My shining Star

Laura Sanz · Capítulo 40 de 42

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My shining Star

Una especie de epílogo que exactamente no lo es, dos años después / A sort of epilogue that isn’t quite one, two years later

Una especie de epílogo que exactamente no lo es, dos años después /

A sort of epilogue that isn’t quite one, two years later

—Últimamente no ha habido ningún rumor sobre ti. ¿Quiere decir eso que has sentado la cabeza? ¿Has conocido a alguien especial?

Mike se echó a reír. Con un gesto teatral y mirando a sus compañeros con picardía, elevó la mano izquierda en cuyo dedo anular lucía una alianza de oro blanco engastada con siete pequeños diamantes.

—¡Dios mío! —exclamó la entrevistadora, alargando la mano y cogiendo la de Mike—. ¿Esto significa lo que yo creo?

—Parece que sí —repuso con una sonrisa ladeada.

—¿Te has casado? ¿Cuándo ha sido eso?

—Hace cuatro días.

—¡¿Hace cuatro días?! —barbotó.

La pobre mujer parecía al borde del colapso.

—¡Esto sí que no nos lo esperábamos! Queridos telespectadores —

prosiguió, mirando a la cámara—, esta es una noticia en exclusiva para KTC Unplugged. Mike Allen, el cantante del exitoso grupo CFB se ha casado. ¡Se ha casado! ¿Ha sido una ceremonia secreta?

—Tan secreta no, que nosotros hemos ido —intervino Rob soltando una risa.

—¿Cuántos corazones rotos tenemos ahora entre el público? Pero todavía no sabemos quién ha sido la chica que ha conseguido atraparte —

continuó ella. Parecía seguir en estado de shock—. Dinos, Mike, ¿cuál es el nombre de la afortunada?

—Se llama Simón. Y es un hombre muy afortunado —repuso con un guiño burlón mirando a Vince, que también sonreía de oreja a oreja. Y

luego lanzó un beso hacia la cámara y añadió en español—: Te quiero.

Simón se echó hacia atrás en el sofá de cuero y meneó la cabeza, risueño. Era la cuarta vez que veía la entrevista y la escena seguía pareciéndole una verdadera pasada. Alargó la mano en la que brillaba el mismo anillo que lucía Mike y cogió el mando del televisor. Pulsó el botón para hacer avanzar la grabación y volvió detenerla un minuto después, en la parte en la que Mike le contaba a la presentadora cómo se habían conocido.

—Fue en España, hace dos años y medio, en el concierto que dimos allí.

Él estaba entre el público. Fue amor a primera vista. —Se encogió de hombros—. Estaba en una de las salas VIP. Su hermana le había obligado a ir. Él ni siquiera sabía quiénes eran los CFB.

—¿Hay alguien en el mundo que no sepa quiénes sois? —le preguntó ella con incredulidad.

—Eso mismo le dije yo —repuso con suficiencia—. Pero de verdad no lo sabía. Sin embargo, en cuanto me vio, cayó rendido a mis pies. Y luego le dediqué una canción…

—La canción… —murmuró entre risas Vince.

—¡Espera un momento! —exclamó la presentadora—. Creo recordar que se comentó algo hace un par de años de que le habías dedicado una canción a un hombre. Hubo incluso algún artículo en prensa…

—Sí. Fue a él.

—¿Quieres decir que lleváis más de dos años juntos? —Semejaba estar anonadada.

—Sí.

—Pero ¿cómo habéis podido mantenerlo en secreto?

—No ha sido fácil. Doy fe —intervino Joe.

Los cuatro integrantes del grupo soltaron una carcajada.

—Simón es una persona muy discreta. No le gusta demasiado ser el centro de atención ni estar frente a las cámaras ni los focos. Y yo, como soy su esclavo —bromeó Mike, alzando los brazos con exageración—, hago todo lo que me pide.

Simón elevó los ojos al techo y resopló como había hecho las últimas cuatro veces al escucharle decir eso.

—Pues a partir de ahora sabes que vuestra intimidad se ha acabado. Vas a tener a una multitud de reporteros detrás para conseguir una foto. ¿Eso no le va a importar a tu marido?

—Ya lo hemos hablado.

—¿Y puedes contarnos más cosas de él?

—No —negó con suavidad—. Esto ha sido más que suficiente. El resto ya es solo nuestro.

—Solo una última pregunta antes de seguir hablando del nuevo álbum.

¿Crees que el que tu pareja sea del mismo sexo que tú va a afectar negativamente a las ventas? La mayor parte de tus seguidoras son mujeres…

Mike sonrió con cierta frialdad.

—¿Quieres decir que si me hubiera casado con una mujer a mis seguidoras no les habría importado? No entiendo tu pregunta —terminó con una ceja arqueada.

La presentadora carraspeó visiblemente incómoda y fingió colocar los papeles que tenía en las manos. Luego los miró de nuevo y comenzó a interrogarlos sobre el nuevo álbum.

Simón meneó la cabeza.

—Pobre mujer, la ha dejado trastocada.

En fin, la suerte estaba echada.

Sabía que las cosas iban a cambiar mucho. Hasta aquel día habían conseguido mantener su historia en secreto. Solo la gente más allegada a ellos sabía que estaban juntos. Las familias y los amigos de ambos, Paul Archer, el nuevo agente de los CFB, y nadie más.

Sin embargo, Mike era demasiado famoso y llamativo para que pudiera esconder algo así. Siempre tenía a alguien siguiéndole. Periodistas, reporteros, fanáticos, groupies… Durante el tiempo en que la relación fue a distancia, no fue tan difícil. Cada vez que Mike viajaba a Madrid para visitar a Simón lo hacía de incógnito y, una vez allí, no salían demasiado o, si lo hacían, procuraban ir a lugares poco concurridos. Solo en una ocasión habían tenido que huir del Jardín Botánico perseguidos por un grupo de chicas que le reconocieron.

Pero desde que habían tomado la decisión de irse a vivir juntos —hacía ya dos meses de aquello—, era bastante más complicado seguir ocultando que eran una pareja. La casa de Mike en Primrose Hill solía estar casi siempre rodeada de reporteros o curiosos.

Hacía unos días, justo antes de la boda, lo habían hablado y habían decidido que no podían continuar en la sombra. Su relación ya no podía seguir siendo algo íntimo y solo para ellos.

Simón sabía que las cosas se iban a complicar, pero no había otra opción. Serían la novedad del momento, pero la gente terminaría por cansarse y los dejaría en paz en un futuro próximo.

Eso esperaba.

La idea de anunciarlo así en televisión fue de Mike, por supuesto. Él y su teatralidad… A Simón ya no le sorprendía nada. Después de dos años de estar juntos, se había acostumbrado a sus excentricidades y a su forma de ser. De algún modo, y aunque eran muy distintos, se complementaban a la perfección. Su relación, que podía haber parecido destinada al fracaso debido a sus diferencias, cada día se afianzaba más.

El día en que Mike le pidió que se casara con él, hacía ya cuatro meses, no vaciló ni un instante. Había pocas cosas de las que Simón estuviera seguro al cien por cien en su vida. Una de ellas era su familia, su madre y su hermana, la otra, era Mike.

Su estrella brillante.

Volvió a centrarse en la pantalla.

Los cuatro componentes de los CFB estaban sentados en un sofá a la derecha mientras que la presentadora lo hacía en una butaca frente a ellos.

Mike vestía de negro, con unos pantalones muy ajustados, botas de militar, una camiseta larga hasta las rodillas y un sombrero de ala ancha.

Como siempre, estaba guapo a rabiar.

Los contempló un rato más mientras contestaban a las preguntas sobre el nuevo álbum que habían sacado hacía dos meses. Desde el lanzamiento estaban muy ocupados con la promoción y ver a Mike se había convertido en toda una odisea.

Su móvil comenzó a sonar. Se lo sacó del bolsillo y miró la pantalla.

Paola.

—Hola, señor marido de Mike Allen —le saludó con una risa.

—Perdona, pero es él el que es el marido de Simón Muñoz —repuso con retintín.

—¡Ja! Tus ganas… —bufó—. ¿Qué tal la vida de casados?

—Pues ni idea. Desde que se fue el miércoles no he vuelto a verle.

—¿Todavía no ha vuelto?

—Ya está en Londres. Me ha llamado cuando ha aterrizado en Heathrow hace unas horas. Tenía una entrevista en la tele, pero tiene que estar a punto de llegar a casa.

—¿Os vais mañana por la tarde, entonces?

—Sí, después de comer.

—Me dais una envidia que me muero.

—Ya sabes. Divórciate de Pedro y lánzate a por Joe. Sigue soltero… y en la boda te hacía ojitos.

—Le hace más ojitos a Pedro que a mí —protestó con sarcasmo.

Simón se rio con ganas. Era cierto que Joe se llevaba a las mil maravillas con Pedro. Cuando se conocieron en uno de los conciertos de los CFB, hacía algo más de un año, resultó que ambos eran unos fanáticos del World of Warcraft y, cada vez que se juntaban, terminaban apartados de los demás hablando de batallas y estrategias.

—Te estoy llamando porque hace mucho que no sabía de ti y para decirte unas cosillas —prosiguió ella cambiando de tema—. La primera, que tenías una clase hace cinco minutos.

—¡Joder! —exclamó Simón mirándose el reloj. Lo había olvidado completamente.

—No te preocupes. He contactado con tus alumnos y les he dicho que la clase empieza un cuarto de hora más tarde.

—Muchas gracias, Pao.

A pesar de que se había mudado a Inglaterra, no había renunciado a su trabajo como profesor, solo que ahora las clases las impartía online.

—Y la otra razón por la que te llamo es para decirte que la boda fue preciosa. ¡Qué emocionante! De veras, Simón. Todavía se me cae alguna lagrimilla cuando me acuerdo. Estabais tan guapos los dos…

—Yo más, ¿verdad?

—No. Lo siento mucho. Eres mi hermano y te quiero, pero no le llegas a Mike ni a la suela de los zapatos. Él estaba espectacular.

—¡Qué cabrona eres! —masculló fingiendo indignación.

—La realidad es la realidad. Asúmelo —dijo—. No, ahora en serio. Fue una ceremonia superentrañable. Quiero copias de las fotos. Hay por ahí una en la que os estáis mirando a los ojos embobados. Esa la quiero. Estabais de un mono… —suspiró.

Simón sabía perfectamente a qué foto se refería. También era su favorita.

—Te la mando al mail —dijo.

El fotógrafo les había hecho llegar unas cuantas y esa estaba entre ellas.

—Simón, estoy muy feliz por vosotros. Ya no por la boda, sino porque hayáis decidido iros a vivir juntos. Las relaciones a distancia son un fastidio.

Le dio la razón mentalmente. Esos dos años que habían pasado viéndose solo una vez al mes habían sido duros. Había echado mucho de menos a Mike. Sin embargo, no se arrepentía de su decisión. Durante ese periodo de tiempo su relación se había afianzado y Mike había podido dedicarse de lleno a su carrera.

—¿Cuánto tiempo vais a estar fuera? —le preguntó ella.

—Cuatro semanas —respondió.

—Llámame todos los días y pásame un informe de todos los sitios a los que vayáis.

Se rio con ironía.

—¿No lo vas a hacer? —inquirió ella con indignación.

—¿Todos los días? Te llamaré una vez a la semana, si me acuerdo…

—¡Qué capullo eres! ¡Qué rápido te olvidas de la familia, señor Allen!

—Venga, está bien. Te llamaré dos veces a la semana. No prometo más.

Paola resopló con fuerza en el teléfono.

—Lo acepto porque no me queda otra. Te voy a dejar que te estoy entreteniendo demasiado y vas a llegar tarde a tu clase.

—Dale un beso a mamá cuando la veas. He intentado llamarla y no he podido localizarla.

—Está en Portugal. Se fue ayer. Conociéndola se habrá olvidado de cargar el móvil o algo… Me abandonáis todos. Mamá y ahora tú. Estoy tan sola… —fingió lloriquear.

Simón volvió a reírse.

—Te mandaré entradas VIP para el próximo concierto de los CFB.

—Genial. Por mí puedes irte con Mike al fin del mundo, entonces —dijo con entusiasmo.

—Chaquetera…

Entre risas, se despidieron poco después.

Simón se miró el reloj. Solo quedaban un par de minutos para que empezara la clase, así que apagó la tele y se encaminó hacia su despacho.

Era uno de los dormitorios de la planta superior que habían convertido en oficina cuando él se trasladó allí.

La clase era una de preparación al TestDaF para alumnos que querían acceder a la universidad en Alemania. Y era su última clase antes de irse de viaje por Europa con Mike.

De luna de miel.

Su cara se iluminó.

«Luna de miel…».

¡Qué bien sonaba aquello!

* * *

Mike aparcó el coche, apagó el motor y salió de él a toda velocidad. Tenía la adrenalina por las nubes y unas ganas tremendas de besar a Simón.

Su esposo.

Se rio como un imbécil.

De unas cuantas zancadas salió del garaje y atravesó el pasillo que llevaba al interior de la casa. Subió las escaleras y se encaminó al salón. Las luces estaban encendidas, pero no había nadie allí. Toda la casa estaba muy silenciosa. ¿Dónde estaba Simón? Imposible que hubiera salido. Eran ya las diez de la noche.

Subió a la primera planta y entró en su dormitorio. Estaba a oscuras.

Encendió una de las lámparas de la mesilla y se quitó las botas y la chaqueta, arrojando esta sobre la cama. Unos suaves murmullos llegaron hasta él y agudizó el oído.

Provenían del despacho de Simón.

Ansioso por verle y abrazarle se dirigió hacia allí. Estaba al final del corredor. Se detuvo frente a la puerta que estaba entreabierta y espió a través de la rendija.

Simón estaba en una clase online, sentado frente a la pantalla de su ordenador. Hablaba en alemán con sus alumnos. Y justo a su lado, tendido en el suelo de madera, estaba Rico. El gato, cuando se percató de su presencia, se puso de pie, se desperezó y fue a su encuentro. Se coló por la abertura de la puerta y se detuvo junto a su tobillo. Mike le cogió en brazos y enterró la nariz en su pelaje mientras seguía contemplando a Simón, que permanecía ajeno a todo lo que sucedía a su alrededor. Estaba muy concentrado.

Llevaba unos pantalones grises de lino y una camiseta blanca de manga larga. Sus gafas de profesor sexi cabalgaban sobre su nariz y, entre frase y frase, se tironeaba del labio inferior inconscientemente. Tenía un boli en la mano y anotaba algunas cosas en un cuaderno.

Mike se recreó mirándole mientras se le aceleraba el corazón.

Llevaban tres días sin verse, exactamente desde la mañana después de la boda.

Se habían casado el martes en España. El miércoles a primera hora él y sus compañeros tuvieron que coger un vuelo a Londres y luego otro a Edimburgo, donde habían pasado dos días grabando el vídeo musical de uno de los temas del último álbum. Por fin habían regresado a Londres esa misma tarde, pero fueron directamente a la cadena de televisión para participar en la entrevista.

La entrevista…

No sabía si Simón la había visto.

Pero tal y como habían convenido, había hecho pública su relación.

Por fin.

Después de dos años, Simón había accedido a hacerlo.

Que las cosas no iban a ser fáciles para ellos de ahí en adelante era algo con lo que contaba, pero tenía mucha confianza en ambos y sabía que los lazos que los unían eran fuertes. Podrían con todo y saldrían adelante.

Estaba seguro.

Él hubiese pregonado a los cuatro vientos que eran una pareja mucho antes. Estaba ansioso por que el mundo entero lo supiese, pero Simón se había negado, aduciendo que no quería perjudicarle. Y fue inflexible hasta el final.

Mike no creía que su carrera pudiera salir afectada de ningún modo. Los CFB estaban en la cresta de la ola. El año anterior habían ganado cuatro Grammys y ese año, la canción principal de su nuevo álbum llevaba varias semanas en todas las listas de descargas y estaba batiendo récords de escuchas. Y su vídeo era uno de los más vistos en YouTube.

Eran imparables.

No obstante, había respetado la decisión de Simón. Era capaz de hacer cualquier cosa para hacerle feliz.

Rico ronroneó entre sus brazos y Mike le rascó la barbilla donde sabía que le gustaba, provocando que el gato cerrase los ojos y que su ronroneo se

hiciera más sonoro. Aunque todavía seguía husmeando todos los rincones de su nueva vivienda, se había acostumbrado muy bien a la enorme casa.

Como su dueño.

Simón también se había aclimatado con rapidez.

A Mike le encantaba verle con su ropa cómoda, deambulando de un lado a otro, haciendo el desayuno en la cocina, viendo la televisión tirado en el sofá, ensimismado en su despacho mientras preparaba una clase o yendo a visitarle a su estudio mientras él trabajaba… Era como si Simón siempre hubiera estado en su hogar, como si perteneciera allí.

Echaba de menos el pequeño y coqueto piso de Madrid donde tantos buenos ratos habían pasado, pero lo habían conservado y podían escaparse allí cuando quisieran para revivir recuerdos.

Y también tenían el chalet de Moraira.

Allí era donde se habían casado.

En su jardín con vistas al mar se dieron el sí quiero frente a la gente que los quería.

A la ceremonia acudieron la madre de Simón y su novio, Paola, Pedro y el resto de sus amigos. Y por parte de Mike, solo los otros tres miembros de los CFB, su padre y su madrastra, Ellen. Fue una celebración sencilla y muy íntima, tal y como ambos deseaban.

Preciosa y perfecta.

Mike todavía se emocionaba cuando pensaba en ella.

Debió de hacer algún ruido porque Simón se dio la vuelta y le descubrió en la puerta. Le lanzó una rápida sonrisa antes de dirigirse a sus alumnos y decirles algo con un tono de voz risueño.

Solo unos segundos después desconectaba el monitor y se quitaba las gafas.

Mike dejó a Rico en el suelo y se apresuró a entrar en la oficina. Se abalanzó sobre él y le encajonó contra el escritorio, besándole con ansia.

—Te he echado de menos —susurró contra su boca—. Estos días se me han hecho eternos.

Simón se aferró a su cuello mientras le devolvía el beso con el mismo ímpetu.

—Yo también te he echado de menos.

—¿Has visto la entrevista? —inquirió, alzando la cabeza.

—Cuatro veces —respondió.

—¿Y?

—Ha estado bien.

Resopló, decepcionado, y Simón soltó una risa.

—¿Ha estado bien? ¿Eso es todo lo que tienes que decir?

—Has estado fantástico —concedió—. Cuando has levantado la mano así como con descuido y has mostrado el anillo, ha sido un momento espectacular. A la presentadora casi se le caen los papeles de la mano.

—Y también te he dicho que te quiero, mirando a la cámara…

—Me ha gustado eso —reconoció.

—Y la he puesto en su lugar cuando ha dicho estupideces.

—Has estado perfecto.

—Lo sé —repuso Mike con una mueca engreída.

De pronto, un rictus de desagrado apareció en su boca.

—Hay reporteros fuera —dijo con pesar—. A partir de ahora van a estar ahí, al menos hasta que se calme todo. He tenido que entrar con el coche por la parte de atrás. Es una mierda, Simón. Lo siento…

—Ya lo habíamos hablado y sabíamos que las cosas iban a cambiar, así que no te preocupes por mí.

—Pero sé cuánto te molesta…

—Para —le cortó—. Es algo con lo que ya contaba cuando empezamos a salir y hemos conseguido esquivarlo durante dos años. —Se encogió de hombros—. Lo superaremos. No me importa pasar por ello si a cambio estoy contigo.

Mike sonrió ampliamente y se acercó hasta que los labios de ambos se encontraron. Volvieron a besarse con suavidad, sin apartar los ojos el uno del otro. Estaban tan cerca que Simón pudo ver la silueta de su cabeza reflejada en sus pupilas.

—Por cierto, ya he preparado las maletas —dijo sonriente.

—Genial —repuso Mike, regalándole una sonrisa similar.

Al día siguiente partían hacia Berlín. Iba a ser el primer lugar que visitarían. Después pasarían unos días en Praga, en Viena, en Budapest, en Roma y en Lisboa y terminarían en Madrid donde se quedarían el último fin de semana antes de volver a Londres de nuevo.

Un mes para ellos solos. Más o menos. Iban a compaginar la luna de miel con algunas apariciones de Mike y su grupo en programas de televisión europeos.

Un mes del que Simón pensaba exprimir hasta el último segundo ya que después de su retorno a Inglaterra, Mike iba a estar muy ocupado preparando la gira de verano que iba a llevar a los CFB a los Estados Unidos.

Mike aprovechó que estaba distraído para colocarse entre sus muslos y apretarse contra él. Simón se sentó sobre la mesa y le rodeó el talle con las piernas. Un objeto que había sobre la superficie del escritorio se volcó.

Miró por encima del hombro y se dio cuenta de que era la foto de su boda, esa de la cual Paola quería una copia y que Mike todavía no había visto.

Alargó el brazo y la cogió.

—Mira. La enmarqué ayer.

Mike se echó hacia atrás y cogió el marco de madera. Se quedó mirando la fotografía con la boca entreabierta y una curiosa expresión en el semblante. Le emoción se derramaba por sus ojos.

Bum bum bum…

El corazón de Simón amenazó con estallarle en el pecho al ver cómo la mirada azul de Mike se enturbiaba… Era tan franco con sus sentimientos y sus emociones. No ocultaba nada. Era tan directo… Simón le admiraba profundamente por ser tan fiel a lo que sentía y jamás avergonzarse de ello.

Le estudió fascinado. Sus facciones continuaban siendo igual de delicadas que siempre, pero ahora le envolvía un aura de madura intensidad, que cuando le conoció no estaba allí.

Llevaba el pelo suelto y, aunque se lo había cortado y apenas le llegaba a los hombros, seguía tan atractivo como siempre. O quizá más.

Suspiró en silencio.

Le quería tanto…

Nunca pensó que se pudiera querer tanto a alguien fuera de su familia.

Mike no podía apartar la vista de la foto. Aparecían ambos en primer plano, de cintura para arriba. Simón iba vestido de azul y él de blanco.

Tenían el mar al fondo. Se miraban a los ojos y sonreían. Su frente se apoyaba en la de Simón mientras este le tocaba la cara con la mano izquierda, donde destacaba su alianza de boda.

Era una imagen preciosa que mostraba con toda claridad lo mucho que significaban el uno para el otro.

Se le encogió la garganta y sus ojos se humedecieron. Los cerró, conmovido.

Cómo amaba a Simón…

A veces le parecía un sueño que estuvieran juntos. ¿Quién le iba a haber dicho que un simple encuentro fortuito durante un concierto le iba a llevar a encontrar a la persona con la que quería compartir su vida?

—¿Te gusta? —preguntó Simón en un susurro.

— I love it…44 —respondió. Se dio cuenta de que la voz se le había quebrado y carraspeó, aclarándosela, al tiempo que elevaba los párpados—.

Quiero una igual para mi estudio.

—Ya la tienes allí. Enmarqué dos.

—Eres el mejor. Y yo tengo la suerte de que seas mi marido.

—La suerte es mía. No todo el mundo puede decir que está con un millonario superfamoso —bromeó Simón.

Mike se rio y le contempló con los ojos brillantes antes de apartarse y tirar de su mano para que se bajara de la mesa.

—Ven, vamos a preparar la cena.

—Acepto. Me estoy muriendo de hambre. Y me tienes que contar qué tal ha ido todo en Escocia —dijo, siguiéndole fuera del despacho.

—Mientras tú cocinas te lo cuento.

—Qué cara más dura…

Mike volvió a reírse. Se detuvo en el pasillo, antes de las escaleras que conducían al piso inferior, y le empujó contra la pared haciendo un mohín.

—Consiénteme un poquito…

—¿Por qué pones morritos?

—¿No te parece sexi? —preguntó exagerando el gesto.

Los ojos relampagueantes de Simón y su forma de morderse el labio inferior le dieron la respuesta.

«Le parezco sexi».

Simón le empujó y se apresuró a bajar las escaleras, refunfuñando por lo bajo algo similar a Es tan guapo que no puedo resistirme, qué capullo…

Mike le siguió, riéndose entre dientes.

—Si cocinas, prometo recompensarte después en el dormitorio o en la ducha, como prefieras… —le dijo con tono lascivo.

—Es lo mínimo que puedes hacer. —Le lanzó por encima del hombro.

Mike siguió riéndose y apresuró sus pasos para poder alcanzarle. Lo hizo justo cuando llegaba a la planta inferior. Le agarró por el talle y le besó

bajo el lóbulo de la oreja, aspirando su aroma. Olía tan bien…

Simón giró la cabeza y sus miradas se cruzaron.

—Sabes que te quiero, ¿verdad? —le preguntó en un murmullo.

—Lo sé —respondió Mike.

—Te lo digo pocas veces.

—No me importa. Lo veo en tus ojos constantemente.

—¿Sí? —Se dio la vuelta y le miró con fijeza—. ¿Qué te estoy diciendo ahora?

Mike clavó la mirada en la suya y le escrutó a través de sus pestañas

—Que me amas con locura —musitó con voz ronca—. Que te mueres por mí y que quieres estar conmigo para siempre.

Simón sonrió.

—Exactamente eso te estaba diciendo.

Mike se rio y se apoderó de su boca.

—Lo sabía. Te has vuelto tan transparente…

Fin

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