Triple A

Bruno Cardeñosa · Capítulo 15 de 25

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Triple A

13. En busca del paraíso

EN BUSCA DEL PARAÍSO

 

En vez de utilizar sus recursos técnicos y materiales, que habían experimentado un incremento extraordinario, para construir una ciudad maravillosa, los hombres del siglo XIX construyeron suburbios deprimentes que según los criterios de la empresa privada eran rentables, mientras que la ciudad maravillosa, pensaban, habría sido una extravagancia. Destruimos la belleza del paisaje porque los esplendores de la naturaleza, de los que nadie se ha apropiado, carecen de valor económico. Seríamos capaces de apagar el sol y las estrellas porque no dan dividendos.

 

JOHN MAYNARD KEYNES

 

Un economista cuyas teorías han resucitado durante la crisis económica originada en 2008 al proponer medidas de control y estímulo estatal, y la limitación de la actividad financiera basada en la necesidad de perjudicar al ajeno.

En las islas Caimán viven poco más de cincuenta mil personas. Un alto porcentaje de

sus habitantes se dedica a la pesca o trabaja en el sector servicios, puesto que el

turismo es una de las principales fuentes de ingresos del país, formado por cuatro

islas que fueron visitadas por Colón en 1503; las llamó Tortugas, debido a la

proliferación de estos reptiles en sus costas, situadas no muy al sur de Cuba. Sus

primeros habitantes fueron los colonos británicos que llegaron hasta allí tras el

Tratado de Madrid, merced al cual en 1670 se entregó Jamaica a Gran Bretaña, y por

lo tanto, las islas Caimán, porque pertenecían a esta gran isla de las Antillas. Así

permaneció la situación hasta 1959, cuando Jamaica alcanzó la independencia. Trece

años después, las islas Caimán pasaron a tener algo parecido a un autogobierno.

Como decía, el turismo es una de las principales fuentes de ingresos, porque la

principal es otra: los bancos. En la isla hay más de mil entidades con oficina propia,

pese a que a menudo, en muchas de ellas, apenas trabajan unas pocas personas.

También tienen sus domicilios fiscales allí más de diez mil fondos de riesgo, uno por

cada cinco habitantes. El porqué de esta desproporción tiene que ver con el régimen

fiscal que impera, puesto que el dinero que llega del extranjero está casi libre de

impuestos. Así pues, muchas grandes fortunas han trasladado a las islas Caimán sus

cuentas, que son regidas y administradas por estos bancos, que invierten desde allí el

dinero de sus clientes para obtener una máxima rentabilidad con una mínima carga

impositiva.

 

Más empresas que personas

 

Es absolutamente legal llevar tu dinero al extranjero y depositar allí tus ahorros o

poner tu dinero a funcionar, aunque lo hayas ganado en otro país y te libres así de

gran parte de la carga impositiva que tendría en su lugar de origen. Este tipo de

operaciones se conocen como offshore, un término que originalmente significa

«alejado de la costa» y que se debe a que estos enclaves suelen ser islas remotas; hoy,

como offshore se califican aquellas maniobras financieras que se llevan a cabo fuera

del territorio en donde vive o se asienta la persona o la sociedad que decide utilizar

estos eximentes tributarios. Desde que empezó la crisis, se han escuchado numerosas

voces en contra de estos pequeños países que sirven como refugio para grandes

capitales. Se trata de una exención fiscal que sólo afecta a los extranjeros, puesto que

los nacionales deben tributar como en cualquier otro sitio. Lo único que se les pide a

los «evasores» es que no realicen actividades económicas en el país, que se nutre de

sus capitales a falta de otros recursos naturales o industriales. Pese a que no se trata

de una actividad ilegal, la opinión pública condena de forma abierta estos lugares

que, sin embargo, son defendidos con poderosa energía por parte de quienes disponen

de inmensas cantidades de dinero, argumentando que ese dinero es invertido después en el país de origen para dar trabajo y contribuir al enriquecimiento global. Razonan

que sin esos paraísos no podrían ayudar tanto al crecimiento económico en las

naciones del primer mundo.

Los propósitos de enmienda por parte de los gobernantes son permanentes, pero

la realidad es que ninguna promesa para acabar con los paraísos fiscales se ha

cumplido, porque en realidad nadie quiere acabar con unos lugares en los que quienes

tienen el dinero y ponen y quitan gobiernos pueden tenerlo lejos de tributos e

impuestos que no quieren pagar. Y uno de esos lugares es las islas Caimán, pero hay

más, como las Bahamas (con 300 000 habitantes y 100 000 compañías) o las islas

Vírgenes (con 25 000 habitantes y más de 800 000 compañías).

Sin embargo, no sólo hay que buscar los paraísos fiscales en pequeñas islas.

Algunos países europeos como Luxemburgo, Liechtenstein o Andorra tienen

legislaciones verdaderamente atractivas para las grandes fortunas. Y ni siquiera es

necesario pensar en pequeños países, sino que también existen otros verdaderamente

relevantes que ofrecen a los millonarios pequeñas «islas financieras», como la City de

Londres, que tiene una legislación especial que la hace algo diferente a la que impera

en el resto del país, o, cómo no, Suiza. Así, las promesas políticas de acabar con los

paraísos fiscales se han limitado a la lista que efectúa la OCDE (Organización para la

Cooperación y el Desarrollo Económico), que reúne a los principales países del

mundo y regula la economía y los lazos entre esas naciones. Para solucionar el

problema, lo que se hizo fue cambiar la definición de paraíso fiscal y quedarse tan

anchos, pero en realidad los beneficios que ofrecían estos países siguieron siendo los

mismos, pese a haber desaparecido de la llamada «lista gris» y haber pasado a formar

parte de la maquillada «lista blanca». Así, en la relación efectuada en 2011, la OCDE

ya sólo incluye dos lugares del mundo a los que se considera opacos y susceptibles de

ser considerados paraísos fiscales: Naurú y Niué.

Naurú es una pequeña isla circular situada en la Micronesia, en mitad del

Pacífico, que tras ser escenario de ensayos atómicos y de sobreexplotación de

fosfatos hasta que se agotaron, se convirtió en el destino de dinero negro de medio

mundo gracias a una legislación bancaria que permitía abrir cuentas allí sin informar

a nadie ni a nada. Tanto es así, que potentados rusos llegaron a lavar dinero en los

noventa por valor de 70 000 millones de dólares (la evasión de capitales en Rusia fue

una de las causas de la crisis que se vivió allí a finales del siglo XX y en la que

estuvieron implicados organismos como el FMI y los mismos bancos, que quisieron

aprovecharse de la libertad económica que supuso la apertura del mercado ruso tras la

desintegración de la URSS) y que, aunque ha aumentado su nivel de cooperación,

sigue siendo un excelente destino para el dinero anónimo. Mientras, el segundo país,

Niué, es otra isla situada en el Pacífico, algo más grande que la otra y algo menos

independiente, puesto que, en cierto modo, rinde cuentas a Nueva Zelanda, y que ha

instituido una legislación mercantil que le ha permitido convertirse en centro virtual

para negocios financieros.

La existencia de paraísos fiscales es una consecuencia de la globalización y,

gracias a internet, cualquier operación y gestión resulta sencilla, rápida y efectiva, lo

que ha permitido que incluso fortunas de consideración hayan entrado en los paraísos

fiscales en los últimos años. Y en el mundo de los defensores de estos enclaves

offshore —y son muchos, más de los que imaginamos—, quienes los apoyan dicen

que sirven como reserva para esas grandes fortunas y empresas, de modo que gracias

a depositar su dinero allí mantienen una reserva que queda lejos de los peligrosos

senderos de la economía, que pueden provocar quiebras en empresas o en familias

por culpa de los efectos de una crisis o de terceros que gestionan con errores las

inversiones o las propias empresas; es más, quienes los defienden piensan que los

gestores económicos de los países del primer mundo son una banda de incompetentes

que causan problemas financieros con sus decisiones, razón por la cual disponer de

estos salvavidas puede ser necesario para el buen funcionamiento de las cosas.

Vamos, que incluso venden los paraísos fiscales como algo positivo para luchar

contra la crisis económica y el riesgo inherente al mundo del dinero. Y quienes

defienden —leer las guías de instrucciones para elegir el mejor lugar donde esconder

el dinero puede ser un ejercicio tan ilustrativo como repulsivo— estos paraísos lo

suelen hacer desde un liberalismo más extremo que el liberalismo aceptado, e incluso

que el neoliberalismo[11], justificando las decisiones de situarse offshore según unas

pautas que se pueden resumir en que las agencias de calificación son malas y por

tanto pueden echar al traste nuestros negocios, o en que los gobiernos son unos

entrometidos y que nadie debe impedir hacer con nuestro dinero lo que nos dé la

gana…

 

Anuncio: «Te ofrecemos un paraíso fiscal»

 

Por poner un ejemplo, voy a reproducir una oferta que un grupo de semihackers

financieros —anónimos, por supuesto— hicieron a sus seguidores, ofreciendo la

posibilidad de obtener más información a través de un correo electrónico seguro y de

un chat protegido al que responden sólo cuando sus dueños crean las condiciones de

seguridad suficientes para ser discretos y mantenerse alejados de cualquier tipo de

vigilancia. Y es que aunque dichos paraísos son legales, en no pocas ocasiones se está

rozando lo permitido. La oferta, que también incluía el trabajo de inversión en los

mercados del dinero que se depositara en la cuenta, fue remitida a los adinerados que

los siguen y que hablaba sobre la emergente banca extranjera de una pequeña isla de

cien kilómetros cuadrados próxima a Jamaica, en donde también se efectúan abortos

libres y legales, sin ningún tipo de supuesto, puesto que las normas británicas no

afectan a territorios de ultramar como éste, y se emitió cuando, según las autoridades,

los paraísos fiscales ya eran historia. Decía lo siguiente:

Oferta especial: paquete offshore en Anguila Británica

 

Como sabéis, en todas las ediciones de nuestro boletín tratamos de negociar alguna oferta especial para nuestros lectores. En esta ocasión hemos conseguido un paquete muy atractivo, ideal para realizar negocios internacionales o inversiones personales. Anguila es una jurisdicción con un alto nivel de privacidad y prestigio, muy similar a las conocidas islas Vírgenes británicas, pero con costes más económicos y requisitos documentales más sencillos.

Con una sociedad radicada en Anguila se podrá llevar a cabo cualquier negocio lícito, excepto aquellos que precisen licencia especial, tales como juego o actividades financieras que conlleven manejo de fondos ajenos. También es posible utilizar la sociedad para inversiones personales de sus socios, siempre y cuando no se tomen capitales de terceros.

El paquete básico de Anguila incluye:

Constitución de una sociedad IBC en Anguila Británica

Todos los documentos originales debidamente sellados y enviados a su domicilio. Sello corporativo de caucho.

Tasas y mantenimiento por un año.

Cuenta bancaria en el Caribe (St. Vincent) o Europa (Letonia).

Documentación legalizada para tramitación de cuenta.

 

Precio del paquete: 1890 dólares o 1450 euros.

Ambas entidades ofrecen cuentas en múltiples divisas, banca online y tarjetas de débito corporativas.

Para los interesados en opciones de trading: Se puede añadir una cuenta de brokerage en un broker internacional en Panamá por 300 dólares o 225 euros. Este coste es por la documentación requerida. La tramitación es gratuita. El importe mínimo de cuenta con el bróker es de 10 000 dólares.

En caso de necesidad, es posible personalizar el paquete con otras opciones bancarias por un pequeño suplemento.

Esta oferta es válida hasta el día 10 de marzo de 2012.

 

Hay otra razón por la cual han triunfado estos paraísos: el secreto. En Bahamas o

en las islas Caimán, el anonimato y la seguridad de quien decide llevar allí sus

capitales está asegurado casi al cien por cien, salvo que existan filtraciones, razón por

la cual los empleados de estos bancos están sometidos a exhaustivos controles y

contratos de confidencialidad. Pero en países con más presencia en el concierto

internacional como Suiza, el grado de confidencialidad en operaciones bancarias es

absoluto, razón por la cual este país se mantiene al margen de organizaciones

supranacionales como la Unión Europea, ya que los países que pertenecen a ella

mantienen unas legislaciones fiscales similares y un grado de confidencialidad que no

es absoluto.

Debido a sus especiales características, resulta imposible ofrecer datos sobre

cómo los paraísos fiscales han podido afectar al buen funcionamiento de la economía

de los estados, pero sí se puede afirmar sin género de duda que si los depósitos,

inversiones y sociedades estuvieran en sus países de origen, los ingresos que

generarían a los estados serían mucho mayores que los inmensos recortes que se están

viviendo como consecuencia de la crisis económica desde 2008.

En 1999 se conocieron datos que indicaban que en los paraísos fiscales se

guardaban nada menos que 4 billones de euros —aproximadamente la misma

cantidad del rescate financiero de diez años después—, pero desde entonces la cifra

no ha dejado de crecer, puesto que también se ha duplicado, incluso más, la cantidad de dinero en circulación. Según datos del FMI —otro de los organismos que

denuncian pero no hacen nada—, en los paraísos fiscales se encuentra una cuarta

parte del dinero que existe en todo el mundo, aunque no hacen alusión a si se trata del

dinero líquido (M1), el casi líquido (M2) o el poco líquido (M3). Sólo en las islas

Caimán se calcula que en la actualidad podrían gestionarse más de 2 billones de

euros, es decir, el doble de todo el dinero que existe en un país como España, que no

deja de ser la octava potencia mundial en términos económicos, y varias veces el

dinero que se necesitaría para que la ONU cumpliera los llamados «objetivos del

milenio», que no son sino objetivos que tienen como misión que no haya hambre en

el mundo.

Un informe de 2006 efectuado por la ONG Social Watch incide en esta realidad:

desde los paraísos fiscales podría salvarse al mundo entero de cualquier problema.

Siguiendo con estas comparaciones, que pueden provocar estupefacción y auténtico

enojo, en estas islitas de nada hay un total de sesenta veces el dinero que existe en

nuestro país. Pero pese a que esto lo saben los gobiernos, ahora asfixiados, en

realidad no se hace nada para evitarlo. Y esto, sin duda, no sería así de no ser porque

los grandes bancos del mundo —y también miles de empresas— tienen sucursales en

estos lugares y operan desde allí con el dinero que se encuentra en sus cuentas y

depósitos.

 

El caso de Julius Baer

 

Uno de los ejemplos que podemos poner es el de Julius Baer, un banco suizo de

inversión fundado en 1890 que opera en 68 países, entre los cuales se encuentran

varios paraísos fiscales como Bahamas. Ya de por sí, su sede central se encuentra en

un país con una legislación laxa en este sentido. Si yo tengo una inversión hecha allí,

en una cuenta en Suiza, ya habría logrado un alto grado de secreto y discreción. Y si

encima doy la orden a la sucursal de Suiza de que trasladen parte del dinero que

tengo a una sucursal de Bahamas porque dispongo de unos cuantos miles de euros

(bueno, en realidad quienes hacen esto cuentan con millones) que quiero invertir

porque me interesa su oferta, entonces lograré secreto sobre secreto. Es decir, que no

se enterará casi nadie. Como mucho, los empleados del banco que me gestionen estas

cuentas e inversiones…

La historia de este banco especializado en gestión de activos, inversiones,

consultoría y fondos dio un giro en el año 2005, cuando se fusionó con otros bancos

suizos y absorbió la empresa de gestión Global Asset Management (GAM), que

pertenecía al gigante bancario UBS, que como consecuencia de esa adquisición pasó

a tener el 21 por ciento de las acciones del banco. Recuerdo cómo me impresionó una

de las recomendaciones que efectuó un alto directivo de este banco a uno de sus analistas más preciados, el mencionado Michael Mayo: «Primero, decide tu postura,

y después busca razones que la sustenten». Si se lee dos veces esta máxima, uno no

puede más que horrorizarse, puesto que en realidad se le estaba pidiendo que fuera

aleatorio y que después intentara engañar al cliente del banco por el propio interés del

banco y no del cliente. Y es que aquí todos engañan a todos… «Lo segundo que

enfatizó mi jefe —continúa explicando Mayo— fue que había que ir de juerga con

los clientes, porque un filete y una cerveza significan más para algunos clientes que el

trabajo en sí. Después de una conferencia bancaria en Florida montamos una gran

fiesta de póquer en su habitación. Compramos patatas fritas, vodka y cajas y cajas de

cerveza helada. Al final de la noche tuvimos que sacarlo de allí en brazos,

literalmente, lo que ayudó a ganar puntos con los clientes». Y es que ésta es la

realidad. Luego, Mayo sufrió una severa reprimenda del jefe de UBS cuando efectuó

una mala calificación de un banco privado, KeyCorp: «Mi informe era bastante

comedido; decía que a la empresa le costaría crecer y que otros bancos eran mejores

inversiones. Sin embargo, KeyCorp no quedó contenta y cortó todos los negocios con

UBS. Ésa fue mi iniciación: di algo que no le guste a un banco y el banco se vengará,

aunque el razonamiento sea correcto». Y es que KeyCorp era una inversión de los

clientes de UBS, pero a la vez, KeyCorp también era cliente de UBS en otros

negocios, y así sucesivamente. Así son las cosas en este mundo perverso: al final

están todos unidos y entrelazados hasta hacer imposible la existencia de un bien

preciado que en el mundo del dinero ha desaparecido: la independencia. Finalmente,

UBS vendió dos años después su participación en Julius Baer, obtuvo unas plusvalías

importantes y corrió a invertirlas en otro sitio. Y así sucesivamente…

En enero de 2008, Julius Baer sufrió un pequeño cataclismo: uno de esos

empleados de subdivisión bancaria, Julius Bank, que sabía sobre los clientes que

depositaban sus ingresos en los paraísos fiscales se estaba yendo de la lengua. Hubo

amenazas, le pusieron detectives, denuncias… No se pudo hacer nada, y ese

empleado, llamado Rudolf Elmer, que había dirigido la oficina de Bahamas, entregó

parte de la información de la que disponía a Wikileaks, que por entonces aún no era

ni mucho menos conocido, pero la publicación —con nombres, apellidos y cantidades

— de aquellas órdenes de transferencia de dinero hacia el paraíso fiscal hizo un

enorme daño al banco, cuyos asesores legales lograron gracias a un juez de California

que se tomaron medidas cautelares, entre ellas el cierre de la página web del grupo,

que sin embargo, tras otra decisión legal, logró volver a aparecer en el mundo digital.

Posteriormente, en enero de 2011, Elmer compareció en una rueda de prensa para

notificar la publicación de nuevos datos y escritos. Aquello tuvo consecuencias

terribles para él, que incluso fue detenido por violar las estrictas leyes del secreto

bancario. El proceso aún está abierto…

Sin embargo, muy pocos medios de comunicación se hicieron eco del contenido

de aquellos informes secretos. Podría haber supuesto perder favores de aquellos

adinerados, anuncios publicitarios de las empresas que aparecían implicadas o favores de los políticos que habían acudido a Suiza para después hacerlo a las

Bahamas a través del complejo entramado de sociedades que trazan estos bancos. No

deja de ser sorprendente que uno de los clientes que invirtieron su dinero en Julius

Baer fuera, nada más y nada menos, que el Carlyle Group. En las informaciones que

fueron dadas a conocer se incluyen los contratos entre el banco y el fondo para que

los primeros —denominados allí TCG Ventures Limited, enlazada con otras oficinas

situadas en la City de Londres, en donde como antes decía existen también lagunas

legislativas intencionadas— gestionaran desde 1997 parte del dinero desde el paraíso

fiscal; también hay transferencias de varias decenas de miles de dólares desde cuentas

en bancos suizos a la cuenta de las Bahamas, y resúmenes de reuniones entre los

enviados de Carlyle y los responsables del banco en Caimán, así como los contratos

efectuados entre TGC Ventures y Julius Baer para gestionar una cantidad de dinero

que en un documento se cifra en 1200 millones de dólares que fueron invertidos el 30

de junio de 1997. Y es que la vinculación de Carlyle con los paraísos fiscales no se

limita a lo señalado. Viene de lejos. Viene —no lo olvidemos nunca— de una

empresa liderada por una familia que estuvo doce años al frente del país más

poderoso del planeta…

Pero el asunto de los paraísos fiscales ha ido más lejos.

 

Los paraísos fiscales camuflados… aquí mismo

 

Imagine el lector que tiene una empresa con tres sedes. La primera está ubicada en

donde realiza su actividad, y la segunda es una filial en la que tiene un solo trabajador

pero que obtiene unos beneficios de 5333 millones de euros. Podría pensarse que ese

trabajador es un hacha y sabe hacer dinero sin medida. Al tratarse de una inversión,

incluso ha obtenido una ayuda del gobierno por dar trabajo a una persona. Ganando

tanto dinero, no tendría mucho sentido que pidiera los tres mil euros que podría

percibir en subvenciones para sustentar ese puesto de trabajo. Pero aun así, lo hace.

Pongamos por caso que la empresa filial se encuentra en España, en donde el

Impuesto de Sociedades —la declaración de la renta de las empresas— le exige pagar

al fisco un 25 por ciento de sus beneficios. Así pues, esa empresa dará a las arcas del

Estado algo más de 1500 millones. Pero no. No paga eso. Incluso si su trabajador

cobra 44 000 euros pero su labor ha tenido más gastos de los esperados, hasta podrá

conseguir que se le devuelva dinero. Qué locura…

El problema es que esa locura ocurre. Como ya he explicado a lo largo del libro,

en los ochenta el mundo financiero se abrió en canal a la estafa moral gracias a que se

permitieron determinadas prácticas que en los noventa se desarrollaron aún más. Es

aquí en donde entra la tercera —y más importante— sede del grupo. Es la central. La

madre; la matriz, como se suele llamar en estos casos. Sus directivos están ahí. Son de ese país, pero tienen un equipo de asesores que se pasa media vida buscando

trucos para conseguir un mayor beneficio. Cuando lo encuentran —aunque siendo

sinceros, encuentran lo que alguien puso ahí con la intención de que fuera localizado

— deciden abrir las otras dos sucursales de su empresa, porque averiguan que si se

imputan los beneficios a la segunda, ésta podría «inventarse» un pago a la tercera, en

donde tenemos un solo trabajador que únicamente se dedicará a pulsar un botón en su

ordenador para autorizar la recepción de ese ingreso que, una vez contabilizado y

metido en las cuentas, queda libre de mácula. Porque donde se encuentra esta sede,

ese envío de dinero y ese beneficio, al ser un país extranjero, y al no haberse

producido directamente allí, queda libre de tributar. Así las cosas, esos más de 1500

millones no pasan al erario público y pueden remitirse sin problema a la sede central,

en donde, al llegar de donde proviene, sólo paga la mitad de lo especificado por la ley

para otros casos. Quizá usted, acostumbrado a cobrar y pagar una parte proporcional

fija, se esté perdiendo…

El lugar del que estamos hablando es España, un país en el cual veintiuna de las

treinta y cinco empresas más importantes cuentan con sucursales en los paraísos

fiscales a los que se ha hecho alusión. Un país en el que la clase política dice luchar

—a golpe de titular, pero sólo con la intención de dar la sensación de que se combate

esta lacra— contra los paraísos fiscales pero que a la vez, en determinados casos, lo

es él mismo para empresas extranjeras desde 1986. Esas empresas sólo tienen que

cumplir un requisito: no realizar actividad en España. Ése es el caso, por ejemplo, de

la mayor petrolera del mundo, EXXonMobil. Que es, a su vez, una de las mayores

empresas del planeta. Sus pozos petrolíferos están esparcidos por medio mundo y

generan un dinero incalculable. Sus gestores descubrieron en España una fórmula

legal para constituir sociedades que se denominan Entidad de Tenencia de Valores

Extranjeros (ETVE) que existe desde el año 1986. Sobra decir que este tipo de

empresas son legales, aunque rozan la inmoralidad.

La sucursal de la empresa en España generó unos beneficios en 2009 de 5333

millones de euros. No está mal para una empresa con un solo trabajador y que no

tiene en nuestro país ni una sola torre, ni una sola refinería, ni una sola prospección…

Entonces, ¿cómo ganan tanto dinero? La realidad es que no lo ganan, salvo en forma

de dividendos por su participación en el holding que agrupa a todas las empresas de

EXXonMobil, que tiene en Luxemburgo su sede central. Luego, ese dinero es

transferido a la empresa norteamericana. Las leyes permiten este paso fugaz del

dinero con excención de impuestos mediante las ETVE tanto en el país de origen

como en el país en que está el dinero que se va a pagar. Que en España se pueda

hacer esto es, sin duda, una licencia que se permitió a gobiernos poderosos para que

sus empresas pudieran trabajar con más libertad.

Además, existe en España una versión similar para las empresas patrias. Son las

llamadas SICAV (Sociedad de Inversión de Capital Variable), que trabajan sobre

valores mobiliarios y activos financieros. Son un instrumento perfecto para dar liquidez a los inversionistas y garantizar el ahorro gracias a las escasas medidas

impositivas que tienen. Muchas de ellas están vinculadas a grandes empresas que

constituyen una SICAV para efectuar sus operaciones financieras. Se requiere una

gran cantidad de dinero para crear una SICAV, ya que se exige depositar 2,4 millones

de euros, que es el capital mínimo que requieren para echar a andar. Tienen algunas

limitaciones para invertir —un porcentaje del capital—, pero los beneficios que

generan sólo tienen que pagar un 1 por ciento en impuestos, frente al 25 por ciento de

los beneficios que deben declarar en el Impuesto de Sociedades la mayor parte de las

pequeñas y medianas empresas, muchas de ellas unipersonales y vinculadas a un

trabajo profesional en concreto. Para los muy ricos es una suerte de paraíso fiscal en

tu propia tierra, mientras que para el Estado, el beneficio que se obtiene por tanto

dinero en movimiento es verdaderamente escaso. Y es que ésta es una de las

transformaciones que se están viviendo en los últimos años: la aparición de

mecanismos legales y poco complejos para no tener la necesidad de irse a lejanos

paraísos fiscales, ya que la presión que efectúan a los gobernantes es suficiente para

acogerlos en estas falsas islas en mitad del océano que son los países… buenos.