Crezco

Ben Brooks · Capítulo 34 de 37

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Crezco

Capítulo 34

 

7:32. Tengo la cabeza ardiendo y me duele. Una débil luz llena la habitación y el ambiente está cargado, pesa como el cristal. Me giro a la izquierda. La cabeza de Georgia Treely está junto a la mía. Es la cabeza más bonita del mundo. Parece un poco muerta. Espero que no esté muerta. Igual es una broma. Igual alguien ha puesto una cabeza falsa de Georgia Treely en la cama a mi lado para que me sienta muy feliz al despertarme hasta que vaya a besarla y me dé cuenta de que es de plástico. Toco la cabeza. No es de plástico. Le doy un beso en la frente.

Algunas mujeres solo les parecen guapas a ciertos hombres a ciertas horas de la mañana con cierta luz. Georgia Treely no es una de ellas.

Entonces recuerdo lo que pasó anoche.

Todo indica que igual la he violado. A ver, ella quería pero probablemente no quería querer. Fueron las drogas las que la hicieron querer. En el juicio, afirmaré que no tenía ni idea. En el juicio, lloraré hasta que me dejen marcharme. Me deslizo fuera de la cama. Me siento muy mareado. Alguien se ha dejado la ropa en el suelo. Me la pongo y salgo rápidamente. Escapo de la escena del crimen. Una chica pasa corriendo por delante de la puerta cuando salgo. Desaparece escaleras abajo y sale de la casa. Su cara era la de alguien que ha escapado por los pelos de la muerte. Jonah sale despacio de la habitación con un edredón sobre los hombros.

—¿Qué coño ha sido eso?

Jonah mueve un envoltorio vacío delante de mi cara.

Condón católico.

Me río con todas mis ganas.

—Me pareció gracioso —comenta—. No sé.

—La gracia no dura tanto —le digo—. Y un bebé dura siglos.

—Lo sé. Ha sido una gilipollez. —Se aprieta los ojos con los dedos—. Voy a dormir un poco. Buenas noches, Jasper.

—Buenas noches.

Se tapa la cara con el edredón y entra tambaleándose en la habitación.

Hay gente durmiendo en los pasillos y en la escalera y en el suelo de abajo. Dos chicos del Baccant High siguen despiertos fumándose un porro en la cocina. Uno de ellos me saluda con la cabeza. Salgo fuera a sentarme.

El cielo es amplio, blanco, con una capa del verde menta de las primeras horas de la mañana. Las nubes rosas se apretujan y se aparean. Avanzan en pequeños grupos por el borde de los campos. Todo está en silencio. El silencio más silencioso siempre llega después del estruendo más estruendoso. Eso pasa porque el silencio puede rodearte con el brazo, señalar al ruido que lo precede y decirte: «Mira todo ese ruido y compáralo conmigo».

Rodeo la casa y, a un lado, encuentro a Tenaya sentada con las piernas cruzadas en el capó del coche de Ping. Está fumando y sostiene una taza de té junto al pecho. Me subo a su lado.

—Buenos días —dice.

—Hola —respondo. Me pasa la taza de té, le doy un trago y se la devuelvo—. Anoche fue… —Es todo lo que consigo decir.

—Lo sé —comenta—. Los dos teníamos miedo y estábamos tristes y borrachos. Ya lo hablaremos.

Me sonríe.

—No pasa nada —me dice.

—Vale.

—¿Qué pasó después?

Trago saliva.

—Mmm —balbuceo—. Nada.

—Venga ya.

—Vale. —Tenaya es capaz de hacerme admitirlo todo, siempre—. Puede que haya violado a Georgia Treely.

Tenaya se ríe.

—No creo que hayas violado a nadie, Jasper.

—Pues la drogué un montón y después me la follé.

Tenaya se ríe otra vez.

—Eso me suena a lo que les pasa a la mayoría de chicas.

—No estoy seguro, a mí no me suena nada bien.

—No seas tonto. —Tenaya se termina el té de un largo trago—. ¿Podemos ir ya a buscar a Ping y largarnos de aquí? —me pregunta.

—Sí —digo—. Me muero de hambre.

Pateamos la casa durante un buen rato antes de encontrar a Ping y a Ana dormidos en un armario enorme lleno de calcetines. Despertamos a Ping para que nos lleve porque no queremos tener que andar hasta el coche de Jonah. Ping se caga en todo durante un rato cuando lo despertamos pero después se da cuenta de que también tiene hambre y accede a llevarnos.

Para en una cafetería que parece una cocina de plástico, con manteles llenos de manchas moradas y menús en los que el plastificado empieza a abrirse. Todas las camareras son extranjeras. Hablan en acelerados desprendimientos de palabras duras. Es sexy que chicas guapas hablen idiomas feos.

—Quiero el Desayuno Madrugador —le digo a la camarera.