Martin Heidegger
La interrupción forzosa de los estudios de teología y el inicio de la carrera académica como filósofo
LA INTERRUPCIÓN FORZOSA DE LOS ESTUDIOS
DE TEOLOGÍA Y EL INICIO DE LA CARRERA
ACADÉMICA COMO FILÓSOFO
Cuando Heidegger comenzó el segundo curso de teología (los semestres tercero y cuarto) en el semestre de invierno de 1910-1911, su sobrino por parte de madre, Gustav Kempf, compañero de juegos de su primera juventud, también empezó a estudiar teología. Con anterioridad, ya habían coincidido en el instituto de Constanza y en el internado San Conrado, donde habían pasado algunos años juntos. Pero el semestre de invierno de 1910-1911, es decir, el tercer semestre de teología de Heidegger, trajo consigo graves complicaciones de salud. El joven estudiante había trabajado hasta el agotamiento físico; junto a los estudios teológicos, que ya requerían un esfuerzo considerable, también se había sumido en el estudio de los sistemas filosóficos y había realizado considerables avances en la gran tradición de textos griegos y medievales, aprendiendo la lengua del pensar. Esta intensidad de trabajo arruinó las fuerzas físicas del frágil teólogo. Antes de que concluyera el semestre de invierno, a mediados de febrero, Heidegger tuvo que interrumpir su carrera porque el examen médico volvía a diagnosticar trastornos cardiacos de origen nervioso y «naturaleza asmática» que seguramente no habían dejado de molestar al joven estudiante desde el otoño de 1909, cuando ingresó como candidato en el noviciado de jesuitas de Tisis junto a Feldkirch. Heidegger tuvo que luchar toda su vida contra este menoscabo de su salud. El informe del director del seminario, Dr. Bilz, es lacónico:
«Martin Heidegger (segundo curso) tuvo que interrumpir sus trabajos a mediados de febrero debido a la reaparición de sus trastornos nerviosos de origen cardiaco. Recibió nuestro permiso para regresar a su casa. Le hemos encarecido que haga
reposo absoluto hasta que se haya restablecido por completo»[64]. El médico de cabecera del seminario, el doctor Heinrich Gassert, había sugerido el 16 de febrero de 1911 que se mandara a Heidegger a su casa a fin de que gozara allí de «un reposo absoluto» de varias semanas de duración. Sin embargo, Heidegger prolongó las vacaciones al semestre de verano de 1911 y pasó todo este tiempo en su pueblo, Meßkirch. Finalmente, y por consejo de sus superiores, renunció a la carrera de teología: «Mis antiguos padecimientos cardiacos, que nacieron como consecuencia de haber practicado deporte en exceso, volvieron a irrumpir con tal intensidad que se puso muy seriamente en duda mi capacidad para entrar al servicio de la Iglesia», escribe en su curriculum de 1915.
Esta pausa forzosa de su convalescencia, unida a la inseguridad profesional y a las preocupaciones financieras, que finalmente determinaron un cambio de carrera, se cuentan entre los episodios más duros de la biografía de Heidegger. En su calidad de estudiante de teología había seguido gozando hasta este momento de la beca Eliner, lo que significaba un salto sin problemas desde los estudios secundarios superiores a la universidad. Pero esta beca quedaba automáticamente suprimida desde el momento en que Heidegger ya no estudiaba teología (en aquella época estudiar teología católica estaba inseparablemente ligado a ordenarse «sacerdote católico»).
Esta interrupción, al principio provisional, pero que pronto desembocó en el abandono definitivo y total de la carrera teológica, en contra de los deseos de Heidegger, y por lo tanto en la imposibilidad de ordenarse sacerdote, ejerció una influencia inconmensurable sobre el futuro curso de la vida de Heidegger.
Las determinantes decisiones internas que Heidegger tuvo que tomar en los meses posteriores pueden reconstruirse gracias a las cartas del que era su amigo íntimo desde febrero de 1911: el joven estudiante de historia Ernst Laslowski, originario de Kreuzburg en la Alta Silesia, que trabajaba en Friburgo bajo las órdenes de Heinrich
Finke, el profesor titular de historia (cátedra católica)[65]. Esta correspondencia, que se extiende hasta el año 1917, es una importante fuente de datos, sobre todo desde el momento en que Heidegger también empezó a contar con la protección de Heinrich
Finke[66].
Pero volvamos a la primavera del año 1911 y pongámonos en la situación casi desesperada de Heidegger, tal como él se la describe a su amigo Laslowski pidiéndole consejo: la situación es ciertamente grave, pero no desesperada (carta de Laslowski del 20 de abril de 1911). Se discuten tres diferentes vías propuestas por Heidegger: a) el estudio de las matemáticas, que Heidegger comenzó efectivamente en el semestre de invierno de 1911-1912 con la intención de pasar el examen de estado; b) el estudio de una carrera científica en el campo de la filosofía, para lo que había que resolver la cuestión financiera, particularmente imperiosa en este caso. Después de obtener el título de doctor se podía contar con una beca de habilitación de la asociación Albertus-Magnus o la Sociedad Górres para el desarrollo de la ciencia. En caso de que Heidegger se decidiera por esta segunda vía, Laslowski aconsejaba que se pusiera en contacto con el filósofo católico Clemens Baeumker, profesor en Estrasburgo, para tratar de convertirse en discípulo suyo; como Baeumker era el presidente de la sección filosófica de la Sociedad Górres sería el más capacitado para intervenir en su
favor para la concesión de la beca[67]; c) como última variante, Heidegger proponía continuar sus estudios teológicos. En este caso no había que preocuparse por el aspecto financiero y encontraría pronto un trabajo con suficiente tiempo libre para preparar su habilitación. Dadas las circunstancias, Laslowski se pronunciaba decididamente en favor de la prosecución de los estudios de teología. Su amigo debía orientarse hacia la apologética y entrar en contacto en Friburgo con el profesor de dogmática Cari Braig y el profesor de apologética Heinrich Straubinger; a continuación, debía doctorarse en Friburgo como capellán municipal y «madurar» en
una parroquia rural. El profesor de apologética Hermann Schell[68] —al que Heidegger menciona en el currículum de 1915 destinado a su preparación para la habilitación— era, para Laslowski, el modelo que debía imitar y le aconsejaba que se releyera su autobiografía.
Todas estas reflexiones argumentativas se encuentran en el marco del modelo tradicional de comportamiento: así es como solían transcurrir las carreras científicas en los círculos teológicos católicos; casi todos los candidatos procedían de medios humildes y padecían un fuerte sentimiento de inferioridad respecto a los compañeros que procedían de clases más altas, incluso nobles. En las cartas de ambos amigos siempre acaban saliendo a relucir los problemas vinculados con la procedencia «humilde»: «hijos de artesanos, de campesinos y, en el mejor de los casos, de maestros». Lo que más tarde se tematiza sociológicamente como déficit de la educación católica, aquí se contempla ad personam. «Si tu padre pudiera financiar los cuatro o cinco, o tres o cuatro semestres que necesitas para doctorarte y preparar tu habilitación ya se encontraría un remedio». El tonelero y sacristán Friedrich Heidegger de Meßkirch no podía permitirse ese desembolso y la crisis existencial en la que había caído el hijo a consecuencia de sus malas condiciones físicas conllevaba la interrupción de la carrera teológica y la consiguiente privación de la ayuda económica de la beca. La «pequeñez» de la que había surgido Heidegger para elevarse hasta el «secreto de la grandeza» formaba un contraste, una dialéctica que aparece más tarde en sus obras, por ejemplo, en la interpretación de los poemas de Hölderlin («Germania», «El Rin»): «Lo pequeño también tiene su consistencia, es la sorda obstinación de lo cotidianamente idéntico, que sólo permanece porque se cierra, y tiene que cerrarse, a todo cambio». Sólo aquel que quiere comprender y «se encuentra bajo el dominio de la historia» sabe que hay algo más grande por encima de él. «El secreto de la grandeza es que tiene y puede tener por encima de sí algo más grande. Lo pequeño no lo consigue, a pesar de que en realidad tiene la más directa y más cómoda, la mayor separación respecto a lo grande. Pero lo pequeño sólo se quiere a sí mismo, es decir, sólo quiere precisamente ser pequeño, y su secreto no es un secreto, sino un truco, la astucia solapada para hacer aparecer sospechoso todo lo
que no es como él y volverlo igual a él empequeñeciéndolo» [69]. No se veía otra solución. Una sombría preocupación le robaba la paz a Heidegger.
En el verano de 1911 (la época de la convalescencia en Meßkirch y de los planes para acudir a una casa de reposo en Wórishofen) maduró la solución al problema: había que olvidarse definitivamente de continuar la carrera teológica; Heidegger se decidió desde el semestre de invierno de 1911-1912 por el estudio de las matemáticas en Friburgo, con la intención de presentarse al examen de estado en dicha materia.
El breve poema «Horas del monte de los olivos» [Oelbergstunden] surgió durante la grave crisis anímica de la primavera de 1911 (y fue publicado el 8 de abril de 1911 en la Allgemeine Rundschau, el sábado anterior a la Semana Santa) pero hasta donde yo sé nunca ha sido interpretado en relación con la difícil situación vital en la que se hallaba Heidegger, si es que ha sido objeto de alguna interpretación:
Horas del monte de los olivos
Horas del monte de los olivos de mi vida:
a la sombría luz
de tristes vacilaciones
a menudo me habéis contemplado.
Nunca clamé llorando en vano.
Mi joven ser,
hastiado de lamentos,
sólo se confió al ángel de la «Gracia».
Junto a estas estrofas citaremos a continuación un poema hasta ahora desconocido, a pesar de haber sido publicado (bajo la abreviatura «gg») en el número de julio de 1911 de Der Akademiker, se titula «Por tranquilos senderos» y revela muy bien cuál era el estado de ánimo de Heidegger durante el período de interrupción de sus estudios:
Por tranquilos senderos
Cuando flotan luces de noche de verano
en el páramo, en las copas de los abedules,
cuando los resplandores grises y pálidos de la luna cuelgan en lo alto como joyas,
el alma se ensancha,
mueren los lamentos,
me alcanzan pensamientos que vienen de lejos, de días de dulce felicidad.
Pero el aroma especiado de las rosas de fuego
me ha atrapado hace tiempo en su tela de araña sepulcro del amor…
Friburgo de Brisgovia
Tenemos otro ejemplo: un poema de Heidegger de ese mismo verano (legado privado):
Noche de julio.
Cantos de eternidad
de nuevo me cantas.
Raptas mi alma y la conduces
a la lejana paz de los bosques.
Me sumes en infinitudes
cercanas a Dios.
Noche de julio,
maga,
artista
que apaga la nostalgia del hogar.
Que hoy temprano murió
en los campos el sol,
que se ha hundido con el crepúsculo
lo que hoy adquirí durante el día,
que hastiado del canto
el pinzón ha enmudecido,
y enfurruñado y frío
el viento nocturno brama,
que los tilos espían
el canto fúnebre,
que las hojas susurran
como si de tí me despidiera.
Una acerba pregunta me estremece:
Dicha, ¿llamas a tu novia
«lamento»?
En todos estos ensayos líricos se hace patente la oscuridad de una sensibilidad depresiva y no es de extrañar, dada la dificultad de la situación. Por otro lado, Heidegger dio determinados pasos para entrar en contacto con el filósofo católico Clemens Baeumker, entre los que hay que destacar la preparación de su primer pequeño artículo para el anuario de filosofía Philosophisches Jahrbuch (aparecido en 1912), que los entendidos en el período de juventud de Heidegger interpretan siempre como su primer trabajo filosófico.
También trabó contacto con el teólogo friburgués Josef Sauer, por aquel entonces catedrático de Historia del Arte y Arqueología Cristiana de la Universidad de Friburgo y, sobre todo, editor de la Literarische Rundschau für das Katholische Deutschland, publicada en ediciones Herder. Josef Sauer se convirtió en uno de los principales benefactores del joven Heidegger, al que impulsó con cautela al darse cuenta de su extraordinario talento. Fijémonos en la conjunción de factores que aquí se producía, conduciendo desde el temprano encuentro entre ambas personalidades hasta el papel clave que habría de jugar en 1933 Josef Sauer para que la sucesión del puesto de rector, ocupado por él hasta el 15 de abril de 1933, recayese en Heidegger.
En el otoño de 1911, cuando Heidegger regresó a Friburgo, ofreció al editor de la Literarische Rundschau un trabajo de considerable importancia: las «Nuevas investigaciones sobre lógica». Sauer las publicó en tres partes al año siguiente: estos estudios también despertaron, y despiertan todavía, la atención de los historiadores de
la filosofía de todo el mundo[70]. Por eso, tal vez no parezca fuera de lugar ofrecer una documentación más detallada sobre cómo Heidegger, al final de su primer semestre de estudios de matemáticas y ciencias de la naturaleza, explicaba al teólogo Sauer el fundamento de sus investigaciones y al mismo tiempo esbozaba sus propios principios filosóficos. En una carta del 17 de marzo de 1912 (que era también una carta de felicitación por el vecino santo de Josef Sauer, pues en efecto la festividad de san José, el 19 de marzo, está muy arraigada popularmente), se expresa la íntima vinculación del joven Heidegger con su protector intelectual, al tiempo que se
presenta su concepción científica[71].
Muy estimado y respetado señor profesor:
Permítame, estimado profesor, que le felicite de todo corazón por el día de
su santo, ya muy próximo.
Pido a Dios que le otorgue fuerzas y gracia durante mucho tiempo todavía,
para que siga activo en sus investigaciones científicas y pueda colaborar sin
reservas en el único sentido correcto, en la evolución cultural y religiosa de
nuestra Iglesia.
De este modo, su constante esfuerzo se realizará también en el sentido de
su santo patrón al que adoramos como particular santo protector de nuestra
Iglesia católica.
También siento la necesidad, mi querido profesor, de darle las gracias de
todo corazón por la amable benevolencia con que siempre me ha ayudado con
sus consejos y actos.
Si me puedo permitir hablarle de mis ensayos, le diré que mi trabajo está
casi acabado. En realidad, no es más que un esbozo, que tiene por misión
crear el punto de apoyo que pueda servir como base para una investigación
extremadamente ramificada de la lógica matemática. Si no queremos que todo
esto se convierta en una estéril crítica y una exhibición escolástica de las
contradicciones ocultas, el problema del tiempo y del espacio deberá
aproximarse a una solución, aunque sea provisional, con ayuda de la
orientación que proporciona la física matemática. Ahora bien, este trabajo se
vuelve dificultoso por el hecho de que, en la actualidad, toda la física se ha
descalabrado por causa de la teoría de la relatividad. Por otra parte, la lógica
intenta fundirse últimamente con la teoría general del objeto. Y eso vuelve a
facilitar esencialmente la investigación. En resumen: el ámbito que se quiere
investigar se encuentra a su vez sometido a transformaciones, de manera que
resulta temprano hablar de una toma de posición, aparte de que todavía no me
siento capaz de dar ese paso…
En estas frases se ha diseñado un programa de investigación de enorme densidad y sorprendente modernidad que no se vale de las formulas de moda sino que reposa sobre una base muy sólida que el joven Heidegger no pudo seguir desarrollando en aquellos momentos, porque las circunstancias reinantes le obligaron a ocuparse de un tema de la literatura escolástica, como veremos. Este ensayo especulativo, animado de tan grandes pretensiones, sólo tuvo como fruto la lección de prueba del 27 de julio
de 1915, titulada «El concepto del tiempo en la ciencia histórica»[72].
Si llegados a este punto y nos detenemos a hacer balance, tenemos que también en 1911 seguía siendo válido lo que había dicho el rector Schanzenbach dos años antes en el certificado de estudios de Heidegger, a saber, que éste estaba seguro de su vocación teológica. No nos pronunciaremos sobre si la interrupción y abandono de la carrera teológica provocó algún tipo de trauma en el estudiante Heidegger. Tal vez determinadas frases de Heidegger —incluso anteriores a 1933— marcadas por un profundo anticlericalismo y algunas otras manifestaciones posteriores del mismo tipo, tengan su raíz y explicación en los sucesos del año 1911. No debemos perder de vista esta posible explicación ni olvidar que, durante una buena parte de su vida, Heidegger vivió internamente desgarrado, tal vez sumido en un dilema relacionado con la fe de sus orígenes, lo que adquirirá una relevancia central en su filosofía.
Así pues, en el semestre de invierno de 1911-1912, Heidegger se matriculó en la Facultad de Ciencias de la Naturaleza y Matemáticas, en los semestres posteriores asistió a clases de matemáticas, física y química y realizó los correspondientes trabajos en estas asignaturas, pero, sin embargo, no alcanzó en estas materias una titulación a la que seguramente nunca había aspirado seriamente. Paralelamente, asistía a las clases y seminarios de Arthur Schneider, catedrático de Filosofía Cristiana (II) y Heinrich Rickert, catedrático de Filosofía (I). El interés de Heidegger se centraba muy particularmente en la filosofía, y sobre todo en las corrientes filosóficas modernas, aunque sin renegar nunca de sus convicciones básicas: la filosofía aristotélica y la filosofía escolástica. Su ambición era conectar la filosofía griega y medieval con la lógica moderna. Así nació el tema de tesis La doctrina del juicio en el psicologismo, trabajo dirigido por Arthur Schneider. También escribió desde esta perspectiva su posterior trabajo de habilitación.
A partir del semestre de verano de 1912, Heidegger obtuvo una beca de la Universidad de Friburgo de 400 marcos, lo que resolvía sus apuros materiales más imperiosos. Porque, desde luego, Heidegger se veía muy ahogado por los problemas materiales, sobre todo en 1912, año en el que su amigo Laslowski no cesa de esforzarse por encontrar prestamistas privados que se interesen por él. Evidentemente, la beca que Heidegger empezó a percibir desde el semestre de verano de 1912 no era en absoluto suficiente y un puesto de preceptor tampoco pudo sacarle de apuros. Laslowski fue a llamar a la puerta de diversas personas acomodadas, pero en vano, hasta que consiguió convencer a un anciano miembro de su asociación católica de estudiantes, Unitas, de Breslau, para que realizase un préstamo (esto ocurrió en el transcurso de 1912 a 1913). Una y otra vez, cartas consoladoras, una y otra vez palabras de ánimo diciéndole a Heidegger que él era la gran esperanza filosófica de los católicos alemanes.
Los trabajos que Heidegger acababa de publicar en la Literarische Rundschau hicieron sensación incluso en círculos romanos, porque Laslowski se encontraba en Roma desde 1912 por razón de sus estudios. Cuando el 20 de enero de 1913 Laslowski puede escribir a su amigo que el préstamo está en camino, vuelve a expresar con la pasión habitual cuál es la carrera que él ve para Heidegger: «¡Querido! tengo la sensación de que así te convertirás en uno de esos grandes que las universidades se disputan entre sí. No puede ser de otro modo». Claro, que el catolicismo no se adecúa en absoluto «al moderno sistema filosófico». Según él, Heidegger tendrá que decir al respecto en un plazo de veinte años, «a ser posible desde lo alto de una cátedra berlinesa, algo que hará época (te ruego que en el buen sentido)». Advierte a Heidegger contra una nueva publicación en el Philosophisches Jahrbuch de la Sociedad Görres, porque ahora mucha gente observa sus reacciones. No debería dejarse clasificar por los maestros en el oficio dentro de una determinada categoría, concretamente la católica. «En mi opinión, sería bueno que durante algún tiempo te rodearas de una misteriosa oscuridad y provocaras la curiosidad de “la gente”. Después, las cosas te serán más fáciles». Y a continuación, prosigue Laslowski, se repetirá el juego de siempre: la cátedra católica de filosofía, las vacantes, las futuras oportunidades. Tal vez, dice, el puesto provisional de Heidegger se halle en Munich. «Pues pienso que debes comenzar como católico. Pero la verdad es que este es un asunto endiabladamente complicado». Depende mucho del primer libro, de la tesis.
Durante su citada estancia en Roma, en octubre de 1912, Ernst Laslowski había conocido al Privatdozent de Friburgo, Dr. Engelbert Krebs, sacerdote de la archidiócesis de Friburgo, miembro de la Facultad de Teología; Krebs había vivido durante largo tiempo en el Campo Santo Teutónico, por motivos de estudios, y había ejercido allí como capellán. El profesor se convirtió en un erudito guía de Roma para el joven estudiante de historia Laslowski. Laslowski le habló maravillas de su amigo Heidegger, asegurándole que éste le iría a visitar pronto en Friburgo. De paso, se enteró por boca de Krebs de que «para preparar la habilitación es obligatorio dirigirse a un determinado catedrático, no se puede obtener a solas. Así que tendrás que conseguir los favores de Geyser o cualquier otro». (Carta de 25 de octubre de 1912
desde Roma[73]).
Heidegger siguió este consejo y aunque su director de tesis era el profesor de Friburgo Arthur Schneider, entró en contacto a principios del año 1913 con Josef Geyser, de Münster, tratando de tantear sus posibilidades de futuro. Pero Geyser no prestó demasiada ayuda: Heidegger debía «pasar el examen de estado de las materias filosóficas» y después tal vez familiarizarse con el trabajo de edición de textos escolásticos. Naturalmente, Heidegger hizo caso omiso de este consejo, pero, sea como sea, lo cierto es que en el espacio de pocos meses se había estado carteando con dos de los filósofos católicos más importantes del momento, a saber: Clemens Baeumker y Josef Geyser, que algunos años más tarde competiría con él por la cátedra de Filosofía Católica de Friburgo.
El 26 de julio de 1913, Heidegger realizó los exámenes de doctorado en la
Facultad de Filosofía y obtuvo la calificación [74] summa cum laude. Su director de tesis, Arthur Schneider, no podía prestar demasiada atención a su prometedor doctorando, ya que había aceptado un nombramiento en la Universidad del Reich en Estrasburgo. Para el joven doctor en filosofía se abrían horizontes científicos completamente nuevos: por un lado, ahora podía prescindir de la opinión del director de su tesis, Schneider, con quien tenía poco en común en el terreno filosófico (claro que por motivos puramente formales no podía escapar a la dirección de este profesor católico) y, por otro, permanecía abierta la cuestión de si se nombraría pronto un sucesor en Friburgo y, dado el caso, cuál. ¿Por qué no el propio Heidegger?
Así las cosas, Heidegger hubiera podido encontrarse en el vacío si no hubiera mediado la ayuda del consejero y catedrático Heinrich Finke (que ocupaba la cátedra de Historia, sólo concedida a profesores católicos), hombre fuerte de la Facultad de Filosofía, y del ya citado Privatdozent de dogmática de la Facultad de Teología de Friburgo, Engelbert Krebs, ocho años mayor que Heidegger. Pocas semanas antes de doctorarse, Heidegger había hecho a Krebs la visita preparada por Laslowski en Roma. A partir de julio de 1913 se desarrolló una relación francamente amistosa, que, desde luego, también estuvo llena de tensiones. El encuentro con Krebs fue para Heidegger extremadamente importante y provechoso, a pesar de que, tal vez precisamente por ello, no ha quedado ningún testimonio de esta relación en los apuntes autobiográficos del mismo. Esta estrecha relación se extendía también a la esfera de lo privado.
Krebs llevaba un diario preciso y rico en detalles que nos ha permitido reconstruir con bastante exactitud lo ocurrido entre los años 1913 y 1917. En los datos consignados en el diario se refleja la evolución científica de Heidegger y también la competencia entre ambos amigos por obtener la cátedra vacante de Filosofía Cristiana que antes ocupaba Schneider. En efecto, también Krebs tenía fundadas esperanzas en ser nombrado para esa cátedra, puesto que desde el semestre de invierno de 1913-1914 era el profesor interino de la misma, gracias a una normativa bastante inhabitual, ya que normalmente las interinidades se suplían con profesores de la propia materia. Efectivamente, se puede decir sin temor a faltar a la verdad, que ambos candidatos se habían situado en la línea de partida y estaban con los músculos tensos esperando el disparo que debía señalar el inicio de la carrera. El teólogo Krebs disponía teóricamente de algunos metros de ventaja, puesto que ya era profesor titular. Por otro lado, su condición de sacerdote podía constituir un hándicap, tanto mayor por cuanto Krebs había pronunciado el juramento antimodernista exigido a los profesores católicos eclesiásticos, juramento que la inmensa mayoría de los profesores de la Facultad de Filosofía consideraban impropio de la independencia de un científico. La descripción de los hechos que exponemos a continuación se basa en los datos del diario de Krebs, como indican las citas correspondientes, así como en la correspondencia entre Laslowski y Heidegger, que no dejaremos de mencionar.
Para comenzar, fijémonos en la figura de Heinrich Finke. Se trataba de un investigador de reputación internacional especializado en los concilios medievales y extraordinario conocedor de la historia de España, influyente miembro de la Facultad de Filosofía de Friburgo y enérgico defensor y promotor de la nueva ciencia católica. Nadie discutía que el déficit de la Iglesia católica en este aspecto de la formación era muy grande y debía ser superado. Por eso, Finke quiso aprovechar el gran talento filosófico de Heidegger e influyó de manera decisiva en la vida de éste.
Es verdad que el director de tesis de Heidegger, Schneider, había aconsejado vivamente al nuevo doctor, antes de trasladarse a Estrasburgo, que se diera prisa en habilitarse y ante todo, puesto que era sistemático, que se dedicara a la filosofía medieval. Incluso llegó a poner en marcha la obtención de una sustanciosa beca de habilitación para Heidegger, pero lo cierto es que fue el historiador Finke quien de hecho protegió e impulsó al joven talento científico tomándolo bajo sus alas y proyectando grandes planes para el genial talento de Meßkirch a la vez que procuraba que la cátedra mencionada permaneciese vacante el mayor tiempo posible. El titular de filosofía del momento, Heinrich Rickert, desempeñó un papel muy marginal en la carrera científica de Heidegger ¡incluso desde el punto de vista filosófico! y más bien se limitó a dejarle campo de acción a Finke. Este empezó a presionar a Heidegger en noviembre de 1913 para que escribiera un trabajo sobre historia de la filosofía, aunque lo que su protegido quería en aquel momento era investigar «sobre la esencia lógica del concepto de número» de acuerdo con los estudios matemáticos y científicos que había realizado, como ya sabemos.
En el semestre de 1913, mientras preparaba su doctorado, Heidegger ya había seguido un curso de Finke de cuatro horas titulado «La época del Renacimiento». Sin embargo, es casi seguro que había habido anteriores contactos entre ambos, puesto que Heidegger era amigo de Laslowski, de Breslau, discípulo de Finke. Pero en todo caso no debieron ser muy intensos puesto que, por ejemplo, en el otoño de 1912, Heidegger pide a Laslowski que intervenga ante Finke para conseguir una ayuda económica: «No quiero escribir a Finke. Lo conozco demasiado bien. No serviría de nada. Primero tendrá que salir publicado el artículo en la Literarische Rundschau». Pero, mientras tanto, Finke había incluido ya el talento de Heidegger dentro de su filantrópico programa de promoción.
Para empezar, Finke pensaba en procurar una seguridad material sólida a su protegido. A este fin, Heidegger debía pasar el examen de estado que habilitaba para dar clases en enseñanza media y a partir de esta base dirigir todos sus esfuerzos a la carrera científica; sin embargo, Finke tampoco se negó a respaldar la opción de la beca. Como ya se ha señalado más arriba, el director de tesis de Heidegger, Arthur Schneider, había puesto en marcha el proceso de solicitud de la beca a través del obispo auxiliar de Friburgo y decano del cabildo catedralicio, Justus Knecht. Se trataba de una beca financiada por una fundación administrada por el capítulo metropolitano de la archidiócesis de Friburgo. En calidad de decano del cabildo, Knecht era la persona clave en lo relativo a la beca y por suerte sentía gran simpatía por Heidegger y estaba dispuesto a ayudarle en lo posible.
Nos detendremos un momento en el asunto de la beca, pues nos permite comprender importantes aspectos de la personalidad de Heidegger. La beca solicitada por Heidegger al capítulo de Friburgo, después de las formalidades mencionadas, procedía de la fundación de los hermanos Constantino y Olga von Schaezler, creada en 1901-1902, y titulada «Fundación Constantin y Olga von Schaezler en honor de santo Tomás de Aquino»; estaba dotada con 200 000 marcos, lo que suponía un importante capital al que hoy se podría aplicar un factor de multiplicación del doce. La concesión de la beca estaba indisolublemente ligada a la estricta obediencia a las normas de la doctrina filosófica y teológica de Tomás de Aquino. Esta rigurosa orientación neoescolástica se explica por las convicciones religiosas de los hermanos von Schaezler, que procedían de la célebre familia de banqueros e industriales de Augsburgo, von Schaezler, familia que en los años cincuenta del pasado siglo se había convertido a la fe católica despertando una enorme expectación en Augsburgo y la zona suaba de Baviera, y que, como ocurre frecuentemente entre los conversos, a partir de entonces había observado las normas de la nueva fe con especial intensidad
y rigor[75]. En su primera solicitud de 20 de agosto de 1913 Heidegger escribía lo siguiente:
El que firma esta carta y es su seguro servidor se permite solicitar
humildemente al honorable capítulo catedralicio de Friburgo de Brisgovia la
concesión de una beca de la fundación Schaezler. El humilde firmante tiene la
intención de dedicarse al estudio de la filosofía cristiana en el marco de una
carrera universitaria. Dado que éste que firma vive en condiciones muy
modestas quedaría muy sinceramente agradecido al capítulo catedralicio si le
quisieran conceder graciosamente una beca de la mencionada fundación para
el tiempo de preparación de su trabajo de habilitación.
El obispo auxiliar Justus Knecht destacó con énfasis en su escrito de aceptación cuál era la voluntad de los fundadores y la intención de la beca: «Le concedemos para el año académico 1913-1914 una beca de 1000 marcos de la fundación Schaezler, con la confianza de que Vd. permanecerá fiel al espíritu de la filosofía tomista». Heidegger gozó de esta beca durante tres años y siempre subrayó su intención de ser fiel a la confianza que se había depositado en él permaneciendo «al servicio de la filosofía cristiana escolástica y de la concepción católica del mundo», o, como dice en su tercera solicitud, de 13 de diciembre de 1915:
El humilde firmante cree poder mostrarse siempre agradecido al muy
honorable capítulo catedralicio arzobispal por la preciosa confianza en él
depositada, encaminando su trabajo científico hacia la difusión del tesoro de
pensamientos encerrado en la escolástica en bien del combate intelectual del
porvenir por conseguir el ideal de vida católico.
Cuando Heidegger escribía esto, ya era Privatdozent de filosofía, pero también se ocupaba de asuntos militares —en el frente de su tierra natal— en el marco del puesto de control del servicio de correos de Friburgo. La primera guerra mundial hacía furor desde hacía un año.
En primer lugar, acompañaremos a Heidegger en el camino hacia su habilitación, apoyándonos en las notas de Krebs. «Una cabeza lúcida, modesta, pero provista de seguridad»: así se expresa Krebs después de las impresiones recibidas en el transcurso de la primera visita que le hizo Heidegger en el verano de 1913. Heidegger explicó a su anfitrión que sus estudios de lógica habían sido impulsados, sobre todo, por los trabajos de Husserl. Krebs, que todavía no conocía muy bien el método fenomenológico, se mostró tan impresionado por esta conversación que vio de inmediato en Heidegger al futuro titular de la cátedra de Filosofía Cristiana de la Universidad de Friburgo. «Lástima que no estuviera ya preparado hace dos años. Ahora nos haría mucha falta». Esa lúcida cabeza albergaba grandes ambiciones, sobre todo desde que Heinrich Finke le favorecía sin disimulo para la cátedra vacante, antes incluso de que se hubiera determinado el tema del trabajo de habilitación. A este respecto, una de las anotaciones de Krebs en su diario, el día 14 de noviembre de 1913, resulta muy reveladora: «Esta tarde vino (Heidegger) a verme entre 5 y 6 y me contó que Finke le empuja a habilitarse con un trabajo sobre historia de la filosofía y que ha hablado con él de una manera que no deja lugar a dudas de que, a la vista de la cátedra vacante, Heidegger tiene que apresurarse en poder estar pronto disponible para ser Privatdozent. Así pues, puede que en mi actual situación como interino provisional de la plaza, mi tarea deba consistir en mantener libre este puesto para Heidegger, compañero de estudios de mi hermano Hans».
Ya hemos indicado que Krebs había sido nombrado interino de dicha plaza vacante por la Facultad de Filosofía en el semestre de invierno de 1913-1914, ya iniciado. La preparación de sus clases (Krebs daba un curso de cuatro horas sobre lógica y noética) le causaba no pocos quebraderos de cabeza, que pudo superar gracias a la ayuda de Heidegger que comentaba con Krebs las lecciones de su curso; además de esto, el joven candidato a la habilitación arrastraba cada vez más al dogmático Krebs en la dirección filosófica de la fenomenología de Husserl, mientras Krebs, gran conocedor de la filosofía escolástica, hacía por su parte partícipe a Heidegger de su sabiduría en este terreno. Krebs conversaba a menudo con Heidegger «para adquirir mayor claridad sobre ciertos problemas. Le expongo lo que quiero explicar en clase y lo comentamos juntos. Me resulta de mayor utilidad de lo que tal vez él mismo sospecha». Se trataba de un auténtico intercambio intelectual, tanto más cuanto mayor era la amistad que iba creciendo entre ellos. En efecto, Krebs animaba también a su amigo Heidegger para que se enfrascara en el análisis de un tratado de lógica del Maestro Dietrich de Freiberg, desde la perspectiva de su posición en la historia de la filosofía, terreno sobre el que el propio Krebs había investigado intensamente.
Entretanto, y gracias al enérgico impulso de Finke, Heidegger se había sumido en el tema Duns Scoto, no de muy buena gana, puesto que hubiera preferido trabajar sobre la lógica del concepto de número. En esta temática Heidegger se sentía «como en casa, porque domina perfectamente toda la alta matemática (cálculo infinitesimal e integral, órdenes de grupos) y otras cosas similares», como consignaba Krebs en noviembre de 1913 en su diario.
En su trabajo de habilitación, al que se dedicaba plenamente desde la primavera de 1914, Heidegger analizaba «la doctrina de las categorías y el significado de Duns Scoto» desde la perspectiva de un proyecto consistente en interpretar el pensamiento escolástico desde el punto de vista fenomenológico, dejándose guiar por Husserl. Pero también se encontraban en el trabajo las necesarias referencias al pensamiento filosófico de Rickert quien, después de todo, había sido designado como especialista responsable del proceso de habilitación, aunque dejó que fuera Krebs quien formulara por él el informe principal: «Cuando (Heidegger) entregó (el trabajo), lo leí de arriba abajo por deseo de Rickert y escribí un informe por el que se aceptaba el trabajo. Pero mientras lo leía había hecho sentarse a Heidegger a mi lado para poder discutir con él paso a paso todas las aporías que iban surgiendo». Esta atmósfera tan íntima puede resultar chocante, pero se explica perfectamente habida cuenta de la estrecha amistad que ya los ligaba. A lo largo de numerosos paseos, habían tenido ocasión de discutir sobre todo lo humano y lo divino, por decirlo de alguna manera, y también sobre la tensión difícilmente soportable en la que habían caído los teólogos católicos, a consecuencia del debate sobre «el modernismo», durante el pontificado de Pío X, situación conflictiva que pesaba mucho a Krebs. Hacia finales de 1912, Krebs había prestado el juramento antimodernista exigido a los teólogos católicos y lo reconocía sin ambages cuando le preguntaban por ello. El teólogo había concebido la siguiente fórmula: «Considero el juramento antimodernista como un inmerecido voto de desconfianza por parte de Pío X, que sólo significa un refuerzo formal de la obediencia que ya se debía al dogma». Pero, por otra parte, también consideraba que se trataba de una cuestión de conciencia que no tenía nada que ver con la dotación de las cátedras.
También sabemos esto a través de una carta escrita en el verano de 1914 por Heidegger a su amigo Krebs, justamente en el momento en que se comenzaba a perfilar una nueva radicalización de la doctrina papal en lo tocante a la teología y filosofía católicas y por la que se restringía la enseñanza de las mismas al seguimiento absolutamente riguroso de la Summa Theologica de santo Tomás. Aunque teóricamente esto sólo afectaba al territorio italiano y las islas mediterráneas de los alrededores, los efectos llegaron más lejos. Asimismo, aunque esta medida sólo afectaba a los teólogos católicos, Heidegger, que no era teólogo, pero estaba integrado dentro del sistema de una ciencia de orientación católica, también se sintió amenazado por las restricciones papales en lo tocante a la enseñanza y luchó contra las ataduras extrafilosóficas que le querían imponer como católico. En la citada carta a Krebs del 19 de julio de 1914, además de informarle de los progresos en su trabajo de habilitación, se burla del Motu proprio (texto sobre la enseñanza) de Pío X, recién aparecido, en el que se pueden entrever ya las restricciones recién enumeradas. Esta carta, ricamente adobada de alusiones de distinto tipo, es un buen testimonio de la estrecha relación que unía a ambos universitarios.
Muy estimado y honorable doctor:
Muchísimas gracias por su tarjeta. Como en el seminario me molestan
mucho, he tenido que retirarme. La pasada semana, mi trabajo volvió a quedar
interrumpido. El miércoles voy a ir a ver a Rickert para que me dé su opinión.
Tendré que sacrificar mis vacaciones, porque la última parte de la
fenomenología de Husserl me está dando mucho trabajo y no quiero que se
pueda decir que no he entendido bien el asunto, como les ha ocurrido
últimamente a Cohn y Messer. Espero poder enviar mi artículo sobre esta
cuestión a finales de mes. En mis horas de ocio echo mano de su cuaderno de
curso; por cierto, creo que debería saber el curso qué está dando Vd. en la
actualidad para que ambos cursos no queden completamente desprovistos de
su mutua relación. ¿Sabe Vd. si también formamos parte de las islas de los
alrededores? ¡Ya sólo faltaba el motu proprio sobre filosofía! Tal vez en su
calidad de «académico» podría Vd. proponer un procedimiento mejor:
extirparle el cerebro a todos los que tienen la ocurrencia de poseer un
pensamiento independiente y sustituirlo por ensalada italiana.
Para paliar las necesidades filosóficas se podrían instalar máquinas
expendedoras en las estaciones (que sean gratuitas para las personas sin
recursos). Tengo dispensa para el tiempo que duren mis estudios. ¿Tendría la
bondad de añadir mi nombre en la lista?
En lo sucesivo se va a ir transformando Vd. en un homo phaenomopius y
va a demostrar la metafísica del movimiento ad oculos. Tal vez tengamos
pronto ocasión de dar un paseo para debatir el curso sobre lógica. Con mi más
agradecido respeto, le saluda muy cordialmente
Su M. Heidegger.
Estas frases aluden a cosas más profundas de lo que podría parecer. Se trataba de un nuevo paso de Heidegger en la búsqueda de su identidad personal. En el motu proprio papal de 1914 se declaraba a santo Tomás de Aquino, doctor angelicus, única autoridad doctrinal de la Iglesia católica. Pero Heidegger, desde el punto de vista material, estaba estrechamente vinculado con santo Tomás y el tomismo a través de la beca Schaezler en honor de Tomás de Aquino, y su deber era «permanecer fiel al espíritu de la filosofía tomista». No resulta difícil imaginar el conflicto interno en el que el joven Heidegger tenía que hallarse: completamente dependiente de la ayuda material de la Iglesia católica, como ya lo había estado durante los estudios medios y superiores por ser hijo de gente sencilla, seguramente también era consciente del buen comportamiento que se esperaba de él.
Sin querer recurrir a argumentos psicológicos profundos, lo cierto es que la huella traumática que experimentó el joven Heidegger, también en los años posteriores a 1913, se puede diagnosticar fácilmente a través de afirmaciones posteriores. Tendremos ocasión sobrada de comprobarlo. Podemos integrar en este contexto un pasaje muy característico de la lección sobre Parménides, sostenida en 1942-1943, que ilustra y explica el choque y los roces de Heidegger con el elemento católico. El ámbito esencial de la άλήθεια, que para Heidegger era el concepto central y más esencial, y el lugar de su pensamiento, estaba «oculto por las gigantescas fortificaciones de la esencia de la verdad, que está determinada en más de un sentido por el elemento romano». Para Heidegger, el imperio eclesiástico, bajo la figura del sacerdotium (el poder y autoridad papales supremos), era el sucesor del imperio estatal romano y así lo formula: «Lo “imperial” adopta la figura de lo curial de la curia del papa romano. Su poderío se basa también en el mandato. El carácter de mandato yace en la esencia del dogma de la Iglesia. Por eso, éste cuenta del mismo modo con lo “verdadero” de los “ortodoxos” que con lo “falso” de los “heréticos” y “descreídos”. La Inquisición española es una forma del imperio curial romano». En mi opinión, las primeras vías de experiencia de Heidegger, forjadas precisamente a través de este tipo de controversias, son precisamente el trasfondo y la base de su pensamiento central.
Su trabajo de habilitación no sufrió ningún retraso por culpa del estallido de la primera guerra mundial, porque, aunque Heidegger fue llamado a filas el 10 de octubre de 1914, pocos días más tarde le dejaron marchar debido a sus padecimientos cardiacos, así que de momento pasó a ser reservista y no fue objeto de ninguna molestia militar. Tuvo la suerte de poder continuar su trabajo en paz y de escapar a los mortales peligros del frente. Aunque el 18 de agosto de 1915, habiendo obtenido ya la habilitación, lo volvieron a llamar, después de cuatro semanas cumplidas en el hospital militar de Mülheim (Baden) (del 13 de septiembre al 16 de octubre de 1915) fue destinado por neurastenia y enfermedad cardiaca a un puesto de control de correos de Friburgo (servicio de censura postal) dentro del marco de la Landsturm [Grupos regionales de asalto]. Fue una orden de la comandancia del batallón. Este período de censura postal —un servicio al que fueron a parar gentes de lo más diverso, desde comerciantes friburgueses, hasta las mujeres que tenían que cumplir con su parte de servicio o los hombres declarados inútiles para el frente— permanece en una oscuridad total en lo tocante al inventario de las posibilidades de información. Desde luego, se abría todo el correo sospechoso, no sólo las cartas que venían del frente, sino sobre todo el correo destinado a países neutrales. En Friburgo existe un rumor recurrente según el cual el censor Martin Heidegger tuvo acceso a importantes informaciones y muy especialmente a la correspondencia de sus colegas.
Pero antes de introducirnos en la carrera militar de Heidegger y la problemática ligada a la personalidad del mismo, volvamos a dirigir nuestra mirada al proceso de habilitación; en este contexto, queremos reproducir íntegramente el currículum escrito por el puño y letra de Heidegger, porque en él se resume mucho de lo dicho hasta ahora y, sobre todo, se expresa con gran claridad la posición filosófica del candidato a la habilitación. Se trata de un testimonio directo y casi contemporáneo
que no ha sido deformado ni interpretado desde una posición ulterior[76]. Además, puede servir para aclarar muchas cosas sobre la andadura escolar y universitaria seguida por Heidegger.
Curriculum: Yo, Martin Heidegger, nacido el 26 de septiembre de 1889 en
Meßkirch (Baden), hijo del sacristán y tonelero Friedrich Heidegger y de su
esposa Johanna, nacida Kempf, asistí hasta 1903 a la escuela elemental de
Meßkirch. A partir de 1900, recibí clases privadas de latín de manera que en
1903 pude ingresar en el curso de Untertertia del instituto de Constanza.
Debo una especial influencia intelectual al que en aquel momento era rector
del seminario menor, el actual párroco de Constanza Dr. Conrad Gröber.
Después de superar el curso de Untersekunda (el verano de 1906) acudí, hasta
la obtención de mi título de bachiller (en el verano de 1909), al instituto
Berthold de Friburgo de Brisgovia. Cuando en el curso de Obersekunda las
clases de matemáticas pasaron de la mera solución de problemas a la teoría,
mi preferencia por esta disciplina se convirtió en un auténtico interés que
ahora se extendía también a la física. A esto habría que sumar los impulsos
procedentes de las clases de religión, que me empujaron a una detallada
lectura de la teoría de la evolución biológica. En el último curso (Oberprima)
fueron sobre todo las clases dedicadas a Platón, impartidas por el catedrático
de instituto, Widder, fallecido hace pocos años, las que me introdujeron de
manera más consciente, aunque todavía sin rigor teórico, en los problemas
filosóficos. Una vez superado el instituto, me matriculé en el semestre de
invierno de 1909 en la Universidad de Friburgo, donde permanecí
ininterrumpidamente hasta 1913. Al principio estudié teología, porque los
cursos de filosofía que se ofrecían en aquel momento no me satisfacían
demasiado, de modo que decidí estudiar por mi cuenta la doctrina escolástica.
Esto me proporcionó una especie de adiestramiento lógico formal, pero desde
el punto de vista filosófico no me aportó lo que yo buscaba y que encontré, en
el ámbito apologético, en las obras de Hermann Schell. Junto a la pequeña
Summa de Tomás de Aquino y algunas obras aisladas de san Buenaventura,
fueron las investigaciones lógicas de Edmund Husserl las que actuaron de
manera decisiva en mi desarrollo científico. Una obra anterior de este mismo
autor, la filosofía de la aritmética, me hizo contemplar las matemáticas bajo
una nueva luz. La permanente dedicación a problemas filosóficos, en paralelo
con las obligaciones de la que, en realidad, constituía mi carrera, trajeron
consigo después de tres semestres un exceso de trabajo que degeneró en un
grave agotamiento físico. Mis antiguos padecimientos cardiacos, que nacieron
como consecuencia de haber practicado deporte en exceso, volvieron a
irrumpir con tal intensidad que se puso muy seriamente en duda mi capacidad
para entrar al servicio de la Iglesia. Por este motivo, el semestre de invierno
de 1911 a 1912 me matriculé en la Facultad de Matemáticas y de Ciencias
Naturales. Mi interés por la filosofía no sólo no menguó por causa de los
estudios matemáticos, sino que, por el contrario, como ya no tenía que
atenerme a los cursos de filosofía prescritos por la facultad, pude asistir a más
clases de filosofía y sobre todo a las prácticas de seminario del consejero
Rickert. En la nueva facultad aprendí, en primer lugar, a reconocer los
problemas filosóficos como tales y adquirí conocimientos sobre la esencia de
la lógica, que hoy sigue pareciéndome la disciplina filosófica más interesante.
Al mismo tiempo, aprendí a comprender correctamente la filosofía moderna
desde Kant, que en la bibliografía escolástica no se tiene suficientemente en
cuenta. Mis convicciones filosóficas fundamentales siguieron siendo las de la
filosofía aristotélica escolástica. Con el tiempo me di cuenta de que el tesoro
de pensamientos que en ella se alberga permite y exige una explotación y
utilización más fructífera. Por eso, en mi tesis sobre «la doctrina del juicio en
el psicologismo» intenté encontrar un fundamento para posteriores
investigaciones en relación con el problema central de la lógica y la teoría del
conocimiento orientándome paralelamente según la lógica moderna y los
juicios fundamentales de la filosofía aristotélico-escolástica. Gracias a este
trabajo, fui admitido por la Facultad de Filosofía de la Universidad de
Friburgo para presentarme a las pruebas de doctorado, que superé el 26 de
julio de 1913. El estudio de Fichte y Hegel, el profundo análisis de la obra de
Rickert, «Límites de la formación de conceptos en las ciencias de la
naturaleza », y las investigaciones sobre Dilthey, sin olvidar las lecciones y
prácticas de seminario del señor consejero Finke, tuvieron como consecuencia
que mi aversión por la historia, alimentada por mi predilección por las
matemáticas, se derrumbó por completo. Me di cuenta de que la filosofía no
puede orientarse unilateralmente ni según las matemáticas y las ciencias de la
naturaleza ni según la historia, pero que esta última, en su calidad de historia
del espíritu, puede enriquecer incomparablemente más a los filósofos. Este
incipiente, pero creciente interés histórico, me facilitó el estudio de la filosofía
medieval, absolutamente necesario para un profundo conocimiento de la
escolástica. Para mí, tal estudio consistía no tanto en una descripción de las
relaciones históricas entre los diferentes pensadores cuanto, principalmente,
en una comprensión explicativa del contenido teórico de su filosofía con los
medios de la filosofía moderna. Así nació mi investigación sobre la doctrina
de las categorías y el significado de Duns Scoto, que hizo madurar en mí el
plan de una presentación global de la lógica y la psicología medievales a la
luz de la fenomenología moderna, contemplando también la posición histórica
de los distintos pensadores medievales. Si se me concediera la gracia de entrar
al servicio de la investigación y la enseñanza científicas, dedicaría toda mi
vida a la realización de dichos planes.
El proceso de habilitación concluyó con la lección de prueba pronunciada el 27 de julio de 1915, que Heidegger tituló El concepto de tiempo en la ciencia histórica. Como lema escogió una frase del Maestro Eckhart: «El tiempo es aquello que se transforma y diversifica, la eternidad se mantiene simple». En el sermón número 32 del Maestro Eckhart «Consideravit semitas domus suae et panem otiosa non comedit», podemos leer exactamente: «Un viejo maestro dice que el alma está hecha por la mitad entre una y dos cosas. La “una” es la eternidad, que siempre se mantiene
sola y es simple. La “dos” es el tiempo, que se transforma y diversifica[77].»
Heidegger, hijo de gente humilde, había alcanzado la gran meta de su vida: era profesor universitario, habilitado para una carrera científica que pareció abrirse de inmediato. Sin embargo, a su amigo Laslowski le comunicó a guisa de «lema para profesores univesitarios o aquellos que quieran serlo» una cita de una carta de Erwin Rohde a Friedrich Nietzsche: «Ningún pantano es más apto a convertir el pez más arrojado en una rana bien hueca, gorda y saludable como la suprema presunción académica.» (3 de enero de 1869).
Militarmente afecto a un puesto de censura postal en Friburgo, en el semestre de invierno de 1915-1916, Heidegger inicia un curso de dos horas titulado «Líneas básicas de la filosofía antigua y escolástica» y comunica a su amigo Laslowski que está teniendo mucho éxito, pero está preocupado por la impresión y financiación de su trabajo de habilitación, a la vez que sigue esperando la decisión sobre la dotación de la famosa cátedra vacante de Filosofía Cristiana. Ya nada se oponía a la dotación, puesto que Rickert tenía la intención de trasladarse a Heidelberg, como sucesor de Windelband, en el semestre de verano de 1916. En Friburgo, era un secreto a voces que Rickert había querido mantener sin dotación el mayor tiempo posible la cátedra vacante paralela a la suya, para que se llenaran sus propias clases. Esta postura de Rickert favorecía indirectamente a Heinrich Finke quien, al menos según las suposiciones de los enterados, quería mantener el puesto libre para Heidegger.
Pero desde hacía tiempo se venían sumando las discrepancias, incluso entre Krebs y Heidegger, a pesar de su amistosa relación. El teólogo, que desde el semestre de invierno de 1913-1914 impartía interinamente los cursos de la cátedra vacante y había sido encargado por Rickert de escribir el informe para la habilitación de Heidegger, hacía todo lo posible para obtener una decisión en lo relativo a la vacante. Quería saber si tenía todavía alguna oportunidad a pesar de la próxima habilitación de Heidegger. Con esta intención, Krebs intervino ante el director encargado de estos temas en el ministerio de Karlsruhe (el 12 de marzo de 1915) expresando sus intenciones con mucha claridad, a pesar de hacerlo de manera extraoficial y privada: no tenía intención de seguir de interino el semestre de invierno de 1915-1916 y no pensaba prestarse más a esa práctica de tapar eternamente agujeros en condiciones inaceptables. También dio a entender que en la Facultad de Filosofía la mayoría estaba a favor de su nombramiento, a pesar de ser teólogo. «Así pues, ya nada impide que se dote esa cátedra de manera regular, aparte de que con Geyser (de Münster), Ettlinger (de Múnich) y Dyroff (de Bonn) hay candidatos más que suficientes para confeccionar una lista». Finalmente, acabó quedando claro que el auténtico adversario del teólogo Krebs era el consejero Finke. En Friburgo pronto se tuvo noticia de las gestiones de Krebs en Karlsruhe y también Heidegger se enteró, pues Krebs había mandado copias de su carta a varias personas de Friburgo. Como no citaba para nada el nombre de Heidegger —próximo a la habilitación— entre los potenciales candidatos a la plaza, éste interpretó la intervención de Krebs como un ataque personal. Informó inmediatamente de ello a Laslowski diciéndole que con el tiempo se va empezando a ver con ojos duros y fríos a todo tipo de personas. Para él, Rickert había llevado un doble juego desde un planteamiento que le había parecido astuto, y Finke se había situado en una posición particularmente mala puesto que tal vez iba a fracasar su principio de no admitir a «ningún teólogo en la Facultad de Filosofía». El amigo de Breslau le consoló como pudo: «Con Finke y Rickert hay que permanecer frío y conservar la calma. Incluso si nombraran a Krebs, siempre seguirías teniendo allí una plaza de profesor o, si no allí, en cualquier otro lugar. Claro que Friburgo hubiera sido lo ideal, porque las perspectivas son mejores». Le asegura que incluso si nombran a Krebs tampoco sería una cosa tan mala. Por el contrario «beneficiaría a tu ciencia». (Carta de 15 de mayo de 1915).
¡Qué cartas tan consoladoras, las del amigo Laslowski de Breslau! Siempre apoyó a Heidegger, sin desmayar, y participaba intensamente en su trabajo, incluso en las cosas pequeñas. Por ejemplo, hacía poco había conseguido que se imprimiera «un poemilla» de Heidegger en la revista Heliand, «bajo seudónimo». Y efectivamente el número de marzo de 1915 de Heliand («Revista mensual para el cuidado de la vida religiosa de los católicos cultivados») contiene bajo el sencillo seudónimo de «Martin Heide» el siguiente poema de tres estrofas:
Consuelo
El sol luce
nada más que un instante,
y pronto tiene que morir.
Llora el amor…
Las llanuras de la vida
son un campo de ruinas.
¡Como Dios quiera!
En pos de un eterno rastro
se van en busca de ángeles.
No sabemos qué sentimientos o estados de ánimo pretendía expresar aquí Heidegger, pero sí sabemos que desde diciembre de 1913 estaba «secretamente» prometido con una estrasburguesa procedente de la familia de un aduanero de pequeña graduación (secretario administrativo) afecto al gobierno de la región del Reich de Alsacia-Lorena. El compromiso con «Margaret», que estuvo manifiestamente lleno de tensiones y problemas, se rompió en noviembre de 1915. Con anterioridad, la novia de Heidegger había padecido una grave enfermedad pulmonar que le había obligado a trasladarse a una clínica de Davos. En su carta consoladora del 21 de noviembre de 1915, Laslowski hace alusión al poema de Heidegger publicado en primavera y dice que su amigo Martin tuvo que hacer esa renuncia por amor a su trabajo. «He visto cómo crecías día a día, cómo te elevabas muy por encima de la esfera en la que sólo pueden medrar el “amor” y la “dicha”. Ya sabía desde hace tiempo que si quieres acercarte un poco a tu meta tendrás que seguir caminos —digo bien, “tendrás”— en los que el “amor” sólo puede morirse de frío».
Precisamente en estos días anteriores a la Navidad de 1915 se decidió el destino de la filosofía en la Universidad de Friburgo y Heidegger siguió con vivo interés estos acontecimientos, lo que no es de extrañar ya que también su destino estaba en juego. Con objeto de no multiplicar las vacantes, se aceleraron las formalidades para cubrir la plaza dejada libre por Rickert, el último representante de la filosofía idealista en Friburgo. Para el semestre de verano de 1916 la cátedra I de filosofía debía tener un titular. La facultad, bajo la dirección de su decano Finke, situó en el primer puesto de la lista al gran fenomenólogo Edmund Husserl, profesor en Gotinga,
viendo en él a «la suprema fuerza científica y pedagógica»[78].
A la inquieta pregunta de Laslowski, que había leído algo sobre las intenciones de Husserl de trasladarse a Friburgo —«¿Cómo será personalmente? Por lo general, los austríacos son extraordinariamente amables y accesibles»—, Heidegger pudo contestar tranquilizadoramente que: «le falta la necesaria amplitud de miras», describiendo agudamente la diferencia fundamental entre su propia personalidad científica y la de Husserl (enero de 1916).
Pero la correspondencia de ambos amigos está atravesada por la preocupación por el futuro de Heidegger (6 de diciembre de 1915): mientras tanto, el competidor Krebs había quedado fuera de juego ya que seguramente iba a obtener una cátedra de Dogmática en su propia Facultad de Teología. Ahora se trataba de impedir que entrase «cualquier tipejo». «Porque después, estará firmemente aposentado en su calidad de titular y será tan inamovible como una roca». Laslowski ruega a Heidegger, como otras muchas veces, que no emita juicios públicos sobre la escolástica: «Por eso te pido que seas prudente todavía en lo que respecta a tus juicios sobre la escolástica. No te daría un consejo tan paternal si no me hubieras dicho tú mismo, en tu penúltima carta, que esos señores aguzan las orejas cuando lo haces. Y sabes muy bien que precisamente en los círculos teológicos la susceptibilidad es casi hipertrófica y lo mismo digo del “sentido de la responsabilidad”, cuando se trata de intrigar contra un “tipo poco seguro”. Tus críticas no dejarán de llegar siempre demasiado temprano a los círculos en cuestión». Como ejemplo de su advertencia, Laslowski menciona a Franz Xaver Kraus, al que
solía traer a menudo a colación[79]. Si consideramos a propósito de esta problemática «escolástica» las frases de Heidegger, anteriormente citadas, de su escrito al capítulo catedralicio de 13 de diciembre de 1915 (es decir, de la misma época) donde dice que pondrá toda su vida científica al servicio de la «difusión del tesoro de pensamientos encerrado en la escolástica en bien del combate intelectual del porvenir por conseguir el ideal de vida cristiano-católico», su oportunismo saltará a la vista claramente.
Y es esta actitud oportunista de Heidegger, que no pudo pasarle desapercibida a su protector Finke, la que responde a la pregunta de por qué el consejero dejó de favorecer al joven Heidegger cuando llegó el «encuentro» decisivo, la hora de la verdad. Como no se conserva el legado de Finke estamos reducidos a meras suposiciones en lo tocante a la continuación del asunto y los criterios de decisión adoptados. Muy posiblemente las cosas se complicaron cuando en el semestre de verano de 1916 Husserl comenzó a trabajar en Friburgo como sucesor de Rickert; ya sabemos que el joven Heidegger conocía la obra de Husserl y la había estudiado a fondo, aunque hasta este momento nunca había trabado contacto personal con él. Sea como sea, en el semestre de verano de 1916 se acumularon las sesiones de la comisión. Se citó el nombre de Heidegger, pero al lado de otros y no en primer lugar, y finalmente, a finales de junio de 1916, la Facultad de Filosofía se inclinó por el profesor titular de Münster, Josef Geyser, nacido en 1869, es decir veinte años mayor que Heidegger. En efecto, a éste le perjudicaba su juventud, su escasa experiencia docente y su, como es natural, todavía escasa producción científica. En las sesiones de la comisión se determinó expresamente que el futuro titular tendría la obligación de enseñar «la filosofía con especial consideración de la historia de la filosofía medieval», un perfil de plaza decididamente negativo que excluía de entrada a un filósofo especulativo que representara la problemática moderna y que por lo tanto constituía una barrera para el potencial candidato Heidegger. Parece evidente que tras esta definición de la plaza se escondían los intereses coaligados de Husserl, que no podía desear la elección de un competidor que le hiciera sombra, y de Finke, que abandonaba a su antiguo favorito por falta de fiabilidad «escolástica».
La prudente maniobra de aproximación de Heidegger hacia el nuevo titular de la facultad, Edmund Husserl (Heidegger le había propuesto en mayo de 1916 la lectura de su trabajo de habilitación, que aún no estaba impreso) no tuvo resultado. El desinterés del gran fenomenólogo por el Privatdozent, aún desconocido, era patente. Es dudoso que en aquella época Husserl prestara la debida atención a los trabajos de Heidegger. La dirección de los debates de la comisión correspondía más bien a su colega Finke.
Pero en todo caso, una vez hecho el trabajo, cuando los dados ya habían sido arrojados en contra de Heidegger, Husserl se mostró dispuesto a recibir a su colega Heidegger. En su carta de 21 de julio de 1916 le dice que no ha podido examinar todavía su trabajo, que sus ideas están en ese momento algo confusas, de manera que no cree poder decirle nada útil y, además, que está muy ocupado. Como se ve Husserl, no parecía muy impresionado por la obra de Heidegger y sólo mostraba el mínimo de cortesía imprescindible.
La decisión tomada por la comisión de nombramientos el 23 de junio de 1916 significaba para Heidegger una catástrofe en toda regla; la comisión sólo fue capaz de establecer una lista «de candidato único», dando razones que expresaban claramente la aversión contra Heidegger: «La dotación de la segunda cátedra titular de filosofía presenta en la actualidad particulares dificultades si es que se quieren cumplir las exigencias mínimas y proponer personalidades cuya capacidad científica en el terreno de la investigación y la docencia esté fuera de toda duda. La falta de personalidades de este tipo en el ámbito laico, el único que aquí se considera, es tan grande que, tras madura reflexión, la facultad sólo ha podido recomendar a un único candidato». ¿A dónde habían ido a parar los llamamientos entusiastas de Heinrich Finke? Se habían volatilizado.
En Friburgo no había cabida para el espíritu independiente de Heidegger. Y ¿cómo la iba a haber si en el futuro «constituiría un importante enriquecimiento de los estudios filosóficos de nuestra universidad si pudiera convertirse en un caldo de cultivo para trabajos histórico-filosóficos sobre la época de la escolástica, que aún ha sido poco estudiada»? Este era precisamente el terreno que odiaba Heidegger, a quien horrorizaba este tipo de trabajo filosófico.
No contenta con eso, la comisión propinó otra estocada al Privatdozent al no proponerle siquiera para una plaza de encargado de curso [Extraordinariat]. En caso de que el titular de Münster, Geyser, rechazara el nombramiento de Friburgo «y ante la citada escasez de fuerzas competentes, la facultad ni siquiera podría proponer a un encargado de curso». Sólo se contaba con Heidegger para «cubrir provisionalmente esta docencia de filosofía con un Privatdozent», en cuyo caso no había por qué recurrir a nadie de fuera anteponiéndolo al «prometedor profesor de la casa, Martin Heidegger» que de este modo obtendría una docencia provisional. Pero la comisión relativizaba al máximo este posible nombramiento provisional de Heidegger diciendo que «en opinión de la comisión, sólo se tendrá en cuenta al Privatdozent Heidegger en caso de que, por muchos esfuerzos que se hagan, resulte imposible convencer a Geyser para que acepte su nombramiento en Friburgo». Y la camarilla de miembros de la Sociedad Górres ya se había encargado de que el catedrático de Münster emprendiera viaje hacia el sur. En efecto, para Geyser, Friburgo sólo era una estación intermedia que debía conducirle a su auténtica meta, Múnich, a donde llegó en 1924. La facultad prefirió apostar por una persona acreditada, con un puesto sólido dentro de la tradición de la filosofía cristiana para hacer las veces de «paladín crítico de una filosofía de orientación realista con base aristotélica», a pesar de que Husserl no tenía una opinión muy brillante de Geyser y de que lo había llamado en presencia de Finke «compilador insignificante». Pero, después de todo, ya se sabe que en el ámbito universitario es fenómeno corriente que los titulares de renombre no puedan tolerar ningún competidor y hagan cualquier cosa por ocupar el terreno.
En todo caso, no cabe duda de que Heidegger debió sentirse herido hasta la médula ante los nuevos acontecimientos puesto que, confiando en Finke, había alimentado legítimas esperabas de convertirse en titular a pesar de su juventud y de poderse olvidar de los problemas materiales que le habían acompañado durante toda su vida y que aún habrían de acompañarle en el futuro. Pero no conocía bien al consejero Finke y su sentido táctico cuando se trataba de actuar en asuntos de política de nombramientos según el principio do, ut des (te doy para que me des).
La carta de Heidegger a Finke cuando la balanza se inclinó en su contra al final de los debates de la comisión debió de ser bien amarga. No se ha conservado, pero puede imaginarse a partir de la carta de respuesta de Finke de 23 de junio de 1916, es decir, del día de la sesión de cierre. «Una controversia con el corazón en la mano»: Heidegger opinaba que Husserl estaba contra él y no le apreciaba en su justo valor. Finke replicaba que olvidara esa sospecha pues Husserl le apreciaba como correspondía; además, consolaba al frustrado Privatdozent argumentando que aún era muy joven y tenía todo el futuro por delante. No debía desanimarse aunque no hubiera alcanzado todo de inmediato. Ya vendría todo con la edad y, si no, que se fijara en Geyser, que tenía veinte años más que él. Después de todo, también se había barajado el nombre de Heidegger y eso probaba que se le tenía en cuenta. Y Finke le conminaba: «¡Trabajar, trabajar!».
Algo más tarde (el 8 de abril de 1917), Finke aseguraba a su protegido que depositaba grandes esperanzas en él: «un destacado filósofo especulativo teísta» era, según él, más necesario que todos los filósofos cristiano-católicos ocupados en asuntos históricos, y por lo tanto le indicaba a Heidegger el camino de la filosofía de la religión, en el que podía abrirle nuevas vías al catolicismo. Desde luego, se trataba de un triste consuelo para el joven profesor herido. Para Heidegger, todo el asunto había sido un complot tramado por Krebs, que había indispuesto a Finke contra él. Una vez más, intentó consolarse con Laslowski, que conocía bien las intrigas de Friburgo y le contestó en estos consoladores términos: «Lo que ocurre es que Finke y los suyos se sienten ligados a Krebs» (carta desde Silesia de 17 de septiembre de 1916) «y no le quieren herir. Tienen miedo de ti. No se trata más que de motivos personales, porque estas personas no pueden juzgar ya objetivamente el propio asunto. Lo veo con toda claridad. ¿Que si debes extraer consecuencias y dejarles el terreno libre a esos señores? Yo sentiría demasiado orgullo como para hacerles ese favor». Por aquel entonces Heidegger albergaba la esperanza de obtener una cátedra en Tubinga. Su amigo le sugería que le mostrara a sus adversarios de Friburgo «una mezcla de desprecio y compasión», «¡Qué espíritus tan mezquinos, intrigantes, padres de familia, naturalezas subalternas! ¡Cielos! “¡Catedráticos de ayer!”». La carta es un revoltijo de encontradas emociones; hasta sale a relucir la esposa del consejero y, en definitiva, todos los factores de animosidad provocados por las frustradas esperanzas.
En este verano de 1916, mientras Heidegger seguía trabajando «militarmente» en el servicio de control del correo de Friburgo, se produjo el encuentro con Elfride Petri, estudiante de economía política en la Universidad de Friburgo, con quien Heidegger contrajo matrimonio en marzo de 1917. Como sabemos por el poema publicado en 1916 «Crepúsculo sobre la isla de Reichenau» (reimpresión en el volumen 13 de las Obras Completas), Heidegger pasó algunos días en esta isla del lago de Constanza con Elffide Petri y su amiga Gertrud Mondorf. También Ernst Laslowski, que estaba en Friburgo el semestre de verano de 1916, tuvo ocasión de conocer a ambas amigas. Se abría una nueva dimensión humana con un nuevo equilibrio, porque la novia de Heidegger procedía de la familia de un alto oficial prusiano y pertenecía a la confesión evangélica luterana. La diferencia de confesiones religiosas es un elemento que debe tenerse muy en cuenta a la hora de explicar el alejamiento de Heidegger de los círculos católicos. Parece evidente que dicho alejamiento, que tuvo su raíz en esta experiencia personal y se alimentó de sus peleas con los representantes científicos del ambiente católico, se inició en el año 1916. En todo caso, las frases posteriores de Heidegger —muy numerosas— de contenido anticlerical pueden entenderse a partir de estas tempranas experiencias. Entre ellas cabe señalar la carta del rector Heidegger, de febrero de 1934, al Reichsführer de la corporación de estudiantes alemanes (Deutsche Studentenschaft), Stäbel (a propósito de la eliminación de un decreto de suspensión de una asociación católica de estudiantes dictado por el jefe local de los estudiantes) en la que se expresa en estos términos:
No podemos tolerar este triunfo manifiesto del catolicismo, sobre todo aquí
[en Friburgo]. Representaría para nuestro trabajo un perjuicio peor de todo lo
que cabe imaginar. Conozco desde hace años la situación y las fuerzas
reinantes al dedillo… Todavía no se sabe lo que es la táctica católica. Y algún
día habrá que pagarlo muy caro[80].
Estas desmesuradas invectivas, envueltas en lenguaje filosófico, sólo pueden comprenderse a partir de los sucesos ya relatados.
En el verano de 1916 el Privatdozent Heidegger había recibido una herida psíquica cuyos efectos traumáticos durarían toda la vida; fue el golpe decisivo. Hagamos memoria: expulsado por los jesuitas (por insuficiente estabilidad física), expulsado por la archidiócesis de Friburgo por el mismo motivo y ahora ¡este trato por parte de los círculos católicos! Se anunciaba el primer «giro» [Kehre] de Heidegger, aunque éste no era un giro de su pensamiento: se trataba del alejamiento respecto al catolicismo, el sistema católico o como quiera llamarse a este estado de cosas.
Martin Heidegger se vio obligado a buscar otra orientación; formalmente, seguía siendo el protegido de Finke, sobre todo dado que Geyser, al que tendría que haber estado subordinado en el plano profesional, no se mudó a Friburgo hasta el semestre de verano de 1917. A este respecto hay que destacar que no existe ningún dato que permita afirmar que Geyser y Heidegger tuvieran algún contacto durante toda la estancia del primero en Friburgo. Al principio, Heidegger ocupó interinamente la cátedra, en el semestre de invierno de 1916-1917, debido a que su amigo Krebs había obtenido mientras tanto una plaza de encargado de curso en la Facultad de Teología y ya no estaba interesado en continuar con esa interinidad que había asumido durante tres años. Según el diario de Krebs, Heidegger dio clases sobre «los principios de la lógica» y aunque consiguió atraer a un público numeroso de las facultades laicas tuvo poco éxito entre los teólogos, «porque emplea una terminología y un modo de expresión demasiado complicados para los principiantes».
Heidegger encontró su nueva orientación en Husserl quien, tal como le había dado a entender Finke en el semestre de verano de 1916, ahora lo apreciaba debidamente. Claro que no se desarrolló una relación demasiado estrecha entre ambos filósofos desde el principio; en 1916 ya se había establecido un contacto epistolar bastante intenso que en 1917 volvió a decaer para fortalecerse nuevamente en 1918, cuando Heidegger se interesó más por Husserl.
La medida del nivel de intimidad alcanzado en su relación nos la dan las cartas de octubre de 1917 entre Husserl y su colega de Marburgo Paul Natorp, que tienen como trasfondo la dotación de la plaza de encargado de curso de filosofía en Marburgo, plaza que había quedado vacante después de que Georg Misch marchara a Gotinga y que en el futuro debía tener un perfil más orientado hacia la filosofía medieval. Heidegger era uno de los posibles candidatos («en el primer lugar con mucha diferencia») y por eso Natorp quería tomar informes por medio de su amigo Husserl, quien después de año y medio de ejercer en Friburgo debía haber sondeado el talento
filosófico de Heidegger[81]. Según él, los trabajos de Heidegger merecían «atención» y prometían «algo grande» «por la amplitud y libertad con que se plantean los problemas». Pero ¿qué podía decirle de la «docencia»?, y, ¿estaba del todo seguro de que no era confesional? También le pedía su opinión personal sobre el nivel científico que a su juicio tenía el joven filósofo friburgués. Este era el catálogo de preguntas de Natorp.
Husserl no respondió de un modo muy preciso, aunque sí muy extenso: por el momento Heidegger tiene que cumplir con su servicio militar en el puesto de control del correo y por eso él, Husserl, no ha tenido mucha ocasión de conocerlo (¡durante un año y medio de estancia en Friburgo!) de manera lo suficientemente profunda como para poder forjarse un «juicio fiable» sobre su «personalidad y carácter». Pero en todo caso, no puede referirle nada desfavorable. Ahora bien, lo que Natorp le había preguntado en primera línea era si la vinculación de Heidegger con el catolicismo era tan fuerte como para ser tenida en cuenta. Y, en efecto, resultaba difícilmente concebible que pudiera contratarse a un profesor católico de filosofía en el Marburgo de las antiguas disputas religiosas entre Lutero, Zwinglio y Melanchton (1529), en la ciudad que había abierto la primera universidad protestante.
El informe de Husserl a este respecto fue que, desde luego, Heidegger estaba «vinculado confesionalmente» ya que «por así decir», está bajo la protección de nuestro colega Finke, nuestro «historiador católico». Este había sido el motivo por el que se había considerado la candidatura de Heidegger el pasado año en la comisión de nombramiento para la cátedra de Filosofía Medieval. Su nombre había sido citado junto a otros y Finke lo había descrito como «un candidato adecuado desde el punto de vista confesional». Sin embargo, hace unos meses se había casado con una protestante que «hasta donde yo sé no se ha convertido por ahora». Por lo demás, Husserl encontraba al protegido de Finke demasiado joven «para nuestro puesto» y también «demasiado inmaduro» todavía para una plaza de profesor encargado. Su libro sobre Duns Scoto es «una obra de principiante» aunque deja traslucir su «agilidad mental y un talento notable». «Se trata, desde luego, de un inicio prometedor para un historiador de la filosofía medieval». Claro que todavía no disponía de mucha experiencia docente por haber sido asignado al «servicio postal del ejército». En lo tocante al éxito de sus clases había oído «opiniones muy favorables» pero a veces también «muy desfavorables», lo que para él se explicaba porque Heidegger «intenta avanzar en la sistemática» y por este motivo había dado cursos «sistemáticos en lugar de históricos». Según Husserl, Heidegger todavía luchaba por alcanzar «un lugar seguro en los principios y los métodos». Se había aproximado a la fenomenología con gran esfuerzo a partir de un proyecto interno y había abandonado desde hacía mucho tiempo la dirección de Rickert. «Según creo, lo hace de manera seria y profunda». Esto era todo lo que podía decirle.
A partir de esta descripción de Husserl se torna patente que el fenomenólogo conocía al joven filósofo católico de modo muy superficial, más bien a través de rumores que por medio de la propia lectura de sus trabajos, los primeros de los cuales se habían ocupado en profundidad de las Investigaciones lógicas de Husserl. Las relaciones personales también se reducían a un formalismo superficial. Husserl había archivado a Heidegger en el cajón de la «filosofía católica» bajo el rótulo «protegido de Heinrich Finke» (con todas las implicaciones que esto tenía) y todo esto le parecía «poco científico».
La frase de Husserl según la cual Finke había descrito a Heidegger en los debates de la comisión como «candidato adecuado desde el punto de vista confesional» era, así dicha, aislada de todo contexto, una frase destructiva. No, verdaderamente en otoño de 1917 Husserl no se inclinaba todavía por su colega Heidegger. Por eso, sólo le dieron el puesto número tres en la lista de Marburgo y lo mismo volvió a ocurrir en 1920 hasta que, finalmente, en 1922 (en un contexto muy diferente), Heidegger consiguió por fin lo que anhelaba. En octubre de 1917 Natorp decía todavía que «debido a su juventud y su limitado campo de trabajo» Heidegger había sido situado solamente en el lugar número tres de la lista, pero que se depositaban muchas esperanzas en él.
La detallada caracterización de Husserl esconde datos interesantes sobre la cuestión que nos ocupa: lo que se debate es la confesionalidad de Heidegger, el católico, el antiguo aspirante a la Compañía de Jesús, estudiante de teología católica, Privatdozent de filosofía cristiana (católica) —por mucho que la venia legendi sólo prescribiera la docencia de filosofía—, cuyo origen puramente católico no dejaba lugar a dudas, siendo su padre sacristán en Meßkirch. Para empezar, señalemos nuevamente que Heidegger se aproximaba claramente a Husserl, por mucho que éste le siguiera considerando como el protegido de Finke. Heidegger tendía manifiestamente a la fenomenología de Husserl, y Husserl, por su parte, se había enterado de que Heidegger se había casado con una protestante que hasta la fecha no se había convertido a la religión católica.
A principios de 1917 la novia de Heidegger había comunicado al amigo de Silesia, Laslowski, que se anunciaba la posibilidad de un próximo matrimonio, lo que había sumido a esta persona neurasténica en la mayor inquietud: «Queridísimo Martin, ojalá pudiera estar a tu lado en estos momentos. No sé por qué pero no puedo alegrarme del todo por lo que me ha escrito la señorita Petri. ¡Ojalá me equivoque! Pero te ruego que tengas cuidado. Espera al menos hasta que volvamos a vernos. De verdad te digo que estoy muy preocupado por ti, precisamente en lo que respecta a un asunto tan importante. Supongo que me comprendes y que comprendes mi ruego de que no te precipites en tomar una decisión.» (Carta de 28 de enero de 1917). Estas frases tan confusas revelan la complicada disposición anímica del amigo, que no quería entregar su amigo Martin a una mujer, sobre todo dada la dificultad añadida de la diferencia de confesiones.
Pero la decisión ya estaba tomada. No hace falta especificar las dificultades que la diferencia de confesiones provocó en la familia de Heidegger; para sus padres, gentes sencillas, para quienes la idea de un matrimonio mixto era sumamente extraña y el paso que iba a dar su hijo era casi inconcebible. Pero, después de todo, la futura nuera había mostrado intenciones de conversión y además procedía de una familia muy distinguida. El 21 de marzo de 1917, a las diez de la mañana, la pareja constituida por el «doctor Martin Heidegger, profesor en la universidad y afecto al servicio del Landsturm» y «Thea Elfride Petri, estudiante de ciencias políticas de la Universidad de Friburgo» eran unidos en matrimonio cristiano en la capilla de la universidad por el «catedrático y doctor Engelbert Krebs en representación del párroco militar, monseñor Wächter». Krebs no fue informado por Heidegger de su compromiso matrimonial hasta marzo de 1917, al tiempo que recibía el aviso de la próxima visita de la señorita Petri. Fue una sencilla boda de guerra, celebrada sin pompa de ningún tipo, en medio de la máxima discreción. La novia de Heidegger procedía de una familia de confesión luterana y en aquel entonces jugaba con la idea de convertirse al catolicismo, cosa que le fue desaconsejada por Krebs, quien le recomendó que no se precipitara y esperara hasta después de la boda, pues un paso de ese calibre convenía ser meditado muy a fondo.
El suegro de Heidegger era en su tiempo coronel z. D. (a disposición). Uno de los testigos era el estudiante de filosofía Heinrich Ochsner, originario de Kenzingen (Baden), antiguo estudiante de teología, dos años más joven que Heidegger y, como sabemos a través de algunos testimonios fragmentarios —que entretanto han sido
publicados[82]—, amigo y competente interlocutor científico del filósofo, según un rumor bastante fiable, una especie de Spiritus rector y estímulo de Heidegger. La administración del sacramento del matrimonio el 21 de marzo de 1917 sucedió bajo las condiciones específicas de una boda en tiempo de guerra, ya que se catalogaba al novio en primera línea como afecto al Landsturm y el sacerdote católico encargado del acto, el cura de división monseñor Johannes Wächter, sacerdote en el priorato de Berlín y desde 1907 sacerdote castrense de la región de Friburgo, había delegado sus poderes en el sacerdote amigo de Heidegger. Por este motivo, tampoco eran precisos los acostumbrados bandos. Y así, el matrimonio religioso permaneció, de facto,
secreto[83].
La capilla universitaria de la catedral de Nuestra Señora de Friburgo era un lugar lleno de sugerencias: en otros tiempos había sido el lugar de enterramiento de los profesores de la universidad, a pesar de que ahora ya no evocaba gran cosa en las conciencias. La época en que la Universidad de Friburgo tenía un carácter expresa y exclusivamente católico había cesado en tomo a 1840, y en 1917 para encontrar profesores católicos fuera de la Facultad de Teología había que buscarlos con lupa. ¿Sabía Heidegger que en este nicho de estilo gótico tardío, inscrito dentro de la corona de capillas que rodea al magnífico altar mayor de Hans Baidung Grien, también reposaba su compatriota de Meßkirch, Christoph Eliner, antaño catedrático de Teología y rector de la Universidad de Friburgo, fallecido en 1575 y fundador de la beca que había gozado durante más de cinco años el estudiante de Meßkirch, Martin Heidegger? Una tablilla de madera con una pintura que representa la resurrección evoca todavía el recuerdo de Eliner. Está colgada frente al altar de la capilla de la universidad. El altar ante el que se arrodillaron los esposos, muy probablemente obra de Holbein el Joven, es un tríptico cuya parte central representa la adoración de los reyes y pastores y cuyos laterales muestran a los cuatro grandes doctores occidentales de la Iglesia: san Ambrosio, san Jerónimo, también patrón de la Universidad de Friburgo, san Agustín y Gregorio I. Esta capilla está recubierta por una cúpula reticulada, con ocho partes finamente labradas, coronada por una clave de bóveda policromada: un medallón con las armas de Austria, la villa de Friburgo y la universidad. El hálito de la historia sopla en este lugar, aunque sólo pueden percibirlo los que la conocen.
Una boda de guerra presentaba además otra peculiaridad: no había que consignarla en el libro de registro matrimonial de la parroquia correspondiente, en este caso la catedral de Friburgo. Los sacerdotes militares llevaban un registro civil independiente y el archivo de datos se efectuaba de manera nada ceremoniosa. «Matrimonio de guerra, sin órgano ni vestido de novia, sin corona ni velo, sin coches ni caballos, sin banquete ni invitados, únicamente con la bendición escrita de los padres de ambos, que no estaban presentes»: así describe Krebs la boda en su diario, remedando un poco el estilo del formulario del registro matrimonial. Desgraciadamente, no conservamos el texto de la bendición nupcial de Krebs. «Quod Deus benedicat!», así concluye Krebs la anotación del día.
A pesar del carácter impuesto a la boda por los eclesiásticos militares, seguía siendo válida la prescripción de la Iglesia católica según la cual en los matrimonios mixtos los hijos estaban obligados a recibir una educación y un bautismo católicos. Las relaciones entre Heidegger y Krebs se debilitaron de forma muy notable después de la boda, hasta casi desaparecer: nada extraño, en el caso de una joven pareja que se instala y empieza a construir su nuevo hogar. Por otra parte, Heidegger se estaba introduciendo por otra vía, otro tipo de pensamiento religioso y teológico, que pronto empezó a perfilarse con mayor nitidez. A través de las cartas de Heinrich Ochsner, sabemos que en el verano de 1917 Heidegger estuvo estudiando a Schleiermacher (sobre todo el segundo discurso de sus Discursos sobre la Religión) y por lo tanto también se había enfrascado en el problema de la religiosidad en este filósofo. «Para elevar la moral, y a modo de delicado agradecimiento por nuestra amistad, Heidegger propuso una exposición del problema de la religiosidad en Schleiermacher.» (2 de agosto de 1917). Pocos días después, Ochsner escribe que la conferencia de Heidegger le ha dejado impresionado toda una semana.
Ahora, como antes, afecto al servicio de control postal y con la obligación, como Privatdozent, de impartir cursos no remunerados, Heidegger tuvo que superar el fracaso de las esperanzas puestas en el nombramiento de Marburgo, una decepción más después de la amarga experiencia de 1916. En el semestre de verano de 1917 Joseph Geyser se había hecho cargo finalmente de la cátedra de Filosofía Cristiana y de este modo Heidegger se había quedado sin esa interinidad remunerada. Heidegger no anudó relaciones de amistad con Geyser, contentándose con la protección de Finke. Como es lógico, lo que más le importaba a partir de ahora era aproximarse a Husserl. Desde 1916, no hacía más que intentar atraer la atención del esquivo fenomenólogo. Por ejemplo, Heidegger se presentó sin avisar en casa de Husserl poco antes de las navidades de 1916, pero sin éxito: el maestro se hallaba dando su habitual paseo de una hora por la cercana montaña de Loretto. ¡Qué idilio! En aquel tiempo, solía acompañar al profesor en sus paseos la nueva doctora en filosofía Edith Stein, quien desde octubre de 1916 había alcanzado el puesto de asistente privada del profesor y vivía en una pequeña pensión no lejos de la casa del mismo. Pero Heidegger podía repetir su visita: «tal vez indicándome la hora de la misma con anterioridad», siempre que las ocupaciones de su servicio (el control postal) se lo permitieran. «Si yo puedo estimularle en sus estudios, y así lo desea, desde luego no dejaré de hacerlo». (Carta del 10 de diciembre de 1916). Una respuesta seca y poco comprometida.
No era fácil encontrar el camino hacia Husserl. A pesar de estar familiarizado desde hacía años con su fenomenología, Heidegger encontraba tremendas dificultades para establecer una relación personal. Después del mencionado cuestionario de Marburgo sobre el joven filósofo, Husserl tampoco intentó aproximarse a Heidegger, aunque accedió a su ruego de fijar una entrevista para octubre de 1917. De nuevo, un mero formalismo: «le ayudaré gustosamente en sus estudios si ello me es posible». (24 de septiembre de 1917).
Después, se rompió el hielo: el invierno de 1917-1918 ambos filósofos se aproximan tanto humanamente que finalmente se toma posible un diálogo filosófico sobre una base personal. En este camino hacia Husserl Heidegger fue acompañado por su amigo Heinrich Ochsner, quien el semestre de invierno de 1917-1918 había asistido al seminario sobre lógica de Husserl y había sentido «la proximidad de lo divino». Encontró que el contenido del seminario era admirable, «la vivencia básica de toda filosofía según la cual sólo comprendemos el mundo y el Yo a través del
espíritu absoluto de Dios» (carta del 20 de octubre de 1917)[84].
Indudablemente, Husserl era la personalidad filosófica predominante de la época y ambos amigos se volcaron decididamente en él. El filósofo cristiano Joseph Geyser fue marginado y ya no representaba ningún papel. Según cuenta Ochsner en una carta de 6 de diciembre de 1917, del discurso inaugural de Geyser más valía no hablar. A través de los informes que, con ayuda de una excelente memoria, elaboró más tarde
Ochsner para su amigo Bernhard Welte[85], se ve claramente cómo fue desarrollando Heidegger su proyecto fenomenológico gracias a un fructífero diálogo con Husserl. Heidegger había comprendido desde el principio que «el proyecto de Husserl, a pesar de su importancia, no puede constituir ninguna prima philosophia, porque el “objeto” de Husserl es un objeto muy derivado, en tanto que objeto abstracto del saber teórico de la ciencia», mientras que el objeto objetivado que se constituye en las formas concretas de la existencia es «mucho más originario y anterior». Husserl había esquivado la cuestión del acceso a sus fenómenos porque para él la realidad científica de los objetos era algo que se daba por sobreentendido y ya no había por qué cuestionar. Por eso, Heidegger pasa desde el principio más allá de Husserl, radicaliza su proyecto, porque para él la cuestión de la determinación histórica de la realidad de los objetos y el acceso a ellos se había convertido en una cuestión esencial.
El 17 de enero de 1918 el filósofo Heidegger, afecto al servicio del Landsturm, fue acuartelado, aunque por poco tiempo, porque una vez más se presentaron problemas de salud. La salud de Heidegger parece «padecer mucho en el nuevo servicio», indica Ochsner el 24 de enero de 1918; «todavía albergo la secreta esperanza de que se anule el traslado debido a su salud. Para mí sería una pérdida inestimable que lo mandaran al frente». Claro que las cosas no habían llegado tan lejos, a pesar de que la comandancia suprema alemana hubiera decidido levantar la cabeza y mobilizar todas sus fuerzas para posibilitar la gran ofensiva del frente oeste. Pero, después de todo, mandaron a Heidegger a realizar instrucción militar a la guarnición de Heuberg y su campo de ejercicios militares de la frontera, es decir, lo mandaron a su tierra.
A finales de 1917 Husserl lamentaba no poder seguir viendo a Heidegger y tener agradables charlas filosóficas con él, pero su marcha a la Selva Negra —«deseo ardientemente un período de tranquila contemplación»— para ingresar en el servicio militar excluían toda posibilidad de encuentro. El patriótico Husserl contestó con bondad paternal (el 28 de marzo de 1918) al alegre saludo que le mandaba a Friburgo, desde el campo de ejercicios militares de Heuberg, el soldado Heidegger de la cuarta compañía del batallón de reserva 113, unidad a la que había sido destinado el 28 de febrero de 1918: así pues, no había que temer que el soldado Heidegger no soportara las fatigas físicas. Y era bueno, opinaba HusserI, que Heidegger tuviera que dejar a un lado la filosofía por un tiempo. Más tarde —«ojalá la guerra no dure ya mucho después de la magnífica victoria del frente oeste»— «volverá a centrarse en esos difíciles problemas con mayor fuerza aún». El mismo, Husserl, haría todo lo posible para volver a situarlo in medias res del diálogo filosófico. Como de costumbre HusserI emplea el término συμφιλοσοφεΐν que significa filosofar en común, congenialmente.
La correspondencia entre ambos intelectuales se mantuvo a lo largo de la primavera, el verano y el otoño de 1918; Heidegger había regresado a Friburgo en abril y permaneció allí hasta que el 8 de julio de 1918 fue destinado a la estación meteorológica 414 del frente, una unidad de Wurtemberg, sita en Berlín-Charlottenburg, donde debía formarse en meteorología. Heidegger escribe desde Berlín a su protector HusserI contándole las impresiones que le merece la vida intelectual de la universidad berlinesa. Encontramos el reflejo de esta carta en la respuesta de HusserI del 10 de septiembre de 1918, un largo monólogo en el que ensalza con entusiasmo el frescor juvenil de Heidegger, la pureza de su juventud, aún no deformada, «los claros ojos del alma, el corazón claro, la voluntad de vivir en dirección a la claridad», su sincero lenguaje; HusserI da las gracias al amigo por el regalo de sus cartas: «¡Oh, su juventud! ¡Cómo se alegra y regocija mi corazón de que me deje participar en ella a través de sus cartas!». Una paternal solicitud y el agradecimiento son el tono que caracteriza a esta carta.
Cuando HusserI redactaba esta carta, Heidegger se encontraba en el terreno de operaciones del primer ejército del frente oeste, en tanto que miembro de la estación meteorológica 414. Esta unidad dependía del servicio meteorológico del tercer ejército y se encontraba en las Ardenas, cerca de Sedan. Su tarea principal en la batalla del Mame (en Champaña), iniciada el 15 de julio de 1918, fue cubrir el ala izquierda del primer ejército, que debía avanzar hacia Reims. La misión de los servicios meteorológicos era proporcionar pronósticos del tiempo que sirvieran para emplear los gases tóxicos en el momento más adecuado. Un decreto del ministerio de la guerra de 25 de agosto de 1918 regulaba con todo detalle la tarea de los servicios meteorológicos.
Heidegger permaneció dos meses en el frente, hasta finales de octubre. El 5 de noviembre de 1918, pocos días antes de la revolución de noviembre, fue ascendido a cabo y el 16 de noviembre fue relevado por la sección 10 de reserva de la aviación y devuelto a su casa, a Friburgo, en donde la revolución de noviembre transcurría sin demasiados incidentes y los consejos de trabajadores y soldados no tuvieron ningún papel importante.