Sentir lo que sucede
Capítulo siete
[1] Jerome Kagan, The second year: The emergence of self-awareness (ya citado); M.
Lewis, «Self-conscious emotions», American Scientist 83 (1995): 68-78. <<
[2] Ver P. Goldman-Rakic, «Circuitry of primate prefrontal cortex y regulation of behavior by representational memory», en Handbook of physiology: The nervous system, vol. 5, eds. F. Plum y V. Mountcastle (Bethesda, Md.: American Physiological Society, 1987): 353-417; A. Baddeley, «Working memory», Science 255 (1992): 566-69; Edward Smith y John Jonides para referencias sobre memoria de trabajo en general (E.E. Smith, John Jonides y R.A. Koeppe, «Dissociating verbal and spatial working memory using PET», Cerebral Cortex 6 [1996]:11-20; E.E. Smith, J. Jonides, R.A. Koeppe, E. Awh, E.H. Schumacher y S. Minoshima, «Spatial versus object working-memory: PET investigations», Journal of Cognitive Neuroscience 7 [1995]: 337-56); y Stanislas Dehaene y Jean-Pierre Changeux para una propuesta que vincula la memoria de trabajo con la consciencia (en el Simposio
Gulbenkian acerca de la consciencia, 1998). <<
[3] Bernard J. Baars, A cognitive theory of consciousness (Nueva York: Cambridge University Press, 1988). Ver también J. Newman, «Putting the puzzle together, Part II: Towards a general theory of the neural correlates of consciousness», Journal of
Consciousness Studies 4: 2 (1997): 100-21. <<
[4] Hans Kummer, In quest of the sacred baboon: A scientist’s journey (Princeton, N.J.: Princeton University Press, 1995); Marc D. Hauser, The evolution of
communication (Cambridge, Mass.: MIT Press, 1996). <<
[5] Antonio Damasio, N.R. Graff-Radford, Hanna Damasio, «Transient partial
amnesia», Archives of Neurology 40 (1983): 656-57. <<
[6] J. Babinski, «Contribution á l’étude des troubles mentaux dansl’hémiplégie
organique cérébrale (anosognosie)», Revue Neurologique 27 (1914): 845-47. <<
[7] La indiferencia que expresan los pacientes anosognósicos acerca de sus extremidades enfermas halla su equivalente en la falta de inquietud que les produce la situación. La noticia de que ocurrió una hemorragia mayor y que la posibilidad de severos problemas de salud adicionales es alta suele ser recibida con ecuanimidad. A la inversa, la reacción es totalmente normal si das malas noticias de esa índole a un paciente con el mismo daño pero en el hemisferio izquierdo. En un estudio sistemático de pacientes anosognósicos, mi colega Steven Anderson confirmó que la anosognosia se extiende más allá de la parálisis para abarcar la totalidad de la situación de salud del paciente y sus implicaciones. Al tener una autobiografía defectuosa, privada de una adecuada puesta al día, los pacientes con anosognosia no pueden construir una teoría ajustada de lo que está ocurriendo, de lo que puede acontecer en el futuro ni de lo que los demás piensan acerca de ellos. Tampoco perciben que sus teorizaciones son ineptas. Cuando se daña a tal punto la autoimagen, ya no es posible percibir que los pensamientos y acciones del self dejaron de ser normales. Ver S. Anderson y D. Tranel, «Awareness of disease states following cerebral infarction, dementia, and head trauma: Standardized assessment», The
Clinical Neurospychologist 3 (1989): 327-39. <<
[8] Cabría preguntarse por qué el mapa se corrompe en el hemisferio derecho y no bilateralmente, si consideramos que el cuerpo humano posee dos mitades casi simétricas. La respuesta: en especies humanas y no humanas, las funciones parecen estar distribuidas asimétricamente respecto de los hemisferios cerebrales, tal vez porque un controlador final es mejor que dos cuando se trata de elegir una acción o pensamiento. (Si ambos lados tuvieran lo mismo que decir antes de elegir un movimiento, podrías desembocar en un conflicto; tu lado derecho podría interferir con el izquierdo, y tus posibilidades de producir patrones coordinados de movimiento en más de una extremidad se verían coartadas). Para algunas funciones, las estructuras de un hemisferio deben contar con una ventaja, arreglo funcional conocido como dominancia.
El mejor ejemplo de dominancia atañe al lenguaje. (En más del 95 por ciento de la gente, incluyendo a muchos zurdos, el lenguaje depende prioritariamente de estructuras del hemisferio izquierdo). Otro ejemplo de dominancia, esta vez a favor del hemisferio derecho, se refiere a la sensación corporal integrada. Como dijimos, ésta no es un solo mapa, sino más bien un conjunto de mapas separados pero coordinados. La representación del espacio extrapersonal, el nivel superior de representación de estado corporal y la representación de la emoción dependen de la
dominancia del hemisferio derecho. <<
[9] Kenneth Heilman ha añadido recientemente un aspecto interesante a este enfoque tradicional, al sugerir que los pacientes también carecen de intención de moverse y están, por lo tanto, privados de medios para verificar fácilmente su defecto. K.M. Heilman, A.M. Barrett y J.C. Adair, «Possible mechanisms of anosognosia: A defect in self-awareness», Philosophical Transactions of the Royal Society of London Series
B (Biological Science) 353 (1998): 1903-9. <<
[10] Antonio Damasio, «Time-locked multiregional retroactivation», 1989; Antonio Damasio, «The brain binds entities» (ya citado); Antonio Damasio y Hanna Damasio, «Cortical systems for retrieval of concrete knowledge», en Large-scale neuronal
theories of the brain (ya citado). <<
[11] Para una discusión de las bases neurales de los conceptos y las palabras respectivas, ver H. Damasio, T.J. Grabowski, D. Tranel; R.D. Hichwa y A. Damasio, «A neural basis for lexical retrieval», Nature 380 (1996): 499-505; D. Tranel, Hanna y Antonio Damasio, «A neural basis for the retrieval of conceptual knowledge», Neuropsychologia 35 (1997): 1319-27; D. Tranel, C.G. Logan, R.J. Frank y Antonio Damasio, «Explaining category-related effects in the retrieval of conceptual and lexical knowledge for concrete entities: Operationalization and analysis of factors»,
Neuropsychologia 35 (1997): 1329-39. <<
[12] Daniel Dennett, Consciousness explained (ya citado). <<
[13] Alfred North Whitehead, Process and reality, part 3 (Nueva York: Free Press,
1978, c. 1929). <<
[14] El marco de referencia que presento para el self autobiográfico permite interpelar, desde el punto de vista neurológico, las denominadas personalidades múltiples. En estos extraños y controvertidos casos, los pacientes parecen saltar de una identidad particular y un conjunto de características personales a otra, y en algunos casos se presentan más de dos identidades. El cambio no es tan claro y notorio como en Las tres caras de Eva (libro y filme), y parece que la cultura de esta condición y el medio terapéutico en que los pacientes están inmersos tiene mucho que ver en su presentación clínica. Sin embargo, algo inusual ocurre en estos pacientes, algo que va más allá de las transformaciones de carácter en la mayoría de nosotros. (Ver Ian Hacking, Rewriting the soul: Multiple personalities and the sciences of memory, Princeton, Princeton University Press, 1995). Es posible que, en vez de tener un único punto de reunión para la generación de identidad y personalidad, esto es, un solo conjunto de zonas de convergencia/disposiciones para la generación de identidad y personalidad singulares conectado con un organismo particular, estos individuos logran crear, debido a circunstancias varias de su historia pasada, más de un sitio maestro de control. Sospecho que los sitios múltiples de control se localizan en las cortezas frontales y temporales, y que el cambio de un control maestro a otro posibilita la ocurrencia del cambio identidad/personalidad. El cambio implicaría coordinación talámica, igual que en el caso de una personalidad normal. En estos pacientes, hasta cierto punto, es razonable hablar de más de una «memoria autobiográfica» y más de una construcción de identidad y modalidad de respuesta, conectadas con diferentes historias pasadas y futuros previstos. Es aparente, empero, que pese a ser capaces de desplegar más de un self autobiográfico, tales pacientes siguen contando con un solo mecanismo de consciencia nuclear y un solo self nuclear. Cada self autobiográfico debe usar el mismo recurso central. Intriga reflexionar el asunto. Nos retrotrae a la noción de self nuclear relacionado íntimamente con el proto-self, que, a su vez, se basa en las representaciones de un solo cuerpo en su propio cerebro. Dada la presencia de un único conjunto de representaciones para un estado corporal, se requeriría una distorsión patológica colosal para generar más de un proto-self y más de un self nuclear. Presumiblemente, la distorsión no sería compatible con la vida. Por otra parte, la generación del self autobiográfico ocurre en niveles anatómicos y funcionales superiores, sin duda conectados con el self nuclear, pero en parte independientes de él y, por lo tanto, menos influidos por la intensa sombra biológica de un único organismo.
La distinción entre la constreñida organización del self nuclear, vinculada de manera inevitable a la organización biológica, y la organización de la memoria autobiográfica, potencialmente retirada de las coerciones biológicas gracias a algunos grados de libertad, subraya los diferentes grados de pleitesía a la naturaleza y la crianza, respectivamente, del self nuclear y del self autobiográfico. Curiosamente, en este mismo orden de ideas, está comprobado que, aunque las personalidades múltiples pueden enlazarse con ciertos tipos de propensión biológica, dependen en
gran medida de factores culturales para su desarrollo y perfil.<<
[15] «Gott, welch Dunkel hier!» Ludwig van Beethoven, Fidelio, Acto 2, escena 1. <<
[16] D. Schachter, 1996, ibíd.; A. Damasio, D. Tranel y H. Damasio, «Face agnosia and the neural substrates of memory», Annual Review of Neuroscience 13 (1990): 89-
109. <<
[17] E.R. Dobbs, The greeks and the irrational (Berkeley: University of California
Press, 1951). <<
[18] Julian Jaynes, The origin of consciousness in the breakdown of the bicameral
mind (ya citado). <<
[19] Kathleen Wilkes escribió un interesante ensayo acerca de la consciencia verbal, que complementa las diferencias que señalo, al discutir de qué manera idiomas como el chino y el húngaro se las arreglan con el concepto. Ver Kathleen V. Wilkes, «—, yishi, duh, um, and consciousness», en Consciousness in contempurary science, eds.
A. J. Marcel y E. Bisiach (Oxford: Clarendon Press, 1992): 16-41. <<
[20] Jean-Pierre Changeux, Fondements naturels de l’éthique (París: Editions Odile Jacob, 1993); Une mime éthique pour tous? (París: Editions Odile Jacob, 1997); Jean-Pierre Changeux y Paul Ricoeur, Ce qui nous fait penser: La nature et la régle (París: Editions Odile Jacob, 1998); Daniel Dennett, Consriousness explained (ya citado); Bernard J. Baars, A cognitive theory of consciousness (ya citado). Ver también J. Newman, «Putting the puzzle together», 1997; Robert Ornstein, The evolution of consciousness (Nueva York; Prentice-Hall, 1991); Robert Ornstein y Paul Ehrlich,
New world, new mind (Nueva York: Simón and Schuster, Touchstone, 1989). <<