Las huellas de dios
Capítulo 24
24
Capítulo
CUANDO la puerta de seguridad se abrió con un zumbido esta vez, Geli supo que se trataba de Skow. También supo que traía malas noticias, porque no hacía mucho que había hablado con él por teléfono, y el hombre de la ASN le había parecido demasiado cansado para levantarse de la cama.
Hizo girar el sillón de su despacho y vio que se le acercaba, por primera vez vestido con algo que no fuera su traje de Brooks Brothers. Hoy llevaba pantalones de militar y una camiseta del MIT y tenía ojeras; pero seguía pareciendo más un funcionario de universidad que un experto en guerra informática.
—Tiene mal aspecto —le dijo Geli.
—Me encuentro peor.
—No habría venido si trajera buenas noticias.
—Exacto. Ravi Nara me llamó en cuanto usted y yo colgamos. —Skow se dejó caer en la silla que Geli tenía detrás—: Deme uno de sus cigarrillos.
—Pero si usted no fuma.
—Oh, Geli, hay cosas que no sabe de mí.
Ella sacó un Gauloise de su paquete y se lo dio.
Skow le dio una buena calada y expulsó el humo sin toser:
—Estos son asquerosos.
—¿Desde dónde llamaba Nara?
Skow meneó la cabeza.
—Todo a su debido tiempo. Ahora quiero que me escuche.
Geli se cruzó de piernas y esperó.
—Usted y yo siempre nos hemos ocultado cosas. Pero ha llegado la hora de hablar con sinceridad. Al menos, con toda la sinceridad posible.
—Le escucho.
—Godin siempre lo ha compartimentado todo en Trinity, de manera que no sé cuánto sabe usted. Le han dicho que trabajamos con inteligencia artificial, pero ¿sabe exactamente cómo?
—Le escucho.
—Usamos tecnología avanzada con IRM para realizar escáneres moleculares del cerebro, y luego tratamos de cargar esos escáneres en un tipo revolucionario de ordenador.
—Continúe.
—Nuestro objetivo es crear inteligencia artificial no con retroingeniería, sino con copias digitales. Si esto funciona, el resultado no será un ordenador que trabaje como un cerebro humano, sino un ordenador que sea el cerebro de una persona concreta a todos los efectos. ¿Lo entiende?
Geli pensaba que los escáneres con IRM se usaban para estudiar la arquitectura cerebral, no como la base misma de una máquina:
—El principio parece bastante sencillo.
Skow soltó una carcajada falsa:
—En teoría, lo es. Y tarde o temprano se conseguirá. Pero la diferencia entre tarde y temprano es de gran importancia para usted y para mí.
—¿Por qué?
—Porque Peter Godin se está muriendo.
Cuando se confirmaron las sospechas de Geli, algo le palpitó con fuerza en el corazón. A su mente acudieron imágenes de Godin: la cara hinchada, la boca colgona, el paso desgarbado.
—¿Que se está muriendo?
—Peter tiene un tumor cerebral. Ravi Nara lo descubrió hace seis meses, cuando se hicieron los primeros escáneres para los neuromodelos.
Por eso no ha podido localizarlo en los dos últimos días. Cuando no trabaja directamente en Trinity, está bajo tratamiento.
Geli se movió en la silla:
—¿Cuánto le queda?
—Ahora es cuestión de horas; como mucho, de un día. El tumor era inoperable incluso en la primera fase, cuando Ravi lo detectó. Peter pensó que si el gobierno se enteraba de que tenía un cáncer terminal, no le asignarían los recursos necesarios para convertir el Proyecto Trinity en una realidad. Así que él y Ravi hicieron un trato: Ravi mantendría el tumor en secreto y medicaría a Peter con esteroides para alargarle las constantes vitales el tiempo suficiente con tal de que pudiera culminar el proyecto. No quiero ni pensar lo que Ravi le pidió a cambio.
—Nara es una comadreja.
—Sin duda. La cuestión es si desde el principio ha habido un orden del día oculto en Trinity. Peter Godin ha ido trabajando en Trinity para salvar la vida.
—¿Qué quieres decir?
—Si el ordenador Trinity tuviera que estar terminado antes de su muerte, se le podría cargar el neuromodelo de Peter. Su cuerpo dejaría de existir, pero él seguiría existiendo en el ordenador como Peter Godin.
Geli parpadeó incrédula:
—No conseguirás que me lo crea.
Skow se echó a reír:
—No sólo es posible; es inevitable. Sólo que no va a ocurrir esta semana.
—Si eso fuera cierto, ¿no se podría cargar en el ordenador el neuromodelo de Godin o lo que sea también después de su muerte?
¿Cuando Trinity estuviera acabado?
—Por supuesto. Pero en ese supuesto, Peter tendría que morir con la duda de si eso llegaría a pasar algún día; tendría que morir como cualquier otro ser humano de la historia. Y eso lo obligaría a confiar en que nosotros lo resucitáramos en la máquina.
—Ya. —Geli procuraba asimilar las implicaciones de la inminente muerte de Dios—: ¿Y por qué ha venido exactamente?
Skow le dio otra calada al Gauloise y le clavó una mirada de «no es ninguna tontería»:
—He venido para salvar su pellejo. Y el mío.
—No sabía que me lo estaba jugando.
—Pues sí. Porque el Proyecto Trinity está a punto de fracasar.
Ahora lo entendía. El barco se estaba hundiendo, y las ratas buscaban botes salvavidas:
—Pero usted dijo que el éxito está asegurado.
—A la larga, sí. Pero Godin morirá antes de que el ordenador esté operativo, y no quedará nadie que lo haga pasar al siguiente nivel. Fielding está muerto. Ravi ya ha puesto su granito de arena y el trabajo que queda por hacer está fuera de su alcance. Por otro lado, si no presentamos un ordenador Trinity operativo después de haber gastado casi mil millones de dólares…
—¿Mil millones?
Skow parecía impaciente:
—Geli, buena parte del prototipo Trinity está compuesto de nanotubos de carbono. Lo cual supone el empleo de alta tecnología y la creación de toda una ciencia. Ya sólo la inversión en los materiales de I+D alcanza cifras desorbitadas. Lo mismo se podría decir de la investigación en memoria holográfica. Nosotros…
—Vale, lo pillo —su cerebro trabajaba en modo de supervivencia—.
Usted ha dicho que cuando Godin no está bajo tratamiento, está trabajando en Trinity. Pero ¿dónde trabaja? ¿En Mountain View?
Skow meneó la cabeza.
—Hay otras instalaciones en las que se investiga para el Proyecto Trinity. No le diré dónde se encuentran hasta que lleguemos a un acuerdo.
Pero se pusieron en marcha hace dos años, justo después de saber que el presidente insistiría en tener a Tennant aquí para realizar un seguimiento ético. Godin sabía que llegaría un día en el que necesitaría trabajar en Trinity sin que Tennant o el gobierno estuvieran al corriente de sus actos.
Por eso lo hizo.
La percepción que Geli tenía de la situación iba cambiando a cada frase:
—¿Entonces en qué punto está Trinity ahora mismo? ¿Es un completo fracaso?
—No. En estos momentos sigue operativo. El prototipo de Trinity fue el que predijo que Tennant buscaría refugio en Frozen Head. Básicamente, el neuromodelo de Tennant nos dijo adonde iría.
Geli apenas daba crédito:
—¿Lo ha visto con sus propios ojos?
—No. Pero he visto el prototipo. Y supera la ficción.
—De ahí sacaron la idea de Frozen Head. ¿Entonces no fue de la doctora Weiss?
—Correcto.
—Dios mío. Si puede hacer cosas como ésas, ¿por qué lo considera un fracaso?
Skow levantó una mano y la inclinó hacia atrás y hacia delante:
—Una parte de Trinity funciona. Pero sólo desde hace veinticuatro horas, y yo ni siquiera puedo empezar a explicar lo que supone completar esta máquina. Están realizando grandes avances con la región de la memoria; pero no es para nada el caso de las regiones más directamente vinculadas a los procesos mentales.
—Era el cristal, ¿no? —Geli pensó en voz alta—. El cristal de la leontina de Fielding. Eso es lo que se necesita para hacerlo funcionar.
—Sí. Fielding saboteaba el proyecto, pero también dejaba constancia de todos sus actos. Incluso al modificar el código de otras personas, grababa el código original en su cristal. Los idealistas son terribles saboteadores. Fielding no se veía capaz de destruir un auténtico progreso científico. En cualquier caso, cuando el cristal cayó en nuestro poder, recuperamos todos los códigos informáticos alterados. Pero el verdadero plus era el trabajo inicial que el mismísimo Fielding había llevado a cabo.
No podía dejar de intentar resolver los problemas que teníamos pendientes, ni siquiera mientras saboteaba los avances que habíamos realizado hasta la fecha. El reciente trabajo de Fielding ponía el Trinity a nuestro alcance. Sin ese cristal, el prototipo no funcionaría.
—Pero si funciona en parte, ¿por qué el gobierno no puede recurrir a otros científicos para que tomen el relevo y lo completen?
—Podrían hacerlo, si supieran cómo. Pero no lo saben. Todo lo que Godin lleva haciendo desde la suspensión del proyecto es ilegal y no está autorizado.
—Entonces que trasladen el prototipo a este edificio.
—Peter no lo permitiría. A estas alturas no sobreviviría al traslado.
—Pero usted dijo que pronto moriría.
—No lo bastante pronto. —La inquietud apareció reflejada en los ojos de Skow—: Si tuviéramos un ordenador Trinity operativo, ni al gobierno estadounidense ni al británico les habría preocupado el coste tanto económico como humano del proyecto. Pero tras el fracaso, se pedirán explicaciones.
—¿Qué está diciendo?
—El fracaso busca un chivo expiatorio.
—Yo no he tenido nada que ver con la creación de ese ordenador.
—No, pero se podría señalar la muerte de Fielding como la causa de su fracaso. ¿Y quién mató a Fielding?
Ahora Geli veía adónde iba a parar Skow:
—Me está cabreando.
El hombre de la ASN mostró las palmas de las manos:
—Sólo estoy planteando un posible escenario. Usted encaja en el papel.
Se sabe que peca de diligente…
—¿Quiere salir vivo de aquí?
Skow sonrió:
—Sólo le estoy mostrando su posicionamiento en esto. Ahora mismo, Tennant y Weiss siguen libres. Y Lu Li Fielding, desaparecida.
—Son tres problemas que puedo solucionar.
—Los hechos dicen lo contrario.
Geli le lanzó una mirada que dejaría el cristal hecho añicos.
»Cálmese —dijo Skow—. De todas formas, ahora tampoco me interesa que Tennant muera. Sería una estupidez seguir coleccionando cadáveres.
Nos pondría las cosas exponencialmente difíciles.
Geli tenía la sensación de que habían acabado la conversación:
—Está bien. Si yo no soy el cabeza de turco, ¿quién es?
—Peter Godin.
—¿Qué?
Skow dejó flotando un anillo de humo azul entre los dos:
—Piénselo. Cuando Peter muera, todo se podrá explicar con sólo exagerar la verdad. Se estaba muriendo de un tumor cerebral y ninguno de nosotros lo sabía. Peter era un gran hombre, pero el tumor le dañó el cerebro. Se empezó a obsesionar con salvar la vida y vio que el ordenador Trinity era la única manera posible de hacerlo. Cuando Fielding y Tennant suspendieron el proyecto, Godin se dejó llevar por el pánico y ordenó que los mataran.
Geli se reclinó y asimiló el plan. La lógica era perfecta. Era la Gran Mentira, que convertía todo lo negro en blanco.
—Si hacemos esto —prosiguió Skow—, Tennant no podrá perjudicarnos por mucho que lo intente. Es una solución mucho más elegante que el asesinato.
—Hay un problema —dijo Geli—. Si dejamos a Tennant con vida, dirá al mundo entero que yo era la que lo intentaba matar.
—¿Seguro? —Skow sonrió y meneó la cabeza—: ¿Quién fue a la casa de Tennant para acabar con él? ¿A quién vieron Tennant y Weiss?
—A Ritter.
—Exacto. Y Ritter Bock estaba empleado en Godin Supercomputing antes de que usted pasara a formar parte del equipo. ¿Correcto?
Skow parecía haber pensado en todo:
—Sí.
—¿Alguien sabe que usted dio a Ritter la orden de matar a Tennant?
—Yo nunca di esa orden.
Skow sonrió burlonamente:
—Claro que no lo hizo. Jamás me lo imaginaría. Peter dio la orden directamente a Ritter, su dóberman privado. El doctor Tennant estuvo de suerte y mató a Ritter en defensa propia. Ahora usted es pura como la nieve, Geli. Todo lo que ha hecho es seguir las órdenes de Godin.
—¿Y usted?
—Para cuando supe que Fielding no había fallecido por causas naturales, Ritter ya estaba muerto y Tennant había huido. Desde entonces, he estado tratando de conocer la verdad.
Geli seguía intentando encontrar fallos en la versión de Skow:
—¿Y por qué incineramos tan rápido el cuerpo de Fielding?
—Cuando descubrimos que había sido asesinado, sospechamos de una sustancia biológica altamente infecciosa. Nara aconsejó cremar el cadáver y todas las muestras de sangre de inmediato; era la única manera de preservar la seguridad del edificio.
—¿Nara corroborará esta versión?
—Hará lo que sea para salvar su reputación.
Geli se levantó y empezó a caminar de un lado a otro del centro de control. Skow giró la silla y la siguió con la mirada.
—¿Y si Godin se sale con la suya? —preguntó ella— ¿Y si culmina el Trinity antes de morir, y resulta ser todo lo que prometió?
—Ravi dice que eso no ocurrirá. Peter se muere demasiado rápido.
La ironía de la situación la deprimió:
—¿Sabe? Peter Godin me cae bien. Lo respeto. En cambio, a usted no lo trago; y tampoco lo respetaba hasta que me vino con su propuesta.
Podría funcionar.
—Va a funcionar. La única pieza que falta es usted.
Geli vio que no le quedaba más remedio que cooperar:
—Dígame dónde están las otras instalaciones de Trinity, y llegaremos a un acuerdo.
La seguridad desapareció del rostro de Skow:
—No puedo hacerlo.
—¿Porqué no?
—Lo entenderá en un minuto. Voy a revelarle el nombre de la persona que vela por la seguridad en la otra base. Le podrá preguntar lo que quiera.
Geli se detuvo y lo miró fijamente:
—¿Qué clase de juego es éste?
—Así es como me dijo que lo hiciera, y no quisiera ganarme su enemistad.
—¿Pero quién coño es esa persona?
Skow meneó la cabeza:
—Le daré su número.
—No voy a llamar a nadie hasta que sepa de quién se trata.
Skow sostuvo el cigarrillo, observándola como con compasión:
—El general Horst Bauer.
Geli se sonrojó. El orgullo que había sentido al trabajar en Trinity la abandonó precipitadamente:
—¿Mi padre es el encargado de la otra base Trinity?
—Sí.
—Hijo de puta. ¿Por qué nos ha metido a los dos en esto?
A pesar de su evidente renuencia a hablar, Skow parecía intuir que Geli no cooperaría hasta que él le hubiera respondido.
—Es muy sencillo —dijo Skow—. Desde un principio, Godin ha orquestado todos y cada uno de los aspectos de Trinity. Su padre siempre había influido en el tipo de ordenador que el ejército utilizaba en determinadas instalaciones, debido a su experiencia en materia de inteligencia militar. El Pentágono, varias bases y ahora Fort Huachuca.
Fort Huachuca, en Arizona, era el centro de Inteligencia Militar de Estados Unidos, y su padre era el oficial al mando.
»El general Bauer ayudó a Godin Supercomputing a conseguir contratos del ejército —dijo Skow—. Su influencia fue decisiva para desbancar a Cray, NEC, y los demás competidores.
—Es decir, que se llevó dinero.
—Fajos enteros. Tiene una cuenta Cayman numerada que Godin le infla, igual que yo. La ASN no paga lo suficiente para costear mi estilo de vida.
—Ese hipócrita hijo de puta. Yo pensaba que, al menos en lo que respecta a su país… no importa. Tendría que habérmelo imaginado.
—Su padre no perjudicó al país promocionando los superordenadores Godin. Eran tan buenos como los demás que había en el mercado. El general sólo encontró donde pudo una pequeña bonificación. Así es como funcionan los negocios hoy en día.
La cicatriz en el rostro de Geli parecía latir con rabia:
—El ejército es un servicio, no un negocio.
Skow rió entre dientes:
—Nunca la habría considerado una romántica.
—Váyase a la mierda.
—En cualquier caso, cuando Peter consideró que necesitaba una base de investigación secreta, llamó a su padre. Cierta cantidad de dinero pasó
de unas manos a otras, y el general nos encontró un bonito y apartado lugar donde nadie nos molestaría.
—¿Por qué me trajeron aquí?
—Peter buscaba un determinado tipo de persona para el puesto que ocupa ahora. Su padre nos la recomendó.
Geli empezó a dar vueltas de nuevo, con la sangre inundándole las orejas:
—Él está al corriente de todo, ¿no? La muerte de Godin, el fracaso del proyecto…
—Sí. Y también está a bordo. Tiene un trabajo que conservar.
—Bueno, pues que se joda. Y usted con él.
—Llámelo, Geli.
—¿El Trinity secreto está en Fort Huachuca?
—No.
Geli no lo creía. Había cientos de hectáreas reservadas para ensayos de armas en el remoto campamento de Arizona. Por otro lado, su padre era un experto en cubrirse las espaldas. Habría querido tener derecho de renuncia si Trinity se convertía en una responsabilidad, y por eso era muy poco probable que se lo hubiera llevado a su propio campamento.
Geli se puso los auriculares, pulsó una tecla y dijo: «General de división Horst Bauer. Fort Huachuca. Arizona.»
Skow dio un suspiro audible de alivio.
El edecán del general cogió el teléfono.
—General Bauer —espetó Geli.
—El general no está disponible. ¿Quién llama, por favor?
—Dígale que su hija está al teléfono, capitán.
—Un momento, por favor.
Sin duda, Skow disfrutaba con el espectáculo. Ella hizo girar el asiento para no tener que mirar la avejentada cara de la Ivy League.
Mientras esperaba, a su mente acudían imágenes de su padre. Los enemigos de Horst Bauer, alto e imponente al estilo alemán, lo habían descrito como la versión rubia del general James Mattoon Scott de Burt Lancaster en Siete días de mayo. Era una buena comparación. Sin embargo, ese soberbio tirano que todos veían no era el hombre que Geli conocía: el
mujeriego que tantas veces había engañado a su esposa y que en el extranjero había dejado varios hijos bastardos; el animal que, al verse enfrentado por la «rebeldía» de su hija, la golpeaba sin piedad con lo que tenía a mano. Para Geli, la ironía de su vida era haber seguido los pasos del hombre al que odiaba. La razón era bien sencilla. Ella odiaba a su padre por haberla dejado tan profundamente marcada; pero despreciaba aún más la pasividad de su madre.
—Bueno, Geli —dijo una voz grave que le tensaba cada músculo del cuerpo—. Debes de andar metida en un buen lío. Si no, no tendría noticias tuyas.
Geli quería colgar el teléfono de un golpe, pero necesitaba respuestas:
—¿Qué sabes sobre un proyecto de inteligencia artificial?
—Gracias por los cumplidos. Es una pregunta muy poco precisa.
—¿Quieres precisión? Llevo la seguridad del Proyecto Trinity, en Carolina del Norte. Me han dicho que hay una base secreta llevando a cabo investigaciones para ese proyecto. ¿Qué sabes al respecto?
Se hizo un momento de silencio.
—Tal vez sepa algo.
—¿Y tú nunca me hablaste de esto porque…?
Risa seca:
—No sabía que hubiéramos iniciado un programa de rehabilitación padre-hija.
—¿Le diste a Godin mi nombre para este trabajo?
—¿Cómo si no crees que te encontró? En cuanto a por qué nunca te hablé sobre mi implicación, Godin quería que todo estuviera compartimentado. No puedes enfadarte por eso. Nunca me has contado nada desde que alcanzaste la pubertad. Lo poco que sé, lo sé por habladurías de médicos o agentes de policía.
«Interminables batallas», pensó Geli.
—No tiene sentido remover el pasado. Ya sé lo que necesitaba saber.
—¿Y tú entiendes la situación? ¿Lo que hay que hacer?
—Me han puesto al corriente.
—Skow no los tiene bien puestos, sin embargo le sobra talento para controlar el daño ocasionado.
—Te tengo que dejar —dijo Geli, aunque siguió a la escucha.
—Venga —dijo el general—. Tengo la impresión de que pronto nos veremos.
Geli se quitó los auriculares y echó una mirada a Skow.
—¿Y bien? —preguntó el hombre de la ASN— ¿Estamos todos en la misma página?
—Váyase de aquí.
—No ha respondido a mi pregunta.
—¿Qué remedio? Pero me enferma que un hombre como Godin muera para que escoria como usted y mi padre salgan a flote. No están capacitados para servir a Peter Godin.
Skow enseguida se ruborizó:
—¿En lo de Tennant y Weiss coincidimos? ¿Los dejamos con vida?
¿Les decimos que todo ha sido un malentendido?
—Godin no ha muerto todavía.
—Cierto.
—Y no tenemos ni idea de dónde están Tennant y Weiss. No nos podemos comunicar con ellos, a no ser que salgamos en la televisión y demos explicaciones al mundo entero.
—También es cierto.
—Aún no estoy seguro de querer que Tennant vaya por ahí diciendo a todos lo que cree que pasaba aquí. Conoce a gente influyente.
Skow asintió pensativo:
—Se me ocurre una idea. Dejaré a Tennant y Weiss en tus manos. Si tienen que morir, nos encargaremos de ello.
—Hace bien en dejármelos a mí.
Skow se levantó y se dirigió hacia la puerta:
—¿Alguna pregunta más?
—Sólo una. ¿Por qué saboteaba Fielding el proyecto?
Skow sonrió:
—No creía que los científicos debieran crear cosas que no entienden.
—¿Entonces por qué entró él a formar parte del proyecto?
—No creo que pensara que el proyecto fuera a avanzar ni la mitad de rápido. Según él tendríamos que adquirir los conocimientos necesarios
sobre el cerebro antes de poner el Trinity en marcha.
—¿Y usted lo hizo? ¿Adquirió esos conocimientos?
—¿Bromea? Si Trinity estuviera operativo al cien por cien, quedaría totalmente fuera de nuestro alcance.
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