Libelo contra la secta

Hermann Tertsch · Capítulo 1 de 39

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Libelo contra la secta

Introducción

 

España ha entrado en una deriva grave y peligrosa. Dicho de otra forma: España está hecha un asco y nadie con cierta lucidez negará que aún puede empeorar su situación. Nadie, ni dentro ni fuera de nuestras fronteras, niega ya la profunda preocupación ante un deterioro general de los índices básicos que determinan nuestro futuro previsible, desde la prosperidad y la competitividad a nuestra convivencia interna y cohesión social, credibilidad y probidad; desde el respeto a nuestra identidad y nuestros valores a la percepción de nuestro papel en un mundo vertiginosamente cambiante. Para que nos entendamos: en seis años de gobierno disparatado, de ocurrencias, de visiones y aventuras, de mentiras y gracias gratuitas, José Luis Rodríguez Zapatero ha logrado transformar un país modesto pero prometedor en un páramo cubierto por las ruinas de las esperanzas de millones de españoles, en una inmensa escombrera en la que reposan los proyectos y sueños de un par de generaciones de españoles.

Llegó al poder gracias a un golpe de suerte que para los demás fue una tragedia. Aquello ya no era muy buena señal. Pero lo habido desde entonces supera toda la capacidad de profecía negra de los peores agoreros. Cabalgando sobre sus lemas de la transformación benéfica y simpática, de la bondad universal y una ética y estética de adolescente, Zapatero nos ha estropeado definitivamente la entrada en el milenio. La montaña de loza rota se eleva hasta el cielo. Ahora que existen indicios de que nuestro caudillo «tontiloco» fracase en su intento de perpetuarse y caiga a las profundidades del basurero de la historia, los españoles -pero no sólo ellos- buscan con razón el cómo de tanto disparate y daño innecesario.

Resulta realmente tremendo lo acontecido. En unos momentos en los que el planeta se enfrenta a inmensos retos, con situaciones insólitas y protagonistas cambiantes, España se hallaba hace menos de una década, en una situación muy favorable para asumir un destacado papel en el reto de hacer de Europa un actor y no un paciente en el siglo XXI. Como nunca en tres siglos de su historia, España, madura después de más de tres décadas de democracia, parecía haber enterrado definitivamente la condena que la había llevado, una y otra vez, a ser víctima de sí misma. Cuando comenzó este milenio se hablaba del «milagro español» que venía a completar en el terreno económico y cultural la «historia del éxito español» (the spanish success story) que había comenzado con una transición política admirada por todos. Y ejemplo para muchos países, en Latinoamérica y la Europa oriental, en su propio acceso a la democracia. Una década después tan sólo estamos sumidos en la mayor crisis española desde la Guerra Civil. Las generaciones jóvenes de españoles que dan el salto a la madurez comienzan a ser conscientes de que son los primeros, nada menos que en setenta años de historia española, que vivirán peor que sus padres.

Este librito, un libelo en la vieja tradición, se puede tachar, descalificar o valorar también como un panfleto. No aspira a ser un análisis político. Ni un relato objetivo de los acontecimientos. Y en ningún momento pretende ecuanimidad o imparcialidad. Ni siquiera aspira a ser justo, porque eso requeriría una pormenorización de los acontecimientos y de sus protagonistas que no se plantea. Les presento aquí un ejercicio perfectamente malintencionado y por supuesto vengativo. Consciente de que no podrá compensar en nada los daños que ha infligido el protagonista a la nación y a su ciudadanía, al menos reclama el derecho a una pataleta y el mínimo consuelo de permitirse un aviso para cuando todos los desafueros habidos acaben siendo reconocidos hasta por los cómplices del torpe intruso en la historia de España que es Zapatero. Es éste un escrito abiertamente hostil y airado contra quienes nos gobiernan desde hace casi siete años, y a quienes hace responsables de la situación en la que se encuentra hoy nuestra patria. El autor parte de la convicción de que es casi imposible hacerle más daño a una democracia estable y moderna del que le han infligido en España los actuales gobernantes bajo la dirección e inspiración de José Luis Rodríguez Zapatero. Desde la Guerra Civil nadie ha destruido tanto y ha creado menos por el bien de la nación que juró defender cuando asumió el cargo. Probablemente haya que remontarse a Fernando VII para encontrar una figura tan nefasta en el gobierno de España.

Desde hace ya más de un lustro, el autor viene repitiendo en sus artículos y comentarios radiofónicos y televisivos una frase que resume bien su valoración de Rodríguez Zapatero caudillismo que impuso primero en el Partido Socialista y después en el gobierno de la nación: «Nadie en tiempos de paz es capaz de hacer tanto daño en tan poco tiempo».

Este libelo —en su acepción original un escrito breve o un cuaderno de reflexión personal— no difama a nadie pero expone sin recato la indignación de su autor por la política llevada a cabo por un gobierno socialista con la ayuda de los nacionalismos periféricos desde su llegada al poder el 14 de marzo de 2004, gracias a unas elecciones que España celebró totalmente traumatizada por el atentado del11-M tres días antes. Si aquellos comicios fueron en sí anómalos por el contexto en que se celebraban, anómala ha sido toda la forma de gobernar España desde entonces, y los resultados nos han llevado siete años, y otras elecciones después, a una permanente anomalía que cada vez nos aleja más de las democracias de nuestro entorno europeo. Sin cuestionar la legitimidad de las victorias socialistas de 2004 y 2008, lo cierto es que ambas se han producido en un marco de turbias mentiras y ocultaciones, acoso a las instituciones y forcejeo con las leyes. Y en su forma de gobernar han demostrado su falta de respeto a la Constitución y a las instituciones que de ella emanan, su desprecio a todos los españoles que no los vitorean o se pliegan a su dictado, su voluntad intimidatoria y su vocación autoritaria. Hoy está claro que triunfe o fracase con sus intenciones, Zapatero y su generación de socialistas radicales han dejado una huella en nuestra sociedad que amenaza con ser indeleble. En el mejor de los casos, si la sociedad española es capaz de emprender un camino de regeneración política y moral, la tarea será ardua. Llevará generaciones, no sabemos cuántas, construir de nuevo una sociedad ilusionada, solvente y libre sobre un páramo de precariedad económica y social, indolencia, incultura, abuso y arrogancia, zafiedad y desprecio a las instituciones y las tradiciones, a los sentimientos de los ciudadanos y a su privacidad.

Este escrito es, en resumen, poco más que un desahogo airado ante una situación intolerable y, sin embargo, tolerada con una resignación general de los españoles que resulta desesperante. ¿Cómo es posible que hayamos llegado a esta situación sin que nadie haya sido capaz de articular una respuesta contundente, un «¡basta ya!» rotundo que impidiera tanto desafuero? ¿Por qué no ha habido una oposición real, una fuerza defensora del espíritu de la transición y la Constitución que hiciera frente a ese mensaje tóxico de la radicalidad del experimento social, del pensamiento mágico del totalitarismo benéfico y de la mentira y la impostura como sustento del mismo? No hay respuesta univoca.

Lo que debiera estar claro para todos es que el gobierno actual quiere modificar nuestro sistema de vida, nuestra realidad y nuestra voluntad para imponernos un régimen político y social que no es el que juntos todos nos dimos en la Constitución de 1978. El autor de este libelo está convencido de que esta intención es una amenaza para nuestros derechos y libertades. Por eso proclama aquí su condición de adversario radical e irreconciliable de quienes considera, más allá de ineptitudes, mentiras y vilezas, enemigos de la libertad.

Una enumeración y valoración exhaustivas de los desmanes de este gobierno adquiriría las dimensiones de la Enciclopedia Británica. Este texto sólo quiere expresar el asombro, la estupefacción, cabría decir, del autor ante los disparates de la gestión zapaterista y la indolencia o inconsciencia con que ha sido tolerada tanto tiempo por los españoles. Sólo pretende expresar el enfado ante las pretensiones totalitarias del pensamiento débil, el pesar por el desmantelamiento de todo el andamiaje cultural, sentimental y moral de la sociedad española, y el lento pero al parecer imparable socavamiento de nuestras instituciones. Creo que expreso la indignación de muchos españoles, asustados ante este gobierno y defraudados por esta oposición que no ha sido capaz aún de dar la batalla de las ideas contra este adversario que no quiere gobernar bien, sino transformar nuestro país y nuestro sistema político en un régimen que les guste a ellos. Sólo lo último es ya una amenaza que se nos antoja la peor de las marabuntas.

En fin, aquí tienen estas modestas reflexiones de un español atónito ante la facilidad con que una tropa de incapaces está minando nuestra convivencia, pero que aún tiene la esperanza de que los españoles impidan la inmensa tropelía histórica que comenzó con la llegada al poder de este caudillito tan mediocre como malo, tan iluminado como tóxico. Hemos superado grandes calamidades en nuestra historia. Esperemos superar también ésta. Si lo conseguimos, nuestros nietos verán el zapaterismo como un desgraciado accidente. Si fracasamos, nuestros nietos vivirán en un régimen que nada tendrá que ver con nuestra democracia actual. Y a lo peor se parecerán a Zapatero y a su tropa. Como ven, nos jugamos mucho.