Brujas
Capítulo XI
En algunos lugares quedan, no obstante, algunas de las viejas costumbres.
En Larrabetzu, Bizkaia, hay quienes todavía encienden fuegos en las cuatro esquinas de sus campos para hacer huirá las brujas y obtener de este modo una buena cosecha. En Oiartzun, Gipuzkoa, los jóvenes recorrían los campos y encendían fogatas para ahuyentar a las brujas al tiempo que cantaban la siguiente tonadilla, recogida por R. M§ de Azkue en su obra: San Juan, San Juan eldu da, sorgin begia galdu da; galdua bada, galdu bedi. Sekulan agertu ezpaledi! «San Juan viene, el ojo de las brujas se ha perdido; si se ha perdido, piérdase. ¡Ojalá no aparezca nunca!».
También se creía que era preciso recolectar antes de la víspera de San Juan las plantas utilizadas en la medicina casera porque esa noche las brujas orinaban sobre las mismas y éstas perdían su aroma y sus propiedades medicinales. En Gipuzkoa se decía lo mismo de las nueces negras; que eran de ese color y duras por la orina de las brujas.
Otras plantas relacionadas con la brujería eran el ajo, las almendras, la lavanda, la mirra, la artemisa, el cardamomo, la menta, el diente de león y el eléboro.
Los árboles fueron desde la antigüedad aliados de los seres humanos: los cobijaron y les sirvieron de atalayas para evitara las fieras; utilizaron su madera para calentarse, para construir cabañas, para fabricar lanzas, arcos, telares y utensilios; sus hojas, capullos, cortezas y raíces les proporcionaron remedios curativos. Los antiguos creían que el árbol era la planta divina por excelencia puesto que sus raíces se hundían en la tierra y sus ramas alcanzaban el cielo haciendo de esta manera de puente entre lo terrenal y lo celestial. Ignoro si los leñadores siguen la tradición, pero antaño solían
descubrirse la cabeza antes de talar un árbol y decían: guk botako zaitugu eta barkatu iguzu «nosotros te derribaremos y perdónanos».
El roble era considerado un árbol sagrado en Galia y en Grecia, pues las sacerdotisas interpretaban los mensajes y augurios de los dioses a través del ruido que el viento producía al batir las hojas de este árbol. En Euskal Herria, el roble ha sido el árbol sagrado por excelencia y bajo sus ramas se reunían las juntas de las merindades para dictar leyes y se juraban los cargos legisladores. El más famoso de todos es, sin duda, el de Gernika.
Según el Fuero de Bizkaia, ningún vizcaíno podía ser capturado por delitos sin ser antes emplazado ante él, excepto… las personas acusadas de brujería.
El fresno, como casi todos los árboles autóctonos, tiene unas connotaciones mágicas muy especiales en el país de los vascos, probablemente heredadas de la tradición celta y forman parte del llamado
«ramo de San Juan» o «hierbas de San Juan», que se coloca en las puertas de las casas durante un novenario para evitar todo tipo de males.
Contaban que la bruja de Gorriti estaba una noche sentada sobre un fresno en Baraibar, Navarra. El pastor de Dendariena había perdido sus ovejas y la bruja hacía sonar su cencerro desde el fresno. Al verla, el pastor empuñó su escopeta y la mató.
—Dispara otro tiro —le dijo la bruja.
—Te basta con uno —le respondió el pastor.
Aseguraban que de haber disparado una segunda vez, la bruja hubiera sanado.
Era creencia en algunas zonas de Euskal Herria que a las brujas había que golpearlas a nones, no a pares: « Sorgina bakotxi yo bear zela, ez biritxi».
Hayas y nogales también fueron reverenciados como sagrados, así como el espino albar, arantzuri, que se colocaba en las puertas para evitar la entrada de las brujas en las casas, y el laurel, utilizado por las agoreras para provocar visiones debido a sus propiedades ligeramente narcóticas.
En Oñati, Gipuzkoa, se decía que, en una ocasión, Mari apareció en forma de árbol que despedía llamas por todos sus lados, avanzando velozmente por el aire. Otra vez apareció nuevamente en forma de árbol,
cuya parte delantera asemejaba al de una mujer y se dirigió a Gaiztozulo
«cueva de la Maligna», y al ocultarse en aquel antro se produjo un gran estampido.
El tejo era un árbol sagrado en la cultura celta y se dice que todas las tribus del norte de la Península Ibérica, incluidos los vascones, elaboraban un veneno con sus semillas y raíces para untar las puntas de sus flechas o suicidarse de manera colectiva, como ocurrió en varias ocasiones durante las guerras astur-cántabras. Asimismo, las bayas rojas que rodean a las semillas, a pesar de su color, no son venenosas, pero su ingesta puede producir alucinaciones y no hay duda de que los antiguos lo sabían.
El avellano, cuyo fruto, al igual que las castañas y las nueces, fue utilizado como alimento básico durante siglos, tenía igualmente connotaciones mágicas. Se creía en una asociación entre el avellano y la fertilidad, y a las mujeres estériles se las azotaba con varas de este árbol para hacerlas fértiles. También era de avellano la vara utilizada por los zahoríes y, decían, que con las ramas de dicho árbol se fabricaban las brujas sus escobas para trasportarse, si bien otras fuentes aseguran que utilizaban las del sauce, y otras, las del abedul… El inquisidor De Lancre, sin embargo, afirma que las brujas vascas preferían los palos de
« souhandourna» cornejo.
En Lapurdi y Xiberua al cornejo común se le denomina zuhaitz madarikatua árbol maldito, que en Gipuzkoa recibe el apelativo de zuandoro zumandor. Se decía que con un leño de este árbol habían golpeado a Cristo el día de su muerte y que era utilizado por las brujas para volara los akelarres.
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