Las huellas de dios

Greg Iles · Capítulo 8 de 47

Páginas del PDF

Las huellas de dios

Capítulo 7

7

Capítulo

-RITTER ha llegado —dijo Corelli, con una voz que sonaba tensa en los auriculares de Geli—. Ya tiene el láser enfocado hacia la ventana principal.

—¿Qué oyes?

—Sonidos concretos, pero nada de conversación. Como una persona que se mueve de un lado a otro de la casa. Podrían estar en una de las habitaciones de atrás.

—Cambiad de posición e instalad el láser en una ventana de la parte de atrás. Rápido.

—Vale.

Geli apenas se podía quedar quieta en la silla. Algo pasaba en casa de Fielding, y ella sólo tenía una manera de saber qué era. Pasado un minuto, la voz más grave de Ritter dijo: « Nichts». —¿No se oye nada en la parte de atrás? —preguntó.

—Nein.

—Saben dónde están los micros, y los han tapado.

—¡Ah! —dijo Ritter—. ¿Cómo iban a saberlo?

—Fielding.

—Ese bastardo —dijo Corelli—. Siempre con sus jueguecitos.

Geli asintió. En Trinity, Fielding había interpretado el papel de profesor despistado; pero, en realidad, era el hijo de puta más listo del lugar.

—Seguramente han salido de la casa —dijo Geli—. Fielding y Tennant ya lo hicieron en dos ocasiones. Mientras paseaban al perro de Fielding.

Voy a apostar un equipo en el bosque.

—Nein —dijo Ritter—. Tennant los oirá.

—¿Se te ocurre algo mejor?

—Iré yo solo.

—Vale, pero tendré la zona acordonada. Tennant podría intentar salir corriendo.

—No lo creo. Salir corriendo es una estupidez. Y Tennant no es estúpido.

—¿Y por qué es una estupidez?

—Cuando sales corriendo, no llevas a una mujer contigo. Te mueves rápido y ligero.

Geli se sonrió.

—Tennant no es como tú, Liebchen. Ritter soltó una carcajada:

—Es un hombre, ¿no?

—Es un estadounidense criado en el sur. Conocí a tipos como él en el ejército. Héroes natos. Tenían esta vena romántica que a muchos les acarrea la muerte.

—¿Cómo al inglés? —preguntó Ritter.

Geli pensó en Andrew Fielding:

—Algo así. Ahora sigue con lo tuyo. Dile a Corelli que cubra la entrada.

—Ja. Geli se levantó de la silla y echó a caminar por el estrecho corredor entre hileras de componentes electrónicos. Pensó en llamar de nuevo a John Skow, pero Skow no quería que lo molestaran. Bien. Lo llamaría cuando Tennant saliera corriendo, y entonces a ver qué diría el bastardo arrogante de no apretar demasiado la correa.

OceanofPDF.com