Triple A

Bruno Cardeñosa · Capítulo 19 de 25

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Triple A

17. Documentos para la vergüenza

DOCUMENTOS PARA LA VERGÜENZA

 

Los desagües de la modernidad se han atascado definitivamente.

 

MIKEL MAZKIARÁN

Entre los cientos de miles de cables diplomáticos a los que hemos tenido acceso,

desde la embajada de Estados Unidos en Libia salieron 598 rumbo a Washington,

pero conviene señalar que hay cientos de documentos que hacen alusión a asuntos

relacionados con Libia que fueron elaborados en otras legaciones. Respecto a este

caso, la selección de documentos que se hizo por parte de los medios de

comunicación que tuvieron acceso a los documentos antes que nadie, se marcó más el

acento sobre aquellos que expresaban las incoherencias irracionales del gobierno

libio y las excentricidades del dictador Muamar el Gadafi. Evidentemente, nada de

aquello era sorprendente. Ni siquiera lo eran los documentos que comprometían al

dictador en actividades presuntamente terroristas y en el malestar que generó la

liberación del terrorista acusado del caso Lockerbie. Que en uno de esos cables se

mofaran del beduino por hincharse la cara con bótox podía ser divertido, pero no

significativo. Como consecuencia de esa selección se extendió la idea de que los

documentos sólo contenían cotilleos e informaciones banales. Sin embargo, cuando

se analizan todos esos expedientes se descubre que el panorama es otro: los cables

diplomáticos muestran cómo en la primera década del siglo XXI los países más

democráticos del mundo estaban pactando políticas económicas con Gadafi y

estableciendo acuerdos de todo tipo. Los expedientes mostraban la hipocresía de esas

grandes naciones, que de puertas afuera mostraban una actitud distante —e incluso

crítica— con Libia, pero que de puertas adentro demostraban que importaba entre

poco y nada la tiranía del personaje, si es que tal tiranía era como nos han querido

hacer ver, porque tan excéntrico individuo estaba facilitando a esos países rentables

negocios. Lo grave es que me temo que a los periodistas que tuvieron en sus manos la

oportunidad de cambiar el mundo les interesaba más el cotilleo que, por ejemplo, el

documento que certificaba que Gadafi compraba armas a mansalva a los países del

primer mundo. Y esas compras —así se exponía en los documentos— habían sido

autorizadas y facilitadas por los políticos y mandatarios de esos países que después se

erigieron en los abanderados de la libertad del pueblo libio. Además, esos

documentos mostraban otra realidad: la obsesión por extender a todos los países que

fuera posible los conceptos económicos que después han provocado la crisis

financiera actual.

 

De visita por España

 

Uno de esos documentos hacía alusión a la visita de Gadafi a España. El documento

en cuestión fue elaborado en la embajada de Estados Unidos en Madrid el 14 de

enero de 2008. El texto demuestra el intenso seguimiento que se efectuó de la visita

de Gadafi a España por parte de Estados Unidos y su equipo diplomático, ansioso de

que las cosas salieran bien, pese a que queda claro en el informe que el personaje despertaba recelo. Pero como se puede leer en él, se insiste en su reconversión hacia

la democracia. También revela tensiones entre los gobernantes españoles, temerosos

del personaje y sus excentricidades, pero sobre todo deja bien a las claras la realidad:

Gadafi se había convertido en una oportunidad para enriquecer. Y como tal se le

trataba, y si había que permitirle poner su tienda de campaña en mitad de la calle más

emblemática del país… se le permitía. Todo con tal de hinchar las arcas de las

grandes empresas españolas que esperaban obtener en sus negocios un extraordinario

dividendo. Y parte de ese dividendo —2000 millones de dólares, que vienen a ser

unos 1500 millones de euros— se conseguiría gracias a la venta de armas a Libia.

Veamos, pues, una selección de algunos elementos de ese documento en el que se

observa el control que tiene Estados Unidos de las relaciones bilaterales con los

países que, por una u otra razón, tienen un papel preferente en sus intereses. Como

buenos súbditos, los informantes españoles —miembros del gobierno—

documentaron a los diplomáticos norteamericanos sobre el discurrir de la visita y,

especialmente, de los negocios que se acordaron:

 

El líder libio Gadafi ha realizado su primera visita oficial a España entre el 15 y el 18 diciembre, y durante

la visita se establecieron acuerdos en asuntos relativos a la Defensa, la cooperación económica y la

inversión. Las negociaciones están todavía en curso. El viaje de Gadafi comenzó con una actividad privada

de dos días de visita a Andalucía, seguida de una visita oficial a Madrid, que se centró en la renuncia de

Libia al terrorismo, así como en asuntos relativos al comercio y a las oportunidades potenciales de

inversión. El gobierno español estima que el comercio y la inversión en Libia podría aumentar en 17 000

millones de dólares (2000 millones de dólares en defensa, 5000 millones en energía y 10 000 millones en

infraestructura). El Ministerio de Asuntos Exteriores español, tanto en las reuniones como en las

declaraciones públicas, buscó reforzar el mensaje de que Libia se está dirigiendo hacia conductas más

próximas al derecho, por ejemplo, en relación al terrorismo, actitud en la que España está ayudando a

mantener el rumbo. A pesar de los acuerdos firmados con España, Gadafi dejó una clara impresión de que

África sigue siendo su principal prioridad.

La primera visita del líder libio Gadafi a España se produjo entre el 15 y el 18 de diciembre. Terminó

con el anuncio de varios acuerdos y el elogio al potencial de oportunidades significativas para los intereses

de las empresas españolas en relación a Libia. Aparte de las críticas del partido político Izquierda Unida

(IU) y la negativa inicial de la empresa editora del influyente diario El País, para la mayor parte de la

prensa, la valoración final sobre la visita fue muy positiva. Sin embargo, en el primer editorial de El País

se argumentó: «La visita de Gadafi va contra de los principios de política exterior. No importa qué tan

suculenta sea la oferta económica cuando el efecto de la misma está en devastadora contradicción con la

democracia en África». Para contrarrestar la mala prensa inicial, Gadafi se pronunció contra el terrorismo

durante su visita, citando los intereses que unen a España y Libia. También pidió medidas para acabar con

los flujos migratorios ilegales a través del aumento de la inversión en África para hacer frente a los

problemas económicos y sociales. Gadafi dijo a la prensa que creía que había una especial cercanía entre

Libia y España. «Los españoles que trabajan en mi país no se sienten extranjeros», declaró. Las

manifestaciones positivas de Gadafi sobre la necesidad de hacer frente a las amenazas terroristas tuvieron

eco en la población española. Los funcionarios españoles las utilizaron para enfatizar intereses comunes en

la promoción de la paz y la seguridad, insistiendo constantemente en el rechazo de la violencia.

Además de los informes de prensa sobre las potenciales oportunidades de negocio y las declaraciones

contra el terrorismo, la presencia de Gadafi despertó muchos comentarios sobre su idiosincrasia, su extraña

forma de vestir, el tamaño de su enorme séquito, la caravana de cincuenta vehículos que lo acompañó, las

tiendas de campaña apostadas en su campamento, el intento de conseguir proveedores de carne para sus

banquetes, su fascinación por los artistas flamencos… Un Gadafi con pelo desaliñado teñido de negro, un

extraño bigote y barba de chivo llegó a Sevilla el 15 de diciembre para una primera parte de la visita de

carácter privado. En lugar de reunirse, como estaba previsto, con la comunidad islámica y los sindicatos,

Gadafi invitó al expresidente Aznar y a su esposa Ana Botella a cenar, recordando que Aznar fue el primer

líder internacional que lo visitó tras el levantamiento de las sanciones de la ONU en 2003. Se esperaba que

Gadafi efectuara una gira histórica islámica por diferentes lugares de Andalucía y las estribaciones de

Sierra Nevada. Sin embargo, inesperadamente, salió de Sevilla el domingo para visitar Marbella, en la

costa, donde, según los informes, disfrutó de un espectáculo de flamenco. Posteriormente, pagó una

extravagante cantidad de dinero a los artistas para que repitieran su actuación en Madrid. Los funcionarios

del ministerio de Asuntos Exteriores no tuvieron ningún papel en el desarrollo de su agenda de fin de

semana, aunque los funcionarios de protocolo sirvieron de enlace con el personal de la embajada de Libia.

Nuestros contactos informaron que su calendario fue una pesadilla para el personal de planificación,

debido a los constantes cambios y exigencias de Gadafi y su comitiva de 350 personas que llegaron a

bordo de tres aviones de la compañía Afriqiyah. Gadafi apareció despeinado, y su rostro parecía hinchado

y con limitaciones de movimiento. Los funcionarios del ministerio de Asuntos Exteriores dijeron, sin

embargo, que se comunicaba sin dificultad y que presentaba una salud estable. El personal del ministerio

suspiró aliviado tras el final de la visita. De hecho, Gadafi se abstuvo de hacer declaraciones escandalosas

y el gobierno no quiso efectuar valoraciones polémicas sobre asuntos relativos a los derechos humanos, y

señaló el potencial de crecimiento económico y comercial en la relación entre ambos países.

Con el fin de contrarrestar cualquier crítica acerca de la visita de Gadafi se elaboró una agenda

cuidadosamente planificada, centrada en los asuntos positivos de la participación en Libia e insistiendo en

los aspectos más constructivos. Manuel de Gómez Acebo dijo que su equipo tuvo la precaución de

asegurarse de que las declaraciones no exageraran el resultado de la visita, aludiendo sólo al potencial de

las relaciones comerciales entre ambos países. El mensaje principal fue que Libia estaba avanzando en la

dirección correcta, ya que había renunciado al terrorismo, y que España estaba ayudando a mantener el

rumbo. Al preguntarle por qué Gadafi parecía mostrarse relativamente moderado durante la visita a

España, Gómez-Acebo apuntó tres teorías. Le dio más credibilidad a la teoría de que Gadafi estaba

«encantado» con España, dada la afinidad del país con la cultura de Libia, algo que Gadafi señaló en su

discurso en relación al patrimonio de los moriscos en Andalucía. Además, señaló la existencia de buena

voluntad en las relaciones desde la época de la visita de Aznar a Libia. La segunda teoría es que Gadafi

«se encontraba fuera de lugar, o que sus asesores libios lo invitaron antes de partir a rebajar el tono de sus

declaraciones tras las críticas negativas que tuvieron sus palabras en Francia». La tercera teoría especulaba

con el hecho de que Gadafi era siempre imprevisible, y que fue cuestión de suerte que su visita a España

terminara sin problemas, a pesar de todas las complicaciones logísticas. La evaluación final fue que, a

pesar de los muchos beneficios que podrían acumularse en Libia a través de la buena gobernanza y otras

actividades multilaterales, Gadafi todavía no estaba interesado en tener una participación significativa.

Gadafi deja una clara impresión de que África sigue siendo su principal prioridad, a pesar de las paradas

recientes en Francia y España. Gómez-Acebo dijo que Gadafi habló a todos sus interlocutores de su

autoproclamado papel de liderazgo en el continente africano.

Después de pasar revista militar en el palacio de El Pardo, donde el gobierno le proporcionó

alojamiento, Gadafi almorzó con el rey Juan Carlos, el ministro de Cultura, César Antonio Molina; el

ministro de Sanidad, Bernat Soria, y el alcalde de Madrid, Alberto Ruiz-Gallardón. Gadafi también cenó

con el presidente Zapatero, el ministro de Economía, Pedro Solbes; el ministro de Asuntos Exteriores,

Miguel Ángel Moratinos, y representantes del mundo empresarial. En términos comerciales y sobre

proyectos en curso, la empresa constructora Sacyr Vallehermoso tiene un acuerdo para participar en el

desarrollo de infraestructuras en Libia. Abengoa ha sido contratada para el cableado eléctrico y construir la

infraestructura del agua. Indra está desarrollando un nuevo sistema de control aéreo. Además de la

exploración y producción de petróleo de Repsol, otras empresas citaron el potencial de Libia, que incluye

el proyecto de inversión de Conservas Calvo (conservas de pescado) y Mantas Mora (productos de lana).

Gadafi dijo a Javier Gómez Navarro, presidente del Consejo Superior de Cámaras de Comercio, que Libia

busca ofertas para proyectos conjuntos relacionados con el turismo, la construcción, la industria textil,

electrónica, defensa e hidrocarburos.

Al final de la visita, Gadafi y Zapatero firmaron acuerdos sobre la promoción y protección de

inversiones, cooperación económica y defensa. Los dos gobiernos no fueron capaces de concluir un

convenio de doble imposición, pero España acordó considerar el texto de Libia en sus tratados fiscales con

Francia y Alemania. Además de los memorandos de entendimiento, España y Libia emitieron una

declaración política en la que se comprometen a fortalecer la coordinación y el intercambio de información

en una serie de áreas, incluso en la lucha contra el terrorismo y la inmigración ilegal. La declaración

política rechazó específicamente vincular el terrorismo con cualquier nación, cultura o religión, y se llamó

al diálogo a través de iniciativas como la Alianza de Civilizaciones. España y Libia acordaron celebrar

reuniones anuales a través de sus ministros de Asuntos Exteriores y aumentar los contactos bilaterales, así

como los contactos entre otras instituciones (Parlamento, Comunidades Autónomas, municipios,

universidades, etcétera). Ambos países acordaron la cooperación de sus Fuerzas Armadas a través de la

formación y ejercicios conjuntos. El AMF dijo que los libios habían presionado en el último minuto para

llegar a algunos acuerdos tras meses de estancamiento en las negociaciones que ya habían sido abordadas

por la embajada española en Trípoli. No fue sino hasta la semana antes de la visita que se establecieron

algunos acuerdos generales. (Copia del texto en español obtenido a partir de AMF, escaneado y enviado

por correo electrónico a la embajada de Trípoli).

El secretario de esta embajada preguntó si el ministro libio de Asuntos Europeos, Abdulati Obeidi,

participó en la visita o negoció cualquiera de los documentos. Gómez-Acebo dijo que Obeidi no tuvo un

papel importante en sus contactos en relación a la misión. Trataron sobre sus intereses directamente a

través de personal de Gadafi y con su jefe de gabinete o por medio de Musa Kusa, uno de cuyos hijos vive

en Andalucía.

En la evaluación de los observadores del palacio y el protocolo de expertos, el nivel de deferencia

diplomática concedida a Gadafi no alcanzó el nivel que se suele brindar a otros dignatarios. Se tomó nota

de que el rey Juan Carlos fue muy amable y cortés, pero parecía tener poca paciencia para las

peculiaridades de Gadafi. El Partido Popular (PP) y Partido Socialista Obrero Español (PSOE) están de

acuerdo en su evaluación de la visita. El secretario general del PP, Ángel Acebes, dijo que la política

exterior española debe servir a la defensa de los intereses nacionales y el respeto a los derechos humanos,

mientras que el secretario general del PSOE, Pepe Blanco, dijo que el SMO había considerado que éste era

el momento adecuado para establecer relaciones comerciales que serán muy positivas para España. España

es el tercer cliente más importante de Libia en la importación de combustible, después de Italia y

Alemania. En 2006 España importó 3700 millones de euros, y se exportaron 85 millones a Libia. El

gobierno español estima que el comercio español y de inversión con Libia podría aumentar en 17 000

millones de dólares.

 

Justo dos años después, los mismos gobernantes que rendían honores en Madrid al

excéntrico con barba de chivo se pusieron al frente de los países que comandaban las

hostilidades contra Gadafi apoyando militarmente a los rebeldes que se habían

levantado contra el dictador. Como se intuye en la lectura del texto, la relación entre

las dos naciones no atravesaba mayores dificultades cuando se produjo aquella visita,

que incluso relanzaría las ya provechosas relaciones comerciales que iban a

beneficiar, y ya beneficiaban, a empresas españolas que iban a proporcionar a Libia

aquello que necesitaba. Es una prueba más de que cuando la revolución alcanzó

Libia, los países occidentales no tuvieron más remedio que cambiar de estrategia para

no perder el tren del futuro con aquel país. Cambiaron de chaqueta, de discurso, de

actitud…

Cuando las hostilidades en Libia se volvieron serias, empezaron a surgir

informaciones preocupantes sobre el nivel de represión practicado por el líder libio

contra los insurrectos. Y aunque cabría matizar la expresión «represión» —en

realidad, se trató de una suerte de guerra civil en la que había dos bandos alzados en

armas—, muy empleada por los medios de comunicación en aquellos días, hubo un

estremecimiento general cuando se dio la información de que Gadafi estaba

utilizando bombas de racimo contra los insurrectos.

Dichas bombas fueron prohibidas en 2008. Cuando caen no estallan, sino que se

abren y esparcen otras bombas más pequeñas que estallarán cuando sean manipuladas

o en cualquier imprevisible momento. Pueden estar activas, sin detonar, hasta cuarenta años, y se calcula que podrían haber sido responsables, desde la última

guerra mundial, de más de 100 000 muertos y mutilados. Debido a sus características

—a veces se fabrican con colores y formas llamativas para atraer a los niños—

habían provocado auténticas matanzas de inocentes en los países de Oriente Medio y

Asia Central. Pues bien, se descubrió que estas crueles bombas utilizadas en Libia

eran las MAT-120. Esas armas formaban parte del negocio de 1500 millones de

dólares al que hacía alusión el telegrama de la embajada norteamericana en Madrid.

Y es que la fábrica de MAT-120 está radicada en Zaragoza (España) y pertenece a la

empresa Instalaza S. A., con sede en Madrid, una empresa creada en 1943,

especialista en armamento para infantería y en bombas antitanque. El Tratado de Oslo

de diciembre de 2008, que no firmaron países como Estados Unidos, China, Rusia o

Libia, estableció la prohibición de la MAT120 y otras bombas de racimo, que eran

fabricadas por al menos cuatro empresas españolas. A causa de la prohibición,

Instalaza entró en quiebra técnica pese a que mantuvo en su página web la

información sobre esta arma, debido a que sus gestores consideraban que era una

muestra de su nivel tecnológico. En dicha página puede leerse la que sería la gran

virtud del arma: su autodestrucción. Para los responsables de la empresa, esta

característica limitaba los daños a personas inocentes, pero en realidad no hace sino

incrementar el riesgo, ya que puede estallar en cualquier momento, incluso sin que

nadie la toque o la manipule. Tras la prohibición, la ministra de Defensa, Carmen

Chacón, posó en el Congreso de los Diputados con el arma, elogiando la decisión de

su prohibición, en la que el gobierno de España tuvo un papel impulsor muy

destacado; pero por desgracia —así es la hipocresía del poder—, el mismo gobierno

apoyó casi al mismo tiempo la negociación de la venta de estas bombas al gobierno

de Libia. De acuerdo a fuentes oficiales, la venta de las bombas se produjo antes del

tratado firmado en Oslo. Ese mismo año, las entregas a Gadafi supusieron unos

ingresos para la empresa de 3,8 millones de euros. También hay que señalar que un

año antes —más exactamente el 2 de diciembre de 2007—, el mismo gobierno se

negó a impedir la fabricación, almacenamiento y venta de la MAT120, alegando que

sus sistemas las hacían definitivamente seguras, aunque se respaldó la idea de abrir

un grupo de trabajo que estudiara el impacto de estas armas y regulara su posible

prohibición. En un informe que elaboró Greenpeace por esas fechas, se indicaba que

el gobierno español es muy poco transparente en este asunto —es necesario señalarlo:

España no vende las armas, pero es necesario el permiso y la autorización para

comerciar con ellas—. Por tanto, hay que señalar que la venta de estas bombas a

Gadafi se produjo entre esa fecha y su prohibición. Anteriormente, Instalaza obtuvo

1,4 millones de euros gracias a la venta al Ejército español de cientos de estas

mortíferas armas.

Resulta llamativo que pocos meses después de que Gadafi empleara esas armas,

el consejero de aquella empresa fuera nombrado ministro de Defensa del gobierno

que tomó posesión el 22 de diciembre de 2011. Se trata de Pedro Morenés, que había sido secretario de Estado para la Defensa entre 1996 y 2000. A partir de ese año,

también fue secretario de Seguridad y, posteriormente, de Política Científica y

Tecnológica. Tras el cambio de gobierno en 2004, este hombre de negocios volvió a

la empresa privada, desempeñando su cargo en Instalaza, y desde diciembre de 2010

en MBDA, una empresa panamericana de misiles que lo nombró director en Europa.

Esta empresa dedicada a la producción de misiles vende sus armas a noventa países,

da empleo a 10 000 personas y obtiene unos beneficios de varios miles de millones de

euros al año. En los informes diplomáticos se cita en numerosas ocasiones a MBDA y

sus empresas asociadas, que son habitualmente apoyadas por los embajadores

norteamericanos para conseguir buenas carteras de pedidos.

 

Todo por la pasta

 

Los informes diplomáticos que aparecieron en agosto de 2011 nos revelaron —en

plena guerra de la OTAN contra Libia— que Estados Unidos estaba embarcado en

numerosos negocios con el dictador libio. De acuerdo a un cable redactado en enero

de 2010, un organismo llamado Autoridad Libia de Inversiones confirma que el país

había depositado 32 000 millones de dólares en varios bancos norteamericanos con el

objetivo de «obtener buenos rendimientos a largo plazo». Según el documento

diplomático, cada uno de los bancos estadounidenses que disponen de dinero libio

maneja unos 500 millones de dólares.

Apenas un mes después de que se conociera que Libia invertía en Estados

Unidos, otro informe elaborado por la legación norteamericana informaba a

Washington del buen curso de las reformas económicas en el país, que estaban

encaminadas a fortalecer la presencia de empresas norteamericanas y la privatización

de las empresas públicas. El sector económico norteamericano celebró que Gadafi

hubiera decidido convertirse al capitalismo, proceso que se siguió de cerca y sobre el

que se informaba permanentemente a Washington. Por ejemplo, gracias a las visitas

informativas que rendía el embajador a uno de los nuevos encargados de la política

económica de Libia y que según la embajada estaba llevando a cabo un proceso del

agrado de Washington, lo cual también era aprovechado por el político libio para

solicitar de los norteamericanos ayuda en el proceso de privatización que —no lo

olvidemos— estaba teniendo consecuencias nefastas para la población. Como se

puede leer en el documento, ese proceso de privatización e inversión está asesorado y

dirigido por y para Estados Unidos:

 

El 10 de febrero de 2010 el embajador informó que Jamal al-Lamushie, secretario de la Junta de

Privatización e Inversión (PIB), tiene como próxima misión el impulso comercial de Estados Unidos, y se

discutió la situación de los esfuerzos de privatización que se han realizado en Libia hasta el momento. Al-

Lamushie y su personal han reiterado su interés en recibir asistencia técnica y capacitación para practicar

el proceso de privatización. Dicho programa fortalecerá las relaciones económicas entre Estados Unidos y

Libia, y proporcionará una visión de lo que es un proceso que de otro modo sería opaco e imprevisible. Al-

Lamushie, quien también trabaja como director de la Dirección General de Ferias, hizo un llamamiento

para que EE. UU. participara en la feria anual internacional de Trípoli.

Según Al-Lamushie, la mayoría de los libios son favorables a Estados Unidos, pero él cree que algunos

estadounidenses tienen una visión negativa de Libia debido a la influencia de los medios de comunicación.

Dijo que «consideramos a Estados Unidos como un amigo. Todos somos parte del mismo equipo y

tenemos el objetivo de que la misión sea un éxito comercial».

Al-Lamushie señaló que Libia tiene la intención de acelerar el proceso de privatización, en el que cerca

de veinte empresas de propiedad estatal serán liquidadas, vendidas a los empleados o a los inversionistas.

Agregó que los inversores extranjeros podrán asociarse con empresas de Libia, formen parte del sector

público o del privado… Piensa que los proyectos más grandes que pueden ser de interés para los

inversionistas extranjeros son la planta petroquímica de Abe Kamash, cerca de la frontera tunecina en Qe,

la fábrica de camiones en Tajura, la fábrica de acero en Misrata y varias compañías de servicios petroleros.

Señaló que ciento diez empresas habían sido privatizadas y que casi todas eran rentables, pero admitió que

entre diez y quince de ellas tenían algún tipo de problema y podrían no generar interés para los inversores.

Sobre la base de sus comentarios y planes, parece que Al-Lamushie está poniendo una rampa de

lanzamiento a la revitalización del sector comercial de Libia. Da una cálida bienvenida a las empresas de

EE.UU. y tiene interés en que le ofrezcamos asistencia para llevar a cabo las privatizaciones.

Recomendamos dar a conocer y seguir esta solicitud que fortalece las relaciones comerciales entre Estados

Unidos y Libia.

 

La búsqueda de influencia en Libia se extendió a los asuntos relacionados con el

petróleo, un aspecto vital para Estados Unidos en sus relaciones con los países

productores. Desde hace décadas, desde Washington se ha fortalecido a aquellos

gobiernos —la mayor parte de ellos dictatoriales— que favorecen a las empresas

petroleras norteamericanas y que suministran oro negro en condiciones rentables.

Cuando esto no ha ocurrido así, el país en cuestión —antaño Irak, hoy Irán— ha

pasado a ser considerado como un enemigo del mundo occidental.

Desde los años en los que estuvo George Bush en el gobierno, los vínculos

relacionados con la producción y exportación del petróleo en Libia se han fortalecido.

Los cables diplomáticos cuentan con miles de informes que evidencian cómo los

embajadores norteamericanos se convierten en agentes de relaciones públicas de las

multinacionales petroleras al mismo tiempo que trabajan para forzar a los gobiernos

locales a establecer mecanismos legales que permitan la intervención de esas

empresas y la obtención de petróleo «barato», amén de otros logros relacionados con

el objetivo de extender el capitalismo a todo el mundo. El caso de Libia no es una

excepción en este sentido, y demuestra la existencia de una verdadera obsesión por

controlar las reservas del país cuando Gadafi se encontraba en el poder.

El siguiente informe, redactado por el embajador Gene Cretz, fue elaborado el 11

de febrero de 2010, apenas tres días antes de que se produjera una reunión entre los

diplomáticos norteamericanos y los encargados del negocio petrolero del gobierno de

Libia. Por entonces, Barak Obama ya ocupaba la Casa Blanca, pero sus políticas

respecto a los intereses comerciales de Estados Unidos no se diferenciaban mucho de

las de su predecesor. La ilusión de que el primer presidente negro de la historia de

Estados Unidos iba a cambiar el mundo había pasado a mejor vida pocas semanas

después de que tomara posesión de su cargo. Sus discursos a favor de los derechos

humanos y la democracia ya quedaban lejos, y en aquel momento su equipo se sentaba con los representantes de las dictaduras más sangrientas, como es el caso de

Shorkri Ghanem, el hombre elegido por la familia de Gadafi como máximo

responsable de la intervención estatal a la hora de establecer acuerdos con las

empresas extranjeras que comercializan hidrocarburos en Libia, que a comienzos del

siglo XXI eran fundamentalmente europeas. Pero la intervención y tutelaje del

gobierno de Bush abrió de nuevo las puertas a las petroleras norteamericanas, que

estaban volviendo al país tras casi dos décadas de ausencia.

Como demuestra el cable que exponemos a continuación, el embajador solicitó la

presencia de Ghanem en la legación para que éste le informara sobre las medidas que

estaba tomando el gobierno a la hora de establecer el nuevo mapa del comercio de

hidrocarburos, sobre el cual la embajada pretendía tener información de primera

mano —y con discreción absoluta— gracias al funcionario, que acudió a la embajada

como si la petición de su presencia se tratara de una orden. Durante la reunión quedó

claro que si bien los porcentajes que Libia se iba a reservar a la hora de comercializar

las reservas existencias serían muy elevados, el funcionario, muy próximo a Gadafi,

dio la sensación de que se estaba intentando —aunque todo se haría a su debido

tiempo— favorecer a las empresas norteamericanas, reduciendo en su beneficio el

porcentaje de petróleo que tenían que entregar al gobierno. Veamos lo que ocurrió en

la reunión —clasificada como confidencial— que tuvo lugar sólo un año antes de que

las hostilidades estallaran en las tierras de los beduinos:

 

El 8 de febrero se ha producido una reunión entre el embajador y Shorkri Ghanem, jefe de la Corporación

Nacional de Petróleo (CON). Expresaron su alegría por la mejoría en las relaciones entre Estados Unidos y

Libia. Ghanem dio la bienvenida a la misión comercial de Estados Unidos y explicó cuáles eran sus metas

a corto plazo en el CON, que incluyen planes para el petróleo, que liberará en Libia entre el 20 y el 23 de

febrero. Se producirá el aumento de la exploración de gas y la producción. Se creará un grupo de expertos

libios para sustituir al personal expatriado, y se llevará a cabo la conversión de todas las concesiones de

exploración y los Acuerdos de Producción Compartida (EPSA). Ghanem ha cogido con fuerza el timón del

NOC.

El presidente dio la bienvenida a la misión comercial de EE. UU. diciendo que «la mayoría, si no todas

las personas en Libia» quieren estrechar las relaciones con Estados Unidos. Sin embargo, dijo que «la

política se está complicando en todo el mundo». Abogó por un enfoque funcional que se centrará en

«aquellos puntos en los que coincidimos en vez de en aquellos en los que no estamos de acuerdo».

Ghanem entendió que Estados Unidos estaba preocupado por el terrorismo, especialmente en las nuevas

formas de intentar atacar Estados Unidos, por ejemplo, con el avión que antes de Navidad se intentó hacer

estallar; pero en su opinión, las políticas nacionales de seguridad deben examinar las causas del terrorismo

y no sólo centrarse en su nacionalidad. Se lamentó de que los viajes internacionales tengan hoy tantos

impedimentos, y que incluso las medidas de seguridad se hayan convertido en algo degradante para los

viajeros en lugar de centrarse solamente en la apariencia de un pasajero o en su nacionalidad.

Según Ghanem, las recientes fluctuaciones en los precios del petróleo han afectado a los planes de

inversión del NOC, así como a los planes de gasto público en general. Abogó por un enfoque más prudente

que incluya una perspectiva a largo plazo de los ingresos petroleros y el gasto público. Ghanem criticó a

los funcionarios libios que tienden a gastar una gran cantidad de fondos del Estado cuando los precios del

petróleo son altos, en lugar de repartir los beneficios de manera más uniforme. Dijo que Libia se había

comprometido a cumplir las cuotas de la OPEP, y a pesar de que la capacidad actual de Libia es de 2

millones de barriles al día, se producen sólo entre 1,5 y 1,6 millones de barriles.

El embajador planteó la cuestión de los derechos asignados por las empresas extranjeras a sus

empresas asociadas de Libia con el fin de compartir sus conocimientos… Ghanem dijo que no tenía

ningún problema con las empresas extranjeras que quieran traer a sus propios trabajadores. Sin embargo,

para los puestos más técnicos, así como para los trabajos administrativos, dijo que los contratados deben

ser libios. Aseguró que el 76 por ciento de los trabajos en la industria de petróleo y gas en Libia estaban

ocupados por extranjeros. Reconoció que eran necesarios para otros trabajos que requieren experiencia con

las nuevas tecnologías, como la recuperación mejorada de petróleo (mediante inyección de CO ) o en la 2

exploración. Otra preocupación discutida en la reunión es el costo de personal. Dijo que si las empresas

NOC podrían contratar a un ingeniero de India o Brasil por diez mil dólares, lo harían. Si los socios de

América insisten en la contratación de ingenieros estadounidenses, éstos deberían pagar la diferencia.

En relación con la tarifa por el agua impuesta a las empresas de producción, el embajador le preguntó

si se trataba de un incumplimiento de contrato ya que los acuerdos «incluyen el acceso libre al agua».

Agregó que las empresas norteamericanas con hombres destacados mostraron su preocupación dado que

las tarifas de agua no se podían contar como gastos de funcionamiento, lo que podría deducirse del pago

de impuestos… Según se informa, la mayoría de las petroleras internacionales han expresado su

preocupación al NOC por el nuevo requisito de que las empresas deben pagar por el agua utilizada en las

operaciones de reinyección en los embalses, lo que significa que el agua fresca va a costar más. De

acuerdo a algunos costos adicionales de explotación, la nueva tarifa es un incumplimiento de contrato ya

que el acceso libre al agua se incluye en los acuerdos. Ghanem dijo que la tarifa del agua no era un

incumplimiento de contrato sino que está incluida en la Ley del Petróleo de Libia. Parecía dar a entender

que las petroleras internacionales utilizan el agua dulce en exceso y que ese agua se necesita para otros

usos, como el consumo y el riego. Según Ghanem, algunas empresas petroleras internacionales, como la

española Repsol, han pagado la cuota de agua.

En un artículo de prensa reciente, Ghanem dijo que Libia iba a invertir en nuevos proyectos de gas.

Cuando el embajador le preguntó si se había establecido una política de precios, comentó que era muy

complicada, ya que en el pasado el gas se quemaba y no se ha establecido aún un precio. Ahora, el gas

para el consumo local está subvencionado, algo en lo que Ghanem estaba en contra [12].

En cuanto a si todos los acuerdos con las petroleras internacionales se regirán por la EPSA, Ghanem

declaró: «Tenga la seguridad de que el gobierno cumplirá sus acuerdos». A largo plazo todos los

implicados se someterán a la EPSA. El gobierno sólo ha establecido contratos al margen de las normas de

EPSA con la empresa alemana Wintershall y las norteamericanas incluidas en el Grupo de Waha (Hess,

Marathon y ConocoPhillips). Según Ghanem, Wintershall saldría del país en 2016, puesto que es la fecha,

además, en la que el contrato de concesión finaliza. Según aseguró, una vez que todas las empresas están

sometidas a la EPSA, la gestión y supervisión por parte del gobierno será más efectiva. En cuanto al Grupo

de Waha, recordó que las empresas de Estados Unidos han estado ausentes de Libia desde hace quince

años, pero ahora que ya estaban de vuelta, se iba a seguir discutiendo la conversión de su situación a un

acuerdo similar a los de la EPSA.

Cuando se le preguntó si Libia aún planea convertir el NOC en una empresa internacional, señaló que

ése es el objetivo a largo plazo, pero que sería difícil eliminar la burocracia del NOC, ya que la economía

de Libia depende de los sectores del petróleo y el gas. Dijo que, en todo caso, le gustaría que el NOC se

convirtiera en una sociedad anónima que pagara sus tasas al gobierno, al igual que lo hace el Grupo de

Waha, ya que esto permitiría aumentar los salarios de los trabajadores a un nivel más competitivo; aunque

ese proceso ya se ha iniciado, otorgando más control al NOC sobre los salarios y la posibilidad de

contratar y despedir personal.

En cuanto a la reciente venta de la empresa de capital canadiense de exploración de petróleo Verenex,

Ghanem dijo que la Autoridad de Inversión Libia (LIA) había comprado la empresa y que Medco, socio de

Verenex en Indonesia, sería el operador. Dio a entender que la administración ha ejercido su derecho de

compra sobre Verenex por el mismo precio de venta que el ofrecido por la Empresa Nacional del Petróleo

de China y, por lo tanto, habría cumplido el acuerdo con Verenex. Sin embargo, se forzó la aprobación de

la venta a cambio de la devaluación de un 30 por ciento en el precio de las acciones, lo que finalmente

allanó el camino de Trípoli.

Durante la reunión, Ghanem efectuó sus oraciones islámicas. Sin embargo, parecía relajado y dio la

impresión de responder honestamente a las preguntas del embajador. Ghanem expresó el compromiso de

honrar todos los contratos en curso, pero dijo que continuaría con el objetivo de someterlos a un modelo

EPSA. Aunque ha sido tras un período sin rumbo, Ghanem ha tomado con firmeza en el timón de la NOC,

pese a que los rumores que circulan alrededor de Trípoli es que está apartado y no participa activamente en

el funcionamiento de la organización, sino que es su segundo, Ali Sgheir, quien realmente se está haciendo

cargo del puesto. Ghanem, que regresó al NOC a instancias de Saif al-Islam (el hijo de Gadafi), podría

estar esperando a cómo se establece el futuro de Salif antes de tomar más decisiones en su carrera

personal. Final del comentario.

El informe fue remitido vía interna —con la citada clasificación de confidencial

— a Hillary Clinton. En el Departamento de Estado del gobierno de Obama no había

inquietud más allá de la impaciencia y la necesidad de que Gadafi fuera más veloz a

la hora de privatizar de nuevo el comercio petroleo, en el cual Estados Unidos saldría

favorecido pese a que Libia pretendía conseguir a cambio una serie de beneficios,

como la posibilidad de contratar trabajadores de su país y cobrar más por el agua y

otros servicios ofrecidos desde el interior. No había la más mínima referencia en el

escrito que hiciera pensar que apenas un año después Clinton maniobraría para

derrocar al dictador y colaboraría en la persecución sin tregua de Saif al-Islam, que

según las primeras noticias había fallecido en el mismo ataque en el que fue

asesinado su padre, pero la realidad es que logró escapar al asalto, pese a que

semanas después se entregó con objeto de ser sometido al Tribunal Penal

Internacional de La Haya, que poco antes de que comenzara el conflicto civil ordenó

su captura para ser juzgado como responsable de crímenes contra la humanidad. Sin

embargo, en diferentes informes diplomáticos se destaca el papel de Saif como una

esperanza hacia la apertura económica y política del país. Se habla de Saif como

alguien con talante dialogante y abierto. Incluso en una reunión secreta que tuvieron

los embajadores de Estados Unidos y el Reino Unido, este último señaló la necesidad

de «no pensar en lo que significa el nombre de Gadafi» e intentar ayudar al país en su

transformación hacia un sistema capitalista y próximo a Occidente. Insisto —y no me

cansaré de repetirlo— en que estos informes fueron elaborados sólo meses antes de

que el pueblo se levantara en armas y la OTAN apoyara a los rebeldes tras las

manifestaciones de ciudadanos contra la situación social del país. Veamos lo que

decía sobre Saif al-Islam uno de estos textos, redactado tras el nombramiento del hijo

de Gadafi como Coordinador General del Gobierno en noviembre de 2009, y en el

que se valoran los pros y los contras de quien se perfilaba como el nuevo hombre

fuerte del régimen, tras la investigación efectuada por los diplomáticos

norteamericanos consultando a los hombres de negocios más importantes del país:

 

Varios empresarios libios han expresado su punto de vista favorable respecto al nuevo papel de Saif al-

Islam como coordinador general de Libia. Ellos creen que su nombramiento garantizará la estabilidad y

pondrá fin a las luchas internas de los últimos años. Creen que Saif al-Islam es una opción lógica para

conducir el país debido a su educación occidental y su agenda favorable a una reforma en Libia… Si Saif

logra implementar sus reformas, es probable que haga frente a la resistencia de las élites atrincheradas del

país, que se han beneficiado de un entorno empresarial basado en los lazos tribales y su proximidad al

régimen.

Los empresarios libios creen que va a promover la estabilidad y asegurar la continuidad una vez que

Gadafi no esté en escena. En una reciente reunión entre miembros de destacadas familias con importantes

intereses económicos se cree que el nombramiento de Saif ayudará a que el gobierno de Libia evite la

aparición de algún grupo musulmán extremista o entornos tribales que apoyen a otros hermanos.

En opinión de uno de los empresarios consultados por la embajada, Saif es bueno para el futuro de

Libia, ya que está interesado en atraer inversión extranjera y crear un país moderno inspirado en el modelo

de Dubai. En cuanto a otro hijo de Gadafi, el asesor de Seguridad Nacional, Muatassim, nuestra fuente lo

caracterizó como «sediento de sangre y violento». El resto de los hermanos son simplemente

incompetentes y sólo están interesados en llevar un estilo de vida lujoso.

Si bien la mayoría de los prominentes hombres de negocios que sondeamos tenían esperanzas sobre las

perspectivas de Saif alIslam para lograr cambios reales, otros son menos optimistas. A pesar de haber sido

educado en Occidente y tener un historial de abogar por la reforma, Saif al-Islam también es un producto

de un sistema altamente corrupto que ha estado en vigor durante cuarenta años. Cuando implemente las

reformas políticas y económicas, sin duda se enfrentará a retos importantes, y al desafío de las élites

atrincheradas que se han beneficiado de un entorno empresarial basado en los lazos tribales y la

proximidad al régimen.

 

Conseguir que Libia se subiera al carro de las reformas económicas liberales

iniciadas por Ronald Reagan y Margaret Thatcher en los años ochenta fue uno de los

principales objetivos de Estados Unidos en aquel país tras el arrepentimiento de

Gadafi. Numerosos cables escritos por los diplomáticos en Libia ponían al corriente a

Washington del curso de esa transformación. El 24 de septiembre de 2009, el

embajador ofrecía buenas noticias sobre el ritmo de esas reformas, que permitirían a

las empresas norteamericanas invertir dinero en Libia e introducir a un nuevo país en

el sistema económico ideal —ideal para Estados Unidos— según se deducía de la

reunión que mantuvieron el 16 de septiembre de 2009 los representantes de la Casa

Blanca con los encargados de la política económica en Libia; entre los que estaban

Said Econoff Hoderi, director de Cooperación Internacional del Consejo Nacional de

Desarrollo Económico (NEDB), Faouzi Elmozogi Saleh, directora de Desarrollo

Humano de dicho organismo, y el doctor Fathi Ibrahim, gerente del Departamento de

Pequeña y Mediana Empresa, a fin de examinar la labor de este organismo para

desarrollar un plan estratégico de desarrollo económico de Libia. En esa reunión

quedó claro que el país que gobernaba el anticristo de los años ochenta del siglo XX se

estaba reconvirtiendo al mandato del capitalismo estilo Washington, y que la figura

del hijo de Gadafi era la elegida para ese cambio:

 

El Consejo de Desarrollo Económico de Libia informa de los esfuerzos para formar a los trabajadores del

país para que sirvan de apoyo en los planes de reforma económica y, en particular, de las iniciativas para

estimular el crecimiento del sector privado mediante pequeñas y medianas empresas. Además, se está

desarrollando una gestión estratégica para monitorizar y evaluar el desarrollo económico de Libia después

de décadas de aislamiento de los mercados internacionales. El NEDB ha solicitado ayuda a Estados

Unidos para conocer las mejores oportunidades, así como para capacitación y aprendizaje de su personal.

También ha invitado a expertos de EE. UU. para viajar a Libia y llevar a cabo la formación de los gerentes

de los negocios del NEDB, y expresó su renovado interés en trabajar con el Código de Comercio de

Desarrollo de un programa financiado por la MEPI para fomentar los intercambios entre EE.UU. y Libia,

así como programas de desarrollo de pequeñas empresas.

El informe es el resultado de una iniciativa dirigida por Saif al-Islam, cuya recomendación es

diversificar la economía más allá del sector de los hidrocarburos y avanzar hacia un modelo basado en el

mercado.

Reconociendo que el desarrollo de Libia se estancó durante los últimos veinte años, Hoderi hizo

hincapié en que Libia debe «acelerar» su gasto en desarrollo. El NEDB está a la vanguardia de los

esfuerzos de Libia de pasar de una economía de planificación centralizada a una en la que el sector privado

será la fuerza motriz.

El sistema también ayudará en la planificación de contingencia mediante la ejecución de diversos

escenarios, tales como las fluctuaciones en el precio del petróleo, la principal fuente de ingresos de Libia.

El nuevo sistema actuaría como un «tablero» para los responsables políticos e indica qué proyectos deben

ser acelerados y cuáles tendrán un proceso más lento. Hoderi admitió que el primer informe del nuevo

sistema tenía que ser completado en julio de 2009, pero el NEDB no estaba satisfecho con el producto

entregado por Ernst & Young [13]. Dijo que no era consciente de que existía otro programa; por lo tanto, el

desarrollo de un plan estratégico de la economía nacional específica a las necesidades de desarrollo único

de Libia había sido todo un desafío.

Más allá de la educación primaria, Elmozogi describió los esfuerzos de la NEDB para mejorar la

calidad de la formación profesional en Libia, en particular para los empleados del sector público, incluidos

los futuros líderes, diplomáticos, jueces y funcionarios del gobierno local y municipal. En el primer

programa, el NEDB está cooperando con el gobierno del Reino Unido y la Escuela de Economía de

Londres (el alma máter de Saif al-Islam al-Gadafi), entre otras instituciones del Reino Unido, en un

programa de intercambio para enviar cuatrocientos futuros líderes de Libia para recibir formación en

cuestiones de liderazgo y gestión. Elmozogi explicó que doscientos cincuenta futuros líderes también serán

entrenados en Libia. Asimismo, el NEDB está trabajando con las universidades de Estados Unidos, el

Reino Unido y Francia para gestionar los programas de intercambio de noventa jóvenes diplomáticos de

Libia (treinta diplomáticos libios están siendo entrenados en cada país). Hoderi respondió positivamente a

las sugerencias de Emboffs: «Los diplomáticos libios en Estados Unidos planean coordinar una visita al

Centro Nacional de Formación de Asuntos Exteriores». Elmozogi dijo que el NEDB había enviado

también setenta jueces de Libia al Reino Unido para estudiar el idioma inglés y derecho internacional. Por

último, subrayó el interés de Hoderi en el trabajo con la embajada para diseñar un programa de

capacitación y de intercambio para los miembros de los gobiernos locales y municipales de Libia…

Como corolario de la capacitación de funcionarios del gobierno local, Hoderi expresó su interés en el

estudio de cómo los gobiernos locales puedan incorporar pequeñas empresas de EE. UU. en los planes de

desarrollo de la comunidad. Explicó que como Libia se mueve de un sector público dominado por la

economía de Estado a uno más descentralizado, los gobiernos locales (shabiyas, en el sistema libio)

tendrán que asumir la responsabilidad de fomentar las pequeñas empresas y estimular el crecimiento del

sector privado. Hoderi también preguntó si los expertos estadounidenses podrían llevar a cabo talleres de

formación en Libia para empleados del sector público. El NEDB ya ha capacitado a mil empleados del

gobierno local en estos temas en Trípoli y le gustaría expandir el programa a otras ciudades en todo el país.

Comentario: Durante esta última reunión con el NEDB, el personal era más acogedor y abierto a

trabajar con EE. UU. que en el pasado. La discusión se amplió a las áreas de posible cooperación para

incluir la capacitación de personal, empresarios, empleados del sector público y los líderes del gobierno

local. Si tiene éxito, esta cooperación ofrece la oportunidad de influir en los esfuerzos de Libia de reformas

a nivel local. Sin embargo, la experiencia demuestra que la aplicación del programa podría ser difícil. Nos

pondremos en contacto con el Programa de Desarrollo del Derecho Comercial y oficinas pertinentes del

Departamento a fin de explorar las posibilidades de diseñar los programas mencionados anteriormente.

Final del comentario.

 

El seguimiento de las transformaciones económicas en los países a los que se

pretende «guiar» ha sido una constante en los últimos años. La colección de cables

diplomáticos que desvelan esta vigilancia sobre los modelos económicos de los países

sometidos a control demuestran cómo los embajadores se habían convertido en unos

precisos observadores de la situación financiera, y cada poco tiempo remitían a

Washington los datos pertinentes. No sólo ocurría con Libia, sino con multitud de

países. En el caso que nos ocupa, el último informe financiero se elaboró el 14 de

enero de 2010, y en él se repasan algunos de los parámetros sociales y políticos del

país, y se hace alusión a los progresos que se están haciendo, pero efectuando sólo

someras y suaves referencias a la corrupción que existe en el país o a la dificultad

para obtener visados y poder pasar libremente al interior de sus fronteras, pero el

informe dedica casi la totalidad a la situación financiera y a la existencia de leyes que

facilitan —aunque no tanto como se desearía— la llegada de empresas extranjeras y

la inversión en ellas. Los vigilantes de los buenos usos y costumbres son los

diplomáticos. El último al que hago referencia —del que he extraído lo más

importante— dice lo siguiente:

En los últimos años, Libia ha tomado una serie de medidas para fomentar la inversión extranjera directa.

Las iniciativas para conseguirlo se remontan a mediados de 1990. Desde entonces, Libia ha promulgado

numerosas leyes y reglamentos destinados a mejorar el clima de negocios y aumentar el atractivo para la

inversión extranjera. Este esfuerzo ha tenido un éxito modesto, aunque las empresas extranjeras están

regresando a hacer negocios, y Libia ha sido capaz de atraer el interés de importantes inversores

extranjeros, especialmente desde el levantamiento de sanciones de la ONU en 2003. Esto ha generado la

inversión de miles de millones de dólares en el sector energético de Libia. Este país también ha

emprendido vastos nuevos proyectos de desarrollo, incluidos los planes para gastar 123 000 millones de

dólares en obras públicas.

… La promulgación de la Ley 443, del 14 de noviembre de 2006, cambió la estructura del sistema para

las empresas extranjeras dedicadas al mundo del petróleo, la construcción, la industria eléctrica, las

comunicaciones, el transporte o la agroindustria. Entre otras medidas, los nuevos competidores extranjeros

que desearan establecerse en estos sectores del mercado libio deberían formar empresas conjuntas con una

entidad libia. Sin embargo, la ley liberalizó las restricciones de la normativa anterior al permitir que las

empresas extranjeras dispusieran de hasta un 65 por ciento de la propiedad de estas entidades.

La mayoría de las empresas que deseen recibir el pago de los servicios/productos en Libia funcionan

con cartas de crédito (LOC) que se facilitan a través de bancos extranjeros (a menudo con base en Europa).

Las empresas energéticas extranjeras que generan grandes sumas de dinero, a menudo hacen los arreglos

para la transferencia directa a las cuentas en alta mar. Se han recibido informes referentes a las dificultades

que tienen algunas entidades con los LOC de Libia. Estas dificultades se deben a una serie de deficiencias

institucionales que retrasan el cierre de las ofertas y colapsan a medida que aumentan los precios y los

plazos de entrega.

… Con la aparición de una serie de reformas económicas y los esfuerzos por una mayor transparencia

desde el año 2004, los procesos de nacionalización del gobierno parecen estar en declive… A través de la

Ley número 5 aprobada en 1997, referente al fomento de la inversión, el gobierno intentó diversificar su

economía, dependiente de los hidrocarburos, y promover la capacitación técnica de los ciudadanos libios y

mejorar el desarrollo regional. Los sectores afectados por esta ley incluyen —pero no se limitan a—

agricultura, industria, turismo, servicios y salud. Las disposiciones de la ley incluyen la bajada de los

impuestos de aduanas y cargas de las empresas. Según la ley, la importación de maquinaria, herramientas y

otros bienes de capital están exentos de derechos de aduana e impuestos, así como todos los equipos,

repuestos o materias primas necesarias para la operación del proyecto, que están exentos por un período de

cinco años. Aquellos a los que el proyecto los atañe están exentos del impuesto sobre la renta en sus

actividades por un período de cinco años a partir de la fecha de comienzo de la producción o el trabajo.

Los bienes dirigidos a la exportación también están exentos del impuesto sobre consumos específicos y de

los honorarios e impuestos aplicados a las exportaciones, así como del impuesto de timbre en los

documentos comerciales. Por último, los beneficios del proyecto podrán disfrutar de la misma exención si

se destinan a la reinversión. En 2006, el Congreso General del Pueblo (GPC) modificó la Ley número 5

bajó el valor del dinar y la inversión se cifró en 41 millones de dólares, que se estableció en 4,13 millones

por cada inversión y en 2 millones si ese proyecto es propiedad de Libia al 50 por ciento o más.

La Junta de Libia de Inversión Extranjera (LFIB) fue creada como organismo de ejecución de la Ley

número 5. El LFIB fue reemplazado en 2009 por una organización similar, conocida como Junta de

Inversiones y Privatización (PIB). La misión de esta organización es la de supervisar y regular la inversión

extranjera en Libia partiendo de que la base industrial se ha quedado obsoleta y se caracteriza por la

ausencia de planificación, además de detentar una tecnología trasnochada, mala gestión… La función del

PIB es esencialmente servir como el mecanismo de selección para la inversión extranjera directa. Si bien

el mandato del PIB incluye la promoción de inversiones, su actividad se limita generalmente a tratar las

consultas que se efectúan sobre inversión extranjera, excepto en asuntos relacionados con el turismo o la

Zona Libre de Misrata…

El gobierno comenzó en 2004 con el programa de privatización de 360 empresas estatales. Este

proceso está aún en curso. Aunque las entidades extranjeras pueden participar, deben hacerlo bajo las

reglas locales, que incluyen la protección al empleo para los trabajadores libios y acciones para despojar a

un gran número de propietarios individuales (con preferencia por los libios).

El gobierno de Libia tiene una historia de expropiaciones de propiedades privadas que incluyen incluso

los activos de empresas extranjeras. Estas acciones fueron más frecuentes durante la década de 1980. Se

realizaron fundamentalmente por razones ideológicas en el marco de la nacionalización de toda la industria

y con el propósito declarado de mayor distribución de la riqueza entre la población. Estas actividades

parecen haber caído en la práctica como una herramienta de la política gubernamental, a pesar de la

retórica del régimen a principios de 2009 respecto a la posible nacionalización del sector petrolero a la luz

de la caída de los precios mundiales del petróleo, pero en realidad, en los últimos años, el gobierno de

Libia ha tomado medidas para ampliar los derechos de los libios para operar las empresas privadas así

como para comprar y alquilar propiedades.

Funcionarios libios que ocupan cargos relevantes y participaron en las nacionalizaciones han dirimido

un proceso que se ha resuelto a través de negociaciones entre el gobierno y las empresas afectadas. Con el

advenimiento de una serie de reformas económicas y los esfuerzos para aumentar la transparencia del

régimen en 2004, la perspectiva de la apropiación del gobierno parece estar en declive. En ocasiones, el

gobierno ha indemnizado a los afectados, aunque no disponemos de las cifras que se han pagado.

Desde 2004, los extranjeros y las empresas están autorizados a arrendar la propiedad privada de los

ciudadanos libios. Los derechos de propiedad de la tierra sólo es posible para las compañías extranjeras

bajo los términos de la Ley número 5. Existe una ambigüedad considerable tanto en el mercado del

alquiler público como en el del privado, y muchos aspectos de estos acuerdos se derivan a las autoridades

locales. También se han notificado distorsiones en el mercado para el acceso de suministros diversos

relacionados con la vivienda, así como en materiales industriales y de construcción, y hay una falta de

transparencia en la distribución de estos materiales. El retorno de las empresas e inversionistas extranjeros

a Libia en 2003 ha impulsado un rápido aumento en el precio de la vivienda de alquiler y de oficinas, a

consecuencia de lo cual se ha producido un boom de la construcción que también ha generado presiones

adicionales sobre los precios y los materiales de construcción.

El gobierno libio eliminó todos los derechos de propiedad privada en marzo de 1978 y la mayoría de

las empresas privadas a partir de esa fecha. El alquiler de la propiedad fue declarado ilegal, y la propiedad

de bienes se limitó a una sola vivienda por familia, obligándose a que las demás fueran redistribuidas. Las

hipotecas se pagaban directamente al gobierno de Libia, aunque muchos libios estaban exentos de estos

pagos en función de los ingresos familiares…

El sistema bancario de Libia está dominado por cuatro bancos que son propiedad en su totalidad o en la

mayoría del Banco Central: Banco Jamahiriya, que se fusionó con el Banco Umma en 2008, el Wahda

Bank, el Banco del Sahara y el Banco Nacional de Comercio. Estos bancos representan casi el noventa por

ciento de los activos de Libia. Todos estos bancos cuentan con un capital de al menos 100 millones de

dinares libios, y dos de ellos (Wahda Bank y el Sahara), fueron privatizados recientemente. El banco

francés BNP Paribas adquirió el 19 por ciento del Banco del Sahara en julio de 2007, y tomó el control

operativo del banco. El acuerdo también incluyó una opción que permitía a BNP Paribas comprar acciones

adicionales hasta alcanzar el 51 por ciento del capital total de la entidad los próximos tres a cinco años. En

noviembre de 2007, cinco bancos extranjeros fueron preseleccionados para hacerse con la privatización de

Wahda Bank. Había bancos de Francia, Italia, Jordania, Bahrein e instituciones marroquíes. El Banco

Árabe de Jordania fue el seleccionado y obtuvo una cuota del 19 por ciento del Wahda Bank, con la opción

de aumentar su participación al 51 por ciento en tres a cinco años. El Banco Central anunció en octubre de

2007 la fusión de Umma Bank y Jamahiriya en una sola entidad, y el proceso se completó en 2008, aunque

todavía hay sucursales abiertas bajo la bandera de cada banco. El Banco Central también es dueño del

Banco Exterior de Libia, que opera como un banco offshore, con la responsabilidad de satisfacer las

necesidades internacionales de Libia. Además, hay cuatro bancos especializados propiedad del Comité

General del Pueblo para las Finanzas: el Banco Agrícola, Banco de Inversión Inmobiliaria, Banco

Interamericano de Desarrollo y el Banco Reefi. También hay cuatro bancos importantes privados (Banco

de Comercio y Desarrollo, el Banco Verdad, Al-Jimaa Banco al-Arabi y el Banco Wafa) y cuarenta y ocho

bancos regionales más pequeños.

El sistema bancario de Libia se encuentra actualmente en un programa de modernización importante

para mejorar los servicios disponibles y hacer frente al gran número de préstamos morosos, establecer un

sistema nacional de pagos, facilitar el uso de instrumentos de pago distintos del efectivo e instituir nuevas

normas de contabilidad y formación. Mientras que los bancos extranjeros son técnicamente capaces de

entrar en el mercado libio bajo la Ley Bancaria de 2005, el Banco Central ha tratado de retrasar su entrada

hasta que el proceso de reforma se ha afianzado.

A las empresas privadas se les permite competir con las públicas en los mismos términos y condiciones

con respecto al acceso a los mercados, el crédito y otras operaciones comerciales. Sin embargo, ya que

aproximadamente el ochenta por ciento de la economía consiste en entidades del sector público, las

empresas más grandes son propiedad del gobierno, y por lo tanto son las únicas que tienen el capital

necesario para formar empresas conjuntas con socios extranjeros…

 

La colección de cables expuesta no expresa especial animadversión por lo que ocurre en Libia. Más bien al contrario, puesto que se celebran los avances

económicos hacia el capitalismo y el libre mercado por parte del dictador. En plena

guerra contra el terrorismo, Gadafi se aproximó a las tesis liberales que se estaban

extendiendo por el mundo. Poco a poco, el Estado comenzó a deshacerse de las

empresas públicas y a ponerlas en manos de las grandes fortunas internacionales.

Según reflejan los cables, el propio dictador se encargaba de supervisar los contratos

que superaban los 150 millones de dólares para poder satisfacer a las empresas de

Estados Unidos, Franca, Italia o España. Gadafi admitió su derrota bélica asumiendo

las políticas económicas que se deseaban desde el exterior. El anterior documento

refleja bien a las claras que el dictador estaba dando los pasos correctos, gracias a los

cuales su propia «caja» había crecido. Los documentos secretos incluso revelan que

el propio dictador se había subido al carro de las operaciones financieras que a través

de los fondos de inversión han provocado la crisis económica mundial. Según se lee

en los documentos ahora conocidos, llegó a depositar en fondos radicados en Estados

Unidos hasta 32 000 millones de dólares que eran gestionados por varios bancos

norteamericanos, multiplicando su valor en los derivados y diferentes paquetes

financieros. Pero la riqueza que generó en el exterior, beneficiando a las

multinacionales europeas y norteamericanas, no se tradujo en riqueza para su pueblo.

El diplomático francés Boris Boullon fue muy rotundo cuando pocos meses antes

del alzamiento del pueblo libio declaró sin ambages en un programa de televisión:

«Gadafi fue terrorista, pero en la vida cometemos muchos errores y todos tenemos

derecho al indulto». El extravagante mandatario ya había sido perdonado por los

grandes líderes internacionales, pero no por su pueblo, que poco a poco empezó a

levantarse al darse cuenta de que con la riqueza generada en los últimos años no se

retribuía a la población sino al espectro más acomodado de la sociedad libia y a los

millonarios extranjeros a los que permitía hacer negocios en el país. Incluso

convencieron a Gadafi —en plena fiebre capitalista— para que aplicara ajustes

estructurales a modo de recortes, que afectaron en 2007 al cuerpo de funcionarios, y

casi medio millón de trabajadores públicos empezaron a ser despedidos con el

objetivo de reducir el peso del Estado en la economía y abrir la puerta a los capitales

extranjeros que estaban entrando en el país. La medida fue aplaudida en el exterior,

pero la población comenzó a enervarse. Y lo hizo más aún al ver cómo mientras

cientos de miles de libios emigraban ante la perspectiva de pasar hambre en su tierra,

a Trípoli llegaba en visita oficial en 2008 la temida Condoleezza Rice, secretaria de

Estado con George Bush. La visita supuso la paz definitiva entre Libia y Estados

Unidos. También llegaría la paz definitiva con Italia, país al que se dirigían la mayor

parte de los emigrantes libios. El propio Silvio Berlusconi visitó a Gadafi. Y así uno

tras otro…

Pero la inflación creció.

Y el paro también.

Cierto: en Occidente nos hicimos un poco más ricos, nuestras empresas encontraron un nuevo mercado, las materias primas energéticas estuvieron algo más

atadas, la globalización financiera creció y los fondos que gestionaban la inmensa

cantidad de dinero que salía de Libia ampliaron en miles de millones sus carteras. Sí,

todo eso es bueno. Cierto…

El resto de la historia ya es conocida: el pueblo se alzó y los países ricos

cambiaron de chaqueta cuando ya no podía frenarse la iniciativa de los ciudadanos.

Hubo guerra, y mientras el ruido de sables sonaba —y todas las buenas palabras

sobre Gadafi se olvidaban, pese a ser el quinto inversor de la Bolsa de Milán, en

Italia, que cerró sus puertas por una falsa avería el 23 de febrero de 2011 debido al

miedo que generaba la posibilidad de que se hubiera hundido junto a sus inversiones

de miles de millones—, los más poderosos empezaron a gestionar el futuro gobierno

con objeto de seguir controlando la economía de un nuevo súbdito. Algunos nos

dijeron nada: en el Reino Unido sabían que gracias a esa sumisión de Gadafi, hasta

150 empresas patrias se habían asentado en el país. A la inversa también pasaba algo

similar, y entre las inversiones de Gadafi valga citar el 3 por ciento que compró de

Pearson, la editorial que publica la biblia económica Financial Times. Paradojas de la

vida, una de las empresas que más y mejores armas suministraba a Estados Unidos —

Finmeccanica, de origen italiano— era propiedad al 2 por ciento del propio Gadafi.