Brujas
Capítulo XL
La puesta en escena en el caso de un Auto de Fe general era muy espectacular y se esperaba que las poblaciones acudieran a presenciarlo como ejemplo de lo que podía ocurrirle a quien se desviara de la ortodoxia obligada. Solía celebrarse en ocasiones especiales como la visita del rey o de importantes cargos eclesiásticos a una determinada localidad, o también con motivo de una boda real. En este caso el ritual duraba horas y comenzaba por una procesión hasta el lugar del acto.
Dos meses después del Auto de Logroño celebrado en noviembre de 1610 contra las brujas y brujos vascos, el humanista Juan de Mongaston publicó una relación de lo acontecido. No se trata de habladurías, de recuerdos, de memorias no contrastadas, sino de un interesante testimonio de primera mano del que, a continuación, se transcribe un párrafo:
«Este Auto de Fe es de las cosas más notables que se han visto en muchos años, porque a él concurrió gran multitud de gente de todas partes de España y de otros reinos; y sábado o días del mes de noviembre se comenzó el Auto con una muy lucida y devotísima procesión en que iban, lo primero, siguiendo un rico pendón de la cofradía del Santo Oficio hasta mil familiares, comisarios y notarios de él, muy lucidos y bien puestos, todos con sus pendientes de oro y cruces en los pechos. Después iban gran multitud de religiosos de las Ordenes de Santo Domingo, San Francisco, la Merced, la Santísima Trinidad y la Compañía de Jesús, de los cuales hay conventos en la dicha ciudad; y para ver el dicho Auto, de todos los monasterios de la comarca había acudido tanta multitud de religiosos, que vino a ser tan célebre y devota esta procesión como jamás se ha visto. Al cabo de ella iba la Santa Cruz verde, insignia de la Inquisición, que la llevaba en hombros el guardián de San Francisco, que es calificador del Santo Oficio, y delante iba la música de cantores y ministriles y cerraban la
procesión dos dignidades de la Iglesia colegial y el alguacil del Santo Oficio con su vara, y otros comisarios y personas graves, ministros del Santo Oficio, que todos en muy buen orden llevaron a plantar la Santa Cruz en lo más alto de un gran cadalso de ochenta y cuatro pies en largo y otros tantos en ancho, que estaba prevenido para el Auto, y con vistosos faroles y familiares de guarda, estuvo toda la noche, hasta que el día siguiente, luego que amaneció, salieron de la Inquisición».
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