La comerciante de libros

Brenda Rickman Vantrease · Capítulo 45 de 45

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La comerciante de libros

Nota de la autora

En Inglaterra, tras la rebelión campesina de 1381, la Iglesia trató de

erradicar la disconformidad sembrada por las enseñanzas del clérigo de

Oxford John Wycliffe, movimiento que recibió el nombre de «lolardo». Los

obispos lograron relegarlo a la clandestinidad, pero no pudieron impedir su

difusión a otros países, sobre todo después de que Ricardo II, rey de Inglaterra

en época de Wycliffe, se casara con una mujer de la real casa de Bohemia. La

reina Ana era más receptiva a las ideas de Wycliffe, y las nuevas relaciones

entre las realezas de Bohemia (la actual República Checa) e Inglaterra

fomentaron un programa de intercambio entre las universidades de Oxford y

Praga que llevó a Bohemia las ideas de Wycliffe, donde florecieron gracias a

las prédicas de Jan Hus. A principios del siglo XV volvieron a brotar en

Inglaterra las semillas lolardas, lo que planteó un importante desafío a la

autoridad de la Iglesia establecida y del rey.

Probablemente a Enrique V, que reinó entre 1413 y 1422, se le conozca

sobre todo por haber derrotado a los franceses en la batalla de Agincourt,

durante la guerra de los Cien Años entre Inglaterra y Francia. En cuanto a sir

John Oldcastle, gracias a William Shakespeare, que le utilizó como prototipo

original del zafio Falstaff, se le recuerda ante todo por su amistad con el joven

príncipe Harry, antes del acceso de éste al trono. Combatieron juntos, y según

Shakespeare fueron compañeros de taberna, aunque a lord Brooke de

Cobham, maestro de festejos en la corte del rey Jacobo, le pareció que

Shakespeare se tomaba demasiadas libertades con su noble antepasado, y para

no ofender a un miembro tan importante de la corte de su protector, el escritor

rectificó lo dicho por escrito y cambió el nombre del gracioso pero cobarde sir

John por el de Falstaff.

Sir John Oldcastle no tenía nada de cobarde. La historia recuerda que

vivió con valentía. Hay quien dice que murió como mártir y otros como

traidor. Después de que Enrique V, instigado por los arzobispos Arundel y

Chichele, se volviera implacable en su persecución de los lolardos, sir John

fue acusado de conspirar para raptar al rey durante los festejos de la noche de

Reyes y formar una república que permitiera la discrepancia religiosa. A la

frustrada tentativa siguieron varias insurrecciones y complots, que se

achacaron invariablemente a sir John. Se puso un precio de mil libras a su

cabeza. Al final fue herido y capturado en Gales, y llevado en un carretón a

Londres, donde fue condenado sumariamente, sin juicio, basándose en la

sentencia previa de la que había escapado con la ayuda de un tal maese Fisher,

pergaminero.

Para dar consistencia a los personajes de Enrique V y sir John, no he

recurrido sólo a las fuentes históricas, sino a la caracterización de

Shakespeare. Que yo sepa no hay pruebas históricas (ni conjeturas) de que

William Fisher y Enrique V fueran la misma persona. Lo que sí registra la

historia es la reticencia del rey a ejecutar a su antiguo amigo. También se tiene

constancia histórica de que el 14 de diciembre de 1417 sir John fue llevado a

Saint Giles Field, junto a la Torre. Allí se le abrió la barriga con un cuchillo y

se le colgó (por traición) sobre un fuego lento, donde murió quemado (por

herejía).

Las persecuciones contra los lolardos siguieron hasta la Reforma. Se

torturó y ejecutó a muchos hombres y mujeres por discrepancias religiosas,

entre ellos a Jan Hus, en Bohemia. Por desgracia, la intolerancia religiosa no

terminó con la Reforma.

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