El egiptólogo
Diarios de Ralph Trilipush, 1922
Diarios de
Ralph Trilipush,
1922
Sábado, 2 de diciembre de 1922
Lienzo de la Pared B:
«El magnífico ascenso al poder de Atum-hadu, último señor de los Dos Reinos»
Texto: Atum-hadu —que viva confundido con el cuerpo del dios y en compañía de Isis por un millón de años— era fuerte y valiente. Se hizo soldado por sí mismo en el ejército del viejo rey Djedneferre Dudimose, que había visto el Bajo Imperio devorado por los enemigos, tal como las crías de una tortuga son devoradas incluso por un cocodrilo extremadamente perezoso. Extranjeros procedentes del norte y del este estaban cometiendo pillaje. Hombrecillos próximos a la boca del Nilo se vestían como reyes, igual que niños, pero mataban a los que no jugaban con ellos. Las escasas victorias de esos días procedían de la mordedura de las flechas de Atum-hadu . Todos los que lo vieron sabían que Montu [el dios de la guerra —RMT] lo favorecía.
Cuando finalmente el general Atum-hadu parecía haber detenido al millón de enemigos, el viejo rey pidió ver a ese hijo de Seth. Atum-hadu llegó a Tebas. La corte estaba llena de animales y acróbatas, pero no había comida. El pueblo tenía la cabeza hundida entre sus rodillas, y ya no deseaba nada. Había miedo.
Atum-hadu [entró en] el palacio. Era hermoso y fuerte y venía ensangrentado por la batalla. Lo frotaron con aceites, y le dieron comida y bebida, y tomó a una joven cuyos miembros le agradaban, y nadie sabía si debían decirle que la muchacha era la reina más reciente del anciano rey. Detrás de una cortina, ella le mostró a Atum-hadu el color de sus miembros, y él quedó encantado. Un mensajero llevó a Atum-hadu al rey.
Ilustración: Los animales no están mal, hay que reconocerlo, y su estilo muestra cierta mejoría respecto del lienzo de la Pared A. Realizar estas vastas ilustraciones debe de haber llevado horas, si no días, y la habilidad del artista progresa a medida que avanza; controla mejor sus materiales, con menos goteo. Yo llamaría la atención del turista hacia la descripción del joven Atum-hadu, abrazando a una mujer con la avidez de un guerrero, y luego dando de comer dátiles a una jirafa. Señalaría la ternura mostrada en su evidente amor por los animales de la casa de fieras del agonizante rey. La corte de Djedneferre Dudimose se describe con gran cuidado, y la colección de estatuas, muebles, columnas enguirnaldadas de flores y otros adornos del poder real está elegantemente ejecutada. El lecho, cuyos pies son cabezas de león talladas, y sobre el cual Atum-hadu toma a la reina reinante (con su notable marca de nacimiento), es una maravilla de las artes decorativas, como pintura y como lo que debió de haber sido otrora (y quizás aún lo es en una cámara sin abrir, o en una cercana tumba anexa en cualquier otro lugar de Deir el Bahari). Los gruesos collares de lapislázuli de las mujeres de la corte son reproducciones de joyas de primer orden.
Análisis: Tenemos confirmación del contexto histórico de Atum-hadu, ya que éste viene después de Djedneferre Dudimose, hasta ahora reconocido como el último rey de la XIII.a dinastía.
Diario: Estoy cansado de la traducción y la transcripción. Encajo mi puerta en su lugar y me marcho cojeando hacia el ferry. Nada en el correo. El banco, cerrado… Lo cual es una lástima pues estoy esperando que O'Toole y los otros socios puedan asumir las responsabilidades que hasta el momento ha rehusado tan torpemente C. C. F. Doy de comer a los gatos, aunque ahora debo acercarme a la villa con tanta discreción como hago con la tumba. Regreso a mi trabajo después de una triste y prolongada despedida de Maggie y los Ramsés.
Lienzo de la Pared C:
«Atum-hadu es elegido por el agonizante rey Djedneferre Dudimose»
Texto: El viejo rey, Horus residente en el palacio, no podía levantarse. Dijo: «General Atum-hadu, he vivido 110 años. Todos los que me rodean son aquellos que ansían ser reyes, aunque no puedo decir por qué, pues nunca volverá a haber alegría en el país negro. No temo a la muerte, Atum-hadu, pero sí tengo miedo de que se pierda todo lo que hemos recibido. Debe preservarse la guía para aquellos que algún día podrían restaurar nuestro país. Rezo para que los escribas tengan tiempo de escribir la gloria de nuestro pasado y esconder sus textos. Esto es todo lo que espero que el próximo rey pueda lograr, e incluso para esto le harán falta fuerzas. Ningún hombre que fuera inteligente desearía ser rey, pero sólo un hombre que sea inteligente puede sucederme. Mis ministros no son inteligentes, y por eso intrigan para hacerse con el trono. Atum-hadu, ¿tomarás a la hija de mi nieta? Toma a esa muchacha y a nuestros dos reinos y nuestro palacio y nuestra tierra y a toda la gente de esta tierra». Atum-hadu dijo: «Los tomaré, Rey, aunque tú seguirás gobernando largo tiempo con salud y vida». Y Djedneferre Dudimose dijo: «Oh, sí, desde luego, y los cocodrilos volarán. Pero ahora, hablando en serio, ¿vencerás a los sacerdotes y ministros que procurarán tu fracaso?». «Los venceré». «¿Y preservarás, con tu fuerza, lo que puede ser preservado de la historia de nuestra tierra antes de que caiga la noche?». «Lo preservaré». «¿Y abandonarás todas las otras tareas y placeres para conservar y ocultar nuestras glorias?». «Lo haré. Haré todo eso y más, mi rey. Expulsaré a los invasores. Derrotaré a los rebeldes del Delta. Haré de las dos tierras un único y fuerte reino hasta el mar. Haré que los dioses sean adorados debidamente como no lo han sido durante años. Te daré muchos descendientes, y me aseguraré de que tu nombre sea cantado por todos». Y Djedneferre Dudimose dijo: «No te agotes antes de haber enseñado a mis monos domesticados a disparar con arcos y flechas. Ahora, basta de palabrería. Te rodean enemigos desde el momento en que has entrado en mi cámara. Excepto por tu futura reina y mi Maestro de Generosidad, que te apoyarán. Renuncia a la gloria, es demasiado tarde. Esfuérzate sólo por preservar la memoria de nuestro gran país». Y el rey cayó finalmente en brazos de la muerte.
Atum-hadu convocó a la corte. «El rey ha sido arrastrado hacia el terrible destino de la muerte —dijo—. Y tenéis ante vosotros a Horus, en palacio». E hizo matar a los ministros traidores. Ordenó que le trajeran papiro, y escribió un verso, y les dijo a los escribas que ellos debían escribir todo lo que se refería al país, pero que sólo Atum-hadu escribiría sobre Atum-hadu. Entonces el Maestro de Generosidad cayó de rodillas y le juró lealtad. Luego Atum-hadu tomó como su reina a la hija de la hija de la hija del rey muerto, y se unió a ella y exploró su cueva, y quedó satisfecho.
Pasaron setenta días, y los Guardianes de los Secretos terminaron de preparar la momia del viejo rey, el gran Djedneferre Dudimose. Atum-hadu despidió a todo el mundo y con sus propias manos trasladó la momia del rey a un lugar secreto, y la enterró con sus libros y tesoros y comida, y él mismo selló la tumba.
Ilustración: Vamos a iluminar esto un poco. Tenemos aquí, en la réplica del viejo rey, el primer ejemplo de sarcasmo de la historia escrita, y si esta pared fuera más indulgente, se vería con claridad que el artista tenía intención de pintar al viejo rey poniendo los ojos en blanco al oír los jactanciosos planes de Atum-hadu, como si dijera: «Hazlo, Atum-hadu. Cuéntamelo todo luego en el inframundo». Se vería también la alarmada frustración del agonizante rey ante la idea de que el joven guerrero no se estuviera tomando en serio la misión de ser rey, sino preparándose para hacerse con el poder por motivos convencionales, sin tomarse a pecho la histórica tarea de ser el-último-que-apague-la-luz. Por desgracia, el artista se veía obligado a pintar en esta desigual roca, llena de hoyos y protuberancias, especialmente aquí en el lienzo de la Pared C, bastante difícil para trazar los glifos, y, al cabo de pintar y componer se quedó, sin ninguna duda, exhausto, hambriento, sediento, dolorido y envuelto en humo.
Análisis: Evidentemente, yo ignoro qué anónimos escriba y artista decoraron estas paredes; y el cuidadoso trabajo de copiar los glifos y traducir las vastas inscripciones a mi cuaderno de notas, todo ello tras una cuidadosa doble comprobación con mis textos filológicos y el diccionario Budge, está consumiendo un montón de tiempo, así que no puedo decir lo que queda por venir. Pero sí puedo decir esto: para aquellos que no son expertos, permitidme clarificar lo que he descubierto en estas crónicas murales hasta el momento. La clara determinación de una sucesión real en el confuso final de la XIII.a dinastía, una explicación para la tumba perdida del discutido Djedneferre Dudimose, más detalles de la vida del indiscutiblemente auténtico Atum-hadu, y una explicación, clara como el cristal, respecto a por qué la única prueba escrita del nombre de Atum-hadu se halló primero en los Consejos escritos por el propio rey. Carnarvon será el segundo hombre al que se le permita entrar en esta cámara en 3.500 años, ¡y yo disfrutaré con su creciente excitación al descubrir lo que todo esto pueda significar!
Domingo, 3 de diciembre de 1922
Lienzo de la Pared D:
«Los primeros años del reinado de Atum-hadu, último rey de las Dos Tierras»
Texto: Durante diez inundaciones del Nilo, Atum-hadu cumplió con aquello de lo que había alardeado. Los hicsos fueron detenidos.
Donde Atum-hadu reinaba, se realizaban negocios y se recogían las cosechas, y los dioses eran adorados y los escribas hacían lo que el rey les había mandado, y la noche permanente era mantenida a raya y el palacio era iluminado, no por el fuego de la guerra sino por el corazón de Atum-hadu, quien dominaba todas las cosas, la encarnación de Horus, pero también de Atum, que con su propia mano creaba el mundo de nuevo para el placer de su pueblo.
Atum-hadu trajo a los hombres malvados de su juventud a ver su palacio. Les mostró la vasta acumulación de alimentos. Ellos sintieron hambre ante todo lo que vieron, pero no se les permitió comerlo, mientras Atum-hadu mordía una ciruela envuelta en un mapa del firmamento nocturno. El rey les dio a sus visitantes una oportunidad de excusarse por la dureza mostrada con el rey cuando éste era un niño. En la cena, el sacerdote de su infancia fue ensartado como una ternera y colocado sobre la llama, y Atum-hadu habló tranquilamente con el hombrón, que lloraba de angustia como un niño. «¿Te arrepientes?», preguntó Atum-hadu suavemente. «Me arrepiento, me arrepiento, amo». «¿Y crees que tu arrepentimiento es suficiente?». «No lo sé, amo». «No lo es. Tú me robaste algo, y no está en tus manos devolverlo». «Dime, gran rey y amo, cómo puedo servirte ahora». «¿Estás sufriendo?». «Lo estoy». «Ése es todo el servicio que requiero de ti». Y Atum-hadu hizo que le trajeran las sobrinas y hermanas y la madre del sacerdote, y esto sorprendió al sacerdote, y, delante del agonizante sacerdote, el rey tomó a las mujeres de la familia del sacerdote de diferentes formas, a veces con violencia y llanto. Más tarde, la muerte se abatió sobre el sacerdote, y cuando Atum-hadu consideró que su carne estaba cocida, Atum-hadu lo quitó él mismo del espetón y cortó la carne del hombre en trozos, con los que alimentó a los animales de la corte. El corazón del sacerdote de Atum-hadu fue a parar a los mimados perros reales. De manera que el nombre y el espíritu de ese hombre se olvidaron para siempre.
Ilustración: La pared parece haber sido más indulgente aquí, y este texto viene acompañado de una ilustración que de nuevo muestra la gradual mejoría técnica del artista. En la más emotiva de estas docenas de escenas, el sacerdote —desnudo, con los miembros extendidos, atravesado de la manera más brutal, no constituyendo su musculoso cuerpo ninguna defensa ahora contra el crecido y vengativo rey— solloza. La cara de Atum-hadu muestra una expresión de alivio, como si ese acto le procurara al rey un poco de paz.
Análisis: Éste es un pasaje notable por dos razones. Primera, si es históricamente cierto, nos ofrece una rápida visión del hombre interior, un hombre atormentado, incluso en las alturas del poder real, por la necesidad de vengar su infancia. Sus soldados fueron enviados a reunir a sus enemigos, y sus sesiones de venganza (aparentemente más de una) eran coreografiadas para proporcionarle el máximo placer a él, y a sus antiguos atormentadores el máximo dolor y humillación. Segunda, la historia misma era de tal importancia para el rey que fue incluida como un elemento de su biografía ilustrada para que la llevara consigo al mundo de los muertos.
En cuanto a la inmortalidad, debe señalarse que la destrucción del corazón del sacerdote significaría que jamás sería admitido en el inframundo, donde el corazón de cada aspirante es examinado y su peso comparado con el de una pluma antes de su admisión. Y, por añadidura, Atum-hadu se aseguraba de que el nombre del sacerdote nunca más fuera pronunciado en ese mundo, garantizando así que la inmortalidad era imposible para el asado y podrido sacerdote.
Diario: Voy cojeando hasta el ferry; correos, banco, comida a los gatos. Correos.
Margaret, nada de silencio ahora, te lo suplico. Deberías estarme telegrafiando, escribiendo, diciéndome que todo está bien otra vez. Algún día te contaré el efecto que la ansiedad ejerce sobre mi barriga cada día que no tengo noticias tuyas, durante cada minuto de este diciembre en el que tú, con tus silencios, jugaste conmigo, negándote a aliviar mi dolor con una palabra. ¿Por qué me estás haciendo esto?
Lienzo de la Pared E:
«Atum-hadu y la hija del maestro de generosidad»
Texto: Después de diez inundaciones del Nilo [¿1632 a. C.? —RMT], Atum-hadu descubrió a la más hermosa de las mujeres. Ella lo hechizó, y él vio en ella el espíritu de Maat en las formas de Isis, la bondad de la más dulce madre envuelta en la vestimenta de vivos colores de Hathor [la diosa de la luna y del amor —RMT]. Preguntó su nombre y le dijeron que era la hija del Maestro de Generosidad. Ella se acercó a él. No pidió nada, sino que con su magia calmó al rey, alivió su barriga, le hizo dormir, pese a los hicsos y a los recuerdos de los sacerdotes.
Ella encantó sus ojos, de modo que él ya no pudo mirar a otra que no fuera ella, y todas las demás reinas y todas las mujeres de la corte lloraban ante la ausencia del rey de sus cámaras y sus cuevas. Aquellas mujeres que él ya no necesitaba encontraron a otros hombres en la corte, y, juntos, los hombres y las mujeres que amaban a Atum-hadu formaron un grupo para rivalizar con los sacerdotes oficiales, y llamaron a Atum su único dios, e hicieron del placer su única ocupación.
Atum-hadu escogió a la hija de Maestro de Generosidad como su primera reina. Aquella noche él vio el color de sus miembros, y cuando llegó el momento de la mujer, ésta gritó su nombre tan fuerte que se extendió un silencio por toda la corte, y ella volvió a gritar su nombre, y otra vez, y otra, y pronto todos aquellos que habían quedado en silencio recogieron el grito de la nueva reina, y los pasillos del palacio resonaron con un centenar de gargantas gritando su nombre con la voz del placer, Atum-hadu, Atum-hadu, Atum-hadu, hasta que las paredes del palacio temblaron y los perros de caza empezaron a aullar al unísono.
Lunes, 4 de diciembre de 1922
Lienzo de la Pared F:
«Atum-hadu ignora las advertencias de Seth»
Texto: Mientras Atum-hadu dormía, los problemas se multiplicaron. Los hicsos se acercaban. El tiempo no era infinito, así como tampoco lo era el oro real, y el Maestro de Generosidad no tenía nada que ofrecer. Seth apareció y habló: «El padre de ella no es un Maestro de Generosidad sino un Maestro de Traición. ¿No hay otras mujeres que podrían ser tus reinas? Mira, las hay a montones por ahí, más numerosas que las moscas en los excrementos de un hipopótamo; seguramente hay alguna otra dispuesta a ocupar su lugar, una mujer de luminosa piel con el cuello de un ánsar blanco y gruesas nalgas. Preocupada Majestad, ¿por qué te resistes?». Atum-hadu lloró al oír las palabras de Seth. Debía destruir el amor que lo atenazaba. Se dio la vuelta en la cama, levantó un cuchillo hacia su blanco cuello. Ella dormía en paz, y él le miró a la cara, y enfundó su cuchillo. No prestaría oídos a las maliciosas palabras de Seth.
Ilustración: Lo más intrigante en esta sección de la pared, entre las escenas de vida conyugal pintadas con ternura, es la recurrente imagen del Maestro de Generosidad, una figura porcina que acecha fuera de la vista del rey. Mientras Atum-hadu toma la mano de su reina, su padre se oculta tras una cortina y los espía, humedeciéndose los labios con la lengua. Mientras Atum-hadu se lleva su reina a la cama y la abraza, su padre se esconde bajo esa misma cama de pies tallados como cabeza de león, la túnica abierta, y se convierte en un grotesco imitador de Atum (en divertida miniatura). Mientras Atum-hadu solloza al lado de su durmiente reina, su cuchillo en el suelo, a sus pies, el padre de ella conspira a sus espaldas, hablando con una no identificada figura. En la lejanía, los soldados hicsos se concentran.
Éste no es siempre el caso, por supuesto, y el cuarteto 45 (Fragmentos A y C) describe la confianza que Atum-hadu depositaba en su consejero en los primeros tiempos, incluso cuando la guerra con los hicsos estaba presionando:
Cuando los dos Egiptos son desgarrados,
como gemelos arrancados del frío útero de una madre agonizante,
Atum-hadu solloza y se retuerce ante el dolor de su corazón.
Pero su Maestro permanece inquebrantable en la penumbra.
Diario: Correos, banco. ¿Habría caído tan bajo C. C. F. como para impedir que los otros socios me enviaran fondos? Gatos, correos. Ya no tengo más formularios de telegrama prepago, y sólo puedo permitirme un cable extremadamente breve para Margaret. El temporal abandono de la villa no es una gran pérdida, excepto los días como hoy, en que mi estómago está rabiando contra el Destino y soy el inocente espectador que sufre más que nadie.
CABLE. LUXOR A MARGARET FINNERAN, BOSTON, 4 DIC. 1922, 4:13 P.M. PFRCNMARMT.
Margaret: Me estás matando con tu doloroso silencio. Hoy te he telegrafiado simplemente pidiendo que por favor reconozcas mi amor. ¿Llegará un día en que tú y yo compararemos nuestros diarios de estos días y leeremos en voz alta que el 4 de diciembre yo estaba pensando que te había perdido para siempre, y tú te reirás ante mi tontería porque el día 4 estabas simplemente dormida? ¿O dirigiéndote en tren a climas más cálidos? ¿O hubo un esfuerzo masivo para crear un desgarrador caos por parte de los chicos del telégrafo en Boston, que aborrecen el amor, todos ellos enardecidos por agitadores comunistas, y que con mala intención entregaron mi cable a una dama de edad mientras tú recibías pedidos de un millón de libras de chocolate?
Si tú no me estás esperando, no hay nada para mí en Boston.
(No enviada, hallada en los papeles privados de Margaret Finneran Macy, después
de su muerte).
4 de diciembre
Querido Ralph:
Hay cosas que debería contarte. Papi me dijo cosas sobre ti y me hizo
escribirte para romper nuestro compromiso, y así lo hice. Y luego me dormí. Y
entonces vino Ferrell a mi habitación, y se sentía muy feliz de haber hecho todo
esto, de habernos separado. Y contó las cosas más horribles sobre ti, dijo que
habías matado a ese chico, Paul, y a tu amigo Marlowe, todo eso. Una horrible
tontería que yo sabía que no era cierta, y entonces supe que nada de ello era
verdad, ni que tú robaras el dinero de papi, ni que mintieras sobre Oxford. Oh,
Ralph, Ferrell ha estado mintiendo a papi y a mí todo este tiempo provocando
todos estos líos entre tú y yo y papi, y yo no sabía cómo enderezarlo todo, todo el
daño que él había causado, y le grité y le dije lo que pensaba de él. Yo estaba aún
amodorrada, sabes, debido a lo que Inge me había dado para calmarme después
de que papi me dijo que tú sólo fingías quererme por su dinero. Debería haberme
reído de los dos, pero les creí, al principio, lo siento muchísimo.
Debería haberte contado qué es lo que me pone enferma, pero no lo he hecho.
No soy yo, es sólo que es más fuerte que yo en estos momentos, pero me temo que
si lo supieras Querido Ralph, ¿me amarías menos si hubiera cosas que son más
fuertes que yo?
Ferrell estaba muy furioso conmigo, al final, cuando entró en mi habitación y
me despertó. Yo disfruté irritándolo, disfrutando haciendo lo que sé hacer, que es
hacer enfurecer a la gente y luego hacer que se rían de ello. Puedo hacerlo cuando
quiero. Todo el mundo lo dice. Y siempre podría arreglar las cosas.
Ferrell lo ha echado todo a perder, ¿verdad? Yo no sé cómo repararlo,
especialmente ahora que me hizo lo que me hizo. Lo que me hizo a mí, Ralph.
¿Qué pensarás de ello? Yo traté de hacer que se detuviera, lo juro. Estábamos
solos en la casa. Papi se había ido, e Inge, también. Él la mandó fuera, Ralph, y
luego subió al piso.
No puedo encontrar todas tus cartas dirigidas a mí. Creo que él cogió algunas. Es culpa mía, le hice enfurecer y no conseguí que se detuviera. Es culpa mía.
Ahora tú no me amarás.
Me equivoqué y lo siento mucho. Siento haber creído lo que decían de ti. Si no
les hubiera creído ni siquiera un poco, esto no hubiera pasado. Lo siento
muchísimo. Dijo unas cosas tan terribles sobre ti, y yo sólo quería decirle que
estaba equivocado. Antonio y Cleopatra no hacían más que estar sentados allí
todo el tiempo; ni ladraron ni trataron de ayudarme, sólo miraban, y luego,
cuando él se fue, no hicieron más que mirarme, como si supieran que era culpa
mía.
Querido Ralph, te escribo porque
Querido Ralph, por favor perdóname por
Martes, 5 de diciembre de 1922
Silencio en correos y en el banco. Los gatos están bien y se muestran afectuosos donde les doy de comer, fuera de la vista de la villa. Estoy seguro de que ya no les interesa visitar la villa ahora que me encuentro con ellos aquí.
Tomo un té de menta en una ahwa, donde observo que los camareros no me reconocen, aunque he estado allí una docena de veces en el pasado. Vuelta a mis tareas.
Lienzo de la Pared G:
«la anunciación del tercer nacimiento de Atum-hadu»
Nota: El texto aquí parece estar relacionado estrechamente con, quizás una deliberada ampliación del cuarteto 56 (Fragmentos A y B solamente):
Una fiesta y abundantes bailes y placeres,
¿pueden distraer al rey de urgentes asuntos de Estado?
La agonía de sus dolencias, la muerte de un sabueso,
esta guerra que lame las costas y que nunca amaina.
Texto: En el undécimo año de su reinado, el palacio de Atum-hadu resplandecía con otra fiesta nocturna, una belleza que sería recordada por toda la eternidad. El salón principal estaba al aire libre y cubierto con telas que ondeaban al viento. Las altas antorchas esparcían su luz hasta el mismo borde de las telas. Y el tejado parecía estar ardiendo con un fuego que nunca acababa de consumirse. Pavos reales asados entre columnas de muchos colores. Las columnas estaban cuajadas de sortilegios contra los tormentos del estómago del rey, que no parecían hacer efecto. El olor de las aves atraía a gatos y perros. Entre ellos la gata que Atum-hadu más amaba, y ésta saltó a su regazo.
Atum-hadu yacía despatarrado en su trono y acariciaba la gata. Con su otra mano, sostenía una larga lanza, delgada y ligera, usada sólo por las mujeres en sus combates, en los que luchaban y morían cuando Atum-hadu se cansaba de ellas. El rey atravesó un pavo y sacó de su carne un chorro de jugo. Atravesó a un prisionero hicso y sacó de su carne los planes de guerra del general de los hicsos.
Las tranquilas preguntas de Atum-hadu contrastaban con su furia y la ebullición de su barriga. La ira de sus cobras internas era visible sobre la superficie del abdomen del rey y en el mapa del Nilo, con sus cataratas, dibujado sobre sus bronceadas sienes. Pese a las generosas recompensas que había repartido entre los magos de la medicina, seguía sufriendo. No había ninguna razón para su dolor, y no había ningún alivio.
Hasta esa noche. La propia Maat apareció, tan brillante y ardiente como el disco solar, de tal modo que nadie en la corte podía mirarla. Todos apartaron sus caras hacia el suelo, todos excepto Atum-hadu, feroz amante de Maat. Atum-hadu se levantó de su trono y su estómago dejó de acosarlo. Maat lo abrazó con suavidad y le habló en el susurrante lenguaje de una cobra mientras ella y Atum-hadu se alzaban al cielo y conversaban.
Maat habló: «Oh, Atum-hadu, amado por los dioses y por el pueblo, sufres porque en tu barriga, pudriéndose y borboteando, está tu pasado mortal, tu primera infancia, el mero pensamiento de la cual hace hervir tus entrañas. Dentro de ti, también, crece el futuro que ha de venir, tal como predijo el viejo rey. Gran hijo de Atum, el final de la nación acompañará el final de tu segunda vida. Se acerca tu nacimiento final. Debes limpiar tu pasado».
Maat besó al rey y desapareció. Atum-hadu descendió de su trono; los danzarines, cocineros y sacerdotes se levantaron. Los sonidos de la corte retornaron: acróbatas gemelos alabando a Atum, mujeres sosegando a sus pequeños, niños pidiendo a sus padres que jugaran con ellos, un viejo calmando a su tembloroso hijo, soldados bebiendo cerveza. El cuerpo del prisionero llamó la atención de los sabuesos de Atum-hadu, y el gato, el amigo favorito del rey, lamió el charco de sangre del hicso que se esparcía por el suelo, como un mapa que estuviera siendo constantemente redibujado. Incluso en su muerte, esta exhibición de la expansión de los hicsos fue observada por el rey.
Entraron unos soldados llevando otro espía hicso. «A Atum-hadu le gustaría que ellos comprendieran», anunció el rey, e hizo venir al conservador de la casa de fieras para que trajera una serpiente joven, una que no llevara veneno. Los soldados sujetaron al muchacho, y Atum-hadu cogió un cuchillo e hizo una incisión en su costado, le abrió los intestinos e insertó la serpiente en la abertura, empezando por la cola. Llamó a los sacerdotes para que vieran el agujero, de modo que sólo emergía la cabeza de la serpiente, y luego ordenó a sus soldados que llevaran al muchacho donde su propio pueblo pudiera encontrarlo, y que le dejaran mucha comida y bebida. «Debe ser hallado con vida, con el signo de Atum-hadu en él», dijo Atum-hadu.
Ilustración: De la extensa y maravillosa ilustración que cubre toda la pared desde el suelo hasta el techo, a la derecha de la abertura que conduce a la Segunda Cámara Vacía, algunos elementos merecen nuestro inmediato elogio. Como en todas partes, los animales están brillantemente ejecutados (el pavo asándose, el gato ronroneando), como lo está el mobiliario de lo que sin duda era una lujosamente, aunque no con mal gusto, decorada corte, donde el acento se cargaba en los placeres de la cama y la mesa. Las escenas de la corte muestran ostentosamente jarrones oviformes y copas lotiformes, así como cuencos de alabastro, pieles de leopardo, lechos y carros, las diáfanas ropas de las mujeres, la falda del rey, y sus floridamente esculpidas armas y magnífico trono, cuyo respaldo muestra lo que parece ser un bajorrelieve en oro mostrando al rey con la forma de un león pisoteando a sus diminutos enemigos.
Diario: Correos, banco, gatos.
Lienzo de la Pared H:
«Los hicsos reanudan su ofensiva»
Texto: Pese a la visita de Maat, viciosas bestias seguían divirtiéndose en la barriga del rey. El jefe de los hicsos era un hombre tranquilo pero arrogante, de doradas vestiduras. Le llegó el rumor al jefe de los hicsos de que el gran Atum-hadu estaba debilitado por su dolencia y que la mejor mitad del país era ahora nuevamente vulnerable después de una década de valiente defensa. Los hicsos invadieron (el Reino Superior). Las batallas fueron feroces, y Atum-hadu mandaba a sus tropas cuando era capaz de ello. Luchó como un león, aunque a menudo se veía detenido por el dolor de su barriga o forzado a dar la espalda y ponerse en cuclillas.
Aun entonces, Atum-hadu podría haber derrotado a los hicsos. Pero en esos tiempos de la más desesperada necesidad, el rey fue incapaz de encontrar a su Maestro de Generosidad, aquella vulva de prostituta. El enemigo del rey se había desvanecido, robando a la reina con él.
Y pronto la victoria de los hicsos sería un hecho.
Ilustración: Más impactante aún para el visitante es la visión del Maestro de Generosidad, tirando de la reina por el pelo, encarcelándola mientras Atum-hadu la busca en vano.
Diario: He estado otra vez trabajando todo el día en la traducción y transcripción de las inscripciones. Es notable lo que el poco manejable diccionario de Budge no incluye, y recordemos que el propio Budge tuvo el descaro de criticar mis traducciones en Deseo y engaño.
Correos, banco, gatos.
Jueves, 7 de diciembre de 1922
Diario: Gatos, banco, correos.
Lienzo de la Pared I:
«El inminente final de la Tierra Negra»
Texto: La capital guardaba silencio. El pueblo escondía la cabeza entre las rodillas con abatimiento. Apenas sentían ánimo. Y, no obstante, Atum-hadu exigía música, alegría, mujeres. A menudo regresaba de la batalla, su armadura goteando rojo sobre los suelos, y entraba a grandes zancadas en el palacio y tomaba a dos esclavas, igual que otros hombres toman un vaso de agua. Luego exigía un pincel para componer un verso. Inspiraba a aquellos miembros de la corte que habían decidido seguir buscando el placer hasta el fin de los tiempos, y de nuevo la corte cantaba con desesperada felicidad. Los espías hicsos regresaban al lado de su pequeño rey y le contaban que el enemigo nunca se rendiría. Si el ejército hubiera luchado tal como su corte amaba, quizás esto habría sido cierto.
«El final de todo se está acercando», les decía Atum-hadu, y esas palabras eran transmitidas a toda la corte, y había llanto y temor y también el sonido de acróbatas y amantes y la música. «El final de todo se está acercando».
Ilustración: El rey en la batalla es una magnífica visión. Está de pie, en un carro de guerra. Típico de las ilustraciones egipcias, se le muestra con un tamaño mucho mayor que sus enemigos, que apenas le llegan a la rodilla, mientras que en un segundo plano el atildado líder de los hicsos tiembla de miedo y consternación. Igualmente típico del arte guerrero egipcio, Atum-hadu aparece acompañado en su carro por sus antepasados, los anteriores reyes de Egipto, todos los cuales (aunque más pequeños que él) le alientan.
Diario: Gatos, banco, correos: nada de nada.
Los amigos de mi padre fueron todos militares, generales y oficiales de alta graduación, soldados retirados y en activo. Yo no lo sabía de niño, por supuesto, ya que los conocía simplemente como tío Bunny o el viejo Lloyd, y sólo más tarde me enteré de que el tío Bunny había aplastado a este o aquel kan en la lucha en Afganistán. Pero cuando lo conocí, era tan sólo un adorable anciano con ropa de tweed de caza al que no le importaba dejarme que le pintara de negro la cara para que yo pudiera hacer de faraón y él de mi enemigo africano. Las biografías inmortalizan a todos esos viejos guerreros mansos como corderos (pese a haberse cubierto de sangre en las guerras de la Reina por todo el globo, sirviendo como sus severos virreyes, que mantenían a los inquietos nativos en su lugar con firme mano inglesa). Pero en el caso de Trilipush Hall, los biógrafos tenían razón. Recuerdo a alguno de esos héroes del Imperio con un parche en el ojo, de rodillas en el barro conmigo, vendando la pata de uno de los sabuesos heridos en una cacería. Era como si yo hubiera tenido una docena de padres en aquellos felices tiempos.
Viernes, 8 de diciembre de 1922
Diario: Gatos. Banco y correos, cerrados.
Lienzo de la Pared J:
«Atum-hadu considera su próxima inmortalidad»
Texto: Los hicsos se habían convertido en un río crecido que no había forma de evitar que inundara las orillas. Durante un respiro, Atum-hadu paseaba solo por la noche, en lo alto de un acantilado que dominaba el Nilo. No habría ningún rey después de él; Horus no residiría en el palacio. ¿Cómo preservar los escritos realizados durante once inundaciones, y las mercancías que había que almacenar en su barco? ¿Dónde está su reina? ¿Y su Maestro de Generosidad? Apareció Seth, y doce buitres transportaron al rey desde lo alto del acantilado al suelo. Con bocanadas de fuego que salían de las bocas de los buitres, Seth cortó la roca. «Aquí, hijo mío, harás tu travesía con seguridad, y esta tierra será recordada durante un millón de millones de años».
Ilustraciones: En una serie de pinturas, Atum-hadu es mostrado de pie en lo alto de un cerro que sin ninguna duda es el farallón que separa lo que actualmente es el Valle de los Reyes de Deir el Bahari. El rey está solo, es de noche (la diosa Nut, envuelta en estrellas, se encuentra a su lado). Está absorto en sus pensamientos. Aquí mira al valle, allá, a Deir el Bahari, como si estuviera considerando dónde iniciar su tumba y ocultar su inmortalidad. A lo lejos, continúa la encarnizada batalla. Seth, su mítico padre, cuya misteriosa cabeza ahora se parece a la de un oso hormiguero, y doce buitres mágicos se aparecen al rey y lo bajan en volandas a lo que parece ser el mismo sendero que hay ante esta tumba. Y allí, los buitres, escupiendo fuego, practican una abertura en la piedra del propio Egipto. Seth conduce a Atum-hadu por el pasaje, inconfundiblemente la Puerta A y la Cámara Vacía. El dibujo final es Atum-hadu de pie fuera de la tumba otra vez, un plano de la distribución de la tumba brillando mágicamente sobre la cara del farallón. Es, hasta donde hemos llegado en la tumba, inconfundiblemente un mapa del complejo donde yo me encuentro en este mismo momento.
Análisis: Debemos considerar, más allá del mito, los hechos históricos. En un día determinado, la guerra era, clara e inconfundiblemente, una causa perdida. Y en aquel momento de palpable pero no consumada condena, el rey sin la menor duda comprendió que necesitaba una tumba construida en secreto. Yo plantearía la hipótesis de que él mismo —sin duda viajando solo y de incógnito— exploraba zonas donde pudiera realizar un tránsito seguro al mundo de los muertos, con todos los objetos que pudiera transportar por sí mismo. Y, aunque esto es evidentemente especulación, parece posible que la historia escrita en la pared deba interpretarse como el feliz «milagro» de Atum-hadu tropezando una noche con una tumba abierta, construida y desechada unos años antes por alguna otra alma olvidada, o quizás con una tumba que había sido saqueada y vaciada, posiblemente unas cuevas de almacenamiento usadas por arquitectos o trabajadores de otra dinastía, o tal vez un refugio ocupado solamente por ermitaños que podían ser asesinados con facilidad. Hay varias posibilidades, pero parece bastante probable que Atum-hadu, cuando más lo necesitaba, encontró un espacio apropiado que podía ser rápidamente transformado para sus necesidades, sin la premura del tiempo, las molestias y el riesgo [véanse líneas sobre la Paradoja de la Tumba] que suponía la presencia de arquitectos, obreros, o los trabajos a la luz del día. Puedo imaginar fácilmente a Atum-hadu sintiendo que un descubrimiento tan afortunado como ése sólo podía haberse efectuado con la oportuna y amorosa ayuda de un padre-dios.
Diario: Tan pronto como esta cámara esté completamente transcrita a estos cuadernos, y los jeroglifos totalmente copiados y traducidos, acompañaré al conde de Carnarvon a un recorrido privado, y el limpio truco de cambiar de caballo en medio de la corriente será ejecutado de forma graciosa y en seco.
Las doce columnas de la Cámara Histórica muestran maravillosas ilustraciones también, cubriendo cada uno de los pilares casi desde el suelo hasta el techo, en una sola y gigantesca descripción de un acontecimiento discreto, junto con una especie de texto explicatorio. Ahora, veamos, si las columnas fueron realizadas por el mismo artista que los lienzos de la pared, evidentemente éste había aprendido a confiar mucho más en sus capacidades y materiales, ya que son de unas dimensiones y maestría muy superiores a los de las historias de los murales.
Columna uno, texto:
«el muchacho Atum-hadu enemista a sus enemigos entre sí y escapa para unirse al
ejército»
Ilustración: Un soldado ataca a un hombre y a una mujer mientras Atum-hadu (¿riendo?, ¿llorando?) huye para unirse al ejército de Djedneferre Dudimose.
Sábado, 9 de diciembre de 1922
D: Gatos. C: nada. B: cerrado.
Columna dos, texto:
Atum-hadu entra en la corte de Djedneferre Dudimose y es recibido calurosamente.
Ilustración: Atum-hadu recibe una particular forma de tributo de la arrodillada esposa de Djedneferre Dudimose y otros miembros femeninos de la corte, que también están de rodillas, mientras una jirafa de largas pestañas contempla la escena sin dejar de masticar, y el propio Atum-hadu levanta la mirada al cielo y observa cómo vuelan los acróbatas, arrojándose mutuamente muy por encima del suelo del palacio.
Columna tres, texto:
«el guerrero de Atón destruye a los enemigos del rey»
Ilustración: Atum-hadu, en forma de un león con cabeza humana, pisotea a los enemigos de Egipto, que caen bajo una lluvia de flechas. Desde las alturas, Horus, Atum, Ra, Isis, Osiris, Seth, Montu, Hathor y Maat lo contemplan con aprobación.
Columna cuatro, texto:
«Atum-hadu se convierte en rey y poeta a la vez»
Ilustración: Todavía de pie ante los cuerpos de los ministros traidores de Djedneferre Dudimose, Atum-hadu da instrucciones a su corte. Suavemente descansa una mano sobre la cabeza del difunto rey, y con la otra sostiene una hoja de papiro. Apenas se puede distinguir la escritura jeroglífica de ese papiro, un extraordinario detalle de verosimilitud y precisión en el arte egipcio. Es nada menos que el cuarteto 1. El detalle de los diminutos y negros jeroglifos grabados en aquella hoja de papiro debe de haber llevado horas al artista. Considerando las condiciones en las que era probable que trabajara (humo, calor, pobreza, enemigos acercándose), su realización es la obra de un genio.
D: G. C: aún nada.
Domingo, 10 de diciembre de 1922
D: Gatos, banco, correos. Nada.
Columna cinco, texto:
«días de paz y placeres en la corte de Atum-hadu»
Ilustración: Esta columna merece un pequeño análisis. Probablemente es natural que la corte de Atum-hadu fuera presa de impulsos nostálgicos, el intenso deseo de dirigir la mirada al pasado, en busca de una edad de oro. En una época en que la oscuridad y un penetrante sentido de pérdida parecía invadirlo todo, tal instinto era posiblemente más fuerte todavía. Dicho esto, está claro que Atum-hadu (incluso mientras sus escribas estaban comprometidos en el nostálgico proyecto de conservación del anterior rey) se dedicaba a hacer de su época una era dorada en sí misma, y, de su corte, el centro de un renacido Egipto. El suyo era un simultáneo proyecto anti-nostálgico, particularmente difícil en tiempos de derrota y desesperación. Pero, para este fin, esta columna muestra su corte tal como él debe de haber deseado que fuera recordada, en la cima de la gloria. Músicos de túnicas decoradas con losanges multicolores tocan mientras una mujer conduce varios perros en un desfile de monerías. Abundan los celebrantes del culto de Atum, en un vasto despliegue de combinaciones matemáticas, desde filas de solitarios adoradores hasta complejas disposiciones piramidales que requieren multitudes. Aparecen hombres atados con simbólicas cadenas tejidas de plumas de pavos reales, azotados por mujeres desnudas, y, en el centro de toda esta actividad, el propio e inconfundible rey, desnudo, rodeado por adoradoras multitudes de gentiles bellezas de largos dedos y ojos soñadores.
Columna seis, texto:
«los falsos padres»
Ilustración: Esta curiosa columna con su inexplicable título describe una serie de ejecuciones y torturas, todas supervisadas por Atum-hadu, cuya expresión es de sombría necesidad. Un soldado es arrojado a un cocodrilo para que lo devore. Un sacerdote es ensartado y asado vivo (véase lienzo de la Pared D). Un joven obrero (atacado en la Columna Uno) es perseguido aquí por una multitud de lo que parecen ser niños armados, mientras un asno monta a la mujer que aparece con él en la Columna Uno.
D: Correos, banco… nada. Gatos ¡Maggie es tan divertida! Sabe qué camino tomo para traer la comida, y guía a los Ramsés hasta mi encuentro, así que no necesito acercarme a la villa para nada. Le gusta el pescado, nos enteramos anoche, una pequeña perca del Nilo, mientras los gatos siguen aferrados a la leche y los desperdicios de carne. Me gustaría tener a los tres al otro lado del río conmigo, pero eso no sería muy justo, ni para ellos ni para el delicado trabajo que estoy haciendo.