Crezco
Capítulo 5
Cuando conseguimos que todo el mundo se marche, Tenaya me dice que me vaya a dormir. Estoy cansado para discutir. Pongo Radio 4 muy baja y me duermo con la voz de un hombre que habla de la velocidad de Internet en las zonas rurales de Irak.
Tenaya recoge mientras yo duermo para que cuando Mamá y Keith vuelvan se lleven una grata sorpresa.
Keith está en bata tomando café cuando bajo por la noche. Lee El código Da Vinci. Keith es analfabeto.
—Hola —digo.
(Asesino).
—Hola —responde Keith.
(Asesino).
—¿Lo habéis pasado bien en Cornualles?
(¿Has matado a alguien en Cornualles?)
—Sí, gracias, ha estado muy bien.
(He asesinado y violado a varias pensionistas inocentes).
—Genial.
(Voy a delatarte a la policía y te encerrarán el resto de tu vida, aunque, bueno, al final serán quince años, o solo siete si consigues no violar a nadie en la cárcel).
—La fiesta fue de muerte.
(Demasiado fácil).
—¿Sí?
—Sí, creo que tu madre se lo pasó bien.
(La asesinaste con tu sable y después con una espada de verdad, y después te la comiste en una lasaña).
—¿Dónde está?
(¿Qué has hecho con ella?).
—Está arriba, dándose un baño.
(Un baño en su propia sangre).
—Vale —digo—. Nos vemos mañana.
Como mi cabeza aún da saltos mortales vuelvo a mi habitación y me tumbo. Enciendo el portátil y entro repetidamente en varias redes sociales en busca de señales que indiquen que alguien se acuerda de que sigo vivo.
Nadie se acuerda.
Pienso en trabajar en mi novela, pero, en cambio, juego al solitario desnudo en el ordenador durante una hora y me quedo dormido.
* * *
Me levanto pronto, me visto para ir a clase y bajo a desayunar. Mamá me ha preparado un té sin azúcar. Me da las gracias por haber cuidado la casa y se va a trabajar. Keith ya se ha marchado. Antes de emprender los seis minutos de camino hasta el instituto, voy al cobertizo para coger el tabaco, el mechero y, con suerte, lo que quede de marihuana. Encuentro a uno de los chicos de Layton Hill tirado en un rincón bajo mi abrigo viejo. Parece que acaba de recuperar el conocimiento y no para de repetir que tiene «hambre, muchísima hambre». Qué interesante: le han cortado la parte de la entrepierna de los vaqueros y de los bóxers. Lo acompaño por el jardín, le hago coger un trozo de pan y lo guío hasta la puerta principal; camina delante de mí, pero lo dejo avanzando en la dirección opuesta.
El St. Mary’s es un instituto respetado, galardonado con varios premios y con un estatus envidiable que exige pasar un examen para entrar. Layton Hill es un instituto con un sistema penal sorprendentemente laxo y un gran mercado de drogas ilegales. Mamá dijo que antes de mandarme allí me pondría un profesor particular en casa. Lo mismo me da. Los dos institutos parecen cárceles de plástico y huelen a plastilina.
A primera hora tenemos Religión con la señora Norton. Es una mujer arrugada que lleva ropa de cáñamo con cuentas de madera y a la que le da miedo el futuro de nuestras almas malditas. Nos lo repite regularmente. Más o menos una vez a la semana. Ping la llama «Candidata a follarse a un estudiante para después confesarse en busca de una penitencia indulgente alegando que fue un acto de Amor ordenado por Dios"».
La señora Norton parece haberse olvidado de dar los buenos días y está al frente de la clase sosteniendo uno de los viejos proyectores. Lo sujeta con tanta fuerza que la piel de las manos se le ha quedado sin sangre y empieza a parecerse a los testículos de un cadáver. Jonah tiene la mano levantada, pero ella no le hace caso.
—¡INFIELES! —grita—. Somos corderos perdidos. Tenemos frío y estamos solos.
La señora Norton tiene una enfermedad mental. Es un secreto muy mal guardado.
Ping y Jonah ya se están riendo.
—Nuestros cielos son de carbón. Nuestros pies son espinas. ¡Buscad al Señor mientras aún pueda ser hallado!
Tenaya saca la novela de Ha Jin que lleva a medio leer.
Me interesa poco adonde quiere llegar la señora Norton hoy con todo esto. Es famosa por liarla en clase de mil maneras diferentes.
—Miradme todos. Miradme y creed. Invoco al poder de Dios para canalizarlo en este proyector.
Oh.
—Tenéis que creer, tenéis que abrazar la fe con todas vuestras fuerzas.
Ping se ha dado la vuelta y está hablando con Sarah Fields.
Jonah está toqueteando el móvil.
—Necesitáis creer, invocad ahora a Dios para que camine entre los hombres.
La señora Norton se llama Acacia, que es un tipo de arbusto con espinas.
—Marcos, 9, 23: para el que cree, todo es posible.
Parece increíble, ¿no?
—Debéis levantar este proyector en el aire con vuestra fe.
Me estremezco.
Pasó de verdad.
Cuando el proyector cae, el brazo se hace pedazos y el cuerpo aplasta el pie de la señora Norton.
—¡Sois una clase de malditos! —empieza a gritar.
Tenaya y yo nos levantamos y nos vamos.
Salimos por la puerta principal y vamos a fumar a la parada del autobús 61.
Una vez la señora Norton tiró todos los estuches por la ventana, uno a uno, diciendo que con el poder de Dios podíamos salvarlos de su astillado futuro. La abuela de Ana presentó una queja formal contra ella y el instituto envió al señor Golding para que supervisara sus clases. Aquello supuso que, durante una semana, tuviéramos clase de verdad y nos tocara interpretar pasajes bíblicos y aplicarlos a serias cuestiones éticas. Cuando el señor Golding se marchó, tras haber cumplido su misión, la señora Norton tiró la mochila de Ana por la ventana y Ana se cambió de Religión a Sociología.
—¿Por qué no la han despedido? —le pregunto a Tenaya.
—Porque puede dar clase.
—Pero no lo hace.
—Pero puede. Además, todo el mundo aprueba estudiándose el libro de texto.
Ping sale del instituto con su paquete aplastado de Marlboro Light.
—¿Qué te ha parecido, guaperas? —dice.
—¿Qué ha pasado?
—Se ha roto el pie. Puede que los dos. Jonah va a llevarla al hospital.
—¿Qué? ¿Por qué la va a llevar Jonah?
—Todos los profesores han dicho que están ocupados. Por cierto, ¿has visto a Abby?
—No. ¿Por qué?
—La has puesto a tope, follagordas. Le va contando a todo el mundo lo que pasó. —Sonríe—. El Barón Rojo —me dice.
Mueve los dedos como hace la gente para imitar a un fantasma, aunque la verdad es que los fantasmas no tienen dedos.
Resoplo.
Si Abby no me deja en paz, tendré que pensar en un plan para defenderme. Si viene al viaje de Psicología y al viaje a Devon después de los exámenes, está claro que me los estropeará con sus besos en el cuello y sus enormes brazos como troncos cubiertos de musgo abrazándome. Se cargará el Plan Georgia. Ver a Abby Hall sobándome no pone mucho.
A veces, la mejor defensa es un buen ataque. Deberé tenerlo en cuenta.
—Ha sido un poco raro —dice Tenaya.
No respondo.
Abby Hall sale por la puerta del instituto. Corre hacia mí sacudiendo sus piernas de giganta, me roba el cigarro y lo tira al suelo.
—Es una costumbre asquerosa, Jasper. Si no quieres perderme, tendrás que dejarlo.
Debido a una cobardía extrema heredada de mi padre, me da un miedo espantoso herir emocionalmente a la gente. Por eso, durante los seis minutos en que Abby Hall me abraza y pone sus labios en mis mejillas, no digo absolutamente nada. Me pellizca el culo y se muerde el labio. Tenaya y Ping se sonríen. Suena el timbre de la segunda clase y volvemos adentro.
La segunda clase es Psicología. Eso significa que no aprendo nada porque me siento detrás de Georgia Treely. Observo cómo su pelo refleja la luz de los fluorescentes baratos. Levanta la mano más a menudo que el resto. Lleva pulseras de cuentas de plástico en las muñecas. Las muñecas son zonas erógenas. Georgia Treely es católica devota, vegetariana obstinada y filántropa generosa. Tenaya dice que le extraña que me parezca atractiva con esta forma de ser; sin embargo, esto no es lo que me atrae de ella. Lo que encuentro atractivo de ella son: los arcos de los pómulos, las pestañas, la esbelta figura en forma de guitarra, los tobillos, los pies pequeños, los pechos, el pelo, el cuello y la boca. Es un collage hecho con las mejores partes de los cuerpos que salen en el Vogue.
No soy superficial; cuerpo sano, mente sana.
Cuando termina Psicología, he aprendido dos cosas: Georgia Treely tiene una nueva pluma de Winnie the Pooh y que Georgia Treely tiene una nueva pulsera de plástico amarilla.
Me marcho al acabar Psicología porque después de comer solo queda Educación Física. No hay nadie en casa. Subo a mi habitación a conspirar.