Recuerdos que mienten un poco

Indio Solari · Capítulo 17 de 28

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Recuerdos que mienten un poco

Capítulo Diecisiete. El demonio análogo

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Uno apela a su experiencia emotiva. No olvides que estos muchachos —

Lennon y McCartney, al menos— habían perdido a sus madres de chiquitos.

El problema de muchos artistas pasa por ahí. Si invertiste casi todo tu tiempo en la academia, ¿de qué vas a hablar? Yo escribo desde un temperamento formado por el hecho de haber corrido riesgos.

La pretendida vanguardia de aquella época era una joda: mucho pre-posmodernismo, actitud let it be, bailemos que se hunde el barco… Pero los contraculturales teníamos un pensamiento político. Claro, quedaban pocos maestros para enseñar esto. Mis maestros fueron los libros: Dos Passos, Mailer, Capote… No había maestros vivos en mis días de formación, yo encontré los míos entre gente que ya no existía o estaba lejos.

Por eso prefería ir a vaguear, perseguir tetas en el cine y encontrarme con Pasaron las grullas. A los 20 años, si jugás al cordero te van a faenar.

20. Homero Alsina Thevenet (1922-2005) fue un periodista y crítico de cine

uruguayo, que trabajó en medios de Buenos Aires ( Primera Plana, La Razón, Página/12). Considerado un maestro de la crítica, escribió además una recordada Enciclopedia de datos inútiles. Junto a Emir Rodríguez Monegal, fue el primero en publicar un libro sobre Bergman fuera de Suecia.

21. El original se publicó en 1984. En español se editó en 1989.

22. Se refiere a la FM La Patriada, donde el Indio participa con varios alias

en el programa Big Bang mientras que Andrés conduce su propio espacio, La hora de los brujos.

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Capítulo Diecisiete

El demonio análogo

Bang, estás liquidado — The Grateful Living — El fenantreno ya fue —

Huracanes

— Pan con Mantiqueira — Caer en la tentación — Los nenes de oro —

Restaurando juguetes — El globo de Helios — Una conferencia de prensa para la Historia

1.

En abril del 94 se mató Kurt Cobain, en pleno auge del fenómeno Nirvana.

¿Era algo que seguías, estabas atento?

Hasta entonces no. El tipo de mi edad ya había vivido esa cultura dos o tres veces.

Y Nirvana me parecía más de lo mismo, aunque mejor presentado: las guitarras sonaban más in the face. Pero el espíritu de la cosa era el mismo.

Después me gustó, aunque no todo. Los temas más difundidos eran los mejores. Me causó gracia una foto de Cobain donde tenía puesta una remera de The Shaggs, la banda femenina cuya foto tengo pegada en la puerta del estudio: esas minitas pelirrojas, vestidas de verde cotorra… Debemos ser los únicos tres a los que nos gustaban las Shaggs, junto con Frank Zappa.23

¡Que dijo que tocaban mejor que los Beatles!

2.

A esa altura, la relación entre ustedes y sus seguidores había cobrado vida propia. Algo inédito en la historia del rock: se parecía a una relación amorosa, donde la gente les bancaba todo pero a la vez planteaba sus condiciones.

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Sabíamos que nos querían. No había otra forma de interpretarlo, por algo tantos tipos iban a verte hasta la concha de la lora. Eso te impulsaba a continuar, porque si la gente no te presta atención…

Creo que nos manejamos con cierta cintura. No te queda otra que estudiar la encrucijada que plantea cada momento, cada disco de tu vida. Uno se pregunta: Si cambio, si hablo de cualquier otra cosa, ¿les va a seguir interesando? Y cuando ves que sí, terminás por entender que hay gente que confía en uno como artista: hay que aceptarlo.

Al mismo tiempo estaba claro que nunca habíamos jugado al avioncito con la gente, como se hace con los bebés cuando se les da papilla. Más allá del poder del rock and roll, lo que presentábamos desde la lírica y el discurso público fue siempre un enigma. Atractivo, obviamente, porque si no lo es, está condenado a no funcionar. Pero más parecido a un mandala, o a los pronunciamientos del oráculo de Delfos, que a una letra que dice nena, rock o tirá para arriba y no sé qué cosa de los huevos. Nunca ofrecíamos nada masticado en exceso. En consecuencia, el mérito no es sólo nuestro, sino también de la gente que estaba abierta a resonar con lo que hacíamos.

Lo primero fue siempre recorrer el camino hacia esa frase ingeniosa que va a engancharte y a enganchar al que escucha. Algo que funciona como detonador, y que usualmente termina siendo el título; una frase que prácticamente te obliga a cantarla a voz en cuello. Eso no se logra si apelás a ese surrealismo nonsense al que Dylan recurre tantas veces.

Cuando empieza a apilar palabras e imágenes sin relación aparente, como quien tira fideos a la pared para ver cuál queda pegado.

Por eso prefiero a Leonard Cohen, que nunca deja de hacer poesía. Dylan es pillo, Cohen no. Para mí son incomparables, por más que el amigo Andrés se enoje.

¿A qué atribuís el enamoramiento del público con tus canciones?

Ese tipo de enamoramiento no puede sino ser espontáneo, o no dura. Se tiene que dar, para que alguien que en principio no coincide en nada con tu

ideal de vida sintonice con lo que vos tirás.

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Y yo fui siempre un tipo curioso con el cuerpo. Conozco bien el palo de esa gente. No pertenezco al puto suelo de la miseria, pero sé de lo que hablo.

He estado ahí.

Estás sugiriendo que la gente entendía que no hablabas desde una torre, o sea aislado, como el artista de la tradición clásica.

A veces dudás. Porque la búsqueda te pone siempre en la disyuntiva de resignar algo. El que se dedica al arte full time, necesita y practica el oficio, y en consecuencia lidia con cosas que le significan algo distinto. Mucho de lo que uno hace en soledad son planteos estéticos, meramente conceptuales; toda eso que empieza con Duchamp, donde el valor no está en la obra sino en el concepto que explicita. Al pintor, el punto negro en el lienzo blanco le resuena, puede parecerle una maravilla. Pero a la gente que labura toda la semana y va a la galería el domingo… ¡Ellos no son pintores!

Hay músicos que no pueden entender este fenómeno. Se dicen: Cómo puede ser que todos se desvivan por el pelotudo del Indio, y yo que estudié tanto en Berklee… Y sí: estuviste mucho tiempo en Berklee. Sos buen instrumentista, tocás muy bien. Qué digitación, sos rapidísimo. Pero esto no es una competencia deportiva. ¿Qué pasa con todo lo que te perdiste de vivir para concentrarte en el estudio? Si querés hacer canciones, tenés que contar algo. Tenés que tocar para alguien. Si no es así, que no te extrañe que los que se enamoran de lo que hacés sean los músicos y no la gente. Para que la gente te responda, hay que arriesgar algo genuino.

No hay nadie a quien ganarle, más que a uno mismo. Lo que yo encontré no fue tanto consecuencia de una decisión consciente. Más bien me fue arrastrando la forma en que la gente me veía. Eso me ayudó a ser mejor.

3.

Repasando los discos, queda claro que nunca sentiste la necesidad de nivelar para abajo, de simplificar o explicarte de más. ¿Cómo lidiaste con esa tentación?

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Un artista no puede pensar de otra manera. ¿Cómo vas a hacer algo que no querés hacer? Podés, sí, renunciar a ser tan ambicioso como tus sueños. Al respecto, siempre pienso en El monte análogo. 24 Ahí se habla del riesgo de cortar amarras.

El alpinista te ayuda a ascender, pero si no toma la precaución de conservar una forma de volver atrás… Yo trato de no cortar amarras del todo, porque me dedico full time a esto pero la gente no.

Al artista no le queda otra que aceptar la incomodidad de su rol. El alpinista que ayuda a los demás a subir, sin por eso sentirse con derecho a mostrarse como tutor de los demás. Estás en un sillón extraño, no sabés qué hacer, si conviene o no la honestidad con que estás planteando tu vida. Pero cuidás esa relación con la gente que ama lo que hacés, porque también ayuda a tu vida. Sin ese espejo, yo tampoco sabría dónde mierda estoy parado. Sin el espejo de la gente humilde, de la gente inocente…

Por eso apelé desde el principio a los discursos públicos —las pocas entrevistas que concedíamos— para hablarle no a los presuntamente entendidos sino a la gente que trabaja esclava doce horas y no tiene tiempo para emprender las mismas aventuras que uno. Cuando doy reportajes explico de qué va la cosa, a qué apunto, qué es lo que me obsesiona. ¡Y la gente termina entendiendo más que los periodistas! A ellos no se les escapa la profundidad emotiva que tienen las cosas que digo y canto.

Al revisar los viejos discos, tengo la sensación de que los críticos de entonces no estábamos en condiciones de oír lo que proponían. Sin embargo, como fan no tenía problema alguno en embarcarme en la aventura.

Las otras bandas de la época sí las podían entender y criticar, porque retomaban estilos musicales que estaban desarrollándose en Inglaterra, en los Estados Unidos y en todos lados. Trabajaban sobre lo que las publicaciones musicales vendían como las nuevas olas o trends. Los fenómenos ya venían interpretados, historiados y clasificados. Pero cuando se encontraban con artistas embarcados en un camino muy particular, muy personal…

Eso requería un esfuerzo de interpretación, de índole creativa, no imitativa.

Yo era todo lo contrario a lo que se suponía que estaba de moda. Para empezar 350

cantaba raro, no tenía esa voz prístina propia de las bandas “modernas”.

Además era un pelado con barba, que subía al escenario vestido con la misma corbatita que había usado durante su trabajo diurno en el hogar de niños… Lo que me hizo diferente, imagino, era el hecho de que encarnaba casi todo lo que la industria del espectáculo tenía por negativo. Para seguir los tips de la hora estaban todos los demás. Pero a mí me salía otra cosa. Tal vez el éxito se haya debido a eso, nomás: a que la gente percibió que éramos genuinos.

Y eso habrá dado pie a la cosa devocional. Porque nadie cree en serio que va a ver una misa. Pero dicen eso porque es una forma de expresar agradecimiento por haber encontrado a alguien que los representa. Es su forma de expresar un cariño.

A veces me inquieta un poco la cosa devocional. Por suerte Virginia le puso humor a la página de Virumancia en Facebook y la gente se animó a tomarme el pelo. Así se torna más potable la relación…

Pero la gente sabe que ir a un concierto tuyo no es meramente enfrentarse a un artista para obtener placer estético. Además van a vivir una experiencia que esperan no olvidar nunca.

Algo debíamos tener para que se hayan escrito treinta libros o más. Ahí se dio un fenómeno cuyo sustrato, aun cuando no fue promovido por ninguna potencia —

potencia en el sentido de capacidad de promoción, digo—, fue calando hasta que se transformó en este viaje raro. También se cobró sus víctimas, claro. Costó vida, como dice el poeta. (Ríe.) Decí que me gusta esto y por eso no me molesta vivir como vivía Carrascosa, cuando le dictaron domiciliaria: mientras tenga whisky y mis guitarras estén a mano…

Dicen que Jerry García y los Grateful Dead generaban también una cosa de tribus que los seguían donde fuesen, a partir de la complicidad entre la banda y la gente. Pero nunca se convirtieron en un tema de primera plana en los Estados Unidos. Y acá hablaban de la banda, y ahora de mí, desde Crónica TV hasta la revista Gente. Salís en todas partes. Razón por la cual la gente del palo me reclama seguido: Eh, aparecés en todas partes y a nosotros no nos das una entrevista. Pero no es que yo me reservo para los medios del establishment y les doy la espalda a los otros. Me usan, simplemente. Toman la nada de la que pueden agarrarse —una frase suelta, una foto robada cuando entrás a ver el Cirque du Soleil— y la sobredimensionan. Pero yo no soy de ese palo. Ni del palo de los del palo.

Siempre 351

soy de otro palo, yo.

Creo en una forma distinta de construir poder. El estilo no es nunca neutral, aquel que me escucha sabe de qué lado de la mecha estoy.

4.

Repasemos la historia de algunas grandes bandas y artistas y su relación con el público. Con la excusa de que ya no podían oírse por culpa de los gritos de las fans, los Beatles dejaron de tocar en directo.

Eso tuvo que ver también con los atrevimientos sonoros que querían practicar y que, por entonces, eran imposibles de reproducir en un estadio.

Hoy en día eso sería totalmente factible, pero en aquel tiempo…

Dylan dejó claro que pensaba tocar siempre lo que se le cantase el culo, por más que su público se cabrease.

Cuando metió electricidad en las canciones, lo rechazó su propia gente. Le gritaban Judas, porque se había hecho conocido dentro de la tradición del folk clásico, como un seguidor de Woody Guthrie. Y al electrificarse, la estaba traicionando. En consecuencia, dejó de ser fanatizado como un semidios. Se lo siguió admirando y respetando pero nada más, su público se achicó en número.

Pero los Beatles tuvieron el tino de no enmarcarse nunca en una tradición estricta y por eso se reservaron el derecho de generar otra cosa. Nunca voy a olvidar el momento en que escuché por primera vez Quiero tener tu mano: ¡era diferente de todo lo que yo hubiese registrado nunca! Ellos no prometieron ser puristas de nada y por eso era más fácil, y lógico, seguirlos dondequiera que fuesen.

Cuando nosotros arrancamos, nos desmarcamos de movida. Apelamos a cualquier otra batata: el cabaret político, que ni estaba de moda ni era conocido por la mayoría de la gente. Era algo a lo que sólo había apelado gente como Lenny Bruce,25 que hacía monólogos en sótanos infectos. Te gustase o no, nos ponía en un lugar donde no teníamos que confrontar con nada ni nadie. ¿Qué género era ese, de dónde salía, por qué te permitía semejantes licencias?

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Yo entiendo que haya proyectos que necesiten de las corpos y la TV. Por suerte a nosotros nos eligieron por otros motivos.

Los Stones siguieron tocando sus hits ad infinitum, trabajando de Stones.

Sus temas se parecen entre sí, siempre. A tal punto que, cuando van por separado, nunca convocan a la misma gente.

Una sola vez intentaron una cosa distinta, que por cierto me gustó mucho a pesar de que la crítica no los perdonó: en la época de Sgt. Pepper, cuando contraatacaron con Their Satanic Majesties Request. Pero nunca más.

Lo tuyo —tanto en la etapa Redondos como en la solista— es bien diferente.

Por un lado estás atento a tu público, que al quererte como te quiere te ocupa y hasta te preocupa: por algo se convirtió tantas veces en tema de tus canciones. Por el otro, vivís ese cariño como algo que, lejos de obligarte a la repetición de lo mismo, te da alas para seguir probando cosas nuevas.

El público biempensante de los comienzos se distanció enseguida. Le pareció que, tan pronto nos volvimos populares de verdad, nuestra obra se convirtió en algo menor. Cuando era al revés, objetivamente: fue mucho más importante lo que empezamos a transmitir, y lo que transmito ahora, que las pavadas que cantaba al principio. Esas cosas como: Tomamos fenantreno para ver qué onda da (…) Investigamos todo, a toda velocidad…

Cuando los boliches se llenaron de gente desangelada, el público cool nos rechazó. Era su forma de decir: Si le gusta a esta gente, no nos puede gustar a nosotros. Somos una elite que disfruta de cosas especiales, se ve que el Indio se vendió, le interesa la multitud para ganar dinero. ¡Como si uno supiese cómo va a reaccionar la gente cuando saca un disco!

Además estaba claro que tu música no se simplificaba. Al contrario: ¡se complicó cada vez más!

Los que no están a favor de que uno siga infectando la sociedad hablan del millonario, con la intención de separarme de la gente. Como diciendo: Este dice esto, pero es un ricachón. Cuando yo no dije nunca que el dinero era malo. Lo 353

único que distingo es entre los que se lo ganan de forma genuina o no. Si te lo ganaste bien, disfrutalo. Pero doná algo al Garrahan de vez en cuando,

turro.

5.

En diciembre del 94 tocaron en el estadio de Huracán. Fueron dos fechas: el viernes salió todo bien, el sábado 17 hubo descontrol.

La gente del club quiso poner una cubierta de plástico, para proteger el césped. Era una tontería porque de todos modos la cancha iba a quedar baleada igual, con el pasto amarillo. Pero el club insistió.

Al ver la cubierta, los pibes empezaron a meterse por abajo. Desde el escenario era un espectáculo cómo se movía, parecía La Mancha Voraz.

Nunca falta el bobina con una idea semejante… Y se prendieron todos.

Terminaron haciendo una gran pelota con el plástico en el centro del campo, a la que le prendieron fuego.

Cuenta la leyenda que Poli mandó a poner Tchaikovsky y las fieras se serenaron.

Tchaikovsky era algo que poníamos tiempo antes, al principio. Después usamos la suite Los Planetas, de Gustav Holst. Ahora uso algo de música de pueblos originarios y también Star Trek, en esa parte donde presento a la banda y digo: Damas y caballeros… Pero no recuerdo que hayamos apelado a Tchaikovsky en ese quilombo. Me suena a parte de la mitología de la banda.

También se dice que se quedaron a dormir en el estadio, para evitar los problemas en el ingreso y la salida.

Yo no me acuerdo de eso. ¿Quedarse a dormir en Huracán, durante dos días?

Medio raro… Si pasó, habrá sido un día solo. Démosle el beneficio de la duda. A lo mejor se quedaron a dormir algunos, pero yo no.

Se dice que la barra de Huracán los apretó, pidiendo que les entregasen una puerta o les tiraban un muerto.

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Puede ser. Siempre querían hablar conmigo. Recuerdo haber conversado reja mediante con la barra de Central, por ejemplo.

En Huracán fue la primera vez que usaste auriculares para cantar, lo que se llama “sistema in ears”. Habrá sido un alivio, después de tantos años luchando para oírte entre el ruido.

Cuando empezamos no había ni monitores en el escenario, escuchaba mi voz en el rebote del public address. Hay un delay ahí que te tenés que comer, si no te vas al carajo. Y en los teatros, las columnas de sonido apuntaban a la gente. Por eso gritaba a lo Robert Plant: era la única manera de separar mi voz de la turbiedad de los graves.

Los compramos en los Estados Unidos, porque acá no se hacían. Eran de una calidad regular, ninguna pulentería. El tema es que hay que saber usarlos, el tipo que los está manejando tiene que tenerla clara. Y nosotros, en nuestro carácter de banda independiente y por ende arriesgada, nunca contratábamos a los consagrados.

Si no balanceaban bien la mezcla y uno era de variar de tesitura… Se te metía cualquier cosa por el auricular y te reventaba la cabeza. Por suerte, hoy en día es diferente.

Al ver el bardo que se armaba entre el público dijiste una noche: Ese

no es el

espíritu de Los Redondos.

Recuerdo a la gente trepada a lugares inquietantes, sí.

Esa fue la época del éxito de Matador, que abrió las puertas a la mezcla de nuestro rock con lo latino con gran respuesta comercial.

En nuestro caso, hubo dos motivos por los cuales decidimos no aventurarnos en América Latina. Para empezar, no teníamos una oficina en cada capital: había que averiguar quién era confiable y quién no, tenías que bancarte ir a un programa tipo Susana Giménez, hacer playback y sumarte a festivales vale todo donde tocabas después de Paloma San Basilio. Muy Viña del Mar. Además el público latino no le 355

reconoce prestigio alguno al rock, para ellos es lo mismo que la bachata o el bachoto. Y nosotros queríamos vincularnos con gente que estaba en la cultura rock.

Soda Stereo y los Enanitos Verdes tenían una corporación detrás, que primero los hacía sonar en las radios y después los vendía como representativos de un país importante. Pero a nosotros no nos pasaba más que una radio underground, con suerte.

Así como los argentinos somos raros en el contexto de Latinoamérica

—el tango no es el merengue—, tu música tampoco era pop con letras biodegradables.

Si copiabas a The Cure, The Police o algo así, sonabas reconocible. En cambio nosotros… Salvo algún grupo elitista que nos conociese, no teníamos chances.

Para ir a hacer otra vez la rutina de las rutas y la combie… Ya no tenía ganas.

¡Íbamos a terminar tocando en la casa de algún narco!

En esa época también triunfó La Renga. Y vos les mandaste una caja de champagne…

Ensayábamos en el mismo lugar. Nunca fui muy sociable pero podía charlar un rato ahí, como en otro momento lo hacíamos con la Mississippi. Cuando les fue bien, compré una caja de champagne y se la di al manager —que era el dueño de la sala de ensayo, además— para que se las entregase.

6.

En ese entonces surge una iniciativa: la de ir a Brasil, a grabar en vivo los viejos temas que no habían entrado en ninguno de los discos.

Las historias apócrifas dicen que fue una idea de Poli y Skay, que el tirano no tomó de muy buena gana hasta que al final dijo no… Yo no recuerdo haberlo vivido de esa manera.

No tengo claro si fue una idea por la positiva, o si simplemente dijimos de aprovechar la oferta de grabar con la mejor big band del Brasil, la Mantiqueira, y 356

dejar registradas esas canciones viejas de algún modo. Una forma de sacárnoslas de encima.

Yo tenía mis reticencias pero no quise adelantarlas. Dije: OK, vamos.

Rockanrolear temas viejos en directo se parecía mucho a un viaje de joda, una estudiantina.

Tocaba la banda en cabinas al mismo tiempo, separados por paneles, y yo cantaba desde la técnica con un Shure, para que no se metiera nada por el micrófono.

La pasamos bien porque me lo tomé como unas vacaciones. Yo no había vuelto a São Paulo desde esa visita rasante del 71, cuando me apabullaron las rodoviarias

—las autopistas. Me dediqué a esperar por respeto, ante todo. Pero me parecía que iba a salir mejor si lo grabábamos en vivo de verdad que así a mitad de camino, algo que no era ni chicha ni limonada. Y además jugaba en mí la necesidad de generar otra cosa, algo más profundo. Eso tenía mucha fuerza.

A los quince días me entré a aburrir, que es lo peor que te puede pasar. Y

dije: Acá no pasa naranja. Suena todo como la mierda, salvo los brasses.

Para mí no va más. Los temas sin la Mantiqueira se escuchaban fofos, vacíos. Las grabaciones no quedaron buenas, nuestro espíritu no estaba ahí.

Y entonces nos volvimos.

Tampoco hubo mucha defensa por el lado de Skay y Poli. Yo creo que sentían lo mismo que yo, pero como la idea había salido de ellos…

Mi idea era aproximarme a Luzbelito pero no estaba en mis planes llevarlo a cabo dictatorialmente. Yo no veía, no sentía que Skay estuviese raleado.

Pero en fin, yo entiendo que concibo la tarea como un viaje que necesito cumplir a como dé lugar. Y quizás ahí en São Paulo haya pasado eso hasta con los más íntimos.

Yo no sirvo para los gestos conservadores. Y en ese momento de la cultura rock la novedad eran las texturas, ya no las melodías ni la performance. Lo que te arrimaba a la fuerza a la electrónica como modelo, que al principio era rudimentaria pero aun así interesante. Yo quería lograr un mix. En Finisterre todavía los elementos se perciben muy separados, los músicos orgánicos y esa otra cosa que está pasando paralelamente. Pero Momo Sampler es el que más se parece al que yo quería hacer.

¿Creés que existía resistencia a encarar algo distinto?

Cierta resistencia a los componentes nuevos. Un aggiornamento que yo buscaba 357

pero no por cuestiones de moda, porque nunca fuimos detrás de ninguna wave.

Pero yo necesitaba probar con otros condimentos: ¡tirar encima un salpicretito, aunque más no fuese! Hay que recordar que por entonces no había tanta oferta de sonidos y texturas, la tecnología era rudimentaria. Hoy le podés agregar a tu grabación la resonancia del Colón o del Carnegie Hall, si te da por ahí. Es una virtualidad, claro, pero se aproxima.

Yo no tenía más ganas de trabajar de Redondito. Los artistas que me interesaron siempre son los que cambian, los que no siguen haciendo lo

mismo que al principio. Los Beatles arrancaron muy frescos pero las obras mejores vinieron después, más cerca del final. A mí no me enamoraba la idea de conservar el sonido, de apegarme a lo que ya hice. Si escuchás a Skay todavía hoy, vas a ver que él sí mantiene aquel sonido.

De algún modo hubo una puja entre un proyecto que implicaba volver al pasado y otro que vos querías empujar al futuro, y que era…

Luzbelito, claro. Ese era el disco que yo quería hacer.

7.

En El monte análogo, Pierre Sogol cuenta que vivió en un monasterio donde se practicaba un juego cruel: una vez al mes, uno de los monjes debía hacer el papel del Tentador, o sea “hacerse el diablo”. Lo cual está de algún modo en la raíz de Luzbelito: la idea de ponerse en el lugar del demonio.

Hablo de Luzbel cuando era chico, casi desde la ternura. El término es afectuoso.

Yo lo presento como un inocente, porque ni siquiera ha aprendido todavía a hacer daño. Luzbelito está creído de que es bueno.

¡Como casi todos los malvados!

Es que efectivamente está rodeado de personajes más perversos que él. Es un personaje muy rico, de modo insoslayable: si yo fuera actor, preferiría hacer de villano. Porque de movida Dios no puede progresar: ya es perfecto desde el 358

arranque. Esa cosa estanca ya me parece rara para semejante gloria. No olvides que yo hice el catecismo porque en la iglesia había metegoles y pasaban películas. Algo ya me decía que eso no era para mí. Mis personajes encarnan siempre el lado bueno del ladrón.

Yo soy agnóstico, porque ignoro. Eso es lo que significa “agnosticismo”: es lo que pensamos los que entendemos que no está a nuestro alcance conocer la presunta existencia de Dios. No existe evidencia, nada palpable o científico que sustente esa idea: en el mejor de los casos, Dios sería algo que trasciende la experiencia. Por eso no puedo hacer de cuenta que creo para que el barbalarga me salve. No me gusta nada, eso. Siempre que hay una revelación, este Dios llama a un viejo que sube a una montaña en la concha de la lora y recibe un secreto que les cuenta a los demás con cuentagotas. Me hace acordar a la película de Mel Brooks, donde Moisés recibe no dos tablas sino tres… ¡y una se le hace mierda!

Para ser un Dios así, te tiene que gustar la joda del dolor de la humanidad, tiene que producirte algún tipo de morbo; o en todo caso te olvidaste por completo de que dejaste este experimento solar acá y fue degenerando en este cáncer que es la condición humana.

Cuando digo Dios queda en nada es porque lo estamos haciendo a imagen y semejanza nuestra, al revés de lo que dicen las Escrituras. Lo que queda es vencer el miedo a la nada, cosa que a un capricorniano se le hace cuesta arriba. Pero hay que ser sincero con uno mismo: cuando uno no cree, no cree.

Siempre digo que tengo diez mandamientos. Los nueve primeros son: No te aburrirás. ¡Y el décimo me lo olvidé!

¿Cuándo leíste El monte análogo por primera vez?

En la época del siloísmo. Cuando estaba buscando algo que parecía no estar en ninguna parte. En aquel entonces me sentía miembro de una izquierda que acá no existía.

De ese tiempo son también mis primeras lecturas de Gurdjieff, 26 que fue

uno de los maestros de René Daumal. Ese sí que era un sibarita. Tenía un pensamiento que pasaba por encima de las constricciones de las religiones organizadas, porque lo adobaba con picardía. El Cuarto Camino que propugnaba era eso, básicamente: dejando atrás los primeros Tres Caminos

—el del Faquir, el del Monje, el del Yogui—, te impulsaba a despertarte del sonambulismo de la vida contemporánea y 359

a tener experiencias profundas. Las religiones organizadas te dicen qué está mal y qué está bien, pero Gurdjieff no: lo que hacía era empujarte a que inventes tu propio camino. Leí Encuentros con hombres notables, por supuesto. Pero también me interesaron mucho los Relatos de Belcebú a su nieto.

Desde entonces creo más en los buscadores de la verdad, que en los que dicen haberla encontrado.

8.

¿Cómo fueron surgiendo las canciones de Luzbelito?

Hay un antes y después de las máquinas para bocetar, lo que va de la época del tarareo y los grabadorcitos a las maquetas más serias.

Las guitarras rítmicas que yo grabo son pobres pero rendidoras. En esa época ya tenía la Fostex de 8 o 16 canales. Tiempo después le mostré a Gauvry y al Gonzo esas maquetas y se sorprendieron: ¿Vos hiciste esto?

Hay gente que me conoce desde hace siglos y desconfía: ¡Si este no sabe ni tocar la guitarra! Pero yo ya no soy el mismo que tocaba seis acordes. En treinta años aprendí muchas cosas. ¡Si no las hubiese aprendido, sería un pelotudo supino!

Todo eso tenía que ver con la necesidad de ir siempre para adelante, de probar cosas distintas. Puede que alguien la considere medio tirana, pero en ese caso podrían no haberme seguido. Yo no obligué a nadie con un revólver a ir en mi dirección.

Bowie y Peter Gabriel fueron siempre modelos, en términos de su approach compositivo. La voz de Gabriel tiene un carácter envidiable. Siempre están buscando una puta novedad, y por eso mantienen el interés de la gente. Son artistas. Phil Collins no es un artista, es un baterista que canta.

A pesar de la escasa tecnología, Luzbelito ya exhibe cellos, sonidos con más carácter y una temática que no era la perdigonada de canciones habitual, de las cuales sólo algunas participaban del concepto. En Luzbelito hay una idea general, que redundaba en un clima propio de la obra.

En las maquetas que yo empezaba a producir ya había algo más que la melodía base: llevaba leitmotivs instrumentales y sonidos específicos. Eso significaba que había que imitar las figuras musicales y también la textura.

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El álbum llevó más tiempo de producción que los anteriores, además de usar más estudios de grabación (se grabó en Be Bop, San Pablo; New River, Fort Lauderdale; y El Pie, Buenos Aires).

El Pie era el estudio de Lerner, delante del cual los pibes montaban guardia y al que le arruinaron todo el frente.

9.

Este es el texto que constituye la presentación formal del disco: El infierno de Luzbelito es un espejo para nuestra vergüenza. Somos hijos de multivioladores muertos. Somos los hijos de puta que van a beber de sus aguas y, ya sabemos, los hijos de puta no descansan nunca.

10.

El álbum se abre con un ruido de corriente eléctrica a punto de producir un corto… Y ahí arranca Luzbelito y las sirenas.

Cada vez que escucho este tema pienso: Qué buen violero es Skay, por Dios.

Siempre fue un guitarrista exquisito.

Fue la primera canción que me salió, de esa serie nueva que sólo excluye a Blues de la libertad y Mariposa Pontiac / Rock del país. No sé a qué género

podría atribuírsela: es una construcción más teatral, algo más parecido a la música de películas.

Como algún tiempo antes había salido ese disco de Charly que se llamaba La hija de la lágrima, algunos dijeron que un par de mis versos — ay ay ay esa lágrima, ay ay ay qué risa que le da— eran una respuesta a García…

Qué pelotudez. Mi cabeza no funciona de esa forma. Si yo fuese a elegir un enemigo, nunca sería un músico.

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La canción habla claramente de Luzbelito, pero no hay ni mención a las sirenas que forman parte del título.

Era una referencia a la Odisea. Ahí Ulises —Odiseo— quiere oír el canto enloquecedor, hechicero de las sirenas. Que a Luzbelito también lo atrapan, sus cánticos lo engatusan: ¡por eso cree que ha nacido en Belén! Después de todo es un ángel caído, tampoco comprende todo lo que le pasa. Pero es verdad, las sirenas no aparecen como personajes.

El verso de arranque es categórico y marca el tono general: Luzbelito

sabe que

su destino es de soledad.

Es una forma de empezar por el final, de no escondértelo.

11.

¡Cruz Diablo! está sostenida por un riff que remite al final de Abbey

Road, ese pasaje instrumental previo a The End.

Yo le encuentro un aire tanguero. Cuando tus aventuras le pegan mal a la gente y no tenés defensa alguna —algo que justifique la cagada que te mandaste—, está todo mal. Además de la referencia a Tangópolis, el verso que dice Como al oído cita un tango viejo.

Menos mal que ya estoy terminando mi ciclo, ¿no? Siempre pienso que uno está atado al oído y los sentimientos del momento histórico que le toca transmitir. Yo no sé cómo sería si me hubiese tocado vivir un momento histórico de leyes paradisíacas, de bonanza, honestidad y dignidad. ¿De qué escribiría? Me ha tocado escribir toda la vida, por temperamento, contra el poder establecido, contra las costumbres, contra la Iglesia… Me tocó asumir lo dramático. La felicidad se vive, en vez de escribirse.

Uno no puede transcribir una vivencia que no lo haya conmovido. A pesar de haber sido siempre clase media y de haber coqueteado un rato con la clase media alta —hasta la Revolución Libertadora: de ahí en adelante, todo mal—, me ha tocado vivir cerca de los marginales. No de los marginados, sino de los que se 362

automarginaban como yo. Aparentemente no jodíamos a nadie, porque estábamos aplicados a un costado del asunto al que nadie le daba bola: la batalla cultural.

Sigo pensando lo mismo que pensaba en aquel entonces. El mundo se mueve por las finanzas pero la batalla sigue siendo cultural: ver qué estrategias tenemos los que nos consideramos buenos —seamos maniqueos por un rato— para vencer a los malos sin transformarnos en ellos. Porque cuando te enfrentás a un monstruo, lo más efectivo —y al mismo tiempo, lo más caro— es transformarte también en un monstruo para evitar que el otro te devore.

Como dijo alguien (¿fue Borges?), uno puede hacer cualquier cosa con un caníbal, menos comérselo. Y menos que menos el Estado, que debe garantizar reglas de juego parejas para todos: ¡el Estado no puede comerse al caníbal! En Italia, cuando tuvieron que lidiar con el fenómeno del terrorismo, arrestaron gente y la juzgaron, no la tiraron desde un avión.

Metelos en cana respetando la ley, pero no te los comas. ¡De otro modo te convertís en un monstruo peor que el que decís combatir!

Eso es lo que le pasó a la Rusia soviética. Arrancó bárbaro, tirando papel picado, y terminó convirtiéndose en un poder militar terrible que sojuzgaba

a su propio pueblo de un modo que nada tenía que ver con los ideales comunistas y socialistas.

Los pobres siempre son la leña: en cualquier parte, en cualquier tiempo.

Esos perros mansos que comen la bazofia y no dicen nada, a los que les cuentan las costillas con un palo a carcajadas. El opresor no siente arrepentimiento ni pena. Si sintiese algo así, se suicidaría.

La grieta de la que hoy tanto se habla no es otra cosa que la vieja competencia por las herramientas del futuro. Todo el mundo quiere —

porque tiene derecho a eso— asegurarse de que sus hijos tengan acceso a esos secretos. Eso hace que nos movamos en un mundo de una falta de solidaridad muy grande, donde los más privilegiados se quedan con todo y el resto se queda sin ninguna agencia sobre el asunto. Esta fractura seguirá existiendo mientras los canallas perduren en el poder.

Otro período así que asomen los militares o algo parecido no me lo banco, soy carne de cañón. Y vos ni hablar… En mi rubro, me he transformado en el más visible de los que se manifiestan políticamente y convocan. Dicen que soy K… Y, sí, soy un poco kirchnerista, como soy un poco peronista y un poco comunista y un poco socialista… Lo que no soy es neoliberal.

Liberal filosófico sí, pero no financiero.

Cuando se habla de que Zippo tiene una risa de mil dientes / cargados de azufre, 363

remite a algo demoníaco. La de Zippo es, infiero, una sonrisa psicópata.

12.

Hasta entonces Los Redondos habían demostrado gran versatilidad: más allá de la formación rockera, cada tema era muy diferente del otro.

A partir de

Luzbelito, esa versatilidad se exhibe en el interior de cada canción. Ella

baila

con todos es una gran demostración de cómo los temas comienzan a abrirse: se inicia con un aire hindú, de ahí pasa a un riff entre arábigo y hard rock, en el medio tiene una cuña que remite al folklore gitano de Europa del Este…

Yo no podría pasarme la vida tocando la misma música que hicieron otros o que yo mismo hice antes. Si sos artista, probá suerte con algo nuevo.

Todo el mundo cree que yo disfruto más escribiendo que haciendo músicas.

Pero componer es jugar, desde la libertad más absoluta. La música es pura forma. Las letras vienen después, a lo último. Porque la canción ya está.

Respeto a muerte la melodía y sobre todo el fraseo de la maqueta, siempre sanateando en algo parecido a un pseudoinglés debido a que esta es —nos guste o no— una música transcultural. La letra es oficio, vas a la cantera, buscás frases que anotaste en distintos momentos porque te resultaron ocurrentes. Son pensamientos que parecen desarticulados, porque así fueron concebidos y sin embargo, durante esa fase del proceso, empiezan a armarse solos en mi cabeza, a sugerir una atmósfera. Yo siempre quiero decir algo jugando con la ambigüedad. Trato de que no sea empalagoso, porque el rock lo expulsaría de inmediato. La letra puede arruinar todo lo que hay abajo, por lindo que sea. La música es bartolear a lo novio, la letra ya es como llevar adelante una pareja.

Esa canción se refería a una o varias chicas muy bonitas que hemos conocido durante nuestros años de vida nocturna. Y que efectivamente bailaban con todos.

Es una pintura de ciertas mujeres, ex hippies, que habían leído todos los libros de la editorial Kier y abandonado sus carreras y empezaban a tirar los buzios o a leer la borra del té y hacer sus negocios. Te asistían con medicinas caseras, comida natural y orgánica… Unas diosas, ¿eh? ¡Pero siempre te facturaban algo!

Bailar y cantar son otras maneras de hacer visible la música. No hay otro código que te permita interpretarla, el código poético es lo más cercano que hay.

364

Fanfarria del cabrío.

Esta canción ya tiene poco y nada que ver con el rock.

Yo no soy cultor de ningún género. Tengo una esencia de rock, que hace que privilegie las guitarras y las baterías. Pero a la vez lo lleno todo de texturas y de brasses y de cuerdas y de arreglos raros. Lo que busco es salirme de los acordes del rock, probar con otros tempos: el sample de un tamboril, por ejemplo. En una época compraba muchos de esos discos que nadie quiere comprar, en busca de algún sonido fresco; o iba al depósito de la distribuidora y me traía una caja de discos exóticos.

El relato tiene algo de película del Medioevo: El año de la fiebre, una alusión a la peste, al Bergman de El séptimo sello. Describe una situación que estaba perdida desde el vamos por culpa del barbalarga. Cuando te prohíben algo, aunque hasta ese momento no te interesara, se te vuelve deseable. Por eso dice, refiriéndose a la manzana de la tentación: Sólo entonces la mordió. Porque hasta entonces la manzana no importaba / nada más la prohibición.

Yo tenía un pasajero, cuando regenteaba el hospedaje en Valeria del Mar, que vendía animales exóticos. Los trasladaba en mionca, se ve que le convenía parar en Valeria. Aparentemente era dueño de un lugar donde recibía a compradores selectos, porque la venta de esa clase de animales estaba prohibida. Siempre me decía: Si viene un tipo y me dice que quiere un loro, le cobro cinco pesos. Pero si el tipo me dice quiero ESE loro, le cobro diez. Porque el precio de creerse informado, decidido, especial, un entendido, hay que pagarlo.

13.

Después viene Nuotatori professionisti, que en italiano significa

“nadadores profesionales”.

Esos son los nenes de oro. Los tipos que saben cómo manipular el sistema, porque lo han armado de tal modo que funcione en su favor constantemente: ¡la casa gana siempre!

Me quedó grabada una imagen de la última gran crisis económica de los Estados 365

Unidos. Por las calles iban marchando los indignados, la gente que formaba parte del movimiento Occupy Wall Street. Y desde los balcones de los edificios de toda esa zona bancaria y financiera, los ejecutivos los miraban pasar… mientras tomaban champagne y reían. Total, ellos seguían cobrando sueldos millonarios.

Puede que alguno haya ido preso, pero en términos generales ese muerto lo levantó el Estado, o sea los que pagan impuestos. Se ve que son una sociedad muy educada. Si eso ocurriese acá, aparece la hinchada de Chacarita y les rompe todo.

¡No queda un edificio en pie!

¿Cuánto tiempo venimos escuchando promesas que nunca se cumplen? Y

todavía hay gente que piensa que se va a salvar… Eso pasa por leer ciertos diarios y mirar ciertos canales. ¿Cuándo se van a dar cuenta de que esos medios les pertenecen a los nenes de oro e, inevitablemente, juegan su juego?

Nuotatori es de esos temas que, lejos de perder vigencia, parecen escritos ayer.

14.

A continuación se incluye el Blues de la libertad, uno de los dos temas que quedaron en pie de la grabación de Brasil.

Era una canción muy vieja, ya lo era entonces. De los primeros blues que hice, junto con el Blues del noticiero. Me encantan esos comentarios

elegantes que mete Skay entre línea y línea. Son de una inventiva que lleva la canción al límite del género.

En general, cuando se habla de libertad en un tema se presenta una versión idealizada del asunto. Pero para vos, la libertad es algo turbulento, un potro que no cualquiera puede domar.

No es fácil, no. Más bien es una cosa jodida. Cruda, diría. Hay que hacerse cargo de la libertad…

La canción habla de amigos queridos que tomaron otros caminos. De algún modo representa las discusiones de aquella época con gente muy lúcida, pero que creía que el poder había que asaltarlo mediante el uso de las armas. En cambio uno creía que contaminando la cultura iba a lograr más y mejores cosas. Entonces yo 366

estoy diciendo: Mi amor, la libertad es otra cosa. No es eso que pensás que vas a obtener, y a dispensar, desde el sillón de Rivadavia. En ese sentido, siempre pensé que el Sartre de El engranaje tenía razón. Cuando el rebelde alcanza el poder y abre los cajones del presidente depuesto, descubre que el país está hasta el cuello de compromisos que ni siquiera él puede deshonrar, a riesgo de joder al pueblo todavía más.

Cuando la letra dice que la libertad es mar gruesa y oscuridad / y el chasquido que quiere proteger / ese grito que no es todo el grito, el chasquido del que hablo es el de un arma que se amartilla . La mayor parte de la gente no se debe haber dado cuenta, pero son cosas que necesitás decir porque están dirigidas a alguien y en ese momento te cagás en la interpretación del resto de la gente. No es una palabra de gran prestigio poético, está claro. Detrás de un chasquido no viene nunca una flor.

Lo que trato de decir ahí es que hay que cambiar de paradigma. Para mí existe otra libertad, más allá de la libertad del concepto tradicional; una dimensión supranatural en la que yo inscribo todos los regímenes de lo artístico. No porque yo esté involucrado: yo no me considero un artista con mayúsculas, soy un tipo que hace canciones. Pero en esta canción me pongo

de ese lado, para facilitar la discusión. En muchas canciones digo que estamos todos en el caldero y no es así.

El caldero existe, lo que no existe es la equidad. Mientras algún boludo prueba el mejunje para ver si le gusta, vos te estás quemando el orto.

Artista es alguien que hace lo suyo con verdadera excelencia. Y eso requiere de un esfuerzo mucho más grande que el que yo puedo soportar.

¡No tengo tanta fuerza de voluntad! (Ríe.)

En La dicha no es una cosa alegre, parece que le estás diciendo a otro cosas que bien podrías estar diciéndote a vos mismo: Incombustible no

sos / ¿cómo

bancás ese infierno? O también: ¿Cuánto tiempo más vas a estar /

esclavizado

así, refugiado en tu soledad? Y asimismo: Estás tomando de más / y estás

tolerando todo.

Me las digo a mí mismo, claro. Esa soledad —la misma soledad que es el destino de Luzbelito— puede ser cruel, pero a menudo ofrece protección ante el fuego graneado del mundo.

367

15.

¡Me matan Limón! narra en primera persona el final del narco Pablo Escobar.

Habla de las dos mujeres que lo delatan, del Bloque de Búsqueda que lo persiguió a él y a su ladero por los tejados… Cuando comprobaron que lo habían matado a él, efectivamente, se pusieron a bailar merengue.

Cuando te referís a hechos históricos, como en esta canción o en

Pabellón

Séptimo, sos de tomarte tu tiempo. No hablás de noticias en caliente, así como no hablaste de Walter Bulacio cuando el escándalo bullía.

Yo necesito tiempo, pruebas, comprobaciones; que asiente un poco el polvo de la Historia. Lo que queda cuando la cosa reposó se ve siempre más claro.

Paradójicamente, cuando hablás de otros asuntos, tus canciones parecen vaticinar el futuro. En una canción del disco siguiente mencionás a Omar Chabán e incluís ruido a vidrios rotos, gritos y ambulancias… ¡seis años antes del desastre de Cromañón!

Cuando queda abierta, la poesía puede llegar a tener un poder oracular. ¡Ni yo sé por qué metí a Chabán ahí, cuando no soy de mencionar a gente por su nombre propio en mis letras!

El disco prosigue con Rock Yugular.

No me gusta cómo está cantada. La encuentro medio patinosa… Todavía no habíamos desculado cómo usar una voz muy grave y que quedase bien. ¡No me dejaban acercarme al micrófono!

Por un lado suena a oratorio, a cosa arábiga o al menos andaluza. Por el otro, el piano de Lito [Vitale] tiene un tinte medio cubano, latino…

Ya me había dado cuenta de que la fama era una boludez que le podía tocar a cualquiera. Por eso dice: Hasta mi sombra brilla en esta ciudad.

Después viene el medley de Mariposa Pontiac / Rock del país, que quedó 368

también de la experiencia en el estudio brasileño. En tándem con Blues

de la

libertad, funciona como cuña del pasado en el seno de otro tipo de experimento. Luzbelito es, así, un puente entre Los Redonditos tradicionales y aquello en que habrían de convertirse en sus dos últimos discos.

Aquello que sigo haciendo, por cierto. Tratando de perfeccionarlo, para que salga cada vez mejor mejor.

16.

El álbum se cierra con Juguetes perdidos. ¿Sos de percibir, mientras estás componiendo un tema, que se trata de algo que puede llegar a ser especial?

Me doy cuenta de que se está convirtiendo en algo especial para mí. En todos los álbumes hay alguna canción así. Pero su materialización es determinante: a veces, esos temas que para vos pintan especiales no son los que obtienen más repercusión.

Pero si me gusta a mí, eso basta: yo soy mi propio filtro.

De este disco, por ejemplo, me gustaba mucho Nuotatori. Me imaginaba ese coro medio bestial, la gente saltando y gritando al unísono en el estadio: OH oh /

OH oh… Y Luzbelito y las sirenas, el arranque del álbum. Y la Fanfarria del cabrío. Las dos canciones viejas ya no me conmovían, porque estaba buscando otras cosas. Pero Juguetes me gustaba, sí: por los redobles, esa cosa épica.

¿Está dirigida a Walter Bulacio, como asume tanta gente?

No era sólo para Walter. Era para la suma del público. Walter era un representante especial por lo que le había pasado, claro. Pero yo les estaba hablando a todos.

Diciendo —casi pidiendo— que quería ver ahí una unión de lienzos: las banderas de la anarquía, del comunismo, de la nueva izquierda, reunidas en esa otra cosa que eran Los Redonditos.

La mención al yira yira de Discépolo era una manera de animar a la gente a andar el mundo. Poco tiempo después, cuando nos prohibieron en Olavarría

y dimos la conferencia de prensa, lo dije de otro modo: la vida dentro de una sandwichera de vidrio, entre algodones, no sirve de nada. ¡Agarren la mochila y 369

salgan de casa! Era un modo de alentar a esos chicos a independizarse tempranamente, con la excusa del viaje largo. Algo que está bueno hacer de joven, en esa época de la vida en que te bancás cualquiera y curioseás hasta las cosas peligrosas.

A veces pienso que es medio sermonera, Juguetes. Parece que les estoy tirando cosas encima, fardos, a pesar de que no me dibujo bajo la mejor luz… El tipo que habla parece estar separado de la gente: es el cantante —o mejor: El Cantante—, que le habla a la gente que está ahí abajo. Yo no recuerdo haber hablado antes desde ese lugar.

Pero al mismo tiempo no suena a que estás bajando línea. Más bien estás diciendo: Miren, lo único que yo les puedo dar es esto…

Sí, es así: Un par de promesas / tics de la revolución / implacable rocanrol /

y un par de sienes ardientes / que son todo el tesoro.

Al mismo tiempo que aclarás que todo el asunto está ya en manos de ellos.

También les digo que se caguen de risa del diablo, que no le tengan miedo porque no es tan malo como dicen. Luzbelito también está confundido. Si leés el Antiguo Testamento, te queda claro al toque que el que es bravo de verdad es el Jefe…

Debo haberme anoticiado ya de que la gente tomaba en cuenta lo que yo decía.

Antes sólo me constaba de mis amigos. Y la letra desnuda a alguien que se permite decirles a los más jóvenes: Bueno, el diablo se comporta de esta manera. Pero es una aventura lírica, sin pretensión de conocer algo que para los demás es desconocido.

El tipo desvaloriza lo que dice, le baja el precio a lo único que puede dar.

No alcanzan a ser consejos, son descripciones y hasta pedidos. Soy yo el que quiere ver las banderas, YO. Ni anarquistas ni comunistas al pie de la letra: Te quiero ver acá. Sería ridículo que yo me embanderase con las banderas conocidas, la representación convencional de la política. Mi manera de ver está relacionada con la experiencia psicodélica, soy de los pocos que no la abandona.

Yo trabajo en las zonas ambiguas del cerebro, donde están las preguntas.

Eso es lo que formulamos: preguntas inquietantes e interesantes en el mejor de los casos.

Juguetes perdidos habla de un tipo que se está cuestionando a sí mismo en voz alta.

370

Lo que digo ahí tendría que decírselo a los pibes en todo momento. Porque si alguien sufre en tiempos como estos, son los jóvenes.

Lo primero que escribí fueron los redobles. Si escuchás la maqueta original, suena igual.

Es una canción cruda, sí, que se diferencia tanto de los temas más producidos como del sonido tradicional de lo grabado en Brasil. Y que

—imagino—

resonó por eso con tanta profundidad, en un tiempo que era brutal para todos aquellos que se estaban quedando fuera de la mesa tendida.

En ese tiempo Menem ya había sido reelegido y el edificio de la Convertibilidad —la paridad peso-dólar establecida en uno a uno—

crujía ominosamente.

Era un momento más que oportuno para decir: Cuando la noche es más

oscura / Se viene el día en tu corazón. Versos que en 2010 evocó Pete Seeger, en una canción que arranca así: ¿Sabés que nunca se pone más

oscuro que antes

del amanecer? / Y es este pensamiento lo que me mantiene en marcha. 27

¿Soy yo, o esta no fue la primera oportunidad en la que pareciste estar trabajando sobre una intuición referida al final de Los Redondos?

Puede ser. Yo decía siempre, antes de salir a tocar: Esta es la primera y la última noche. ¡Porque bien podía serlo!

Los músicos se acostumbran al éxito y el éxito un buen día te abandona.

Hoy nadie llena nada, un Luna Park en el mejor de los casos. Y muchos músicos se ponen mal, creen que eso significa que están en decadencia.

Todo mensaje tiene una capacidad de circular hasta que se agota. Si vos no producís un cambio, aun al precio de ir al choque con tu gente, tu palabra se agota.

Yo soy un caso raro al respecto, algo parecido a la excepción que confirma la regla.

Para los oídos jóvenes, las cosas que yo digo siguen siendo verdades que están fuera de contexto, alejadas del sentido común de la sociedad.

Seguramente se lo debo a esa suerte de paraguas que constituye mi universo de palabras, donde se mezclan personajes que piensan diferente pero están vinculados por un discurso que no es jodido, que más bien es bienhechor.

Lo que a mi juicio termina de definir la relación entre la banda y las bandas es un verso que suele pasar inadvertido. Porque vos le dedicás varias líneas a 371

aquello que podés darles. Pero mencionás como al pasar, casi con vergüenza, el efecto bienhechor que ellos producen en vos: los pibes y pibas soplan brasas

en tu corazón. Sin ellos, el fueguito que te da energía se apagaría.

Hay momentos en los que te pesa todo: te combate la prensa, te combate la industria, te combaten los colegas… Todos te hacen mierda… ¡salvo los que te siguen! Esos pibes a los que les dijiste un par de cosas lindas, descubriendo que nadie se las había dicho antes.

17.

Eso que se escucha al final y parece una cítara en realidad es una guitarra, grabada al revés.

Después de grabar en el estudio de Lerner, volvieron a mezclar y editar en los Estados Unidos.

Fuimos al mismo estudio de Fort Lauderdale y después a Nueva York.

En ese viaje también visitamos Lancaster, donde había una fábrica de CD.

Es para el lado de Pennsylvania, donde hay una gran colectividad amish.

Con el tiempo y los viajes llegué a percibir que, contra todo lo que se supone, aceptaban el cambio: ahora tienen paneles solares, ya no le hacen tanto asco a la tecnología. Esa foto con cabezas de vidrio —que en realidad son carameleras— la sacamos en un drugstore de ellos. Fabrican mucha cosa artesanal, pero bien. Unos quilts impresionantes, hechos con retazos, y a la vez nada faroleros.

Luzbelito fue el primer álbum de Los Redondos en ser vendido sin la caja plástica de los CD. Más bien es un librito, formato al que Rocambole le sacó mucho jugo.

Al Mono le encantó la temática. Eso tan a caballo entre lo religioso y lo pagano le dio mucha tela.

372

18.

Ese mismo año los prohibieron en Arroyo Seco, Santa Fe, donde planeaban tocar.

Vivíamos abonados a las páginas policiales de los diarios. Para la prensa y las

“fuerzas vivas” éramos como los hunos: para ellos llegábamos a una ciudad, prendíamos fuego a todo y tirábamos sal para que nada volviese a crecer.

En Ayacucho ya los habían prohibido, pero antes de que se armase y difundiese el show. En cambio en Olavarría iban a tocar el 15 de agosto de 1997 y…

Nos prohibieron la noche previa al show. Cuando ya no había margen para frenar a nadie: ¡todo el mundo estaba ahí, empezando por nosotros!

Por suerte éramos muy almaceneros todavía en términos de organización, y no se vendían entradas anticipadas. Eso eliminó uno de los potenciales puntos de conflicto, la devolución del dinero a los pibes. Que, para lo que podría haber sido, se la tomaron con bastante calma. Sólo prendieron fuego a un par de cubiertas delante del hotel donde estábamos. Humo negro y nada más. Era una protesta, como un piquete.

El intendente de Olavarría, que era radical y se llamaba Helios Eseverri, no nos anunció ni comunicó nada formalmente. Se limitó a informar a los medios, nomás.

Fue una locura lo que hizo ese hombre. Andá a saber. El viejo habrá sentido que tendría que rendir cuentas si pasaba algo.

Ya no recuerdo cómo me enteré. Pero tan pronto lo supimos, armamos una especie de teatro de operaciones en un salón del hotel Savoy. ¡Lo que teníamos por delante podía llegar a ser una batalla!

Esa vez los pibes no rompieron nada. Pero estaba bravo, el chispero. Había muchos pibes, que son incontrolables. Los que estaban en la puerta —

estuvieron toda la noche— tenían entre 14 y 18.

En esa circunstancia, ¿no era infinitamente más riesgoso prohibir la actuación con los pibes ya ahí que dejarlos tocar? Podría haber pasado cualquier cosa.

373

El viejo no tenía idea de nada. Ni siquiera se había preocupado en saber quiénes éramos antes de conceder los permisos, que por supuesto la producción había gestionado y obtenido en tiempo y forma. La mesa de arena que armamos nosotros en diez minutos la tendrían que haber hecho ellos mucho antes, y en todo caso habernos dicho no de entrada. De este modo, dadas las cosas que ya habíamos alquilado para el show —sonido, escenario, traslados—, nos hicieron perder un montón de plata.

Y los chicos estaban picantes. Empezaban a sentir el heroísmo, ese fuego que te enciende cuando te enfrentás a algo claramente injusto. Porque el intendente les estaba prohibiendo la posibilidad de escucharnos. ¡Y ellos, a quienes los medios y la sociedad critican y desprecian siempre por pobres y barderos, se encontraban por primera vez en la vereda de la corrección

política! Pero los más quilomberos ya eran clase media. Los de Laferrere habrán escuchado la noticia a último momento y decidido no embarcarse.

La manifestación duró de todos modos la noche entera. Y ya habían aparecido los medios de las ciudades vecinas, de la Capital…

Peter Lorre y Solari, en escena: el vampiro M y el vampiro S.

374

Al caer la tarde, la televisión transmitió en vivo y prácticamente en cadena lo que sabía un hecho inusual, al punto de merecer el calificativo de histórico: la primera y última conferencia de prensa de Los Redonditos de Ricota.

Tuvimos que hacerlo para que la situación no se desmadrase. Para que al menos se diluyera la presión esa, lo que podían hacer los chicos a sabiendas de que estábamos prohibidos, de que no nos dejaban tocar. Ya no me acuerdo si me lo pidieron o se me ocurrió a mí, eso de hablar para calmar los ánimos.

¿No te inquietó tener que enfrentarte a tanto ojo idiota de las cámaras?

Yo lo viví con bastante ausencia. Tomar ese lugar era una novedad y las novedades son atractivas. Nunca antes había dado una conferencia de prensa. Me intrigaba ver cómo sería. No tuve que preparar nada para decir, mi atención estaba puesta en otra cosa: cómo se comportaba la gente, cómo resonaría, dónde iría a parar lo que estábamos diciendo. Me preocupaba el armado de la cosa, cómo presentarla para que no se convirtiese en nada excitante per se. Vos viste que resultó muy tranquila.

De ese modo dividimos la atención de los medios: no sólo iban a mostrar las calles, la montonera de pibes, sino también la conferencia.

19.

Este es un extracto de lo que dijiste aquella tarde ante las cámaras: Antes que nada, me gustaría arrancar pidiéndoles disculpas a los chicos que están afuera. Hasta el momento no se nos ha ocurrido una manera mejor de acercarles nuestro cariño que esta. Estuvimos hasta este momento a la espera de alguna circunstancia que desanudara este lío, con la tranquilidad de haber venido acá, a este pueblo, a hacer un show, habiendo cumplido a través de Pablo [Baldini, el coproductor] con todos los requisitos en tiempo y forma para que este recital fuese una fiesta que es lo que acostumbra ser.

Por algún motivo, que yo me atreveré a decir de índole puramente burocrática, y desconociendo la realidad, decidió el señor intendente con un decreto la prohibición del espectáculo que íbamos a hacer. Yo supongo que el intendente no 375

se autorrepresenta, quiero creer que hay alguna parte de la población de Olavarría que está en coincidencia con él. Lo que hemos recogido durante estos días son muestras de solidaridad tan grandes que no me atrevería a decir que las estadísticas que se mostraron anoche en un canal de televisión fueran acertadas, pero de cualquier manera quiero creer que el intendente ha escuchado de movida algunos pedidos, entre ellos… Algunos de los periodistas que son de acá de Olavarría deben haber tenido acceso a la intimidad de esto, quizás mucho más que los que han llegado de otros lugares.

Este racconto lo que nos dice es que aparentemente, en primera instancia, la cámara de comerciantes o de empresarios le había manifestado su inquietud por nuestra llegada. Después la misma cámara dijo lo contrario.

Otro de los discursos que le deben haber acercado al señor intendente es el discurso policial, que hablaba de una carpeta de inteligencia donde estaba referida la trayectoria vandálica de los seguidores de este grupo. Yo mismo escuché la voz del responsable policial decir ante las preguntas del periodista que esa carpeta, ese dossier de inteligencia, estaba referido a los sueltos periodísticos de UN diario.

Los Redonditos nunca fueron prohibidos en ningún lugar. También se deslizó que nos habían echado de Chile. Yo no conozco Chile, nunca fuimos a tocar a Chile. Se eligió este lugar porque tenemos seguidores en todo el país, esta es una producción independiente a la que le cuesta mucho organizar estos espectáculos y es un lugar equidistante de otros muchos.

Ustedes saben que vienen gentes de todas partes a ver este espectáculo, que no es un espectáculo únicamente para la gente de Olavarría.

Hemos cumplido con todos los requisitos, hemos tenido una paciencia infinita tratando de no dar esta conferencia o explicaciones anteriores para no enturbiar algo que siempre fue la mejor buena voluntad nuestra de que transcurriera de las mejores maneras como siempre acontece. Al mismo intendente y después a los señores jueces Pablo les acercó recortes de los diarios de las distintas provincias, de Villa María, de Concordia, de San Carlos, donde hemos actuado en circunstancias de aparentemente mucho más riesgo, como San Carlos donde hemos tocado… ¿cuántas veces?

Nueve veces, la población de San Carlos son 9.000 habitantes y entraban en un fin de semana 10.000 seguidores de esta banda.

Para que ese supuesto dossier donde figuran actos de vandalismo… Los vándalos son estos chicos que están ahí, de 12, 13 y 14 años, que ya no están en estado de inocencia, ¿verdad?

376

Acá ha pasado algo. Hay un acto de burocracia que no sólo nos atinge a nosotros. Cuando se prohíbe una manifestación de este tipo, no sólo se me está prohibiendo a mí cantar o a los chicos tocar. Se le está prohibiendo a aquellos que, por algún motivo que les es propio, quieren escuchar esto, quieren conmoverse con esto, quieren estar vinculados a esto, a esta banda de música.

Yo digo que el intendente no ha estado solo en esta decisión. Yo no soy quien ni somos quienes para venir a darle lecciones de vida a la gente de Olavarría. Lo único que quiero es mencionar a una de las personas de aquí de Olavarría, una persona de 80 años pasados, que tiene una vitalidad

estupenda, que es el presidente del Club Estudiantes. Y digo esto porque con mucha facilidad y antes de conocerlo yo he leído el discurso que dijo para el cumpleaños y tiene una actitud de vida que yo respeto muchísimo y que de alguna manera tiene que ver con alguno de los slogans de Los Redonditos, que es pensar que vivir cuesta vida, que no se puede vivir dentro de una sandwichera de vidrio, que la vida protegida entre algodones y no expuesta a ninguna experiencia no es rica. Y yo supongo que una persona de esa edad merece mi respeto por esta actitud.

Estamos simplemente acá para avisarles a los chicos de la manera que hemos encontrado en este momento, que hemos hecho todo lo posible para que nuestra fiesta estuviera en común. Más de eso es imposible que hagamos porque hemos dicho más de una vez que esta banda les pertenece a ellos.

Yo no sé si ustedes saben que no somos de dar reportajes, únicamente cuando sacamos algún álbum, cada año y medio, para agregar a la estética y el concepto del álbum algún detalle más. No hace mucho me preguntaban por qué no dábamos reportajes. Yo les decía que lo que sucedía era que ya teníamos la suficiente edad para, en vez de bajarles línea a los chicos, escucharlos, porque en sus nervios hay mucha más información del futuro que la que tipos de nuestra edad pueden tener para aconsejarlos. Esto es de ellos y yo supongo que lo que suceda de aquí en más no es responsabilidad de ellos sino de aquellos que tendrán que correr con la tribulación de decisiones férreas, firmes que han tomado supongo con algún tipo de convicción. Y que a partir de ahí ya no depende de nosotros tener ninguna otra actitud, porque cada uno es dueño de reclamar por lo que le ha sido escatimado.

Yo estoy en este momento contándoles la decepción y la amargura que tenemos.

Pero hace un rato les estaba diciendo casualmente que no sólo nos han arrebatado esta fiesta a la banda, sino a ellos. Yo no tengo palabras para decirles a ellos ninguna otra cosa. No tenemos a partir de este momento ninguna posibilidad de 377

hacer otra cosa que venir a exponer la amargura y el dolor que nos da por no tener una de las fiestas que nos vinculan con estos jóvenes.

………………………………

No va a ser la última vez que vengamos a Olavarría. Quizás hay que esperar un tiempo.

Los corazones jóvenes se lastiman y quizás no tienen la posibilidad de cicatrizar durante un tiempo esas cosas. Yo creo que no sería bueno que vengamos rápidamente. Pero quiero creer que, así como ha habido gente que cree que esta banda tiene mensajes demoníacos que se leen… Yo no sé cómo hacen para leer un mensaje subliminal dando vuelta un CD, porque ya no existen más los discos de pasta. ¿Quién se atrevería a decir que no vamos a volver a Olavarría?

Hemos tenido una actitud de reclusión prácticamente acá porque no queríamos agregarle ningún condimento a esto que no tuviese las características propias de la mesura. Nosotros suponemos que hay un montón de chicos que ya deben estar informados de que el recital se suspendió, pero también supongo que ya hay muchos aquí y hay gente que viene de lugares lejanos que no salieron hace media hora para llegar acá.

Yo no sé la actitud que va a tener la policía, ni sabemos ni podemos preverlo. Yo supongo que el señor intendente, al tomar la decisión, debe haber tenido todo en cuenta y él sabrá tener la misma determinación para resolver esta circunstancia que depende de su decisión primera.

………………………………

Nosotros tenemos por costumbre cumplir con las formas de tiempo y hora en que hemos citado a la gente. Nosotros somos los convocantes, a partir de ahí lo único que faltaba que nos pidieran era que cambiásemos el nombre de la banda. Sobre todo cuando no hay razones. Si uno hubiese cometido no sólo de mala voluntad sino algún error, de no haber pagado una tasa a tiempo, esas ofertas [de tocar en un sitio de Olavarría al aire libre] podrían haber sido hechas, pero nunca aceptadas. Acá lo que la

gente se olvida es que aparte de un evento de tipo jurídico o económico hay un evento de tipo artístico, con lo cual el margen de concesión es muy poco.

Una de las pocas cosas que estamos tratando de ver, por eso empecé hablando 378

pidiendo disculpas a los chicos, es cómo hacer una cosa que nos está provocando mucha amargura, no tener la posibilidad de tener un acercamiento con ellos.

Cuando lidiás con miles de personas, adjudicarles globalmente actos de delincuencia y de vandalismo es una locura. Quiero creer que acá la histeria ha descripto esto como 12.000, 15.000 chicos que iban a venir todos en actitud de venir a destrozar… Ustedes los están viendo. Son chicos que vienen de familias, que tienen padres… Sinceramente no hemos tenido nunca inconvenientes de la naturaleza que se describen. Como en cualquier lugar donde reunís muchos miles de personas, puede haber un grupo que haga algún desmán, pero eso ocurre en cualquier reunión de mucha gente.

Cuando hay algún tipo de briga, de pelea en el público, los mismos chicos no quieren que eso suceda. Estos chicos lo que quieren es venir a estar abrazados con sus novias, a bailar, a ver un espectáculo de rock y a escuchar las cosas que a ellos los conmueven. Y eso es un derecho que creo que ha sido avasallado este fin de semana.

Yo no creo en la malevolencia de esos corazones de 12 años, de 13, 14

años. No creo que esos chicos sean malos, que sean vándalos, que sean todas esas cosas que se dicen. Esos son los fantasmas de la gente que cree que un concepto estético es adoración del demonio, que cree que una chica que masca chicle mientras habla está cometiendo un pecado. En nuestra sociedad anida todo ese tipo de cosas.

20.

La conferencia produjo un shock. Porque la mezcla de la habitual reticencia de Los Redondos ante los medios y el fenómeno que aparecía en la sección Policiales había alimentado los prejuicios hacia ustedes: se

los imaginaba una especie de sátrapas desmelenados que incitaban a la destrucción, a la manera del rompan todo de Billy Bond. Pero las cámaras mostraban otra cosa: a un tipo pelado, vestido con sencillez, en perfecto dominio de sí y de la situación y dueño de un discurso articuladísimo. Lo que se veía era a un tipo que estaba más cerca del profesor universitario que del descontrol eléctrico de Charly o del encanto entre barrial y agresivo de Pappo.

Siempre se corrió la pelota de que éramos raros. En términos generales, la 379

población no tenía ni idea de quiénes éramos, de cómo éramos. Cuando pensaban en rockeros, apelaban a otros arquetipos: el que la va de rock star, el rocker de Boulogne o la macchietta tan negativa, por lo pelotuda, que presentaba el cómico que hacía de Paolo el Rockero.

Pero nosotros no alimentábamos el personaje del rockero convencional. Y

eso quedó de manifiesto durante la conferencia de prensa. Me acuerdo de ver al Ruso Verea en TV, comentando el asunto. Dijo que, cuando los padres de los pibes de esas edades nos escucharon hablar, se replantearon cosas. Qué raro. Si este tipo es así, el que estaba equivocado era yo, dijo el Ruso citando a un padre.

Por supuesto, Pappo no era el personaje que mostraba en la TV, ni tampoco Charly. Y nosotros —esa vez quedó claro, de modo inescapable— no éramos orcos.

Hasta ese momento, los padres de los que iban a vernos nos combatían.

Ahora van a los shows todos juntos, con sus hijos.

¿Cómo continuó la cosa después de la conferencia?

Los chicos siguieron ahí. Y nosotros dijimos que nos íbamos a quedar hasta que soltaran a todos los que ya habían detenido. Nos fuimos cuando quedaban dos, creo, que sólo estaban internados por motivos de salud: ya no bajo custodia policial, sino esperando recuperarse físicamente.

Habíamos convencido a las autoridades de que lo mejor era que dejaran ir a los pibes, porque si los retenían, sus compañeros iban a sitiar la ciudad. En general éramos de hacer ese ablande previo: convencer a la policía de que lo mejor es que no detengan a nadie por un fasito, que los dejen ver el show e irse. Detenerlos sólo crea más problemas.

Cuando nos fuimos, las cámaras de la TV seguían en las puertas del hotel.

Durante el proceso, ¿tuvieron contacto con las bandas?

Nos comunicábamos constantemente. Les decíamos que no se preocupasen, que íbamos a volver a tocar muy pronto. Terminamos haciéndolo en Azul, el 20 de octubre.

Cuando anuncié el show de Los Fundamentalistas en Olavarría, apareció gente que decía: Nos vamos a vengar… No, muchachos: pasaron veinte años, el señor 380

Eseverri ya murió… ¡Los que nos fueron a ver entonces deben tener hoy más de cuarenta!

23. The Shaggs eran una banda femenina de New Hampshire que grabó un único disco, Philosophy of the World, en 1968. Compuesta por las hermanas Wiggin, hacían una música que la gente con buena leche comparaba con el free jazz de Ornette Coleman y el resto, con

“una versión lobotomizada de la Familia Trapp” de La novicia rebelde.

24. El monte análogo, subtitulado Una novela de aventuras alpinas no euclidianas y simbólicamente auténticas, es un libro del poeta y ensayista francés René Daumal (1908-1944). Obra inconclusa debido a la muerte del autor, narra la expedición a una montaña oculta a los sentidos humanos que, sin embargo, sería la más alta del planeta y —ante todo—

la cima que une la Tierra y el Cielo. El líder de esta expedición es una figura misteriosa que se hace llamar Pierre Sogol (logos al revés), a quien