Triple A

Bruno Cardeñosa · Capítulo 20 de 25

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Triple A

18. Corralito: una crisis experimental

CORRALITO: UNA CRISIS EXPERIMENTAL

 

Corral: sitio cerrado que sirve para guardar animales.

Corralito: pequeño parque para niños y animales que aún no andan.

 

Diccionario de la Real Academia de la Lengua Española

 

La vida del animal es sólo miseria y esclavitud. Los cerdos, en verdad, no trabajaban, pero dirigían y supervisaban a los demás. Todos los animales son iguales, pero algunos animales son más iguales que otros.

 

GEORGE ORWELL

Del libro Rebelión en la granja.

Entre el cuarto de millón de cables dados a conocer a partir de diciembre de 2010,

quedó al descubierto cómo en no pocas ocasiones los embajadores y sus agregados

han intentado ganarse el favor de algunos periodistas con los que mantuvieron

reuniones y establecieron acuerdos. El objetivo de esa «compra» tiene que ver con la

intención de crear un estado de opinión favorable hacia Estados Unidos en el país en

el cual trabaja el periodista en cuestión, intentando influir en sus comentarios

hablados o escritos. Además, los periodistas «amigos» también se ponen al servicio

de los embajadores cuando se trata de apoyar o criticar corrientes políticas locales

que no siguen las pautas dictadas por la Casa Blanca. La maquinaria está

perfectamente engrasada, y de no ser por estos periodistas amigos, las corrientes de

opinión en los países de turno serían mucho más opuestas a Estados Unidos de lo que

ya son. Esta red de influencias tiene como cúspide el poder económico que intenta

influir directamente en las corrientes económicas de cada país, que al formar parte de

un mundo globalizado son necesarias para poder ampliar los negocios… aunque al

final el globo estalle.

No hay informes —tampoco quedaría huella por escrito de ello— que demuestren

que esos periodistas reciban dinero a cambio de sus favores, pero en muchas

ocasiones da la sensación de que es el ego lo que más importa a estos comunicadores.

Poco o nada se ha informado sobre la existencia de estos cables diplomáticos en los

medios de comunicación más importantes, pero hay casos muy significativos, como

el del periodista argentino Joaquín Morales Solá, columnista del periódico La Nación,

que aparece citado en cuarenta y cuatro documentos secretos de la embajada de

Estados Unidos en Argentina. En ellos se explica cómo se ha convertido en un

premier, que es como se llama en las delegaciones a los periodistas que están muy

próximos a las tesis de Estados Unidos. Para conseguirlo, Morales Solá ha visitado en

numerosas ocasiones la embajada, en donde ha mantenido reuniones con los jefes de

la diplomacia de Washington. Durante dichas reuniones, el periodista informa al

embajador de cómo actúa el gobierno en relación a diversos asuntos que son de

interés para Washington. Además, en este caso, se da la circunstancia de que el

gobierno de Nestor Kirchner y de su esposa Cristina no es del agrado de Estados

Unidos debido a las corrientes ideológicas que ponen en práctica, ya que el control

del Estado sobre la economía y las limitaciones a las actuaciones del mercado son

contrarias —primero con George Bush, y después con Barak Obama— a las

defendidas por los estadounidenses. Así, no es de extrañar que en uno de los

almuerzos el periodista dijera que «el gobierno lucha por seguir adelante con

soluciones a corto plazo y está peligrosamente fuera de contacto con la sociedad

argentina». De esta forma, la cadena de mentiras —el cable es de agosto de 2008, y

ciertamente, tanto entonces como después el gobierno de los Kirchner tenía un

amplio respaldo social— se inicia con una falsedad descrita por el informador que,

sin embargo, alimenta las ideas de la Casa Blanca que, después, gracias a sus líderes

de opinión, hará que llegue a la sociedad.

Red de mentiras

 

Por citar un ejemplo: en uno de los cuarenta y cuatro cables dados a conocer por

Wikileaks sobre este periodista se cita una comida que tuvo lugar en la misma sede

de la embajada en la que el columnista —calificado por los diplomáticos como el

periodista más influyente de Argentina— se reunió con el embajador Earl Anthony

Wayne, el jefe de prensa de la legación y su asistente el 15 de agosto de 2008: «Tiene

múltiples fuentes en el gobierno. Acaparó la conversación: ofrece muchas cosas

importantes que contar». Y entre esas cosas estaba descalificar e incluso ridiculizar a

la presidenta Cristina Kirchner: «La calificó como talentosa e inteligente, pero

asegura que se mantiene fuera de la realidad. Su discurso no se corresponde con lo

que está pasando en la sociedad argentina, como la subida de precios que encuentran

los consumidores en las tiendas. Se aferra tozudamente a sus opiniones y posturas, y

le es muy difícil admitir cualquier error o aceptar otros puntos de vista. Morales Solá

sostiene que parte del problema es que la presidenta ha vivido en una burbuja durante

años, saltando de un helicóptero a un avión sin nunca haber tenido que manejar el

presupuesto de su familia. Como resultado, cuando sus asesores le dicen que la

inflación es un problema, desecha la noticia, creyendo que están influidos por los

medios de comunicación controlados por la oposición al Gobierno».

Los informes diplomáticos muestran, sin duda, el interés que hay por parte de los

diplomáticos norteamericanos para obtener informaciones que pongan en tela de

juicio las políticas puestas en práctica por Cristina Fernández de Kirchner, por mucho

que, en realidad, no siempre respondan a la situación del país, que ha vivido durante

los últimos años de la primera década de siglo XXI un fuerte crecimiento, en especial

gracias al abandono por parte del gobierno de las políticas económicas del FMI

(Fondo Monetario Internacional) y de las directrices impuestas por los gobiernos

anteriores. El cable en el que se cita esta reunión deja bien a las claras que en la sede

diplomática se conoce que la realidad argentina está dejando de ser negra: «Los

analistas de Wall Street no predicen un derrumbe de la economía. Morales Solá se

mostró de acuerdo con este punto de vista». El cable incluso señala que empresas

norteamericanas están llevando a cabo inversiones en Argentina y «no sienten que

hayan sido discriminadas», una posición que parece distinta cuando con objetivos de

manipulación de la opinión pública se vierten críticas en ese sentido hacia el gobierno

argentino, que fueron mucho más intensas aún cuando el gobierno del país

nacionalizó YPF-Repsol, la empresa petrolera hispanoargentina que domina el sector

energético del país.

El análisis crítico de los cables diplomáticos muestra el verdadero rostro de la

diplomacia. Se reconoce al periodista amigo y cómplice que las cosas no están tan

mal en Argentina, al menos no tan mal como se intenta transmitir, pero fuera de la

reunión, ya sin la protección de lo que se creía secreto en las conversaciones, las

autoridades norteamericanas despotrican contra las corrientes económicas del gobierno de los Kirchner. Del mismo modo, el periodista amigo también hacía su

trabajo en el diario La Nación y, a los pocos días del almuerzo, exactamente el 17 de

agosto, escribía lo siguiente: «En Washington, fuentes fiables de la capital

estadounidense concuerdan lacónicamente en que hay preocupación». Hoy sabemos

que esas fuentes eran sus amigos de la embajada. Y sabemos también que no le

dijeron eso, sino lo contrario. Pero las órdenes son las órdenes: gracias a estas

informaciones, el periodista de La Nación ganó el título de premier comentarist,

catalogación que se le da en los informes secretos y que es lo mismo que decir

«periodista amigo».

Así se escribe la historia y la realidad…

Una realidad —los datos son los datos— que señala que Argentina ha sido uno de

los países que más ha crecido en el mundo en los últimos años y que su forma de

escapar de la crisis fue, precisamente, desligarse del FMI. Pagó su deuda. Y dejó de

seguir las directrices de esa institución, a la que muchos hacen responsable de la

nefasta gestión económica que provocó la crisis de comienzos de siglo en Argentina.

 

FMI: el verdugo de la libertad

 

Una realidad —e insisto en que los datos son los datos— que demuestra que Cristina

Kirchner ganó las elecciones de diciembre de 2011 con una ventaja abrumadora, lo

que no es óbice para que los «periodistas amigos» y las corrientes de opinión

impuestas por el poder y alimentadas por estos colaboradores insistan una y otra vez

en una supuesta ausencia de valores democráticos en su presidencia, acusación que

parte de la idea de que el gobierno interviene mucho en la economía. El milagro

económico que hizo posible su triunfo tuvo mucho que ver con su salida del FMI,

mientras que otras naciones «débiles» se hundían en el pozo de la crisis que comenzó

en 2008 en todo el mundo y que, en este caso sí, siguieron políticas económicas muy

distintas a las impuestas por el impulso liberalizador tan defendido por Washington

en sus cables diplomáticos.

Una de las grandes preocupaciones de la embajada de Estados Unidos en Buenos

Aires ha sido el alejamiento de Argentina del FMI, entidad a la que acudieron los

responsables de Grecia cuando la crisis se contagió de Estados Unidos a Europa. Sin

embargo, cuando Grecia se puso en manos de esa institución, la crisis se agravó; a

raíz de aquello, el grupo Anonymous anunció que atacaría su página web en la que

fue bautizada como Operación Grecia. El objetivo del ataque era denunciar cómo este

organismo, en sintonía con la Unión Europea, abusaba de Grecia y sus habitantes con

las condiciones impuestas para recibir el rescate de 110 000 millones de euros que las

autoridades pidieron para poder hacer frente a la crisis económica. Esas exigencias

incluyen recortes sociales y medidas de ajuste que, según Anonymous, iban a perjudicar —como demostraron los datos— a los trabajadores y los ciudadanos.

En aquellas fechas, el FMI estuvo de permanente actualidad debido al proceso

judicial contra el exdirector de la institución, Dominique Strauss-Khan, conocido

como DSK, acusado de violación en Estados Unidos. Sin embargo, esa información

no ha sido la rampa sobre la cual emergieron el discutido papel del FMI en la crisis

mundial y la posibilidad de que este organismo esté favoreciendo a las grandes

multinacionales y bancos. En cierto modo, se desvió la atención pública hacia los

sospechosos comportamientos del político pero sin matizar ni corregir las duras

medidas que aprobó.

El FMI se creó en 1945. El objetivo era promocionar políticas económicas

sostenibles y facilitar el comercio internacional al tiempo que se combatía la pobreza.

Como el propio nombre de la organización indica, el FMI provee de dinero a aquellos

países que lo requieran por su situación. Dichas cantidades se entregan a cambio de

que esos países adopten unas políticas económicas que tiendan a favorecer los

objetivos declarados por este organismo.

Tras la crisis del petróleo de 1973, algunos se plantearon si era necesario que

siguiera existiendo el FMI. El colapso del sistema de cambio y las reformas

económicas así parecían señalarlo, pero el entonces director del organismo, el

holandés John Witteveen, planteó el reciclaje de la institución y se decidió apoyar a

los países dependientes del petróleo que sufrieron el aumento de precios y a los

países del Tercer Mundo. Esos fondos se entregaron a cambio de negociar entre el

gobierno del país socorrido y el FMI un plan de estabilización de la economía local.

Pero no se trata de una entrega de dinero, sino que en realidad es un crédito que el

país beneficiario deberá devolver con los intereses que se establezcan.

Aquello provocó que la deuda exterior de los países en vías de desarrollo se

disparara hasta bloquear por completo el desarrollo iniciado. Con intención o sin ella,

la nueva política significó que los países en crecimiento estuvieran siempre bajo el

yugo de los prestatarios, que, en definitiva, eran los grandes bancos. La imposibilidad

de hacer frente a aquellos créditos provocó la bancarrota de algunas naciones, como

fue el caso, por ejemplo, de México.

Uno de los países que recibió dinero en aquel entonces fue Chile. Poco tiempo

antes, un golpe de Estado apoyado por Estados Unidos derrocó al presidente electo,

Salvador Allende, que murió durante la asonada. Augusto Pinochet recibió entonces

una inyección de dinero por parte del FMI. No hubo que negociar mucho: las

políticas económicas de Pinochet no diferían en exceso de las del FMI, en donde

tampoco exigieron reformas democráticas en el país a cambio de los créditos. Uno de

los principales valedores en el FMI del apoyo a Chile fue un hombre llamado John

Lipsky. En sus informes no había una sola crítica, ni una mísera referencia, a los

crímenes cometidos por Pinochet. Por cierto: Lipsky fue el director del FMI tras la

dimisión de DSK a raíz del escándalo sexual que protagonizó y antes de que resultara

elegida para situarse al frente la francesa Christine Lagarde. Poco después de «someter» a Chile, fue Argentina el país al que le tocó seguir las pautas del FMI tras

recibir dinero de la organización. DSK había advertido a los países europeos de que si

eran rescatados tendrían que ceder parte de su soberanía a la Unión Europea y el

FMI, que tendrían que supervisar las decisiones que tomaran los mandatarios electos.

Lagarde se reafirmó en la necesidad de seguir con esa pauta de comportamiento.

Tras la reunión del G-20 a finales del año 2008, que tenía por objetivo redefinir

las políticas monetarias mundiales para hacer frente a la crisis, el FMI multiplicó por

cuatro su depósito financiero y pasó a convertirse en el organismo que iba a

condicionar las decisiones políticas de todos aquellos países que requirieran de un

rescate, como es el caso de Grecia o Portugal. Por ejemplo, cuando se dice que es

necesario efectuar «ajustes estructurales» no se está queriendo decir otra cosa más

que se impone la obligación de efectuar recortes sociales que han sido previamente

exigidos por esta suerte de gobierno de tutelaje.

Desde entonces, el FMI ha sido visto como un salvavidas para aquellos países que

sufren dificultades. Hay pocas voces críticas en los grandes organismos

internacionales. Pero esas críticas existen. Quien fuera premio Nobel de Economía en

2001, Joseph Stiglitz, ha sido uno de los más rotundos a la hora de criticar lo que el

FMI está haciendo. Asegura que sus ayudas están condicionadas a la pérdida de

políticas sociales que deben dejar al margen los gobernantes de los países

«socorridos». También denuncia que las exigencias del FMI para entregar dinero a

estas naciones se condiciona a cambio de abaratar el despido de los trabajadores y de

la pérdida de derecho de los mismos. Y además, los rescates —también tutelados y

soportados por los fondos de la Unión Europea en el caso de los países que

pertenecen a la misma— están sujetos a la imposición de unos intereses que reportan

enormes dividendos a las grandes instituciones financieras mundiales. Se benefician

tanto, que incluso rescatar a un país se ha convertido en un excelente negocio para

algunos.

A lo largo de su historia, el FMI ha engrilletado económicamente a países en los

cuales existieron o existen dictaduras: Argentina, Chile, Brasil, Indonesia, Nigeria,

Filipinas… Muchos de los dirigentes de esos países recibieron, pese a haber usado las

armas para alcanzar el poder, apoyo económico pero ningún impedimento a que esas

dictaduras se asentaran. En la web Red Voltaire puede leerse: «El FMI ha conseguido

imponer una óptica financiera de la política económica mundial, permitiendo así que

los especuladores del norte se enriquezcan mediante la explotación del trabajo, más

que de los recursos, de las naciones del sur. Si no fuera por la veneración que la

sociedad de consumo siente por sus propios banqueros, hace tiempo que el FMI

habría sido calificada como organización criminal».

 

Argentina: el crimen del que no tomamos nota Para examinar el caso de Argentina es necesario situarnos en diciembre de 2001. La

gente se echó a la calle, hambrienta, harta, molesta, engañada… No hacía tanto —año

1948, para ser exactos— que el nivel de vida de Argentina estaba a la misma altura

que el de Gran Bretaña. La víctima más visible fue el presidente del país, Fernando

de la Rúa. En su mandato, la deuda exterior que acumuló el país fue de nada menos

que 137 000 millones de dólares. Pero de puertas para adentro había otros culpables.

Por ejemplo, el Consejo Monetario, la institución que creó la paridad entre el dólar y

el peso, un tipo de medida que permitía la lucha contra la superinflación pero que

cojeaba por todos lados. Sin embargo, el ministro de Economía, Domingo Cavallo,

que había sido un hombre importante durante la brutal dictadura militar, cuando

alcanzó entre 1981 y 1982 la dirección del Banco Central contó con el apoyo ciego

del FMI a la hora de defender este sistema; se aferró a la paridad en mitad de una

fiebre privatizadora de los bienes públicos sin par. «Incluso se vendieron carreteras a

propietarios privados que las gravaron con derechos de peaje», recuerda Jacques

Sapir en su obra Economistas contra la Democracia (Ediciones B, 2004), una obra en

la que este prestigioso estudioso galo analiza las crisis argentina y rusa exponiendo

unas causas que no dejaron de ser sino las mismas que acabaron provocando el crack

del planeta entero a partir de 2008, sólo que en aquellos dos casos no alcanzó a la

globalidad mundial. Nadie hizo caso de expertos como él… Y concluye: «Los que

gritaban que había que hacer más reformas, que no eran suficientes, tienen hoy la

responsabilidad del drama que está viviendo el país. Y quienes dicen aquello son los

últimos que pueden exigir una nueva política de austeridad». Escribe sobre mucho

más. Escribe, por ejemplo, como a Cavallo se le envió a Rusia en 1998 para mostrar

cómo eran sus medidas; y ahí, la fiebre liberalizadora alimentada por el hijo pródigo

del FMI fue recibida con los brazos abiertos. Después, la crisis también llegó allí,

pero se fabricaron mecanismos financieros que nadie entiende, pero que consisten en

comprar dinero con dinero —es decir, comprar nada con nada, y así se crean las

burbujas—, en este caso, con la inyección económica del FMI por orden del

Departamento del Tesoro de Estados Unidos. Fueron entregados al país miles de

millones de dólares para poder recuperarse cuando los primeros azotes tocaron los

bolsillos de los argentinos, que empezaron poco a poco —a partir de 1998— a acusar

los efectos del elevado déficit creado durante el gobierno de Carlos Menem, un

presidente apoyado y defendido por los principales órganos económicos mundiales.

Después, con la llegada de De la Rúa, daba la sensación de que los índices

económicos mejoraban, pero desde esos organismos impusieron una serie de ajustes

—eufemismo muy utilizado hoy para suavizar el impacto de la expresión

«recortes»— que echaron por la borda cualquier atisbo de crecimiento.

Se decretó a finales del año 2000 lo que se denominó el «blindaje», que no era

sino la decisión de postergar pagos de capital e intereses a fin de aliviar las cuentas

públicas. A pesar de ello, fueron muchos los argentinos que tomaron la decisión de

sacar sus ahorros de los bancos, que perdieron un 5 por ciento de sus depósitos. Para aliviar la situación, en marzo de 2001, el ministro de Economía, Ricardo López

Murphy, anunció en una histórica comparecencia televisiva el recorte de 2000

millones de dólares de gasto público. Hoy, pese a no haber transcurrido ni siquiera

una década, países como Grecia, Italia o España anunciaron recortes por cantidades

inmensamente mayores que ésa… En aquella ocasión el tijeretazo fue recibido por la

opinión pública con una serie de críticas feroces que acabaron por provocar la

dimisión del ministro. Entonces, un hombre próximo a Menem fue reclamado para

hacerse cargo de la cartera de finanzas del país. Se trataba, precisamente, de Domingo

Cavallo, que tomó las riendas de la situación, vendiendo al FMI como la organización

salvadora del país. Así, desde Washington se dio a Argentina un crédito de 30 000

millones de dólares, que fue inflado aún más por otros créditos concedidos por

entidades bancarias privadas. Eso sí, la exigencia del FMI era clara: había que

profundizar en los recortes. Y lejos de lo que Cavallo decía que pasaría, la

inseguridad popular aumentó, los depósitos siguieron disminuyendo y la bolsa

empezó a derrumbarse.

Tras ello, los depósitos bancarios siguieron perdiendo capacidad, los índices de

paro alcanzaron el récord histórico del 18 por ciento y casi 5 millones de

desempleados, y el «riesgo país» (algo muy parecido a la prima de riesgo con que se

mide la rentabilidad de la deuda) se multiplicó… Argentina veía más lejos que nunca

su triple A. Todo se agravó aún más cuando el FMI frenó un tramo del préstamo —

como se hizo en repetidas ocasiones con Grecia— debido a que el país no había sido

capaz de cumplir con el objetivo de déficit cero, ese mantra tan repetido por todos y

asumido como único objetivo válido para que las cosas vayan bien en el mundo.

Y en diciembre llegó el corralito. Las medidas adoptadas por Cavallo, doctorado

por la Universidad de Harvard (al igual que muchos economistas que están detrás de

la crisis desatada a partir de 2008) fueron terribles: a los bancos se les impidió llevar

a cabo muchas operaciones, pero a los ciudadanos se les prohibió extraer de sus

cuentas cantidades superiores a los 250 dólares a la semana y traspasar su dinero a

cuentas radicadas en el exterior. Aunque alguien pensó que aquello podría servir de

algo, la única consecuencia fue la total paralización de la cadena económica. De

repente, dejó de existir el dinero en la calle y la gente se quedó atenazada, sin poder

acudir a sus depósitos. El presidente dimitió, y su sucesor, Rodríguez Saá, decretó la

mayor suspensión de pagos que recuerda la historia, si bien se negó a romper la

paridad dólar-peso.

Tal fue la presión que aguantó en el gobierno apenas una semana, tras la que lo

sucedió, a comienzos de 2002, Eduardo Duhalde, que sólo tres días después de

prometer que no acabaría con la paridad decretó que cada dólar pasaba a valer 1,40

pesos, incluidas las deudas que estuvieran sujetas a créditos, que pasaron de estar

timbradas en dólares a ser debidas en pesos. Así, quien pagaba un crédito mensual de

1000 pesos antes del corralito, pasó, de un plumazo, a deber 1400 pesos mensuales.

Tras abandonar el país, Cavallo se dedicó a labores docentes —es decir, a enseñar a economistas— en Estados Unidos, en donde se volvió a unir a todos los financieros,

fondos de inversión y bancos que después han estado vinculados al inicio de la actual

crisis, que vista con ojos de historiador bien parece una extensión a nivel mundial de

la que afectó a Argentina en 2001 y 2002. Intentó —sin éxito— volver a la política

argentina, pero su nombre quedó para siempre asociado a todos los males vividos

durante el corralito.

Hasta que se volvió a saber de él…

 

Delito: no querer una crisis

 

Hoy, gracias a los cables liberados por Wikileaks sabemos que la embajada de

Estados Unidos se aproximó a él en tiempos de los Kirchner. Fue en febrero de 2008

cuando Cavallo efectuó unas declaraciones en las que advertía de que se cernían

sobre el país negros nubarrones. Después, en verano, volvió a Argentina, lo que fue

aprovechado por la embajada de Estados Unidos para citarlo. Allí sabían

perfectamente que el ministro del corralito era un enemigo de los Kirchner que podría

facilitar argumentos para estructurar la intensa propaganda contra los K, que era la

simplificación del apellido de ambos por el que también se los conoce.

Por aquel entonces la crisis internacional aún no había estallado, si bien ya se

hablaba desde tiempo atrás del comienzo de un largo período de oscuridades

financieras. Según explicó al embajador Earl Anthony Wayne aquel funesto ministro,

el país no se encontraba preparado para afrontar la crisis que se acercaba. Ambos

coincidieron en señalar que la única forma de hacer frente a la larga etapa de

dificultades venideras era que Néstor Kirchner volviera a aceptar el mandato del FMI

en cuestiones económicas, además de intentar evitar las tendencias contrarias a la

privatización de las empresas públicas que él se había empeñado en impedir a pesar

de las enormes presiones que existieron para ello.

El embajador norteamericano escribió en su cable:

«Cavallo argumenta que la solución evidente es hacer lo que están haciendo otros

países que tienen acceso fácil a los préstamos del FMI… La alternativa a no hacerse

cargo de las deficiencias de las políticas económicas del gobierno de Argentina es

buscar apoyo financiero del FMI. En caso contrario se producirá una venezualización

de la economía. En concreto, predijo que el gobierno de Argentina y el Banco Central

impondrán límites a la compra de dólares y reaparecerán mercados de cambio

paralelo… Dada la expectativa de que Argentina sufrirá una contracción económica

este año 2008, la conclusión es que el país se enfrenta a un período prolongado de

estanflación. Muchos de sus comentarios resultan verosímiles y hay un creciente coro

que coincide con él en que la mejor solución disponible para la encrucijada de

Argentina es arreglarse con el FMI».

El problema es que esa encrucijada —sin llegar a decir que las cosas discurren

por el camino más perfecto— sólo está en la mente de quienes prefieren ver sus

propias ideas preconcebidas como un reflejo de la realidad. El embajador era uno de

ellos. Y quienes lo habían colocado en su cargo también.

En su informe secreto, Wayne reconoce que Cavallo no tiene credibilidad en la

actualidad. También reseña que «está lejos de no tener parte de culpa en la crisis

económica que vivió el país en 2001». Sin embargo, y aunque parezca una

contradicción, lo considera creíble y señala que está acertado, algo que no deja de ser

asombroso porque defendía que se volviera a seguir el camino que se había tomado

unas décadas atrás, cuando las dificultades empezaron a afectar al bolsillo de los

argentinos. Todos sabemos el precipicio al que condujo aquel camino…

La conclusión es clara: el embajador no pensaba en el bienestar de la población,

sino en intentar recopilar argumentos para reclamar al gobierno de Argentina situarse

en la senda de las directrices de los grandes organismos económicos, en especial del

FMI. En realidad, este posicionamiento no es sorprendente a tenor del contenido de

gran parte de los cables, en los cuales los diplomáticos se revelan como herramientas

puestas a disposición del gran capital. Y no están equivocados, sino que saben

perfectamente —así lo reconocen en sus escritos— que esas directrices perjudican a

casi todos los mortales, con la excepción de los que ostentan el poder económico.

Por desgracia para Wayne —uno de los que más parecía desear que la crisis de

2008 también afectara a Argentina—, que dedicó casi todo su tiempo en la legación a

reunir informaciones que cuestionaran a los K y a sus políticas opuestas a las

directrices exportadas por Washington, la apocalípticas previsiones sobre el futuro de

Argentina no se cumplieron. Baste señalar que el anunciado cataclismo económico

para 2008 no fue tal, ya que el país creció un 7 por ciento. Mientras que el 2009 la

economía creció un 1 por ciento, pero fue uno de los pocos países del mundo que no

ofreció un resultado negativo. Durante el 2010, el crecimiento económico se cifró en

el 9 por ciento. Y todo ello sin seguir las directrices del FMI y de Washington. Mejor

habría que decir que ese crecimiento se ha conseguido gracias a no seguir esos

mandatos. Por tanto, no es de extrañar que CFK ganara las elecciones de 2011 con

una ventaja abrumadora. Su éxito significa fracaso en Estados Unidos. Pese a que

gracias a su éxito los argentinos están mucho mejor de lo que estaban hasta hace unos

pocos años, las desigualdades y los desarreglos económicos siguen siendo feroces.

Hoy, cuando se revisa la crisis argentina, sus detonantes y consecuencias, no es

difícil hallar similitudes con la que ha afectado al mundo entero desde 2008. Y se

sabe que cuando empezaron los problemas se tomaron unas medidas para atajarlos

que son las mismas que a nivel global se toman desde esa fecha para salir de la

depresión. Entonces todo salió mal. Muy mal. La debacle argentina fue monumental,

y en ella aparecen nombres que son los mismos que aparecen en la debacle mundial.

Y esos nombres —de cuyas actuaciones sólo se derivaron más problemas para

Argentina— están ahora intentando solucionar la crisis global, haciendo lo mismo y tomando medidas muy similares y provocando las mismas consecuencias fatales.

La moraleja del corralito debería servir para aprender. Debería…

Salvo que —piensa mal y acertarás— hacerlo mal sea bueno. Ya lo decía George

Orwell, cuando hablaba de cómo los que intentan manipular transformaban el

significado de las palabras con objetivo de impedir que se supiera la verdad de las

cosas: «La guerra es la paz. La libertad es la esclavitud. La ignorancia es la fuerza».

 

Anexo

 

Uno de los informes escritos desde la embajada de Estados Unidos demuestra el

grado de prejuicio que existe sobre Argentina. Lejos de ser desconocimiento sobre la

realidad del país —y es que los datos económicos están reflejados correctamente—,

lo que parecía pretenderse es enviar el mensaje de lo que tiene que ser el discurso

político en los países ricos contra el «pobre» que decidió ser díscolo. Así, ante datos

que objetivamente no eran malos —el déficit, por ejemplo—, lo que se explica desde

la embajada es que esos balances financieros son muy negativos. El motivo es que lo

que se transmite desde la embajada es el discurso a seguir y repetir en los foros de

opinión utilizados por el gobierno de Estados Unidos de forma indirecta contra los

mandatarios del país. Reproduzco a continuación dicho informe:

 

La situación fiscal de Argentina se está deteriorando. La brecha fiscal es manejable en 2010, pero será

difícil de superar en 2011 si no se recupera la capacidad del gobierno para pedir prestado en los mercados

financieros internacionales. El gobierno argentino, hasta ahora, logró cerrar la brecha en los últimos años a

través de la utilización de fuentes internas de financiación de las instituciones públicas y los pagos únicos

de instituciones como el Banco Central (BCRA) y la Agencia de Seguridad Social (ANSES). Mientras que

estos pagos se realizarán en 2010, cuando la brecha fiscal, que se estima llegará a ser de entre 3000 y 5000

millones de dólares, no se puede depender de que continúe indefinidamente. En 2011, sin embargo, la

brecha podría alcanzar los 14 000 millones de dólares.

Con esto en mente, la búsqueda del gobierno de fuentes suplementarias de fondos llevó a establecer el

Fondo del Bicentenario… Además, el gobierno acaba de anunciar el nombramiento de un economista

alineado Kirchner como presidente del BCRA. Estos pasos hacen un poco menos probable que el gobierno

recurra a medidas extraordinarias, lo que recuerda la decisión tomada en 2008 de nacionalizar los fondos

de pensiones de propiedad privada. Esta expansión monetaria y fiscal adicional trae consigo el fantasma de

la inflación, que ya está creciendo y se espera que alcance el 20 por ciento en 2010.

De acuerdo con el Ministerio de Economía de Argentina, el superávit fiscal primario disminuyó un 47

por ciento interanual, de 32 mil millones de dólares en 2008 a 17,3 mil millones en 2009. El superávit de

2009 —equivalente al 1,5 por ciento del PIB— está muy por debajo del 3,1 por ciento de 2008. Estas

cifras indican que la situación fiscal de Argentina está empeorando, pero subestiman el deterioro general

de la política fiscal del gobierno. Las cifras oficiales para 2009 son: los ingresos extraordinarios de la ARP

de cerca de 9500 millones, relacionados con los Derechos Especiales de Giro del FMI (DEG) y la

asignación para el Banco Central de Argentina (BCRA) de una cantidad determinada por participación

accionista de un país miembro del FMI. Los ingresos de la contabilidad de la ARP de 8300 millones de

devengo de intereses y dividendos sobre fondos depositados en la Agencia de Seguridad Social (ANSES),

los activos que previamente había sido administrados por los fondos privados de pensiones antes de su

nacionalización a finales de 2008, y la distribución de 4500 millones en ganancias no realizadas BCRA,

debido principalmente a la depreciación del peso.

En cuanto a la tasa de crecimiento de la recaudación de impuestos y gastos, el panorama es poco

prometedor, poniendo en duda la capacidad del gobierno argentino o la voluntad de controlar el gasto. En

2007, 2008 y 2009, la recaudación de impuestos, de acuerdo con cifras oficiales, aumentó un 33, 35 y 13

por ciento respectivamente, en comparación con un crecimiento del gasto primario del 44, 35 y 30 por

ciento respectivamente. En 2010, el gobierno no parece estar en el camino de un crecimiento moderado del

gasto, y los principales analistas privados prevén un mayor deterioro de la situación fiscal. Los cálculos del

saldo fiscal primario anticipan un déficit del 1 por ciento del PIB a un superávit del 0,5 por ciento, en

función de los supuestos utilizados. Un informe del Banco Galicia señala las previsiones de crecimiento

del gasto del 27 por ciento frente a un crecimiento en la recaudación de impuestos del 24 por ciento, lo que

da lugar a un superávit fiscal primario de 13 000 millones (o aproximadamente el 1 por ciento del PIB). La

consultoría Macrovisión estima que el gasto primario se incrementará un 26 por ciento y la recaudación de

impuestos subirá el 23 por ciento, lo que lleva a un equilibrado resultado fiscal primario. Alvarado llegó

con un pronóstico mucho más negativo para el año 2010, diciendo que un aumento del 34 por ciento del

gasto primario va a generar un déficit fiscal primario de 2,5 por ciento del PIB. También planteó un

escenario en el que los gastos primarios sólo crecerían en un 25 por ciento, lo que aumentaría el déficit

fiscal primario al 1 por ciento del PIB.

A pesar de la amplia gama de previsiones para las cuentas fiscales, los analistas creen que el programa

financiero del gobierno argentino es manejable hasta el final de 2010. Si la restructuración de la deuda se

lleva a cabo en algún momento durante el primer trimestre de 2010, la transacción se espera que traiga

alrededor de 1000 millones en nuevos fondos para el gobierno. Además, el gobierno argentino cree que

aún se conservan unos pocos focos de liquidez que podrían aprovechar para satisfacer sus necesidades de

financiación…

El economista jefe del Banco Galicia, Nicolás Dujovne, dice que la brecha fiscal en 2010 ascenderá a

alrededor de 3500 millones. Se llega a esta cifra después de sumar los 1000 millones en efectivo generados

por el canje de deuda y los 1600 millones de las instituciones financieras internacionales que todavía

operan en Argentina… Dujovne explica que esta brecha va a ser fácil de manejar, incluso sin el potencial

adicional proporcionado por el Fondo del Bicentenario, que aún está pendiente de la aprobación del

Congreso. Suponiendo que el Fondo del Bicentenario sea autorizado y que el gobierno haga un uso

completo de los nuevos fondos disponibles, Dujovne dice que los gastos podrían aumentar hasta en un 37

por ciento sin necesidad de aumentar el déficit financiero más allá de 3500 millones. Más allá de 2010, la

imagen se vuelve mucho peor, ya que prevé un déficit de financiación en 2011 de casi 14 000 millones,

incluso teniendo en cuenta los ingresos extraordinarios. Como Dujovne dice, «serán necesarios dos fondos

del Bicentenario si el gasto público se mantienen al mismo ritmo que en 2009».

El director en Argentina de la agencia de calificación Standard and Poor’s, Sebastián Briozzo, dijo que

la situación fiscal continúa su deterioro lento y constante. Dijo que el gobierno, a largo plazo, no podrá

mantener la estrategia de aprovechar las fuentes internas de financiación mediante la renovación de la

deuda con las entidades públicas y que se está quedando sin combustible. Sin embargo, sostuvo que la

brecha fiscal debería ser fácilmente manejable para un país con una economía del tamaño de la Argentina.

El plan del gobierno de crear el Fondo del Bicentenario debería permitir que el gobierno aplique una

política fiscal más agresiva y expansiva, que permitiría un amplio margen de maniobra en términos de

aumentar el gasto público discrecional, que puede ser utilizado para reforzar el apoyo a los gobernadores

provinciales, que se enfrentan a una sombría situación fiscal.

Briozzo ha pronosticado un rendimiento económico razonable en 2010, si bien no descarta por

completo las medidas extraordinarias similares a la nacionalización en 2008 de los fondos de pensiones.

Briozzo ha expresado cierto optimismo a corto plazo si el producto de reestructuración de deuda propuesta

se acepta y el país comienza a endeudarse en los mercados internacionales. Añadió, sin embargo, que la

situación en el año 2011 parece mucho más sombría, y sólo podría ser aliviada gracias al acceso a los

préstamos internacionales. De lo contrario, señaló, el gobierno podría verse obligado a dar un paso

extraordinario similar a la nacionalización de pensiones.

Javier Alvaredo señala también que la creación del Fondo del Bicentenario es un acto político diseñado

para facilitar el gasto discrecional adicional. Señaló que la letra pequeña en el decreto establecía que deja

abierta la posibilidad teórica de que casi se triplicara en algún momento a alrededor de 18 000 millones.

Incluso antes de la designación del nuevo presidente del BCRA, consideraba al banco y su junta directiva

como débiles y demasiado próximos a los Kirchner. Como tal, él dijo que está dispuesto a monetizar las

necesidades fiscales, lo que podría tener «consecuencias desastrosas para la inflación».