lo había intentado. Entonces llegamos nosotros, hablando del cabaret político… Se nos cagaban de risa.
De movida no le interesó a ninguno de los poderosos. ¡Pero le interesó a la gente!
Con el tiempo, terminaron explicando que nosotros decíamos lo que a ellos no les salía o no podían decir. ¿Qué es lo que no te salía decir? Si hay algo que no te sale decir, es porque tenés miedo. Porque, objetivamente, si lo entendés, lo podés decir. Lo transmitirás mejor o peor, pero si lo entendiste podés contarlo.
Los colegas nunca nos quisieron. Tuvieron que decir que nos respetaban, pero cariño no hubo. A ninguno de ellos le gustaba firmar con una corporación.
Agarraban viaje porque creían que era la única manera de hacerse oír, hasta brindaban por el hecho de quedar presos de una compañía durante tres años.
¡Pero ninguno se sentía feliz!
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Con la prensa se convirtió en una pelea permanente. Porque a muchos les encantaba hablar mal de otras corporaciones, pero cuando les recordabas que un gran diario o radio también era una corporación… No te olvides que la gente empezó a descreer de los medios grandes recién con Kirchner.
Hasta entonces se los consumió ingenuamente, como si una enorme empresa pudiese hacer periodismo objetivo sin activar en favor de sus propios intereses.
El editor del diario más vendido de la Argentina sostuvo hace algún tiempo que a la gente no le interesa “el periodismo en serio”.
Por eso lo que edita tiene la seriedad de Patoruzito. Eso sí, el diario sigue recibiendo premios de todas las asociaciones de prensa: ¡muy bien diez, felicitado!
Esa gente ni siquiera representa el sentido común de la sociedad. Más bien se emparenta con los jóvenes que sueñan con trabajar en Wall Street y jugar con millones, como en las pelis de Oliver Stone y de Scorsese.
Me acuerdo de la época en que, trabajando todavía en el Hogar de Niños, almorzaba mucho en el Centro. Iba a un restaurante español sobre Avenida de Mayo, que frecuentaban muchos radicales. Las cosas que escuchabas…
Esos pelagatos hablaban a los gritos de krugerrands, mexicanos de oro… y después no le dejaban propina al mozo. ¡Gente chota!
A mí me daría vergüenza mudar de dogmas con la ligereza de cierta gente.
Cambiar de un año a otro, dejando de denunciarlos para convertirte en su defensor, en el ariete favorito de la empresa… Qué sé yo. Entiendo que llegue un momento donde se te ocurra que ya no tenés forma de ganar. Pero en ese caso, conservá una mínima dignidad y dejá de definirte como periodista.
13.
Volvamos al rol de los medios durante la eclosión del caso de Walter.
Eran los más interesados en que yo participase de las marchas. Porque, además de la familia de Walter, la estampita que codiciaban era la mía.
Como ya me conocían, sabían que les iba a rendir más. Tenían claro que, cuando se encendiese la cámara y se abriese el micrófono, no me iba a limitar a decir queremos justicia.
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Esperaban que los alimentase con algo más rico, desde sus parámetros de explotación dramática del dolor genuino, de expectativa de rating y venta de ejemplares a cualquier precio.
Ya que no podían usarte, descubrieron que les rendía criticar a Los Redondos como si ellos estuviesen libres de pecado.
Pensé que algunos amigos que teníamos en las revistas iban a tomar nuestra carta, a reproducirla. Porque, aunque no estuviesen de acuerdo con nuestra postura, el más elemental de los criterios periodísticos indicaba que había
que informar al respecto, dar cuenta de nuestro punto de vista. Pero no lo tomaron.
Cuando hablabas con ellos individualmente, te dabas cuenta de que casi todos entendían. Ahora bien: públicamente, nadie se hizo eco. No explicaban que existía una lógica en lo que yo estaba diciendo. Me dejaron solo. Como no podían decir que pensaban lo mismo que yo, me señalaban con el dedo.
Evidentemente les servía que yo fuese un villano. Pero al final, los que quedaron con el culo al aire fueron ellos.
Ser vocero de una banda como Los Redondos tiene sus complicaciones.
Hay que estar todo el tiempo alerta, pensar cómo le respondés a un tipo que te grita cualquier cosa para obtener un minuto de notoriedad. Desde que el periodismo se desenamoró de nosotros, nos mandaron mala onda durante tantos años…
Primero nos chumbaban para que apareciéramos. Intentaban ver de qué manera nos atraían al circuito de la explotación del caso de Walter. Claro, si aparecíamos todos en la marcha habrían llovido más cámaras, todavía: éramos la fruta viva, aquellos a quienes iban a enfocar como si hubiésemos convocado nosotros en vez de la familia.
Pero eso era justo lo que no queríamos: quedar en el centro de la fotito, rodeados por tipos que se enteraron de lo que había pasado cinco minutos antes de llegar, leyendo un brief a las apuradas durante el viaje en taxi.
La reticencia de ustedes dejaba al descubierto el oportunismo de ciertas figuras que sólo querían aparecer en la foto.
Y a mí no me gusta que nadie me apure. ¿Quién mierda sos para decirme qué actitud debo tomar o qué debo hacer? El código que yo comparto con esa gente es 284
cosa mía, lo manejo a mi modo, lejos de las cámaras. ¡No sabés ni de qué mierda se trata!
Buscaban que los ayudásemos a crear un cacerolazo. Fue todo un delirio.
14.
¿Nunca se dijeron: Tendríamos que haber sido más prudentes?
Si nos hubiésemos sentido culpables, habríamos estado hasta las manos.
¡No teníamos a nadie que nos defendiese! Pero nunca lo vimos como un problema de organización. No encontramos motivos para cambiar la manera en que manejábamos las cosas. De haber muerto Walter dentro del estadio, sí; en ese caso se habría tratado de un problema de seguridad nuestro, algo a reconsiderar. Pero afuera, de los límites de Obras para el otro lado, estaba la vida entera. ¿Cómo podía ser que yo tuviese que explicar mil veces algo tan simple, para que los buitres no nos adjudicasen un muerto alegremente?
¿De qué modo había que pedir que nos dejasen llorarlo en la intimidad, acompañar a los familiares lejos de las cámaras y los micrófonos?
Todavía lamento que le hayan cagado la cabeza a la abuela de Walter, convenciéndola de que la habíamos abandonado. Poli habló, pero…
Mientras tanto, el caso judicial empezaba a desarrollarse, con una lentitud y en medio de una confusión que se volvería antológica. Ni siquiera las autopsias
—porque hubo más de una— echaron la luz necesaria. Más allá de los golpes innegables, se pretendía que la muerte de Walter había sido causada por una afección congénita, a la que se le ocurrió desatarse justo entonces…
Llegaron a intervenir más de cincuenta jueces en esa causa. Que tardó veintidós años en zanjarse. Si eso no es kafkiano…
Yo no seguí el juicio. Había una confabulación tan grande para no defender a ese negrito… Pero, para entenderla, era necesario sacarse de encima la endiablada mentira de la “República”. No se podía confiar ni en la gente que hacía las autopsias. Hoy en día se puede saber todo, hasta el orden de los golpes que recibió.
Pero justo en este caso…
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Al abogado de Espósito terminaron recusándolo y expulsándolo del caso, porque hizo todo lo imposible para entorpecer y dilatar la causa.
Son un cachivache: esos tipos todos operados, bronceados… Los que cobran por ser honestos, como los jueces, no me dicen mucho respecto de su honestidad. A eso me refiero cuando hablo de los que cobran por izar la bandera. Se supone que son probos porque viven en una nube de canela y pueden vivir pensando en términos líricos. ¡Pero no están metidos en la vida real!
Lamentablemente la muerte de Walter, la causa orgánica que habría justificado una condena justa y la pena correspondiente, nunca estuvo clara.
Y Espósito terminó condenado a tres años de prisión en suspenso…
Pero las bandas nunca le pasaron factura a Los Redondos.
Nunca recibimos nada malo del lado de los chicos. Los mismos pibes de Aldo Bonzi siguieron yendo con los trapos. Ellos entendieron lo que pasaba, si no, tendrían que haber sido los más virulentos. El rechazo se verificó tan sólo en el main: periodistas, abogados a los que se les notaba mucho el deseo de figurar…
Pero pararon de tocar, por un tiempo que —por cierto— fue breve.
Se respiraba una atmósfera que no daba para bollos. Es una de las ventajas que te brinda la independencia, la posibilidad de elegir cuándo tocás. Claro, también tiene otras contras, cómo la de necesitar dar con un modo de asomar la cabeza sin tener detrás una empresa o un sponsor que te fogonee.
Nosotros disfrutábamos ya de tocar en La Esquina del Sol. Lo hacíamos porque nos gustaba, no para salvarnos o zafar.
Si creés que hay una forma de vivir bella, que es superior a la forma de vivir en la obediencia, nunca vas a hacer lo que te dicen sino lo que creés
que es correcto.
Cuando volvieron, ¿no salieron a escena con resquemor?
Ya habíamos hablado con la banda de Aldo Bonzi, que entendió todo perfectamente. Porque teníamos contacto real con las bandas, desde el principio.
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Pensá que siempre había cosas que organizar antes de los shows: arreglar que fueran a colgar la bandera temprano, que entraran tan sólo unos pocos durante la prueba de sonido… Muchas cosas las arreglaba directamente Poli con las bandas, cara a cara.
Apenas pusimos en marcha una fecha nueva, vimos cómo se movía la boletería y nos quedamos tranquilos. Porque el público se puede poner en contra tuyo de dos maneras: una es abandonarte, otra es atacarte. Pero los que pagan la entrada no la compran para ir a putearte. No te van a tirar mala onda, al contrario.
Convivíamos con otros dolores. Por más que no hayas tenido responsabilidad alguna, al punto de no saber siquiera que ese chico existía, te jode igual. Pensalo un minuto. Hablamos de un pibe al que le gustaba tu música… ¡y lo mataron a golpes!
15.
En 2013, cuando terminó el juicio, hubo gente que volvió a tirarles mierda.
Dijeron que yo había dicho: “Se murió un Redondo. ¿Cuál es?”. Eso pusieron en mi boca. ¿Cómo iba a decir semejante cosa?
Hoy en día, ¿cuándo te acordás de Walter, en qué ocasiones viene Walter a tu mente?
No es algo que se va alegremente de uno. Como mínimo me acuerdo año tras año, cuando se acerca la fecha. Y en la proximidad de un show, porque siempre me ocupo de que aparezca la foto de Walter en la pantalla, durante la espera.
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A mí me quedó una cosita, ahí. Uno piensa que, después de tantos años, podría dejar esa foto atrás. No sé si no sería hasta conveniente, en algún sentido. Pero…