My shining Star

Laura Sanz · Capítulo 34 de 42

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My shining Star

Voy a regresar / I am coming back

Voy a regresar /

I am coming back

Cuatro llamadas perdidas de Simón.

Seis meses y medio después, Simón le había llamado.

Se dejó caer sobre el sillón sujetando el móvil con firmeza al tiempo que fijaba la mirada en el espejo que había frente a él. Sus ojos llameaban.

Desde el mismo instante en que había regresado al camerino y había visto los mensajes en el móvil, sus ojos habían comenzado a despedir chispas de emoción.

Una sonrisa curvó sus labios.

Las dos primeras llamadas eran de hacía un par de horas, las dos siguientes, de hacía solo unos minutos.

Aquellas llamadas no le habían pillado por sorpresa. Las había esperado.

Sabía que llegarían en cuanto Simón viera el vídeo de My shining Star.

—¡Es una pasada! —exclamó Vince, que estaba sentado en el sofá que había al otro lado de la estancia—. ¡El vídeo está batiendo récords de visualizaciones en YouTube!

—Eres un capullo —le lanzó Rob.

Vince soltó una risa estentórea.

—Lo que te jode es haber perdido mil libras.

—Lo que me jode es que siempre tengas razón —rezongó, dándole un trago a su botella de agua.

Mike miró a uno y a otro alternativamente.

—En realidad, las mil libras debería cobrarlas yo —dijo.

—Tú no quisiste apostar —protestó Vince.

—Pero el que compuso la canción fui yo, y el que tuvo la idea de que fuera el primer single fui yo también.

—Insisto, listillo, tú no quisiste apostar —reiteró Vince con las cejas arqueadas.

Hacía casi dos meses, después de grabar todas las canciones del nuevo álbum, cuando tocó decidir cuál sería la más apropiada para ser lanzada en primer lugar, Mike insistió en que fuese My shining Star. No solo tenía motivos personales, además pensaba que era realmente buena y muy comercial, aunque se saliera de su estilo. La discográfica le dio la razón, a pesar de la oposición de Rob y Joe, que opinaban que había otros temas mejores.

Vince apostó con ellos a que la canción se convertía en un exitazo.

Mike había resultado tener razón.

La puerta del camerino se abrió y Andrew accedió al interior. Traía una sonrisa de oreja a oreja en la cara.

—La entrevista ha estado genial —anunció—. Y la canción está batiendo récords de escuchas en Spotify. Y el vídeo es el más visto hoy en YouTube.

Vince se levantó y agarró a Joe de la mano obligándole a ponerse de pie y a bailar con él. Este le siguió el juego. Rob se echó a reír.

Mike permaneció serio. Sus ojos se cruzaron con los de Andrew en el espejo. No le había perdonado lo que sucedió el año anterior. Tuvieron una discusión terrible en su despacho, en la que Mike terminó por arrojar un vaso contra la pared y decirle que no iba a volver a renovar el contrato con su agencia. Le dejó muy claro que iba a cumplir con sus obligaciones y que luego se largaría. A pesar de que el mánager no había cesado de pedirle perdón desde entonces y de tratar de arreglar las cosas cada vez que tenía ocasión, su relación era muy fría desde entonces. Exclusivamente profesional.

—¿Estáis listos? —preguntó el mánager.

Mike se levantó del sillón y, sin dirigirle ni una sola mirada, se fue hacia la salida.

—Voy al baño —dijo en voz alta.

—Date prisa —le gritó Vince—. Tengo unas ganas locas de celebrarlo.

Cerró la puerta a su espalda y se encaminó al aseo que estaba a solo unos metros del camerino que les habían asignado en los estudios de televisión. Era un área privada con fuertes medidas de seguridad y no se cruzó con nadie en el pasillo. Ni siquiera la chica que estaba encargada de ir con ellos y guiarlos y que los había seguido todo el tiempo como una rémora estaba a la vista. Mejor.

Se encerró en el baño y se sacó el móvil del bolsillo. Lo desbloqueó y lo contempló con satisfacción. Cuatro llamadas perdidas. Una risa efervescente abandonó su boca.

¡Seis meses y medio!

Seis meses y medio esperando aquello y al fin había llegado, cuando ya estaba a punto de perder la paciencia.

¿Cómo habría reaccionado Simón al ver el vídeo? ¿Cómo se habría sentido?

Quería saberlo. Tenía necesidad de escuchar que había sido todo un shock para él, que se había emocionado…

Hizo la llamada que sabía que le iba a proporcionar esa información.

—Lo primero, ¡enhorabuena! He visto el vídeo y he flipado. No me extraña que estéis arrasando. De verdad, qué pasada. Y lo segundo, casi lloro al escuchar la letra. Jo, Mike, es una preciosidad.

Paola y su entusiasmo.

—¿Y Simón? —preguntó ansioso.

—Te ha llamado, ¿verdad?

—Cuatro veces.

—El pobre está histérico porque no le coges el teléfono. A mí me llamó nada más ver el vídeo y ha vuelto a llamarme hace un rato. Está un poco desesperado.

—Pero ¿cómo ha reaccionado a la canción?

—¿Cómo crees? Estaba alucinando. Él pensaba que tú ni te acordabas de él y de pronto ha visto eso y se ha quedado… Está desbordado, Mike.

Jamás he visto llorar a mi hermano, pero hoy su voz sonaba rara… —Hizo una pausa—. Me ha dado pena. ¿No le vas a devolver la llamada?

Mike jugueteó con un hilo que se había soltado de su chaqueta al tiempo que fruncía los labios. Escuchar que Simón estaba tan conmovido le llenaba de satisfacción.

—No.

—De verdad que ya ha sufrido bastante, te lo digo yo que lo estoy viviendo con él.

Mike suspiró.

—Sé que piensas que soy duro y puede que tengas razón, pero necesito que sea él el que dé el primer paso.

—Ya lo ha dado. Te ha llamado.

—El primer paso lo he dado yo con la canción. Si no la hubiese escuchado, seguiría siendo igual de cabezota y no se habría molestado siquiera en marcar mi número. Pensarás que soy infantil, pero tengo mi orgullo… Aquello que pasó entre nosotros me hizo mucho daño, Paola.

Casi prefería no hablar de ello. Lo pasó realmente mal, sobre todo el primer mes. Tener que enfrentarse a ese vacío enorme que la ausencia de Simón había dejado en él le costó muchísimo…

—Lo sé, Mike. Pero también sabes que él lo ha pasado muy mal. ¿Qué más quieres que haga? No quiero que le tortures, es mi hermano y no me gusta verle sufrir.

—A mí tampoco.

—¿Entonces?

Se dio la vuelta y se miró al espejo mientras ponía en orden sus pensamientos. La cara maquillada del reflejo le devolvió una mirada decidida.

—Voy a regresar a España. El día quince estaré allí. Tengo que rodar un anuncio para una marca de relojes en Sevilla. Cuando termine iré a Madrid.

—¡Faltan dos semanas! A mi hermano le va a dar algo…

—Si hemos aguantado todos estos meses, catorce días más no son nada.

—Habla por ti, Mike. Simón está fatal y ahora, después de que ha visto el vídeo y escuchado la canción… Joder, van a ser dos semanas horribles para él con toda esa incertidumbre… Quizá yo podría insinuarle algo…

—No. No le digas nada.

—Es que, además, es nuestro cumpleaños.

—Pues genial, ¿qué mejor regalo que yo? —bromeó, apartándose del espejo.

Ella resopló.

—Me siento superculpable por haberle ocultado todo este tiempo a Simón que estaba en contacto contigo. Tenías que ver su cara cada vez que pongo una canción vuestra o cada vez que os menciono. Tengo unas ganas de que os reconciliéis ya…

—Yo tengo que darte las gracias por tu ayuda. Si no hubiese sido por ti, no sé cómo habría podido seguir adelante todo este tiempo —musitó.

—Bueno, eres mi cuñado, ¿no?

Él soltó una risita. Ojalá todo se arreglara con Simón, y Paola y él pudieran ser cuñados, como ella decía. Había apostado mucho y muy fuerte

por esa relación y esperaba que todo saliese bien.

—No le digas nada, por favor. Son solo dos semanas más y te prometo que se acabó la espera. Cuando llegue lo aclararé todo con él.

—Vale —accedió ella a regañadientes.

—Volveré a llamarte para ver cómo hacemos el día quince.

—Perfecto. Y enhorabuena otra vez.

Colgó y se guardó el móvil en el bolsillo de la chaqueta.

Quizá se estaba comportando de un modo algo infantil, pero no quería ponerle las cosas tan fáciles a Simón. Todavía estaba algo resentido por lo que pasó. En esos meses le había dado muchas vueltas a lo sucedido y seguía sin comprender por qué Simón no confió en él y solo se dejó guiar por las palabras de su mánager. Tenía que haberle preguntado.

También sabía que no habían sido meses sencillos para Simón, como decía su hermana. Lo sabía porque ella le había mantenido informado de todas las idas y venidas de Simón y de su estado de ánimo. Habían hablado un par de veces a la semana y se había encargado, incluso, de enviarle fotos.

Si no hubiera sido por ella…

¡Bendita Paola!

Volvió a sacarse el móvil del bolsillo y accedió a la galería de imágenes, a una carpeta llamada Simón. La última foto era de hacía solo unos días. En ella aparecía él, en la sala de descanso de su academia. Llevaba sus gafas de profesor sexi y tenía el pelo alborotado y más largo de lo habitual. Paola la había hecho sin que él se enterase y por eso estaba desencuadrada. Se estaba tomando un café en una taza con el logotipo de los CFB.

Mike volvió a sonreír como el día en que la recibió. Iba acompañada de un texto que rezaba: El pobre te tiene hasta en el café.

La amplió con los dedos y le contempló con avidez. ¡Qué guapo estaba!

Y cómo le echaba de menos… Gracias a Dios, la espera se había acabado, solo unos días más…

Unos golpecitos en la puerta le llevaron a bloquear el móvil y a guardárselo. Luego se dirigió hacia ella y la abrió.

Andrew.

—¿Qué pasa? —inquirió con dureza.

El rostro de su mánager se ensombreció.

—Ya está la camioneta fuera esperando. Hay un grupo de fanáticos con pancartas en la salida así que vamos a bajar al parking para no cruzarnos

con ellos.

—Bien.

Echó a andar, sin preocuparse de si el otro le seguía o no.

—Mike —le llamó.

Se detuvo, pero no se giró.

—Esta situación entre tú y yo ya está durando…

Se dio la vuelta con la mandíbula apretada.

—Esta situación entre tú y yo es la que tú provocaste. Ni más ni menos

—dijo con suma frialdad—. No hay marcha atrás para mí. Intentaste joderme la vida y este es el resultado.

—Deberíamos hablarlo, Mike. Me disculpé.

—Yo no tengo nada de qué hablar contigo. He cumplido con todas mis obligaciones como tú querías, pero te aviso que en dos semanas, cuando vaya a España a grabar el anuncio ese, voy a ver a Simón. Y me importa una mierda si algo de eso sale a la luz. Y en seis meses, cuando nuestro contrato acabe, buscaré otra agencia.

—¿Tus compañeros están de acuerdo? —Había un ligero tinte desesperado en la pregunta.

—Sí. Ya lo he hablado con ellos. Hay muchas agencias que quieren trabajar con nosotros, ¿sabes? —No pudo evitar que un breve atisbo de satisfacción asomara a sus palabras al ver la sombra en la mirada de Andrew.

—Mierda… —murmuró este.

Mike le ignoró. No sintió ningún tipo de conmiseración por él. Se merecía perder a los CFB por lo que le había hecho.

Vince era el único de sus compañeros que conocía toda la historia. Se había desahogado con él como hacía casi siempre que le ocurría algo. No en vano era su mejor amigo. Fue él el que sugirió que cambiaran de agencia en cuanto expirase su contrato. Joe y Rob tampoco pusieron muchas pegas. No se llevaban mal con Andrew, pero no le tenían un afecto especial. Cuando Mike los reunió en su casa y les contó a grandes rasgos lo que pretendía hacer, no le cuestionaron.

En cuanto entró en el camerino, Vince le lanzó una mirada interrogadora que él contestó con un breve guiño.

—¿Nos emborrachamos? Hemos estado tan ocupados que hace meses que no salimos —sugirió Rob acariciándose la barba. Se la estaba dejando

crecer y no paraba de toqueteársela.

—Contad conmigo. Soy una esponja —contestó Joe.

—Acepto —dijo Vince con una sonrisa enorme—. ¿Y tú, Mike? Ahora que George y Paul ya no están tan pegados a tu culo sí que vienes, ¿no?

Asintió. Las dos últimas veces que sus compañeros habían salido por ahí, él no los había acompañado debido al maldito acosador.

Pero ya no era necesario que tuviera tanto cuidado.

La policía por fin había detenido al responsable de los anónimos.

Resultó ser Howard Campbell, el novio de Roxie, su maquilladora. La pobre chica no tenía ni idea de que había estado saliendo con un fanático y de que le había estado proporcionando información sin saberlo. Por eso estaba siempre al tanto de las idas y venidas del grupo. La había acompañado a todas partes, incluso a varias ciudades de su gira europea del año anterior, una de ellas, Madrid.

Scotland Yard logró atraparle debido a un estúpido error que cometió al enviar una de sus últimas cartas. Encontraron una huella parcial en el sobre y, dado que el tipo tenía antecedentes por conducir en estado de embriaguez, pudieron identificarle. Ahora se hallaba en la cárcel, en espera de juicio.

Aparentemente, era un músico frustrado que había enviado maquetas de sus temas a la discográfica a la cual pertenecían los CFB y que fue rechazado en múltiples ocasiones. Su inquina contra Mike, al que, de manera irracional, consideraba responsable de su fracaso se convirtió en obsesión y todo su afán se centró en que este abandonara el grupo para ocupar su puesto.

Mike recordaba haber hablado unas cuantas veces con él y siempre pensó que era un tipo tranquilo y agradable, un gran admirador del grupo.

Jamás se percató de que tuviera algo en su contra o de que le odiase. Su sorpresa fue enorme cuando Andrew les informó de que Howard era el pirado de las cartas.

Era casi increíble y ridículo que un asunto que había preocupado tanto a todos, que había tenido a la policía en jaque durante tantos meses y que estuvo a punto de llevar a Mike hasta las puertas de una crisis mental, se hubiera resuelto con tanta facilidad.

Hacía un mes de aquello y, desde entonces, su vida había vuelto a la normalidad. A su caótica normalidad.

Andrew abrió la puerta del camerino y les hizo un gesto con la mano.

Dos guardias de seguridad y algunas personas más de la cadena los esperaban en el pasillo.

Camino del ascensor que los conducía al parking subterráneo se detuvieron a firmar autógrafos y a hacerse selfis con los empleados de la emisora, pero no perdieron mucho tiempo.

La furgoneta estaba aparcada frente a la puerta. George y Paul los aguardaban junto a ella. Era un vehículo de lujo con capacidad para ocho personas más el conductor. Se acomodaron en el interior y no tardaron en ponerse en marcha, camino de una fiesta que había organizado la discográfica en una sala del centro de Londres.

Mike notó que el móvil le vibraba en el bolsillo y lo sacó.

Era un mensaje de Vince.

Cómo ha reaccionado S?

Levantó la cabeza y se encontró con su mirada traviesa.

Su hermana dice que ha flipado.

Ha contactado contigo?

Tecleó la respuesta con rapidez, con una sonrisa enorme en la boca.

Cuatro llamadas perdidas.

Vince también sonrió.

Cuándo te vas?

En quince días cuando vaya a lo del anuncio. Y me quedaré una semana más.

—Eh, parece como si os estuvierais enviando mensajes el uno al otro —

dijo Joe con tono de protesta.

—¡Qué envidioso eres! —murmuró Vince, guardándose el móvil.

Mike se rio a carcajadas al tiempo que se echaba hacia atrás en el cómodo asiento.

Su mirada se cruzó con la de Andrew en el espejo retrovisor. Le contempló con frialdad durante un instante antes de girarse hacia la ventanilla. Estaban cogiendo Wood Lane. Era de noche y llovía, pero ni toda la lluvia del mundo podía opacar su felicidad.

Estaba pletórico.

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