Brujas

Toti Martinez de Lezea · Capítulo 18 de 48

Páginas del PDF

Brujas

Capítulo XVII

En Euskal Herria, en épocas no tan antiguas, aún se conservaba la tradicional visita a la madre recién parida. Era una reunión de parientas, vecinas y amigas que llevaban gallinas, huevos, dulces y vino y en laque no dejaban participar a los hombres. Se desconoce la razón por la que el Fuero de Bizkaia prohibió dicha costumbre. Tal vez los legisladores creyeron que era «cosas de brujas» al tratarse de un encuentro festivo sólo de mujeres.

Labayru recoge en su Historia de Bizkaia una de las Ordenanzas de Bilbao que tiene el curioso encabezamiento: « Mugeres no bayan a visitar a las paridas más de seis».

En nuestra época ha vuelto a cobrar protagonismo la celebración de los akelarres como atracción turística o simple fiesta popular, sólo que esta vez nada tiene que ver con la pervivencia de las viejas costumbres, el conocimiento heredado, la transmisión de narraciones, epopeyas, cantos y versos. Los actuales akelarres son espectáculos folklóricos en los que los actores gritan y bailan alrededor de una fogata e incluso, en algunos de ellos, aparecen mozas medio desnudas y personajes disfrazados de machos cabríos, cuernos incluidos. Se reproduce el esperpento imaginado por los cazadores de brujas que llevó a miles de inocentes en toda Europa a morir quemados en la hoguera y se olvida el verdadero significado de aquellas asambleas que tenían lugar en nuestras zonas rurales: la transmisión del saber y la memoria populares.

El personaje principal del akelarre era, sin duda, Akerbeltz, el macho cabrío negro, cuya forma adoptaba el Diablo para mostrarse ante sus acólitos. Satán —«el adversario» en arameo; etsaia, «el enemigo» en euskara— emergía envuelto en una nube de azufre; y era, según los

testimonios: de gran tamaño, mitad hombre, mitad animal, de color negro, con los ojos rojos, echando fuego por la boca y dos cuernos en la frente.

Según declaraciones recogidas en diversos procesos, aterrorizaba incluso a los propios brujos y brujas que esperaban anhelantes su presencia. Algunos testimonios, sin embargo, difieren sobre el aspecto del Maligno. Como el de un joven guipuzcoano de catorce años, que aseguró ante los inquisidores que el Diablo traía cinco cuernos en la cabeza y en medio una vela de pez encendida. Aunque también podía tener sólo tres como los diablos que, decían en Dima, Bizkaia, se aparecieron a un carbonero en el barranco de San Lustrei.

La descripción del aspecto físico del Diablo no comenzó a perfilarse hasta después de haber sido escrito el Malleus Maleficorum que, rápidamente y gracias a la imprenta, se convirtió en el libro de cabecera de inquisidores y cazadores de brujas. Hasta entonces variaba la iconografía que representaba al Príncipe de las Tinieblas, si bien en el primer Concilio de Toledo, en el año 447, ya se le describió como una monstruosa aparición con cuernos en la cabeza, pezuñas partidas, un enorme falo y olor sulfuroso.

Sin embargo, en muchos códices e imágenes aparecía como un ángel muy hermoso, el más hermoso de todos. No en vano, Lucifer significa en latín

«el que brilla», «el que trae la luz» o «el lucero de la mañana», es decir: Venus. El nombre de Lucifer para designar al Diablo no aparece en el Antiguo Testamento hasta el siglo V, debido, además, a una mala traducción del hebreo al latín por parte de San Jerónimo. No deja de ser curioso, sin embargo, que al representante del mal supremo le fuera adjudicado el nombre de Venus, la diosa de la belleza y del amor, pero también la homóloga de la Ishtar de los babilonios, la Astarté de los fenicios y la Isis de los egipcios, Diosas Madres de las antiguas religiones, al igual que nuestra Amari.

En la Biblia se hace referencia una vez al macho cabrío, en Levítico: 16:7 Después tomará los dos machos cabríos y los presentará delante de Jehová, a la puerta del tabernáculo de reunión.

16:8 Y echará suertes Aarón sobre los dos machos cabríos; una suerte por Jehová, y otra suerte por Azazel.

16:9 Y hará traer Aarón el macho cabrío sobre el cual cayere la suerte por Jehová, y lo ofrecerá en expiación.

16:10 Mas el macho cabrío sobre el cual cayere la suerte por Azazel, lo presentará vivo delante de Jehová para hacer la reconciliación sobre él, para enviarlo a Azazel al desierto.

El macho cabrío destinado a Jehová era sacrificado y su sangre era la expiación a favor de los hijos de Israel. El otro animal era enviado al desierto tras haber sido confesados los pecados del pueblo sobre su cabeza; éste sería el chivo expiatorio, el macho cabrío emisario para Azazel, uno de los nombres que se le dan al demonio.

OceanofPDF.com

OceanofPDF.com