No mientas
Capítulo 28
28
1 de octubre del 2019. Newhaven.
A Charlie le empezó a faltar el aire después de escuchar la hipótesis de la detective Wood. Los pensamientos revoloteaban en su cabeza como una bandada de pájaros espantada por los tiros. Pensó en los padres de Lily y en su hermano, personas que no conocía, a las que no podía poner cara, que podían pasar por su lado sin reparar en ellos. Gente que en el pasado habían hecho daño a Lily, y quién sabía si también querían hacérselo en el presente. ¿Cómo podía haberle asegurado a la detective que ellos no eran una amenaza?, se preguntó. Él no sabía nada del pasado de Lily; suponía, pero no tenía la certeza. Incluso el padre de Tommy se alzó como posible sospechoso, ¿quién le aseguraba a él lo contrario? Charlie notó un fuerte nudo en la garganta, pero, más que llorar, necesitaba gritar. Gritar de rabia, de impotencia, de dolor. Gritar para sacar la furia y la pena que combatían en su interior.
Recordó cómo se conocieron Lily y él y cómo se fueron enamorando. A Charlie no le costó más de dos citas, pero ella fue un hueso duro de roer debido a su desconfianza. Normalmente esa falta de seguridad y esperanza era fruto de una traición, y Lily había sido abandonada a su suerte por los seres que la trajeron al mundo y por el hombre al que amaba, el que iba a ser el padre de su hijo. O eso era lo que ella le contó y él había creído a pies juntillas. Charlie se preguntó por qué nunca tuvo el valor de indagar por su cuenta sobre el pasado de Lily, qué lo frenó o qué le asustó encontrar. Se
llevó las manos a las sienes y resopló con vigor. Conocía la respuesta, el porqué de encubrir la realidad, aunque hasta ese momento nunca había sido capaz de admitirlo, y reconocerlo escocía.
Charlie disipó aquellos pensamientos que lo torturaban, sus dudas y miedos, y dejó que el recuerdo del viernes fluyera en su mente. Aquella noche, la última antes de que su mundo se pusiera del revés, Lily y él habían hecho el amor. Y no lo hicieron una vez, ni dos, sino tres maravillosas veces. Ansiaban tener un bebé y ella se encontraba en su día fértil. Llevaban casi cuatro semanas sin amarse y él se encendió solo con verla sobre la cama, esperándolo. Se lanzó a por ella y se devoraron a besos.
Recorrió todos los estratégicos rincones de su amada y la excitación golpeó a Lily de lleno. Tras una impetuosa y placentera danza estallaron en un orgasmo. Luego permanecieron quietos, intentando acompasar sus respiraciones. Y lo repitieron dos veces más, dejando entremedias un rato de descanso, una tregua antes de dar inicio a otra batalla.
Un pensamiento fortuito asaltó a Charlie, y la imagen de Lily cantando apareció en su mente. Su pequeña adoraba la música, era raro no oírla tarareando cualquier melodía. Recordó el día que la llevó al pub de su amigo Cameron. Llevaban pocos meses saliendo y él, sabiendo lo mucho que a Lily le gustaba la música, contrató a una canguro para que se quedase unas horas con Tommy y se atrevió a llevarla a la noche temática de karaoke. Lily eligió Starman, de David Bowie, pero la vergüenza se apoderó de ella y solo le hizo los coros a Charlie. Tras una cerveza ganó algo de confianza, y cuando Charlie se empeñó en salir a cantar otra, no se lo pensó. En esta ocasión escogió These boots are made for walking, de Nancy Sinatra, y ambos comenzaron a cantar. Con ese tema Charlie hacía bastantes gorgoritos y, viendo que desentonaba y estropeaba la voz de Lily, la dejó sola. Ella no solo siguió la interpretación, sino que imitó la coreografía del videoclip. Con el acorde final, los aplausos de los presentes no se hicieron esperar; la actuación de Lily había sido muy buena. Charlie no pudo contenerse y, en medio de los vítores, la besó, y ella respondió a su beso con más pasión que nunca. En su rostro se expandió una amplia sonrisa, como jamás Charlie había visto en Lily. Los aplausos los siguieron aun habiendo abandonado el escenario.
—Qué bien canta tu chica —le dijo Cameron a Charlie.
—A las mil maravillas —comentó él, desplegando una generosa sonrisa.
A Charlie le gustó cómo sonó lo de «tu chica». Volvió a mirar a Lily, había cantado y bailado, seguía sonriendo, era feliz… y le encantó verla así.
Su corazón le habló, le contó lo jubiloso y pletórico que se sentía. En ese instante supo que quería pasar el resto de sus días con ella, con la mujer que hacía palpitar a su corazón. Sin ningún ápice de duda, Lily era la mujer de su vida.
Los bonitos recuerdos dibujaron una sonrisa en el rostro de Charlie y a la vez le despertaron ganas de llorar. La combinación de emociones era tan extraña que no sabía cómo dirigirla.
•
Alison se puso la gabardina negra y salió en busca de Charlie. Había percibido su cambio de rictus cuando escuchó una de sus posibles teorías, estaba segura de que él no había valorado esa posibilidad y ahora su cabeza estaría haciéndose miles de preguntas y planteándose nuevas hipótesis. De ese modo pasó ella la noche, elaborando un nuevo escenario para cada suposición.
El jefe de policía se encontraba a unos cuantos metros de la vivienda, de espaldas a ella, mirando el mar. Alison se metió las manos en los bolsillos de la gabardina y se acercó a él despacio, con tanto sigilo que apenas se escucharon sus pisadas por la tierra. Se puso a su vera, Charlie ni se inmutó.
La detective lo observó con detenimiento y contempló un cierto temblor en su cuerpo. Aquel hombre grande y hercúleo estaba temblando, la impotencia lo consumía.
—Sé lo que le ocurre —enunció Alison sin rodeos.
—¿De veras? —Charlie giró la cabeza hacia ella y se cruzó de brazos, emanando cierta insolencia.
—Con independencia del dolor y desesperación que pueda sentir por no saber dónde se encuentran sus seres queridos, no conoce todo el pasado de Lily y empieza a preguntarse muchas cosas. ¿Quiénes son sus familiares?
¿Dónde se encuentran? ¿Por qué ninguno tiene relación con ella? ¿Quién es el padre de Tommy? ¿Por qué huyo Lily? Porque huyó, Charlie. Llegó a Newhaven sola y con un bebé de cuatro meses en brazos. Huía —recalcó.
—Mi mujer nunca habla de ellos y yo lo respeto. Capto el dolor que supura cuando los menciona. —Se llevó las manos a la nuca y resopló.
—Llevan diez años juntos, tiempo de sobra para contarle lo que tanto daño le hace.
—Sé que tiene un hermano, y que tanto sus padres como él no la trataron bien. Sé que huyó de su casa por eso. Y sé que un cabrón la dejó preñada y la abandonó a su suerte. Como verá, es un tema espinoso, y a mí no me gusta meter el dedo en la llaga.
—¿Y quiere hacerme creer que durante todo este tiempo no se ha hecho preguntas? —Lo miró perpleja.
—Siempre he intentado gestionar mis sentimientos para que esas preguntas no afectasen a nuestra relación.
—Charlie, nuestro pasado escribe nuestro futuro —le advirtió con gravedad—. Es normal que quiera saber qué paso en la vida de Lily, que se pregunte por qué nunca quiere hablar de ello o por qué cuando lo hace pasa de puntillas por el asunto. Créame, no planteárselo sería lo anormal.
—¿Y usted cree que las impertinentes preguntas nunca han pululado por mi mente? —Era una pregunta retórica.
—Estamos investigándola, hemos solicitado a la policía de Gales que nos den toda la información que tengan. A ver qué nos encontramos.
—Me da igual lo que encuentren, amo a Lily más que a mi propia vida y no pienso consentir que nada ni nadie nos separe.
—No estoy diciendo que tengamos que encontrar nada malo sobre ella, pero debemos indagar.
—Lo sé. Ya lo sé. —Guardó unos segundos de silencio, el tiempo que le llevó contener la emoción—. La quiero mucho, ¿sabe? Creo que me enamoré de Lily la primera vez que la vi. A ella le costó un poco más. —
Mostró una sonrisa amarga.
—El amor es complejo, debería venir con un manual de instrucciones
—declaró la detective, pensando en su propia historia personal.
—No estaría mal. —Asintió y, tomando una profunda inhalación de aire, volvió a mirar el mar.
Alison giró sobre sus tobillos y regresó a la vivienda. Charlie volvió a quedarse solo con sus pensamientos, algo que agradeció. Tenía mucho que pensar. Fingir que la desinformación de Lily no le afectaba era una farsa, y la detective lo había calado rápido. Por supuesto que le afectaba no conocer el pasado de su mujer, muchas fueron las veces que se vio obligado a dejar las dudas en la calle antes de entrar en casa. Y esa perturbación era la que ahora mismo le impedía crecerse ante la adversidad, la que lo tenía amedrentado. Temía por la vida de Tommy y de Lily, pero también temía conocer la verdad sobre ella. ¿Y si no le gustaba esa verdad? ¿Y si no podía soportarla? Ese era el quid de la cuestión, no poder tolerarla. Quizá por eso nunca presionó más de lo debido, por si la verdad era demasiado para él.
Pero ya no podía echar la vista a un lado, había llegado la hora de mirar al frente. Una parte de él anhelaba hacerlo, aunque a la vez una vocecilla le decía: «Ten cuidado con lo que deseas, Charlie».
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