Brujas
Capítulo XXVI
La elaboración de filtros de amor, polvos para enamorar o conseguir el amor de la persona deseada también era propio de las herboleras. Era una práctica bastante solicitada por hombres y mujeres que buscaban ser correspondidos y que, como puede comprobarse fácilmente en revistas, periódicos e Internet, continúa siéndolo. A fin de cuentas, el ser humano siempre ha querido amar y ser amado, hoy, hace quinientos años o mil.
En las actas de los procesos no se conserva ninguna receta original ni de filtros amorosos ni de venenos, así que resulta difícil enunciar cualquier suposición. R. M. de Azkue menciona una amodio-belarra hierba del amor, que podría ser de la familia de las ranunculáceas, vulgar pasto, que se introduce en el bolsillo de alguien cuando se le quiere enamorar.
Existen multitud de plantas con propiedades estimulantes y afrodisíacas pero, teniendo en cuenta que las herboleras vascas sólo podrían utilizar las que tenían a mano, sus formulas amorosas se limitarían a cocciones de albahaca, verbena, ajo, anís, higos o manzanas. Estas plantas y frutos tan comunes en nuestra cocina son todas vigorizantes y, concretamente, de la verbena se decía que podía enamorar con sólo frotarse las manos con ella y pasarlas por el rostro de la persona indicada.
Otra acusación habitual en los procesos de brujería era la capacidad de las maléficas para levantar tempestades, sobre todo en las localidades cercanas al mar. Según confesión de la propia María de Zozaya, cuando las brujas querían hundir un barco bailaban alrededor de un cubo de agua y levantándose las faldas decían «¡ Aire! ¡Aire!» e inmediatamente se desencadenaba la tormenta. Por supuesto, ningún acusador se molestó en averiguar si había habido recientemente algún naufragio cerca de las costas cantábricas o si algún barco no había llegado a buen puerto. La mar océana era muy extensa y el mal podía haber tenido lugar en cualquier parte del mundo. La falta de testimonios no eximía a las inculpadas puesto que su poder para provocar tempestades había quedado sobradamente demostrado.
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