El agravio

Barry Eisler · Capítulo 26 de 35

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El agravio

26 - Un sueño

 

Después de haber hecho el amor otra vez, Ben le dijo a Sarah que necesitaba dormir un rato, porque en caso contrario no serviría para nada al día siguiente. Subieron a la cama y él se quedó dormido al instante. Ella se quedó mirándolo, estaba agotada, pero demasiado excitada para conciliar el sueño.

Nunca había tenido un orgasmo así. Jamás. Y ahora dos veces en una noche. Con sus dos novios anteriores, consideraba que la relación sexual era una opción agradable, pero nada indispensable. Por fin comprendía todo aquel jaleo que armaba la gente con el sexo. Estaba dolorida, pero de una forma deliciosa, un recuerdo físico del mucho placer que había experimentado y, al pensar en él dentro de ella, le entraron ganas de despertarlo y hacerlo de nuevo. No habían usado protección alguna, era consciente de que eso había sido una completa estupidez. Sabía que, como mínimo, debía de estar preocupada, sin embargo no era así. Tal vez más adelante se arrepentiría, pero de momento simplemente no podía.

Se preguntó qué pasaría entre ellos cuando todo aquello hubiera acabado. No había estado más que con sus dos primeros novios. Los conocía antes de su relación, y había estructura y contexto para lo que pudiera ocurrir después. Al hombre que yacía desnudo junto a ella… no lo conocía, y lo poco que sabía era desconcertante, por no decir algo peor. Era un asesino. Representaba, de hecho personificaba, cosas que ella aborrecía. Estaba sonado, era violento, la antítesis de todo lo que hasta entonces había considerado conveniente. Entonces, ¿por qué? ¿Qué era?

Sonrió. ¿Por qué darle tantas vueltas? Cuando estuviera despierto, volvería a seducirlo. Esto sería suficiente de momento y, después, ya verían.

Había querido enterarse más sobre su relación con Alex. Pero él se había mostrado reticente y ella no había querido insistir.

Sin embargo, se hacía preguntas. No podía comprender por qué Alex culpaba a Ben. En primer lugar, porque a ella no le parecía que Ben tuviera la culpa de nada de lo que sucedió, no realmente. Y si había lo que los abogados califican como «no intencionado», ciertamente no había negligencia, el tipo de causa por la que se es legalmente culpable. E incluso así, ¿cómo podía alguien alimentar un rencor semejante? ¿Contra su propio hermano? Se recordó que sólo conocía un lado de la historia. Y tampoco Ben mostraba un gran amor fraternal por Alex.

Pero ¿por qué estaba aquí entonces? Si Alex le culpaba de lo que había sucedido en su familia, ¿era la presencia de Ben una especie de… disculpa? ¿Expiación? Y si era así, ¿por qué Alex no lo aceptaba como tal?

El pecho de Ben se movía arriba y abajo, y ella se lo quedó mirando. Al principio, había pensado que no era más que un Neandertal, un bruto, pero comprendía ahora que había estado alimentando esa imagen, y que su predisposición había sido la de aceptarla. De hecho era muy inteligente. Lo que había dicho sobre ella en el bar… sí, cierto que pretendía ofenderla, pero había comprendido mucho.

Se preguntó a continuación si no le estaría dando demasiada importancia a su perspicacia. Claro que si un tonto había sido capaz de profundizar tanto en su personalidad, significaba que ella estaba vacía. Por consiguiente, mejor reconocer la clarividencia tipo láser de Ben, que echar la culpa a su transparente superficialidad.

¿O tal vez buscaba una forma de creer que él era inteligente porque, si era así, significaría que ella se había equivocado de medio a medio sobre él?

Se le escapó una risa ahogada. Era una estúpida al analizar tanto, cuando lo que realmente debía de hacer era no pensar más en ello y ponerse a dormir. El sol no tardaría en salir. Ella y Alex tenían mucho trabajo por delante si querían descubrir porqué Obsidian se había vuelto tan peligrosa para ellos.

Alex. ¿Estaba realmente enamorado de ella? Jamás había dejado entrever nada. Claro que, salvando las distancias, se controlaba tanto como su hermano. Y dadas las profundidades subterráneas de la historia de su familia, que ella antes no había visto, ni siquiera percibido, ¿cómo podía saberse si había otras corrientes que enturbiaban la tranquila superficie? Tal vez ella había dado por sentado muchas cosas sobre él. Por otra parte, ¿qué otra cosa podía hacer si él era tan introvertido?

Al pensar en todo esto, se sintió culpable. Si Ben tenía razón, y si Alex presentía lo que acababa de pasar, su situación se iba a volver todavía más complicada.

Bien, no tenía por qué enterarse. Ellos desde luego no iban a contárselo, y él solito no iba a descubrirlo.

Apoyó la cabeza en la almohada y dejó escapar un largo suspiro. Notó que, finalmente, conciliaba el sueño, y lo último que recordó antes de caer en los brazos de Morfeo fue algo que Ben le dijo en el bar: que todo aquello le iba a parecer un sueño.