Crezco

Ben Brooks · Capítulo 14 de 37

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Crezco

Segunda parte - Exhumación y fuego

SEGUNDA PARTE

EXHUMACIÓN Y FUEGO

14

 

Mamá y Keith están montando una estantería de Ikea en el salón. De momento, parece un barco. Keith no para de soltar tacos. Mamá suspira. En el caso de que llegara el apocalipsis, los dos estarían jodidos porque les faltan las habilidades prácticas necesarias para sobrevivir en nuestro futuro distópico. Un hombre capaz de matar leones con las manos probablemente les dispararía y los despellejaría. Se haría un impermeable con sus pieles.

Estoy en la cocina con un libro de texto de alemán, sin estudiar. Es más divertido observarles. Un salón diáfano es como un cine barato.

—Keith, ¿dónde está el A4? —pregunta Mamá.

—No hay ningún A4, cariño.

—Pero, mira.

Le pone las instrucciones a Keith en la cara. A mi madre no le gustan las instrucciones. Las llama destrucciones. Es un chiste. La gente cuenta chistes cuando no sabe qué otra cosa hacer. En los hospitales se cuentan muchos. No suelen ser demasiado buenos.

—Están mal —dice Keith—. Las instrucciones están mal.

Mamá está horrorizada.

—Voy a llamar a Ikea —dice—. Me pienso quejar de que no sale el A4.

Keith sonríe.

—A cuatro patas te pondré yo luego.

Se ríen. A Keith ni siquiera se le dan bien los juegos de palabras. No tengo ni idea de qué le ve Mamá. Igual la tiene como la trompa de un elefante.

—Perdonad —digo—. Hola. Soy Jasper, tu único hijo, y estoy intentando estudiar.

—Ah —exclama Mamá.

—Nos tendremos que poner de cara a la pared, cariño.

Se besan. Asqueroso. Subo a mi habitación.

Mi móvil está encima de la cama. Vibra. Da vueltas sobre la almohada como un molinillo. Es Tenaya.

—¿Jasper? —dice.

—Mis padres están intentando montar muebles —le comento—. Keith ha hecho una broma y se han besado. Es asqueroso.

—Estoy pensando en Tom.

—¿Aún?

—Compartimos cosas importantes durante mucho tiempo, Jasper. Es normal que piense en él.

Suspiro profundamente junto al teléfono.

—No era un buen novio. Es una persona irritante.

—Jasper, no me estás ayudando.

—¿Con qué tengo que ayudarte?

—No sé qué hacer.

—Me queda medio gramo. Si quieres, te lo puedo llevar.

—Arg.

Cuelga.

No sé qué he dicho. He hecho lo que he podido. Lo intento. Tienes que intentar entender a los demás, Jasper. Imagínate que eres la otra persona.

Tom era mi novio y ya no lo es. Quería mucho a Tom. Tom me engañó. Tom me dejó. Tom tiene unos pómulos geniales. Tom seguramente será un rico vendedor de arte. No sé qué hacer ahora. Tom. No sé qué hacer ahora. Le quería.

Julia: empatía.

Tenaya: heridas en los brazos.

Radio: el estado mental de los adolescentes que se autolesionan puede deteriorarse si no reciben la ayuda que tan claramente están pidiendo al hacerse daño Oh.

OH.

Bajo corriendo y me lanzo a la calle por la puerta principal. Le grito adiós a Mamá. Corro a toda velocidad. Soy un anuncio de zapatillas Nike.

Subo por nuestra calle, giro a la izquierda en el Hungry Horse, paso el instituto, paso a una mujer con un piercing monroe y un cochecito vacío, paso a dos hombres que beben cerveza barata sentados en una tapia, paso la iglesia baptista y el Happy Shopper y la casa de Ben McKay.

La casa de Tenaya.

Me lanzo hacia la valla del jardín. Sus padres crían gallinas por si llega el apocalipsis. Veo a Tenaya de espaldas a mí detrás de las puertas acristaladas de la cocina. Probablemente tendrá la mano llena de paracetamol. Tengo que detenerla.

Cosas que veo cerca de las puertas acristaladas:

Pala

Planta de marihuana

Banco

Cubo de plástico

El cubo de plástico es la única opción. Ni unas mancuernas, ni una pluma. Lo cojo y abro las puertas acristaladas. Le pongo el cubo en la cabeza y hago toda la fuerza que puedo hacia abajo. Grita. Se da la vuelta para ponerse de cara a mí. No ha funcionado. ¿Lo intento otra vez?

—JASPER, ¿QUÉ CONO HACES?

—Mmm.

—¿Qué coño estás haciendo?

La cojo de las muñecas y se las aprieto. Sus manos se abren como flores. No lleva paracetamol.

—Dijiste que te ibas a suicidar —exclamo.

Tenaya se sonroja.

—No dije eso.

—Lo estabas pensando.

—No.

—Sé que lo pensabas. He aprendido a empatizar.

—Cállate, Jasper.

Se sienta en uno de los taburetes de la cocina. Me quedo de pie.

—No sé nada —dice.

—Tenía miedo —le confieso—. Jonah es asqueroso y Ping tiene a Ana.

—A veces… —dice—. No lo sé.

—Yo tampoco. Pero te dije que me mandaras un mensaje cuando te pasara. Compraré el vino ese de dos por cinco libras de Imran y podemos ver Dentro del laberinto en tu cama y te dejaré que me depiles las cejas.

—Te he llamado.

—No me había quedado muy claro.

—Vale.

—Voy a poner un poco de agua a hervir.

Esto es lo que la gente dice cuando quiere que alguien sepa que todo va a salir bien pero no saben cómo.

En la pared de la cocina de Tenaya hay una mancha con forma de cabeza de conejo. Apareció cuando la madre de Tenaya le tiró una taza de café al padre de Tenaya. Nadie lo limpió. Han dejado los trabajos de renovación de la casa.

—Has dicho que ibas a poner agua a hervir —dice Tenaya.

—Solo lo he dicho porque… —Ella no lo entendía—. Vale.

Subimos el té a su habitación y vemos capítulos viejos de Sexo en Nueva York desde debajo del edredón. Big no se merece a Carrie.

—¿Iremos mañana al Twelve Cats? —pregunto.

—Supongo.

—Están mejorando.

—¿Vendrás conmigo al Asda después?

—¿Por qué?

—Tengo que comprar comida. Mi madre no compra nada. Solo se emborracha y pide comida para llevar.

—Vale.

—Gracias.

—Ping dice que antes podríamos pasar por su casa.

—Mmm.

Tenaya asiente con la cabeza y se queda dormida. Cojo un libro al azar de la estantería y me siento en la ventana a leer. El libro se titula Mujeres arriba. Habla de las diferentes formas en las que la gente folla en su imaginación.