La profecía Romanov
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El perro salió corriendo.
Ellos dos le fueron detrás.
Un disparo restalló en la distancia.
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Lord lanzó la piedra al aire, en parábola, en el preciso momento en que Hayes empezaba a darse la vuelta. Sintió que algo se le desgarraba en el hombro y, en seguida, un dolor terrible, que le bajaba por la espina dorsal. Había vuelto a abrírsele la herida.
Vio la piedra chocar en el pecho de Hayes y oyó el disparo. Saltó desde su posición, yendo a estrellarse contra su jefe. Ambos hombres cayeron al suelo. Lord seguía sintiendo un dolor electrizante en el hombro derecho.
Tuvo que ignorarlo. Su puño hizo impacto en el rostro de Hayes, pero éste, sirviéndose de muslos y piernas, logró alzar en el aire a Lord, que cayó de espaldas. Las duras piedras del suelo se le clavaron en la columna vertebral, haciendo más intenso su dolor.
Un instante después, tenía a Hayes encima.
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Akilina echó a correr. Thorn también. Ambos en dirección al disparo. El terreno que pisaban fue haciéndose más duro.
Había rocas por todas partes. Enfrente, a cierta distancia, Akilina oyó jadeos y el ruido que hacen dos cuerpos al debatirse.
Acabó el bosque.
Ante ellos, Taylor Hayes y Miles Lord combatían cuerpo a cuerpo.
Akilina se detuvo junto a Thorn. También el borzoi se detuvo a mirar a la pelea desde unos diez metros de distancia.
–Acaba con esto -le dijo Akilina a Thorn.
Pero el abogado no utilizó su arma.
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