Recuerdos que mienten un poco

Indio Solari · Capítulo 24 de 28

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Recuerdos que mienten un poco

Capítulo Veinticuatro. Supositorios, no

Todo esto es llamativamente conveniente para los poderosos. Lo que no consiguen por el lado de la represión y la censura, lo consiguen económicamente: te impiden subsistir.

Siempre dije que querían comprar mi vida, no mi música. Por eso le ponía tantos ceros, para que nadie me la quisiese pagar. ¿Qué querían, que me pusiese al servicio de una corporación?

37. El vino fue creado en 1863 por Ángelo Mariani. Se le atribuía grandes propiedades terapéuticas. Dice la leyenda que los papas Pío X y León XIII fueron consumidores de la bebida celestial.

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Capítulo Veinticuatro

Supositorios, no

Disparadores — Iche y las longanizas — Los alias — El lenguaje de los pájaros —

Gusanos pero fieles — Walt Solari presenta — Si una nalga te sonríe —

Reunión pechiblanca — Panzapatín — (Des) Memorias — Famous Last Words — Stoned 1.

Vos trabajás tus canciones a partir de maquetas que por un lado son complejísimas, llenas de capas y texturas… ¡pero, a la vez, las dejás inconclusas de modo deliberado!

Yo hago canciones constantemente. Algunas se usan, otras quedan. No las termino a propósito, porque, de acá a seis meses, aquello que ya está completo, solidificado, se me vuelve aburrido. Por eso prefiero detenerme cuando ya tengo una parte de la canción, un tramo que es atractivo de partida por algo en particular: las voces, el sonido, un arpegiado de base.

Meses después, cuando vuelvo a trabajar en otro disco y escucho nuevamente esas maquetas, el entusiasmo persiste porque puedo retomarlas

y aportarles algo más. Por eso las llamo “disparadores”, antes que demos o maquetas. El disparador invita a proseguirlo, ofrece más juego.

A partir de un disparador, puedo trabajar no sólo con el entusiasmo de ahora, sino también sumarle el de ese momento.

Una variante del procedimiento de “la cantera”. Cuando tenés que concretar las letras, también acudís a cuadernos que garabateaste con frases y pensamientos en otro momento.

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Como escribo a mano alzada y voy dejando registro de cualquier cosa que se me ocurra, al llegar la hora de cerrar una letra elijo cosas que han quedado ya anotadas, de acuerdo con el rollo que pretendo representar. Esa es mi manera de trabajar.

Hay gente que arranca de cualquier otro lado.

2.

Dediqué Pajaritos, bravos muchachitos a mi amigo Iche Gómez. Un tipo muy callado, pero de una sabiduría especial. Me acuerdo de ese piloto largo que llevaba siempre puesto y le servía para guardar de todo. Se metía en un supermercado… ¡y salía con unas longanizas así de largas en el bolsillo!

3.

Esta vez firmaste el disco con el alias de “Fisgón Ciego”.

Siempre firmé con distintos nombres. Lo cual le rompía las pelotas a mi manager, porque tenía que hacer una carta en SADAIC para aclarar que ese tipo era yo y por ende correspondía que me pagasen a mí. ¡De otro modo se tragan la plata y nada va a parar a mi cuenta!

¿De dónde salió esto de esconderte detrás de diversos alias?

Mi intención original era, ya desde el primer disco, salir anunciado como Los Fundamentalistas del Aire Acondicionado. Pero me llenaron la cabeza, diciéndome que no convenía, que tenía que ir yo al frente… Finalmente me dije: Okey, pero voy a firmar con distintos seudónimos. El primero fue “El Artista Invitado”, porque no quise dar del todo el brazo a torcer. Después

“Monsieur Sandoz” en Porco Rex,

“El Mister” y “Caballo Loco” en El perfume…

El “Fisgón Ciego” salió de una anécdota, de una experiencia. Un día estaba jugando con una cámara vieja, que aunque estaba rota tenía un tele muy grande.

Enfoco a través de una ventana y veo venir por la calle a un ciego, con bastón y perro. Y me dije: Estoy espiando, fisgoneando, a un tipo ciego…

¡Alguien que 529

espía a otro alguien que no ve!

Uno es de curiosear. Me gustan más los que buscan la verdad que los que la encuentran, uno siempre está intentando ver aunque sabe que es muy limitada su capacidad de penetrar una gloria tan grande como es la vida.

Nos la pasamos pensándola, cuando deberíamos vivirla más. Yo he tenido mi etapa de vivirla, pero últimamente… Cuando uno es joven salta de una cosa a la otra, todo le es novedoso. Cuando sos grande, si te gusta lo que hacés se torna difícil que te apartes de eso. Es un privilegio que me gané, en todo caso.

4.

¿De dónde salió la idea de convertir los pajaritos en leitmotiv del disco?

Originalmente iba a ser Soldaditos, bravos muchachitos, pero después se transformó.

Un día vi gorriones por la ventana. Lejos de la cosa bucólica, ingenua que solemos atribuirle a los pájaros y por extensión a la naturaleza, estos se

estaban matando a picotazos. Tumbados en mi techo, como dice la letra del primer tema.

¡Disputándose las miguitas que les había tirado! Pero yo, en vez de espantarme, me sentí menos solo en la coraza orgánica. Vi que había una economía, en este experimento solar, de la que se desprende una cosa inevitablemente trágica. El dolor no es una cosa buena…

Eso es algo que le reclamo a Dios, en caso de que exista. Todo lo demás tiene sentido, pero… ¿el dolor? ¿Y eso de ensañarse con pibes que no han cometido pecado alguno? Lo otro que le reclamo, por cierto, es que no haya sido más explícito. Siempre hablándole a tipos viejos, en lo alto de la montaña… ¿Por qué no le explicaste la cosa a todos de una y nos ahorrábamos el quilombo?

Recuerdo La vida de Brian, la peli de los Monty Python, que representa el Sermón de la Montaña y muestra cómo la gente que estaba lejos de Jesús registraba mal sus palabras y lo tergiversaba todo… ¿Cómo pasaste de los gorriones reales a los pajaritos de internet?

Son otro tipo de pájaros. Más ominosos, como los de la película de Hitchcock.

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El recurso de los pájaros como metáfora es tan antiguo como la especie humana.

Aquello a que se denomina “lenguaje de los pájaros” es el lenguaje místico por antonomasia del sufismo. El Corán dice: Y Salomón fue el heredero de David y dijo: “¡Hombres! Hemos sido instruidos en el lenguaje de los pájaros y colmados de todo bien ” . Corán 27, 15… Es un lenguaje críptico, por supuesto, algo para iniciados.

Uno idealiza la coraza orgánica, le atribuye la ingenuidad de lo natural.

¡Pero, tal como vi desde mi ventana, los pajaritos están metidos en la misma

menesunda que uno! Todos los libros sagrados hablan de una pérdida de la inocencia a causa de una infracción cometida por nosotros, por los hombres.

Yo no hablo el lenguaje de los pájaros, está claro. Lo más parecido que encuentro a un saber real está en el zen y también en la poesía, que no te prometen nada. Dicen cosas con una gran economía, que a la vez significan mucho. El zen arranca anunciándote que no te va a dar nada. La psicodelia misma te promete apenas una pequeña muerte. Por eso ocasionalmente apelábamos al Libro Tibetano de los Muertos en aquellos tiempos: para hacer una experiencia en ácido en serio.

Lo llamativo es que nunca tuviste gran relación con internet. Ni Facebook, ni Twitter…

Pero estoy al tanto de lo que generan. Me meto. Picoteo. ¡Fisgoneo!

5.

Ponés el disco y lo primero que se oye es un viento que, al aproximarse, se torna amenazante. Después suenan un órgano majestuoso, un coro bestial… y ahí toma forma A los pájaros que cantan sobre las selvas de

internet.

Este asunto de que cada vez haya más gente que te vigila es una cagada. No sé cómo alguien puede creer que eso está bien. Y encima lo que está de moda no es la benevolencia, sino el odio… En estos días tolero una cosa inédita: están revisando mis impuestos de décadas enteras, llegando a la época de Menem. Cuando técnicamente todo eso prescribió. A los diez años, o incluso menos, se pueden tirar todos los papeles y ya no debería haber reclamo posible. Y cuando les presentamos 531

la última declaración —como todos los años—, nos pidieron que la hiciéramos otra vez. El objetivo es claro: me quieren hacer quedar mal delante de la gente.

Me llegó hace tiempo que los de Canal 13 me tenían odio por lo que hice cuando transmitieron los primeros minutos de un concierto: cuando, en vez

de marcar uno-dos-tres, como es la tradición, se me ocurrió decir 6-7-8.

Qué potencia infernal / me obligan a enfrentar…

En ese momento ni lo pensé, no era consciente de que esas cámaras estaban ahí.

Pobre Bebe [Contepomi], lo deben haber cagado a pedos…

6.

Beemedobleve.

Han clausurado las puertas del cielo / Y esas cosas no se pueden ocultar…

Es un híbrido. Quedó colgando del disco anterior. Yo no compongo ópera, más bien armo un marco de ideas dentro del cual pasan a operar las canciones que selecciono. Estoy en un modo “equis” y entonces lo que elijo empieza a tener que ver, lo arrimo a ese fueguito.

Es una suerte de actualización, quería hablar de un dilema eterno sin que sonase a algo antiguo.

Hay una suerte de paisaje apocalíptico: una inundación, un dios que no pasa por ahí hace rato…

Relato ese mundo infame y después digo que, indudablemente, lo mejor se lo ha quedado Dios para él. Además, el personaje que habla se siente en las diez de últimas. El barrio de los acostados al que hace mención como su destino inminente es el cementerio. Y lo único que, según manifiesta, va a extrañar, es el botiquín.

Qué hijo de puta… (Ríe.)

El cielo tampoco se le aparece como algo apetitoso…

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Qué ancho que es, ay, el cielo de los nabos… Siempre digo que prefiero el cielo por el clima, pero que por la compañía me quedaría con el infierno.

De todos modos, aunque lamenta irse se dice contento.

Lo que trato de hacer es darle forma a esas sensaciones que uno tiene, respecto de que vamos a chocar en algún momento… Son tantos los problemas banales que nos aquejan a diario —crean tanta hojarasca para angustiar y distraer—, que nadie está preocupado por el futuro. Y eso es un gran error. Nadie está pensando en sus hijos. ¡Ni siquiera en los reductos del poder!

¿Cómo definirías la música de la canción?

Tiene algo que no te aleja del rock, que no te saca del todo, pero a la vez te permite hacer otras cosas.

7.

¿A qué atribuirías tu obsesión por el fenómeno divino, o por lo menos por la religión? Porque te definís como agnóstico, pero…

Mi viejo no era religioso ni en pedo. Mi vieja se decía creyente pero no era de ir a la Iglesia. Había ido a colegio de monjas y había visto de cerca todas las injusticias, como para entender que la Iglesia no era una institución confiable.

Entre el curita que se escapaba con la catequista y el que se afanaba el monedómetro de la San Ponciano…

Chusmeé fragmentos largos de la Biblia que me significaban algo. Como El Quijote, uno de los libros más impresionantes. Algunos capítulos son aburridos, pero hasta Dostoievski los tiene.

Más los libros que la Biblia consagra a los usos legales de la época, hoy ilegibles…

Yo no creo en los que se apropian del dolor, como si tuviesen el copyright.

Todos pagamos nuestra cuota de dolor en esta vida.

Es un libro importantísimo, la Biblia, muy rico. Pero ha quedado en unas 533

manos… Me gustan las metáforas sobre la pérdida de la inocencia, que se la adjudican a la pobre bicha y a la mujer… Ahí ya hay un mambo medio gay, o de sojuzgamiento.

Lo que siempre me pregunto es: ¿cómo llegaron de la prédica original de Jesús, que hablaba de amor y desprendimiento, a esa institución rica como Creso que bendice guerras sangrientas?

Eso de la infalibilidad papal… ¿Y lo del celibato? Llegaron a esa disposición por un trasfondo económico, para que a la muerte de los religiosos sus propiedades no pasasen a la familia de sangre sino a la Iglesia. Por eso Lutero se vuelve loco, cuando llega al Vaticano y encuentra ese desparramo. ¡La venta de indulgencias!

¿Cómo vas a permitir que alguien compre su perdón con guita, en vez del simple

—y gratuito— arrepentimiento sincero?

Yo tengo reverencia por Pablo, porque para convencer a esos gentiles… No es que hubo una migración cristiana a Roma, Pablo y compañía convirtieron a los romanos hechos y derechos. El tipo debe haber sido un Aníbal Fernández del cristianismo.

8.

A la luz de la luna.

Habla de un viejo baboso que piensa en todas las pibas que ya no va a besar.

No a coger: a besar. Evidentemente proyecta otra cosa en esa pendeja,

porque ella termina enseñándole algo más: En esas horas se la ve tan linda

/ Que finalmente uno aprende /Los secretos de esta vida.

Las supersticiones traen mala suerte.

Se ve que ya estaba presionado… Es sugestivo, ¿no? (Ríe.) Las canciones me permiten ser más trágico que los rocanroles. Si el amor llega así, no es un bien de verdad.

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Amok! Amok!

Roza el tema de los predicadores, ese engaño que la gente acepta muchas veces a sabiendas. Claro, a diferencia de los católicos los evangelistas, invierten, le ponen guita encima al espectáculo: El show de la linda fe sonriente. Pero ese tipo los está cagando siempre. Que te ayude a vivir uno de esos santones de la autoayuda, todos impresentables… ¡Prefiero pegarme un tiro!

En esos telejuegos no puede haber ningún tipo de sanación, de santidad.

Más bien todo lo contrario. Quien cree en algo así tiene una necesidad tan grande, un dolor tan descomunal, que nadie estaría en condiciones de comérselo.

Vos te reís desde tu pantalla personal… Muchos católicos son puritanos pero se cogen a las secretarias. Andá a saber qué estaba mirando en esa pantalla personal: la guerra, una mina en pelotas cogiendo con un negro…

Todo lo que está prohibido se les convierte en entretenimiento.

Salió del amigo loco, el escritor Antonin Artaud. Creo que Borges también dijo algo sobre la cuestión. Amok es como un grito de locura, provocado por la larga exposición a una situación crítica. Según la mitología de los indios algonquinos de Canadá, existían criaturas como el Wendigo, dadas al canibalismo; una derivación, imagino, de las historias de gente perdida en la nieve y los bosques interminables que se vio compelida a comer cualquier cosa para sobrevivir. Otras historias que circulan por esos lares hablan de

tipos que, después de trabajar demasiado en esos bosques sin fin, se meten en la espesura por propia voluntad y no se los encuentra nunca más.

El grito “amok” es oriundo de las islas de Java, o algo así. Los tipos entran en una especie de fervor asesino y empiezan a matar sin parar.

Al final dice: Los gusanos siguen siendo fieles… Es que alguien tiene que ser fiel, a fin de cuentas. Mirá dónde tuve que ir a buscar la fidelidad…

9.

Chau Mohicano.

Es el relato de un momento. Algo autorreferencial. Seguís igual que siempre y te querés convencer de que no te importa más nada, y sin embargo…

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Estoy curado, ya sané. / Me oigo chillar / Y tengo sueños de ratón y de terraza de hospital… En El delito americano también hay unos sonados que van a hacer algo al techo del hospital. Los pajaritos de verdad están muertos en el techo de mi casa, y los que pasan son los pajaritos de internet… ¡Yo tendría que escribir para largometrajes de animación!

Me lo imagino: Walt Solari Studios presenta…

Habla de un tipo que está como retirado y ve que el enemigo trae un arma nueva, que no está en condiciones de contrarrestar. El último de una tribu, o de una manera de pensar que perdió la fuerza revolucionaria que tenía hace muchos años.

Después viene Arca monster.

Retoma el paisaje de la devastación inicial, pero esta vez para referirse a los privilegios de cierta gente. Aquellos que tienen la chapa necesaria para ganarse un asientito en el arca: Otorgaba poder tener lugar. Así como en el

pasado bíblico, los que hoy forman parte del círculo negro —digo, porque por arriba del círculo rojo debe haber otro más pulenta— se reservan la tecnología espacial para ellos y los suyos. Se rajarán con sus familias a Alfa Centauri, algo que no será para vos ni para mí. Es la protección que se garantizan los presidentes: se meten en un búnker en Arizona… ¡y todos los demás cagamos la fruna!

Me gustan esos versos que dicen: El futuro no es un reino de poder /

para los

hijos del éxito.

¡Y después dicen que yo no hago política!

10.

A menudo los poderosos del mundo, que han tenido acceso al mal de verdad y en consecuencia gastan morbos muy refinados, terminan en la guillotina. La Bastilla es posible en cualquier momento en países de América Latina. Los que ganaron creen que son los dueños, pero el campo de batalla está dividido de modo muy 536

parejo. Lo que los demás hemos perdido, a cuenta del proceso, es el poder

de decisión propia. Ese es el tema del que habla Desmond Morris.38 Una

vez que la especie deja atrás la tribu para integrarse a la supertribu, quedamos presos de las instituciones y de los símbolos. A juzgar por los resultados, morder la manzana terminó siendo un mal negocio.

Cada pequeña muerte.

Tiene que ver con la pareja, con un sentimiento cercano. Ahí traté de generar una minitelenovela donde dos personajes, mediante su comportamiento, confirman que se está viviendo de esa manera. Digo cosas abstractas que pintan un clima, después se va cerrando hasta que alguien te vuelve a traer a la locura de la vida real en comparación con la vida imaginaria. Parece ser que la culpa de todo la tiene esa luz, que ella ya no tiene. Aunque por ahí sos vos que ya no la está viendo…

De chico era bastante tempestuoso, yo… Te conté de aquella primera reunión con los siloístas, donde divisé a la rubiecita chilena que era tan linda como combativa y me dije: Acá tengo que poner un huevo… Y por eso pregunté en voz alta: ¿ Cómo, acá no vinimos a aprender a armar bombas?

Siempre me acuerdo de esa frase de Oliverio Girondo, que me parece genial: Si unas nalgas te sonríen, no se lo cuentes ni a los gatos.

11.

Babas del diablo.

En la primera canción que le dediqué — Pool, averna y papusa— estaba medio ruin, el Zumba. De movida; eso de arrancar con la camioneta y quedar al borde del precipicio… Pero esta vez es distinto. Argumentalmente me imaginé al Zumba en el hotel de Ostende, solo, encanutado. En ese momento había papusa, estaba todo el mundo medio paranoico. Por eso dice: ¿No hay ninguno de los nuestros? Es una forma de expresar: Me han dejado acá y estoy rodeado de monstruos que hablan de cosas que me molestan… Con las drogas que vienen de montoncito, no hay garantía de su pureza ni nada. Los soldados que llegaban a Vietnam estaban acostumbrados a droga rebajada, y cuando ligaban droga pura…

¡terminaban 537

siendo boleta!

Acá uso las babas del diablo como las excusas decorosas que articulan los locos para justificarse. Esos que saben más de Napoleón que el mismo Napoleón. Son conscientes de que están atrapados en algo, pero no lo ven; saben que de todos modos está ahí y es molesto. Se dan cuenta de que están hasta las manos. Pero claro, siempre hay algún mierda que quiere envolverlos todavía más. Como digo en Amnesia, una canción de El tesoro de los inocentes: son gente que no actúa por amor ni por esplendor. Sólo por interés, por un negocio.

Si hay algo que provoca la droga es la autojustificación permanente.

Recuerdo esas casas de salud, al mejor estilo Semasendhi, donde ponían a los hijos para sacarlos de las intoxicaciones y los dejaban tarados… Salían adictos a otras falopas más fuertes. Había un pibe que era un pintor maravilloso, recuerdo uno de sus cuadros perfectamente: la penumbra nocturna sobre una plaza y en medio una luz que alumbraba un coche negro… Estaba un poco kolino, lo internaron y cuando salió no reconocía a nadie. Ya no volvió a pintar, siquiera. Y

un día se empezó a sacar dientes con una tenaza.

¿Tenías presente a Cortázar cuando escribiste la letra? Su cuento Las

babas

del diablo inspiró la peli de Antonioni llamada Blow Up.

Sinceramente, no. Me acuerdo de Blow Up pero no del cuento.

Como otro de los temas del disco se llama como un cuento más de Cortázar,

Las puertas del cielo… ¡Justo ese año se cumplía el aniversario 40° de

Rayuela

y se hablaba de él en todas partes!

No tengo un vínculo muy importante con él. Me interesaron La autopista del sur, el personaje de La Maga en Rayuela… Pero ya Historias de cronopios y de famas no me pasó bola. Y ese otro en el que viajaba con la mujer…

Los autonautas de la cosmopista.

Tampoco me dijo nada, no…

En el fondo es bueno, el Zumba. Entrega su corazón, a pesar de que se lo rompieron. Tartamudea… ¡y después se siente obligado a explicar que tartamudea!

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12.

Había una vez.

Melancólico recuerdo de expectativas que uno tuvo en algún momento. Es un tanguito…

Para hacerla quedar, el tipo le cuenta algo lindo a la mina. Se pone nostálgico. Y

ya sobre el final del disco se hace hippie: arrancó con los pterodáctilos virtuales pero ahora llega al hippismo. Qué larga que es esa frase: Borraremos los rastros /

Las noches con más penas de bar / Sin recordar que hubo un tiempo / En que toda impaciencia / Era gracia para poder reír / Y festejar de amor.

Como el RAT TAT

TAT de una metralleta. Encadena todo, parece que va en zigzag mientras acumula elementos.

Hay que tener valor para disfrutar de las cosas superficiales. Porque también son una necesidad, aunque más no sea ocasional. Pero la autoexigencia permanente que tenemos nosotros, los que somos dueños de nuestras vidas, nuestros propios jefes… ¡Te exigís como la gran puta!

Es algo que repito a menudo, porque estoy convencido: el cerebro busca siempre distraerse…

Volvemos a Huxley…

No entiendo el dolor. El peligro sí lo entiendo, tiene que ver con el aprendizaje.

Pero el dolor…

13.

Un par de fantasmas.

Parece hecha para mí, pero estaba pensando en otro artista que se va quedando sin público. Deschavan una agachada suya por TV, lo abandona la gente, no va nadie a verlo, los periodistas lo ignoran, los fotógrafos se hacen los boludos… Entonces se 539

transforman en traficantes de alguna cosa elegante para no mezclarse con la falopa, o devienen santones que tiran los buzios y el tarot. Gente que ya había abandonado la universidad, sabiendo que su objetivo era disciplinarte antes que formarte. Y

que, pasado el tiempo, descubrieron que la aptitud que tenían ya había dejado de ser vendible… ¡y no les quedaba ninguna otra de repuesto!

Una pesadilla, la de todo famoso que depende de su fama…

A mí no me pasa, por suerte. Es verdad que estoy un poco odioso porque a esta altura aspiraba a vivir de otro modo: retirado, todo el día en pijama…

¡Pero tengo más quilombos que nunca! Como dice el refrán: no hay que dejar de beber, para no tener resaca.

14.

El telón cae con La pajarita pechiblanca.

Hacía tiempo que tenía ganas de invitar a tocar a los ex Redondos, pero no quería que pareciese una cosa demagógica. Los chicos no tuvieron nunca que ver con el quilombo. Por eso preferí esperar hasta que quedó claro que no los necesitaba, que no lo hacía para atraer gente. Después de tres discos exitosos y de meter muchísimo público en todas partes durante años, nadie podía tener la idea de que yo pensaba lucrar con eso.

La base la trajeron ellos, la melodía la modifiqué un poquito. Tiene esa cosa entre báltica y litoraleña que le sale tan bien a Sergio. La letra gira en torno

de alguna a la que traicioné cuando era muy virtuosa… ¡pero yo no!

15.

Presentaron el disco en Gualeguaychú y después en Mendoza.

Me acuerdo de Gualeguaychú porque cayó un tormentón. La producción tiró colchones de gomaespuma y arroz para que el show siguiese adelante:

¡había una 540

ciénaga en el medio del campo! De última arrojaron bolsas de arroz: una paella con cuero, de tamaño gigante… Pero viste cómo es esto: si se hubiese tratado de una rave nadie habría dicho nada, porque el público es gente bien… Ahí hay muertos electrocutados y todo el mundo cierra el pico, pero donde hay gente humilde divirtiéndose…

En un momento miro desde el escenario, veo gente charlando alrededor de un charco. Y aparece un gordito que observa en derredor, como diciendo: Todos estos están locos. ¿Cómo puede ser que se lo estén perdiendo? Tomó carrera, se tiró de panza… ¡y patinó encima del barro como el mejor!

Durante el show de Mendoza cayó una helada.

Siempre ocurre algo, algún imprevisto. Por ejemplo, ese viento al que llaman El Chorrillo: con tierra roja y algún bichinho que viene a cuestas, abrís la boca y se te llena de tierra, o de hielo… ¡o de bichos!

Los guitarristas tenían los dedos blancos y yo la lengua azul. Qué manera de desafinar… ¿Viste esa foto que parece que estoy con un bonete? El cantante es quien más sufre esas cosas. Durante el proceso previo uno está penando, rezando para que todos estén sanos y no se rompan ningún dedo.

Arriba la guinda es uno: si el show sale mal, la culpa es del Indio. Me ha pasado quebrarme los meniscos una semana antes de un show, jugando a la pelota acá con mis sobrinos. Pensá que, si yo suspendo una fecha, además de la organización se joden los vendedores ambulantes, los campings…

16.

Yo siempre me enamoro del último disco un tiempo después. Primero atravieso una temporada de duelo, durante algunos meses no lo escucho. Lo único que percibo son los errores, lo que no me termina de gustar. Pero con el tiempo me voy acercando más a la satisfacción.

El primero tiene demasiada dinámica, lo volvería a mezclar. Recordemos que Luzbola es un estudio chiquito, casero, al que le sacamos el jugo pero no tiene ni consola: trabajamos todo en pantalla. ¡Los volví locos, a Edu durante toda la grabación y a Breuer durante el mastering!

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Pero con el cuarto, o sea con Pajaritos…, quedé conforme. Son canciones más complejas que las que el oído común suele oír. Tienen muchos elementos, que les dan densidad dramática.

17.

¿Cómo concebiste la tapa?

Ya venía con la idea de los pájaros. Usé una foto que había sacado Virginia en el sur, a orillas de un lago de La Angostura. Había un embarcadero viejo, un muelle.

Mi hijo Bruno estaba en lo que a todas luces parecía un estado de inocencia, mirando esa maravilla por primera vez… Le puse un par de alas y me encantó.

Pero necesitaba despojar la imagen de esos colores tan vívidos del sur.

Había que agrisarla, que darle un toque más inquietante.

Adentro hay muchos fotomontajes de varias capas. Este tipo con cabeza de lechuza soy yo… Este otro está armado para parecer un pajarito del futuro… El desplegable muestra a la familia: Virginia, yo, Bruno disfrazado de Neroncito…

Este con cabeza de papagayo y vaso en la mano es Pablito Sbaraglia.

Después viene la pared de un museo de Nueva York, dedicado a las sociedades, a lo etnográfico… Este es una estatua viviente de Venice Beach, un negro con sombrero de cowboy. Le sigue la virgencita del vitraux que tengo acá en el parque, sólo que la trasformé en una reina mala. También está este arquero, no recuerdo si era Fillol… Este también soy yo, sólo que con un tocado de plumas en la cara y los ojos del afiche de El secreto de sus ojos.

Volviste a incluir un par de frases como epígrafe.

La primera fue la del Corán, que ya revisitamos. Y la otra es la del poeta platense Roberto Themis Speroni, a la que le hice una suerte de edición usando puntos suspensivos: No del cuchillo nace el miedo / ni del temblor los pájaros del frío…

Eso es lo cierto, eso es lo cierto. / Lo demás es del vino y de la danza.

18.

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Recuerdo que me llamaron de la Rolling Stone local, para hacer la crítica del disco. Fue todo un operativo: me mandaron el disco, lo escuché para escribir… ¡y después lo retiraron de mi casa!

Poco después de la salida la revista, me mandaste un mensaje de agradecimiento a través del mail de Julio. Siempre fuiste de agradecer los artículos que te gustaban, algo que no es muy habitual entre los artistas de este lugar. Conservo este texto, por ejemplo, que debe haber sucedido a algún texto mío de la revista La Mano o de la misma

Rolling: Quiero hacerte llegar mi agradecimiento por tus recuerdos cálidos y gentiles.

Tu memoria amable me hace recordar con felicidad los encuentros donde primaban la genuina curiosidad del entrevistador inteligente y las

respuestas de unos músicos, casi forajidos entonces, que con el tiempo se hicieron clásicos.

Dicen que Picasso, y quizás sea cierto, le dijo una noche a Gertrude Stein:

“No importa quién es el que tiene o ejerce influencia sobre mí, mientras no sea yo mismo”.

Gracias una vez más por la mirada cómplice que nos acercaste.

Aquel abrazo,

Indio

19.

Para ese entonces ya hacía casi quince años que no nos veíamos ni hablábamos, a excepción de esos ocasionales mails. Se me ocurrió entonces que mi carrera de escritor había arrancado cuando ya no teníamos contacto (a excepción de mi primera novela, que es del 92, empecé a publicar ficción regularmente a partir de 2002), y que me hacía ilusión hacerte llegar alguno de mis libros. Le pregunté a Julio si no le parecía mal y terminé dejándole un paquete en algún lado.

Al poco tiempo —nunca me lo voy a olvidar: fue la mañana del domingo 4 de diciembre de 2014— me llegó otro mail de Julio que decía: Quiero que sepas

que sería del agrado de Indio que vos seas la persona que ayude en su

momento

a escribir sus memorias… Es un tema para más adelante pero, de

realizarse,

543

serías vos, de estar a fin, el elegido.

¿Cómo surgió la idea del libro de (des)memorias?

Nunca lo había pensado en serio. Lo habré dicho en joda en algún momento, cuando consideraba la idea de retirarme. Creo que fue así, de golpe. Y una vez que dijiste rosa, te imaginaste la rosa. Como le dije a Pergolini durante la entrevista en Tandil: así como las enfermedades, otras cosas también se van encadenando…

Era una forma de ofrecer finalmente mi propia visión de lo ocurrido. Todos los involucrados con la historia, hasta los más remotos o vinculados del modo más tenue, habían contado ya su versión de los hechos. Los mismos Skay y Poli no lo habrán hecho en primera persona pero difundieron su interpretación vía allegados, en casi todos los libros que han salido.

Las memorias nunca enaltecen de verdad al personaje central, porque por definición se trata de una mirada parcial. A veces me parece que lo mejor sería irse de acá sin levantar polvareda. Uno no debería competir nunca con el personaje, al menos mientras el personaje está vivo.

¿Nunca se te ocurrió escribirlo solo?

Yo ya no puedo abarcar más de lo que abarco.

¿Por qué no elegiste como socio en la escritura a alguien que fuese más cercano?

Para eso la hubiese escrito yo… No me gustaba la idea de plantearla en primera persona, porque de ese modo estaría hablando siempre desde el personaje. Mi mirada no supone la verdad absoluta. Es apenas otra versión más, por supuesto más cercana a mi forma de experimentarla.

Uno está acostumbrado a leer biografías llenas de eventos. Es verdad que algunos son inventados, como ocurre en la de Marco Polo que habla de animales imaginarios. Otros describen guerras, crímenes masivos, la experiencia vivida en el interior de un grupo subversivo o enfrentado con él… Pero este libro es una especie de miscelánea. Porque a la mayoría de los artistas los violó el tío o pasaron hambre en algún momento, mientras que lo mío fue muy fácil. Si algo me hacía 544

daño o no me gustaba, estaba mal. Si me hacía reír y me llenaba la panza, estaba bien. Por ahí pasaba el principio ordenador. Si uno cree que está haciendo lo mejor que puede… En ese sentido, siempre me he creído a mí mismo.

Podríamos terminar el libro diciendo Hasta aquí llegué. La salida debería coincidir con mi muerte, porque de otro modo a mis últimas palabras las contradeciría con otras últimas palabras…

Y yo te diría: ¡Callate, Indio, que el libro ya está en imprenta!

Ken Kesey dijo que Neal Cassady había dedicado sus últimas palabras a la cantidad de tirantes de madera que contó en las vías de un tren: 64.928, para ser precisos. Mis últimas palabras, en cambio, serán para la enfermera: ¡No, supositorios no!

20.

A mediados de 2015 trascendieron unas declaraciones de Skay al diario de Cuyo, donde decía lo siguiente respecto del rumor sobre tu enfermedad: El

Indio es un gran fabulador. No sé si lo que dijo sea falso o verdadero,

pero de

todas maneras, ojalá sea algo pasajero y nada grave de ser cierto.

Respecto de tu explicación sobre el final de Los Redondos motivado por la discusión en torno al registro fílmico de Racing, dijo también: Esa

historia es

absolutamente falsa y no es así. Fue un argumento mediático que el

amigo largó

para sacarse de encima el bardo. Lo demás es pura pavada.

Esto dio pie a una contestación tuya, en julio de 2015:

Aclaración.

Las mentiras no se cuidan entre ellas. El mentiroso es el encargado de esa faena. Pero a veces la memoria cancerbera falla y las mentiras se escapan.

Esta vez olvidaron, entre otras cosas, que “la señora” aseguró en una entrevista que todo el material estaba protegido en una caja de seguridad de “un banco” (debe ser muy espaciosa, pues el crudo estaba, en su mayoría, en soporte VHS). Ahora sólo existen, según “el señor”, en mis mentiras y en mi imaginación.

El resto de lo dicho (sus dudas ante un fabulador que se inventa una enfermedad 545

importante) se describe, con simpleza, como una canallada.

Indio

Me extrañó de Skay. Me pregunté: ¿Habrá dicho eso? Sabiendo cuánta gente me quiere … ¿Qué beneficio me reportaría fabular que tengo una enfermedad de mierda?

Con el tiempo he llegado a no conocerlo. Para mí es un jodido conmigo pero es un gran guitarrista, el mejor de acá. Mucha gente cree que la disolución de la sociedad fue por dinero, pero ni él ni yo lo necesitábamos.

La familia de Skay tiene mucha guita y a mí me iba muy bien. El tema fue la custodia artística. Nos dedicábamos a cosas diferentes. Yo hacía las canciones: en la banda incipiente que terminó por ser Los Redondos no había canciones hasta que llegué yo. Los últimos tres discos se hicieron casi totalmente sobre canciones mías.

Una canción no cambia el mundo, te dicen. Pero cambia mi forma de ver el mundo —o sea que lo cambia efectivamente. El rol del artista es ampliar el campo de la imaginación. Por eso hablo de infectar la cultura. En los 70 los de las armas se reían un poco de nosotros y pasábamos por cínicos…

21.

Poco después se estrenó Indio, La película, aquel registro de la presentación de

Porco Rex en La Plata que hicieron con doce cámaras y helicóptero para tomas aéreas.

Uno de esos trabajos que llevan tanto tiempo que se tornan carísimos…

Además de lo que se invirtió para filmar, mezclamos la banda de sonido en Londres. ¡En los estudios Abbey Road! Una propuesta de Julio, que es muy de soñar con esas cosas.

Yo soy muy exigente, creía que esas noches no habíamos tocado bien. Y por eso quedó arrumbada la grabación, sin revisar. La distribuidora también quería meterse, todo el mundo presionaba para ser parte del paquete. Así pasó el tiempo, vinieron un día a mover los discos para que no se arruinasen, revisamos el material y comprobé que mi impresión inicial había sido errónea: había sido un lindo show, sonaba bien… Y se me ocurrió mezclar los dos días en la banda sonora.

Yo conocía Abbey Road, había ido en otro momento. Habíamos hecho una visita 546

de más de dos horas, organizada por la distribuidora. Julio se meaba a chorritos…

Con Martín Carrizo hicimos la mezcla acá y se la llevaron para potenciarla.

Fueron Martín, como representante de mi mirada, y también fue Julio.

Hicieron un buen trabajo.

Yo no sé si hay otra película así en el rock nacional. La performance de la banda es muy buena, realmente. Estoy contento, la sacamos en un envase de cierta elegancia —una caja con la peli, los CD con la banda sonora y un librito— para que la gente la disfrute y la conserve.

Yo fui a verla al Luna Park, donde se generó una cosa peculiarísima: la gente se conducía ante las pantallas como si estuviese en el concierto de verdad. Te gritaban cosas, aplaudían los solos…

Me contaron, sí. Bailaban y de repente se quedaban mirando detalles que no habían podido ver nunca, la ventaja de los planos cortos. Mostraban carteles como si yo pudiese verlos desde la pantalla…

La peli permite ver la gestualidad en detalle. Al cantar Cuanto más alto trepa el monito, queda claro que el monito soy yo. Lo mismo cuando digo: Los ojos ciegos bien abiertos.

La peli muestra el nivel de disfrute tuyo y de los músicos en el escenario.

Yo también lo descubrí así, porque durante el show no podés pescarlo. Se miran entre ellos, se cagan de risa, cantan las canciones aun cuando no están haciendo coros.

Estoy muy conforme con la película. En realidad no la vi nunca bien. El día que la pasaron en Vorterix para nosotros, ¡me olvidé los anteojos!

22.

En marzo de 2016 tocaron con Los Fundamentalistas en Tandil. Fue un concierto precioso y multitudinario, durante el cual se rodó el documental

Tsunami. ¿Cómo surgió esa idea?

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La gente de Pergolini ya había hecho el documental Piedra que late, que estuvo muy bueno. Un día vino Julio y me dijo que Pergolini lo había llamado para decirle que Vorterix andaba con problemas, y por eso le había pedido un favor. Ese favor era la posibilidad de hacer el backstage de Tandil y filmar una entrevista.

Prometían tratar el material con delicadeza, decían que me iban a cuidar. Y

entonces —contra todo lo hecho en mi vida, que nunca había dejado pasar la cámara del otro lado— les dije que sí. Estaba claro que mi música no era lo que a Pergolini más le gustaba, pero siempre me había tratado con nobleza. Hasta ese momento no me había echado los perros.

Y en efecto, quedó bueno el documental.

La entrevista se hizo en el hotel, la tarde previa al show.

En un salón a un costado del bar. ¡Donde debe ser!

Hubo un momento en que me emocioné y después les pedí que lo borrasen.

No lo pusieron en el documental, pero andá a saber quién lo tiene y cuándo aparecerá… En ese momento estaba con ganas de decir cosas. Hablé por primera vez de la enfermedad, pocas horas antes de contárselo a la gente desde el escenario.

Por eso les pedí que no usaran ese tramo del audio antes de esa noche. ¡Si no, el aviso no iba a tener gracia!

Quería decírselo yo a la gente, cara a cara. Y decidí hacerlo un rato antes del show. No tenía otro lado mejor que el escenario desde el cual hablarle a todos los que resuenan conmigo. A esa altura venía notando hace rato que mis capacidades estaban decayendo. Siempre me gustó hacer piruetas sobre el escenario —esos giros—, pero ya no podía hacer más que caminar con el micro en la mano… ¡Estoy hecho un Frank Sinatra! Me había dado cuenta de que me la pasaba caminando entre los músicos, y medio curcuncho…

¿Será la edad? , me pregunté. Y no: ¡era el señor P!

Un día fui al Fleni a hacer una consulta previa a potenciales estudios. Me hicieron realizar pruebas físicas, nada de escáneres: al Parkinson se lo diagnostica sin necesidad de tecnología. Pensé que en ese lugar eran discretos, porque ahí se hacía tratar gente conocida. Pero no, más bien todo lo contrario. Al otro día un periodista lo llamó a Julio para decirle que sabía de la visita al Fleni y si era verdad que tenía Parkinson.

Todo empezó con signos que me preocupaban en el margen de pequeñas tareas 548

cotidianas, como cortarme las uñas, abotonarme la camisa… Le pregunté al médico que suele acompañarme durante el proceso de un show y me dijo que no le parecía que fuese Parkinson. Los parkinsonianos típicos empiezan a hacer ese movimiento con las manos con el que parecen estar contando monedas invisibles, y yo no lo tenía. Pero mi variante de la enfermedad no pasa tanto por los temblores como por el agarrotamiento. Te vas poniendo duro de abajo —empezando por los pies— para arriba.

Si escuchás ese momento del anuncio en Tandil, parece que estoy acongojado.

Pero no, tenía la gola jodida nomás… También se escucha a un loco que grita, al fondo: ¡No le des bola! E inmediatamente después, un uhhh generalizado.

23.

El 12 de septiembre de 2016, Julio Sáez recibió el siguiente mail: Hola Julio, ¿cómo estás?

Con motivo a los 30 años de la salida de Oktubre que se cumplirán en los próximos días, en Rolling Stone estamos preparando una nota especial sobre lo que fue la realización del disco. La idea del texto que saldrá en la edición de octubre y estamos cerrando es hacer un retrato de la época con las voces de los protagonistas. Hemos leído en varias notas que el sonido de ese disco no es del agrado de Indio, tenemos algunos testimonios de archivo, pero nos gustaría tener una mirada, comentario o parecer más actual sobre un álbum que con el tiempo se ha convertido en un clásico del rock argentino. ¿Habrá posibilidad de que Indio nos escriba aunque sea una simple línea sobre lo que significa Oktubre para él o cualquiera mención que quisiera realizar?

En respuesta a ese mail, El Monje Libertino les envió la siguiente nota: Todavía cargaba con algunos periodistas amigos cuando, como expertos,

sugirieron a sus patrones que sus salarios no se correspondían con sus conocimientos. Más rápido que ligero casi todos ellos fueron reemplazados por jovencitos ambiciosos e ignorantes que cobraban en prestigio y migajas de poder que usaban para tener bajo su pulgar a los artistas mediocres.

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¡Pero llegó la Caballería a poner las cosas en su lugar! Arribó la legendaria Rolling Stone y tipos como Rosso y Kleiman continuaron escribiendo desde la ROCK CULTURA mientras, así también, nos informaban que la tía del baterista de la banda secundaria de Robbie Robertson se llamaba Cindy.

En cuanto a mi relación… no comenzó con buen pie. Me llegó el momento TAPA y en el mismo, una discusión a ventanilla cerrada sobre la foto que ilustraría el portal de entrada. El staff casi unánime defendió la estética tradicional de la revista en el mundo. Por mi parte, ni en pedo iba a posar desnudo sobre una colcha color obispo o disfrazado de Bolívar.

Gracias a la buena voluntad de la redacción y a mi sangre vaska prosperó mi postura y vi multiplicada en las bancas de revistas la peor tapa en la historia de la Rolling Stone . Mi cara desdibujada por la ampliación de una foto nada profesional y gritando como un energúmeno.

Bueno… Pero aquí estamos todos todavía y hasta hace poco contaba yo con el récord de tapas. No sé si todavía eso es así. De cualquier manera, creo, todavía merezco alguna más.

Aquel abrazo.

En nombre del Indio,

El Monje Libertino

Colgándose del comentario del cierre (“Todavía merezco alguna más”, valoración que nadie en su sano juicio discutiría), el por entonces responsable de la Rolling Stone aprovechó para ofrecer la nota de tapa

del anuario. Que vos concediste a regañadientes, como se desprende del siguiente intercambio de mails con Sáez.

Julio Sáez: Dear Charles, ¿qué día te parece que haga venir a la gente de RS ?

¿El viernes por la mañana? Sólo dos personas.

Indio: OK. Pero supeditado todo a mi estado de ánimo. Las pastenacas me ponen en situaciones incómodas. Me emociono, me enojo desaforadamente, tengo bastantes momentos de hiperkinesia, etc., etc., etc. A partir de ahora, quien llame debe estar dispuesto a hacer la entrevista por internet. Me envía las preguntas y yo respondo por misma vía. Si no, paz y amor. Pero el beso será siempre futuro.

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Finalmente los periodistas acudieron a tu casa e hicieron la entrevista.

Que estaba bien, pero eligieron titular en tapa de forma aviesa.

Eligieron una foto más bien inexpresiva, donde estás mirando a la lontananza, y le chantaron una frase que se prestaba a los equívocos:

Cuando yo muero, mueren todos

ustedes.

Parecía un tipo soberbio, al que no le importaba el destino de nadie. Como si creyese que al morir yo todo desaparece. Y no desaparece nada, ni muere nadie más que yo. Lo que estaba diciendo era más bien lo contrario: que cuando yo muera, lamentablemente morirá conmigo todo registro que tengo del mundo, de mis afectos, de todos ustedes. Como te decía hace un tiempo: Carlitos no va a estar más, ya no existirá el soporte que procesaba su experiencia vital de una determinada manera. ¡Pero el mundo seguirá andando!

Esta gente no me ponía en tapa porque amase mi música. Lo hacía porque era consciente de que, a diferencia de ellos, gran parte de sus lectores sí ama lo que hago.

Yo salí a protestar entonces, porque me pareció una jugada de mala fe.

Y los muy idiotas, en vez de pedir disculpas —porque, si no fue mala fe, fue mala praxis— se defendieron diciendo que la nota la habías pedido vos, como ya demostré que no ocurrió.

Todo este “yo dije / él dijo” se pone en el contexto adecuado cuando uno se formula las siguientes preguntas: ¿a quién le convenía más que aparecieses en tapa: a vos o a la Rolling Stone? ¿Qué descubriríamos si viésemos la secuencia histórica de lo que vende la RS cuando aparecés en tapa, comparada con el resto de sus ediciones?

Hay gente que no duda en clavarte el cuchillo en la espalda después de que la ayudaste.

A veces me pregunto: ¿por qué me siento obligado a seguir respondiendo pelotudeces? ¿Por respeto mal entendido? Salvo honrosas excepciones, muchas veces escucho lo que me preguntan y siento que me están cargando, o que andan a la pesca de una frase a la cual cambiarle la pregunta a posteriori para que parezca que respondiste una pelotudez. Se homogeneíza todo en función de una palabra, de 551

una frase suelta. Es que el peso de los mass media sigue siendo tremendo.

Si no fuese así, no habríamos llegado nunca a esta crisis que estamos atravesando. ¡La gente que consume esos medios cree que esos disparates que dicen y publican son verdades!

El maoísmo digital es espantoso. Esa cosa de que te juzgue y condene la multitud a partir de lo que dicen las redes o los medios… Acá, la noción del juicio por jurados como en los Estados Unidos me da pánico. Hay mucha gente que siente placer cebándose con el que está caído, como hienas o pirañas.

El único valor que yo le encuentro a un reportaje pasa por el hecho de que uno logre proyectar una impresión más o menos fidedigna de lo que uno es.

Uno debe estar interesado en su gracia y desarrollar su punto de vista. Si no, es apenas promoción. Que no está mal, si se la necesita. La mayor parte de

las veces, lo que se ha escrito o publicado respecto de lo que yo hacía y de lo que era estaba desfasado de la verdad.

Muchos críticos han hablado bien por esnobismo. Yo no termino de entenderlo: con lo que cuesta mentir… El cerebro está preparado para decir la verdad, mentir es un esfuerzo extra, algo agobiante. Tenés que recordar qué le dije a este, qué le dije al otro, y siempre se termina metiendo la gamba. ¡Tarde o temprano, la mentira sale a la luz! Pero la gente no hace esas cosas, no miente ni se miente respecto de uno: si te va a ver y no le gustás, no vuelve nunca más.

Los elogios se van como el agua, se escurren de tus manos. En cambio el juicio que uno hace de sí mismo, transcurrido el tiempo, es algo a lo que no le escapás, porque no podés vivir macaneándote. Por eso, los únicos juicios que me tomo en serio son los que provienen de aquellos de cuya amplitud de espíritu soy testigo.

Lo único que agradezco a la fama, cuando la que llevás a cuestas es fasta y te ayuda a vivir, es que te da el permiso de vestirte como se te canta el forro de las pelotas y de decir cualquier cosa mientras seas sincero.

Pero no todo el mundo festeja tu imaginación. Más bien te lo hacen creer mientras lo tuyo va bien, pero en el fondo les rompe las pelotas. Tienen miedo de cambiar algo que funciona por algo que no saben si funcionará.

Es gente que envidia toda independencia, la posibilidad de decidir dentro del marco de lo posible y ser exitoso. Aun en gente que te idolatra, uno percibe cierta envidia o rencor, por las cosas que justamente son las que menos te interesan. Están en este tren por las minitas, no por las canciones nuevas. Y ahí se trata de soportar la presión. El problema es que la gente que te rodea sufre mucho por las pavadas que 552

se dicen.

No deja de ser paradójico: ¡un tipo que estuvo siempre escondiéndose se transformó en uno que genera más centimil que los que se ofrecen a los abusos públicos para aparecer cinco minutos más!