Night School. Resistencia

C.J. Daugherty · Capítulo 12 de 40

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Night School. Resistencia

Doce

—¿Qué diablos pasa aquí? —La noticia le había caído a Allie como un jarro de agua fría—. Rachel, ¿qué estás haciendo?

Rachel levantó las manos.

—Quería darte una sorpresa. El fin de semana lo hablé con mi padre. Él lo ha arreglado todo con Isabelle. —Hablaba con tranquilidad, pero Allie percibió el nerviosismo que rezumaban sus palabras.

—Pues que lo desarregle. Porque esto no va a pasar. —El tono de Allie era amenazador. Por dentro estaba conmocionada. ¿Cómo podía hacerle aquello Rachel? Ella no era deportista. Era un cerebrito. Se estaba poniendo en peligro, ¿y para qué? ¿Para luchar contra Nathaniel? ¿Para luchar contra Gabe?

No tenía ninguna posibilidad contra ellos. La matarían.

—Allie. —Nicole habló en un tono pausado, pero Allie leyó una advertencia en sus expresivos ojos—. Rachel tiene derecho a tomar sus propias decisiones.

—No, no lo tiene —le espetó Allie—. Para esto, no. No pienso aceptar que esté aquí, Nicole. Le pueden hacer daño.

—Ya me han hecho daño, Allie. —Ahora Rachel parecía enfadada—. Y no pude defenderme porque no sabía cómo hacerlo. Simplemente fui una víctima de Nathaniel. Un juguete. Esperando a que alguien viniera a salvarme. Esperando a que tú me salvaras. No pude más que mirar mientras él te lastimaba. Y mientras Gabe casi le rompe la pierna a Nicole…

Rachel se estremeció al recordarlo, y una lágrima de rabia resbaló por su mejilla. Se la secó rápidamente con el dorso de la mano y sollozó.

Allie estaba atónita. Habían pasado tres meses juntas y su amiga no le había mencionado ni una sola vez que estaba planteándose unirse a la Night School. ¿Le había ocultado lo de Lucas y lo de la Night School tan tranquilamente?

¿Le había dicho la verdad en algún momento?

—Si me quedo en Cimmeria, tengo que aprender a defenderme. Y voy a hacerlo —prosiguió Rachel en tono desafiante—. No puedes impedírmelo.

La rabia y el miedo dificultaron que Allie pensara con claridad, y se presionó los párpados con los dedos. Aquello no podía estar pasando.

—Puede que no —dijo Allie dejando caer las manos a los costados—. Pero lo intentaré con todas mis fuerzas, que no te quepa la menor duda.

Allie giró sobre sus talones y se dirigió hacia el oscuro corredor, casi sin ser consciente de los regueros de lágrimas que le corrían por las mejillas. Caminaba con paso seguro, pero estaba conmocionada. ¿Cómo podía Rachel hacerle aquello? ¿Cómo podía traicionarla así? Seguro que Nathaniel la…

Dobló la esquina tan cegada por la rabia y el miedo que no vio por dónde iba. Había llegado al pie de la escalera cuando alguien la cogió por los brazos y tiró de ella. Allie luchó por liberarse, pero la tenían bien agarrada.

—Allie, para.

Era Carter.

Aun así Allie se resistió y le golpeó los hombros con los puños.

—Suéltame, Carter. Suéltame. Suéltame. —Pero él no la soltó. En vez de eso, la abrazó. Allie se derrumbó contra el pecho del chico y sollozó, mientras repetía una y otra vez—: Suéltame.

Carter la abrazó hasta que el llanto se fue calmando. Luego la guió escaleras arriba, hacia un rincón en penumbra donde podían hablar en privado.

—A ver —dijo el chico cuando estuvieron instalados—. ¿Qué pasa ahora?

Estaban sentados en un banco de piedra. Allie estaba agotada de tanto llorar, como si hubiese llorado con todo el cuerpo. En una mano sostenía el pañuelo de papel que él le había tendido.

Con la voz temblorosa, le contó lo sucedido a Carter. El colgador de la pared. La cara que había puesto Rachel.

Cuando hubo terminado, Carter maldijo para sus adentros:

—No me puedo creer que llegue a ser tan tonta. ¿Y en qué diablos está pensando Isabelle?

De algún modo, el hecho de que él estuviera de acuerdo empeoraba las cosas. Confirmaba que Allie tenía razón sobre el peligro que podía correr Rachel.

—Tenemos que impedírselo, Carter —dijo Allie, aguantándose las ganas de llorar —. Gabe la matará. Sé que lo hará. Tengo que ir a hablar con Isabelle y decirle… Decirle…

Carter cogió la mano de Allie y la apretó con la suya. Allie no recordaba la última vez que habían estado tan cerca y sin ningún mal rollo entre ellos. Le parecía de lo más natural estar así.

Pero lo que dijo Carter a continuación la pilló por sorpresa:

—O no.

Allie le soltó la mano y alzó la vista hacia él.

—¿Qué quieres decir?

—Mira, yo quiero a Rachel tanto como tú —dijo Carter—, pero piénsalo un momento. No es la persona más atlética de Cimmeria que digamos, ¿verdad?

Allie seguía sin entenderlo, pero asintió.

—Odia hacer deporte.

—Entonces… —Carter la miró en la penumbra, con aquellos ojos negros e insondables—. ¿Crees que soportará bien la Night School?

Allie reflexionó unos segundos.

—Será duro —dijo, aún sin comprender—. Es duro para todos.

—Raj es el instructor jefe. ¿Crees que hará algún tipo de concesión porque sea su hija?

Al darse cuenta de adónde quería llegar Carter, Allie se irguió y lo miró fijamente a los ojos.

—No, con ella será más duro. Mucho más.

—Exacto. Y Rachel no lo llevará bien.

—Lo odiará. —El mero pensamiento la animó—. Abandonará la Night School.

Ya empezaba a sentirse mejor.

—Vale —dijo Allie, casi para sus adentros—. Eso podría funcionar. Pero mientras tanto… estará en peligro todo el tiempo.

—Estaremos pendientes de ella —dijo Carter—. Además, últimamente casi nunca salimos del edificio para entrenar.

Llevaba razón. Y aunque Allie no quisiera admitirlo, porque no quería que Rachel estuviera en la Night School ni cinco minutos, supo que Carter estaba en lo cierto. Lo podían conseguir.

Se enjugó las últimas lágrimas de la cara y alzó los ojos para mirar al chico.

—¿Desde cuándo eres tan listo?

Los labios de Carter dibujaron una sonrisa.

—Desde siempre, pero tú no te habrás dado cuenta.

Ella no pudo más que sonreír. A pesar de todo.

De repente cayó en la cuenta de que, por tercera vez en el mismo día, había acabado en brazos de Carter.

Allie carraspeó.

—Gracias, Carter. Me estaba volviendo loca. No sé qué habría hecho si…

—No es nada —dijo él restando importancia al hecho de que, por segunda vez aquel día, hubiese recogido a una Allie en pedazos y la hubiese vuelto a recomponer —. Solo ha coincidido que estaba aquí. Nada más.

Carter miró el reloj y se levantó, volviéndose hacia Allie.

—Venga. Vamos abajo. Empecemos a hacer que Rachel odie la Night School.

 

Después de ponerse a toda prisa el equipo de la Night School, Allie se dirigió apresuradamente a la Sala de Entrenamiento Uno. Llegaba tarde y la sala mal iluminaba bullía de actividad.

Al entrar en la sala en penumbra vio a los alumnos vestidos de negro que practicaban complejas técnicas de ataque y defensa personal en parejas. Estaban en mitad de una llave que no conocía. Se daban puñetazos y patadas, se agarraban y se zafaban.

Aquella llave era mucho más complicada que cualquiera de las que hubiera practicado antes. La habitación cuadrada no tenía ventanas, hacía demasiado calor y en el ambiente flotaba un leve tufo a sudor. Escudriñó la sala en busca de caras conocidas.

Al fondo de la sala, Carter y Sylvain hablaban con Zelazny. Como si hubiese notado la mirada de Allie, Sylvain alzó la vista. Al ver los ojos hinchados de ella, arrugó el ceño.

Ella negó con la cabeza y articuló un «estoy bien» con los labios antes de volverse a buscar a Rachel.

La encontró al otro lado de la habitación, con Nicole.

Estaba muy rara con el equipo de la Night School. No le pegaba. Parecía como si interpretase el papel de una deportista en una obra teatral. Nicole le estaba enseñando los principios básicos de la llave y Rachel estaba de pie, desmañada y con la cara roja. Sudaba y parecía confusa con las instrucciones.

Estupendo, pensó Allie. Pero se sintió mezquina. Odiaba ver que Rachel lo estaba pasando mal.

Aquello no estaba bien.

Cuando ya no pudo soportarlo más, se dio media vuelta. Vio que Jerry Cole y Zoe estaban entrenando juntos y se dirigió hacia ellos. El instructor no era alto, pero sí fuerte. Sus movimientos eran pura potencia, aunque la alumna era mucho más ágil. Zoe no era capaz de derribarlo, pero se movía con tal rapidez que esquivaba las patadas de Jerry fácilmente.

—Vale —dijo Jerry levantando las manos y riendo—. Me rindo. Me has hecho polvo, Zoe.

—Genial. —La chiquilla alzó los puños con alegría.

—Eem… Hola —dijo Allie acercándose a ellos.

—Llegas tarde —dijo Zoe en tono acusador.

—Sí… Perdona. —Allie miró a Jerry con pesar—. Me he entretenido. No volverá a suceder.

Allie vio cómo el profesor se fijaba en sus ojos hinchados y su nariz enrojecida.

—¿Va todo bien? —preguntó.

Allie se sintió como una tonta y asintió.

—Sí… No es nada.

Durante un instante pensó que el profesor iba cuestionar aquella respuesta y que la obligaría a dar más detalles. Luego pareció que Jerry cambiaba de idea.

—Lo importante es que estés bien. —El instructor se hizo a un lado—. Entrena con Zoe. —Le dio una palmadita jovial en el hombro a la chiquilla y ella le correspondió con una sonrisa—. Más te vale estar a tope. Esta chica es despiadada.

Allie no se había esperado una actitud tan enrollada. Antes, cuando alguien llegaba tarde a la Night School, se ganaba un castigo para toda la semana y una bronca delante de todos. Como mínimo.

Las cosas habían cambiado de verdad.

A su alrededor los demás alumnos seguían practicando. Jerry levantó la voz para que Allie pudiera oírlo por encima del murmullo de las conversaciones y de los ruidos sordos de los cuerpos al caer contra el suelo.

—¿Entonces estás totalmente recuperada?

—Sí. —Allie alzó un puño con poco entusiasmo—. Estoy lista para la acción.

Jerry lanzó una mirada de advertencia a Zoe.

—Recuerda que no está permitido herir, matar ni lisiar.

Zoe asintió con tanta vehemencia que su coleta rebotó.

—Nada de hacer daño.

Jerry le explicó a Allie la llave que estaban practicando. No era tan complicada como parecía, pero tampoco era fácil. Mano a la muñeca. Pie al hombro. Doblar la espalda. Girar. Mano a la muñeca. Repetir. E intentar no perder el equilibrio.

Después de probarlo un par de veces a velocidad media, el instructor pareció satisfecho.

—Zoe puede enseñarte otras cosas que hemos practicado últimamente. Llámame si necesitas ayuda. —El instructor sonrió—. Nos alegramos de que hayas vuelto a los entrenamientos, Allie.

—Gracias —contestó ella tímidamente.

Cuando Jerry se hubo marchado, Zoe se volvió a mirarla y ladeó la cabeza.

—¿Quieres pelea?

Allie esbozó una sonrisa.

—Ya lo creo.

Estaban practicando la tercera maniobra cuando Sylvain y Carter se acercaron. La expresión de Sylvain era seria.

—Carter me ha contado lo de Rachel —dijo—. Es increíble.

Allie hizo un gesto de impotencia.

—No tendría que estar aquí —sentenció Zoe, como si Rachel hubiese violado una regla fundamental.

—Parece superada por la situación —dijo Carter—. Todos se giraron para mirar a Rachel y vieron cómo acababa en el suelo tras intentar propinarle una patada a Nicole.

—Se le da fatal —dijo Zoe antes de mirar a Allie—. Es peor que tú cuando empezaste.

Allie no contestó. Tenía los ojos clavados en las dos chicas. Ahora Nicole estaba ayudando a Rachel a levantarse.

—Hemos pensado que podríamos practicar con vosotras —dijo Sylvain, volviendo a captar la atención de Allie—. ¿Te parece bien?

—Claro —Allie había respondido sin pensar. Al instante, comprendiendo la sugerencia del chico, lo miró con sorpresa—. Para el carro. ¿Vosotros dos sois pareja de entrenamiento?

—Te dije que entrenábamos juntos —dijo Sylvain sin darle importancia.

—Sí —Allie miró a los chicos alternativamente—, pero no me dijisteis que lo habíais hecho oficial.

—¿Qué quieres que te diga? —dijo Carter con una sonrisa cínica—. Los polos opuestos se atraen.

Allie no sabía cómo tomarse aquel giro de los acontecimientos. Por alguna razón, que su novio y su exnovio entrenaran juntos le parecía inapropiado.

En cuanto reanudaron el entrenamiento, tuvo problemas para volver a concentrarse teniendo a los dos chicos tan cerca. Cada vez que hablaban o uno de ellos se reía, Allie alzaba la vista para ver qué estaba pasando y Zoe le acababa pateando la cara.

—Estás muerta —le explicaba amablemente su compañera cada vez que esto ocurría.

Sin embargo, pasado un rato, empezó a cogerle el ritmo al entrenamiento y aparcó las distracciones. Siempre le había gustado la naturaleza puramente física del entrenamiento, el saber que, llegado el caso, podría defenderse. O escapar.

Mientras había estado fuera, había seguido el estricto programa de entrenamiento que Raj le había proporcionado. Estaba muy fuerte.

Aun así trabajar con Zoe no era sencillo. Los movimientos de la chiquilla eran certeros y rápidos como un rayo. Levantaba la pierna hasta la garganta de Allie con tal velocidad que no era capaz de verla.

De vez en cuando, ella y Zoe hacían un descanso y observaban cómo entrenaban Carter y Sylvain. Estaban practicando la misma técnica que ellas, pero, debido a la mayor fuerza de los chicos, parecía más brutal. Las patadas de Carter poseían la fuerza de un tanque. Si quisiese, podría lanzar a Sylvain al otro lado de la sala. O romperle el cuello.

Cuando le tocó el turno a Sylvain, se movió con la gracilidad letal de un bailarín dispuesto para el ataque. En vez de limitarse a inclinar el cuerpo y dar la patada, saltó y dio un giro en el aire con la pierna levantada hasta terminar con el pie colocado en el lugar preciso, en mitad de la garganta de Carter.

—Bien hecho, chicos. —Raj Patel se dirigía hacia ellos con una sonrisa y con los brazos extendidos hacia Allie—. Bienvenida. Te hemos echado de menos.

El señor Patel la abrazó cariñosamente y le dio unas palmadas en el hombro.

—Veo que has seguido entrenándote mientras estabas fuera.

Allie se sonrojó de orgullo.

—Sí, cada día.

—Se nota —dijo Raj con aprobación. Y señaló al resto de alumnos, que seguían practicando la llave—. Como habrás visto, estamos probando cosas nuevas. Estas técnicas están pensadas para inhabilitar al contrincante y dejar tiempo suficiente para escapar. —Y añadió en tono amenazador—: U otra cosa.

—¿Qué quieres decir? —preguntó Allie.

—Con estas llaves se puede matar a una persona, Allie —explicó Raj como si tal cosa—. Os estamos enseñando tanto las llaves que matan como las que inhabilitan.

Allie intentó disimular su consternación. Siempre se habían centrado en aprender técnicas evasivas y de autodefensa, que les ayudarían a evitar un secuestro o que les hicieran daño. Era un entrenamiento impagable para los hijos de los millonarios que, como Allie bien sabía, eran blancos muy fáciles al lado de sus padres superprotegidos.

Pero nunca les habían enseñado cómo matar a un atacante.

—Vaya —murmuró Allie—. Qué fuerte.

Sylvain tomó la palabra.

—No tenemos alternativa —dijo—. Con Nathaniel es matar o morir, ya lo sabes.

—Para eso estoy aquí, para asegurarme de que no os maten —dijo Raj—. Y ahora… —El jefe de seguridad miró al reducido círculo de alumnos—. Creo que deberíais cambiar de pareja.

Todos se le quedaron mirando sin comprender.

—Aunque Zoe sea una compañera de entrenamiento excelente, Allie necesita aprender a pelear con una persona más alta que ella —explicó Patel—. Tiene que aprender a luchar contra un hombre—. Así que… —Mientras se alejaba, dibujó con el dedo índice una espiral en el aire—. Cambio de pareja.

Allie evitó mirar a Carter. Estaba claro con quién tenía que entrenar ella.

Carter también lo tenía claro, porque gesticuló para que Zoe se acercara.

—Venga, peque. Enséñame de lo que eres capaz.

—No me llames peque —se quejó Zoe.

Mientras la pareja se colocaba en el tatami de al lado, Allie se preguntó si aquella leve punzada que notaba en el estómago era de decepción.

Borró las dudas de su rostro y se dio media vuelta para encararse con Sylvain.

—¿Preparado?

Él le dirigió una sonrisa, ajeno a su desazón.

—Totalmente.

Raj tenía razón; la llave era distinta con alguien más alto. Allie tuvo que esforzarse mucho más para inclinar el cuerpo con el ángulo correcto al dar el puntapié. Tuvo que ajustar sus respuestas. Le costó varios intentos conseguirlo, pero al final logró afinar la puntería. Su pie descalzo aterrizó justo por debajo de la barbilla de Sylvain. En el lugar exacto.

—Excelente. —El francés hizo ademán de morderle el pie y ella rio, mientras se alejaba de él dando saltitos.

Por el rabillo del ojo, Allie vio cómo Carter les dirigía una mirada rápida. Pudo captar dolor y confusión en su expresión, y apartó la mirada de golpe.

No iba a ser nada fácil entrenar juntos.

Una vez más cayó en la tentación de mirar a Rachel y a Nicole. Rachel estaba intentando dar la misma patada que antes y volvió a perder el equilibrio. Nicole la ayudó a levantarse, pero el sonrojo de Rachel delataba lo avergonzada y frustrada que se sentía. Jerry se acercó a las jóvenes y les habló en voz baja.

No daba la impresión de que les estuviera riñendo. Más bien parecía que les daba consejos amablemente. Pero incluso desde el otro lado de la sala pudo percibir la tristeza de Rachel.

Cuando terminó el entrenamiento, Allie se dio una ducha rápida y se puso el uniforme escolar con su habitual descuido. Con la blusa a medio abrochar y la corbata en una mano, se encaminó apresuradamente hacia la puerta. Pero cuando pasó por la zona principal del vestuario, se detuvo de repente. Rachel y Nicole estaban sentadas en un rincón, hablando en voz queda. Aún llevaban puesta la ropa de entrenar. Rachel tenía la cabeza gacha, en ademán derrotado, y la mano de Nicole descansaba en el hombro de su amiga.

Allie compadeció a Rachel.

Sabía que tenía que ponérselo difícil. Ese era el plan, ¿no?

Lo mejor que podía hacer en ese momento era ignorarla. Hacerla sentir sola y apartada. Hacer lo necesario para convencerla de que no podía estar allí.

Pero le partía el corazón verla así.

Cuando Allie se acercó a las chicas, Nicole le dirigió una mirada de advertencia.

¿Desde cuándo Nicole es la protectora de Rachel?, se preguntó Allie. ¿No es ese mi papel?

—Oye —dijo Allie—. Solo quería decirte que… —Lo siento. No lo hagas. No quieras ser algo que no eres, no seas como yo—. Perdona por lo de antes, me he… pasado—. Allie retorcía la corbata entre las manos mientras hablaba—. Sé que cuesta. Mi primera sesión de la Night School fue un asco. Con el tiempo mejora. Te lo prometo.

Rachel tenía la cara roja de agotamiento y fracaso, pero las palabras de Allie parecieron reconfortarla. El labio superior le tembló.

—Gracias, Allie. Y lo siento.

Allie alzó una mano.

—No, no digas eso. Estaba cabreada contigo porque me preocupo por ti. Ya sabes por qué. No tengo que decírtelo porque ya lo sabes. Es que… —Vaciló un instante; quería decirle muchas cosas, pero Rachel tenía pinta de estar agotada. No era un buen momento—. Mañana hablamos, ¿vale?

Rachel se mordió el labio y asintió.

—Vale.

Allie salió del vestuario sintiéndose mejor y peor. Mejor porque Rachel ya no pensaba que la odiaba. Y peor porque acababa de ponerle más fácil la peor semana de la Night School.

Seré idiota.

 

Cuando salió al pasillo, se encontró a Sylvain de frente con un pie apoyado en la pared. Uno de los alumnos más jóvenes de la Night School estaba diciéndole algo mientras lo miraba con adoración. Sylvain lo escuchaba pacientemente, con la mirada baja.

Como si hubiese sentido su presencia, alzó la vista para encontrarse con los ojos de Allie.

Dijo algo al alumno y este, con aire decepcionado, se marchó.

Sylvain se dio impulso con el pie y fue al encuentro de Allie.

—¿Qué tal está Rachel? —preguntó en voz queda.

Allie pensó en cómo la había mirado Rachel justo antes de que saliera por la puerta.

—Va tirando.

Recorrieron el largo corredor del sótano hablando en voz baja y subieron las escaleras hacia la planta baja. Los zapatos de ambos rechinaron en el suelo de madera pulida.

Cuando llegaron a la escalinata principal, se detuvieron. Sylvain tiró de ella. Allie cerró los ojos y se inclinó hacia adelante, esperando que le deseara buenas noches. Que la besara y le dijera hasta mañana.

Pero él no hizo nada de eso.

—Nos vemos en el tejado —susurró en la mejilla de Allie, y ella, al notar su aliento, se puso nerviosa de repente—. A medianoche.