Brujas

Toti Martinez de Lezea · Capítulo 5 de 48

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Brujas

Capítulo IV

Decían en Amezketa, Gipuzkoa, que Mari vivía siete años en Txindoki y otros siete en Murumendi. Como ya se ha comentado, si se encontraba allí el día de la Santa Cruz había que hacer un conjuro antes de que saliera de la sima, de lo contrario, aquel año abundaría el trueno. Ese lugar es conocido por el nombre de «Sima del Diablo».

En Ataun, Gipuzkoa, existe otra leyenda que hace referencia al aspecto

«brujeril» de Mari. Cuentan que en un caserío de Beasain vivía Mari casada con un buen hombre, un buen cristiano, al que había dado cinco hijos y que no habían sido bautizados porque ella se negaba a hacerlo. Un buen día el padre los subió a un carro y ató a él a la madre con intención de acudirá la iglesia para que los niños fueran bautizados. Pero en el camino la mujer se envolvió en llamas, quemó las ligaduras que la mantenían sujeta y volando por los aires gritó: « Mis hijos para el cielo y yo ahora para Muru». Voló hacia el Murumendi y allí continúa. Decían algunos que la habían visto cerca de la cueva peinándose su cabellera rubia con un peine de oro.

Esta leyenda se repite en otros lugares de la geografía vasca. El peine de oro es una constante, tanto cuando se hace referencia a Mari, como a brujas y lamias, sus servidoras. Pero también lo es en otras culturas tan diferentes como la celta o la mapuche. Los astures creían que la diosa Deba peinaba sus largos cabellos rubios al lado de los ríos y de las fuentes. Si algún guerrero tenía la mala fortuna de apercibirla lavando sus ropas en el río, la víspera de una batalla, podía estar seguro de que moriría en la lucha.

Curiosamente, en Euskal Herria existe una población y un gran río llamados Deba; una prueba entre otras —como el lauburu, el tetraskel astur— de la influencia celta en nuestra tierra, menor que en Galicia y Asturias, pero presente en algunas de las creencias arcaicas.

En zonas de nuestra orografía, existía el recelo a recoger un peine que estuviese en el suelo por temor a que apareciese una lamia a reclamarlo.

Hay leyendas donde aparecen pastores y pastoras que encuentran peines y los recogen siendo más tarde perseguidos por las lamias hasta que se los devuelven.

Algunos historiadores de la religión sospechan que, en cierta época, el peine de oro pudo tener un doble significado simbólico: el erotismo —

atracción hacia la hermosa lamia-mujer que se peina desnuda— y la ambición por el metal con el que está fabricado. También señalan el hecho misterioso de que, durante la Edad Media, en muchas de las vidrieras de las iglesias más antiguas aparecieran inconfundibles imágenes de peines. Puede que el mito de Lilith estuviera todavía muy vigente.

A Lilith, «el ser de la noche», se la conoce por una breve mención en el Libro de Isaías (34,14) del Antiguo Testamento:

« Perros y gatos salvajes se reunirán allí, y se Juntarán allí los sátiros.

También allí Lilith descansará y hallará su lugar de reposo». Según algunas fuentes, en el primer pasaje del Génesis (1,27-28) se recogería la creación de Lilith: « Dios creó, pues, al hombre, a su Imagen, conforme a la imagen de Dios los creó macho y hembra». Esta primera mujer sería hecha cual Adán, a imagen y semejanza del Creador, pero su carácter rebelde e insumiso la obligaría a marchar del paraíso dando paso a Eva, mujer creada a partir de una costilla de Adán y para servirle, punto que recoge el segundo apartado del Génesis (2,18):

« Y dijo el Señor Dios: No está bien que el hombre esté solo; le haré una ayuda semejante a él».

Si bien no se encuentra ninguna referencia a Lilith en la versión cristiana, sí se conserva en el Talmud. Este mito habría sido adoptado por los judíos durante los años de cautiverio en Babilonia, donde se creía en la existencia de un ser maligno llamado Lamastu, hija del dios del cielo, que se introducía en las casas para robar o matar a los niños recién nacidos o, todavía, no natos. Las muertes infantiles y los abortos naturales eran achacados a este personaje, además de culparlo de provocar la enfermedad

o la esterilidad en los adultos, acusaciones que muchos siglos después recaerán sobre las parteras y herboleras imputadas por brujería.

En la versión judía, Lilith es una criatura de fascinante hermosura que se convierte en un ente maléfico, en un ser de la oscuridad, emparentada con la Gran Madre de las civilizaciones antiguas. Asimismo se la ha comparado con las terribles lamias de la tradición grecorromana discípulas de la reina Lamia, amante de Zeus, con quien tuvo varios hijos que fueron asesinados por la diosa Hera. Por despecho, la hermosa Lamia se transformó en un ser monstruoso que devoraba a sus hijos y a los hijos de otras madres. Otro tanto se ha hecho con las lamias de las creencias medievales, seres de rostro de mujer y cuerpo de dragón, maléficas féminas que se alimentaban de niños y tenían como distintivo un peine de oro, estando muchas veces provistas de pezuñas en los pies, como las cabras, o de membranas entre los dedos, como las ocas.

Existe una gran semejanza entre Lilith, las xanas astures, las anjas cántabras, las dones d’aigüa catalanas, las mouras gallegas y portuguesas y las lamias vascas. Hadas o ninfas de la Naturaleza, servidoras de la diosa Mari, que castigaban y premiaban a los humanos, transmutaban el carbón en oro, habitaban en montañas y cuevas, en manantiales y fuentes, y a menudo aparecían hilando o alisando sus largos cabellos con peines de oro o recorriendo los cielos en forma de hoz de oro o fuego, arrastrando consigo tempestades. Nuestra geografía está plagada de fuentes, pozos y puentes de las lamias y, en muchos casos, en las historias se las confunde con la propia Mari y también con las brujas, sorginak.

En la mitología antigua existía asimismo una diosa «oscura» del inframundo que griegos y, sobretodo, romanos veneraron ya laque los hebreos asimilaron a Lilith: Hécate. Con poder para evitar o permitir que el mal saliese del mundo de los muertos, pudo tener su origen en Tracia, una amplia región que se extendía en parte de las actuales Grecia, Bulgaria y Turquía, muchos de cuyos dioses míticos fueron adoptados por la cultura helénica. Era una Diosa Madre, protectora de las parturientas, representada como una diosa triple: hija, madre y abuela o también con tres cabezas: una de perro, otra de serpiente y una tercera de caballo. Posteriormente, fue asociada con la brujería y su culto persistió hasta la Edad Media.

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