Sentir lo que sucede

Antonio Damasio · Capítulo 20 de 29

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Sentir lo que sucede

Capítulo cuatro

[1] Este es un tema que merece más atención. He hallado pocas excepciones a la observación de que la desorganización de la consciencia nuclear deteriora la emoción, pero sería importante estudiar sistemáticamente la excepción. En mi experiencia, consisten mayoritariamente en ataques de rabia o risa «aparentes», es decir, conductas no motivadas que sugieren la descarga de rutinas automatizadas, y ocurren en los estados vegetativos persistentes o en episodios de no ausencia asociados con

lesiones en el lóbulo temporal. <<

[2] Los trabajos de Francis Crick ejemplifican esta postulación. En la medida en que una elucidación globalizadora de la consciencia requiere entender el proceso de construcción de imágenes, el enfoque de Crick es fructífero; sin duda debemos entender cómo el cerebro se las arregla para construir imágenes, y sus hipótesis ofrecen diversas oportunidades de prueba. Pero Crick cree que «hay formas plurales de consciencia, tales como las asociadas con ver, pensar, con emoción, dolor y así», y que «la cohibición (self-consciousness) —esto es, el aspecto autorreferente de la consciencia— probablemente sea un caso especial de consciencia. Desde nuestro punto de vista, es mejor dejarlo de lado por ahora». E Crick, The astonishing hypothesis: The scientific search for the soul (Nueva York: Scribner, 1994). Mi inquietud es que el descuido de la autorreferencia pueda obstaculizar la solución

global del problema de la consciencia. <<

[3] En una reseña crítica e importante, Güven Güzeldere nombra una serie de filósofos contemporáneos del «sentimiento interno»: David Armstrong, Paul Churchland, Daniel Dennett, David Rosenthal, Peter Carruthers y William Lycan. Ver Güven Güzeldere, «Is consciousness the perception of what passes in one’s mind?», en Thomas Metzinger, ed., Conscious experience (Paderborn, Alemania: Imprint

Academic/Schöningh, 1995). <<

[4] La consciencia es selectiva porque no abarca todos los objetos de la mente. Para ponerlo en términos sencillos, algunos objetos pueden volverse más conscientes que otros. En el tumulto de imágenes de objeto que pueden tomarse conscientes, no todas lo son. La verdad es que no todo objeto es igual porque algunos son más valiosos que otros para un organismo dedicado a mantener la vida.

La consciencia es una propiedad continua de la vida porque en mentes normales y vigiles se representan sin pausa objetos por conocer. Esto es consecuencia de la condición de los organismos complejos vigiles: o bien están perceptualmente volcados en el mundo externo, o produciendo afanosamente imágenes internas evocadas, y, en general, ambas cosas. Algo muy diferente es saber si la maquinaria que genera consciencia lo hace de manera discreta o continua. Creo que la maquinaria produce «pulsaciones» de consciencia nuclear, muchas unidades de consciencia que ocurren una después de otra a partir de múltiples generadores de consciencia. El intervalo entre las unidades es tan breve y las pulsaciones paralelas tan abundantes que solo registramos un borrón continuo.

La consciencia abarca objetos ajenos a sí misma. Por un lado está el objeto, por el otro la consciencia de objeto, separable de éste aunque íntimamente relacionados. La consciencia es «ajena» a los objetos acerca de los cuales es, separación crucial que suele ser ignorada en las reseñas modernas acerca de la consciencia.

La consciencia es personal porque surge en un organismo dado y atañe a los eventos de este organismo. Al decir «personal», William James también quiso decir que era interna, no pasible de ser observada por terceros. Las propiedades de la consciencia que perfilé antes suministran una descripción para los componentes de esta última y crucial propiedad: el aspecto personal de la consciencia. La perspectiva individual ayuda a definir la naturaleza personal de la consciencia jamesiana. La propiedad personal completa la definición, y también lo hace la agencia personal. Ver William James, The principies of psychology, vol. 1 (Nueva York: Dover Publications, 1950).

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[5] B. Libet, «Timing of cerebral processes relative to concomitant conscious experience in man», en Advances in physiological sciences, eds., G. Adam, I.

Meszaros y E. I. Banyai (Elmsford, Nueva York: Pergamon Press, 1981). <<

[6] El neuropsicólogo Marc Jeannerod mostró que el proceso de ejecución de actividad motora disfraza eficazmente el proceso mental que constituye la preparación de los movimientos. Ver Marc Jeannerod, «The representing brains: Neural correlates of motor intention and imagery», Behavioural Brain Sciences 17 (1994): 187-202. El neurofisiólogo Alain Berthoz estudió en detalle la fisiología subyacente. Ver Alain Berthoz, Les sens du mouvement (París: Editions Odile Jacob,

1997). <<