La comerciante de libros

Brenda Rickman Vantrease · Capítulo 44 de 45

Páginas del PDF

La comerciante de libros

Epílogo

31 de diciembre del año del Señor de 1417.

 

Queridísima Anna:

¡Qué contenta estoy de saber que han nacido tus gemelas Rebekka y

Kathryn! Lo único que me entristece es que la madre superiora no viviera

bastante para conocer a su tocaya, aunque al mismo tiempo me alegro de que

no haya llegado a oír la triste noticia que tengo que darte. Ayer nos

enteramos de que sir John ha dado su vida por la causa en la que creía. Se

nos dijo que murió valientemente y que su noble ejemplo ha convertido a

muchas personas. Temo que aquí, en Inglaterra, su muerte sólo sea el

principio.

Peor aún están las cosas en Bohemia, donde ha estallado la guerra civil

después de que quemaran a Jan Hus. Rezo para que en París tú, Gabriel,

Finn y sus dos hermanitas estéis a salvo de las persecuciones venideras, y

para que no regreséis a Bohemia. Deduzco de la admisión de Gabriel en el

gremio como maestro escribiente que os van bien las cosas. Hablas de

lecturas de la Biblia en vuestra casa. Tened cuidado.

Ahora la abadesa es la hermana Agatha, y nuestra labor ya no es la que

era. Sólo copiamos obras aprobadas por el arzobispo Chichele, que persigue

a los lolardos con más vigor aún que Arundel. En ese esfuerzo le secunda el

rey, aunque nosotras, con la hermana Agatha como abadesa, no tenemos que

preocuparnos por la presencia de libros heréticos en nuestro scriptorium.

Hablando de libros, el rey Enrique devolvió personalmente los tuyos a la

abadía, dijo que a su entender el uso que les dabas no tenía nada de sectario.

Te los envío junto con esta carta. De todos modos, la hermana Agatha no

quería tenerlos aquí.

Preguntas por Bek y lady Joan. A sir John le apresaron en Gales. Lady

Joan no estaba con él. En el castillo de Cooling no hay nadie. Tampoco

hemos tenido noticias de su señora. Dicen que está viviendo con su hija, lady

Brooke. Rezo para que sea verdad y para que encuentre algún consuelo a su

dolor.

Por Bek no es necesario que te preocupes. En tu ausencia se ha hecho

muy alto, y la fuerza que nunca tendrá en su cuerpo la tiene en su espíritu.

Escribe música para nuestro coro. Te echa de menos, pero parece feliz. Se

pasa el día cantando, salvo cuando toca las campanas. Una mañana fue

convocado por el rey. ¡Sí, por el rey! Fue el día en que su majestad nos

devolvió tus libros. Fue extraordinario verlos juntos: Bek pegado a su

majestad, enseñándole a colocar los dedos de manera correcta en las cuerdas

de un arpa. Daba la impresión de considerarse a la misma altura que el rey, y

a éste no parecía importarle. Vi una honda tristeza en su majestad. Dicen que

está muy resentido por el complot de sir John contra él. Personalmente,

carezco de datos sobre el supuesto complot y sobre la ejecución de sir John, y

aunque los tuviese, no te agobiaría con ellos.

Bueno, Anna, tengo que volver a mis tareas. Sin la protección de sir John,

nos vemos en apuros para ganarnos la vida. Que Dios te acompañe. Me

despido con las palabras de Juliana de Norwich que tanto citaba la madre

superiora: todo irá bien.

Tu hermana, que te quiere,

Matilde

 

Fin