My shining Star
Te elegiría a ti / I’d choose you
Te elegiría a ti /
I’d choose you
Tenía que darle una explicación a Simón. Sabía que se estaba comportando de forma extraña desde que se reunió con Andrew y que él lo había notado.
Había tardado algo de tiempo en aclarar sus ideas, pero ya sabía lo que quería y había llegado a un compromiso consigo mismo. Quería seguir adelante con su relación. No iba a renunciar a ella. Y estaba casi seguro al cien por cien, de que Simón quería lo mismo. No obstante, dado que no deseaba perjudicar a su grupo, estaba dispuesto a mantenerlo en secreto hasta que saliera el nuevo álbum. A fin de cuentas, estaba previsto que fuese para abril. Solo serían seis meses.
Esperaba que Simón lo entendiera y que estuviese dispuesto a aceptarlo.
Si no era así…
Si no era así no sabría qué hacer.
Soltó un gemido cargado de frustración y se sentó en el suelo junto a la cama para jugar con Rico, que llevaba unos segundos restregándose contra su tobillo. El gato se tumbó y le ofreció la tripa. Mike se la acarició con suavidad.
El sonido de la llave en la cerradura le hizo levantar la cabeza.
Solo una breve mirada al rostro de Simón le avisó de que algo no andaba bien. Se incorporó con rapidez y se acercó a él. Antes de que este se hubiera podido quitar la mochila de la espalda, se la cogió y la depositó en el suelo junto a la mesita de la entrada. Fue a darle un beso de bienvenida y se encontró con sus labios esquivos y distantes.
—¿Ha pasado algo? —inquirió con el ceño fruncido.
Simón tardó en responder. Se alejó hacia la zona de la cocina y evitó mirar a Mike que estaba tan atractivo como siempre, con sus pantalones negros y su camiseta blanca de manga larga. El pequeño rasguño de su mejilla casi estaba curado del todo.
Había pasado las últimas horas caminando por la ciudad, tratando de poner en orden sus ideas y buscando la mejor solución para ellos. Y había llegado a una dolorosa conclusión.
Tenía que ponerle punto final a esa relación por más que eso le resultase desagradable. No podía consentir que Mike pusiera su carrera en peligro o que renunciara a nada por él.
—Tenemos que hablar —dijo al tiempo que abría la nevera y sacaba dos cervezas—. ¿Quieres una?
Mike asintió con la confusión dibujada en la cara.
Simón se encaminó a la terraza y se sentó en uno de los butacones.
Estaba ansioso y no sabía muy bien cómo comenzar esa conversación.
Abrió una de las latas y le dio un largo trago a la cerveza. Estaba muy fría.
Quizá hubiera sido mejor un café. Las horas que había pasado andando sin rumbo por las calles le habían dejado destemplado. Se había olvidado la chaqueta en trabajo.
Miró de reojo a Mike, que había tomado asiento frente a él. Ni siquiera había hecho amago de abrir su cerveza. Le contemplaba de frente con un brillo escrutador en sus ojos azules.
—Yo también quiero decirte algo —dijo de pronto.
A Simón se le encogió el estómago. ¿Qué quería decirle? ¿Que había tomado alguna decisión con respecto a su futuro o algo así? Se aclaró la garganta.
—Sé que has sido tú el que ha comprado este piso —dijo casi a bocajarro, adelantándose.
Mike se echó hacia atrás con brusquedad, sorprendido.
—Sí. Es verdad —admitió en voz baja tras una vacilación—. ¿Cómo lo sabes?
—Me lo ha dicho Luis.
Después de eso ninguno habló. Tampoco se miraron. Caía la noche sobre los tejados de Madrid y, poco a poco, la terraza se iba sumiendo en sombras.
Mike se echó el pelo hacia atrás y se lo recogió en una coleta con la goma que llevaba en la muñeca. No soportaba ver esa expresión vacía en la cara de Simón. Le hacía sentirse inseguro y era algo que no le sucedía con frecuencia. Entendía que Simón pudiera cabrearse por haberle ocultado lo del piso. El problema era que no parecía enfadado, parecía triste.
—¿Estás enfadado? —le preguntó al fin.
—No —admitió con un suspiro—. Creo que si estuviese en tu lugar habría hecho lo mismo. Aunque cuando me he enterado no me ha gustado la idea, después de haber meditado sobre ello, pienso que no es tan importante.
—Me alegro de que lo tomes así —repuso con cautela—. No tenía ninguna mala intención.
—Supongo que no. Además, creo que es algo que haces con frecuencia,
¿no?
Mike arrugó el ceño. ¿Algo que hacía con frecuencia? ¿A qué se refería?
—No te entiendo.
—¿No le compraste un coche de lujo a una de tus novias? —le preguntó Simón con tono ácido sin mirarle. Tenía la vista fija sobre una de las ventanas.
Mike se tensó. Desvió la vista y la clavó sobre la lata de cerveza que todavía no se había molestado en abrir.
—Eso…
—Parece que hay muchas cosas de ti que no sé —le interrumpió.
—Lo del coche es una gilipollez —dijo Mike alzando las manos en el aire y quitándole importancia—. Fue hace años cuando estaba empezando en esto y era un crío… Tenía demasiado dinero y no sabía qué hacer con él.
Simón se rio con sarcasmo y se puso de pie.
—Me hace gracia eso que dices. Hace años, cuando eras un crío… —
Meneó la cabeza como hablando consigo mismo—. Si solo tienes veinticuatro años…
Le había dado muchas vueltas a lo que le había dicho Brown sobre la diferencia de edad entre ambos y sobre que él era el adulto responsable y que Mike carecía de madurez. Algo que durante esas cinco semanas que pasaron juntos no había significado nada para él, en el momento en que el mánager lo mencionó, se había convertido en un obstáculo.
—Hasta ayer mismo te importaba una mierda mi edad —repuso Mike y parecía algo dolido—. ¿Qué ha cambiado? ¿Es por lo del piso? Acabas de decirme que no es para tanto.
Simón se alejó hacia los ventanales. Se detuvo frente a ellos y se cruzó de brazos.
—Hoy he hecho algo que tendría que haber hecho antes. He buscado tu nombre en Google y he leído algunas cosas.
Mike resopló con desdén.
—¿Y qué cojones has leído? Casi todo lo que aparece ahí son mentiras y rumores. ¿Te vas a fiar de eso? No pensaba que fueras ese tipo de persona.
—Has tenido muchas relaciones…
—¿Y qué? ¿Y qué si he tenido muchas relaciones? Fucking hell! 38 —La ira convirtió su voz en un gruñido áspero—. ¿Qué tiene eso que ver con nosotros?
—¿Soy alguien especial para ti o soy uno más?
Mike se levantó como impelido por un resorte. La cabeza había comenzado a darle vueltas. Todo eso que decía Simón se asemejaba demasiado a lo que le había dicho Andrew el día anterior. Se acercó a él de dos zancadas y se situó a su espalda, apoyando las manos en sus hombros.
Simón se puso rígido como si no pudiese soportar que le tocase. Aquello le dolió.
—¿No significan nada para ti estas semanas que hemos pasado juntos?
¿No te has dado cuenta de que para mí eres alguien muy especial? ¿Cómo puedes creer otra cosa? —le dijo, enterrando la nariz en su pelo. Olía al champú que ambos usaban.
Le sintió estremecer. Él mismo notó que un escalofrío le recorría la columna vertebral.
—Creo que somos demasiado diferentes —susurró Simón—. Hay muchas cosas que desconocemos el uno del otro.
—¿Qué cosas? Yo no te guardo secretos.
—¿Es cierto que estuviste en una clínica para rehabilitarte?
Mike dejó escapar un improperio.
—Es verdad —reconoció al cabo de unos segundos—. Pasé un mes en una clínica. No podía dormir y terminé por engancharme a las pastillas. No te hablé de ello porque no es importante. Además, está por todas partes en internet, no es un secreto.
Simón sabía que no estaba siendo justo. Lo sabía. Estaba interrogándole de un modo feo y desagradable como si hubiera hecho algo terrible. Todo el mundo tenía derecho a tener secretos y vida privada. Y en el caso de Mike eso era algo casi imposible.
—Todo eso pertenece a mi pasado —continuó Mike—. Hace mucho tiempo de eso. No tiene nada que ver con el Mike que soy ahora. He cambiado.
Simón apretó los puños, mortificado y sintiéndose como un imbécil.
Mike tenía razón, por supuesto que la tenía, no obstante, Andrew Brown había conseguido sembrar la semilla de la duda en él. Lo odiaba y se odiaba.
—Si tuvieras que elegir entre tu carrera y una relación, ¿qué elegirías?
—inquirió.
—¿Es una pregunta trampa?
Los dedos de Mike se hundieron en la carne de sus hombros.
—No. Dime, ¿cuál sería tu elección?
—Depende de qué tipo de relación tuviera… —contestó entre dientes.
—Pongamos que es una relación como la nuestra. —Hizo una pausa y buscó las palabras adecuadas—. Alguien a quien solo conoces desde hace unas pocas semanas…
Mike entornó los ojos. No sabía adónde quería ir a parar Simón, pero comenzaba a sospechar que aquello no iba a terminar bien.
—Lo que tú y yo tenemos no es ese tipo de relación tan superficial.
—¿No?
—¡Por supuesto que no lo es! ¿Cuántas veces tengo que decírtelo? —
exclamó furioso, cogiéndole del brazo y obligándole a girarse.
Los ojos de Simón estaban apagados y su boca mostraba una sonrisa triste. Mike no pudo evitarlo y le abrazó con delicadeza, depositando un beso sobre su frente. No soportaba verle así, pero no tenía ni idea de qué podía hacer. Se sentía tan impotente… ¿Qué demonios estaba sucediendo?
¿Qué había cambiado para que Simón estuviese tan lleno de dudas? ¿De veras había creído todo lo que aparecía en internet sobre él y estaba inseguro sobre su relación? No podía ser cierto. Simón no era así.
—Por ti estaría dispuesto a dejar muchas cosas —repuso en un murmullo.
Simón guardó silencio y dejó caer la cabeza hacia delante.
—Ese es el problema, Mike… —suspiró con suavidad.
—¿Problema?
—¿Qué pasaría si saliese a la luz que tú y yo estamos juntos?
Mike apretó la mandíbula y no respondió.
—¿Qué harías si tuvieses que decidir entre tu carrera o nuestra relación?
—volvió a insistir en voz muy baja.
«Por favor, no me elijas a mí».
—Te elegiría a ti —respondió con absoluta firmeza como si la pregunta fuera una obviedad.
Lo que había dicho Brown era verdad.
¡Mike estaba decidido a sacrificarlo todo por él! Sin pretenderlo y de un modo completamente inocente, se había convertido en un lastre para el prometedor futuro de Mike Allen. Él iba a ser la causa de que arruinase su vida.
Simón cerró los ojos y trató de apartarse, pero los brazos de Mike eran fuertes y no pudo liberarse de ellos. En realidad, tampoco lo intentó con demasiado ahínco. El abrazo era demasiado bueno para dejarlo escapar. Sin embargo, sabía que había llegado el momento de dejar de dar vueltas y aceptar la realidad.
¿Podían seguir viviendo a escondidas encerrados en ese ático? ¿Sin pisar la calle por miedo a ser descubiertos? Él quería que Mike siguiese brillando.
Y era muy egoísta por su parte pretender que solo lo hiciera para él.
Sentía el pecho a punto de estallar por la desolación, pero no tenía otra salida. Su tiempo se había acabado.
Mike le alzó la barbilla con los nudillos y trató de besarle, pero él se zafó en el último instante, girando la cara.
—¿A qué viene todo esto, Simón? —le preguntó con enfado—. Me estás asustando con esa actitud. Ve al grano de una puta vez.
Simón le miró sin pestañear mientras cogía aire por la boca y lo soltaba por la nariz. Estaba intentando controlar los latidos de su corazón que se habían disparado como siempre le sucedía cuando le tenía tan cerca.
«¡Dilo ya! No alargues más esta situación miserable».
Solo habían sido cinco semanas. Era poco tiempo. ¿Cuánto se tardaba en superar a alguien? En algún sitio había leído que se necesitaba el doble de tiempo del que se había pasado junto a la persona que uno quería olvidar.
Eso significaba que en diez semanas habrían pasado página. Ambos lo lograrían.
Además, Mike había tenido innumerables relaciones. Seguro que no era difícil para él superar una ruptura. Estaría acostumbrado…
En cambio, para Simón las cosas no iban a ser tan fáciles. Lo sabía. Ya estaba sintiendo cómo se rompía por dentro.
—Creo que… esto no va a funcionar.
¡No! No era eso lo que Mike quería escuchar. Una chispa enojada se desprendió de sus ojos. Trató de buscar en las profundidades de la mirada de Simón algo que le confirmase que este estaba mintiendo o que no iba del todo en serio. Algo a lo que aferrarse…
No lo halló.
Solo vio pena y mucha determinación.
—Es mejor que nos separemos.
Esas palabras, aunque las estaba esperando, le partieron el corazón.
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