Triple A
9. El apocalipsis
EL APOCALIPSIS
«Me pidieron sin rodeos que cumpliera lo prometido, que los ayudara a conseguir un trato. Fui sincero y respondí que no tenía ni idea… Las decisiones correctas no les generaban ningún negocio, y me echaron de Lehman Brothers. La directora de investigación se puso seria y me acompañó de inmediato a mi despacho, como si fuese una centinela, para recoger mi maletín. Pasamos por delante de los despachos de mis colegas y de los escritorios del personal del nivel inferior, cruzamos el área de recepción y esperamos, incómodos, a que llegara el ascensor. Mantuve la vista fija al frente y ella no dijo nada durante todo el viaje al vestíbulo de mármol del World Financial Center».
MIKE MAYO
Analista que ha pasado por los bancos más poderosos de Estados Unidos. En octubre de 2008, sus estudios fueron citados por la revista Fortune como los de una de las pocas personas dentro del sistema financiero que anticipó la crisis.
Tras aquellas 72 horas, los problemas de AIG no se solucionaron, y los diferentes
planes de rescate de la compañía siguieron destruyendo las arcas públicas: 37 800
millones el 9 de octubre de 2008, 40 000 millones más el 10 de noviembre, 30 000
millones más el 1 de marzo… ¿Por qué? Sencillo: los CDS se seguían ejecutando y
había que pagar. La paradoja es que todos esos grandes grupos estaban recibiendo
dinero público con el cual cubrir sus pérdidas. Se estaba produciendo el fenómeno
que ya por entonces se conocía como «socializar las pérdidas», pero esta vez todos
los defensores del sistema liberal no dijeron esta boca es mía cuando los gobiernos a
los que detestaban acudían en su auxilio.
El cinturón de seguridad de los borrachos
John Lanchester describe así la situación de AIG: «Salvar la compañía costó ochenta
y cinco veces más de lo que había costado comprarla. Entonces, ¿por qué el Tesoro la
compró? Porque AIG era demasiado grande para quebrar. La implosión de Lehman,
en septiembre de 2008, se produjo en lo que ya era una crisis y muy poco después se
convertiría en la quiebra total del sistema económico global… La lección de Lehman
era, para los políticos, clara como el agua: nunca más se podía permitir que se
hundiera una institución financiera de semejante dimensión. AIG fue rescatada
porque todo el sistema económico estaba al borde del abismo». Y el mismo autor
señala el diagnóstico: «AIG calculó mal el riesgo representado por los CDS… Hay
algo al mismo tiempo divertido y espantoso en la comprobación de que, aplicadas a
los mercados del mundo, sus teorías tienen el efecto de cataclismo. El instrumento
decisivo para que esto ocurriera fueron los CDS, que expandieron su riesgo por todo
el sistema financiero, en parte porque muchos de ellos operaban over the counter,
como se dice en la City[9], es decir, entre una institución y otra, sin intermediarios.
Esto significa que no hay registro central de CDS, ni ningún organismo capaz de
evaluar y administrar riesgos que abarquen la totalidad del mercado».
De verdad que era espantoso. El dinero (irreal) que circulaba en CDS cuando se
produjo la implosión era de 54 billones de dólares, es decir, el equivalente al PIB de
al menos medio mundo. Y sólo eran papeles. «Muchos de los riesgos se vendieron y
volvieron a vender sin conocimiento de la contraparte inicial, lo que significaba que
un acuerdo podía ser reasegurado con los mismos bancos más de una vez… La
liquidez se agotó y las instituciones financieras empezaron a quebrar. El problema fue
que los CDS y los instrumentos financieros correspondientes habían sido vendidos de
banco en banco con absoluta falta de transparencia… Los CDS, que se inventaron
como un medio para asegurar el préstamo, terminaron potenciando y expandiendo los
riesgos por la totalidad del sistema financiero mundial. Es como si la gente usara el
cinturón de seguridad como una oportunidad para comenzar a conducir en estado de ebriedad», sentencia Lanchester.
Pese a que los analistas menos afectados por las doctrinas económicas —los hay
que incluso aseguran que el problema ha sido el excesivo papel de los gobiernos en
los ritmos económicos— han llegado a conclusiones similares, la sensación que
parecía extenderse por el mundo entero es que en las propias instituciones financieras
el problema los seguía sorprendiendo. Como si no supieran qué estaba pasando, como
si no fueran capaces de entender que los problemas fueran tan graves… Pero el
conocimiento de que lo que había estallado en esas 72 horas iba a poner en riesgo al
planeta entero estaba en los propios despachos de quienes parecían no entender nada.
Estrictamente confidencial: «Sin rescate, el mundo se hunde»
Uno de los informes sobre la crisis que desveló Wikileaks tenía el sello de
«estrictamente confidencial». Fue elaborado por analistas contratados por AIG el 26
de febrero de 2009, y explica en parte —o en su totalidad— el porqué del nuevo
desembolso de dinero oficial que se produjo tres días después para seguir pagando las
órdenes de liquidación. Si los asegurados —es decir, los grandes bancos y fondos de
inversión— no cobraban sus seguros entonces se quedarían sin dinero con el cual
seguir operando y haciendo frente a sus órdenes de pago. Era la pescadilla que se
mordía la cola, pero la espiral no podía romperse en ningún momento, y cualquier
quiebra en esa línea debía cubrirse con dinero público. Pero claro —aunque ésa será
otra historia que contaremos más adelante—, eso iba a suponer que los gobiernos de
cada país tuvieran que emitir deuda pública en forma de letras y bonos para cubrir los
sucesivos rescates. Y ahí, la paradoja sobre la que alertó insistentemente se hizo más
irritante: los mismos bancos salvados por los gobiernos emplearon ese dinero para
financiar la deuda pública. En suma: les dimos un dinero con el cual nos compraron.
El informe al que he hecho alusión se titula «AIG: ¿Hay un riesgo sistémico?» y
glosa el poder e influencia de la empresa y analiza cuáles serían las consecuencias de
su quiebra o desaparición, tanto en referencia a la empresa matriz como en relación a
algunas de sus más importantes divisiones, como por ejemplo la relativa a la empresa
de alquiler de aviones de AIG.
Sí, aunque parezca sorprendente: una empresa de alquiler de aviones. Es otra de
las cosas que casi todo el mundo desconoce, pero sí, son empresas de este tipo las que
compran los aviones y no las empresas de líneas aéreas —salvo algunas de las más
importantes— las que los poseen. Reciben el nombre de empresas de leasing, y son
las que adquieren los aviones que salen de la fábrica de Boeing en Seattle —por citar
la más importante— pagando por ellos entre 150 y 300 millones de euros. Pues bien,
en este caso concreto, AIG adquiere el avión y lo alquila a una compañía mediante un
arrendamiento común o un arrendamiento financiero, lo que permite a la empresa que compra aumentar su patrimonio, recibir grandes cantidades de dinero líquido y poder
operar con ese dinero en sus maniobras financieras. En cierto modo, las «pequeñas» y
medianas aerolíneas quedan sometidas al control de AIG —por citar el caso del que
estamos hablando—, que obliga además a efectuar toda una serie de coberturas de
seguros que se extienden a todos los ámbitos de su desarrollo. Las empresas que
alquilan, eso sí, pueden de esta forma mantener su endeudamiento y no tienen que
hacer frente a la adquisición de unos artefactos que no están a su alcance.
Se trata de un documento elaborado con el inefable programa Power Point que
reproduzco entero para poder entender qué es lo que sabían los financieros que
estaban manejando la crisis. Sin lugar a dudas es uno de los escritos menos
conocidos, pero más reveladores, de todos los que tenemos en la base de Wikileaks.
El informe revela que el rescate de la aseguradora y el posterior plan gubernamental
no era sino el primer parche a la primera herida, pese a que se «vendió» al mundo que
ese plan era definitivo y que el esfuerzo del contribuyente serviría para cortar una
hemorragia que era mucho más grave de lo que se nos contaba. Como va a
comprobar el lector —recomiendo una lectura sosegada, en la que no debe
descartarse nada, ni siquiera el hecho de que se exageraran los riesgos para facilitar
ese rescate y embolsarse así una inmensa cantidad de dinero. «Piensa mal y
acertarás», dice la máxima popular, y nos han dado tantas razones para pensar mal…
— el informe que presento es apocalíptico y radiografía el escenario al que se
enfrentaba el mundo por aquel entonces y al que, en cierto modo, se sigue
enfrentando. El documento, además de apocalíptico, utiliza un lenguaje opaco y
técnico, pero nos ofrece una visión bien clara de en qué situación se encontraba el
mundo en aquella fecha, y que se ocultó a la opinión pública:
¿Qué es un riesgo sistémico?
El riesgo sistémico es el riesgo impuesto por las interrelaciones e interdependencias en un sistema de
mercado, lo que podría provocar la quiebra del sistema o del mercado si un jugador es eliminado o si se producen a la vez un grupo de fallos.
El riesgo financiero sistémico se produce cuando los planes de contingencia que se desarrollan de forma
individual para abordar los riesgos seleccionados son incompatibles. Es la quintaesencia de la expresión «el hueso de la rodilla está conectado al hueso del muslo», de forma que cada elemento que es aparentemente independiente está conectado con otros elementos.
El modelo empresarial de AIG —con una expansión de 1 billón de dólares en seguros y servicios
financieros para empresas, cuyo crédito AAA se utilizó para respaldar 2 trillones de dólares[10] en productos financieros para empresas de comercio— tiene muchos riesgos inherentes que se correlacionan uno con otro. A medida que la economía mundial ha ido experimentando fracasos, el sector que cubre AIG ha resultado debilitado por estos fallos multisectoriales.
El problema original de AIG —una dependencia excesiva en EE. UU. de productos respaldados por
valores hipotecas residenciales (RMBS) en sus carteras de inversión— se ha profundizado por la debilidad comercial de los productos respaldados por hipotecas en el mercado de valores, el mercado
global de bienes raíces, el mercado de renta variable mundial… Y el freno de los negocios y actividades del consumidor y su subsiguiente necesidad de una mayor liquidez por parte de los reguladores y clientes de todo el mundo.
El riesgo sistémico afecta a todos los seguros de vida y a las empresas de inversión de todo el mundo. Por
lo tanto, AIG tiene la posibilidad de desencadenar una serie de fallos en cascada que no puede ser detenida excepto por medios extraordinarios.
Resumen de la evaluación de riesgos
En otoño de 2008, la Reserva Federal y el Departamento del Tesoro determinaron que el riesgo sistémico
de un fracaso de AIG era tan grande que se debía proporcionar un programa de apoyo mediante la inyección de liquidez y capital en la empresa.
Para pagar la deuda y reducir el grado de riesgo financiero para la empresa, AIG ha instituido un
movimiento de su negocio de productos financieros y un proceso de desinversión masiva para vender las empresas, a pesar de que eso significa un problema para el desarrollo del crédito.
La solución ya ha proporcionado abordar a corto plazo las necesidades de liquidez y concentración
excesiva de AIG en el mercado de RMBS. Sin embargo, AIG todavía se enfrenta a enormes pérdidas de inversión y degradaciones crediticias. Sin herramientas adicionales federales para abordar la situación de AIG, la empresa no será capaz de pagar sus obligaciones. A pesar de la seguridad que ha supuesto, la inversión del gobierno de EE. UU. no podrá ser recuperada.
AIG opera en más de 140 países en todo el mundo, cuyos clientes, reguladores y gobiernos se han
abstenido de liquidar o incautar activos por la situación de apoyo que ha prestado el gobierno de Estados Unidos.
El fracaso de AIG podría causar confusión en la economía de EE.UU. y en los mercados globales, lo que
tendría múltiples consecuencias imprevistas potencialmente catastróficas.
La incapacidad de AIG para garantizar de inmediato la ayuda adicional de la Reserva Federal y el
Departamento del Tesoro amenaza no sólo el proceso de venta de AIG, sino también a los consumidores y a la confianza empresarial en todo el mundo.
¿Cómo de grande es la magnitud del riesgo sistémico por culpa de los seguros?
El término «seguro» se utiliza, por parte de AIG y otras empresas similares, para referirse a la venta de los
productos industriales, pero los seguros no sólo se refieren a las propiedades tradicionales o a los seguros de vida para proteger del riesgo de fallecimiento o para dar cobertura a los clientes sobre posibles accidentes, salud, pensiones, jubilaciones, rentas vitalicias y otra variedad de productos que generan acumulación de riqueza.
El riesgo sistémico se centra principalmente en el mundo de los seguros de los negocios, ya que este
subsector tiene gran variedad de inversiones y obligaciones que están sujetas a la pérdida de valor de las inversiones subyacentes.
La industria de los seguros de vida contrata aproximadamente con 2,3 millones de personas en EE. UU.
pólizas individuales y de grupo. Hay más de 19 trillones de dólares de valor nominal en estos seguros en EE. UU. Las pólizas de seguros alcanzan los 375 millones.
Durante la última década, la tasa de terminación voluntaria de las distintas pólizas se redujo notablemente
(6 por ciento en el año 2007) ya que los consumidores podían obtener liquidez de otras muchas fuentes.
Un aumento significativo en las peticiones de ejecución de los seguros —debido a las necesidades de los
consumidores para obtener efectivo o provocado por los rumores reales o infundados de la existencia de problemas en las compañías de seguros— podría tener resultados desastrosos. Debido a la pérdida generalizada de liquidez, la industria se esfuerza por aumentar la cantidad de dinero en efectivo para satisfacer las solicitudes de entrega. Una run on the bank (crisis bancaria que genera peticiones de entrega de dinero, liquidaciones) tendría efectos profundos en toda la economía norteamericana. En otros países del mundo, con tasas de ahorro más altas que en EE. UU., el fracaso de las compañías de seguros como AIG sería una catástrofe.
Impacto de los esfuerzos del gobierno de Estados Unidos para estabilizar la
economía
Si el sustancial apoyo del gobierno anterior a AIG finalizara en fracaso, es probable que provocara un
impacto en cascada en otras empresas aseguradoras de Estados Unidos, ya debilitadas por la falta de crédito. Los fondos de garantía que el Estado dispone para el sector de los seguros se disiparían rápidamente, pese a que representa una cantidad mayor que la ejecución del sector de los seguros.
Teniendo en cuenta el tamaño de AIG, no existe la posibilidad de establecer un «matrimonio de
conveniencia» con otras compañía de seguros del país.
Además, la falta de voluntad del gobierno para apoyar a AIG podría conducir a una crisis de confianza
aquí y en el extranjero con respecto a otras grandes instituciones financieras, especialmente aquellas que hasta ahora se han mantenido viables debido a los programas gubernamentales de ayuda.
Esta pérdida de confianza sería particularmente grave en los países que tienen grandes inversiones en
empresas de Estados Unidos, y los ciudadanos y sus valores podrían sufrir importantes pérdidas como resultado del fracaso de las filiales extranjeras de seguros de AIG.
Todo esto podría conducir a una disminución del atractivo de los valores de EE. UU., con el subsiguiente
aumento en el precio del endeudamiento de Estados Unidos y las entidades emisoras asociadas.
Por otra parte, lo que hace que el peligro de AIG no sea ahora más grande que en septiembre tiene que ver
con el apoyo del gobierno de EE. UU. La confianza pública en los mercados financieros está en su punto más bajo, y habría que preguntarse si la economía puede tolerar otro golpe al sistema si se produce el hundimiento de AIG.
El alcance y la interconexión de los negocios de AIG es enorme y abarca a clientes de todo el mundo, que
van desde agencias gubernamentales a corporaciones y consumidores. Un fracaso de AIG podría crear una reacción en cadena de enormes proporciones.
Aunque algunas de estas posibles consecuencias son críticas, y hasta cierto punto especulativas, sí hay una
conclusión que puede extraerse de forma incuestionable tras el hundimiento de Lehman, y es que las consecuencias negativas que podría tener la quiebra de una institución financiera no se pueden prever.
Así como fue incapaz de predecir que la quiebra de Lehman podría conducir al colapso del Fondo de
Reserva, seguido por gran parte de la industria monetaria, el gobierno sería aún menos capaz de predecir las consecuencias de la caída de una institución mucho más grande, más global y más orientada al consumidor como es AIG.
Impacto general en la economía
Una quiebra de AIG podría tener un impacto devastador en la economía de Estados Unidos, pero también en la mundial. Los efectos económicos podrían incluir:
La pérdida de los 116 000 puestos de trabajo, incluyendo los 50 000 empleos en cincuenta estados y en el
distrito de Columbia, lo que generaría una pérdida global de salarios valorada en 3,5 billones de dólares.
Resultados adversos para los 74 millones de clientes de AIG en todo el mundo, incluyendo los 30 millones
de clientes en EE. UU., de seguros generales, seguros de vida y jubilación, y servicios financieros para empresas.
El daño inmediato que causaría una quiebra de AIG en los mercados de crédito mundiales haría pequeñas
las consecuencias de la quiebra de Lehman. El Departamento del Tesoro debería estar preparado ante lo que podría ocurrir:
○ Caída del valor del dólar.
○ Aumento del precio de la deuda del Tesoro.
○ Dudas sobre la capacidad de EE. UU. para soportar el sistema bancario.
Los asegurados en caso de quiebra bancaria
AIG ha escriturado 81 millones de pólizas de seguro de vida a individuos de todo el
mundo:
Valor total: 1,9 trillones de dólares.
Pagos reclamados en 2008: más de 12 billones de dólares.
Si AIG quiebra, los asegurados querrán cobrar el dinero de sus pólizas, provocando
una enorme tensión en el sistema de seguros, así como en el mercado de valores y
bonos.
El desembolso de las pólizas de seguros por encima de las tasas normales podría poner en peligro el
capital de los asegurados y los fondos de garantía estatales serían insuficientes para poder pagar las reclamaciones de los asegurados.
Dos terceras partes de los productos de AIG podrían ser imposibles de manejar y reembolsar, lo cual
provocaría un daño irreparable en la confianza del consumidor.
Los actuales asegurados de AIG no podrían recibir las coberturas de sus pólizas por
parte de otras agencias de seguros.
Aumentarían los futuros costes de las pólizas de seguros y los productos disponibles disminuirían
significativamente.
Algunos asegurados podrían no ser cubiertos según las pautas establecidas o no recibir lo acordado en las
pólizas en caso de problemas de salud.
Impacto en los seguros de jubilación
Servicios de jubilación de AIG:
6,7 millones de seguros firmados.
Valor total: 147,5 billones de dólares.
La mayor parte de los beneficiarios son americanos de clase media con unos ingresos que rondan los
50 000 a 60 000 dólares anuales.
Los planes de jubilación son a menudo la única fuente de ingresos de los beneficiarios.
Consecuencias de la quiebra
Una quiebra de AIG que afectara a las pensiones sería uno de los mayores fracasos en la historia de los
seguros de vida y pondría el ahorro para la jubilación en riesgo, causando la pérdida de confianza en el sistema privado de pensiones de EE. UU.
Si no se produce un inmediato «rescate bancario» podrían provocarse convulsiones en el Estado y un
bloqueo en las cuentas de jubilación de los clientes así como en los pagos mensuales o trimestrales de las respectivas rentas vitalicias.
La incautación de los bienes por los reguladores estatales tendría un impacto negativo en los fondos de
garantía estatales, que quedarían sin recursos.
Tales evaluaciones en un mercado ya débil podría provocar que los actores afectados de la industria
vendieran sus activos a consecuencia de la presión que supondría el descenso de los valores en los mercados de renta fija.
Bajo las condiciones actuales del mercado y debido a la naturaleza intensiva en capital de la renta fija, la
capacidad de pago no podría ser asumida por otras empresas.
Teniendo en cuenta todo lo anterior, existe el riesgo de socavar la confianza en el sistema privado de
pensiones de Estados Unidos.
Impacto financiero en el consumo
Una quiebra de AIG podría llevar al hundimiento de AGF (American General
Finance), la segunda empresa más grande del sector de prestamistas (con lo que eso
supondría):
AGF ha ayudado a los consumidores americanos y a los pequeños negocios durante más de 85 años.
Es una ayuda para más de 2 millones de familias, que tienen préstamos por valor de 24 000 millones de
dólares firmados en las más de 1400 oficinas que posee en cuarenta estados.
Presta cobertura a más de 20 000 comerciantes al por menor.
Emplea aproximadamente a 8000 personas.
Es prioritario en ciudades pequeñas y medianas que no están cubiertas por los grandes bancos.
En consecuencia, una quiebra de AGF provocaría:
La eliminación de créditos por valor de entre 12 000 y 15 000 millones de dólares durante los próximos
tres años.
Un incumplimiento de deuda de 23 000 millones de dólares aportada por inversores de Estados Unidos y
Europa.
Además, AIG Consumer Finance Group opera en América Latina, Europa y Asia:
En septiembre, varios bancos asiáticos y europeos tuvieron que ser rescatados.
Los rescates bancarios resultantes de la quiebra de AIG supondrían un riesgo sistémico en los países en
los que opera.
Amplitud de los contratos que se interrumpirían
AIG Comercial Insurance (AIGCI) representa:
El más grande siniestro de seguros privados de Estados Unidos. Suscribe más de 450 productos de seguros
y servicios a través de 83 empresas.
Protege y asegura a más de 180 000 entidades que emplean a 106 millones de personas en Estados
Unidos.
Cerca de un tercio de los norteamericanos están empleados en una entidad que está protegida por
coberturas de seguros ofrecidos por AIG Comercial Insurance.
Protege 20 millones de pólizas comerciales.
Los pagos realizados en 2008 alcanzaron los 18,3 billones de dólares.
A nivel mundial, AIG tiene suscritos seguros para:
94 por ciento de (fondos del índice) Fortune 500, con primas anuales que superan los 10,5 billones de
dólares.
97 por ciento de Fortune 1000, con primas anuales de 10,2 billones de dólares.
81 por ciento de Forbes 2000, con primas anuales cercanas a los 15 billones de dólares.
90 por ciento de Financial Times 500 en Europa, con primas anuales de 6 billones de dólares.
77 por ciento de Financial Times 500 del Reino Unido, con primas anuales de 2 billones de dólares.
AIGCI protege un alto número de negocios y organizaciones:
15 000 negocios del mundo de la agricultura y ganadería.
30 000 contratistas residenciales y comerciales.
5000 escuelas, bibliotecas, museos o galerías de arte.
23 000 organizaciones de servicios profesionales y sin ánimo de lucro.
2600 organizaciones energéticas y medioambientales.
21 000 proveedores sanitarios; incluyendo doctores, residencias de enfermería…
7000 negocios estatales.
9800 medios de transporte, incluyendo aerolíneas, autobuses, trenes, hoteles, taxis…
550 entidades públicas, empresas de agua, autoridades aeroportuarias, departamentos de policía y
bomberos…
Las consecuencias de una quiebra de AIGCI serían:
Dejaría al descubierto a numerosas empresas y pequeños negocios que deberían cancelar sus políticas
actuales y que causaría un fuerte impacto en su dinero disponible.
En el caso de flujo de caja negativo, AIGCI comenzaría la liquidación de sus inversiones en títulos
valores, incluyendo bonos municipales (AIGCI es el segundo mayor inversor de EE. UU. en bonos municipales).
Mientras que los clientes recurren a otras compañías, la pérdida significativa de la capacidad de AIGCI en
el mercado aumentaría el precio de los seguros para accidentes.
Teniendo en cuenta la tolerancia de AIGCI para empresas de mayor riesgo, el aumento de las primas sería
especialmente importante en esas industrias, incluidos los servicios financieros y de automoción, así como en las líneas de negocios de mayor riesgo, pero también en lo relacionado con la propiedad y el terrorismo.
Los aumentos en los precios podrían llevar a algunas empresas a crear sus propios seguros para cubrir
algunos riesgos.
AIGCI es la principal empresa norteamericana que ofrece política integrales globales para las empresas de
EE. UU.; por tanto, estas empresas podrían buscar competidores extranjeros para satisfacer sus importantes y complejas necesidades de seguros.
Las facilidades que ofrece en último término el mercado (como algunas aseguradoras de último recurso)
podría dar como resultado un aumento significativo de nuevos negocios, provocando una mayor presión financiera por parte de los estados y otras compañías de seguros que se verían fortalecidas.
American International Underwriters (AIU) es líder a nivel mundial en proveer
seguros comerciales
AIU tiene presencia, aproximadamente, en 85 países, y su capacidad para ofrecer seguros a nivel
internacional para compañías de Estados Unidos y extranjeras en todo el mundo es única.
En sus líneas personales, AIG asegura a 36 millones de hogares en todo el mundo
AIU es líder en líneas financieras:
Protege el 70 por ciento de los 509 bancos internacionales más importantes.
Es líder en cobertura de seguros para los directores y ejecutivos de las más importantes corporaciones
globales.
Provee una destacada capacidad para la exposición de Estados Unidos en el mercado de Londres.
La asociada de AIU, Lloyd’s Ascot, tiene capacidad para hacer frente a sucesos catastróficos en Estados
Unidos (Cat Excess).
En combinación con Cat Excess, AIU tiene la mayor capacidad mundial en los 50 bancos más importantes
del mundo.
AIU asegura a los militares de Estados Unidos, a Naciones Unidas, a las embajadas extranjeras y de
Estados Unidos, y otras importantes organizaciones comerciales a nivel mundial, incluyendo el Canal de Panamá, pozos petrolíferos, cargueros mercantes o Médicos sin Fronteras.
El programa de AIU Defense Base Act ofrece protección a los contratistas que están reconstruyendo y
creando la infraestructura de Irak y Afganistán.
AIU tiene 20 000 empleados y más de 70 000 agentes en todo el mundo.
Las consecuencias de una quiebra en AIU afectaría a:
Incremento de estrés financiero en las aerolíneas, en función de que AIU tiene una posición líder en los
seguros relacionados con el mundo de la aviación.
AIU tiene el liderato en la protección de los aviones después del 11-S debido al desarrollo de nuevas
capacidades. Su ayuda fue vital para la recuperación de la economía.
En la actualidad, AIU asegura al 20 por ciento global de la aviación. Si AIU sale del mercado, las otras
compañías del mercado podrían aumentar sus precios. Teniendo en cuenta que las líneas aéreas ya se enfrentan a complicaciones financieras, eso agravaría las dificultades.
Se produciría una importante interrupción en los mercados mundiales de seguros para accidentes y los
relacionados con la salud, particularmente en Asia y el Pacífico, donde AIU es líder de mercado, incluso en las principales economías de la zona incluyendo Japón, Corea y China.
Significativa pérdida de capacidad en las líneas comerciales D & O y FL D & O (productos financieros):
♦ La exposición total de AIU está próxima a los 500 billones de dólares. La línea comercial D & O está
estimada en 450 billones de dólares y FL D & O y las líneas personales están en 33 billones de dólares.
♦ Sin la capacidad de AIU muchos bancos no podrían reemplazar la capacidad y experiencia del grupo,
se elevaría la prima de riesgo de estas entidades y se endurecerían las condiciones a las que se enfrentan.
♦ El mercado para D & O sería menos accesible y las aseguradoras podrían subir los precios de forma
oportunista.
♦ Sería difícil replicar la red internacional de AIU, que permite emitir pólizas personales para D & O en
85 países, lo que dejaría a muchos clientes de estas multinacionales expuestos en sus respectivos países.
♦ Una caída de AIU provocaría una quiebra en el mercado internacional: ♦ AIU es uno de los tres principales proveedores de cobertura de carga marítima, buques que
transportan mercancías y de los puertos que reciben y manejan los bienes.
♦ AIU ofrece cobertura para los productos de los exportadores (por ejemplo, AIU es el proveedor
número uno de seguros a la exportación de productos en China).
Impacto en los mercados de capital
Un fallo en AIG podría tener consecuencias similares o incluso peores de las que
supuso la quiebra de Lehman Brothers. Entre esas consecuencias pueden señalarse:
El amplio tamaño de los paquetes de derivados: la Corporación de Productos Financieros de AIG (AIGFP)
tiene aproximadamente 1,6 trillones de dólares expuestos en productos derivados.
El retroceso de la cartera de AIG provocaría un descenso en la valoración a través de una amplia gama de
clases de activos asociados.
El gran número de contrapartes envueltos en un cambio de los bloques de derivados:
♦ Las contrapartes incluyen grandes bancos, fondos soberanos, administradores económicos y fondos de
riesgos.
♦ Base total de clientes: más de 1500 grandes corporaciones, gobiernos e inversores institucionales
podrían verse afectados.
Un impacto extenso de la degradación de ratings (calificaciones):
Algunos contratos elaborados por AIGFP incluyen una rebaja de calificaciones como consecuencia de un
«evento de incumplimiento»; ya que todos los contratos de AIGFP incluyen la quiebra como un evento de incumplimiento, ello provoca la terminación del derecho y liquidación.
Se produciría una presión a la baja en los valores de los activos subyacentes como resultado de los
vencimientos y las llamadas de conformidad con los contratos vinculados y asociados.
Otro foco: los mercados municipales de Estados Unidos:
AIG es el segundo titular más grande de los bonos municipales de Estados Unidos: los seguros
comerciales de AIG (AIGCI) suman más de 70 000 millones en activos invertidos, lo que significa el 73 por ciento de los bonos municipales. La quiebra supondría la venta forzosa de la cartera de inversiones de AIGCI.
Consecuencias directas e indirectas de la quiebra de AIGFP
AIGFP/Deuda AIG (Valores emitidos):
Imposibilidad para devolver una parte importante de los 30 billones de dólares de las emisiones de AIGFP,
incluyendo las emisiones comerciales en papel.
Se transmitiría el mensaje a los mercados de que la deuda de otras entidades con el gobierno está en
riesgo.
Sectores afectados: inversores institucionales, inversores minoristas, entidades apoyadas por el gobierno.
Opciones de Respuesta con Beneficio (BRO):
Si no se proporciona una ayuda de 38 billones de dólares, existe el riesgo de que los fondos de valores
estables sufran una pérdida de millones en el mercado monetario, produciéndose un fenómeno de breaking the buck (ruptura del engranaje).
La retirada masiva de la inversión en valores estables por parte de los pequeños inversores podría
provocar daños en la confianza en los planes tipo 401.
La pérdida de los espónsores podría provocar un agujero en los inversores individuales.
Sectores afectados: pequeños inversores, fondos de pensiones, grandes fondos de seguros.
Arbitraje de protección de crédito de corporaciones y CDO/CLO:
La protección que ofrece AIG sobre 63 billones de dólares en CDO/CLO podría desaparecer.
Los bancos más importantes de Estados Unidos podrían perder cobertura para sus paquetes como
consecuencia del alto número de CDS ejecutados, lo que provocaría un encarecimiento en los costes de financiación de las empresas.
Las dificultades aumentarían y la falta de liquidez en el mercado de CDO y CLO podría provocar un nivel
de amortizaciones dramáticos.
Sectores afectados: grandes bancos, inversores institucionales y empresas de préstamos.
Regulación de capitales:
Los bancos europeos necesitarían rescates adicionales —10 billones de capital adicional rápidamente—
que podría tener como resultado la degradación de sus resultados en un ambiente de quiebras catastróficas en el mercado.
Sectores afectados: los bancos europeos más importantes (RBS, BNP, Banco Santander, Danske,
Rabobank, Credit Logemont, Calyon…).
Otros derivados:
Las forzosas liquidaciones de los clientes podrían dar como resultado un aumento significativo de
posiciones sin cobertura.
La ruptura de los mercados podría causar enormes pérdidas en las entidades bancarias al intentar sustituir
las posiciones perdidas con AIGFP.
El riesgo de ausencia de cobertura individual podría aumentar veinte o treinta veces su nivel.
Sectores afectados: corporaciones, multinacionales y distribuidores.
Garantías de contratos de inversión (GIC):
Un fallo en la colaterización de 2 billones de dólares en GIC conduciría a grandes pérdidas y a una fuerte
interrupción de los mercados de bonos municipales.
Sectores afectados: municipios.
Impacto de un fallo de ILFC
International Lease Finance Corporation (ILFC) es el mayor arrendador de aviones
del mundo, con 950 aparatos en su haber.
El rol de ILFC en la economía de Estados Unidos es el siguiente:
Desde 1978 ILFC ha adquirido más nuevos aviones Boeing (aproximadamente 670 unidades) que ninguna
aerolínea o compañía de arrendamiento.
ILFC es el principal cliente de grandes compañías como General Electric, Honeywell, Rockwell Int’l y
United Technologies.
ILFC es el mayor comprador en Estados Unidos de componentes y elementos para los nuevos aviones de
Airbus.
ILFC ya ha efectuado la orden de compra de 102 nuevos aviones Boeing a partir de diciembre de 2008,
con un valor de 12,5 billones de dólares, que se harán efectivos a lo largo de 2009 y años siguientes.
Los nuevos aviones Boeing serán exportados por ILFC, lo que ayudará a la balanza de pagos de Estados
Unidos a través de arrendamientos de larga duración con aerolíneas extranjeras.
Un fallo en ILFC podría significar:
Pérdida para Boeing de su mayor cliente, incluyendo la pérdida de compras acordadas por valor de 12,5
billones, lo que significaría una reducción de 183 000 empleados.
ILFC podría forzar la liquidación de sus cerca de mil aeronaves a precios ajustados, lo que tendría un
fuerte impacto en la industria aeronaval.
Los bancos e instituciones de Estados Unidos perderían títulos de deuda de ILFC por valor de más de 30
billones de dólares.
Menor aportación de impuestos debido a las dificultades para vender (actualmente, el potencial tributable
es de 13,1 billones de dólares).
Incautación de bienes del exterior
Un fallo en AIG podría provocar la incautación de empresas de seguros asociadas a
AIG por parte de reguladores nacionales y extranjeros:
La intervención por parte de un regulador (por ejemplo, en Asia) podría tener un efecto dominó y daría
lugar a la intervención en otras empresas de la región.
Una vez que los bienes sean nacionalizados, su control quedaría lejos del alcance de Estados Unidos.
Dada la importancia de los seguros de AIG en estas regiones, se menoscabaría sustancialmente, o incluso
se paralizaría, la industria de los seguros en estas áreas.
Incluso si no hubiera una crisis inmediata en el mundo de los seguros, la toma de decisiones políticas
podría dar lugar a convulsiones.
La incautación de los activos provocaría:
La imposibilidad de que la Reserva Federal pudiera reparar los efectos.
El colapso en la deuda de AIG.
La pérdida de valor de las acciones preferentes del Tesoro.
Conclusiones
Los seguros son el oxígeno que necesita el sistema de libre empresa. Sin la posibilidad de protegerse
contra las adversidades de la vida, los fundamentos del capitalismo quedarán en el aire.
La caída de la aseguradora más grande del mundo en un momento de grandes desafíos globales provocaría
inestabilidad extrema y la desconfianza del consumidor.
El carácter sobre los seguros de vida ha cambiado drásticamente en las dos últimas décadas, y los efectos
de una quiebra tendrían un enorme significado para la industria.
Hay una política pública legítima para regular la reforma de la industria, y la política del gobierno federal
en el destino de AIG estará en consonancia.
El informe es estremecedor. Presenta unas perspectivas funestas sobre el futuro de
la economía mundial en caso de que AIG se viniera completamente abajo. Da la
sensación de que incluso el colapso sería peor para el funcionamiento de la economía
mundial que la quiebra de Lehman Brothers y los otros grandes bancos. La razón es
sencilla: todos los productos que pusieron en el mercado esos bancos estaban
protegidos por nuevos tipos de seguros que fueron contratados con AIG. En cierto
modo, se podía dejar caer a los bancos porque hay otros con suficiente tamaño para
comprarlos o absorberlos, pero en ningún caso se podía permitir que la aseguradora
lo hiciera, ya que el impago de esas aseguradoras a sus clientes podría provocar el
colapso financiero global y no existe ninguna entidad del tamaño y capacidad
suficiente para hacerse cargo de sus negocios.
Objetivo: «Refundar el capitalismo». Y Goldman Sachs aparece…
No quedaba más remedio que seguir rescatando a AIG. Y en gran parte porque de
salvarla dependía que el capitalismo y el libre mercado siguieran existiendo. Pese a
ello, en aquellas fechas los grandes líderes internacionales no hacían más que
transmitir la idea de que «era necesario refundar el capitalismo», meta que se
estableció cuando el 22 de octubre de 2008 la Casa Blanca convocó a los presidentes
del G-20 para una cita el 15 de noviembre en la que se iban a tomar medidas para
atajar el descalabro mundial. Sin embargo, al final de la reunión se apoyó el libre
mercado, el capitalismo globalizado y, como excusa, se estableció la necesidad de
reformar el sistema financiero; en suma, se venía a decir que todo iba a seguir igual.
La realidad —y el documento altamente confidencial que acabo de dar a conocer—
indica que en absoluto se pretendía echar abajo el sistema financiero internacional.
Lógicamente, se decía lo contrario de cara a la opinión pública para evitar que se
produjera un alzamiento social, puesto que los rescates, efectuados con dinero
público, sólo eran comprensibles si todo el sistema cambiaba y se tenía la seguridad
de que aquello iba a poner fin a la incertidumbre.
El informe que he desvelado fue firmado unas 72 horas antes de la siguiente
decisión del gobierno respecto a AIG, que no fue sino inyectar una nueva suma de
dinero para dar liquidez y viabilidad a la empresa: 30 000 millones de dólares más.
En total, el gobierno ya había entregado a AIG, en varios rescates sucesivos en menos
de seis meses, un total de 150 000 millones de dólares. No es difícil darse cuenta de
que el negro futuro descrito en el informe tuvo mucho que ver con la decisión del
gobierno. En estas páginas está la respuesta. Para entonces, los agujeros de AIG
seguían siendo escandalosos y los resultados del informe fueron definitivos para
tomar medidas antes de que se tuvieran que comunicar los resultados económicos de
la empresa (61 700 millones de dólares de pérdidas), que fueron hechos públicos el 2
de marzo de 2009, provocando un auténtico cataclismo de las acciones de AIG en los
mercados bursátiles. Pero horas antes el gobierno ya había anunciado el nuevo
rescate, lo que sirvió para evitar la quiebra definitiva de la empresa. Apenas unas
horas después, Ben Bernanke, el director de la Reserva Federal, compareció en el
Senado: «AIG ha caído como consecuencia de un enorme fallo del sistema de
regulación. Sin que a nadie sorprendiera, AIG hizo apuestas irresponsables y las
consecuencias llegaron en forma de grandes pérdidas».
Existía la creencia de que el rescate de AIG por parte del gobierno equivalía a una
nacionalización en toda regla. Sin embargo, otro documento reservado venía a
demostrar que no era así. Se trataba de un escrito elaborado por Edward M. Liddy,
director general de AIG, en el cual se dirigía a los accionistas comunicándoles el
rescate de la aseguradora, pero advirtiendo a los accionistas que no perderían sus
derechos, y que cualquier cosa que los afectara sería determinada por la propia
empresa, pero a la vez se señalaba que se llevarían a cabo acciones independientes, sin la participación de los accionistas, para atender a las premisas del rescate. El
escrito, elaborado el 26 de septiembre de 2008, decía: «Advertimos que se van a
emitir acciones en virtud de la situación descrita sin buscar la aprobación de los
accionistas. Las acciones requeridas se determinarán cuando AIG haya recibido la
aprobación de las autoridades gubernamentales».
No es difícil intuir que entre las autoridades financieras existía la conciencia de
que los dueños de la aseguradora no habían actuado con una ética digna de elogio. Ya
con el nuevo gobierno en el poder —el reemplazo se produjo en enero de 2009—,
Barak Obama mostró en primer lugar la necesidad de hacer frente a la extraordinaria
libertad de movimientos que habían tenido los grandes directivos de ésta y otras
entidades financieras. Pero sus advertencias no fueron más allá de las palabras, pese
al escándalo que supuso conocerse la cuantía de los inmensos bonos que se
entregaron a sí mismos los directivos de la empresa. El escándalo se conoció poco
después de que se produjera el rescate del 2 de marzo de 2009, pero la sensibilidad de
los directivos de AIG no conocía de sentido común. En una carta que poco después
de este último rescate escribió Jake DeSantis, vicepresidente de la unidad de
productos financieros, al mencionado Edward M. Liddy, presentaba su dimisión del
cargo en protesta por el hecho de que no se pagaran los bonos establecidos para los
directivos. Ellos iban a lo suyo… Incluso señaló en la carta que estaba dispuesto a
donar esos bonos para salvar la economía global, pero que los donaría después de
cobrarlos. La desvergüenza de los financieros quedó al descubierto cuando se hizo
pública una carta que Joseph Cassano, jefe de productos financieros de AIG, envió a
sus agentes y en la que urgía a donar dinero al senador Christopher Dodd con objeto
de influir en las medidas que tenía la capacidad de tomar en relación al sistema
financiero. Dodd negó que le hubieran dado dinero, pero después admitió haber
recibido 116 000 dólares tras esa carta. Así se compraban las voluntades; así y de mil
formas más: puestos en las empresas al dejar la política activa, acciones a modo de
participación en esas empresas, fiestas de alto rango social para evadirse…
Durante los siguientes meses, AIG vendió algunas de sus divisiones. Los
beneficios llegaron a la empresa en 2010, cuando se declararon 7800 millones de
dólares de superávit. Se incrementaron en 2011, fecha en la que la cifra subió hasta
los 17 800 millones. Sin embargo, esos beneficios responden en gran parte a que el
gobierno exoneró de pagar impuestos a la empresa como consecuencia del plan de
ayuda y también se quitó de encima algunos paquetes preocupantes que se fueron
endosando en subastas diversas. Así, paquetes con créditos inmobiliarios de raíz
subprime fueron comprados, por ejemplo, por Crédit Suisse, que los adquirió por un
valor de 6000 millones en febrero de 2012. También ha intervenido en las compras
Goldman Sachs, que en esas mismas fechas adquiría otro de estos paquetes por valor
de 6200 millones. De esta forma, efectivamente, se han ido limpiando las cuentas de
AIG, pero a su vez se ha extendido y repartido el peligro que conllevan esos
paquetes. Sin embargo, compras como la última citada reavivan las dudas que existieron en el primer momento respecto al papel de Goldman Sachs, banco de
inversión que era rival de Lehman Brothers en 2008 pero que quedó en una mejor
posición al desintegrarse el banco aquel fatídico día de septiembre. La rápida
reacción del secretario del Tesoro, Henry Paulson, evitó que pasara lo mismo con
AIG, pero a la vez salvaba de una quiebra idéntica a Goldman Sachs, ya que este
banco estaba igual de expuesto a AIG que Lehman Brothers. Y Paulson —no lo
olvidemos— había sido presidente de Goldman Sachs justo antes de ser nombrado
secretario del Tesoro por George Bush. Y los antaño paquetes financieros Lehman-
AIG están ahora en Goldman-AIG, pero son más seguros —al menos hoy, siempre y
cuando no se prolonguen las dificultades— y productivos.
Nada nuevo bajo el sol
Sin embargo, tras los rescates, todo sigue igual. Se han dado algunas pinceladas a la
forma de operar del sistema financiero, pero la realidad sigue siendo igual que antes,
lo que posiblemente acabe por provocar en el futuro —si es que salimos de ésta—
una crisis todavía más sistémica que la actual. Un ejemplo de cómo todo sigue igual
la tenemos en otro de los bancos que fueron rescatados en diversas etapas, Citigroup.
Esta empresa, que ya tuvo un papel destacado a la hora de provocar la crisis que llegó
tras el crack de 1929 y que ha estado implicada en todas las trampas efectuadas por
los banqueros en el siglo XX, está cayendo en los mismos «errores» de antaño, y en
2010 anunció que venían tiempos muy buenos para sus cuentas, ya que se iban a
aumentar los activos en un 5 por ciento, lo que derivaría en buenas notas y en
oportunidades seguras para los inversores. Sin embargo, como en todo, había trampa:
«Para un banco, un préstamo es un activo, lo que puede resultar confuso para los que
no están en el sector bancario. Los bancos aumentan sus activos otorgando más
préstamos (básicamente, preguntando quién quiere dinero). Pueden cumplir, o incluso
superar, esos objetivos concediendo préstamos de forma agresiva, algo que no resulta
difícil de hacer», explica el analista Mike Mayo en Exilio en Wall Street (Ediciones
Anaya Multimedia, 2012), que irónicamente señala que cómo no iban a crecer si en
realidad lo que estaban prometiendo era ser el receptor pasivo de ese crecimiento.
«Genial, como si fuera maná caído del cielo», suspira.
En realidad, lo que Citigroup estaba anunciando es que nuevamente recurriría a
los trucos contables para maquillar sus cuentas. Se iban a aprovechar de lo que valían
sus activos, que era mucho menos que antes, para que, ya que estamos, dejar su valor
a cero, y claro, algo siempre valdrían. Mayo descubrió que el SEC estaba
investigando esas operaciones posteriores al rescate, porque en realidad la posición
que habían tomado sus ejecutivos desafiaba a la lógica y la imaginación. Incluso
llegó a reunirse con los directivos de Citigroup, porque sus análisis críticos son tristemente acertados vaticinios, pero son respetados en el sector, y antes o después,
por mucho que duela, los responsables de los bancos tienen que verse con él y
explicarles sus medidas para salir del atolladero. Ahí le explicaron que en realidad,
ese incremento de los activos no era tal, sino que lo que se pretendía hacer era
aumentar el rendimiento de los activos que ya tenían, pero sólo en referencia a los
buenos, no a los tóxicos. «Citigroup estaba pidiendo a los inversores que creyeran
que todos los errores cometidos habían quedado atrás», concluyó Mayo, para quien
los actos de fe no son una licencia que la historia pueda permitir a Citigroup ni a
ninguno de esos otros bancos que habían hecho lo mismo. Entre otras cosas, recuerda
que la directiva de Citigroup —a excepción de Goldman Sachs— es la que más cobra
del mundo, y que su director desde 2007, Vikram Pandit, ha cobrado un sueldo de 30
millones de euros más otros 150 millones procedentes de un fondo de cobertura que
él mismo creó para luego ser comprado por su empresa, aunque dicho fondo tuvo que
cerrar tras la debacle de 2008 debido a la fuga de los otros inversores. Pese a ello, los
accionistas lo siguen sosteniendo en su cargo.
Las conclusiones de Mayo en relación con Citigroup y el resto de grandes bancos
no puede ser más clara y desesperanzadora: «Lo realmente escandaloso de la crisis no
es que haya ocurrido. Después de todo, se puede ganar mucho dinero en Wall Street,
y hay personas que, simplemente, no pueden resistir la tentación de optar por la vía
fácil, de dar prioridades a sus intereses personales antes que a la salud a largo plazo
de su economía y del sistema financiero en general. No, lo verdaderamente
escandaloso en Citigroup es que todos los factores que han causado problemas
durante su larga historia y, sobre todo, en la última década (contabilidad cuestionable,
separación de riesgo de recompensa, salarios desmesurados, etcétera), siguen ahí. Es
como si no hubiéramos aprendido nada».
Al tiempo que los problemas financieros ahogaban a los ciudadanos de todo el
mundo, el malestar de la población fue en aumento de forma directamente
proporcional a las medidas de choque de los gobiernos, que parecían encaminadas a
olvidarse de las necesidades básicas en beneficio de las «necesidades» del gran
capital. Primero fue en Islandia, pero la revolución no tuvo efecto contagio…
inmediato. El problema es que todos los países pobres o en vías de desarrollo que se
habían ido suscribiendo —a la fuerza y mediante todo tipo de argucias— al modelo
económico que se pretendía construir para el mundo entero con el liderazgo de
Washington también empezaron a sufrir las consecuencias de la crisis económica.
Retrocedieron años o décadas en cuestión de unos meses, y entonces afloró una
verdad que hasta aquel momento no quisieron ver: detrás del espejismo había un
mundo de corrupción en el que los vasallos de los más poderosos y de los que ocupan
cargos presidenciales, incluso sus aparentes enemigos, que no eran tales, se habían
convertido en cómplices y aliados en la sombra.