No mientas
Capítulo 64
64
2 de octubre del 2019. En algún lugar de Inglaterra.
El recuerdo de Flequillo Rubio se disipó de su mente como el humo en el cielo. Volvió a la realidad y centró su vista en una de las pantallas. Sarah recorría el perímetro de la habitación una y otra vez, como un ratoncillo dentro de una rueda girando sin parar, malgastando fuerzas para no llegar a ninguna parte, desesperado por escapar del lugar. Era el momento de volver a hablar con ella.
—Hola, Sarah —saludó.
Ella se paró en seco y levantó la cabeza para mirar hacia el altavoz.
—¿Por qué no me has dejado hablar con Charlie? —le demandó cabreada.
—No tengo que darte explicaciones.
—¿Por qué nos haces esto? ¡Maldita sea, ¿qué quieres?! —Alzó la voz, furibunda.
—Quiero completar el puzle, Sarah. La prensa te dedicó mucho tiempo pero no fueron capaces de resolver las incógnitas. Aún hay piezas sin colocar en tu desaparición, pongámoslas en su lugar.
—Tú dirás —soltó molesta.
—¿Por qué elegiste llamarte Lily?
—Lo eligió Harry —contestó, y la evocación se presentó a bocajarro.
«¿Qué te parece Lily Williams? —le preguntó Harry—. Mi abuela se llamaba Lily y yo la adoraba. Y Williams es un apellido muy común». «Si a
ti te gusta, a mí también, Harry. Seré Lily Williams». Y se besaron.
—¿Adónde pensabais fugaros Harry y tú?
—A Alemania.
—¿Llegaste a ir?
—No.
—¿Por qué?
—No tenía sentido.
—¿Entonces te marchaste a Newhaven?
—Tampoco.
—¿Piensas contestarme todo el rato de manera telegráfica? —le reprochó.
—¿Y tú, además de tenernos secuestrados, piensas tratarme como a una atracción de feria?
—Tú eres quien hiciste de tu vida una atracción, tú con tu mentira, con tu forma de desaparecer y hacerte pasar por otra persona que no eres —
enunció con gravedad—. Es normal que como espectador del caso de las hermanas Stewart quiera conocer qué paso, por qué huiste, dónde te escondiste, qué has hecho a lo largo de estos años. La curiosidad es algo muy humano, Sarah, y nadie estamos libres de padecerla. Así que relájate y contesta, pero explicándote.
Sarah soltó una bocanada de aire y se solicitó calma, seguramente ser dócil sería bueno tanto para su hijo como para ella. Era mejor obedecer y no rechistar.
—Primero fui a Edimburgo —dijo, y añadió un porqué—: Necesitaba alejarme y pensar qué hacer.
El recuerdo de aquel día apareció en la mente de Sarah a fogonazos.
Maggie llegando a la arboleda para avisarla del peligro. Ella corriendo, huyendo hasta la autopista. El taxi dejándola en la estación de autobuses. El largo viaje a Edimburgo. El billete a Hamburgo que nunca usó. Y sobre todo el sonido seco y desgarrador de los disparos. Aquello fue un claro indicador de que algo malo había ocurrido, y la falta de noticias de Harry, que no la llamaba, no hacía más que confirmar una desgracia. Aquel tiempo de espera fue horrible, lo pasó muerta de miedo y sin dejar de temblar.
—¿Viviste mucho tiempo allí? —le preguntó, y la evocación se desvaneció.
—No, solo estuve unos días.
De forma irremediable su memoria dio voz al recuerdo y se vio entrando en el primer hotel que vio, usando por primera vez su falsa identidad, adentrándose en la habitación y rompiendo a llorar. Las horas pasaron y su desesperación no soportó más inquietud. Necesitaba saber, y llamó a Maggie.
•
—¿Qué ha pasado? —le demandó en cuanto su amiga descolgó.
—¿Dónde estás? —le preguntó ella sin responderle.
—En Edimburgo. ¿Y Harry?
—Sarah, él… —dijo con un quiebro de voz.
—¿Él qué?
—Tu hermana lo ha matado. Harry está muerto —gimoteó.
Sarah creyó morir con la terrible noticia. Todo se había echado a perder, su amor, sus sueños, su proyecto de futuro con Harry… Su hijo crecería sin padre, solo la tendría a ella. Se llevó las manos al vientre para proteger a su pequeño, tenía que luchar por él. Desde ese instante él era lo más importante, lo único que le quedaba de Harry.
—Sarah, ¿estás ahí? —preguntó Maggie tras el dilatado silencio.
—Sí —respondió, sintiendo que acababan de arrancarle el corazón de cuajo, sin piedad. Y rompió a llorar desgarradamente.
—Tienes que regresar, Sarah. Tu hermana ha sido arrestada y ya no puede hacerte daño. Todos te están buscando, tu padre está desesperado, como siga así se va a volver loco. Regresa, por favor.
—No voy a volver, no podría mirar a mi padre a la cara. Él nunca me perdonará, he traicionado a mi hermana y llevo en mi vientre el hijo de Harry. Y ahora Harry está muerto, Zoe lo ha matado. No, Maggie, ni voy a
volver ni voy a dejar que me encuentren. Desde hoy ya no soy Sarah Stewart, sino Lily Williams. Lo que no sé aún es dónde iré sin Harry.
•
—Y después de Edimburgo, ¿adónde fuiste? —le preguntó, sacándola de sus recuerdos—. Porque te escondiste muy bien, llevas más de once años desaparecida.
—Me fui a Gales y allí tuve a Tommy —contestó con la voz algo anudada, revolver en su memoria la tenía temblando—. Después llegué a Newhaven y allí me quedé.
—¿Sabes? Me causa muchísima intriga saber cómo se te ocurrió meterte en la cama de un policía cuando precisamente la policía te estaba buscando. ¿Por qué lo hiciste? ¿Acaso eres de esas que les excita el rollo retorcido?
—Ya te dije que en los sentimientos no se manda, no se puede. —
Zarandeó la cabeza—. Aunque no fuera el hombre que más me conviniera debido a su profesión, me enamoré de Charlie. Igual que anteriormente, a pesar de ser mi cuñado, me enamoré de Harry.
—Sí, primero jodiste la vida a Harry y ahora se la vas a joder a Charlie, aunque quizás él lo merezca.
—¿Por qué dices que Charlie se lo merece? —demandó inquieta, no le gustó esa aclaración.
—Cosas mías, no te preocupes —contestó con cinismo.
—Por algo lo has dicho, ¿por qué?
—Olvida lo que he dicho y cuéntame cómo es para ti Charlie —advirtió con gravedad.
A Sarah la embistió de lleno una enorme zozobra.
—Charlie es un gran hombre, el mejor de todos. —De forma inevitable se le rompió la voz.
—¡Oh, ni se te ocurra llorar! —Siseó—. Te lo prohíbo —le amonestó con deje censurador—. Si quieres lamerte las heridas, hazlo a solas, Sarah,
pero a mí no me hagas perder el tiempo. ¿Entendido?
—Vale —contestó, y apretó los labios para calmar su temblor.
—Ahora me apetece satisfacer otras curiosidades. Ya hemos hablado de tu pasado, pero quiero conocer tu tiempo más reciente, tu vida con Charlie.
—¿Por qué te interesa tanto Charlie?
—Ya te he dicho que siento curiosidad por saber.
—¿Lo conoces? ¿Quieres hacerle daño?
—Que yo sepa, no he dicho nada de eso.
—Ya, pero sí has dicho que quizá se merezca que yo le joda la vida, ¿es lo que buscas? ¿Estás haciendo esto para joderlo?
—¡Qué pesada eres! —exclamó con tedio—. No sé cuántas veces te he dicho que soy yo quien hago las preguntas, no tú.
—¿Te ha hecho algo Charlie?
—¡Que te calles! —gritó—. ¿Por qué te empeñas en echarme un pulso?
Yo pregunto, yo mando, ¿de acuerdo? Pero como no quieres seguir las reglas iré a jugar con Tommy, y san se acabó.
—¡No! ¡No por favor! —exclamó Sarah llena de temor—. Deja a Tommy, no le hagas daño. La verdad le hará sufrir, es muy pequeño para comprenderla. ¡Por favor no lo hagas! —gritó.
Nadie le contestó, la voz dejó de hablarle, de demandarle, de regañarla.
Nadie la estaba escuchando y quizá Tommy estaba a punto de escucharlo todo. Sarah se echó a llorar, y lo hizo con más impotencia que rabia.
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