El agravio
14 - Defensa propia
Llamaron a la puerta de Alex, y se asomó Wanda, la recepcionista. —Alex, tengo una llamada de alguien que pregunta por ti pero que no quiere identificarse, e insiste en que venga a buscarte personalmente y vayas a recepción para atender la llamada desde allí. ¿Qué quieres que haga?
Alex pensó: ¿Qué demonios? Y luego: Ben.
Pero ¿por qué llamaba al teléfono del despacho? ¿Cómo había sabido el número?
—Tranquila, voy a cogerlo allí —dijo como si fuera la cosa más natural del mundo.
Se dirigió a la centralita de Wanda, ésta apretó un botón y le pasó el auricular.
—Aquí Alex —dijo.
—He recibido tu mensaje. —La voz de Ben.
Hubo una pausa, luego Alex preguntó:
—¿Cómo has sabido…?
—Dame un número para volverte a llamar, alguno que no se pueda vincular contigo. La telefonista, ¿tiene un teléfono móvil? Dile que te lo deje.
Alex le preguntó a Wanda si le podía prestar su teléfono un momento. Ella le dio el número y él se lo pasó a Ben.
—Vuelvo a llamarte —le informó Ben antes de que la línea se interrumpiera.
Alex sonrió a Wanda cuando ésta la dio su teléfono.
—Un cliente paranoico. Nueva tecnología. Hace cosas así cada vez que quiere hablar conmigo. Voy un momento a la sala de reuniones. Vuelvo enseguida.
Wanda le lanzó un lento gesto de asentimiento. El teléfono de ella sonaba ya cuando Alex entraba en la sala y cerraba la puerta detrás de él. Abrió la tapa del teléfono y dijo:
—¿Cómo sabías que me localizarías aquí?
—No estás en tu despacho, espero.
—No, estoy en medio de una sala de reuniones vacía. ¿Cómo sabías que estaría aquí?
—Allí es media mañana. ¿Dónde ibas a estar?
—Me refiero a cómo sabías que trabajo aquí.
—Tu dirección de correo electrónico tiene el dominio sullivangreenwald. He metido los nombres en Google.
Ah, hubiera debido imaginárselo.
—Pero ¿por qué te has tomado tantas molestias? Te puse el número de mi móvil. ¿Qué significa todo esto?
—No sé en qué lío te has metido. O con quién. El correo electrónico no es seguro. Y las señales del teléfono móvil pueden ser interceptadas. En tu despacho puede haber micrófonos, tu línea puede estar pinchada. Es menos probable que alguien pinche la línea general de tu despacho porque no es la línea por la que tú hablarías. No era perfecto, pero no tenía un modo mejor de contestar a tu correo. ¿De acuerdo?
Alex se sintió inquieto y tranquilizado a la vez. Inquieto por la facilidad con que alguien podía dar con su paradero. Tranquilizado porque era evidente que Ben era un entendido en la materia. Por encima de las dos sensaciones, le molestó la conferencia sobre seguridad. Contuvo lo que sentía y contó lo que había pasado.
—Así pues —dijo Ben cuando hubo acabado—, estás diciendo que han asesinado al inventor, al perito de patentes, y que a ti estuvieron a punto de eliminarte a causa de esa nueva tecnología.
—¿Te parece una locura?
—Depende.
—¿De qué?
—De muchas cosas. Pero tres incidentes en treinta y seis horas… son mucha coincidencia para tragárselo.
—Es lo que pienso yo.
—¿Has hablado con la policía?
—Claro. Ellos piensan que se trata de una serie de sucesos fortuitos. No parece que vayan a hacer gran cosa.
—¿Entonces? ¿Qué vas a hacer?
¿Para qué demonios te crees que te he buscado?, tuvo ganas de gritar. No sé qué hacer.
Estuvo un momento echando chispas antes de contestar:
—No lo sé.
—¿Tienes algo para escribir? —dijo Ben tras un largo silencio.
—Sí —contestó Alex conforme tomaba un bloc de notas y un bolígrafo de la mesa de reunión.
—Desconecta tu teléfono móvil y déjalo apagado. Puedes consultar tu buzón de voz desde algún teléfono público. Aléjate de casa por unos días. Ve al banco, al tuyo no, y saca bastante efectivo. No vayas a los sitios que sueles frecuentar y no sigas las rutas habituales cuando vayas en coche. Instálate en un hotel. Págalo todo en efectivo, no uses las tarjetas de crédito, no uses tu nombre. No te pasees por lugares solitarios. Deja de ser educado y empieza a ser suspicaz.
Alex escribía deprisa.
—Tengo que venir a trabajar…
—¿Qué harías si tuvieras la gripe?
—Vendría igualmente.
—Yo también habría apostado que lo harías. ¿Nunca has faltado un día por estar enfermo?
—Nunca.
—Mejor, así el jefe no te dará la lata. Ponte muy enfermo con la gripe unos días. Diles que trabajas desde casa. Si te llaman al móvil y no contestas, supondrán que estás durmiendo.
—¿Para qué servirá todo esto? No tengo más que…
—No tengo ni idea a qué te estás enfrentando —continuó Ben—, asumiendo que te estés enfrentando a algo. Pero lo inteligente es actuar como si…
—¿Actuar como si qué?
—¿Sigues apuntando?
Dios, detestaba que Ben le cortara de aquella manera. Daba la impresión de que los dos segundos de más que podía emplear en escuchar fueran una enorme pérdida de su valioso tiempo.
—Sí, sigo tomando notas.
—Apenas tengas ocasión, entra en la web. Nononsenseselfdefense.com. Una sola palabra. Llévate una taza de café, estarás un buen rato. Necesitas aprender a prestar atención a tu entorno y a pensar como tus enemigos. Esta web es un buen sitio para iniciarte en cómo no ser un objetivo fácil.
—Perfecto, entro en la web. Y tengo la gripe durante unos días. ¿Y luego qué?
—Para entonces ya habré llegado.
—¿Vas a venir? —exclamó Alex sorprendido.
—¿No acabo de decir que voy a estar?
—Pero si tengo el teléfono móvil apagado, ¿cómo vas a…?
—Te encontraré.
Y la línea quedó interrumpida.
Alex se quedó un momento mirando el teléfono, estaba furioso. Era consciente de que esperaba conseguir que Ben acudiera, pero sobre todo sin tener que pedírselo expresamente. Y lo había conseguido, salvo que a juzgar por la forma en que Ben lo había dicho, parecía que supiera exactamente lo que pretendía su hermano, pero hubiera decidido seguirle la corriente de todas formas.
Y además la forma en que le había colgado. Como si todo el asunto fuera un engorro tan grande para él que no pudiera molestarse siquiera en despedirse.
Eso, o sólo quería cortar antes de que Alex tuviera la oportunidad de dar las gracias.
Bien, al cuerno entonces, no pensaba dárselas.