Brujas
Capítulo VIII
La causa de este horror fueron siglos de misoginia masculina, contra el sexo femenino, incitada desde tiempos antiguos por filósofos, gobernantes, clérigos y moralistas a partir de la idea de que el pecado original era la causa de todas las desgracias humanas y de que el mismo había sido provocado por la mujer, no por el hombre. Durante mucho tiempo se mantuvo la idea de que la mujer no estaba hecha, como el hombre, a semejanza de Dios y que, además, estaba maldita: « pues como de las ropas nace la polilla, así de la mujer nace la malicia del hombre» ( Eclesiastés 42,13). San Clemente afirmó que « las mujeres deberían avergonzarse por el hecho de ser mujeres» y, de muchos es conocida la disputa que enfrentó a los asistentes al Concilio de Marcón, en el siglo VI, sobre si la mujer tenía alma o no. Personajes de reconocida influencia, como Santo Tomás de Aquino, afirmaron que la mujer era un ser débil e inconstante, psíquicamente inferior, un hombre malogrado, y San Juan Crisóstomo aseguró que « toda brujería se debe a los apetitos carnales de mujeres que sólo son criaturas insaciables». Sprenger e Institoris, en su Malleus Maleficorum, insisten una y otra vez en el carácter femenino de la brujería porque « el sexo femenino está más relacionado con las cosas de la carne que el masculino, porque están formadas de la costilla de un hombre. Son sólo animales imperfectos y aviesos, mientras que el hombre pertenece al sexo privilegiado del que Cristo emergió».
En 1435, el dominico Johan Nieder escribió un libro titulado
« Formicarius» sobre brujas en el que afirmaba que la constitución pecadora de la mujer inducía a la inestabilidad y debilidad moral frente a Satanás y enumeraba siete formas de hacer el mal:
—Provocar el amor ilícito
—Suscitar el odio
—Impedir el acto sexual
—Provocar la enfermedad
—Hacer enloquecer
—Hacer morir a la gente de forma dolorosa
—Arruinar los bienes materiales
Con éstos y otros ejemplos, no es de extrañar que muchos temblaran ante la sola idea de toparse con una bruja, que los poderes civiles y religiosos se tomaran muy en serio su papel de salvadores del género humano y que se establecieran las bases para que en los siglos XVI y XVII se desencadenara la histérica caza de brujas en toda Europa que llevó a la muerte a miles y miles de personas inocentes.
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