Los juegos florales
Cap�tulo XXXII
XXXII
Madrid, finales de agosto. Sale la siguiente noticia en la prensa:
«Soromedia y Netflix anuncian el acuerdo más ambicioso de la historia del audiovisual español». El subtítulo dice lo siguiente: «La compañía americana encarga la producción de una serie histórica basada en los Episodios nacionales, de Galdós». El cuerpo del artículo, esto: Llevábamos meses de rumores y por fin se confirma la noticia. Hoy, en el salón de actos de la RAE, Jorge Pérez-Dulce (presidente de Netflix España) e Inma Reguilón (presidenta y socia fundadora de Soromedia) se han dado la mano en una rueda de prensa que, a modo similar a las de los fichajes futbolísticos, ha incluido la firma de contrato in situ. En su interior, una inyección de dinero y optimismo para una industria que, tras la crisis del coronavirus, veía cernirse sobre sí las viejas nubes negras de los primeros dos mil diez.
En la rueda de prensa se han despejado varias de las incógnitas que rodeaban al proyecto.
Constará de un total de seis temporadas. Dada la magnitud de la obra galdosiana (cuarenta y seis libros publicados entre 1872 y 1912), se requerirá la total dedicación de un inmenso equipo de profesionales, y en ese sentido se ha manifestado Inma Reguilón:
«No realizaremos ninguna otra producción hasta la conclusión de la grabación y lanzamiento de estas seis temporadas. Es una responsabilidad muy grande, pero también una ilusión inmensa.
Estos años, además de una serie de alto nivel e interés —tanto comercial como documental—, estaremos haciendo historia del cine español».
Por su parte, Pérez-Dulce ha insistido en estos Episodios nacionales como la consolidación de una estrategia que la compañía viene aplicando desde sus inicios. «Netflix ha apostado siempre por el entretenimiento de calidad. No es la primera vez que nos enfrentamos a un reto similar: con The Crown narramos el reinado de Isabel II de Inglaterra. Esta vez, será el turno de la España del siglo XIX».
A la pregunta de si esto significaba un reconocimiento a las posibilidades del audiovisual español, Pérez-Dulce ha sido claro: «El audiovisual español goza de una salud de hierro y está demostrando cada vez más su talante internacional, su capacidad de exportación. Desde Netflix consideramos España como uno de nuestros más importantes hubs de creación de contenidos».
Durante la rueda de prensa se desvelaron algunos otros detalles sobre el proyecto, si bien predominó el secretismo. Gran parte del rodaje de la primera temporada, que ya está en una fase avanzada de la preproducción, tendrá lugar en España, aunque también se emplearán localizaciones en Marruecos, Portugal y Francia.
Las redes no han sido ajenas a la expectación generada por esta noticia. Nada más finalizar el acto empezaron a circular rumores sobre el posible cast de la primera temporada, que va de
Trafalgar a La batalla de los Arapiles. Para el papel de Gabriel de Araceli, dos eran los nombres que más se repetían: Óscar Casas y Patrick Criado. Curiosamente, ambos coincidieron hace varios años en otra serie de época (Águila Roja). Para Inés de Araceli, Nicole Wallace (SKAM España) es la principal candidata, siempre según el mentidero digital, claro. Otras posibilidades han salido a colación, aunque sin personaje asignado: tal es el caso de Michelle Jenner (que ya deslumbró en su interpretación de Isabel la Católica) u Óscar Jaenada, un habitual en las grandes producciones históricas relacionadas con nuestro país.
Como ejemplo de la implicación de las instituciones públicas para favorecer este proyecto, Reguilón ha destacado la colaboración de la Armada Española y el Museo Naval de Madrid, que han puesto a su disposición su inmenso fondo documental para poder recrear, con total exactitud, los navíos que participaron en la batalla de Trafalgar.
¿Escucharemos cañonazos en los próximos meses frente a la bahía de Cádiz? Probablemente, pero no será hasta finales del año que viene cuando podamos disfrutar de la primera temporada de una serie que, a todas luces, ha nacido con vocación de grandeza. Veremos si el resultado está a la altura de tan altas expectativas.
Hubo un gran revuelo con el tema esos días: fue imposible no enterarse, de una forma o de otra, de la espléndida noticia. Al rebufo de la rueda de prensa se publicaron varias entrevistas con voces destacadas del sector. La de Gio Fosca llevó el siguiente titular: «Es una oportunidad deseada y merecida». Se rumoreaba que la preparación de alguno de los papeles protagonistas podía recaer sobre él, que tan buena mano tenía.
Mientras tanto, el resto de las vidas retornaban a su cauce. Al estar acabándose el verano, había en Madrid esa sensación de vuelta de todo. Las noches ya eran un poquito más frescas. Se podía dormir sin agonías. Las pieles llegaban morenas de la costa, pero insinuando que pronto, durante el próximo mes, irían recuperando su tono, volviendo a la blancura original.
La alegría dorada del verano dejaría paso a la nívea palidez.
Esos días, el calor y la humedad de los meses mediterráneos chocaban con una corriente de aire frío, y se formaba una gran tormenta que, aunque con menor intensidad, descargaba su lluvia sobre Madrid, poniéndolo todo perdido de agua y barro durante unas horas distópicas. Era el primer aviso de que la estación se recogía.
Las aceras volvían a mostrar su paisaje cotidiano: a las ocho y media de la mañana rebosaban de actividad, el ir y venir de la gente a sus puestos de trabajo, los niños al cole, el tráfico lento, el metro denso y húmedo de vida humana y café solo. Cada cual se reencontraba con la historia. Las caras largas, qué tal estás, los e-mails llevados por carteros invisibles al fondo del ordenador. Solo faltaban los universitarios. Pronto, con su llegada, el último
mimbre de la ciudad volvería a su sitio y ya la vida sería la de siempre, un discurrir de semanas tensas y el pequeño milagro de los viernes por la noche.
Esto, claro, para quien regresara de un verano cualquiera.
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