Brujas
Capítulo XII
El manzano no era de por sí un árbol sagrado, pero su fruto tenía connotaciones brujeriles. A pesar de que existe la opinión generalizada de que el «fruto del bien y del mal» del paraíso fue una manzana, en realidad el Antiguo Testamento no la menciona para nada. De hecho, durante mucho tiempo se especuló sobre cuál podría haber sido hasta que San Jerónimo decidió que había sido una manzana y ésta quedó para siempre ligada a Eva y, también, a la perdición del hombre. Con una manzana amarga —y también con pan de mijo negro— las brujas atraían a los niños al akelarre.
Un mito que se ha conservado hasta nuestra época pues también es una manzana envenenada la que la bruja da a Blancanieves, cuento escrito por los hermanos Grimm, quienes se inspiraron en viejas leyendas alemanas para sus narraciones. Aquí también debió haber brujas y Blancanieves pues una joven de Baiona enfermó de epilepsia para toda la vida nada más dar un mordisco a una manzana que le habían regalado en el mercado tres brujas de nombres Galanta, Dariolette y Mandibouru. Narración cuya procedencia se debe al inefable De Lancre, fuente inagotable de estupideces que nos haría reír si no fuera por las terribles consecuencias que provocó. En nuestra tierra era costumbre santiguarse antes de comer la primera manzana de la temporada.
Existen pocas leyendas con el árbol como protagonista, pero alguna hay, como aquélla en la que, tras una comida, los dueños de la casa echaron en falta una bandeja de plata. La mujer soltó entonces una maldición contra quien hubiese robado el objeto y poco después se secó un árbol que había en el jardín. Entre sus ramas encontraron la bandeja, que alguien había olvidado. O la del arriero que, subido a un árbol, escuchó decir a una bruja la frase más célebre de la fabulación brujeril vasca: sasi guztien gainetik eta odei guztien azpitik «por encima de todos los matos y por debajo de todas las nubes», fórmula mágica para acudir al akelarre. El hombre se confundió,
lo dijo al revés: «por debajo de los matos, por encima de las nubes» y llegó a la asamblea de las brujas hecho una pena, con el cuerpo golpeado y arañado.
También existía otra fórmula, más sencilla, para acudir volando al akelarre: hemen eta han «aquí y allí».
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