Night School. Resistencia

C.J. Daugherty · Capítulo 17 de 40

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Night School. Resistencia

Diecisiete

Sylvain estaba junto a Allie, sin aliento. Carter se volvió a mirarla. Se podía leer la preocupación en su cara.

—Genial —susurró Zoe.

Isabelle y Raj empezaron a discutir de inmediato. Dom se mostraba tranquila mientras las voces se alzaban alrededor.

—Creo que deberíamos irnos —dijo Sylvain en voz baja.

Tenía razón; no había nada más que pudieran hacer. Ahora les tocaba discutir a los profesores. Pero Allie ya había tomado una decisión. De una manera u otra, acudiría a la negociación.

Los adultos no parecieron darse cuenta de que los alumnos abandonaban la capilla; nadie intentó detenerlos. Fuera el aire era frío y olía a limpio. Allie respiró hondo. Ahora que había tomado una decisión, se sentía más ligera, algo aturdida por su propia valentía. Echó la cabeza hacia atrás para dejar que la suave lluvia de verano le mojara el rostro.

Los otros seguían sumidos en un silencio extraño; Allie percibía su desaprobación.

Ya se habían internado en lo profundo del bosque cuando Nicole rompió el silencio.

—Tendremos que prepararnos.

Parecía evitar la mirada de Allie.

—Ya sabemos cómo luchan Nathaniel y Gabe. Cómo operan. Tendremos que estar listos para defender a Lucinda.

—Y a Allie. —La preocupación surcaba la cara de Sylvain.

—Y a nosotros mismos —dijo Carter.

—No sé si nos dejarán ir con ella —dijo Zoe, mirando a todo el grupo.

—Iremos. —La voz de Nicole sonaba tensa, y Allie se volvió para mirarla con detenimiento.

La lluvia había empapado el cabello negro de Nicole y le resbalaba por la cara como si fueran lágrimas. Por la rigidez de sus hombros y la tensión de su mandíbula, Allie detectó que su amiga estaba molesta.

—Tampoco es que tengamos elección. —Nicole remarcó cada palabra.

Nadie se lo discutió. Únicamente Zoe parecía no haber comprendido a qué se refería.

—¿Qué pasa? —Allie recorrió con la mirada las caras a su alrededor—. ¿Estáis enfadados conmigo porque he aceptado ir a la negociación? ¿Qué otra cosa podía hacer?

—Yo no estoy enfadada —dijo Zoe—. Estoy encantada.

Allie la ignoró.

—Nicole. —La lluvia había arreciado. El agua resbalaba por el rostro de la muchacha y le caía a chorros hasta la blusa empapada—. ¿Tienes algo que decir?

La francesa seguía con la vista fija en el suelo.

—Creo que tomas decisiones que afectan a otras personas y no te paras a pensar lo que implican. Es peligroso. Eres peligrosa.

Herida, Allie miró a su alrededor buscando un apoyo. Sylvain miraba al infinito con la mandíbula apretada. Allie advirtió, por la postura rígida del chico, que no aprobaba su decisión.

Cuando cruzó la mirada con Carter, él le mostró las manos vacías, como diciendo: «¿Qué esperabas?».

La rabia la invadió. Nicole prácticamente le había robado a su mejor amiga. ¿Y ahora iba a hacer lo mismo con todos los demás?

Ni hablar.

—Pues entregadme a Nathaniel, así podréis estar un poco más seguros. —El tono de Allie era cortante—. O a lo mejor preferís poneros de su parte directamente y acabar con todo esto de una vez. A Cimmeria le vendría bien otro espía. Me han dicho que pagan bien.

Alguien contuvo la respiración. Nicole parecía estupefacta.

—Allie —dijo Sylvain—. Para.

Allie se giró hacia él rápidamente.

—No me digas lo que tengo que hacer. No lo soporto.

Sylvain se alejó de ella.

Sin mediar palabra, Carter echó a andar dejándolos pelearse. De algún modo, eso fue lo que más preocupó a Allie.

—No lo pillo —dijo Zoe, a todas luces desconcertada—. ¿Por qué estáis todos cabreados?

—Déjalo, Zoe —dijo Allie— Da igual.

 

Finalmente por la tarde dejó de llover, pero el cielo seguía gris. Las tensiones no se suavizaron con el paso de las horas.

Durante la cena, el ambiente de la mesa era, sin lugar a dudas, gélido, y Allie se moría de ganas de largarse de allí. En cuanto terminó la comida, arrastró la silla hacia atrás, pero antes de que pudiera levantarse, Sylvain se inclinó hacia ella y le susurró algo al oído:

—Tenemos que hablar.

El tono de Sylvain era seco y a Allie se le encogió el corazón. No quería discutir con él. Lo que quería era que Sylvain la apoyara y que entendiera que no había otro remedio.

Que confiara en ella.

Pero estaba claro que no tenía escapatoria. Con pasos reacios, lo siguió hasta el corredor y luego subieron por las escaleras hasta la relativa intimidad del descansillo.

En lo más alto, alguien había dejado abiertos los ventanales para que pasara el aire húmedo y fresco de la lluvia. Mientras se dirigían al hueco oculto que había detrás de una gran estatua de mármol, la expresión de Sylvain era inescrutable.

—¿Qué pasa? —dijo Allie, ansiosa por acabar con la charla—. ¿Es por lo que ha pasado hoy? La verdad es que no me apetece nada hablar de ello.

Él la miró fijamente, sus ojos azules eran distantes e inexpresivos.

—¿Ah, no?

El tono desafiante de él la descolocó. Hiciera lo que hiciese, Sylvain nunca se enfadaba con ella. No sabía muy bien cómo discutir con él.

—No… —titubeó Allie, delatando su repentina inseguridad.

La mirada de Sylvain no flaqueó.

—Pensaba que querrías defender tu postura —dijo— y explicarme por qué estamos todos equivocados menos tú.

A Allie le ardieron las mejillas. Aquello era peor de lo que había imaginado. Sylvain parecía molesto de verdad.

Tenía que cambiar de táctica.

—Vale, está claro que te ha molestado. Bueno, que os ha molestado a todos. O sea, que no está bien. —Allie intentó parecer lo más conciliadora posible. Noble, incluso—. Lo siento si crees que he tomado la decisión equivocada.

Él no esperó a oír ni una palabra más.

—Allie, podrían matarte.

Las palabras de Sylvain trascendieron la ya tambaleante lógica de Allie, que lo miraba con los ojos muy abiertos. Todas las excusas de ella se esfumaron.

—Si acudes a la reunión, Nathaniel podría matarte. Quizás sea ese el plan. Y si vamos contigo para protegerte, también podríamos acabar muertos. Nicole podría morir. Yo podría morir. Carter podría morir. ¿Lo entiendes? Hablaba con mesura, pero cada palabra dolía como una bofetada.

—Necesito saber que entiendes a qué nos has comprometido sin consultarnos. Sin preguntarnos qué queremos hacer. Si estamos preparados para dar la vida.

De repente, la imagen de Jo rodeada de sangre la asaltó.

Allie cogió aire sonoramente y se levantó de un salto.

—Tengo que irme.

Pero antes de que pudiese darse la vuelta, Sylvain la agarró rápidamente de la muñeca. Había sido tan rápido que ella ni siquiera lo había visto.

—Quédate y escúchame, Allie —dijo él—. Si no vas a escuchar a nadie más, por lo menos escúchame a mí. —Allie forcejeó para zafarse; no quería oír ni una palabra —. Por favor, Allie. Es importante…

—Ya lo sé. —Allie consiguió liberarse y, entre jadeos, le lanzó una mirada cargada de reproche.

¿Cómo se atrevía a insinuar que ella no sabía lo peligroso que era aquello? ¿Cómo se atrevía a hablarle así, como si ella no supiera lo que significaba la muerte?

¿Acaso no lo sabía mejor que nadie?

Allie sabía que si le decía la mitad de lo que estaba pensando, él nunca la perdonaría y ella nunca lo perdonaría a él. Tenía que largarse de allí antes de causar daños mayores.

Con los puños apretados, Allie alzó la barbilla y se obligó a hablar en voz baja.

—Siento que estés enfadado conmigo, Sylvain, pero no puedo seguir con esto.

Entonces giró sobre sus talones y salió huyendo.

 

Después de aquella discusión, Sylvain guardó las distancias con Allie. Y no fue el único.

Nicole la evitaba por los pasillos, lo que significaba que Rachel también la evitaba, porque estaban juntas muy a menudo. Isabelle y Raj estaban igual de fríos y distantes, y no se volvió a sacar el tema del parlamento. Por lo visto habían decidido no volver a discutirlo con Allie.

Carter parecía no estar de acuerdo con la situación en general, y Allie muy rara vez lo veía. Tenía la sensación de que Carter los evitaba a todos.

Los días fueron pasando y Allie siguió con la rutina de clases y entrenamientos, aunque lo hizo más bien sola. Se sentía apartada, dejada de lado, pero no pensaba dar su brazo a torcer. La reunión entre Lucinda y Nathaniel tenía que celebrarse. Era su única oportunidad. Y ella tenía que estar presente, por mucho que a los demás les pesara.

La única que parecía ajena a las desavenencias que había en el grupo era Zoe, que se mantenía firme al lado de Allie.

Una noche, durante el entrenamiento de la Night School, Allie inventó una excusa para preguntarle qué sabía de Dom.

—Mola —dijo Zoe, entusiasmada, al tiempo que dirigía una patada justo al lado de la cabeza de Allie—. Creó un software nuevo de rastreo informático. Raj dice que lo usa el servicio secreto.

Allie se agachó para esquivar el golpe. Acto seguido hizo una finta en zigzag y se levantó, alzando el brazo en posición de ataque. Zoe bloqueó el golpe con una rapidez brutal.

Jerry, que había estado observando desde lejos cómo luchaban, se acercó a ellas.

—Magnífica ejecución, chicas. Nunca lo había visto hacer tan bien.

Allie, reconfortada al saber que por lo menos había un adulto que no estaba enfadado con ella, le sonrió, agradecida.

—Gracias.

—Seguid así. —El instructor dio unas palmadas a Zoe en el hombro y se encaminó hacia otra pareja de alumnos.

Zoe aceptó el elogio sin titubear.

—Tiene razón. Somos la bomba.

La chiquilla se secó el sudor de la frente y cogió una botella de agua del tatami.

Allie miró al otro lado de la sala, donde Rachel y Nicole practicaban la misma llave. Los movimientos de Nicole eran fluidos y ágiles. Rachel, por el contrario, parecía torpe y errática, y cada vez que Nicole daba una patada, retrocedía como si estuviese asustada. Raj también las estaba observando y Allie vio cómo negaba con la cabeza, exasperado. Sin embargo, Nicole posó una mano sobre el brazo de Rachel y le dijo algo que la hizo reír. Luego volvió a hacerle una demostración de la maniobra.

Era así como debía trabajar con Rachel; era tal y como Allie lo habría hecho.

Volvió a sentir un aguijonazo de celos.

—Después de un año en Harvard, lo dejó. —Zoe bebió un trago y siguió hablando de Dom—. Como ya se había forrado con lo del software, para ella no tenía sentido seguir allí.

A su alrededor los alumnos de la Night School se daban puñetazos y patadas en complejas y violentas maniobras.

—Isabelle dijo que la había contratado Raj. ¿De qué se conocen? —preguntó Allie.

—Dom estudió en Cimmeria. Era estudiante de intercambio.

—¿En serio? —Allie no pudo ocultar su sorpresa. Nadie había mencionado antes que Dom hubiera asistido al colegio por derecho de sucesión.

—Raj fue su instructor de la Night School y su mentor —explicó Zoe—. Pero cuando prohibieron los ordenadores, decidió volver a Estados Unidos. O por lo menos eso es lo que dice todo el mundo.

Allie sabía que eso requería valor. Nadie se iba así como así de Cimmeria.

Si Dom era una de esas personas que siguen sus instintos, tenía sentido que quisiera que Allie hiciera lo mismo.

Salta.

Mientras reflexionaba, la mirada de Allie se desplazó hacia donde Carter y Sylvain estaban entrenando. Los chicos convertían aquella serie de complejos movimientos en algo aún más violento y mortífero que cualquier otra pareja de la sala. Aunque en el último segundo, antes de que un pie golpeara un cuello o un codo se hundiese en un ojo, retrocedían, Allie no podía reprimir una mueca de dolor cada vez que los veía abalanzarse el uno contra el otro.

Entre ronda y ronda, veía que Carter le gastaba una broma a Sylvain y que este se tronchaba de risa. Sin embargo, era tal la potencia con la que se embestían que costaba creer que no estuvieran enfadados de verdad.

Se le ocurrió que estaban más cómodos entre ellos de lo que nunca lo habían estado con ella.

Entre Allie y cada uno de los chicos siempre había habido algún tipo de tensión; una especie de campo de fuerza sexual y amoroso.

Entre los dos chicos no había nada de eso, de modo que podían ser amigos simplemente.

Y ahí están los celos otra vez.

Allie suspiró y se giró para prestar atención a Zoe.

—¿Entonces por qué ha vuelto Dom a Cimmeria?

—Porque yo se lo pedí. —La voz de Raj sobresaltó a las dos chicas, que dieron media vuelta y se lo encontraron plantado detrás de ellas, con expresión sombría—. Necesitábamos su ayuda. Aunque ahora mismo empiezo a pensar que ha sido un error. Zoe, das la patada desde la lumbar y no desde el abdominal. Corrígelo.

Mientras Raj se alejaba a grandes y silenciosas zancadas, Zoe dijo en tono reverencial:

—Camina como un fantasma. Es alucinante.

 

Cuando terminó el entrenamiento, todos se dirigieron hacia el vestuario, pero Sylvain se acercó a Allie.

—¿Puedes esperar un segundo, por favor?

Ella lo miró sorprendida. Desde la discusión casi no se habían dirigido la palabra.

—Claro —dijo Allie cuidadosamente—. ¿Qué pasa?

Sylvain echó un vistazo en torno a la sala. Los demás estaban saliendo en tropel hacia el vestidor.

—Verás… Bueno, ahora te lo digo.

Allie buscó en la cara del chico alguna pista de lo que iba a decirle, pero sus ojos azules eran insondables. La estancia fue quedándose vacía y Carter, con las manos metidas en los bolsillos, se acercó a ellos, aunque mantuvo las distancias. Allie intentó captar su mirada, pero le pareció que Carter se esforzaba por no mirarla.

Después Zoe, Nicole y Rachel también se acercaron.

—¿Qué ocurre? —preguntó Allie con recelo—. ¿Vamos a hacer terapia de grupo o algo así?

Nadie sonrió.

Cuando se quedaron totalmente solos en la sala de entrenamiento, Sylvain respondió a su pregunta.

—Si vas a ir a la negociación, tenemos que prepararnos.

Allie estaba confundida.

—¿No es lo que acabamos de hacer? Pensaba que dos horas y media dándonos de leches ya era prepararse.

—Eso ayuda —dijo Carter—. Pero ya has luchado contra Nathaniel. Ya sabes cómo es. No juega según las normas.

Carter caminó hacia un lado de la sala, se agachó y palpó algo debajo del tatami de goma. Tras unos segundos, sacó dos objetos que Allie no alcanzó a distinguir.

Entonces el joven se dio la vuelta. En una mano sostenía una daga de aspecto letal. En la otra, empuñaba una pistola.

A Allie se le heló la sangre en las venas.

Se quedó mirando el puñal, muy nerviosa. Notó cómo la cicatriz del brazo palpitaba.

—Carter —susurró Allie—, ¿de dónde has sacado eso?

—No te preocupes. Son de pega.

Sylvain parecía encantado con la reacción de Allie.

—Raj las ha conseguido para que podamos practicar.

—Pero son réplicas muy buenas —dijo Carter.

Con un movimiento de muñeca, el joven lanzó la pistola a Sylvain, que la cogió al vuelo.

Allie miró a su alrededor. Rachel y Nicole le evitaron la mirada. Zoe contemplaba ansiosamente las armas. Nadie manifestaba la más mínima sorpresa por lo que estaba ocurriendo.

—¿Qué pasa aquí?

Con la pistola en la mano, Sylvain se volvió hacia Allie. Sus ojos azules la miraron fijamente.

—Vamos a practicar con las armas que es más probable que Nathaniel utilice. Tenemos que aprender a defendernos de ellas.

La daga siseó cuando Carter la sacó de la vaina.

La hoja brilló a la luz mortecina. Allie no podía quitarle los ojos de encima.

Sería falsa, pero tenía pinta de ser bastante peligrosa.

—No tiene filo. —Carter se pasó la hoja por el antebrazo y luego levantó el brazo y mostró la piel intacta.

Zoe le quitó la daga y la giró sobre su mano. Probó a tocar la punta con un dedo.

—Con la punta sí se puede hacer daño —anunció.

—Nada de apuñalar, entonces —dijo Rachel con un hilo de voz—. A lo mejor tendríamos que establecer esa norma.

Rachel estaba pálida, pero no parecía incómoda con la situación y Allie no entendía por qué. Aquella era la típica cosa que sacaba de quicio a su amiga. ¿Por qué no protestaba ahora?

Con repentina lucidez, Allie comprendió lo que estaban haciendo. Querían disuadirla de ir al parlamento, de la misma manera que ella quería convencer a Rachel de que unirse a la Night School había sido un error: dejando que siguiera adelante con sus planes. Esperando que desistiera por sí sola.

Allie dejó caer las manos a los costados y las apretó en sendos puños.

—Pues muy bien. —Su voz era tensa—. Hagámoslo.