Esquirlas
(… primer intento de suicidio…)
Mustafá nunca quiso nacer.
Ella, su madre, sí quería sacarlo y él no quería salir. Así que se las ingenió
para enrollarse el cordón umbilical alrededor del cuello y del pulgar de un pie,
con la esperanza de asfixiarse. Pero había poco espacio y él, ya con cuatro kilos y
medio y una cabeza como media hogaza de pan, en realidad no sabía qué hacía.
Pataleó y se retorció, más por frustración que por cualquier otra cosa.
Ella, equivocándose en el diagnóstico, interpretó sus rabietas como un vivo
deseo de asomarse. Su padre la llevó al hospital, pero los médicos y enfermeros
estaban celebrando el 8 de marzo, el Día Internacional de la Mujer. Estaban todos
ebrios y alborotados y tenían los labios manchados de grasa después del atracón
de comida del sindicato. Hicieron esperar a su madre hasta el día siguiente.
Aunque eso a él lo favoreció (más tiempo para liquidarse), detectó no obstante los
errores en la manera de proceder de ellos, y si hubiera podido hablar, habría
calificado de negligencia cruel la actuación del Sistema Sanitario Yugoslavo.
Pataleó y pataleó y perdió el conocimiento, y fue entonces cuando, ante su
repentina inmovilidad, lo trajeron a la vida. Hubo gran alborozo, en todas partes
menos en su cabeza.