Sentir lo que sucede

Antonio Damasio · Capítulo 22 de 29

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Sentir lo que sucede

Capítulo seis

[1] Un ejemplo puede ayudar a elucidar más la cuestión. Considera una situación en la que un objeto concreto esté puntualmente presente ante un organismo y sea aprehendido mediante la visión. Más adelante trataré el tema del objeto presente en la rememoración, aunque la esencia del proceso no es diferente.

Los eventos críticos que ocurren en nuestro organismo cuando enfrentamos un objeto son de dos tipos, principalmente. Primero, se producen cambios en el estado del organismo, causados por los ajustes requeridos por los procesos percepto-motores, es decir, movimiento de los ojos, manos y cabeza, cambios vestibulares, y así. Segundo, el impacto del objeto genera cambios en el estado del medio interno y órganos. Estos últimos incluyen la suerte de respuestas que eventualmente generan emociones y que empiezan a cambiar el organismo y sus representaciones incluso antes de que ocurran los estados emocionales puntuales. Debemos recordar aquí que nuestra experiencia previa con un objeto específico y con la misma clase de objeto transforma virtualmente cualquier objeto en inductor de alguna respuesta emocional, intensa o débil, buena, mala o intermedia. También debemos recordar que, como señalé, la emoción posee un estatus dual con relación a la consciencia: las respuestas puntuales cuyas consecuencias, en conjunto, pueden producir una emoción son parte del mecanismo que estimula la consciencia nuclear; una fracción de tiempo después, empero, la colección de respuestas que conforma una emoción particular también puede ser tratada como un objeto por ser conocido. Cuando el objeto «emocional» se toma consciente, se convierte en un sentimiento de emoción.

Desde el punto de vista del cerebro, los sucesos críticos descritos son señalados en las regiones específicas adecuadas para señalar el objeto y el proto-self, como ya vimos. Sin embargo, la reseña no verbal que propongo como componente crítico de la consciencia se basa en aun otras estructuras cerebrales y describe cómo los eventos recién mencionados son causados por las representaciones en curso de la presencia de objeto y por la obligatoria reacción del organismo ante ellas, en términos mecánicos y de valor emocional. La reseña no verbal establece la relación entre objeto, por una parte, y organismo, representado por el proto-self, por la otra. Narra una historia clara y primordial, y el secreto del argumento es que el objeto ha

cambiado el organismo.<<

[2] Los vocablos «descripción», «causado» y «relación» en estas frases significan precisamente lo que parecen significar. Por «descripción» aludo a señales neurales cartografiadas; «causado» y «relación» atañen a la estrecha sucesión temporal entre la ocurrencia de las imágenes de objeto y la ocurrencia de las imágenes concomitantes. No quiero decir que el cerebro esté pre-equipado para detectar causalidad. Es probable que causalidad y relación lógica surjan naturalmente en los procesos ejecutados por un cerebro con una anatomía y función particulares. En análogo orden de ideas, el cerebro no necesita una sensación previa de «cosidad», aunque el diseño de los sistemas perceptivos del cerebro y la significación diferente de diversos objetos con relación al bienestar del organismo ayudan a destacar objetos del

conjunto de estímulos que acribillan el aparato somatomotor del organismo. <<

[3] Tal vez te preguntes si la reseña no verbal que acabo de describir es una ficción, y si saber y self también son ilusiones. La pregunta es interesante y tiene más de una respuesta, pero yo pienso que no son ficticios. Después de todo, llegamos a verificar independientemente y a posteriori, en nuestro ser y en otros seres, que los tipos de personajes en el libreto primordial, es decir, los organismos vivientes individuales, los objetos y las relaciones retratadas en el libreto, son de hecho sistemas coherentes, sistemáticos y vastamente difundidos. En ese sentido no son ficticios, porque respetan un estándar relativo de verdad. Por otra parte, es difícil imaginar que describan una verdad absoluta. A escala del universo, los logros de la consciencia son modestos y lo

que nos permite ver es limitado. <<

[4] Antonio Damasio y Hanna Damasio, «Cortical systems for retrieval of concrete knowledge: The convergence zone framework», en Large-scale neuronal theories of the brain, eds. Cristof Koch y Joel L. Davis (Cambridge, Mass.: MIT Press, 1994): 61-74; Antonio Damasio, «Concepts in the brain», Mind and Language 4 (1989): 24-

28. <<

[5] Jerome Kagan, The second year: The emergence of self-awareness (Cambridge, Mass.: Harvard University Press, 1981); M. Lewis, «Self-conscious emotions»,

American Scientist 83 (1995): 68-78. <<

[6] Para mayor información acerca del proceso de rememoración ver El error de Descartes (capítulo 9) y Searching for memory: The brain, the mind, and the past, de Daniel Schacter (Nueva York: Basic Books, 1996). Mi noción de rememoración se basa en la de Frederic Bartlett, que introdujo la idea de que no recordamos facsímiles de objetos percibidos, sino reconstrucciones, bastante parecidas a la percepción original, en la medida de nuestras posibilidades. Frederic C. Bartlett, Remembering: A study in experimental and social psychology (Cambridge, Inglaterra: The

University Press, 1954). <<

[7] John Ashbery, «Self-portrait in a convex mirror», en Selected poems (Nueva York:

Penguin, 1986). <<

[8] R.W. Sperry, M.S. Gazzaniga y J.E. Bogen, «Interhemispheric relationships: The neocortical commissures; syndromes of their disconnection», en Handbook of clinical neurology, eds., P.J. Vinken y G.W. Bruyn, vol. 4 (Amsterdam: North Holland, 1969):

273-90. <<

[9] Julian Jaynes, The origin of consciousness in the breakdown of the bicameral mind (Boston: Houghton Mifflin, 1976); Daniel Dennett, Consciousness explained (ya citado); Humberto Maturana y Francisco Varela, The tree of knowledge (ya citado).

<<

[10] La línea aparece motivada por un evento nada excepcional: un guardia nocturno, solitario, pregunta «¿Quién vive?» al oír pasos. Ahora bien, no es un mero «qui vive» y es poco probable que Shakespeare no lo haya empleado deliberadamente como una forma de señalar la profunda indagación de su obra. Pocos años atrás, Peter Brook expuso la importancia de esta pregunta inaugural al poner en escena una obra titulada

Qui est lá?, basada en Hamlet. <<

[11] Otros han comentado, directa o indirectamente, la existencia de una instancia narrativa en la mente humana. Daniel Dennett, al describir su modelo de consciencia de múltiples borradores, emplea implícitamente una narración verbal para lo que denomino consciencia ampliada. Michael Gazzaniga señala las tendencias fabuladoras del hemisferio cerebral izquierdo en pacientes con cerebro escindido, y postula la existencia de un «intérprete» lingüístico localizado en la corteza; Mark Turner ha sugerido que las narraciones literarias son homologas de procesos cognitivos superiores. Ver D. Dennett, Consciousness explained (ya citado); Michael Gazzaniga, The mind’s past (Berkeley: University of California Press, 1998; El pasado de la mente, Santiago de Chile, Editorial Andrés Bello, 1999); y Mark Turner,

The literary mind (Nueva York: Oxford University Press, 1996). <<

[12] Wolf Singer analizó en 1998 una noción que recuerda mi mapa de segundo orden. También lo hizo Gerd Sommerhoff en 1996. En ambas instancias ven la necesidad de formar meta-representaciones de las actividades cerebrales en curso, pero el sitio neural para ellas es bastante diferente al mío en el caso de Singer (que propone localizarlas en estructuras neocorticales como las cortezas prefrontales); Gerd Sommerhoff no lo especifica. En ambos argumentos, el resultado de las meta-representaciones sería una suerte de espacio global de trabajo más que una sensación de self semejante a la que yo especifico. Wolf Singer, «Consciousness and the structure of neuronal representations», Philosophical Transactions of the Royal Society of London, Series B (Biological Sciences) 353 (1998): 1829-40; Gerd Sommerhoff, «Consciousness explained as an intemal integrating system», Journal of

Conscious Studies 3 (1996): 139-57. <<